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ARTÍCULO
PP: 34-59
Socialización de la actividad físico-deportiva en
adultos: relación con familia, pareja y amigos
Socialization of exercise regularly in adults: relationship
family, couple and friends
Francisco Ruiz-Juan1, Maurice Piéron2 y Antonio Baena-Extremera3
RESUMen
El objetivo ha sido predecir el comportamiento y el nivel de actividad físicodeportiva de los adultos, según edad y sexo, a partir de las conductas de su entorno
familiar, de la actitud de sus progenitores, de sus amigos y de la pareja ante su
práctica físico-deportiva. Se realizó un estudio transversal con 3.373 personas de
ambos sexos de Almería, Granada y Murcia con edades comprendida entre los 16
y 96 años. Se utilizó un cuestionario denominado “Hábitos físico- deportivos y
estilos de vida”, realizándose un análisis descriptivo, inferencial y una regresión
logística multinomial con el programa SPSS (v.17.0). Destacar que la población
adulta no realiza el mínimo de actividad física recomendada, influidos de forma
importante por la familia. La influencia es mayor del padre hacia los hijos varones
y de la madre hacia las hijas, y los comportamientos del padre y de la madre, predicen los comportamientos de los hijo/as.
Palabras clave: adultos, contexto familiar, factores sociales, actividad física.
1 Universidad de Murcia, Profesor Titular. Facultad de Ciencias del Deporte C/ Argentina s/n 30720 Santiago de la
Ribera (Murcia) E-mail: [email protected] Tel: 868 88 86 75 Fax: 868 88 86 72
2 Universidad de Lieja
3 Universidad de Murcia,
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
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Abstract
The aim has been to predict the behavior and physical activity levels of adult,
by age and sex, from the behaviors of their family context, the attitude of their
parents, friends and couples to its physical and sports practice. We performed a
cross-sectional study with 3373 people of both sexes of Almería, Granada and
Murcia aged between 16 and 96 years. We used a questionnaire called “sports
physical habits and lifestyles,” a descriptive analysis, inferential and multinomial
logistic regression using SPSS (v.17.0). Note that the adult population does not
make the minimum recommended physical activity, significantly influenced by the
family. The influence is greatest from father to sons and mothers to daughters, and
behaviors of the father and mother, predict the behavior of the child/as.
Keywords: adult, family context, social factors, physical activity.
Introducción
La actividad física está siendo cada
vez más estudiada en nuestra sociedad
debido entre otros aspectos, a los beneficios que produce en la salud y en la
calidad de vida de las personas (DiPietro, Seeman Merrill & Berkman, 1996;
Motl & McAuley, 2009). En contraposición, la inactividad se está abordando desde diversos paradigmas debido
a que se ha determinado como un alto
factor de riesgo, capaz de producir gran
cantidad de enfermedades (Eyre et al.,
2004; Lobelo, Pate, Parra, Duperly &
Pratt, 2006). Desde el paradigma orientado a la actividad física (Devís & Peiró, 1993), se entiende la actividad física
como un elemento integrador junto con
la herencia genética, el estilo de vida,
el ambiente que rodea a los individuos
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y otros atributos personales como la
familia, que obviamente, pueden determinar la salud de las personas.
Walsh (2011), expone la importancia de adoptar un estilo de vida saludable, donde la realización de actividad física de forma regular produce
beneficios personales y sociales, tanto
físicos como psicológicos. Multitud
de trabajos han estudiado los efectos
de la actividad física en los adultos,
bien como reducción de la mortalidad
(Chakravarty, Hubert, Lingala & Fies,
2008), como mejora funcional, física
y/o psicosocial (Baena & Ruiz, 2011;
Ruiz & Baena, 2011; Taylor et al.,
2004; Walsh, 2011), e incluso como
mejora de la calidad de vida (Motl &
McAuley, 2009). A pesar de esto, en
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la investigación llevada a cabo por
Cavill, Kahlmeier y Racioppi (2006),
los autores afirman que dos tercios de
la población adulta no alcanza el nivel
recomendado de actividad física de 1
hora de intensidad moderada durante al
menos, 5 días a la semana.
En el ambiente que rodea a las personas se encuentran cada uno de los individuos que configuran la sociedad en
la que convive y muchos de los comportamientos del ser humano se van a ver
influidos por los que le rodean. Siguiendo a Van Stralen, Vries, Mudde, Bolman
y Lechner (2009), los autores expresan
que la promoción de la actividad física
en edades avanzadas, está condicionada
por la existencia de un compañero para
realizar ejercicio físico y por la aprobación social de la pareja, familiares y/o
amigos sobre dicha práctica.
En la edad adulta, el entorno más
cercano como la familia se ve modificado con la presencia de la pareja y
de hijo/s, y tal vez, éstas nuevas figuras guarden algún tipo de relación con
la práctica física en compañía de su
familia o cuenten con el apoyo de los
mismos, pudiendo ayudar a fomentar
la práctica físico-deportiva durante su
tiempo libre. En cambio, todo puede
depender según la edad adulta en las
que nos situemos. Por ejemplo, en el
trabajo de Campbell, MacAuley, McCrum y Evans (2001), los adultos jóvenes de 16-44 años están más motivados
hacia la práctica física por diversión
que los adultos mayores de 45-74 años,
y según estos autores, la influencia de
los amigos será más predominante a
esta edad. En la fase adulta, el contexto
y situación familiar cambia bastante,
donde al adoptar el rol de padre/madre
de familia se reduce el tiempo de ocio y
como tal, la práctica física (Campbel et
al., 2001). En esta etapa, la influencia
de los amigos va a tener una gran importancia en la realización de actividad
física y aparece una nueva figura en
el panorama social como es la pareja/
esposo/a, que puede suponer un gran
aliciente para la práctica de actividad
física. En la tercera etapa de la vejez o
personas mayores (75 a 90 años según
la OMS, 1992), aumenta el tiempo libre, lo que no ocasiona necesariamente
que vaya a incrementarse la actividad
física. Motivos como mantener la salud o divertirse pueden ser las razones
para la práctica física en estas personas
(Campbell et al., 2001).
Lo que está claro es que a estas edades, las personas adultas suelen crear
según Márquez, Rivera y Reyes (2009)
nuevos lazos afectivos con el padre/
madre, esposo/a, trabajador/a, produciéndose nuevos roles que les ocasionan una reducción de su tiempo libre,
y por tanto una disminución del tiempo
para dedicar a la práctica físico-deportiva (Nomaguchi & Bianchi, 2004). Tal
y como manifiestan estos autores, la
práctica regular de actividad física se
hace muy difícil puesto que el cuidaRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
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do de los niños, las tareas domésticas
y las laborales, no siempre permiten
una rutina habitual de práctica física,
produciéndose incluso situaciones de
abandono. Estos comportamientos son
mayores conforme los individuos aumentan en edad.
Las rutinas o hábitos deportivos
pueden mantenerse o no en la edad
adulta y ser transmitida desde los padres a sus hijos, bien por la imitación
del comportamiento de los padres
(Anderssen & Wold, 1992; Freedson
& Evenson, 1991; Sallis, Prochaska
& Taylor, 2000; Wold & Anderssen,
1992) o por la adquisición de actitudes
positivas hacia este tipo de práctica
(Shropshire & Carroll, 1997). Así, el
apoyo de los familiares, pareja y amigos, es en algunos casos más eficaz
para realizar actividad físico-deportiva
que incluso los motivos de búsqueda de
la salud (Van Stralen et al., 2009), aunque algunos estudios indican también
efectos opuestos, por ejemplo, el realizado por Whaley y Schrider (2005).
Trabajos como los de Madsen, McCulloch y Crawford (2009) y Sallis et
al. (2000), encuentran relaciones entre
la práctica del padre y del hijo, de tal
forma que el hecho de que el padre de
familia realice actividad física puede
contribuir a que también lo haga el
hijo. De hecho, autores como Trost et
al. (2003) creen que la conducta de los
padres predice fuertemente la conducta
de los hijos. Esto supone que las actituRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
des o la valoración de la familia hacia
este tipo de práctica pueden influir en
la participación de sus hijos. Por otra
parte, poco se sabe sobre el efecto diferencial de las madres frente a los padres en la práctica de actividad física
en sus hijos e hijas. Existen algunos indicios de que el tipo de actividad física
realizada por el padre puede influir en
los patrones de actividad de las niñas
en mayor medida que los niños (Trost,
Kerr, Ward & Pate, 2001).
Muchos estudios han encontrado
que las redes sociales más cercanas al
adulto pueden tener efectos positivos
sobre la adopción y el mantenimiento
de la práctica de actividad físico-deportiva en adultos mayores (McAuley,
Jerome, Elavsky, Marquez & Ramsey,
2003; Stevens, Lemmink, Van Heuvelen, De Jong & Rispens, 2003), destacando tanto la pareja como los amigos.
Por ejemplo, se encontró relación entre
tener pareja y la cantidad de actividad
física practicada (Gellert, Ziegelmann,
Warner & Schwarzer, 2011; Irwin et al.,
2004; Van Gool et al., 2006), probablemente porque los esposos parecen ser
la principal fuente de apoyo a muchos
adultos mayores (Dykstra & Fokkema,
2007; Gallo, Troxel, Matthews & Kuller,
2003). Igualmente, otros investigadores
como Ayotte, Margrett y Hicks-Patrick
(2010), encontraron en un estudio con
personas de mediana edad y parejas jóvenes en las que ambos practicaban actividad física, que el apoyo social de la
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pareja o amigos tenía un efecto indirecto
sobre la actividad física.
En la revisión realizada por Dishman, Sallis y Orenstein (1985) ya se
presentan algunos estudios que manifiestan la figura de los padres, los amigos y las esposas como determinantes
de la actividad física. Es particularmente importante conocer si estas influencias se siguen produciendo en la
actualidad y en qué medida. Por ejemplo, en relación a la actitud de los amigos, para los adultos mayores sin pareja los familiares o amigos pueden jugar
un papel muy importante en relación a
la actividad física (Martire, 2005; Martire & Schulz, 2007).
Algunos trabajos han abordado las
posibles relaciones entre las barreras
encontradas para hacer ejercicio físico y su realización (Resnick, Palmer,
Jenkins & Spellbring, 2000; Salmon,
Owen, Crawford, Bauman & Sallis,
2003). Entre ellas, Ayotte et al. (2010)
sugieren que las asociaciones entre las
barreras según los inconvenientes y
obstáculos encontrados con la actividad física son principalmente indirectos. De manera que por lo general, las
personas que perciben muchos inconvenientes no suelen realizar actividad
física de forma frecuente.
Como se puede apreciar, el influjo de los otros significativos (padres,
familiares, amigos, profesor, entrenador…, personas que constituyen el
entorno más inmediato) influye en los
comportamientos y niveles de actividad física en las personas adultas, quedando claro los bajos niveles de práctica que asumen. Todo esto nos lleva a
analizar la práctica de actividad física
durante el tiempo libre en la etapa adulta, desde el punto de vista de los agentes sociales que pueden guardar algún
tipo de correlación con la misma. De
esta manera, basándonos en toda esta
revisión de la literatura al respecto,
partiremos de la hipótesis de que se
puede predecir el comportamiento y el
nivel de actividad físico-deportiva de
los adultos, según los grupos de edad y
sexo, a partir de las conductas de su entorno familiar (padre, madre, hermano/
os, hermanas/as, pareja, hijo/os e hija/
as), de la actitud de sus progenitores,
de sus amigos y de la pareja ante su
práctica físico-deportiva.
Método
Participantes
Se presenta un estudio de carácter
transversal. Se ha llevado a cabo entre
los meses de febrero y mayo de 2007,
en las provincias de Almería (509.111
habitantes), Granada (728.168 habitantes) y Murcia (1.094.426 habitantes)
escogiéndose las personas mayores
de 15 años. Los datos de la población
fueron facilitados por el INE (Instituto
Nacional de Estadística). Para asegurar
que la muestra era representativa de las
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tres provincias (error ±3%, intervalo
de confianza 95,5%), se empleó un diseño de muestreo polietápico estratificado por afijación proporcional y por
conglomerados. Se tuvo en cuenta, el
tamaño de la población (más de 50.000
habitantes, de 20.001 a 50.000 habitantes, de 10.001 a 20.000 habitantes, de
5.001 a 10.000 habitantes, de 2.001 a
5.000 habitantes y menos de 2.001 habitantes), municipios, distritos y secciones censales (determinados para su
identificación, según codificación numérica). Igualmente, la distribución de
la población por sexo (varones y mujeres) y edad (grupos quinquenales) en
cada municipio.
La muestra fue de 3.373 personas
de ambos sexos (1.685 varones=50% y
1.688 mujeres=50%) pertenecientes a las
provincias de Almería (1100 personas;
555 varones y 545 mujeres), Granada
(1104 personas; 554 varones y 550 mujeres) y Murcia (1169 personas; 576 varones y 593 mujeres). El rango de edad
estuvo comprendido entre los 16 y 96
años (M=43,01; DT=19,05). Los componentes de la muestra dieron su consentimiento para participar en el estudio.
Instrumentos
Para obtener los datos se empleó
la técnica de la encuesta, que permite
extrapolar los resultados al total de la
población adulta. Se utilizó un cuestionario ad hoc denominado “Hábitos
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físico- deportivos y estilos de vida” al
que se le pasaron las correspondientes pruebas de validez de contenido
y constructo (juicio de expertos en la
materia y psicometría) (Ruiz, García
& Piéron, 2009). Se realizaron cuatro
estudios piloto con el fin de probar si el
contenido de preguntas, terminología y
vocabulario eran comprendidas por los
entrevistados.
Para este artículo se han seleccionado, basándonos en algunos estudios
con similares características a la nuestra (Ruiz & García, 2005; Zamarripa,
Ruiz, López & Garrido, 2011), las variables: sexo (varón y mujer), grupos
de edad (16-30 años, 31-45 años, 46-60
años y >60 años), implicación o no en
práctica habitual de actividad físico-deportiva de tiempo libre (activos, abandono y nunca haber practicado) y nivel
de actividad física (ligera+insuficiente,
moderada y vigorosa). Además de las
conductas ante la práctica (activos y
sedentarios) de su entorno familiar (padre, madre, hermano/os, hermanas/as,
pareja, hijo/os e hija/as), la actitud de
padres, de amigos y de la pareja ante
su propia práctica físico-deportiva (han
puesto pegas u obstáculos, no se han
preocupado y me han animado).
Los patrones del nivel de actividad
física de los activos fueron calculados
por tres preguntas en un índice de cantidad de actividad física (Raitakari et al.,
1994, Telama et al., 2005). Dichas preguntas se refieren a la frecuencia, dura-
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ción e intensidad de la actividad física
durante el tiempo libre. Los resultados
más bajos son característicos de las
personas menos activas, mientras que
las puntuaciones más altas son indicativas de los individuos más activos. El
Alfa de Cronbach demuestra una aceptable fiabilidad del conjunto de estas
variables ya que los valores son α=0,85
y se asemeja a la obtenida con el mismo instrumento en los trabajos citados.
Para representar mejor los patrones de
actividad de los activos, sobre la base
de sus resultados y acorde con los trabajos de referencia, se clasificaron en
los que realizan una ligera+insuficiente
actividad, moderada actividad y los
que muestran una actividad vigorosa.
Las “conductas ante la práctica
de su padre, madre, hermano/os, hermanas/as, pareja, hijo/os e hija/as”
(α=0,87) se midieron con preguntas
que tenían como opciones de respuestas: activos y sedentarios. La “actitud
de progenitores y de amigos ante su
propia práctica físico-deportiva” tiene
como opciones de respuesta: han puesto pegas u obstáculos, no se han preocupado y me han animado.
Procedimiento
El cuestionario fue autoadministrado a través de entrevista personal,
con consenso y adiestramiento previo
de los encuestadores, el propio entrevistador tomó nota de las respuestas
que dio la persona entrevistada, realizándose éstas en la propia vivienda del
encuestado, que fueron seleccionados
por rutas aleatorias. Todos los componentes de la muestra fueron informados
del objetivo del estudio, de la voluntariedad, absoluta confidencialidad de las
respuestas y manejo de los datos, que
no había respuestas correctas o incorrectas y solicitándoles que contestaran
con la máxima sinceridad y honestidad.
Este trabajo posee informe favorable
de la Comisión de Bioética de la Universidad de Murcia.
Análisis estadísticos de los datos
Se utilizó el paquete estadístico
SPSS (17.0) para realizar el análisis
descriptivo, inferencial (prueba Chicuadrado) y una regresión logística
multinomial para modelar la asociación entre variables y calcular las odds
ratio (OR) y el intervalo de confianza
al 95% (IC) para los comportamientos
ante la práctica físico-deportiva y el nivel de actividad física de los activos y
las variables predictoras. Se realizó un
análisis comparativo entre hombres y
mujeres en cada grupo de edad.
Resultados
Descripción de los datos
El 58% de las personas investigadas manifiestan ser sedentarias, exisRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
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tiendo un 30.6% de personas que nunca
ha realizado actividad físico-deportiva
en su tiempo libre y un 24.7% que han
abandonado la práctica física. Por lo
tanto, sólo el 42% manifiesta ser activo
(Tabla 2).
La evolución entre los que han
abandonado la práctica de actividad
física (Figura 1 y 2), según el sexo de
la muestra, indica que el abandono es
mucho mayor entre las mujeres jóvenes
(35,8%) (16 y 30 años) que entre los varones (17,7%). Entre los 31 y 45 años, el
porcentaje de abandono entre las mujeres se mantiene constante, mientras que
en los hombres se eleva hasta el punto
de equipararse casi al de ellas (Tabla 1).
Entre los 46 y 60 años destaca el descenso considerable de la tasa de abandono en las mujeres (21%). A partir de
los 60 años, el porcentaje de abandono
disminuye en ambos sexos, aunque sigue siendo mayor en los varones.
Conforme avanza la edad se incrementa el número de ciudadanos que
nunca han llegado a ejercitarse (Figura
1 y 2), siendo esta inactividad siempre
superior en las mujeres que en los varones (p<0,001). Se pasa de un 5,4% de
los varones y un 20,4% de las mujeres
en el grupo de 16 a 30 años, a valores
del 60,3% en varones y del 65% en
mujeres en el grupo de mayores de 60
años (Tabla 1).
La evolución entre los practicantes
de actividad física, según el sexo de los
participantes, muestra diferencias signiRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
ficativas (p<0,001) en cada uno de los
grupos de edad. La tendencia observada
es que, a medida que la edad a avanza,
se produce un descenso lineal de la actividad física entre los que confiesan
ser activos (Figura 1 y 2). Analizada
esta evolución según el sexo, se observa como hasta los 45 años los varones
se muestran más activos que las mujeres, siendo esta diferencia mucho más
acentuada hasta los 30 años, con más de
treinta y tres unidades porcentuales de
diferencia a favor de los varones (Tabla
1). A partir de los 46 años las mujeres se
muestran más activas que los varones,
con unas diferencias que oscilan entre
cuatro y tres unidades porcentuales.
Un resultado muy destacable es que
el 58% de las personas investigadas
son sedentarias, y de las que afirman
ser activas, sólo el 20.7% manifiestan
que realizan un nivel de actividad física vigorosa, de manera que sólo estos
adultos obtendrían beneficios para su
salud (Tabla 2). En definitiva, estaríamos hablando sobre el total de la población, que el 72,2% son totalmente
inactivos o bien realizan actividad física por debajo de los límites recomendados para obtener beneficios para la
salud, situación que podría catalogar
de extrema preocupación. No existen
diferencias significativas por sexo en
ninguno de los cuatro grupos de edad
(Tabla 1), es decir, el nivel de práctica
no depende ni de la edad ni del sexo de
los participantes en esta investigación.
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Figura 1: Evolución de los comportamiento de actividad física en hombres
según la edad.
Figura 2: Evolución de los comportamiento de actividad física en mujeres
según la edad.
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Tabla 1. Porcentajes y significatividad (p valor), según edad y sexo, de los comportamientos ante la práctica
y niveles de actividad física.
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Esta población se caracterizan por
tener unos padres y madres extremadamente sedentarios (Tabla 2), al igual
que ocurre con los hermanos y hermanas y la pareja, siendo los hijos varones
los más activos.
La actitud de sus progenitores
(65.9%), la de la pareja (60%) y la de
los amigos (54.2%) hacia su práctica
físico-deportiva, ha sido mayoritariamente de despreocupación. Solamente
un 31,5% reconoce que sus progenitores les han animado (Tabla 2), habiendo encontrado más aliento en amigos
(45,3%) y pareja (38,1%).
Comportamientos ante la práctica
físico-deportiva y variables
predictoras
El entorno familiar puede predecir
los comportamientos ante la práctica
físico-deportiva de las personas investigadas. Como se puede apreciar en la
Tabla 3, los comportamientos del padre,
madre, hermano/os, hermana/as y pareja, tanto en hombres como en mujeres
y en los cuatro grupos de edades establecidas, predicen los comportamientos
de hijo/as, hermanos/as y pareja. Igualmente sucede con la actitud de los progenitores, los amigos y la pareja.
El padre y la madre son modelos
que influyen en las conductas de práctica física de sus hijos e hijas desde los
16 hasta los 45 años. La probabilidad
de encontrar personas sedentarias en su
tiempo libre es mayor cuando el padre
y la madre son sedentarios que cuando
son activos, siendo mayor la influencia
del padre en los hijos varones (16 a 30
años OR=3,46; 31 a 45 años OR=2,50)
que en las mujeres. La madre ejerce
mayor influjo sobre las hijas (16 a 30
años OR=2,39; 31 a 45 años OR=2,18)
que sobre sus hijos (Tabla 3).
Los hermanos también median en
las conductas activas, tanto de sus hermanas (OR entre 2,24 -46 a 60 años- y
7,45 -más de 60 años-) como de sus
hermanos (OR entre 1,88 -16 a 30
años- y 4,48 -más de 60 años-). Las
hermanas ejercen más ascendencia en
su hermanas (OR entre 3,03 -31 a 45
años- y 14,37 -más de 60 años-) que
en sus hermanos (OR entre 1,70 -16
a 31 años- y 11,95 -más de 60 años-)
(Tabla 3).
Hijos e hijas sólo predicen comportamientos a partir de los 46 años.
La probabilidad de encontrar hijos e
hijas sedentarios es mayor cuando el
padre es sedentario que cuando es activo, ejerciendo mayor influencia sobre las hijas (46 a 60 años OR=2,19;
más de 60 años OR=4,23) que sobre
los hijos (46 a 60 años OR=1,82; más
de 60 años OR=2,01). En las madres
también se observan influjos, aunque
estos son menores, tanto en hijos (46
a 60 años OR=1,59; más de 60 años
OR=1,65) como en hijas (46 a 60 años
OR=1,78; más de 60 años OR=1,84)
(Tabla 3).
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Tabla 2. Prevalencia de las características de los participantes
(porcentaje válido).
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Tabla 3. Modelo de regresión logística multinomial examinando los comportamientos de práctica físicodeportiva, en función de los comportamientos del entorno familiar, actitud de padres, amigos y pareja.
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La probabilidad de encontrar personas sedentarias en su tiempo libre es
mayor cuando la pareja es sedentaria
que cuando es activa, produciéndose
un incremento considerable a medida
que la edad avanza, ejerciendo mayor
influencia los varones sobre sus parejas (16 a 30 años OR=2,90; más de 60
años OR=16,50) que las mujeres sobre
las suyas (16 a 30 años OR=2,20; más
de 60 años OR=7,25) (Tabla 3), siendo
este el principal modelo entre los distintos agentes analizados.
Despreocuparse y poner pegas u
obstáculos por parte de los progenitores, los amigos y la pareja, predice que
tanto hombres como mujeres sean sedentarias. En los varones, cuando los
progenitores han puesto obstáculos a
su práctica física, la probabilidad de
ser sedentarios aumenta con la edad,
llegando a ser 2,79 veces mayor (46 a
60 años) que si los progenitores les hubiesen animado (Tabla 3). En las mujeres, las probabilidades se incrementan
considerablemente alcanzando valores de 9,42 veces mayor en el grupo
de 46 a 60 años. La despreocupación
de los progenitores también predice
el sedentarismo de sus descendientes,
disminuyendo ligeramente con la edad
hasta los 60 años, siendo algo superior
en las hijas (16 a 30 años OR=2,40; 46
a 60 años OR=2,03) que en los hijos
(16 a 30 años OR=2,26; 46 a 60 años
OR=1,82).
En el caso de los amigos, la desRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
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preocupación se erige como la mayor
predicción de sedentarismo, aumentando considerablemente en las mujeres
a medida que la edad se incrementa
(16 a 30 años OR=1,99; más de 60
años OR=6,15), siendo inferior y más
estable en los varones (16 a 30 años
OR=1,68; más de 60 años OR=2,23)
(Tabla 3).
La actitud de despreocupación de la
pareja también predice el sedentarismo
de sus compañeros, sufriendo un considerable incremento en ambos sexos
a medida que la edad se incrementa
(Tabla 3), siendo algo mayor en los varones (16 a 30 años OR=3,05; más de
60 años OR=6,30) que en las mujeres
(16 a 30 años OR=2,75; más de 60 años
OR=5,59) (Tabla 3).
Nivel de actividad físico-deportiva
de los activos y variables predictoras
Solamente algunos aspectos del entorno familiar pueden predecir los niveles de práctica físico-deportiva de las
personas activas y en algunos grupos
de edad. Concretamente, en los grupos
de 31 a 45 años y en el más de 60 años
no se aprecian diferencias estadísticamente significativas en ninguna de las
variables.
En los varones del grupo de 16 a
30 años, los comportamientos del padre, madre, hermano/os y hermana/as,
predicen el nivel de actividad física
de hijos y hermanos. La probabilidad
de encontrar personas con un nivel
de actividad física insuficiente+ligera
es mayor cuando el padre (OR=2,30),
la madre (OR=3,56), los hermano/os
(OR=2,10) y hermana/as (OR=2,17)
son sedentarios que cuando son activos. También lo predice, en las mujeres, los comportamientos de las madres
(OR=2,25).
En el grupo de 46 a 60 años, solamente en las mujeres, se han encontrado diferencias estadísticamente significativas en los comportamientos de
la pareja, en la actitud de los amigos y
de la pareja. Que la pareja de las mujeres sea sedentaria predice un nivel
de actividad física insuficiente+ligera
(OR=3,24) y moderada (OR=3,07).
Que los amigos y pareja se hayan
despreocupado de su actividad física,
en lugar de haberlos animado, es la
predicción para tener un nivel de actividad insuficiente+ligera (OR=3,29
amigos; OR=4,25 pareja) y moderada
(OR=4,23 amigos; OR=11,47 pareja).
Discusión y conclusiones
El objetivo principal de esta investigación, ha sido analizar el comportamiento y el nivel de actividad
físico-deportiva de tiempo libre de los
adultos, teniendo en cuenta los grupos
de edad, sexo a partir de las conductas
de su entorno social más inmediato.
Como bien manifiestan BalboaCastillo, León-Muñoz, Graciani, RodríRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
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guez-Artalejo y Guallar-Castilló (2011)
y Cavill et al. (2006), la población adulta no realiza el mínimo de actividad
física recomendada, coincidiendo con
los datos de esta investigación. Se puede apreciar como el 58% de la muestra
analizada son sedentarios, siendo este
valor mayor conforme la población aumenta de edad. Pero en las diferencias
por sexo, se observa como conforme se
avanza en edad, se incrementa el número de ciudadanos que nunca han llegado
a ejercitarse, siendo mayor en las mujeres que en los varones. Esto es debido
posiblemente, siguiendo a Nomaguchi
y Bianchi (2004), a que la mujer cuenta
con menos tiempo libre porque lo dedican más a las labores del hogar y al
cuidado de los niños.
El conjunto de la familia influye de
forma muy determinante en la actividad físico-deportiva de sus componentes (Davison, Cutting & Birch, 2003) y
es que el apoyo familiar siempre se ha
correlacionado positivamente con buenos niveles de actividad física entre sus
miembros (Shields, Spink, Chad, Muhajarine, Humbert & Odnokon, 2008).
Grzywacz y Marks (2001) encuentran
relación entre la edad, el apoyo familiar y la actividad física, de forma que
el apoyo de la familia se asocia con la
práctica de ejercicio de forma regular, más en “adultos mayores” que en
“adultos jóvenes”. Por tanto, existen
más posibilidades entre los adultos mayores de que en el caso de darse una
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actitud de apoyo hacia esta práctica, se
impliquen en la misma.
Tal y como se aprecian en los resultados obtenidos, los comportamientos
del padre y de la madre, tanto en hombres como en mujeres y en los cuatro
grupos de edades establecidas, predicen los comportamientos de los hijo/as.
Igualmente, en la tabla 3 se puede apreciar que cuando la actitud de los progenitores ante la práctica de actividad físico-deportiva es de despreocupación,
esta situación se relaciona con varones
y mujeres sedentarias, disminuyendo
esta tendencia en ambos sexos conforme aumentan en edad. Esto supone que
el padre y la madre son modelos que
influyen en las conductas de práctica
física de sus hijos e hijas desde los 16
hasta los 45 años, donde la probabilidad de encontrar personas sedentarias
en su tiempo libre es mayor cuando el
padre y la madre son sedentarios que
cuando son activos. Estos mismos datos, se corroboran en otros estudios
como los de Cantallops, Ponseti, Vidal,
Borràs y Palou (2012), Savage, DiNallo y Down (2009) y Springer, Kelder y
Hoelscher (2006), donde se puede concluir que, en general, los padres tienen
una gran influencia en los hábitos de
actividad física de sus hijos.
De manera más concreta, Davison
et al. (2003) encontraron que las madres influían en la actividad física de
sus hijos proporcionando apoyo logístico, mientras que los padres eran más
53
propensos a usar su propio comportamiento para fomentar una práctica de
actividad física en sus hijos. Esto conlleva que el apoyo materno y paterno
hacia la actividad físico-deportiva de
los hijos influye de manera diferente
en ambos sexos, coincidiendo con las
aportaciones de Trost et al. (2001). En
esta línea, los datos de esta investigación, apoyan la teoría de que esta influencia es mayor del padre hacia los
hijos varones y de la madre hacia las
hijas, como también ocurre en el trabajo de Davison et al. (2003). En el
caso de las chicas, por ejemplo, Madsen et al. (2009) demostraron que a
partir de los 15 años la influencia de
los padres en ellas era menor que en
edades inferiores.
Pero además de los padres, el resto
de familiares, amigos y compañeros,
son fuentes de influencia social sobre el
resto de individuos (Smith, 2003). En
el caso de los hermanos, éstos también
influyen en las prácticas físicas de sus
hermanas (46 a 60 años y más de 60
años) como en la de sus hermanos (16
a 30 años y más de 60 años), de manera que las hermanas ejercen más influencia en su hermanas (31 a 45 años
y más de 60 años) que en sus hermanos
(16 a 31 años y más de 60 años). Y es
que como afirman Wrotniak, Epstein,
Paluch y Roemmich (2004), todos los
miembros de la familia influyen entre
sí, incluido los hermanos, aunque como
vemos, de manera diferente entre hom-
bres y mujeres. En el caso del trabajo
llevado a cabo por Keresztes, Piko,
Pluhar y Page (2008), la mayor parte de
las personas investigadas manifestaron
que gran parte de la influencia para ser
activo proviene de diferentes personas,
destacando entre ellos los hermanos/as
y parejas.
En relación a la pareja, Wiley,
Flood, Flavia, Andrade, Aradillas y
Cerda (2011), concluyen sobre sus resultados en población mexicana que la
pareja juega un papel fundamental en
la actividad física de los adolescentes
mayores. Tal y como se puede comprobar en los resultados de esta investigación, cuando la actitud de la pareja ante
la práctica de actividad físico-deportiva es de despreocupación, existe 3,05
veces más posibilidades en varones
y 2,75 en mujeres, de ser sedentarios
entre los 16 y 30 años. Pero esta tendencia, sigue en aumento conforme las
personas se hacen mayores, denotando
la importancia que puede tener la pareja en la práctica de actividad física en
personas mayores (Gellert et al., 2011).
Por tanto, tal y como vemos en los datos obtenidos en esta investigación, la
pareja es una fuente muy importante de
apoyo ante la práctica de actividad físico-deportiva aunque además, puede ser
una fuente potencial de peligro (Hogan,
Linden & Najarian, 2002), ya que se ha
demostrado que el inadecuado apoyo
de la pareja puede tener consecuencias
negativas en las personas mayores (WiRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
54
lliams et al., 2006). Otros investigadores como Schwarzer y Gutiérrez-Doña
(2005), encontraron en relación a la
pareja un efecto significativo entre el
género y el apoyo social del cónyuge,
de manera que los hombres recibieron
más apoyo de las mujeres del que las
mujeres recibieron de los hombres. Incluso Gellert et al. (2011), afirman que
aquellas personas que no tiene pareja,
reciben entonces el apoyo por parte de
los familiares y amigos.
En relación a todo lo anterior, se
puede observar que los datos obtenidos
están en la línea de las afirmaciones
de Moschny, Platen, Klaaßen-Mielke,
Trampisch y Hinrichs (2011), quienes
explican que conforme se aumenta la
edad, se reduce la práctica de actividad
física debido a la necesidad de sentir
un apoyo social de los amigos y sobre
todo de la pareja. Esto es debido a que
el círculo social de las personas adultas
es menor que en los adolescentes, reduciéndose en muchos casos a la pareja y
la familia, de ahí la importancia de la
aprobación social de los adultos mayores (Gellert et al., 2011).
La actitud de los amigos ha sido
mayoritariamente de despreocupación,
aunque sí es cierto que casi la mitad de
los amigos animan a que practiquen
actividad físico-deportiva. Esta despreocupación predice que tanto hombres como mujeres sean sedentarias,
aumentando considerablemente en las
mujeres a medida que la edad se increRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
menta, pero siendo en cambio inferior
y más estable en los varones. Por tanto,
estos datos están en la línea de los encontrados en diferentes investigaciones
(Anderssen & Wold, 1992; Trost et al.,
2003), en las que también se concluye que la práctica de actividad físicodeportiva además se relaciona con la
actitud de los amigos, siendo esta influencia mayor en la adolescencia que
en la vida adulta. Igualmente, Keresztes et al., (2008) exponen que la mayor influencia para ser activo proviene
entre otros, de los amigos y el grupo
de pares.
Agradecimientos
El contenido de este artículo es el
resultado del subproyecto “Factores
determinantes para la práctica físicodeportiva y asociaciones probabilísticas entre variables físico-deportivas
y de salud. Tipologías de estilos de
vida de la población adulta y detección de poblaciones con riesgo para
la salud” (DEP2005-00231-C03-02/
ACTI) de la Universidad de Almería.
Forma parte del proyecto coordinado
“Hábitos físico-deportivos y de salud.
Estilos de vida en jóvenes y adultos”,
subvencionado por el Ministerio de
Educación y Ciencia dentro del Plan
Nacional de I+D+I (2004-2007) Acción Estratégica: “Deporte y Actividad Física” Práctica de la Actividad
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60
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61
ARTÍCULO
PP: 61-88
(In)Satisfação com a imagem corporal em adolescentes
e adultos portugueses: Contributo para o processo de
validação da Contour Drawing Rating Scale
Body image (dis)satisfaction among Portuguese
adolescents and adults: Contribution to the validation
process of the Contour Drawing Rating Scale
Rita Francisco1, Isabel Narciso2 e Madalena Alarcão3
RESUMo
Com este trabalho pretende estudar-se a satisfação com a imagem corporal de
adolescentes e adultos portugueses de ambos os sexos. Apresentam-se também
os estudos de validade e fiabilidade da Contour Drawing Rating Scale (CDRS;
Thompson & Gray, 1995). Participaram no estudo 1423 adolescentes e adultos,
preenchendo a CDRS e o Eating Disorder Examination–Questionnaire. Com o objectivo de estudar a estabilidade temporal da CDRS, 55 estudantes universitários
preencheram a CDRS em dois momentos distintos, com intervalo de duas semanas entre aplicações. A maioria dos adolescentes, de ambos os sexos, apresentou
um peso corporal considerado normal, bem como as mulheres adultas, enquanto
a maioria dos homens adultos apresentou excesso de peso. Verificaram-se diferenças geracionais e de género significativas quanto à satisfação com a imagem
corporal, encontrando-se os adolescentes mais satisfeitos que os adultos e sendo
a satisfação mais elevada no sexo masculino. A CDRS apresenta bons resultados
1 Professora Auxiliar Convidada, Faculdade de Psicologia, Universidade de Lisboa.Alameda da Universidade, 1649013 Lisboa, Portugal. Telefone: (+351) 217943655. Correio electrónico: [email protected]
2 Professora Auxiliar, Faculdade de Psicologia, Universidade de Lisboa.
3 Professora Associada, Faculdade de Psicologia e de Ciências da Educação, Universidade de Coimbra.
Nota: Este trabalho foi apoiado pela Bolsa de Doutoramento da primeira autora, financiada pela Fundação para a
Ciência e a Tecnologia (SFRH/BD/27472/2006)
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62
psicométricos quando aplicada a uma amostra portuguesa, considerando-se uma
medida adequada de percepção e satisfação com a imagem corporal na população
em geral, permitindo ainda distinguir grupos com e sem indicação de perturbação
alimentar, ao nível da insatisfação com a imagem corporal.
Palavras-chave: imagem corporal, Contour Drawing Rating Scale, validade concorrente, estabilidade temporal, adolescentes, adultos.
Abstract
The main objective of the present study is to examine body image (dis)satisfaction among female and male Portuguese adolescents and adults. In addition,
psychometric studies of the Portuguese version of the Contour Drawing Rating
Scale (CDRS; Thompson & Gray, 1995) are presented. Participants were 1423
adolescents and adults, who completed the CDRS and the Eating Disorder Examination–Questionnaire. In order to study test-retest reliability of CDRS, 55 college
students completed CDRS at two times of measurement, with an interval of two
weeks between assessments. Most female and male adolescents, as well as female
adults, presented a normal weight; however, most of men were overweight. Significant generation and gender differences related to body image satisfaction were
found: adolescents were more satisfied with their body image than adults; body
image satisfaction was higher among males than females. Results clearly support
the reliability and the validity of the CDRS in a Portuguese sample, emphasizing
its usefulness as a measure of body image perception and satisfaction in the general population. Further, this measure allowed distinguishing groups with and without clinical criteria of eating disorders in regards to body image dissatisfaction.
Keywords: body image, Contour Drawing Rating Scale, concurrent validity, testretest reliability, adolescents, adults.
Introdução
A imagem corporal é um conceito
multidimensional, definido como “as
percepções, pensamentos e sentimentos de uma pessoa acerca do seu corRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
po” (Grogan, 2008, p. 3). Pode dizerse, desta forma, que é um conceito em
constante alteração, pois para a sua
“construção” contribuem não só di-
63
versos aspectos do desenvolvimento
do indivíduo (características físicas ou
de personalidade, processos de socialização e experiências interpessoais anteriores), mas também acontecimentos
de vida recentes ou precipitantes (como
a prática de exercício físico ou a exposição do corpo em público), aos quais
se associam determinados pensamentos, emoções ou acções (Cash, 2002).
Dada a sua complexidade, a imagem
corporal tem sido alvo de muitos estudos
nas últimas décadas, em ambos os sexos
e em diversas etapas do ciclo de vida, mas
especialmente na adolescência (e.g., Davison & McCabe, 2006; Jones, 2004; Stice & Whitenton, 2002), etapa em que a
imagem corporal assume um importante
papel no desenvolvimento psicológico e
interpessoal. É também durante a adolescência que a imagem corporal mais
influencia a auto-estima, sobretudo das
raparigas, estando uma imagem corporal negativa frequentemente associada a
baixa auto-estima, depressão, ansiedade e tendências obsessivo-compulsivas
(Levine & Smolak, 2002). Apenas mais
recentemente, a investigação nesta área
começou a debruçar-se sobre a imagem
corporal masculina e insatisfação com
a mesma. Tem-se verificado que para
essa insatisfação contribuirão basicamente os mesmos factores, apesar de
ser menos frequente e menos severa do
que no sexo feminino (Smolak, Levine,
& Thompson, 2001). Uma diferença de
género importante reside no facto dos
rapazes e homens referirem maior insatisfação com a forma e desejarem ser
mais musculados, ao passo que as raparigas e mulheres são mais insatisfeitas
com o peso e desejam ser mais magras
(Corson & Andersen, 2002), facto este
claramente influenciado pelos ideais de
beleza da sociedade actual.
Especial atenção tem sido dada à relação entre a imagem corporal de adolescentes e jovens adultas e as perturbações
alimentares (e.g., Ackard & Peterson,
2001; Bearman, Presnell, Martinez, &
Stice, 2006; Keery, van den Berg, &
Thompson, 2004), dado serem perturbações psiquiátricas muito mais frequentes no sexo feminino e, geralmente,
com início na adolescência (American
Psychiatric Association, 2002). Efectivamente, a insatisfação com a imagem
corporal corresponde a um dos factores
de risco que melhor prediz o desenvolvimento de perturbações alimentares,
sobre o qual se deve intervir preventiva
e terapeuticamente (Levine & Smolak,
2002; Maganto & Cruz, 2003; Shisslak
& Crago, 2001; Striegel-Moore & Bulik,
2007).
Estudos com diferentes gerações
mostram que a insatisfação com a imagem corporal e as preocupações com a
aparência e o peso mantêm-se ao longo
da vida, apesar de serem sempre mais
elevadas no sexo feminino. Por outro
lado, à medida que o corpo vai ficando um pouco mais volumoso, como
comummente acontece com o avanço
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
64
da idade, também o volume da imagem considerada ideal aumenta, quer
porque as expectativas se tornam mais
realistas, quer porque diminui a importância dada à aparência física. Neste
sentido, o nível de satisfação com a
imagem corporal manter-se-ia ao longo
do tempo (e.g., Lamb, Jackson, Cassiday, & Priest, 1993; Pliner, Chaiken, &
Flett, 1990; Tiggemann, 2004).
A insatisfação com a imagem corporal, definida como “os pensamentos
e sentimentos negativos de uma pessoa
acerca do seu corpo” (Grogan, 2008, p.
4), geralmente, envolve uma discrepância entre a avaliação que a pessoa faz
da sua imagem corporal actual e a sua
imagem corporal ideal. Esta discrepância é, então, entendida por grande parte
dos investigadores como uma medida de
satisfação ou insatisfação com a imagem
corporal. Uma forma relativamente rápida e simples de avaliar esta discrepância
passa por apresentar aos indivíduos escalas de silhuetas ordenadas, de muito
magras a muito gordas, e solicitar que
indiquem quais as figuras que melhor
correspondem à imagem corporal actual
e à imagem corporal ideal. Uma destas
escalas – Contour Drawing Rating Scale
– foi desenvolvida por Thompson e Gray
(1995), procurando suprir algumas falhas
de escalas anteriores, como a ausência de
traços faciais ou a desproporção entre os
membros superiores e inferiores (para
uma revisão destas escalas ver Thompson & Gray, 1995, ou Cororve Fingeret,
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
Gleaves, & Pearson, 2004, para uma revisão mais actual).
O presente estudo tem, essencialmente, dois objectivos. O primeiro
consiste em avaliar o nível de (in)satisfação com a imagem corporal de
adolescentes e adultos portugueses, de
ambos os sexos, uma vez que não existem estudos publicados em Portugal
sobre a temática com esta amplitude de
amostra. Permitir-nos-á entender, ainda
que de forma transversal, a evolução
da satisfação com a imagem corporal
(comparando dois grupos geracionais
distintos) e a sua relação com uma medida antropométrica (índice de massa
corporal) na população portuguesa.
O segundo objectivo prende-se com
o contributo para o processo de validação da Contour Drawing Rating Scale (CDRS; Thompson & Gray, 1995),
designadamente através de um estudo
da validade convergente com o Eating
Disorder Examination-Questionnaire
(EDE-Q; Fairburn & Beglin, 1994), o
peso e o índice de massa corporal.
MÉTODO
Participantes
Participaram no estudo 1423 adolescentes e adultos de ambos os sexos:
829 adolescentes (527 raparigas e 302
rapazes), com idades compreendidas
entre os 12 e os 21 anos (M = 15.25, DP
= 2.07), e 594 adultos (321 mulheres
65
e 273 homens), com idades compreendidas entre os 24 e os 71 anos (M =
45.68, DP = 6.24). Quer os adolescentes (12-14, 15-17 e 18-21 anos), quer
os adultos (24-30, 31-40, 41-50, 51-60
e >60 anos), foram classificados consoante a sua faixa etária. Os participantes são residentes em diversas zonas de
Portugal, sendo que 49.3% residem na
zona de Lisboa e Vale do Tejo, 25.2%
no Alentejo, 17.7% na zona Centro do
país, 5.7% no Norte e 2.2% no Algarve
e Arquipélago da Madeira.
Com o objectivo de estudar a estabilidade temporal da CDRS, 55 estudantes universitários (41 do sexo feminino e 14 do sexo masculino), com
idades compreendidas entre os 17 e os
56 anos (M = 21.55, DP = 8.65), responderam à CDRS em dois momentos
distintos, com um intervalo de duas semanas entre as aplicações.
Instrumentos
Questionário Sócio-Demográfico
– construído para recolher dados pessoais dos participantes, como idade,
sexo, peso e altura.
Contour Drawing Rating Scale
(CDRS, Thompson & Gray, 1995) –
constituída por uma sequência de nove
figuras (uma sequência com silhuetas
femininas e outra com silhuetas masculinas; ver figura 1), ordenadas da menos
volumosa para a mais volumosa. Pedese a cada participante que indique o
número da figura que mais se identifica
com a sua aparência actual e com a sua
aparência ideal (“A figura que mais se
identifica com a minha aparência actual
tem o número __” e “A figura que mais
se identifica com o que considero ser a
aparência ideal tem o número __”). A
discrepância entre estas duas respostas
é considerada o indicador do nível de
insatisfação com a imagem corporal.
Assim, valores iguais a zero indicam
satisfação com a imagem corporal, valores negativos (entre -9 e -1) indicam
insatisfação com a imagem corporal
com idealização de uma figura menos
volumosa, valores positivos (entre 1 e
9) indicam insatisfação com a imagem
corporal com idealização de uma figura mais volumosa. A fiabilidade testereteste da escala original, numa pequena amostra de jovens adultos (N =
32), foi de r = .78, tendo a validade de
constructo sido considerada através das
correlações da figura representativa da
imagem corporal actual com o peso (r
= .71) e com o índice de massa corporal
(r = .59). O estudo de Wertheim, Paxton e Tilgner (2004) demonstrou que a
CDRS pode também ser utilizada com
jovens adolescentes, tendo apresentado
resultados psicométricos semelhantes
aos do estudo original.
Eating Disorder ExaminationQuestionnaire (EDE-Q, Fairburn &
Beglin, 1994) – foi utilizada a versão
portuguesa da 5ª edição do EDE-Q
(Machado, 2007). O EDE-Q é um
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
66
questionário de auto-relato, largamente
utilizado em investigação sobre perturbações alimentares, constituído por 28
itens organizados em quatro sub-escalas, cuja média resulta num score global
de perturbação alimentar. Num estudo
recente com participantes do sexo feminino, acerca das propriedades psicométricas do EDE-Q (Peterson et al., 2007),
os autores encontraram níveis aceitáveis
de consistência interna para o score global (α = .90) e sub-escalas: Restrição (α
= .70), Preocupação com a Comida (α
= .73), Preocupação com a Forma (α
= .83) e Preocupação com o Peso (α =
.72). No presente estudo, também demonstrou boas qualidades psicométricas [Score global (α = .89), Restrição
(α = .79), Preocupação com a Comida
(α = .76), Preocupação com a Forma
(α = .90), Preocupação com o Peso (α
= .81)], com valores de α de Cronbach
mais elevados em todas as sub-escalas.
Índice de Massa Corporal (IMC)
– calculado com base no peso e altura relatados pelos participantes (kg/
m2). Diversos estudos (e.g. Bulik et
al., 2001) têm revelado correlações
muito elevadas do peso e altura autorelatados com o peso e altura medidos
pelos investigadores (de r = .90 a r =
.98), pelo que, dadas as dificuldades logísticas que esta medição imporia com
grandes amostras, como a deste estudo,
optou-se por adoptar os valores de peso
e altura reportados pelos participantes
no protocolo de investigação.
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Procedimento
Todos os participantes preencheram
um consentimento informado, sendo
que os adolescentes obtiveram previamente a autorização dos encarregados
de educação para participarem no estudo. Os dados aqui reportados fazem
parte de um estudo mais alargado (investigação de doutoramento da primeira autora), que pretendia identificar factores de risco e factores protectores do
desenvolvimento de perturbações alimentares em adolescentes de contextos
de risco específicos (projecto aprovado
pela Fundação para a Ciência e a Tecnologia; aplicação do protocolo de investigação nas escolas de ensino básico
e secundário autorizada pela Direcção
Geral de Inovação e Desenvolvimento
Curricular do Ministério da Educação).
A maioria dos adolescentes preencheu
os protocolos de investigação durante
uma aula nas suas escolas, na presença
da investigadora, enquanto os adultos
(grande parte são os pais dos participantes adolescentes) o fizeram nas suas
residências, tendo os protocolos sido
devolvidos mais tarde, em envelope fechado e sem identificação, respeitandose assim o anonimato.
Aos participantes no estudo da estabilidade temporal da CDRS foi dito
que o objectivo era a validação da mesma para a população portuguesa. À
semelhança de outros estudos realizados com a CDRS (Wertheim, Paxton,
67
Figura 1. Contour Drawing Rating Scale. © M. A. Thompson e J. J. Gray.
Reproduzida com permissão dos autores.
& Tilgner, 2004), as aplicações testereteste realizaram-se com um intervalo
de duas semanas, ao contrário do estudo original (uma semana), no final de
uma aula do 1º ano da licenciatura em
Psicologia, na Faculdade de Psicologia
da Universidade de Lisboa.
Resultados
Índice de Massa Corporal (IMC)
Os quadros 1 e 2 apresentam a
distribuição da frequência dos participantes de ambos os sexos, consoante
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68
o grupo etário, pelas classes de IMC
(≤17.54 Magreza extrema; 17.55-18.49
Magreza; 18.5-24.99 Peso normal; 2530 Excesso de peso; >30 Obesidade). O
teste de Qui-Quadrado revela diferenças
significativas entre sexos nesta distribuição, quer nos adolescentes [χ2 (4) =
19.016, p < .01, n = 810], quer nos adultos [χ2 (4) = 63.528, p < .001, n = 591].
Comparando os valores médios do IMC,
o teste de Wilcoxon-Mann-Whitney revelou diferenças de género significativas, quer no grupo de adolescentes (U
= 60320.50, p < .001), quer no grupo de
adultos (U = 23167.00, p < .001), bem
como diferenças geracionais significativas, no sexo feminino (U = 30332.00,
p < .001) e no sexo masculino (U =
8914.00, p < .001). São as participantes
do sexo feminino e os adolescentes, res-
Quadro 1. Distribuição da Frequência dos Participantes Adolescentes, de
ambos os Sexos, pelas Classes de IMC.
Quadro 2. Distribuição da Frequência dos Participantes Adultos, de ambos
os Sexos, pelas Classes de IMC.
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69
Quadro 3. Resultados Médios dos Participantes de ambos os Sexos, entre os
dois Grupos Etários, nas Variáveis relativas à Imagem Corporal.
pectivamente, que apresentam valores
de IMC mais baixos (vide quadro 3).
Aparência Actual e IMC
Os quadros 4 e 5 apresentam o
número de participantes (do sexo feminino e do sexo masculino, respectivamente), de cada faixa etária, que
seleccionaram cada uma das nove silhuetas como a que melhor representaria a sua imagem corporal actual (ICA),
bem como a média e desvio-padrão do
índice de massa corporal (IMC) dos
mesmos. Em ambos os sexos, a figura
representativa da ICA situa-se entre a
2 e a 9, não tendo havido nenhum participante a seleccionar a figura menos
volumosa (1).
Comparando os valores médios da
ICA, o teste de Wilcoxon-Mann-Whitney revelou diferenças de género significativas no grupo de adolescentes (U =
55881.50, p < .001) e no grupo de adultos
(U = 37854.00, p < .01), bem como diferenças geracionais significativas no sexo
feminino (U = 48835.50, p < .001) e no
sexo masculino (U = 24440.00, p < .001),
com resultados mais elevados nos adultos
e no sexo masculino (vide quadro 3).
Em termos absolutos, a silhueta seleccionada com mais frequência pelas
participantes do sexo feminino foi a
número 5 (24.9%), com um IMC médio de 20.6 (±2), que corresponde a
um valor médio um pouco mais baixo
que o IMC médio da amostra feminina global (21.4±3.7). Contudo, entre
as adolescentes, com IMC médio de
18.1 (±1.7) a 19.8 (±1), a figura mais
frequentemente identificada como a
ICA é a número 4. É importante realçar
que entre as adolescentes mais velhas
(18-21 anos) a ICA mais escolhida é a
número 5, seguida da 6 e só depois a
número 4. Nas mulheres adultas a figuRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
Quadro 4. Aparência Actual e IMC no Sexo Feminino; Número de Participantes que seleccionaram cada
Silhueta, por Faixa Etária.
70
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Quadro 5. Aparência Actual e IMC no Sexo Masculino; Número de Participantes que seleccionaram cada
Silhueta, por Faixa Etária.
71
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72
ra mais vezes seleccionada é a número
6, com IMC entre 19.9 e 25.2.
Quanto aos participantes do sexo
masculino, a silhueta mais frequentemente seleccionada como correspondendo à ICA foi a número 5 (29.7%),
com um IMC médio de 21.2 (±2.9),
abaixo da média da amostra masculina global (23.7±4.4). Também entre os
adolescentes, a silhueta mais frequente
é a 5, com IMC médio de 18.6 (±2) a
22.5 (±1.6), à medida que a faixa etária
aumenta, mas, nos homens adultos, a
silhueta identificada como a que melhor corresponde à ICA é a número 6,
com IMC médio entre 25.3 (±2) e 26.1
(±1.9).
Aparência Ideal
O quadro 6 apresenta os dados dos
participantes de ambos os sexos relativamente à imagem corporal ideal (ICI),
por faixa etária. No sexo feminino, a
silhueta mais frequentemente escolhida como a mais representativa da imagem que cada participante considera
ser a sua ICI tem o número 4 (34.6%),
sendo que para o sexo masculino esta
corresponde ao número 5 (59.5%),
quer no grupo de adolescentes, quer
no grupo de adultos. No que se refere
ao sexo feminino, a silhueta 4 é a mais
frequentemente escolhida pelas raparigas, ao contrário das mulheres adultas
que seleccionam mais frequentemente
a silhueta 5.
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Em ambos os sexos, a silhueta representativa da ICI dos participantes
situa-se entre a 1 e a 8, não tendo havido nenhum participante a seleccionar
a silhueta mais volumosa (9). A ICI das
participantes do sexo feminino situase, essencialmente, entre as silhuetas
3 e 5. Sendo raras as que escolhem as
silhuetas 1, 7 e 8, há ainda alguma representatividade das raparigas adolescentes que seleccionam a silhueta 2 e
das mulheres adultas que seleccionam
a silhueta 6 como correspondendo à
sua ICI. Entre os participantes do sexo
masculino, as silhuetas 1, 8 e 9 nunca
foram seleccionadas como ICI, e raramente o foram as silhuetas 2, 3 e 7,
sendo as mais representativas da ICI
destes participantes as silhuetas 5 e 6.
Segundo o teste de WilcoxonMann-Whitney, existem diferenças de
género significativas na ICI seleccionada, quer no grupo de adolescentes
(U = 25367.50, p < .01), quer no grupo de adultos (U = 24349.00, p < .01),
com resultados médios mais elevados
no grupo do sexo masculino. Contudo,
quanto a diferenças geracionais, estas
são significativas no sexo feminino (U
= 66938.50, p < .001), com as mulheres
a seleccionarem ICI mais volumosas
que as adolescentes, mas não no sexo
masculino (U = 40224.50, p = .566)
(vide quadro 4).
Discrepância entre Aparência Ideal
e Actual como Índice de Insatisfação
com a Imagem Corporal (IcIC)
Quadro 6. Aparência Ideal em ambos os Sexos; Número de Participantes que seleccionaram cada Silhueta,
por Faixa Etária.
73
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74
A diferença entre a imagem corporal actual e a imagem corporal ideal tem
sido frequentemente considerada como
uma medida de insatisfação com a imagem corporal (IcIC). Assim, no quadro
7, apresenta-se a discrepância média
referida pelos participantes de ambos
os sexos, por faixa etária. Valores próximos de zero indicam uma baixa discrepância e, consequentemente, maior
satisfação com a sua imagem corporal
actual, uma vez que seleccionaram a
mesma silhueta para representar a ICA e
a ICI. Na amostra total, 26.5% dos participantes apresentam-se satisfeitos com
a sua imagem corporal (valor de discrepância igual a zero), distribuindo-se da
seguinte forma, consoante a geração e o
sexo: 38.7% rapazes, 29.0% raparigas,
20.9% homens e 15.6% mulheres. Assim sendo, são as mulheres adultas que
se encontram mais insatisfeitas com a
sua imagem corporal.
Entre o sexo feminino, todas as participantes que seleccionaram até à silhueta 3 como ICA, em geral, idealizam
uma imagem mais volumosa. A silhueta
4 é aquela que surge mais associada a
satisfação com a imagem corporal (ainda que desejem ser ligeiramente mais
magras), sendo que, a partir daí, a idealização com uma imagem menos volumosa aumenta à medida que a silhueta
associada à ICA também aumenta.
Os participantes do sexo masculino
que seleccionaram a silhueta 5 como a
sua ICA são aqueles que apresentam
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
valores de discrepância mais próximos
de zero (e, consequentemente, maior
satisfação com a imagem corporal).
Abaixo da silhueta 5 como ICA, todos
os rapazes e homens adultos desejam
ter uma aparência mais volumosa. Tal
como no sexo feminino, também no
sexo masculino, os valores de discrepância aumentam à medida que aumenta o número da silhueta representativa da ICA.
Comparando ambos os sexos, é de
notar que os valores negativos de discrepância surgem a partir da silhueta 4 como ICA para o sexo feminino,
enquanto para o sexo masculino estes
valores surgem fundamentalmente a
partir da silhueta 6.
Para agrupar os participantes consoante o seu grau de insatisfação com
a imagem corporal, considerou-se o seguinte critério: valores de discrepância
igual a zero foram incluídos no grupo
“Satisfeitos”; valores de discrepância
entre -2 e -1, e entre 1 e 2, foram incluídos no grupo “Relativamente Insatisfeitos”, idealizando uma IC menos ou
mais volumosa, respectivamente; valores de discrepância inferiores a -2, e superiores a 2, foram incluídos no grupo
“Muito Insatisfeitos”, idealizando uma
IC bastante menos ou mais volumosa,
respectivamente.
O teste do Qui-Quadrado revelou
diferenças significativas entre os sexos,
quer nos adolescentes [χ2 (4) = 43.883,
p < .01, n = 829], quer nos adultos
Quadro 7. Discrepância com a Aparência Ideal, em ambos os Sexos, por Faixa Etária.
75
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76
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
77
[χ2 (4) = 30.736, p < .001, n = 594],
o que é também visível nas figuras 2 e
3. Independentemente da geração, são
as participantes do sexo feminino que
se encontram mais insatisfeitas com a
sua imagem corporal actual, idealizando imagens menos volumosas, como
indicam os resultados da comparação
de médias do teste de Wilcoxon-Mann-
Whitney, que revelou diferenças de
género significativas no grupo de adolescentes (U = 58791.50, p < .001) e no
grupo de adultos (U = 34372.50, p <
.001). Quanto a diferenças geracionais,
estas são também significativas, quer
para o sexo feminino (U = 59154.00, p
< .001), quer para o sexo masculino (U
= 23855.00, p < .001), apresentando-se
Figura 2. Índice de Insatisfação com a Imagem Corporal entre os
adolescentes de ambos os sexos.
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
78
Figura 3. Índice de Insatisfação com a Imagem Corporal entre os adultos de
ambos os sexos.
os grupos de adultos mais insatisfeitos
que os grupos de adolescentes (vide
quadro 3).
Indicação Clínica de Perturbação
Alimentar e Insatisfação com a
Imagem Corporal
De acordo com o ponto de corte
(Fairburn & Cooper, 1993; Machado,
2007) que distingue a população clínica da não-clínica, 173 participantes
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
79
(12.2%) da nossa amostra apresentam
sintomatologia clínica significativa
(81.5% do sexo feminino), distribuindo-se em termos absolutos da seguinte
forma: 118 adolescentes (104 raparigas
e 14 rapazes) e 55 adultos (37 mulheres e 18 homens). Tendo em conta o
IMC, 4.7% apresentam magreza extrema, 4.7% magreza, 59.6% tem peso
normal, 21.6% excesso de peso e 9.4%
obesidade.
Compararam-se as médias da Discrepância destes 173 participantes com
as dos participantes sem indicação clínica e encontraram-se diferenças significativas (U = 43823.50, p < .001),
apresentando os participantes com indicação clínica de PA resultados mais
elevados de insatisfação com a imagem
corporal (M = -2.06, DP = 1.28 vs. M =
-0.64, DP = 1.19).
Correlações entre CDRS, Peso, IMC
e EDE-Q
De forma a analisar a validade convergente da CDRS, à semelhança do
que fizeram Thompson e Gray (1995),
determinou-se o coeficiente de correlação entre a figura da CDRS seleccionada como a imagem corporal actual (ICA) dos participantes e o peso,
bem como entre a ICA e o IMC. A ICA
surge fortemente correlacionada com
o peso indicado pelos participantes (r
= .65, p < .01), sendo esta correlação
mais elevada nas participantes do sexo
feminino (r = .72, p < .01) que nos participantes do sexo masculino (r = .62,
p < .01). No que se refere ao IMC, este
também surge fortemente correlacionado com a ICA (r = .72, p < .01), um
valor mais elevado do que o encontrado no estudo original da escala (r
= .59, p < .001), surgindo igualmente
mais elevado nas participantes do sexo
feminino (r = .74, p < .01) que nos participantes do sexo masculino (r = .68,
p < .01), sendo estes valores próximos
dos encontrados por Thompson (1993,
cit. por Thompson & Gray, 1995), num
segundo estudo sobre a CDRS. O IMC
surge, ainda, negativamente correlacionado com a IcIC (resultado da discrepância), com valores mais elevados no
sexo masculino (r = -.64, p < .01) que
no sexo feminino (r = -.59, p < .01).
Procurando analisar de outra forma a validade convergente da CDRS,
determinou-se também o coeficiente de
correlação de Spearman entre os resultados do EDE-Q (global e sub-escalas)
e o resultado da discrepância da CDRS,
dado que a insatisfação com a imagem
corporal é mais frequente na população
clínica com perturbação alimentar. Na
amostra global, a discrepância com a
ICA surge significativa e negativamente correlacionada com o score global (r
= -.53, p < .01) e com as quatro subescalas do EDE-Q, sendo que o valor
mais baixo da correlação se verifica
com a sub-escala Preocupação com a
Comida (r = -.34, p < .01) e o mais alto
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80
com a sub-escala Preocupação com o
Peso (r = -.53, p < .01). O facto de as
correlações serem negativas indica que
valores mais elevados de perturbação
alimentar correspondem a valores inferiores de discrepância (valores negativos), sendo estes que revelam maior
insatisfação com a imagem corporal
com idealização de uma imagem mais
magra que a actual. A força das correlações é ligeiramente superior no sexo
feminino, relativamente à amostra global, e inferior no sexo masculino, como
consta do quadro 8.
Quadro 8. Coeficientes de Correlação de Spearman entre a Discrepância da
CDRS e o EDE-Q (Sub-escalas e Score Global)
Estabilidade Temporal
Sendo o índice de insatisfação com
a imagem corporal um item único,
a avaliação da fiabilidade da CDRS
realiza-se através do estudo da estabilidade temporal (teste-reteste), tendo,
para tal, sido utilizado o coeficiente
de correlação de Pearson entre os valores da discrepância com a aparência
actual nas duas aplicações. Os resultados obtidos (r = .91, p < .01) indicam
uma associação de magnitude elevada,
sendo esta associação mais elevada do
que a encontrada no estudo original (r
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= .78, p < .001), o que sugere uma forte
estabilidade temporal da CDRS na população portuguesa.
Discussão
Neste estudo, procurámos avaliar
o nível de satisfação com a imagem
corporal de adolescentes e adultos portugueses, podendo dizer-se que, regra
geral, os adolescentes encontram-se
mais satisfeitos que os adultos, e que
esta satisfação é mais elevada no sexo
masculino do que no sexo feminino.
No grupo de adolescentes, é evi-
81
dente e preocupante a percentagem de
rapazes (14.6%) e raparigas (20.2%)
extremamente magros, isto é, apresentando um IMC inferior a 17.5, o
qual corresponde a um dos critérios
de diagnóstico da Anorexia Nervosa
(American Psychiatric Association,
2002). Contudo, a maioria dos adolescentes (64.8%) apresenta um IMC
correspondente a um peso normal e
adequado à sua idade, sendo poucos
os que apresentam excesso de peso ou
obesidade (5.2% excesso de peso e 1%
obesidade), quando comparados com
os adolescentes (10-20 anos) que participaram num estudo recente realizado
em Portugal (Matos et al., 2006). Neste
último estudo, 2.8% dos adolescentes
eram obesos e 15.2% apresentavam
excesso de peso, o que é claramente
superior à nossa amostra. Semelhante
aos nossos dados é a percentagem de
adolescentes com peso normal (68.3%
no referido estudo de 2006), o que reforça a ideia de que a grande diferença
se encontra nos extremos, pois entre os
adolescentes com peso abaixo do normal – 17.1% de rapazes e 10.4% de raparigas no estudo de Matos e colaboradores (2006), 22.1% de rapazes e 33%
de raparigas no presente estudo –, a diferença é bastante considerável, sobretudo nas raparigas (3 vezes mais). Uma
possível explicação para este facto reside na idade dos participantes nos dois
estudos. Apesar do estudo de Matos e
colaboradores (2006) incluir jovens
dos 10 aos 20 anos, os dados foram recolhidos apenas nos 6º, 8º e 10º anos
de escolaridade, pelo que a média de
idades é de 14 anos e apenas 15.3% da
amostra tem mais de 15 anos (no nosso estudo a média de idades é de 15.25
anos, incluindo jovens do 7º ano até ao
Ensino Superior). Por outro lado, no estudo de Matos e colaboradores a maior
percentagem de excesso de peso e obesidade verifica-se no grupo inferior aos
12 anos, diminuindo com o aumento
da idade dos adolescentes, faixa etária
que não está incluída na nossa amostra.
Nota-se, ainda, uma clara diferença de
género no sentido inverso ao do estudo de Matos e colaboradores (2006), já
que, nesse, as raparigas com peso inferior ao normal são bastante menos que
os rapazes nas mesmas circunstâncias,
o que, mais uma vez, se pode justificar
com a idade dos participantes, pois nas
raparigas o desenvolvimento pubertário e o consequente aumento de peso
ocorrem mais cedo do que nos rapazes
(Bitar, Coudert, Vernet, & Vermorel,
2000) e o excesso de peso nas crianças
é mais frequente no sexo feminino
que no masculino (Padez, Fernandes,
Mourão, Moreira, & Rosado, 2004).
Entre os adultos, a maioria das mulheres apresenta um peso normal, ao
passo que os homens estão maioritariamente na classe do excesso de peso, o
que são dados concordantes com o último estudo de prevalência da obesidade
em adultos portugueses (Carmo et al.,
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
82
2006). O nosso estudo confirma, assim,
a elevada proporção de portugueses
adultos com pré-obesidade e obesidade, bem como o aumento do IMC com
a idade (e do excesso de peso e obesidade, consequentemente), quando se
comparam diferentes grupos geracionais, o que é consistente com diversos
estudos internacionais que comparam
várias gerações no mesmo estudo ou
estudos semelhantes realizados com
intervalos de alguns anos (Hulens et
al., 2001; Neovius, Janson, & Rössner,
2006; Ogden, 2006; Wang, Chyen,
Lee, & Lowry, 2008). O conjunto dos
dados aponta para a necessidade urgente de implementação de estratégias
efectivas de prevenção da obesidade,
junto de crianças e adolescentes, dados
os elevados riscos para a saúde, a médio e longo prazo, associados à mesma
(e.g. Lobstein, Baur, & Uauy, 2004).
As diferenças de género, significativas nas variáveis IMC, Imagem Actual,
Imagem Ideal e Insatisfação com a Imagem Corporal, vão de encontro à maioria dos estudos (e.g. Bulik et al., 2001;
Lamb et al., 1993), reforçando a ênfase sócio-cultural colocada na magreza
feminina como ideal de beleza. Efectivamente, quer as adolescentes, quer as
mulheres adultas, apresentam-se mais
insatisfeitas com a sua imagem corporal
que os participantes do sexo masculino,
apesar de estes apresentarem valores
de IMC mais elevados e seleccionarem
silhuetas mais volumosas como repreRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
sentativas da sua imagem actual. Neste
último caso, o facto da imagem ideal ser
também mais volumosa implica que a
insatisfação seja menor.
A maioria das raparigas adolescentes selecciona a silhueta 4 como a
que melhor representa a sua imagem
actual (à semelhança, aliás, da silhueta
mais vezes seleccionada como imagem
ideal), estando um número abaixo da
silhueta mais seleccionada pelos rapazes adolescentes (5 para ambas as imagens). Contudo, o mesmo não se verifica na geração mais velha: mulheres e
homens adultos seleccionam a mesma
silhueta (6) como a mais representativa
da imagem corporal actual (e também a
mesma – 5 – como imagem ideal), apesar de o IMC médio desses participantes ser bastante diferente. Com efeito, o
IMC médio das mulheres que seleccionam a silhueta 6 como ICA encontra-se
na classe do peso normal (19.9 a 25.2)
enquanto o dos homens reporta excesso de peso (25.3 a 26.1), pelo que colocamos a hipótese de os homens adultos
subestimarem, defensivamente, o volume da sua imagem corporal, desvalorizando os riscos associados à obesidade
e não adoptando estratégias de redução
do peso (alteração de hábitos alimentares, prática de exercício físico, etc.).
Tendo em conta as diferenças geracionais relativamente à imagem ideal,
é de sublinhar o facto desta se manter
a mesma no sexo masculino nas duas
gerações e não diferir ao longo das
83
várias faixas etárias. O mesmo não se
verifica entre as duas gerações no sexo
feminino, uma vez que a maioria das
adolescentes selecciona a silhueta 4 e
as mulheres adultas a silhueta 5 como
imagem corporal ideal. Este dado
pode ser um indicador da adequação
das expectativas quanto à sua imagem
corporal, tendo em conta a evolução
natural do corpo da mulher com a
idade, sugerida por Lamb e colaboradores (1993). Contudo, a discrepância
entre ICI e ICA nas mulheres adultas
da nossa amostra é superior à discrepância nas adolescentes, pelo que não
poderá dizer-se que o nível de insatisfação se mantém ao longo do ciclo
de vida (ainda que o peso aumente e a
imagem corporal ideal se torne mais
volumosa), acompanhando o aumento
do volume da imagem corporal actual.
Estudos longitudinais poderão, de futuro, explicar melhor a evolução da (in)
satisfação com a imagem corporal em
ambos os sexos, mas especialmente
no sexo feminino, em que se verificam
maiores diferenças inter-geracionais
nestas variáveis. Os trabalhos de Tiggemann e colaboradores (Tiggemann
& Lynch, 2001; Tiggemann & Stevens,
1999) poderão fornecer-nos algumas
pistas úteis na definição de hipóteses e
variáveis a estudar, ao sugerirem que,
apesar da insatisfação corporal permanecer elevada, o impacto psicológico
desta diminui à medida que a idade das
mulheres aumenta.
Ainda relativamente aos valores
da discrepância, há a sublinhar alguns
aspectos. Em geral, a idealização de
uma imagem corporal mais magra por
parte do sexo feminino surge a partir
da silhueta 4 enquanto imagem corporal actual (imagem que corresponde a
maior satisfação com a imagem corporal); a imagens corporais abaixo desse
número está associado o desejo de uma
imagem um pouco mais volumosa. No
sexo masculino, contudo, a idealização
de uma imagem mais magra só acontece a partir da silhueta 6, sendo a silhueta 5 aquela que surge mais associada a
satisfação com a imagem corporal, isto
é, onde os valores de discrepância surgem mais próximos de zero. Mais uma
vez, estas diferenças de género parecem reflectir o ideal de beleza veiculado pela sociedade actual, valorizando
uma imagem feminina mais magra e
esbelta e uma imagem masculina mais
forte. O agrupamento que se fez relativamente aos valores da discrepância
(de Muito Insatisfeito com idealização
de figura menos volumosa a Muito
Insatisfeito com idealização de figura
mais volumosa) facilita a leitura e parece adequado à interpretação dos dados,
uma vez que mantém significativas as
diferenças de género e as diferenças
geracionais encontradas.
Relativamente ao nosso segundo
objectivo, demonstrámos aqui as boas
qualidades psicométricas da CDRS,
quer no que se refere à validade conRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
84
vergente, quer à estabilidade temporal
da escala, quando aplicada à população
portuguesa de adolescentes e adultos,
suportando a sua utilização como uma
medida de percepção e satisfação com
a imagem corporal (Thompson & Gray,
1995). Regra geral, o volume das figuras seleccionadas como representativas
da imagem corporal actual aumenta na
mesma proporção que o peso e IMC dos
participantes, dados estes que são corroborados pelas correlações fortes entre
estes dois indicadores antropométricos
e os resultados da CDRS para a ICA e
para a discrepância. Por outro lado, para
além das correlações significativas entre
o EDE-Q (sub-escalas e score global) e
a CDRS, as diferenças significativas encontradas ao nível da insatisfação (dada
pelo resultado da discrepância) entre o
grupo com indicação clínica de perturbação alimentar, segundo o EDE-Q, e o
grupo não clínico, reforça a utilidade da
CDRS na detecção rápida e simples de
possíveis casos de comportamento alimentar perturbado, que não se prendem
apenas com casos de excesso de peso ou
obesidade (em que, naturalmente, a discrepância entre imagem ideal e actual
será maior), pois 59.6% do grupo com
indicação clínica de PA apresenta peso
normal e 9.4% magreza ou magreza
extrema. Sugere-se, contudo, que estudos futuros comprovem esta adequação
com a aplicação da CDRS a amostras
clínicas, com diagnósticos já estabelecidos de Anorexia Nervosa e Bulimia
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
Nervosa, bem como de obesidade. Por
último, a forte fiabilidade teste-reteste
num intervalo de duas semanas, com
coeficientes superiores aos encontrados no estudo original num intervalo
de uma semana, constitui um indicador
robusto da estabilidade temporal da
CDRS.
Conclusão
Este é, tanto quanto é do nosso
conhecimento, o primeiro estudo que
avalia a insatisfação com a imagem
corporal de adolescentes e adultos
portugueses em simultâneo, com uma
grande amostra proveniente de diversas
zonas geográficas, permitindo comparar diferentes gerações. A maioria dos
adolescentes, de ambos os sexos, apresenta um peso corporal considerado
normal, bem como as mulheres adultas, enquanto a maioria dos homens
adultos apresenta excesso de peso.
Contudo, entre os adolescentes destacam-se 14.6% de rapazes e 20.2% de
raparigas extremamente magros, o que
nos parecem números algo preocupantes. As diferenças de género e geracionais significativas quanto à satisfação
com a imagem corporal – adolescentes
mais satisfeitos que os adultos e homens mais satisfeitos que as mulheres
– corroboram os estudos internacionais
e reflectem a excessiva valorização de
um corpo magro como ideal de beleza
feminina actual. Por último, os estudos
85
psicométricos da versão portuguesa da
CDRS revelaram bons resultados ao
nível da validade convergente e da estabilidade temporal, suportando a sua
utilização como medida adequada de
percepção e satisfação com a imagem
corporal na população em geral.
O estudo apresenta, porém, diversas limitações, tal como a reduzida
dimensão da amostra nas faixas etárias
relativas a jovens adultos e adultos com
mais de 60 anos. Também o facto de
muitos dos adultos que participaram
no estudo serem pais dos participantes adolescentes pode ser considerado
uma limitação, já que é possível que a
imagem corporal ideal seja influenciada por uma partilha familiar de valores,
ideais e expectativas do que será considerada a imagem ideal de uma mulher
ou de um homem (Lamb et al., 1993),
para além de uma possível transmissão genética relativamente à própria
constituição física, com implicações
ao nível do peso e índice de massa
corporal. Este é um aspecto que deve
ser tido em conta em investigações
futuras que devem procurar recolher
dados de participantes sem qualquer
ligação familiar entre si.
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89
ARTÍCULO
PP: 89-101
Validación del cuestionario de Apoyo Social Funcional
Duke-UNK-11 en personas cuidadoras
Validation of the Duke-UNK-11 functional social support
questionnaire in caregivers
Isabel Cuéllar-Flores1 y Virginia Dresch2
RESUMen
El apoyo social se considera una variable mediadora fundamental en el proceso de estrés de las personas cuidadoras. El cuestionario de Apoyo Social Funcional
Duke-UNC-11 evalúa el apoyo social percibido y ha sido adaptado a la población
española y ampliamente utilizado en población general y cuidadora en España,
aunque no ha sido validado en personas cuidadoras. Se aplicó el DUKE-UNC a
120 cuidadores/as (rango de edad= 24-89 años; media= 54,9; D.T. =15,14). Los
resultados confirman la bidimensionalidad del instrumento y una consistencia interna y validez de constructo adecuadas, aunque muestran la existencia de variaciones en la distribución de los ítems en los factores. El cuestionario es fiable y
válido en personas cuidadoras en España, aunque se recomienda tener en cuenta
las características de esta población al ser utilizado.
Palabras clave: apoyo social percibido, cuidador, adaptación de instrumento.
ABSTRACT
The social support is considered a fundamental mediating variable in the
1 Licenciada y Doctoranda en Psicología. Universidad Complutense de Madrid
Investigadora. Facultad de Psicología UCM. Grupo de Investigación Estilos Psicológicos, Género y Salud. Campus
de Somosaguas, C.P. 28223 Pozuelo de Alarcón (Madrid). España. [email protected]
2 Doctora en Psicología. Universidade Federal Fluminense. Profesora Adjunta.
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
90
caregiver’s stress process. The Duke- UNC-11 functional social support questionnaire evaluates the perceived social support and has been adapted to the Spanish population and widely used in general population and caregivers in Spain,
although it has not been validated in caregiver population. DUKE-UNC was
applied to 120 caregivers (Rank of age= 24-89 years; Mean= 54,9; SD=15,14).
Results confirm the two-dimensionality of the instrument and an adequate internal
consistency and construct validity, although they show the existence of variations
in the items’ distribution in the factors. The questionnaire is reliable and valid in
caregivers in Spain, although it is recommended to consider the characteristics of
this population when used.
Keywords: perceived social support; caregiver; instrument validation.
INTRODUCCIÓN
El apoyo social se considera una
variable mediadora fundamental en el
proceso de estrés de las personas cuidadoras (Pearlin, Mullan, Semple &
Skaff, 1990), pudiendo considerarse
un elemento de resiliencia (Limiñana,
Corbalán & Calvo, 2009; Roque, Acle
& García, 2009). De hecho, existe un
gran consenso sobre que el apoyo social
percibido o subjetivo, es decir el que el
individuo considera que recibe, reduce
la morbilidad psicológica de las personas cuidadoras (Pinquart & Sörensen,
2003). Específicamente, el apoyo social
percibido se relaciona, en cuidadores familiares, con una menor sobrecarga subjetiva (Artaso, Goñi & Biurrun, 2003;
Dunkin & Anderson, 1998) y un mayor
bienestar (González, Granado, García,
Del Cano & Fernández, 2009). En cuidadores remunerados se ha relacionado
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
sobre todo con un mayor burnout y una
menor satisfacción laboral (Albar et al.
2004; Cronin-Stubbs & Brophy, 1984;
Eastburg, Williamson, Gorsuch & Ridley, 1994; Gallart, 2004). En realidad,
lo que existiría es un proceso dinámico
de interacción entre elementos estresores y recursos de la persona cuidadora,
en función de los cuales un cuidador/a
puede enfrentarse, con diferentes niveles de eficacia, a las diversas situaciones
de cuidado.
Uno de los instrumentos utilizados
para estudiar el apoyo social subjetivo es el cuestionario de Apoyo Social
Funcional Duke-UNK-11 (Broadhead,
Gehlbach, Degruy & Kaplan, 1988),
que evalúa el apoyo social funcional o
cualitativo percibido, y tiene la ventaja de ser multidimensional y destacar
por su sencillez y brevedad. Evalúa el
91
“apoyo confidencial” (posibilidad de
contar con personas para comunicarse)
y el “apoyo afectivo” (demostraciones
de amor, cariño y empatía).
Este cuestionario fue originalmente
validado en pacientes estadounidenses,
en su mayoría mujeres, blancas, por
debajo de los 45 años. El instrumento
original incluía ítems sobre cantidad de
apoyo, apoyo confidencial, apoyo afectivo y apoyo instrumental. Tras la validación el cuestionario quedó reducido a
las dos dimensiones previamente mencionadas, aunque tres de los 11 ítems en
el estudio original no pudieron ser considerados dentro de las dos dimensiones
del apoyo social (Broadhead, Gehlbach,
Degruy & Kaplan, 1988). Por otro lado,
el instrumento ha sido validado en población mexicana (Piña y Rivera, 2007)
y colombiana (Alvarado, Zunzunegui y
Delisle, 2005), y utilizado en fundamentalmente en personas con patologías
médicas, (por ej. De la Revilla, MarcosOrtega, Castro-Gómez, Aybar-Zurita,
Marín-Sánchez & Mingorance-Pérez,
1994; Piña y Rivera, 2007).
El cuestionario Duke-UNK-11 ha
sido adaptado a la población española
(De la Revilla, Bailón, De Dios, Delgado, Prados & Fleitas, 1991; Bellón,
Delgado, De Dios & Lardelli, 1996)
y ampliamente utilizado en población
cuidadora en España (por ej., Artaso,
Goñi y Biurrun, 2003; Gallart, 2004;
Gil, Orueta, Gómez-Caroa, Sánchez,
Carmona, & Alonso, 2009; Larrañaga,
Martín, Bacigalupe, Begiristáin, Valderrama, & Arregi, 2008; Masanet y La
Parra, 2011; Pérez, García, Rodríguez,
Losada, Porras & Gómez, 2009).
Los estudios de validación en población general española han mostrado
pequeñas diferencias en la distribución
de los ítems a las dos dimensiones del
instrumento. Así, en el estudio de De la
Revilla, et al. (1991), que contó con 139
participantes, los ítems 1, 4, 6, 7 y 8
se adscribían al apoyo confidencial, las
preguntas 2, 3, 9 y 11 lo hacían al apoyo
afectivo, y los ítems 10 y 5 alcanzaron
posiciones ambiguas con puntuaciones
que podían ser incluidas en las dos dimensiones. Bellón et al. (1996), que
contaron con una muestra más amplia (n
= 656), encontraron que los ítems 1, 2,
6, 7, 8, 9 y 10 se adscribían a la dimensión apoyo confidencial, y las preguntas
3, 4, 5 y 11 al apoyo afectivo.
Aunque el Duke-UNC ha sido muy
usado en población cuidadora en España, no ha sido sometido a estudios
de validación en este tipo de personas.
Partiendo de que: 1) los parámetros de
validez y fiabilidad de una escala dependen de la población en la que se usa; 2)
que los investigadores están obligados
a validar los instrumentos en las poblaciones en las que los utilizan si no son
aquellas en las que fueron validados
(Streiner & Norman, 1989); el presente
trabajo tiene como objetivo la validación del Cuestionario Duke-UNC-11 en
personas cuidadoras españolas.
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
92
Para valorar la validez de constructo del instrumento, se llevo a cabo
un análisis factorial y se calcularon
coeficientes de correlación ítem-test,
así como se contrastaron varias predicciones a partir de la bibliografía
previa con respecto al apoyo social en
población general (a mayor edad y menor nivel educativo menor apoyo social
–Bellón et al. 1996; Olsen, Iversen, Sabroe, 1991) y en personas cuidadoras
(los cuidadores remunerados presentan
niveles positivos de apoyo percibido –
Flórez, Adeva, Valdés, Maujo & Martínez, 1999; Ribera, Cartagena, Reig,
Roma, Sans & Caruana, 1993). Para
establecer la fiabilidad del cuestionario
se calcularon los coeficientes alfa de
Cronbach.
MÉTODO
Participantes
Se contó con 128 personas cuidadoras, con edades comprendidas entre los
28-89 años (Media de edad = 54,9; D.T.
=15,14; Mediana = 56). El 14.1% de los
participantes eran hombres y el 85.9%
eran mujeres, porcentajes que reflejan la
realidad del desigual reparto de la tarea de
cuidar entre hombres y mujeres en la población general (84% de mujeres cuidadoras en España; INE, 2001). En cuanto al
tipo de cuidador, el 23,4% eran cuidadores
remunerados, mientras que el 76,6% eran
cuidadores familiares. En la Tabla 1 aparecen, además, el lugar de residencia y nivel
de estudios de los participantes.
Tabla 1. Características sociodemográficas de los cuidadores participantes.
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
93
Instrumento
Cuestionario de Apoyo Social Funcional Duke-UNK-11 (Broadhead et al.
1988; versión de Bellón et al. 1996). Se
trata de un instrumento autoadministrado de 11 ítems que utiliza una escala de
respuesta tipo Likert de 1 (“mucho menos de lo que deseo”) a 5 (“tanto como
lo deseo”). El cuestionario evalúa cuantitativamente el apoyo social percibido
e incluye dos dimensiones: apoyo social
confidencial, por el cual las personas
pueden recibir información, consejo o
guí¬a, o cuentan con personas con las
que pueden compartir sus preocupaciones o problemas; y el apoyo social afectivo, que puede definirse en expresiones
de amor, aprecio, simpatía o pertenencia
a algún grupo. En población española
se ha obtenido valores de consistencia
interna (alfa de Cronbach para la escala
total de 0,90, para la subescala de apoyo confidencial de 0,88, y el del apoyo
afectivo, de 0,79) y estabilidad temporal
(correlaciones test-retest intraclase de
0,92 para la escala total) aceptables (Bellón et al. 1996).
Procedimiento
El criterio utilizado para seleccionar
a los participantes fue ser mayor de edad
y estar cuidando de una o varias personas en situación de dependencia, es decir, con alguna discapacidad o enfermedad que le impidiese ser autónomo. Se
contactó con las personas cuidadoras,
ofreciéndoles participar, a través de profesionales que trabajaban en consulta
médica o de enfermería, en asociaciones de familiares y centros residenciales
o mediante contacto directo.
Todas las personas del estudio dieron su consentimiento informado por
escrito, después de explicarles el propósito de la investigación, los riesgos y beneficios y el procedimiento a seguir. Se
les garantizó su libertad de participar o
no, sin que esto supusiera ninguna consecuencia negativa para ellos y la confidencialidad de sus datos. Posteriormente se aplicó un protocolo de evaluación
que incluía el Cuestionario de Apoyo
Social Funcional Duke-UNK-11, junto
con otros instrumentos sobre personalidad, salud y datos sociodemográficos.
Los datos se analizaron mediante el paquete estadístico SPSS 15.0.
RESULTADOS
La puntuación media de la escala
fue de 39,78 (D.T. = 10,36; intervalo =
11-55). No se encontraron diferencias
estadísticamente significativas entre
hombres y mujeres en la puntuación en
la escala. En la Tabla 2 se exponen las
medias, desviaciones típicas y medianas de cada uno de los ítems.
Los resultados mostraron que la
muestra es adecuada para la realización
de un análisis factorial (KMO = 0,89), y
que los ítems son linealmente indepenRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
94
Tabla 2. Estadísticos descriptivos del Duke-UNC.
dientes (Prueba de esfericidad de Bartlett sig.= ,000). En la Tabla 3 se muestra
la solución factorial con extracción de
factores mediante componentes principales y rotación ortogonal Varimax.
La solución factorial converge en sólo
3 iteraciones y muestra la existencia de
2 factores, que explican el 58,81% de la
varianza total del apoyo social. El factor
1 incluye los ítems 2, 6, 7, 8, 9, 10 y 11,
y el factor 2 los ítems 1, 3, 4 y 5. Teniendo en cuenta la mayoría de los ítems que
incluye cada uno, el factor 1 se correspondería con el apoyo confidencial y el
2 con el apoyo afectivo.
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Si atendemos a las comunalidades
halladas para cada uno de los ítems del
cuestionario veremos que la preguntas
número 2, 5 y 11 son las peor explicadas por este modelo factorial.
Se calcularon los coeficientes de
correlación entre cada ítem y la puntuación global, con el objeto de comprobar si todas las preguntas medían
realmente el apoyo social (ver Tabla 4).
En cuanto a la consistencia interna
de la escala, se calcularon coeficientes
alfa de Cronbach, obteniéndose un valor total de 0,89, y para las subescalas
apoyo confidencia 0,87 y apoyo afec-
95
Tabla 3. Matriz de componentes principales, rotación varimax.
tivo 0,74. Los coeficientes alfa fueron
semejantes para los subgrupos de cui-
dadores familiares (0,90) y remunerados 0,83).
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
96
Tabla 4. Intercorrelaciones entre ítems y con la escala total.
Para analizar la validez de constructo del instrumento se comprobaron
varias predicciones que en la bibliografía han venido evidenciándose. Así
se comprobó que existían diferencias
estadísticamente significativas en función del nivel de estudios (a mayor nivel de estudios mayor apoyo social; F=
5,49; p<0,01), la edad (los mayores de
40 años informaban de un menor apoyo social; F= 8,47; p<0,01) y el tipo de
cuidado (los cuidadores remunerados
tenían un mayor apoyo social percibido; F= 7,85; p<0,01).
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DISCUSIÓN
La puntuación media de la escala
total obtenida en este trabajo es inferior a la del estudio de Bellón et al.
(1996), pero superior a la de De la Revilla et al. (1991). Esto puede deberse
a que en el segundo caso se trataba de
una población socioeconómica y culturalmente muy deprimida, pues parece
demostrado que la personas cuidadoras
informan de un menor apoyo social que
la población general (Larrañaga et al.
2008).
97
En los dos estudios de validación
del cuestionario en España mencionados previamente existe una total concordancia respecto a la asignación a
los factores de los ítems 1, 6, 7, 8 y 10
(apoyo confidencial) y 3, 5 y 11 (apoyo
afectivo). En el grupo de cuidadores de
este estudio se confirma la existencia
de dos dimensiones del apoyo social
percibido, coherentes con los descritos
en trabajos previos, aunque los ítems
1 (recibir visitas de amigos y familiares) y 11 (visitas al hogar cuando se
está enfermo/a) cargan de manera diferente con respecto a los dos factores
propuestos por los estudios españoles.
La pregunta 1, claramente relacionada
con el componente confidencial en los
estudios de validación realizados en
España y que sólo obtuvo una posición
neutra en el caso del estudio original
de Broadhead et al. (1988), en nuestro
caso parece estar más relacionado con
el concepto de apoyo afectivo, entendido como las demostraciones de amor y
empatía. El ítem 11 representa otra de
las variaciones respecto a los estudios
precedentes realizados en España y en
el de Broadhead et al. (1988). En el
grupo de personas cuidadoras este ítem
se relaciona con el apoyo confidencial,
definido como la posibilidad de contar con otras personas. En un estudio
realizado en Colombia con madres
que cuidaban de sus hijos menores, el
ítem1 no pudo adscribirse claramente
a ningún factor, mientras que el 11 se
agrupó con ítems que en estudios previos formaban parte de los dos factores
descritos (Alvarado, Zunzunegui y Delisle, 2005). En relación con los datos
previos descritos, los resultados del
presente estudio pueden sugerir que en
el contexto de los cuidados de larga duración las visitas de personas cercanas
(ítem 1) no constituyan tanto un apoyo
para contar con ellas (apoyo confidencial) y sí una muestra de afecto (apoyo
afectivo). En el caso de la ayuda cuando la persona que cuida se encuentra
enferma (ítem 11), y, por lo tanto, no
pueden ocuparse del cuidado de la persona que depende de ellos, puede significar para un cuidador una forma de
compartir las dificultades (apoyo confidencial), en mayor medida que una
expresión de aprecio (apoyo afectivo).
La consistencia interna del cuestionario aportó coeficientes bastante buenos para el conjunto de la escala, para
los dos factores y tanto para el subgrupo de cuidadores familiares como el de
remunerados, siendo muy similares a
los obtenidos en el estudio de Bellón
et al. (1996) y superiores a los de De
la Revilla, et al. (1991). Asimismo, las
correlaciones ítem-escala fueron todas
aceptables, indicando que todos los
ítems evalúan aspectos relacionados.
Para explorar la validez de constructo, al igual que hicieron Bellón et
al. (1996), se contrastaron varias predicciones con respecto al apoyo social. La primera de ellas afirma que las
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98
personas de mayor edad informan de
un menor apoyo social (Bellón et al.
1996; Olsen, Iversen, Sabroe, 1991).
En este estudio las personas mayores
de 40 años informaron de un menor
apoyo social. La segunda predicción
confirmada en el presente trabajo hace
referencia a que las personas con un
nivel educativo superior presentaron
un grado mayor de apoyo social percibido que los de nivel inferior (Bellón
et al. 1996). Finalmente, las personas
cuidadoras familiares tenían un menor apoyo social autopercibido que
las remuneradas, en concordancia con
investigaciones previas que informan
que los cuidadores remunerados no
profesionales tienen un grado de apoyo
social bastante positivo (Flórez, Adeva,
Valdés, Maujo & Martínez, 1999; Ribera, Cartagena, Reig, Roma, Sans &
Caruana, 1993).
Los datos obtenidos en este estudio en torno a la bidimensionalidad
de la escala, su adecuada consistencia
interna y los resultados del análisis de
la validez de constructo, nos permiten
afirmar que el cuestionario es fiable y
válido en poblaciones de cuidadores en
España. Además, el reducido tiempo de
administración aumenta la eficiencia
del instrumento. No obstante, teniendo en cuenta los resultados obtenidos
en este estudio, y las recomendaciones
de atender a las características de la
población en la que se aplican los instrumentos (Streiner & Norman, 1989),
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se sugiere una nueva asignación de los
ítems 1 y 11 a las dimensiones del apoyo social afectivo y confidencial, respectivamente.
El uso de este instrumento en la población de cuidadores permitirá descubrir situaciones de riesgo social elevado,
y puede ayudar a identificar aspectos relevantes en la creación de intervenciones terapéuticas para personas cuidadoras. En la medida en que se disponga de
dicha información, sin lugar a dudas se
estará en una mejor posición para evaluar y sugerir modificaciones en los programas de intervención.
Una limitación del estudio es el
porcentaje de mujeres con el que se contaba, pues aunque es reflejo de la distribución existente de hombres y mujeres
cuidadores en nuestra sociedad (INE,
2008), y coincide también con una mayor frecuencia de mujeres en los trabajos españoles y en el original mencionados, podría limitar las conclusiones a las
mujeres cuidadoras fundamentalmente.
Se considera conveniente, asimismo,
confirmar en una muestra más amplia
de cuidadores los resultados obtenidos,
y diferenciar entre cuidadores familiares
y formales, pues aunque la consistencia
interna ha demostrado ser aceptable en
ambos subgrupos, habrá que comprobar
de forma más específica que el instrumento funciona en ambos grupos de forma similar. Finalmente, deberá probarse
la estabilidad temporal del instrumento
mediante test-retest.
99
AGRADECIMIENTOS
Proyecto de investigación plurianual titulado “Personas cuidadores/
as formales y familiares y salud”, subvencionada por el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. Número de referencia: 18/09.
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103
ARTÍCULO
PP: 103-116
El Perfil Cognitivo de los Niños con Trastorno de
Asperger y Autismo de Alto Funcionamiento
The Cognitive Profile of the Children with Asperger’s
Disorder and High Functioning Autism
Dra. Dagmar Gabriela Nedelcu1 y Prof. Dra. María José Buceta Cancela2
RESUMen
Introducción. Empezando con la DSM-IV, publicada en 1994, se diferencia el
diagnóstico de Trastorno de Asperger (T Asp.) de las demás categorías que se emplean
en la actualidad bajo el concepto de Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD).
Objetivo. Dado que en la actualidad se cuestiona la validez diagnóstica del T
Asp. y el AAF nos hemos propuesto establecer y comparar el perfil cognitivo de
estas dos categorías.
Método. Hemos recurrido a un diseño ex post facto, comparando 20 sujetos
con T Asp. con 11 sujetos con AAF, con edades comprendidas entre los 6 y 15
años, emparejados en edad, sexo y nivel de inteligencia en las habilidades evaluadas por la Escala de Inteligencia de Wechsler para Niños-IV (Wechsler, 2005).
Resultados. Se ha constatado que los sujetos con T Asp. registran un mayor CI Verbal mientras que los sujetos con AAF se caracterizan por un mayor CI Manipulativo.
Conclusiones. La significación estadística de los dos perfiles cognitivos obtenidos cuestionan la validez diagnóstica de T Asp.
Palabras Clave: Trastorno de Asperger. Autismo de Alto Funcionamiento.
1 Grupo de Investigación de la Unidad de Atención Temprana. Facultad de Psicología. Departamento de Psicología
Evolutiva y de la Educación. Universidad de Santiago de Compostela. Xosé María Suárez Núnez, s/n. Campus Sur,
15782, Santiago deCompostela. España. E-mail: [email protected] +34 645302113.
2 ProfesoraTitular de Retraso Mental. Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación. Facultad de Psicología. Universidad de Santiago de Compostela.
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104
Perfil Cognitivo. Escalas de Wechsler.
Agradecimientos
A la Unidad de Atención Temprana de la Facultad de Psicología de la Universidad de Santiago de Compostela, donde se ha desarrollado el estudio. A todos los
padres y profesionales que han colaborado y ofrecido su apoyo en la codificación
del Inventario IDEA y de la Escala ADOS.
Abstract
Introduction. According to the DSM-IV, published in 1994, Asperger´s Disorder is considered it´s own diagnosis among other Pervasive Developmental
Disorders.
Objective. This study aims to establish and compare the cognitive profile of
Asperger´s Disorder and High Functioning Autism diagnoses, in order to help clarify the validity of each diagnosis.
Methods. The ex-post facto research design was employed for the study. A
total of 20 subjects diagnosed with Asperger´s Disorder were compared with 11
subjects with High Functioning Autism. The subjects, all between the ages of 6
and 15, were paired by age, sex, and intelligence level using the Wechsler Intelligence Scale for Children-IV.
Results. It was found that subjects with Asperger´s Disorder recorded a higher
Verbal IQ, while patients with High Functioning Autism were characterized by a
higher performance IQ.
Conclusions. The statistical significance of both cognitive profiles obtained
question the diagnostic accuracy of Asperger´s Disorder.
Key Words: Asperger´s Disorder. High Functioning Autism. Cognitive Profile.
Wechsler Scale.
Acknowledgments
To the Early Intervention Unit at the University of Santiago de Compostela
where this study was developed. To all parents and professionals that collaborated
in this study and offered their support in the Autism Spectrum Inventory and Autism Diagnostic Observation Schedule codingprocess.
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105
Introducción
Los Trastornos del Espectro del
Autismo implican, además de un retraso en la adquisición y desarrollo
del lenguaje y comportamientos estereotipados e intereses restringidos, dificultades a nivel de relación social e
interacción recíproca con los demás.
Desde esta perspectiva, teniendo en
cuenta que varios autores entre los
cuales citamos a Coronel, Lacunza y
De González (2006) consideran que los
aprendizajes significativos se construyen en la interrelación entre lo individual y lo social, por eso consideramos
interesante estudiar el perfil cognitivo
en el alto funcionamiento.
Aunque la capacidad cognitiva no
ha sido considerada en las Clasificaciones Internacionales como un criterio
con peso para la descripción de las personas con Trastornos del Espectro del
Autismo (TEA), Rapin (1997) la considera un marcador importante en el
proceso de establecimiento de un diagnóstico diferencial. De hecho, tanto la
Asociación Americana de Psiquiatría
(APA) como la Organización Mundial
de la Salud (OMS) lo tienen en cuenta
como índice significativo que separa el
T Asp. de los demás TGD.
No obstante las investigaciones
realizadas en los últimos años han rechazado la validez de este criterio, e
incluso Asperger, desde 1944, afirma
que esta problemática puede coexistir
con niveles límite o incluso bajos de inteligencia. En la actualidad representa
uno de los indicadores con más peso en
los intentos de establecer subgrupos a
través de análisis de clúster.
Sin embargo, inicialmente Kanner (1943) consideró que el desarrollo
cognitivo de los niños con Autismo era
normal.
Por otro lado la atención a la tarea,
la motivación para obtener el logro, la
conformidad, los comportamientos autoestimulatorios y otras conductas anómalas pueden influir en los resultados
obtenidos en las pruebas de inteligencia.
En este contexto, las escalas de Wechsler son el procedimiento más utilizado para evaluar la inteligencia en las
personas con TEA. Aunque polémico,
el análisis del perfil cognitivo, es una
técnica tradicional de orientación clínica (Fiorello, Hale, McGrath, Ryan, &
Quinn, 2002).
Algunos autores confían en la delimitación de características de desarrollo cognitivo significativas (Oh,
Glutting, & McDermott, 1999) mientras que otros no encuentran resultados
significativos a nivel de subpruebas
(Nyden, Billstedt, & Hjelmquist, & Gillberg, 2001). La detección de los puntos fuertes y débiles se ha considerado
fundamental en el planteamiento de
programas individualizados de intervención (Sattler, 2002).
La diferenciación entre el T Asp. y
el AAF sigue siendo un tema de debate
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106
actual. En función de los criterios diagnósticos que se tienen en cuenta, los
resultados registrados llevan a conclusiones incoherentes.
En esta misma línea, referente al
mayor valor de CI Verbal o Manipulativo se obtienen resultados contradictorios: CI Verbal superior al CI Manipulativo (Nyden et al., 2001; Calhoun, &
Mayes, 2005) o al contrario mayor rendimiento en las pruebas manipulativas
(Ehlers, Nyden, Gillberg, Sandberg,
Dahlgren et al., 1997; Ghaziuddin, &
Mountain-Kimchi, 2004).
En el caso del Autismo, la subprueba de Comprensión obtiene resultados inferiores en comparación con las
demás pruebas verbales (Ehlers et al.
1997; Ghaziuddin & Mountain-Kimchi
2004; De Bruin, Verheij & Ferdinand,
2006; Koyama, Tachimori, Osada &
Kurita, 2006; Koyama, Tachimori,
Osada, Takeda & Kurita, 2007), se observa la puntuación más alta en la prueba de Cubos (Ghaziuddin & MountainKimchi 2004; Koyama, Tachimori,
Osada & Kurita, 2006; Koyama, Tachimori, Osada, Takeda & Kurita, 2007).
También en la subprueba de Codificación hay varios trabajos que constatan resultados inferiores (Ehlers et al.
1997; Ghaziuddin & Mountain-Kimchi, 2004; De Bruin et al., 2006)
Los niños con Autismo realizan
mejor las tareas de Razonamiento Perceptivo (Allen, Lincoln & Kaufman,
1991) y fallan en las pruebas que imRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
plican habilidades motrices (Gillberg
& Ehlers, 1998; Hughs, 1996; Wechsler, 2003).
En el T Asp. las habilidades lingüísticas permanecen intactas, aunque se
observa un retraso en el desarrollo de
la comunicación no verbal y la pragmática (Stein et al., 2004).
Algunas investigaciones han indicado que dicha población obtiene muy
buenos cocientes en las pruebas verbales,
siendo perjudicado el funcionamiento en
las no verbales, incluyendo la subprueba
de Cubos (Ehlers et al., 1997). Lo que ha
llevado a la conclusión de que en estos
casos está más desarrollada la inteligencia superior verbal cristalizada, en comparación con la inteligencia no verbal
fluida, aunque la prueba de Wechsler no
es considerada un tipo de prueba de inteligencia fluida, sino una prueba que mide
habilidades y conocimiento de inteligencia cristalizada.
Ghaziuddin & Mountain-Kimchi
(2004) comparan el perfil cognitivo
de 22 sujetos con T Asp. y 12 sujetos
con AAF emparejados en edad, sexo y
nivel de inteligencia. Los sujetos con
T Asp. registraron mayores Cocientes
Verbales que Manipulativos y mejores
puntuaciones en las subpruebas de Información y Vocabulario. Sin embargo,
los sujetos más afectados con T Asp. y
también algunos de los con AAF mostraban un modelo mixto .
Best, Ozmeral, Kopco, & ShinnCunningham (2008) comparan el per-
107
fil obtenido tras la aplicación de la
escala de Wechsler en una muestra de
113 adultos y 102 niños con AAF, con
edades comprendidas entre 8-55 años,
con un grupo control con Desarrollo
Típico. Constatan que la puntuación
media mas alta se obtiene en la prueba de Cubos y la más baja en la de
Comprensión. Los perfiles resultantes
relativamente planos no se parecían al
perfil prototípico del TEA.
En consecuencia, nos hemos propuesto delimitar el Perfil Cognitivo de
los sujetos con T Asp. y AAF, y analizar las diferencias a priori, observando
si estos subtipos se traducen en diferencias significativas entre las subáreas
consideradas.
Método
Para alcanzar este objetivo hemos
recurrido a un diseño ex post facto,
formando dos grupos con autismo y
Cociente de Inteligencia (CI) ≥ 70 (T
Asp. y AAF). Los sujetos de cada grupo
han sido seleccionados de manera intencionada y teniendo en cuenta que en la
Comunidad Gallega la escuela primaria
y secundaria es gratuita y obligatoria
atendiendo al 100% de los niños.
Se ha prestado especial atención a
que los grupos fuesen equivalentes con
relación a posibles variables extrañas
que era preciso controlar, tales como la
edad, el tipo de colegio al que acudían
los sujetos y el CI.
En concreto, la población objeto de
estudio estuvo compuesta por 20 sujetos con T Asp. y 11 sujetos con AAF,
con edades comprendidas entre los 6 y
15 años. Todos los casos acudían a centros educativos ordinarios, de los cuales un 80.6% eran públicos, un 6.5%
concertados y un 12.9% privados. Un
61.3% de los sujetos tenían residencia
estable en la provincia de La Coruña y
un 38.7% en Pontevedra.
Para profundizar en el análisis exponemos las características de esta
muestra final (20 sujetos con Asp. y 11
con AAF) recogidas a través del Inventario IDEA y la Escala ADOS.
En la Escala ADOS un 55% de los
sujetos con T Asp. no superan el punto
de corte para autismo y un 45% para
espectro autista. Para los sujetos con
AAF un 81.8% no superan el punto de
corte para autismo y un 18.2% para
espectro autista. Consideramos importante destacar que aunque se registra
un nivel superior de funcionamiento
en todas las áreas, tanto a través de
la escala ADOS que incluye codificaciones de 0 a 2 como en el Inventario
IDEA, que incluyen codificaciones de
0 a 8, no se han obtenido diferencias
significativas entre los dos diagnósticos para la triada de características
que constituyen los criterios diagnósticos para los TGD recogidos por la
DSM: Área Social, Comunicación y
Lenguaje, Anticipación y Flexibilidad
(ver Tabla 1).
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
108
Tabla 1. Media (y Desviación Típica) y Significación de los resultados de las
Área evaluadas por el Inventario IDEA y la Escala ADOS.
Para la realización de este estudio
se ha establecido un calendario de trabajo estructurado en tres etapas. En una
primera fase (selección de la muestra)
hemos contactado, mediante entrevistas directas y el envío de una Solicitud
de Colaboración, con la Consejería de
Educación y Ordenación Universitaria
de la Xunta de Galicia, con la Federación Autismo Galicia y FADEMGA
FEAPS GALICIA (Federación de Asociaciones en favor de las Personas con
Discapacidad Intelectual de Galicia).
Una vez confirmada la colaboración
por parte de las entidades antes mencionadas, se nos proporcionó un listado
de centros que facilitó la mejor identificación de los mismos. Posteriormente
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hemos enviado un correo electrónico informativo, sobre los criterios diagnósticos de los TGD, a la atención del equipo
directivo y de orientación de todos los
centros (públicos, concertados, privados, CEE y CEE Específicos) del ámbito gallego, avisando previamente a los
centros mediante llamadas telefónicas.
Como resultado, se han detectado y
han recibido consentimiento informado para la evaluación por parte de la
familia y del centro educativo 221 sujetos (170 hombres y 51 mujeres), cuyas
edades han estado comprendidas entre
los 3-16 años ( = 9.13; Sx = 3.55). Estos sujetos habían sido diagnosticados
con anterioridad de TA, T Asp., TGD
no especificado por un equipo interdis-
109
ciplinario (neuropediatra o psiquiatra,
psicólogo, psicopedagogo y logopeda).
Con la intención de confirmar el diagnóstico, estos sujetos han sido reevaluados por nuestro equipo en sesiones
de una hora y media (una prueba por
sesión) llevadas a cabo por las mañanas, de forma individual, en los centros
de escolarización.
En primer lugar se ha utilizado la
información recogida en base a historias clínicas y entrevistas a padres (que
ha incluido apartados como datos sobre
la Persona, Datos sobre el Diagnóstico
y Datos sobre la Familia). En segundo
lugar se han aplicado Escala de Observación para el Diagnóstico del Autismo, ADOS (Lord, Rutter, DiLavore, &
Risi, 2008), el Inventario de Espectro
autista, IDEA (Riviére, 1997) y El Test
de Vocabulario en Imágenes, PEABODY (Dunn, Ll. M., Dunn, L. M., Arribas, 1997) y la Escala de Wechsler WISC-IV (Wechsler, 2005). En base a
este proceso se han seleccionado únicamente aquellos sujetos que cumplían
los criterios de diagnóstico de T Asp.
y TA por la DSM-IV-TR (APA, 2000),
con CI Total ≥ 70 en el momento de
la evaluación así como en los informes
previos consultados.
Hemos incluido en la evaluación
diagnóstica el Inventario IDEA por ser
una prueba creada y baremada con la
población española, de gran difusión
y uso, tanto a nivel nacional como de
la Comunidad Gallega. Además, los
centros específicos utilizan esta prueba
en sus evaluaciones diagnósticas y en
la elaboración de programas de intervención.
El Inventario IDEA, evalúa 12 dimensiones características de las personas con TEA, incluyendo cada una de
estas dimensiones 4 niveles de afectación. Generalmente, las personas menores de edad o con mayor afectación se
encuentran en el nivel más bajo, mientras que los casos con T Asp. o AAF están descritos por el nivel más alto.
El ADOS es el más citado y utilizado instrumento diagnostico en actualidad, siendo denominado a menudo
como el patrón oro para el diagnóstico
de los TEA (Ozonoff, Goodlin-Jones &
Salomon, 2005). De aplicación individual, exigiendo una edad mental mayor
de 2 años, consiste en una evaluación
semiestructurada de la comunicación,
interacción social y juego.
La prueba ADOS y el Inventario
IDEA se han codificado de inmediato,
tras finalizar su aplicación.
En una segunda fase hemos recogido los datos, para comparar los dos
grupos (T Asp. y AAF), aplicando de
forma individual y en las mismas condiciones para todos los sujetos, la Escala de Inteligencia de Wechsler para
Niños-WISC-IV (Wechsler, 2005),
que cubre el intervalo de edad de la
muestra. A diferencia de la versión anterior, WISC-III-R, esta nueva edición,
WISC-IV, además de la Comprensión
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
110
Verbal y el Razonamiento Perceptivo,
añade la Memoria de Trabajo y la Velocidad de Procesamiento, que se considera que presentan niveles diferentes
de desarrollo en los casos de T Asp. y
AAF. La evaluación individual ha sido
llevada a cabo por una misma persona
(que desconocía los diagnósticos de los
niños) en condiciones similares para
todos los sujetos (sala del departamento de orientación, horario lectivo de
mañana, condiciones idóneas de luz,
temperatura sin interferencias externas
significativas).
En la tercera fase, de depuración de
los datos, para evitar confusiones hemos excluido de la muestra final aquellos casos con T Asp. que habían recibido un diagnóstico previo de Autismo.
También se debe de tener en cuenta que
3 sujetos, aunque cumplían, a la fecha
de recogida de datos, los criterios de T
Asp., por haber tenido un retraso en la
adquisición del habla antes de la edad
de 3 años (emplear al menos 3 frases)
se les diagnosticó de TA. Se han excluido las mujeres (2 con AAF y 1 con
T Asp.) como resultado de su baja frecuencia en la muestra.
Resultados
En relación al perfil cognitivo (Tabla 2), se observa que los sujetos con
T Asp., han registrado un mayor nivel
de Comprensión Verbal que de Razonamiento Perceptivo (t= - 2.384 ,
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p=0.024). Al mismo tiempo estos sujetos han recogido valores superiores de
CI Total, de Memoria de Trabajo y de
Velocidad de Procesamiento en comparación con los valores que obtienen
para estas habilidades los sujetos con
AAF.
Sin embargo los sujetos con AAF
han demostrado mejores habilidades de
Razonamiento Perceptivo en comparación con las de Comprensión Verbal (t=
- 0.818, p=0.420).
Teniendo en cuenta los valores de
todas las puntuaciones compuestas
analizadas, subrayamos que los sujetos con T Asp. han tenido mayor éxito
en Comprensión Verbal, mientras que
para los sujetos con AAF este ha sido
en Razonamiento Perceptivo.
No se han encontrado diferencias
significativas entre los dos subgrupos
para Razonamiento Perceptivo, Memoria de Trabajo, Velocidad de Procesamiento y CI Total.
Como se han observado diferencias
significativas entre Comprensión Verbal
y Razonamiento Perceptivo, mayores o
iguales a 12 puntos (Sattler, 2002), igual
que Ghaziuddin & Mountain-Kimchi
(2004), hemos dividido 3 subgrupos:
el grupo 1 con una diferencia menor de
6 puntos; el grupo 2 con una diferencia
entre 6-8 puntos; el grupo 3 con una diferencia mayor o igual a 9 puntos. Se
constata que la mayor parte de los sujetos con AAF (81.8%) pertenecen al grupo 3, los demás dividiéndose entre los
111
Tabla 2. Comparación entre los Perfiles Cognitivos del T. Asp. y AAF .
grupos restantes (9.1% en el grupo 1 y
9.1% en el grupo 2).
También, aunque en menor proporción, los sujetos con T Asp. se encuentran en su gran mayoría en el grupo 3
(55%), un 25% estando en el grupo 1 y
un 20% en el grupo 2.
Al comparar cada uno de estos
subgrupos, aplicando el Estadístico
exacto de Fisher, no se han encontrado diferencias significativas (p=0.410),
dado el pequeño número de sujetos en
cada uno de ellos.
Se constata que únicamente en el
caso de 4 sujetos el valor de Comprensión Verbal es mayor que el Valor de
Razonamiento Perceptivo y solo para 1
sujeto con T Asp. el valor de Comprensión Verbal es menor que el valor de
Razonamiento Perceptivo. Para todos
estos 5 casos la diferencia es inferior a
12 puntos. Para todos los demás casos
restantes (5 sujetos con AAF que regis-
tran mayor Razonamiento Perceptivo
que Comprensión Verbal y 10 sujetos
con T Asp. con mayor Comprensión
Verbal que Razonamiento Perceptivo)
la diferencia es mucho mayor (desde
17 hasta 40 puntos).
En relación a las puntuaciones típicas para las subpruebas del WISC-IV
(Tabla 3), el T Asp. obtiene los valores
más altos en Vocabulario (t= - 3.035 ,
p=0.005) y Semejanzas (z= - 1.523 ,
p=0.128), mientras que el AAF en Letras y Números (t= 1.058 , p=.271) y
Dígitos (Z= 0.167 , p=0.867). Como
para Semejanzas, Dígitos y Búsqueda de Símbolos, no se ha cumplido el
principio de normalidad se han empleado pruebas no paramétricas.
En comparación con las demás
subpruebas verbales, la habilidad de
Comprensión (t= - 1.400 , p=0.173) recoge resultados inferiores tanto para el
T Asp. como y para el AAF.
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112
Tabla 3. Comparación del Rendimiento en las Subpruebas del WISC-IV
para el T. Asp. y el AAF.
La puntuación más baja se encuentra en Claves para las dos categorías
diagnósticas. En relación a la subprueba de Cubos (t= - 0.426, p=0.673), en
el caso del T Asp. se registran puntuaciones inferiores en comparación con
Semejanzas y Vocabulario y superiores
que Comprensión y todas las demás
subpruebas restantes.
Mientras que para el AAF los valores de la subprueba de Cubos superan a
todas las pruebas Verbales, Manipulativas y de Velocidad de Procesamiento
siendo inferiores a las de Memoria de
Trabajo (Letras y Números; Dígitos).
Solo para la subprueba de Vocabulario se han encontrado diferencias
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
significativas entre las dos categorías
diagnósticas.
A la vez no todas las subpruebas han
podido ser completadas por todos los
sujetos (por la falta de comprensión de
la tarea): 1 sujeto con AAF no realiza
la subprueba de Comprensión, siendo
sustituida con Información y 4 sujetos
con T Asp. y 1 con AAF no han podido
realizar la prueba de Letras y Números
aplicándose en este caso Aritmética.
Discusión
Recordamos que en el presente estudio hemos encontrado para el T Asp. mayor CI Verbal que Manipulativo, mien-
113
tras que para el AAF el CI Manipulativo
supera al CI Verbal. Al mismo tiempo, si
el nivel de Comprensión Verbal de los
sujetos con T Asp. es superior al valor
recogido para el AAF (expresando la
única diferencia estadísticamente significativa), en el caso del Razonamiento
Perceptivo, aunque el T Asp. registra un
valor superior que el AAF, la diferencia
es mucho menor. La misma observación
se puede realizar en relación a Memoria
de Trabajo, CI Total y Velocidad de Procesamiento, que señalan mayor afectación para las dos categorías diagnósticas.
Estos resultados son compatibles
con los obtenidos en estudios previos
(Ozonoff, South, & Miller, 2000; Ghaziuddin & Mountain-Kimchi, 2004).
En relación al análisis del rendimiento en las subpruebas del WISCIV, se recoge tanto para el T Asp. como
y para el AAF que la subprueba de
Comprensión obtiene resultados inferiores en comparación con las demás
subpruebas verbales, lo que se corresponde con los estudios de Ehlers et
al. (1997), Ghaziuddin & MountainKimchi (2004), De Bruin et al. (2006),
Koyama, Tachimori, Osada & Kurita
(2006), Koyama, Tachimori, Osada,
Takeda & Kurita (2007).
Al mismo tiempo, para las dos
categorías diagnósticas analizadas la
puntuación más baja se registra en la
subprueba de Claves, resultados que
están en concordancia con los obtenidos por (Ehlers et al. 1997; Ghaziuddin
& Mountain-Kimchi, 2004; De Bruin
et al., 2006).
También la subprueba de Cubos recoge mejores puntuaciones en comparación con la subprueba de Comprensión, resultados que se corresponden
con los obtenidos por Ghaziuddin &
Mountain-Kimchi (2004), Koyama,
Tachimori, Osada & Kurita (2006),
Koyama, Tachimori, Osada, Takeda &
Kurita (2007).
Sin embargo en este caso se registran
diferencias, aunque no estadísticamente
significativas entre los dos subgrupos.
Recordamos que en el caso del T Asp.
los valores encontrados para la subprueba de Cubos superaron a los encontrados en todas las demás subpruebas con
la excepción de Semejanzas y Vocabulario. Para el AAF estos valores superaron todas las demás subpruebas con la
excepción de las subpruebas que evaluaban la Memoria de Trabajo (Dígitos;
Letras y Números).
Subrayamos, que aunque a nivel de
observación clínica el T Asp. presenta
una menor afectación que el AAF en
todas las áreas observadas a través del
Inventario IDEA y de la Escala ADOS,
sin embargo tras realizar el análisis estadístico no se encuentran diferencias
significativas.
Nuestro intento de recoger el mayor
número posible de casos nos ha llevado a
la conclusión de que el T Asp. y el AAF
son infradiagnosticados en la Comunidad Gallega (situada en el noroeste de la
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
114
Península Ibérica), situación evidenciada
al mismo tiempo por Belinchón (2001)
para la Comunidad de Madrid.
De acuerdo con Wing (1981) muchos casos con diagnóstico de TA y retraso en la adquisición y desarrollo del
lenguaje antes de los 3 años, con la edad
reúnen las características diagnósticas
de un T Asp. Recordamos, que aunque
la muestra en el presente estudio ha sido
pequeña, esta situación se ha dado para
3 de los casos analizados. También esta
alta frecuencia puede encontrar explicación en que en la comunidad gallega se
diagnostican los casos con mayor afectación, de aquí el limitado número de
sujetos con CI Total ≥ 70 encontrados.
Consideramos que la diferenciación
establecida por los manuales internacio-
nales de diagnóstico (la DSM y la CIE)
entre el T Asp. y el AAF sigue siendo un
tema actual de debate. En consecuencia
los resultados de los estudios realizados
hasta la actualidad han estado directamente influidos por los criterios diagnósticos y el tipo de pruebas empleadas.
Hacemos referencia a que en el presente
trabajo la única diferencia significativa
entre el T Asp. y el AAF ha sido recogida para Comprensión Verbal, siendo las
habilidades verbales desde el principio
un criterio diferencial para el establecimiento de estos dos diagnósticos.
Subrayamos la necesidad de repetir
estudios que especifiquen de forma detallada la modalidad de selección de la
muestra empleando un mayor número
de sujetos.
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RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
117
ARTÍCULO
PP: 117-133
O Inventário de Perspectiva Temporal:
Estudo de validação
Time Perspective Inventory: A validation Study
Isabel Nunes Janeiro1
RESUMo
A importância da perspectiva temporal para a compreensão do comportamento
e motivação humana tem sido sugerida por diversas teorias ao longo da história da
psicologia. O presente estudo teve como objectivo organizar um novo instrumento
de avaliação da perspectiva temporal, especialmente concebido para estudantes
do ensino básico e secundário. O Inventário de Perspectiva Temporal (IPT) está
organizado em quatro escalas: orientação para o futuro, orientação para o presente,
orientação para o passado e visão ansiosa do futuro. Participaram no estudo 620
estudantes, 320 do 9º ano e 300 do 12º ano. A análise das características psicométricas do inventário mostrou índices de consistência interna adequados para três
das quatro escalas propostas (futuro, presente e visão negativa do futuro) e índices
menos satisfatórios para uma escala (orientação para o passado). A análise em
componentes principais identificou quatro factores relacionados com as quatro escalas do inventário, confirmando a estrutura conceptual na base da sua construção.
Palavras chave: Perspectiva temporal, avaliação psicológica, motivação, adolescência, Inventário de Perspectiva Temporal
Abstract
The importance of time perspective for understating human motivation and be1 Faculdade de Psicologia, Universidade de Lisboa R. de Holanda, 125, 3D - 2775-405 Carcavelos. Portugal (00351)
966110768. Email: [email protected]
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
118
haviour has been suggested by a diversity of theories. The purpose of this study is
to organize an instrument for the assessment of the three temporal zones specially
designed for the high school population. The Time Perspective Inventory is organized into four scales: future time orientation, present time orientation, orientation
to the past and negative view of the future. A total of 620 students participated in
the study, 320 from grade 9 and 300 from grade 12. Psychometric analysis showed
adequate levels of reliability of three of the four proposed scales (future, present
and negative view of the future) and a less satisfactory index to the scale of orientation to the past. Principal components analysis identified four factors related to
the four scales of the inventory, confirming the conceptual framework on the basis
of its construction.
Key words: Time perspective; psychological assessment; motivation, adolescence, Time Perspective Inventory.
Introdução
A perspectiva temporal pode ser definida como a forma subjectiva, e muitas vezes não consciente, com que os
indivíduos se relacionam com o tempo,
organizando e categorizando as experiências pessoais e sociais em zonas
temporais, do passado, presente e futuro (Boyd & Zimbardo, 2005, p. 88).
Nos últimos anos tem-se assistido a um
interesse crescente pelo estudo desta
dimensão do pensamento humano. Um
dos factores que tem contribuído para o
desenvolvimento da investigação nesta área relaciona-se com a construção
de novos instrumentos de avaliação da
perspectiva temporal. A maior parte
dos instrumentos destina-se, contudo,
a populações adultas verificando-se
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
ainda uma escassez de instrumentos
especialmente organizados para faixas
etárias mais jovens. O presente estudo
teve como objectivo geral organizar
um novo instrumento de avaliação da
perspectiva temporal, especialmente
concebido para estudantes pré-universitários.
A noção de perspectiva temporal
A importância da percepção do
tempo para a explicação da actividade humana surge referenciada na literatura psicológica desde as primeiras
formulações científicas. De facto, William James (1890/1960) apresentava
o tema da percepção do tempo como
119
um tema autónomo de estudo em psicologia, ressaltando como característica específica do pensamento humano a
consciência do presente, do passado e
do que há-de vir. Já em 1951, Lewin
caracterizava a perspectiva temporal
como a totalidade das perspectivas que
os indivíduos têm do seu futuro e do
seu passado psicológico num determinado momento (Lewin, 1951/1997). A
perspectiva temporal total era considerada como exercendo uma influência
determinante nas acções, emoções e
moral dos indivíduos em todos os momentos (Lewin, 1948 /1997, p.80).
As formulações pioneiras de Lewin
(1951/1997) têm marcado a investigação da perspectiva temporal (Lens,
1988; Nutin & Lens, 1985; Zimbardo
& Boyd, 1999), assistindo-se actualmente a duas áreas principais de investigação sobre o tema. A primeira linha
de investigação enquadra o estudo da
perspectiva temporal no campo da motivação humana. Apesar de reconhecer
o carácter global da perspectiva temporal, esta linha de investigação privilegia o estudo da dimensão temporal do
futuro, salientando o seu papel como
elemento regulador e dinamizador do
comportamento humano. Uma segunda via de investigação considera as três
dimensões de orientação temporal, a
orientação para o futuro, a orientação
para o presente e a orientação para o
passado e explora o impacto das diferentes orientações temporais no fun-
cionamento global dos indivíduos. De
acordo com autores como Ringle e Savickas, (1983) ou Zimbardo, Keough
e Boyd (1997), a perspectiva temporal pode ser concebida como um estilo cognitivo específico de abordagem
das tarefas com impacto na motivação,
mas também noutros aspectos do pensamento e comportamento humano,
como sejam os processos de tomada de
decisão, a procrastinação ou mesmo a
tendência para os comportamentos de
risco.
A Perspectiva temporal de futuro e
a dinâmica do comportamento
Uma das vertentes mais profícuas
da investigação sobre a perspectiva
temporal centra-se na dimensão da temporalidade futura e na sua importância
para a dinamização do comportamento.
Concebida como uma componente da
perspectiva temporal global (Nutin &
Lens, 1985; Trommsdorff, 1983; Zimbardo & Boyd, 1999), a dimensão do
futuro tem sido descrita como uma tendência geral para pensar e valorizar o
futuro (Husman & Lens, 1999), e pode
ser definida como a «antecipação e avaliação de todos os acontecimentos que
cabem no futuro psicológico» (Schmidt, Lamm & Trommsdorff, 1978, p.74).
Considerada, como um sistema
multidimensional complexo (Trommsdorff, 1983), a perspectiva temporal de
futuro integra dois tipos de componenRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
120
tes, uma componente de ordem cognitiva e uma componente de ordem afectiva e motivacional (Husman & Lens,
1999; Simons, Vansteenkiste, Lens, &
Lacante, 2004; Trommsford, 1983).
A componente cognitiva da perspectiva temporal de futuro é referenciada na literatura como estando
relacionada com diversos aspectos,
nomeadamente com a capacidade de
projecção num futuro mais ou menos
longínquo, assim como, com as características e os conteúdos específicos
dessas projecções ou antecipações do
futuro (Paixão, 1996; Schmidt, Lamm,
& Trommsdorff, 1978).
A capacidade de projecção no futuro ou extensão temporal tem sido
uma das dimensões cognitivas mais
frequentemente referenciada na literatura como caracterizando a perspectiva temporal de futuro (Fraisse, 1984;
Nutin & Lens, 1985; Paixão, 1996;
Ringle & Savickas, 1983). A capacidade de projecção no futuro pode ser
relativamente baixa, centrando-se num
futuro próximo, ou ser relativamente
elevada abarcando um futuro distante.
Embora, amplamente utilizada como
um índice de avaliação da perspectiva
temporal, a extensão temporal tem vindo ultimamente a ser posta em causa,
sobretudo pelos dados inconsistentes
revelados pela pesquisa, tanto em termos das relações obtidas com outros
índices da orientação para o futuro
(Lennings, 1994), como pelos resulRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
tados da investigação confirmatória
sobre a estrutura da orientação para o
futuro (Thiebaut, 2000).
A estruturação cognitiva dos acontecimentos futuros já se relaciona com
os conteúdos das projecções no futuro.
Em geral, distinguem-se aspectos, tais
como a densidade, referente à quantidade de objectos ou acontecimentos
projectados no futuro (Nutin & Lens,
1985; Ringle & Savickas, 1983; Schmidt & outros, 1978), o nível de realismo ou grau do conhecimento dos
caminhos necessários para alcançar
determinados objectivos (Lomranz,
Medini, & Aschuach, 1982) e a clareza
(Thiebaut, 2000), dimensão que reflecte o grau de presença do conteúdo das
antecipações ao nível da vida mental
do sujeito.
A outra componente da perspectiva temporal de futuro é a componente afectiva ou motivacional. Descrita
como a atitude temporal no modelo de
Nutin e Lens (1985) ou como o optimismo no modelo de Ringle e Savickas
(1983) esta componente traduz a valência afectiva dos acontecimentos futuros
(Trommsdorff, 1983). O futuro pode
ser encarado de uma forma optimista,
com um «sentimento de confiança no
alcance de objectivos futuros» (Ringle
& Savickas, 1983, p.655) ou pode, pelo
contrário, ser percebido como pouco
promissor ou mesmo ameaçador. Esta
valência afectiva atribuída ao futuro é
considerada como tendo igualmente,
121
tal como a componente cognitiva, uma
influência determinante no comportamento e na motivação (Trommsdorff,
1983).
A perspectiva temporal concebida
como um estilo cognitivo
Para autores como Zimbardo,
Keough e Boyd (1997) a perspectiva
temporal pode ser concebida como um
estilo cognitivo específico de processamento de informação com impacto na
motivação, mas também, num conjunto
mais alargado de cognições e comportamentos. Com efeito, vários estudos
têm demonstrado que aspectos tais
como as emoções, a criatividade, a tendência para o comportamento de risco,
a resolução de problemas (Gonzalez &
Zimbardo, 1985; Boyd & Zimbardo,
2005), e os processos de tomada de
decisão (Savickas, 1991; Zimbardo &
Boyd, 1999), entre outros, podem ser
influenciados pela tendência dominante de orientação temporal.
As pessoas com uma concepção
equilibrada da perspectiva temporal
têm uma visão de continuidade do
tempo (Savickas, 1991), confrontamse com os desafios do presente reconhecendo e valorizando as experiências
do passado, mas têm, também, como
referência as expectativas e objectivos pessoais em relação ao seu futuro.
Deste modo, o funcionamento pessoal
«ideal» deveria ser concebido como
balanceado, permitindo a transição
flexível entre as orientações temporais mais apropriadas a determinadas
situações ou contextos (Keough, Zimbardo & Boyd, 1999; Rappaport, Enrich & Wilson 1985). Reconhece-se,
no entanto, que a maior parte dos indivíduos apresenta uma tendência temporal preferencial de funcionamento
ou «enviesamento» temporal (Boyd &
Zimbardo, 2005). Esta tendência para
privilegiar determinada zona ou quadro temporal tem sido concebida quer
como um traço de personalidade (Gjesme, 1983; Lens, 1988; Nutin & Lens,
1985) quer como um estilo cognitivo
(Zimbardo, Keough & Boyd, 1997).
A avaliação da perspectiva temporal
A investigação sobre a perspectiva
temporal tem-se deparado com diversos problemas quer conceptuais quer
metodológicos e um dos problemas
consistentemente notado prende-se
com a escassez de instrumentos de avaliação psicológica com níveis adequados de precisão e de validade. A avaliação baseada em técnicas projectivas
tem sido uma das técnicas mais utilizada (Lasane & O’Donnell, 2005), no
entanto as dificuldades psicométricas
associadas a estas técnicas têm estado
na origem de diversas críticas metodológicas e impulsionado a procura de
novas formas de avaliação da perspectiva temporal.
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122
De entre os vários questionários
concebidos para a avaliação da perspectiva temporal destacam-se pela sua
qualidade psicométrica, a «Long-Term
Personal Direction Scale» (LTPD)
(Wessman, 1973; Marko & Savickas,
1998) e o «Zimbardo Time Perspective
Inventory» (Zimbardo & Boyd, 1999).
A «Long-Term Personal Direction Scale» é uma escala que tem como objectivo avaliar a perspectiva temporal de
futuro. Esta escala foi construída a partir de um questionário original desenvolvido por Wessman e colaboradores
na década de 70 (Wessman, 1973), o
«Ricks-Epley-Wessman Temporal Experience Questionnaire» (TEQ). Este
questionário era composto por um conjunto de quatro subescalas baseadas na
estrutura factorial de uma versão prévia do questionário. A subescala definida pelo segundo factor foi denominada
de «Long-Term Personal Direction:
Continuity and Steady Purpose vs. Discontinuity and Lack of Direction» e era
composta por 10 itens com saturações
positivas elevadas neste factor e por
outros 10 itens com fortes saturações
negativas. O pólo positivo designado
de «Continuity and Steady Purpose»
era composto por itens sugerindo um
sentido de continuidade temporal, a
definição de objectivos a longo prazo
e confiança no seu alcance. Pelo contrário, os itens com saturações negativas, «Discontinuity and Lack of Direction», exprimiam uma ausência de
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objectivos futuros e uma concepção de
tempo fragmentada, desconexa e vazia
(Wessman, 1973).
Ainda em 1979, Savickas adaptou
esta segunda subescala para o nível de
leitura do ensino secundário (Marko &
Savickas, 1998), designando-a, então
como «Long-Term Personal Direction
Scale» (LTPD). Esta versão, autorizada por Wessman (citado por Marko
& Savickas, 1998), manteve a mesma
estrutura bipolar de vinte itens. Nos vários estudos realizados com esta escala,
os coeficientes de precisão da versão
revista têm sido considerados satisfatórios variando entre 0.80 (Wolf & Savickas, 1985) e 0.87 (Savickas, Silling
& Schwartz, 1984).
O «Inventário de Perspectiva Temporal de Zimbardo» (ZTPI) foi concebido por Zimbardo e Boyd (1999)
com o objectivo de avaliar a perspectiva temporal de uma forma global, ou
seja abarcando as três zonas de orientação temporal, o passado, o presente e o futuro. Este inventário, sujeito
a várias reformulações ao longo dos
anos, conta actualmente com 56 itens
na versão americana e na maioria das
versões internacionais até agora conhecidas. A análise factorial confirmatória
dos resultados permitiu observar cinco
factores relacionados com as diferentes
zonas de orientação temporal: dois relacionados com o passado, dois com o
presente e um com o futuro. O primeiro
factor, designado de «passado negati-
123
vo» reflectia uma visão genericamente
adversa em relação ao passado, o outro
factor relacionado com o passado,
pelo contrário, reflectia um sentimento
agradável e saudosista em relação ao
passado. Os dois factores associados a
uma orientação para o presente foram
denominados por «presente hedonístico» e «presente fatalista», o primeiro
era composto por itens sugerindo uma
orientação para o prazer do momento
e poucas preocupações sobre as consequências futuras, o segundo reflectia
uma atitude fatalista, sem esperança
em relação ao futuro e à vida. Finalmente, foi identificado um único factor
associado ao futuro que se caracterizava por uma orientação geral em relação
ao futuro e ao estabelecimento de objectivos (Zimbardo & Boyd, 1999).
Tomando como ponto de partida
as concepções teóricas sobre a estrutura da perspectiva temporal de futuro
e a investigação sobre a independência
estrutural das três zonas de orientação
temporal, o presente estudo apresentou
como objectivo geral proceder à organização de uma escala de avaliação da
perspectiva temporal global especialmente dirigida a estudantes do ensino
básico e secundário.
Método
Instrumentos
O desenvolvimento do Inventário
de Perspectiva Temporal tomou como
ponto de partida o estudo prévio da
adaptação portuguesa da Long-Term
Personal Direction Scale (LTPD)
(Wessman, 1973; Marko & Savickas,
1998). Alguns dos itens desta escala
serviram de base para a elaboração de
um novo conjunto de itens visando a
avaliação das diversas dimensões da
temporalidade futura propostas pela
teoria (densidade, clareza, amplitude
temporal, continuidade e optimismo).
Elaborou-se ainda um outro conjunto
de itens para a avaliação das outras
duas zonas de orientação temporal:
a orientação temporal de presente e
orientação temporal de passado. Para a
avaliação e validação do conteúdo dos
novos itens foi solicitado o parecer a
especialistas na área.
Num segundo momento procedeuse à aplicação destes conjuntos de itens
a um total de 270 estudantes do ensino
secundário (Janeiro, 2006). A selecção
dos itens a integrar a versão final do
Inventário de Perspectiva Temporal
(IPT) tomou em consideração a análise
dos resultados estatísticos dos diversos
itens testados no estudo prévio, assim
como, a relevância teórica dos mesmos
à luz das concepções sobre a perspectiva temporal.
A versão final do IPT ficou, assim,
organizada em quatro escalas: três relacionadas com as zonas de orientação
temporal e uma com uma visão negativa ou ansiosa do futuro (Figura 1).
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Figura 1 – Organização da Inventário de Perspectiva Temporal.
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125
A escala de Orientação para o Futuro é composta por dezasseis itens distribuídos pelas várias dimensões da perspectiva temporal de futuro (Figura 1),
nomeadamente, a extensão temporal,
densidade, clareza, continuidade e optimismo. Cada dimensão tem três itens,
uns com formulação positiva e outros
com formulação negativa. Para efeitos
de cálculo dos resultados adiciona-se
o somatório do inverso dos itens com
formulação negativa ao somatório dos
itens com formulação positiva.
Na escala de Orientação para o Presente, os itens têm formulações quer
com uma conotação positiva (frases
iniciadas com palavras do tipo Gosto,
Penso) quer com uma conotação negativa (Não gosto, Não penso). Cinco
destes itens pretendem estimar a componente cognitiva da atitude em relação ao presente (frases iniciadas com
as palavras Penso, Mantenho) e três
sugerem uma dimensão mais afectiva
(frases do tipo Gosto ou Prefiro). Dos
quatro itens de Orientação para o Passado dois estão formulados de modo
a induzirem uma apreciação cognitiva
da atitude em relação ao passado (frases iniciadas com Penso) e outros dois
a componente afectiva desta mesma
atitude (frases iniciadas com a palavra
Gosto).
Para responder, os participantes
indicam numa escala de Likert de 7
pontos o seu grau de concordância com
cada frase.
Participantes
Participaram no estudo 620 estudantes de 5 escolas públicas do distrito
de Lisboa. Destes, 320 estudantes frequentavam o 9º ano, com idades compreendidas entre os 13 e os 17 anos (M
= 14.3; SD = 0.4) e 320 o 12º ano, com
idades compreendidas entre 15 e 21 (M
= 17.9; SD = 0.6). A distribuição por
géneros foi relativamente equilibrada:
342 são raparigas e 278 rapazes.
Procedimento
A recolha de dados seguiu todos os
procedimentos éticos exigidos no momento da realização do estudo. Esta foi
autorizada pelos Conselhos Directivos
das escolas e realizou-se em tempos
gentilmente cedidos pelos docentes
das escolas. Todos os participantes
que acordaram em participar no estudo foram informados das condições de
anonimato e de confidencialidade dos
dados obtidos.
Resultados
Análise em componentes principais
ao nível dos itens
A estrutura de agregação dos itens
do Inventário de Perspectiva Temporal
foi examinada a partir do estudo dos
resultados obtidos com a aplicação de
uma análise em componentes princiRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
126
pais. A análise identificou 7 componentes com um valor próprio superior
a 1.00. A consideração do critério suplementar baseado na análise paralela (Cota, Longman, Holden, Fekken,
Xinaris, 1993; Velicer, Eaton, & Fava,
2000) indicou as primeiras quarto
componentes principais para retenção.
Estas 4 componentes são explicativas
de cerca de 44 % da variabilidade dos
resultados. A aplicação da metodologia
de rotação ortogonal varimax dos eixos
teve por base a retenção destas quatro
componentes (Quadro 1).
Quadro 1 – Análise Componentes Principais – Itens do Inventário de
Perspectiva Temporal (n=620).
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127
A primeira componente da matriz
rodada explica cerca de 16% da variabilidade dos resultados (Quadro 1) e
associou com pesos factoriais superiores a |.40| a maioria dos itens propostos para a escala de orientação para o
futuro. Apenas três itens, os itens 8, 20
e 22, registaram relações pobres com
este factor. A segunda componente
principal, explicativa de 7% da variabilidade dos resultados, associou três dos
itens propostos para a escala de orien-
tação para o passado. A terceira componente principal explica 13% da variabilidade dos resultados e assume-se
claramente como um factor de Orientação para o Presente, ao associar entre
si a maioria dos itens propostos para
avaliar esta dimensão. Finalmente, a
quarta componente, explicativa de 8%
da variabilidade dos resultados, pode
ser definida como uma componente relacionada com uma visão negativa do
futuro, uma vez que associou os quatro
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128
itens que sugerem uma ideia negativa
do futuro, todos com saturações superiores a |0.50|.
Análise de precisão
Como se observa na Quadro 2, a
escala de orientação para o futuro registou correlações negativas importantes com duas outras escalas, a escala
de orientação para o presente (r=-.56;
p<0.01) e a escala de visão negativa do
futuro (r=-.44; p<0.01). As escalas de
orientação para o presente e de visão
negativa do futuro registaram entre si
um coeficiente de correlação positivo
elevado (r=.44; p<0.01). Em contrapartida, a escala de orientação para o passado apresentou correlações praticamente nulas com as outras três escalas,
indicando uma relativa autonomia em
relação às demais escalas temporais.
Quadro 2 – Estatísticas Descritivas, Matriz de Correlações e Coeficientes de
Precisão – Inventário de Perspectiva Temporal (n=620).
A análise dos coeficientes de precisão mostra níveis de precisão adequados para três das quatro escalas do
inventário. Com efeito, para o conjunRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
to dos doze itens da escala de Orientação para o Futuro o coeficiente alfa
foi de 0.86, evidenciando um nível de
precisão interna elevado. Na escala
129
de Orientação para o Presente, escala
composta por oito itens, o coeficiente
de 0.75 demonstra, igualmente, um nível de precisão interna adequado.
O coeficiente registado na escala
de Orientação para o Passado situou-se
em 0. 51, resultado significativamente
mais baixo do que os coeficientes das
outras escalas. Já os itens da escala de
Visão Negativa do Futuro apresentam
relações mais fortes, o coeficiente de
precisão para esta escala foi de 0.70.
Discussão
A importância atribuída à perspectiva
temporal tem crescido substancialmente
nos últimos anos, reconhecendo-se hoje
em dia o impacto desta dimensão do
pensamento numa grande diversidade
de cognições e comportamentos (Boyd
& Zimabrado, 2005; Janeiro, 2010). O
desenvolvimento de novos instrumentos
de avaliação tem contribuído para o desenvolvimento de estudos empíricos neste
domínio, no entanto, subsistem algumas
dificuldades na avaliação da perspectiva temporal, nomeadamente os índices
baixos de precisão evidenciadas por algumas das metodologias utilizadas para
a sua avaliação (Thiebaut, 2000), assim
como, a escassez de instrumentos especialmente desenhados para a avaliação
global da perspectiva temporal (Zimbardo & Boyd, 1999).
De igual modo, e apesar de a investigação salientar relações importantes
entre dimensões da perspectiva temporal e vários indicadores de bem estar
na escola, nomeadamente, a motivação
para as actividades académicas, a adaptação à escola ou o desenvolvimento vocacional (e.g. Husman & Lens,
1999; Janeiro, 2010; Teixeira, 2008)
existem poucos questionários de avaliação da perspectiva temporal global
adaptados a populações adolescentes.
O Inventário de Perspectiva Temporal (IPT) organizado neste estudo assume como objectivo geral a avaliação
da perspectiva temporal em termos
globais em estudantes do ensino básico
e secundário.
Os resultados obtidos com o estudo das características psicométricas
do IPT evidenciaram índices, em geral, adequados. A análise de agregação
dos itens com base na análise de componentes principais mostrou uma estrutura similar à estrutura conceptual
proposta. Estes resultados são comparáveis aos resultados obtidos por Zimbardo e Boyd (1999), confirmando a
independência estrutural das três zonas
temporais, passado, presente e futuro.
No entanto, e ao contrário de outros
instrumentos de avaliação da perspectiva temporal, a análise em componentes
principais isolou uma quarta dimensão
associada a uma visão negativa ou ansiosa do futuro. Deste modo, e ao invés
de se caracterizar como um pólo negativo da orientação para o futuro, a visão
negativa ou ansiosa do futuro, parece
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130
assim, assumir uma independência estrutural em relação às outras dimensões
da perspectiva temporal com possível
significado psicológico que importa
analisar em futuros estudos.
Os resultados da análise da consistência interna indicaram níveis de precisão adequados em 3 escalas (orientação para o futuro, orientação para o
presente e visão negativa do futuro). Já
a escala de orientação para o passado
revelou possuir níveis menos satisfatórios de precisão, sugerindo a necessidade de alterações em futuras revisões do
instrumento.
Em síntese, a aplicação do Inventário de Perspectiva Temporal a estudan-
tes do ensino básico e secundário permitiu a obtenção de bons indicadores
psicométricos para as diversas subescalas que compõem o IPT, sustentando
a adequação da sua aplicação a estas
faixas etárias.
Apesar de o estudo permitir verificar as potencialidades deste instrumento, subsistem algumas limitações
que importa referir, nomeadamente
a necessidade de mais estudos de validação das diferentes subescalas do
inventário. No futuro seria interessante
avaliar as características psicométricas
deste instrumento noutro tipo de populações escolares e com outros grupos
culturais.
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RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
133
ARTÍCULO
PP: 133-155
Mantenimiento en la relación de pareja: construcción
y validación de dos escalas
Relationship maintenance: construction and validation of
two scales
Melissa García Meraz1 y Angélica Romero Palencia2
RESUMen
Se construyeron y validaron dos escalas de mantenimiento en la relación
social y culturalmente relevantes: la primera con el objetivo de medir aquellas
características del mantenimiento que se dan en la interacción de la pareja; la
segunda está dirigida a las características de la pareja, es decir, a la percepción
que se tiene de la pareja. Se trabajó con 1 440 participantes del norte, centro
y sur de la República Mexicana. La primera escala quedó constituida por 18
reactivos agrupados en dos factores y un indicador (Convivencia, Similitud y
Complementariedad), que explican el 57.45% de la varianza con una consistencia interna de .917. La segunda escala quedó conformada por 15 reactivos agrupados en tres factores y un indicador (Valores, Atractivo, Trabajador y Estatus)
que explican el 63.71% con una consistencia interna de .862. Los resultados
muestran consistencia con las dimensiones reportadas en la literatura sobre el
mantenimiento en la relación de pareja.
Palabras clave: mantenimiento, instrumento, relación de pareja
1 Doctora en Psicología. Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Profesor investigador de tiempo completo.
Nicolás Bravo Manzana D Lote 12 B Col. Tepalcates C.P. 09210 Iztapalapa D.F. Ciudad de México. México. Número
local (1055) 57001702 Teléfono móvil 0445520257684. [email protected]
2 Doctora en Psicología. Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Profesor investigador de tiempo completo
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
134
Abstract
Two relevant scales of Maintenance Relationships were derived and validated:
first in order to measure those characteristics that occur in maintenance interaction, the second is directed to the characteristics of the partner. The scales were
administered to 1 440 from North, Central and Southern Mexico. The first scale
consists of 18 items, all of them grouped into two factors and an indicator (Interaction, Similarity and Complementary) that explains 57.45% of the variance with
an internal consistency of .917. The second scale consists of 15 items. The scale
consists in two factors and an indicator (Values, Attractive, Worker and Status).
The scale explains 63.71% of the variance with an internal consistency of .862.
The results show consistency with the dimensions reported in the literature on
maintenance relationship.
Key words: maintenance, scale, relationship.
INTRODUCCIÓN
Durante la época Colonial en la
Nueva España, Santo Tomás de Aquino
dictó un discurso acerca de la familia
y la pareja dirigido a todos los pobladores: ricos y pobres, esclavos y libres.
Bajo este discurso, la idea principal era
defender la libre elección de pareja de
los jóvenes en contraposición a una
elección de pareja hecha por los padres.
Con esta prerrogativa, la Iglesia demostraba su defensa vehemente hacia
la libre unión de los individuos, incluso
de aquellos marcados por la esclavitud.
La Iglesia defendía la libertad de los individuos de los designios de sus padres
y aún de sus dueños, quienes —cegados por la posibilidad de ganar, ya sea
estatus o dinero— obligaban a sus hijos
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e hijas a casarse con quien ellos decidieran. Por ello, la Iglesia promulgaba
que el amor dentro del matrimonio era
fundamental, la pareja debía unirse por
la amistad y el afecto, garantizando así
la unión de dos amores desinteresados
(Ortega, 2000).
Bajo el discurso de amor y libertad,
la Iglesia declaraba que la procreación;
la sexualidad y el amor sólo tenían cabida dentro del matrimonio. Este discurso de la moral católica abogaba por el
amor como punto central, como punto
definitorio de la unión de pareja (Ortega, 2000). La preocupación más grande
de la Iglesia era que si dentro de la pareja no existía amor, amistad, afecto y
ni siquiera atracción, era muy fácil que
135
los hombres salieran a “buscar” amantes, sacando a la sexualidad del sagrado vínculo del matrimonio. Además, la
probabilidad de que fuesen desdichados
dentro del matrimonio y buscaran terminar la relación era muy alta.
Esta visualización del matrimonio y
de la unión de pareja funcionaba como
el paradigma ideal, donde amor, amistad y atracción se unían para cobijar a
la pareja, darle sustento y conservarla
en el tiempo. El adagio de “y vivieron
felices para siempre” parecía tener mayor fundamento y probabilidad bajo
esta configuración. Sin embargo, a menudo esto no era así. La fidelidad y la
cohabitación pocas veces se cumplían,
a menudo surgían varios matrimonios
de un sólo hombre. El amor pocas veces se mantenía y a menudo coexistía
con el concubinato y la poligamia.
Parecía entonces que la Iglesia había perdido en su afán de defender de
manera vehemente la libre elección de
pareja basada en el amor y, más aún, en
defender la unión marital como irrompible con el paso del tiempo. Por ello, a
lo largo de la historia, la relación de pareja ha estado marcada por la elección
pero también por la ruptura. De hecho, en la actualidad, la expectativa de
ruptura marital ha ido en un aumento
creciente. Tan sólo en México el índice de divorcio pasó de 0.7% en 1990 a
1.0% en 2000 y 1.5% en 2010 (INEGI,
2011). Cifra además algo conservadora
ya que en México las personas no se di-
vorcian sino que se separan. Los datos
del INEGI indican que la separación
ha pasado de 1.2% en 1990 a 2.6% en
2000 y 3.7% en 2010 (INEGI, 2011).
En otros países la cifra es más alta, en
los Estados Unidos en 2010 se anticipaba que uno de cada dos matrimonios
terminaría en divorcio (Bureau Census,
2010). La cifra en Europa es muy cercana indicando que uno de cada tres
matrimonios no sobrevivirá al paso del
tiempo. El divorcio en la época actual
muestra un incremento progresivo, de
hecho leyes como la del divorcio en el
Distrito Federal eliminan las causales
de divorcio, permitiendo así una mayor
apertura a la ruptura marital (Archundia, 2008).
Los datos anteriores nos llevan a
preguntarnos: en la época actual ¿será
el amor suficiente para mantener a la
pareja unida? El ideal de la Iglesia llevado a su máxima expresión, elección
libre y desinteresada, elección que escapa a los designios de los padres y
fundamentada en el amor y la atracción
¿serán suficientes para mantener unida
a la pareja? De hecho, uno de los temas
más abordados en la relación de pareja son aquellos que hacen referencia
a la satisfacción, el ajuste marital, la
integración y las conductas de mantenimiento dentro del matrimonio. Es decir, aquellos aspectos que dan calidad a
la relación y aumentan la probabilidad
de que los individuos involucrados permanezcan en ella.
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136
Aunque se ha caracterizado la satisfacción de la relación —principalmente a través de la satisfacción marital y sexual— pocos estudios se han
enfocado hacia aquellas conductas que
se dan durante el mantenimiento de la
relación. Siendo estás de particular importancia, dado que aquellas relaciones
que se caracterizan por una alta presencia de conductas de mantenimiento son
más satisfactorias y es más probable
que sobrevivan al paso del tiempo (Goodboy y Myers, 2010). Aunado a ello,
no existe en México un instrumento
que mida estás conductas de mantenimiento. Por ello, el objetivo del presente artículo fue validar un instrumento
de mantenimiento en la relación de
parejas, enfatizando las áreas de la interacción como las características en
parejas mexicanas del norte, centro y
sur de la República.
Caracterización del mantenimiento
en la relación de pareja
Para Stafford (1994), una relación
de mantenimiento es aquella en la que
se dan conductas designadas para continuar la relación, para prevenir su declive o para repararla y restablecerla.
Canary y Dainton (2009) concuerdan
en que existen al menos cinco formas
de definir el mantenimiento dentro de
una relación.
• La primera definición hace referencia a que el mantenimiento implica
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la estabilidad y cuidado de la relación,
es decir, el mantenimiento se refiere a
las conductas que ayudan a que una relación se mantenga a través del tiempo.
• La segunda definición envuelve el deseo de las características que
debe tener una relación. Esta definición
implica que no es suficiente tener una
relación estable sino que implica mantener una alta calidad en la relación,
por ejemplo el hecho de que la relación
está caracterizada por la satisfacción, el
compromiso, la confianza, el amor y el
apoyo.
• La tercera visión implica no sólo
las conductas sino cómo las personas
reparan la relación cuando se presenta
algún daño. Esta visualización implica
que no se dan conductas de mantenimiento en la relación hasta que son necesarias las reparaciones.
• La cuarta definición implica mantener la relación en una condición específica. Es decir, bajo un tipo de relación
e intimidad específica, por ejemplo, los
amigos platónicos que desarrollan conductas de mantenimiento en una interacción no sexual.
• Finalmente, se da una perspectiva dialéctica, donde las conductas de
mantenimiento son vistas como una
adaptación al cambio inherente a cada
relación.
De acuerdo con Brehm, Miler, Perlman y Campbell (2002), una relación de
mantenimiento es menos excitante que
un nuevo amor, y menos dramática que
137
la separación, pero el mantener una relación es la forma efectiva de alcanzar el
éxito en una relación cercana. Las conductas de mantenimiento son un fuerte
indicador de la calidad de la relación,
junto con aspectos como el compromiso,
el control mutuo, la vinculación y el respeto predicen la manifestación de conductas de mantenimiento negativas tales
como la evitación, infidelidad, búsqueda del control, espionaje, conflicto destructivo y los celos (Goodboy y Myers,
2010). Las conductas de mantenimiento
también han sido ampliamente estudiadas en parejas de amigos de diferente y
del mismo sexo, relaciones entre padres
e hijos, hermanos, gemelos, medios hermanos, parejas con relaciones destructivas, relaciones sociales de pacientes
con esquizofrenia, entre los integrantes
de una familia y en el cuidado de una
persona enferma (Bippus y Rolin, 2003;
Bushman y Holt-Lunstad, 2009; Harach
y Kuczynski, 2005; Lencucha, Kinsella
y Sumsion, 2008; Mikkelson, Myers
y Hannawa, 2011). Las conductas de
mantenimiento son relevantes para
mantener una relación ya sea de amistad
o romántica a largo plazo. De acuerdo
con Guerrero y Chavez (2005) también
puede ser el vehículo por el cual una relación de amistad exitosa se convierta
en una relación romántica exitosa.
Las conductas de mantenimiento
ocurren en los niveles individual, diádico y societal. De acuerdo con Canary
y Dainton (2009) a nivel individual in-
cluye las cogniciones de cada individuo
para mantener la relación, a nivel diádico, incluye las estrategias y rutinas que
la pareja planea con el objetivo de mantener la calidad de la relación, mientras
que a nivel sociedad, se incluye la red
social que cultiva la pareja, así como
las normas indicas por la propia cultura
para el desarrollo de una relación.
Cuando las parejas ejecutan conductas de mantenimiento tienen percepciones más positivas del matrimonio y por ende de la satisfacción dentro
del mismo (Canary y Stafford, 1994).
Algunas conductas de mantenimiento
son: la auto-divulgación, intimidad,
similitud, comunicación, intimidad
sexual y equidad de la relación (Dayley, Hampel y Roberts, 2010; Dindia, 1994; Gaines y Henderson, 2002;
Lewis y Spanier, 1979; Noller y Fitzpatrick, 1990). Además, las conductas
de mantenimiento se han relacionado
con la calidad del matrimonio, la satisfacción, la estabilidad, el compromiso,
la felicidad, la equidad en la relación y
el amor (Canary y Stafford, 1994; Dindia, 1994; Sprecher y Hendrick, 2004;
Stafford y Canary, 1991; Weigel y Ballard-Reisch, 1999, Weigel y BallardReisch, 2001).
De acuerdo con Sánchez Aragón y
Díaz Loving (2010), la fase de mantenimiento de la relación se caracteriza
por el compromiso, la estabilidad, una
lucha conjunta contra los obstáculos, el
formar una familia, crecer como pareRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
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ja, la fidelidad, amistad y el deseo de
prever conflictos en la relación. Durante el mantenimiento se dan emociones intensas tales como el amor, la
confianza, la comprensión, la felicidad
y la seguridad. Además se da una interacción cercana, se le brindan atenciones a la pareja, se le demuestra cariño,
hay comunicación, respeto, apoyo, se
comparten experiencias, se demuestra
paciencia, cuidado y tolerancia.
Para Canary y Stafford (1994) existen cinco áreas de conductas de mantenimiento dentro de la relación.
• La primera de ellas tiene que ver
con la interacción de la pareja, la cual
debe darse en un ambiente optimista y
no crítico.
• La segunda refiere a una apertura en la comunicación, la pareja debe
discutir abiertamente la naturaleza de
la relación.
• Una tercera área menciona la importancia de compartir mensajes que
ayuden a continuar y mantener la relación.
• La cuarta hace referencia a las relaciones de ambos, compartir tiempo,
disfrutar con amigos y familiares. Pasar tiempo juntos con amigos comunes
y una red social compartida predice
satisfacción en la pareja (Weigel y Ballard Reisch, 2001).
• La última de las áreas tiene que
ver con las responsabilidades que toman los miembros de la pareja.
Estas cinco áreas de conductas de
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mantenimiento declinan con el tiempo.
Las conductas de mantenimiento en la
relación son más para aquellos matrimonios que van de 0 a 6 años; después
bajan en matrimonios de 15 a 23 años;
por último, vuelven a incrementarse
después de los 24 años de matrimonio
(Weigel y Ballard-Reisch, 1999).
Mantenimiento en la relación:
instrumentos psicométricos
Como hemos visto las conductas de
mantenimiento dentro de la relación de
pareja están relacionadas a una amplia
variedad de constructos. En el mantenimiento intervienen conductas que van
desde la autodivulgación, hasta la equidad y la intimidad. Además se relaciona
de manera cercana a la satisfacción, la
calidad del matrimonio y la felicidad.
Muchos instrumentos evalúan por separado cada una de estas dimensiones.
En algunos casos no se evalúa directamente las conductas de mantenimiento
sino los procesos y características de la
relación que permiten a la pareja mantenerse estable. En estos casos se evalúan constructos como felicidad, satisfacción, éxito, ajuste y la satisfacción
marital (Azrin, Naster y Jones, 1973;
Burgess y Wallin, 1953; Jansen, 1952).
Sin embargo, existen menos instrumentos relacionados a las conductas de
mantenimiento dentro de la pareja, la
familia, los amigos y demás interacciones. Dos instrumentos son los más
139
utilizados y mencionados en la literatura. El primero de ellos es el five-factor
Relational Maintenance Strategies
Measure (RMSM) desarrollado por
Stafford y Canary (1991) y transformado porteriormente en una versión
revisada y nombrado seven-factor Relational Maintenance Strategies Measure (RMSM) por Stafford, Dainton y
Haas (2000).
Aún cuando existen otros instrumentos acerca del mantenimiento, el
RMSM es el más utilizado. La primera estructura con cinco dimensiones
fue dearrollado por Stafford y Canary
(1991). Este instrumento se desarrolló
sobre la base de las conductas reportadas como parte del mantenimiento de
una relación por aproximadamente 300
participantes. La escala fue validada en
una versión de 78 reactivos administrados a 956 personas que en ese momento tenían ya sea una relación de noviazgo o de matrimonio. Posteriormente, la
confiabilidad de la escala fue probada
nuevamente por Canary y Stafford
(1992) quedando solamente 28 reactivos, nuevamente en cinco factores. Los
cinco factores fueron: sentimientos
positivos, apertura, certeza, compartir
tareas y tener una red de amigos (las
escalas explican el 39%, 8.6%, 5%,
4.7% y 4.1% de la varianza explicada
con un 89, .84, .84, .71 y .76 de confiabilidad respectivamente). Finalmente, un modelo más preciso lo ofrecen
Stafford, Dainton y Hass (2000) al
agregar 31 nuevos reactivos a los 299
originales, probando su validez en 520
participantes. Los análisis factoriales
sugieren siete factores: sentimientos
positivos, apertura, certeza, compartir
tareas y tener una red de amigos, como
en la primera solución factorial, y agregándose las dimensiones de manejo del
conflicto y supervisión. Finalmente,
en 2008, Stafford replantea la estructura factorial de la escala utilizando la
teoría de la construcción de reactivos
eliminando, en tres estudios previos,
las ambigüedades y aquellos reactivos
que evalúan más de un aspecto en un
sólo enunciado. Este último estudio
mostró que la estructura factorial con
una solución de cinco factores no podía sostenerse, ni siquiera el modelo de
siete factores, ya que el factor de supervisión desaparecía totalmente. La
solución factorial reportó siete nuevas
dimensiones. Las dimensiones encontradas así como algunos reactivos asociados fueron:
1. Sentimientos positivos: Actúa de
manera positiva hacia mí
2. Comprensión: No me juzga, “Es
comprensivo
3. Autodivulgación: Habla acerca
de sus sentimientos
4. Comunicación sobre la relación:
Discute la calidad de nuestra relación
5. Garantías: Tenemos charlas acerca de eventos futuros
6. Tareas: Ayuda en las tareas que
sean necesarias
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140
7. Red Social: Incluye a nuestros
amigos en nuestras actividades
En México existen una gran cantidad de instrumentos relacionados a la
pareja y la satisfacción marital (Márquez, Rivera y Reyes, 2009; Retana
y Sánchez, 2008; Romero, Rivera y
Díaz, 2007), sin embargo, no existe
ningún instrumento de mantenimiento
en la relación de pareja, ni en ningún
otro tipo de interacción.
Método
Justificación
De acuerdo con Touliatos, Perlmutter y Holden (1990), los instrumentos
relacionados a los aspectos maritales
pueden dividirse en siete categorías:
satisfacción/ajuste/cualidad; relaciones
conflictivas, de poder; relacionadas a
las actitudes y valores, la interacción
de patrones o estilos, amor o intimidad
en la relación, apego o compromiso y
trabajo o división de las labores. Los
autores refieren que de un total de 68
instrumentos publicados en los últimos
años en revistas de impacto sólo 40
(59%) han sido validados en poblaciones superiores a los 400 participantes,
tan sólo 60 (88%) muestran validez
y confiabilidad, 46 (68%) muestran
un lenguaje inclusivo, 13 (19%) son
instrumentos cortos de menos de 15
reactivos, 50 (74%) tienen subescalas y sólo 25 (37%) están probados en
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pareja, es decir, ambos integrantes de
la relación contestan el instrumento.
En México a pesar de que existen diversos instrumentos relacionados a la
relación de pareja, no existe ninguno
relacionado al mantenimiento. Dadas
las limitaciones anteriores se construyó
un instrumento de mantenimiento en la
relación de pareja, en una amplia población, tomando en cuenta la interacción entre la pareja y obteniendo altos
índices de confiabilidad.
Participantes
El instrumento fue validado en una
muestra que abarcó diferentes zonas
de la República Mexicana: norte, centro y sur. Del centro de la República,
el Distrito Federal (8 851 080 habitantes) como un centro urbano y Chalco
(310 130) como un punto suburbano.
Del norte de la Re¬pública, el punto
urbano es Monterrey (1 138 550) y el
suburbano los municipios aledaños a
Monterrey, como General Escobedo
(357 937) y San Pedro Garza García
(122 659). Del sur de la República,
el centro urbano es Mérida (830 732)
mientras que el suburbano está representado por diferentes municipios del
Estado de Yucatán: Kanasin (78 709),
Dzan (4 941) y Uman (50 993). Para
cada punto de estudio de la República
se trabajó con cuarenta parejas casadas,
cuarenta parejas de novios y cuarenta
parejas en unión libre. En total 120
141
pa¬rejas, 720 parejas en todo el estudio. Finalmente, 1 440 participantes de
todos los Estados.
Los participantes en el estudio reportaron una media de edad de 29.7
años, con un rango que va de 14 a 75
años. Del total de participantes, 616 reportaron no tener hijos, cabe recordar
que 480 de ellos se encuentran en una
relación de noviazgo, por lo que la mayoría reportó no tener hijos. El rango
fue de 1-9 hijos, con una media de 1.23.
Con referencia a la escolaridad, 164
participantes reportaron tener instrucción primaria (12%), 371 secundaria
(26%), 203 instrucción técnica (14%),
336 preparatoria (23%), 349 Universidad (24%) y 17 posgrado (1%).
Diseño del instrumento
Anterior a la construcción del instrumento de mantenimiento de pareja,
se realizó un estudio con entrevistas
cualitativas para explorar las razones
por las cuales las personas atribuyen
que se da la elección de pareja y cuáles son las características del mantenimiento de la relación (García, 2007).
Participaron diez parejas casadas, diez
parejas en unión libre, diez parejas
en relación de noviazgo y diez personas que han pasado por un divorcio
o separación. Este estudio, así como
la revisión de la literatura, nos permitió establecer dos ejes principales del
mantenimiento. Ya en 1961, McHugh
(en Strauss y Brown, 1978) reportaba
que en la elección, mantenimiento y
disolución de la pareja intervienen dos
esferas fundamentales: la interacción
de ambos miembros y las características personales de la pareja. De esta manera, el plan de prueba del instrumento contempló ambas esferas. Además,
existen diversos cambios en la vida en
pareja, que implican una transformación en cómo se elige y se decide terminar una relación. Para Buss, Schackelford, Kirkpatrick y Larsen (2001),
en la actualidad las personas valoran
aspectos como el atractivo, el estatus y los valores cuando realizan una
elección de pareja. Si en la actualidad
la pareja se casa por amor y atracción
entonces es factible que decida terminar la relación de pareja porque el amor
o la atracción han terminado. Los instrumentos de mantenimiento validados
en este estudio tienen como objetivo
medir tanto las conductas que son típicas del mantenimiento (Stafford,
2008) como aquellos aspectos que son
relevantes durante la elección de pareja (Buss, Schackelford, Kirkpatrick y
Larsen, 2001) y tienen un impacto en la
disolución de la relación. En este caso,
las características de la elección —tales como el hecho de ser atractivo o tener una posición económica— son evaluadas como parte de las características
de la relación en la actualidad. Además
indican un área del mantenimiento que
ha sido ampliamente olvidada.
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
142
El primer eje toma en cuenta la interacción que se da entre ambos miembros de la pareja, reflejando las conductas del mantenimiento, por ejemplo
si se llevan bien, si existe comunicación, cariño, similitud en gustos, etc. El
segundo eje refiere a características de
la persona, si es fiel, agradable, simpática, etc. Dentro de este eje, los valores
quedaron inscritos como una parte fundamental del proceso.
Dados los dos grandes ejes del proceso: INTERACCIÓN Y CARACTERÍSTICAS DE LA PAREJA, se redactaron reactivos que reflejaran cada una
de las dimensiones a evaluar. En total, se construyeron 18 reactivos para
cada dimensión. También se incluyó
una parte de preguntas demográficas
acerca de la edad, escolaridad, estatus de pareja, estatus de pareja de los
padres y el tiempo en la relación de
cada uno de los participantes. Una vez
elaborado el cuestionario, se procedió
a la validación.
El instrumento tiene un formato de
respuesta de escala Likert pictórica de
cinco puntos, que van del “completamente de acuerdo” al “completamente
en desacuerdo”. Los instrumentos se
aplicaron a parejas en diferentes puntos de la ciudad de México. Los lugares
donde se les contactó fue en aquellos
lugares donde es típico ver a parejas:
mercados, centros comerciales y parques. La duración de la aplicación tuvo
un promedio de 18 minutos.
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Resultados
Mantenimiento en la interacción
Con base en el procedimiento propuesto por Reyes-Lagunes y García
(2008) se realizaron diferentes análisis para identificar cuáles serían los
mejores reactivos para proceder al
análisis factorial. El procedimiento de
los autores implica la realización de
estadísticas descriptivas que permitan
reconocer la orientación o sesgo de los
reactivos, la media y desviación. De
acuerdo con los datos mostrados en la
tabla 1 todos los reactivos se encuentran sesgados hacia números negativos,
es decir, casi no hay puntajes en el lado
izquierdo de la curva de los puntajes en
desacuerdo. Esto queda comprobado
por las medias y las desviaciones estándar que están alrededor de una desviación. Dado que los reactivos parecen
tener una distribución muy similar, se
decidió continuar con el análisis de todos los reactivos.
Para comprobar la discriminación
de los reactivos se realizó una prueba
t de Student para muestras independientes. Para el análisis, se dividieron
los datos en cuatro grupos de acuerdo
a los puntajes. Estos cuartiles indicaron los grupos extremos del continuo.
De esta manera, se comparó el grupo
más bajo con el más alto. La prueba
t mostró que existen diferencias estadísticamente significativas entre el
143
Tabla 1. Medía, desviación estándar y sesgo de los reactivos de la escala de
Mantenimiento en el área de la Interacción.
grupo de puntajes altos contra el grupo de puntajes bajos.
Dada la alta correlación de los reactivos, se realizó un análisis factorial
de componentes principales con rotación oblicua. Los resultados de los 18
reactivos se agrupan en dos factores
y un indicador: convivencia, similitud
y el indicador complementariedad. El
primer factor Convivencia incluye 10
reactivos que explican el 44.06% de la
varianza explicada con una consistencia de .904. El segundo factor Similitud incluye 6 reactivos que explican el
7.41% con una consistencia de .774.
Finalmente, el indicador ComplemenRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
144
tariedad está conformado por dos
reactivos que explican el 5.96% de la
varianza con una consistencia de .833.
El instrumento en su totalidad explica
el 57.45% con una consistencia interna de .917.
Tabla 2. Reactivos que componen cada factor, valor propio, porcentaje de
varianza explicada y alfa de Cronbach para la escala Mantenimiento en la
Interacción.
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145
Mantenimiento de las características
de la pareja
En el caso del instrumento de mantenimiento en el área de características de la pareja también se realizó el
procedimiento propuesto por Reyes y
García (2008). La tabla 3 muestra que
todos los reactivos tienen un sesgo negativo mientras que las desviaciones se
encuentran muy cercanas a la primera
desviación.
Tabla 3. Medía, desviación estándar, sesgo y prueba t de los reactivos de la
escala de Mantenimiento en el área de características de la pareja.
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
146
De igual manera, al comparar la
discriminación de los reactivos por
medio de una prueba t de Student se
encontró que todos los reactivos discriminan de manera adecuada entre los
puntajes altos y los bajos.
Con base en los análisis anteriores
se decidió incluir todos los reactivos en
el análisis factorial. Dado que las correlaciones entre los reactivos no eran altas,
se procedió a realizar un análisis factorial
con rotación ortogonal. Las interacciones
mostraron un total de 3 factores y un indicador con valores propios mayores a 1.
El primer factor Valores está conformado
por 7 reactivos que explican el 37.09% de
la varianza con una consistencia de .865.
El segundo es un indicador formado por
dos reactivos que explican el 11.66% de
la varianza con una consistencia interna de .818. El tercer factor Atractivo se
compone de tres factores que explican el
9.06% de la varianza, con una consistencia interna de .783. Finalmente, el cuarto
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factor Trabajador agrupa tres reactivos
que explican el 5.889% de la varianza
con una consistencia interna de .582. Los
tres factores y el indicador explican en
conjunto 63.71% de la varianza con una
consistencia de .862.
Finalmente, las correlaciones entre
las diferentes dimensiones de los instrumentos fueron altas y significativas.
Lo que muestra una alta relación entre
ambos instrumentos.
Discusión
Las conductas de mantenimiento
dentro de la relación son un fuerte indicador de que una pareja permanecerá
unida (Goodboy y Myers, 2010). Estas
conductas son tan importantes, que el
estudio del mantenimiento se ha vuelto
fundamental, no sólo en la vida en pareja, sino incluso en las relaciones de
amigos, familia y trabajo. Sin embargo, y aunque las conductas de manteni-
147
Tabla 4. Reactivos que componen cada factor, valor propio, porcentaje de
varianza explicada y alfa de Cronbach para la escala Mantenimiento en la
Interacción.
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
148
Tabla 5. Correlaciones entre los factores de ambas escalas.
miento han sido ampliamente estudiadas en los Estados Unidos, no existen
estudios en México, y mucho menos
instrumentos de medición.
El primer instrumento de mantenimiento en la interacción está compuesto
por los factores de Convivencia, Similitud y Complementariedad, mientras que
el segundo instrumento contempla las
dimensiones de Valores, Estatus, Atractivo y Trabajador. El instrumento que
más refleja las áreas mencionadas por
Canary y Stafford (1994) es el relacionado a la interacción; esto es más notorio
en las dimensiones de convivencia y similitud. En estas dimensiones se reflejan
conductas típicas del mantenimiento, por
ejemplo conductas como compartir tiempo, llevarse bien, apoyarse y ser amigos.
También hace referencia a conductas relacionadas a la comunicación tales como
discutir puntos de desacuerdo y platicar
sobre lo que les sucede. La comunicación
es sumamente importante para el desarrollo y mantenimiento de una relación.
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
Tan es así que el proceso de comunicar sobre la vida cotidiana así como
la capacidad de autodivulgación están
altamente relacionadas al mantenimiento y la satisfacción dentro de la relación (Sprecher y Hendrick, 2004). De
esta manera, la falta de habilidad para
comunicar e identificar emociones puede disminuir la capacidad para la salud
marital y la felicidad. Sin embargo, los
roles de género están presentes en este
ajuste. Si bien la habilidad emocional
de los esposos está claramente relacionada con el ajuste marital de sus parejas femeninas y el proceso de intimidad
entre ambos, la habilidad de las esposas no está relacionada al ajuste marital
del esposo. Esto puede ser debido a que
para los hombres es más difícil comunicar las emociones (Cordova, Gee y
Warren, 2005). Por ello, la capacidad
de los hombres de comunicar sus emociones y platicar con sus parejas durante el mantenimiento puede predecir el
ajuste y el éxito marital.
149
Al igual que el factor de convivencia, el factor de similitud refleja mucho de las dimensiones de Canary y
Stafford (1994) en lo referente a la red
social compartida. Esta dimensión está
conformada por reactivos que refieren
a que la pareja ve la vida de la misma
manera y se parecen en su forma de
ser, sin embargo, también se incluyeron reactivos que hacen referencia a
convivir con amigos y familiares. Si
bien se pensaba que estos reactivos podían ser una dimensión independiente,
están ampliamente ligados a la similitud. Quizás por el hecho de que pasar
tiempo con los amigos y la familia une
a la pareja y aumenta la percepción de
similitud. Es posible que la pareja se
perciba como similar en medida que
comparte con los amigos y familiares
de la pareja. Posiblemente acudiendo a
los mismos lugares de interés y recreación. Esta cercanía geográfica, de gustos e interés aumenta la similitud de la
pareja. Recordemos que pasar tiempo
con amigos comunes y una red social
compartida predice la satisfacción en la
pareja (Weigel y Ballard Reisch, 2001).
Tan es así que los dos primeros factores de convivencia y similitud son los
más altamente correlacionados y los
que explican el mayor porcentaje de
varianza (ver tablas 2 y 5).
La literatura refiere que la similitud en la pareja es importante no sólo
como un primer paso para la atracción,
también es importante para el desarro-
llo de la relación. Tener gustos, intereses y personalidad similares indica
que la relación puede desarrollarse y
mantenerse a través del tiempo (Antill,
1983, Aron y Aron, 1997, Eysenck y
Wakefield, 1981). Esposos que tienen
personalidades similares reportan tener
matrimonios más felices, aquellos que
piensan de manera similar, que son similares en como procesan y organizan
la información, así como en sus pensamientos y percepciones se sienten más
atraídos. La similitud es tan importante
que predice la estabilidad matrimonial,
aquellos esposos que perciben mayor
compatibilidad de pensamientos reportan también una alta satisfacción marital (Brehm, Miller, Perlman y Campbell, 2002). En muchos casos se ha
planteado que la similitud en parejas
estables es más una consecuencia de la
satisfacción de la pareja que una causa.
De esta manera, cuando se le pregunta a esposos satisfechos si se perciben
como similares usualmente contestaran
que sí, aún cuando no lo sean. De manera contraria, aquellos esposos que se
sienten insatisfechos no perciben ser
similares a sus parejas, aún cuando si
lo sean. Parece ser que la similitud es
más percibida que real (Brehm, Miller,
Perlman y Campbell, 2002).
Por ello, en este primer instrumento
las dos primeras dimensiones son muy
relevantes. Incluyen aspectos que van
desde la química, el cariño, llevarse
bien, demostrarse amor, platicar, comRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
150
partir tiempo, compartir ideales hasta
ser amigos. El demostrarse amor, cariño y afecto es una de las áreas más
importantes dentro de la calidad del
vínculo de pareja (Canary y Stafford,
1994, Dindia, 1994 y Stafford y Canary, 1991). Por otro lado, el llevarse
bien, sentir química y apoyarse son
fuertes indicadores de que la pareja
mantiene lazos estrechos. Por ello, el
amor, la autodivulgación, la comunicación, la similitud, la interacción y
el compartir tiempo con amistades y
familiares son indicadores de que la
pareja se desarrollará a través del tiempo (Canary y Stafford, 1994, Dindia,
1994, Lewis y Spanier, 1979, Noller
y Fitzpatrick, 1990, Sánchez Aragón
y Díaz Loving, 1999, Sprecher y Hendrick, 2004, Stafford y Canary, 1991,
Weigel y Ballard-Reisch, 1999, Weigel
y Ballard-Reisch, 2001).
El segundo instrumento validado
referente al Mantenimiento en las características de la pareja muestra la parte
más innovadora. Tradicionalmente esta
dimensión no se incluye en el mantenimiento, aun cuando es una dimensión
muy relevante. A diferencia del primer
instrumento, éste se enfoca a la percepción que se tiene de que la pareja es responsable, atractiva, honesta y tolerante lo
que indica que durante el mantenimiento
de la relación se percibe a la pareja de
forma positiva. Este instrumento está
formado por tres factores: Valores, Atractivo, Trabajador y un indicador: Estatus.
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
Dos áreas fueron de particular interés dentro de la construcción de los
instrumentos; una se relaciona al amor,
afecto y cariño y la otra a los valores.
En la época actual, el amor, atractivo
físico y los valores parecen indicar
muchas de las decisiones de los individuos. Las personas eligen pareja basados en el amor y por la falta de este
deciden terminarla (García y Guzmán,
2010). Estas dimensiones han cobrado mucha importancia al definir la
elección de pareja, el matrimonio, el
mantenimiento de la relación y, en sí,
la totalidad de la vida en pareja y familia (Buss, Schackelford, Kirkpatrick
y Larsen, 2001, Díaz Guerrero, 1999,
Flores, 1998 y Giraud, 1982).
El factor de Valores es el primer
factor en este instrumento; ya otras
investigaciones habían marcado la importancia de los valores dentro de la
relación de pareja y en especial dentro
del matrimonio. Cuando una pareja decide casarse opina que el matrimonio
debe guiarse por la comprensión, la
tolerancia, el respeto mutuo y la fidelidad (Flores, 1998; Oliveira, 1998).
De esta manera, los valores asociados
a las características de la pareja son
de primordial importancia; tanto en la
elección como en el mantenimiento de
la relación.
El segundo factor de la escala evalúa el Atractivo físico de la pareja actual; que tanto nuestra pareja sigue pareciéndonos atractiva, guapa o bonita.
151
Bien dice el dicho que “el amor entre
por los ojos”, pero bien podríamos decir
también permanece en ellos. El que una
pareja siga percibiéndose como atractiva refuerza los lazos establecidos.
El tercer factor Trabajador y el indicador Estatus hacen referencia a que
tanto la pareja tiene una posición estable y que tan trabajadora es. Como tal,
estas dimensiones son más relevantes
en la elección de pareja (Buss, Schackelford, Kirkpatrick y Larsen, 2001).
Sin embargo, en el mantenimiento reflejan aspectos de la pareja que pueden
dar estabilidad y fuerza a la unión.
Ambos instrumentos muestran índices de confiabilidad altos, así como
porcentajes de varianza adecuados. El
instrumento de características de la
pareja explica una mayor cantidad de
varianza que el de la interacción, sin
embargo ambos porcentajes altos. Aunado a ello, ambos instrumentos muestran índices de confiablidad altos (ver
tabla 4 y 6).
Dados estos resultados se obtienen
dos instrumentos validos y confiables
para población mexicana. Resaltando
que cubren aspectos que típicamente han
sido desestimados tales como la aplicación en una población mayor a 400 personas, el estudio de ambos integrantes
de la relación, instrumentos cortos no
mayores a 20 reactivos y con subescalas
(Touliatos, Perlmutter y Holden, 1990).
Una ventaja más de los instrumentos es
que los participantes radicaban en seis diferentes puntos de la República Mexicana, de distintos estatus socioeconómico y
una amplitud en la edad.
Finalmente, es necesario anotar que
el éxito marital depende de muchas
situaciones y circunstancias. Realizar
conductas de mantenimiento no garantiza el éxito marital, sin embargo,
aquellas relaciones que logren mantener la comunicación, compartir una red
social de amigos, gustos, pasatiempos,
intereses y que al mismo tiempo demuestren amor y cariño hacia el otro,
estarán en mayor probabilidad de tener
una relación feliz y satisfactoria.
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ARTÍCULO
PP: 157-X
Validez y confiabilidad del Positive Affect and
Negative Affect Schedule (PANAS) en estudiantes
universitarios chilenos
Validity and reliability of the Positive Affect and Negative
Affect Schedule (PANAS) in Chilean college students
Michele Dufey1 y Ana Maria Fernandez2
RESUMen
El presente estudio está dirigido a evaluar las propiedades psicométricas del Positive Affect and Negative Affect Schedule (PANAS; Watson, Clark, & Tellegen,
1988), una de las medidas de afectividad más utilizadas en la investigación internacional, en una muestra de estudiantes chilenos, con la expectativa de encontrar
resultados que estén en línea con el reporte original de validación. Luego de traducir
el instrumento se condujo un estudio piloto cuyos resultados orientaron la elaboración de una versión definitiva del PANAS, aplicada a una muestra de estudiantes de
pregrado de diferentes carreras universitarias (n = 437). Los resultados muestran
que la confiabilidad del PANAS obtenida mediante el análisis de la consistencia
interna y el test-retest, así como su validez factorial y externa, son apropiados y concordantes con la evidencia previa. Ello permite concluir que el PANAS cumple con
los requisitos psicométricos establecidos para su utilización en el contexto evaluado.
Palabras Clave: Afecto Positivo, Afecto Negativo, Psicometría, Adaptación, Validación
1 Psicóloga, M..Sc. en Neurociencias, Académico Universidad Diego Portales, Vergara 275, Santiago, Chile. Teléfono: (56-2) 6762509, email: [email protected]
2 Psicóloga, M. A.. in Experimental Psychology, Ph.D. en Psicología, Profesora Asociada Universidad de Santiago
de Chile
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Abstract
The present study is focused on the assessment of the psychometric properties
of the Positive Affect and Negative Affect Schedule (PANAS; Watson, Clark, &
Tellegen, 1988), one of the most recurring affectivity measures in international
research, in a Chilean college sample, aiming at confirming the findings reported
on the original validation study. After a backward translation of the instrument
from English-to-Spanish, a pilot study was conducted which results oriented the
elaboration of the final version of the PANAS, applied to a college sample of different careers (n = 437). The results yielded appropriate internal consistency and
test-retest reliability of the PANAS, in agreement with the previous evidence. This
allows concluding that the PANAS is in line with the psychometric requirements
established for its application in the validation context.
Key Words: Positive Affect, Negative Affect, Psychometry, Adaptation, Validation.
Introducción
Las escalas Positive Affect and
Negative Affect Schedule (PANAS)
fueron desarrolladas en Estados Unidos con el propósito de medir las dimensiones afecto positivo y negativo,
que comúnmente se han encontrado en
estudios de la afectividad y expresión
facial de emociones (Watson, Clark
& Tellegen, 1988). El afecto positivo
(AP) representa “la medida en que un
individuo se siente entusiasta, activo y
alerta”, mientras que el afecto negativo
(AN) “se caracteriza por la tristeza y la
falta de ánimo” (Watson et al., 1988,
p. 1063). Asimismo, se ha establecido
que el AP anticipa experiencias gratificantes para el individuo, mientras
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que el AN conlleva a la anticipación
de experiencias desagradables (Sánchez Aragon, Retana Franco, Carrasco
Chávez, 2008) y el AP predice un buen
afrontamiento de conflictos así como
estados de ánimo agradables, despertando la creatividad y la motivación
afiliativa de los individuos (Schmidt,
2008). En los últimos años ha quedado
de manifiesto que el PANAS es la medida de afectividad que más se utiliza
en los estudios de las dimensiones del
afecto y el ánimo (Schmukle, Egloff &
Burns, 2002).
Desde su creación, el PANAS ha
sido extensamente utilizado en la invesigación de la afectividad y su psi-
159
cofisiología, particularmente en la
medición de activación emocional, estrategias de afrontamiento y reactividad
cardiaca ante episodios emocionales
(ver por ejemplo Herrald & Tomaka,
2002; Smith, Smith & Ottenbacher,
2005). Diversos estudios han demostrado que el AN se relaciona con el estrés
físico y psicológico, falta de estrategias
de afrontamiento, problemas de salud y frecuencia de eventos negativos
(Karlsson & Archer, 2007; Watson &
Clark, 1984). En el contexto clínico, el
PANAS ha mostrado ser efectivo en la
discriminación de cuadros depresivos y
ansiosos, siendo el AP un buen predictor de ansiedad, en tanto que AP y AN
predicen significativamente la depresión (Dyck, Jolly, & Krammer, 1994).
Crawford & Henry (2004) han mostrado, no obstante lo anterior, que el AP es
un mejor predictor de la varianza única
asociada a depresión que el AN.
Un aspecto que ha recibido especial interés en relación a la estructura
del PANAS es el tipo de relación que
debiesen presentar ambas subescalas,
AP y AN. De acuerdo con la definición
teórica de las dimensiones del PANAS
(Watson et al., 1988) AP y AN no estarían interrelacionados (serían ortogonales), tal y como queda demostrado
en el estudio original de validación.
Sin embargo, reportes posteriores han
cuestionado este supuesto de independencia, estableciéndose una interdependencia al menos moderada entre las
escalas AP y AN (Crawford, & Henry,
2004), lo cual ha llevado a plantear
que ambos polos de la afectividad sí
podrían tener algún grado de relación
y que la independencia atribuida sólo
es con fines de parsimonia (Russell &
Caroll, 1999).
Las propiedades psicométricas del
PANAS han sido estudiadas para diferentes instrucciones de tiempo (Momento presente, Hoy, Últimos días,
Semana pasada, Últimas semanas, Último año y En general). Para todos los
periodos evaluados se observan altas
estimaciones de consistencia interna
que varían de a = .84 a .90 y la estabilidad temporal para cada tiempo evaluado ha sido establecida para un lapso
de ocho semanas, encontrándose confiabilidades test-retest de moderadas a
altas (entre r = .39 y r = .71) (Watson
et al., 1988). Respecto de la validez de
la escala, la correlación entre las escalas de AN y AP ha sido estimada en r =
-.12 a -.23, lo cual es un buen indicador
de validez discriminante. La validez
factorial del PANAS ha mostrado la
existencia de una estructura bifactorial definida, con cargas adecuadas de
los diferentes ítems en su respectiva
dimensión (Watson et al., 1988). Las
estimaciones de validez concurrente
y divergente del instrumento también
han sido documentadas en una serie de
estudios que se detallan en Watson et
al. (1988), relacionando con una alta
magnitud y en la dirección esperada el
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160
PANAS con otras medidas de AP-AN,
tales como cambios de humor, medidas
de depresión y ansiedad.
La validación intercultural del PANAS ha sido un tema puesto de relieve
en la literatura, en tanto la versión original contiene descriptores de la afectividad que pueden resultar ambiguos
en el inglés internacional (Thompson,
2007). Este punto merece especial
atención, considerando que el estudio
de la afectividad puede estar sujeto a
variación por características culturales
específicas de los contextos estudiados,
lo cual obliga a evaluar continuamente la versión del instrumento tomando
en cuenta aspectos referidos no sólo a
afectividad sino también a lenguaje. En
este sentido, es posible destacar algunos estudios que han estimado las propiedades psicométricas del PANAS de
Watson et al. (1988) en español. Sandin
et al., (1999), mostraron con una muestra de más de 700 estudiantes universitarios españoles la validez del modelo
bifactorial del AP y AN, así como su
adecuación a la cultura hispana (a = .87
a .91). En un segundo estudio llevado a
cabo en México (Robles & Páez, 2003)
se observó que las propiedades psicométricas del cuestionario fueron muy
similares a su versión original en inglés (a = .85 a .90 escala AP y .81 a .85
escala AN) obteniéndose nuevamente
fuerte evidencia de su adecuación a
muestras latinas. Una versión más extensa del cuestionario (PANAS-X) fue
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evaluada con personas de tercera edad
en España, estableciendo la efectividad del instrumento para diferenciar la
afectividad de sujetos normales y depresivos en población adulta y tercera
edad (Alcalá, Camacho y Giner, 2007).
Finalmente, en la población adolescente colombiana se han reportado valores
de α = .68 para la escala AP y .78 para
la escala AN, y el análisis factorial ha
mostrado que los adjetivos positivos se
agrupan en dos grupos, al igual que los
adjetivos negativos, lo cual confirma
que el PANAS discrimina bien entre
AP y AN (Gómez & Yepes, 2007).
Si bien no todos los estudios de validación del PANAS han contemplado
diferencias por sexo en las escalas AP
y AN, existe una evidencia creciente
de que AP y AN pueden expresarse de
manera diferenciada en hombres y mujeres. En efecto, tanto Gómez (2007)
como Crawford & Henry (2004) han
observado en adolescentes y adultos
que los hombres presentan medias superiores en AP en relación a las mujeres, y que ellas puntúan de manera
significativamente más alta en AN que
los hombres. Por su parte, Alcalá et al.
(2007) no encontraron diferencias por
sexo en las cuatro subescalas del PANAS-X; sin embargo, al realizar una
evaluación por ítems en las escalas AP
y AN, obtuvieron diferencias significativas en diferentes adjetivos de ambas
escalas para los dos periodos de tiempo evaluados (“a lo largo de la vida”
161
y “últimas semanas”). Estos resultados
son concordantes con la evidencia de
que los hombres presentan sentimientos positivos más frecuentemente que
las mujeres, en tanto que las mujeres
presentan con mayor frecuencia que
los hombres sentimientos negativos,
no obstante esta última diferencia es
menos robusta cuando se controlan
variables sociodemográficas (Simon &
Nath, 2004).
En la presente investigación se
adaptó el PANAS originalmente desarrollado por Watson et al. (1988) a una
muestra de estudiantes universitarios
chilenos y se estimaron sus propiedades psicométricas. En la medida que
los resultados estén en línea con los estudios previos de validación, se espera
contribuir a la obtención de una medida
de relevancia para el estudio de la afectividad en el contexto de adaptación,
así como avalar la representatividad de
la validación del instrumento en muestras hispano-parlantes.
Método
Participantes
Inicialmente se evaluó una muestra
piloto conformada por 104 estudiantes
de psicología de una universidad chilena (edad M = 9,7; DE = 2,14; 29,7%
hombres). La muestra definitiva quedó
constituida por 437 estudiantes de diferentes carreras universitarias (psicolo-
gía, periodismo, publicidad, ingeniería
comercial y contabilidad) cuya media
de edad fue de 20,04 años (DE = 2,6)
y de los cuales el 46% fueron hombres.
Todos los sujetos accedieron a participar de manera voluntaria y anónima en
el estudio.
Procedimiento
El equipo de investigación tradujo de manera directa e inversa el instrumento del inglés al español y del
español al inglés, determinando así la
adecuación de la traducción al español
con la versión original. De este modo
se generó una versión inicial en tiempo
general y presente, la cual fue aplicada
a la muestra piloto de manera separada por periodo evaluado (n = 52 para
tiempo general y para tiempo presente, respectivamente) al comienzo de
una hora de clases. Los participantes
tuvieron la instancia de comentar por
escrito dudas y comentarios referidos
a la comprensión de las instrucciones
e ítems, los cuales fueron considerados
conjuntamente con el análisis psicométrico inicial de la versión piloto, en
vistas a introducir modificaciones y generar la versión definitiva del PANAS.
La aplicación de la versión final estuvo
a cargo de los profesores de cátedra,
quienes leyeron instrucciones estandarizadas de administración del instrumento. Cada participante respondió un
paquete de seis cuestionarios, el cual
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162
incluyó la escala PANAS en tiempo
general (n = 208) o presente (n = 210),
otros dos cuestionarios bajo estudio
y tres de cinco escalas de afectividad
adicionales previamente adaptadas a
Chile, contempladas para el análisis de
validez. Los datos obtenidos se codificaron y analizaron en SPSS 18.0.
Instrumentos
PANAS. El instrumento consta de
dos escalas (AP y AN) conformadas por
10 ítems cada una, los cuales describen
adjetivos asociados a sentimientos y emociones habituales. El formato de respuesta
es tipo Likert, con opción de respuesta de
1 (muy levemente o nada en absoluto) a
5 (extremadamente). La puntuación total
alcanzada se obtiene sumando los valores de respuesta asignados a cada ítem de
una y otra escala, respectivamente. En el
presente estudio se evaluó el PANAS para
dos periodos de tiempo: general y presente (Ver Anexo 1).
Inventario de Ansiedad-Rasgo (STAIR). Es una medida de la propensión a la
ansiedad y corresponde a una tendencia
general y estable de las personas a percibir los estímulos como amenazantes. Está
conformada por 20 ítems, con respuestas
de 0 -casi nunca- a 3 -casi siempre-. VeraVillarroel, Celis-Atenas, Cordova-Rubio,
Buela-Casal & Spielberger (2007) realizaron la validación chilena del inventario,
con adolescentes y adultos.
Escala de Agresividad de Buss –
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Perry. Evalúa la agresividad de las
personas en términos generales con 29
ítems que se puntúan de 1 -nada característico de mi- a 5 -muy característico
de mi-. Está compuesta por cuatro subescalas: agresividad física (AF), agresividad verbal (AV), ira (I) y hostilidad
(H). La versión chilena fue adaptada en
2005 por Figueroa Rey, Ramírez Troncoso y Santis Doyhamboure.
Escala de Evitación y Ansiedad Social (Social Avoidance and
Distress Scale, SAD). Fue creada para
evaluar la ansiedad que surge en las relaciones interpersonales y la evitación
de situaciones sociales. Consiste en un
test de autorreporte que consta de 28
ítems, respondidos mediante verdadero
o falso. En Chile, la estandarización fue
realizada por Pérez y Sepúlveda (1991).
Escala Behavioral Inhibition System Behavioral Activation System
(BIS BAS). Mide la actividad del sistema de activación conductual, mediante
la escala BAS, y el sistema de inhibición conductual, mediante la escala
BIS la cual, a su vez, está compuesta
de tres subescalas: Reward-Responsiveness (RR), Fun Seeking (FunS) y
Drive (D). La escala total se compone
de 24 ítems cuyo formato de respuesta
es de tipo Likert (1 = muy en desacuerdo; 4 = muy de acuerdo). El BIS BAS
fue adaptado a Chile por Castro, Huenchullán y Jofré (2003).
Escala de Autoestima de Rosenberg
(EAR). Consta de 10 ítems para esti-
163
mar el grado de valoración global del
individuo en torno a su eficacia con
respecto a otros (autoevaluación) y su
autoaceptación. En Chile fue adaptado
por Fernández, Celis-Atenas y VeraVillarroel (2006)
Cuestionario de Sensibilidad al
Castigo y Sensibilidad a la Recompensa (SCSR). Está conformado por 48
ítems (de respuesta si/no) y establece
diferencias individuales en la sensibilidad de los sistemas de inhibición
y activación conductual mediante las
escalas SC y SR, respectivamente. La
validación chilena fue recientemente realizada por Dufey, Fernández &
Mourgues (2011).
Resultados
Estudio piloto.
Como se puede apreciar en la Tabla 1, la confiabilidad del PANAS fue
alta y apropiada para ambos periodos
de tiempo, no obstante el periodo presente mostró una confiabilidad algo
menor en la escala AN. Sin encontrarse
diferencias significativas en las medias
observadas por sexo.
-----------------------------------------Insertar Tabla 1 aquí
------------------------------------------
Estudio definitivo.
Confiabilidad. La estabilidad temporal del PANAS general y presente
resultó ser elevada y significativa, según se puede apreciar en la Tabla 2. La
magnitud de la correlación test – retest
fue mayor para el tiempo general, en
tanto que el tiempo presente mostró
valores inferiores, no obstante fueron
significativos.
-----------------------------------------Insertar Tabla 2 aquí
-----------------------------------------La Tabla 3 muestra los resultados
descriptivos principales del PANAS
general y presente, así como la consistencia interna medida a través del Alfa
de Cronbach, separada por sexo. Se
puede apreciar que en AP general los
hombres obtuvieron una media significativamente superior a la de las mujeres, no observándose diferencias estadísticas en las otras escalas. Asimismo,
se puede ver que las medias del tiempo
general tanto para hombres como mujeres fueron superiores a las medias
del tiempo presente, lo cual concuerda con la literatura previa (Watson, et
al., 1988). Los índices de consistencia
interna fueron adecuados en todas las
escalas acorde a sexo y tiempo evaluado. La Tabla 4 muestra los resultados
de la aplicación definitiva de ambas
ventanas de tiempo estudiadas, sin haRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
164
cer distinción por sexo, para hacerlos
comparables con el reporte original de
validación (Watson et al., 1988).
-----------------------------------------Insertar Tabla 3 aquí
---------------------------------------------------------------------------------Insertar Tabla 4 aquí
-----------------------------------------
Correlaciones entre las escalas AP
y AN. La correlación entre las escalas
AP y AN fue de r = -,11 para tiempo
general y de r = ,01 para tiempo presente, sin alcanzar significancia estadística
en ambos casos. Esto implica que las
escalas comparten menos del 1% de su
varianza, lo cual es consistente con la
propuesta de independencia entre AP y
AN y refuerza la validez discriminante
del PANAS.
Análisis Factorial. El análisis factorial del PANAS se llevó a cabo mediante el método de análisis de componentes principales con rotación Varimax
de manera separada por sexo, debido
a las diferencias significativas que se
obtuvieron en las medias de la escala
AP para tiempo general entre hombres y mujeres, En el PANAS general
se observaron dos factores principales, los cuales explicaron el 24,12%
y el 17,51% (hombres) y el 27,79%
y el 14,83% (mujeres) de la varianza,
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respectivamente. Asimismo, en el PANAS presente se observó luego de la
extracción dos factores que explicaron
el 31,61% y el 25,34% (hombres) y el
30,58% y el 23,19% (mujeres) de la varianza, respectivamente.
La Tabla 5 presenta las cargas factoriales de los diferentes ítems, acorde
a sexo. Se puede apreciar que ambos
factores agruparon de manera clara y
diferenciada los ítems correspondientes a una y otra escala, con valores absolutos que tendieron a ser elevados.
Sólo el ítem 12 (“alerta”) apareció especialmente problemático en el grupo
de mujeres en el PANAS general y el
ítem 20 (“temeroso”) cargó de manera
baja para este mismo grupo en ambos
tiempos de la escala.
-----------------------------------------Insertar Tabla 5 aquí
-----------------------------------------Correlaciones con otras medidas
de afectividad. La Tabla 6 muestra los
principales estadísticos descriptivos y
la confiabilidad de las medidas de afectividad utilizadas para la validación
del PANAS, observándose niveles de
confiabilidad apropiados en cada una
de ellas.
-----------------------------------------Insertar Tabla 6 aquí
------------------------------------------
165
En concordancia con los constructos teóricos subyacentes a las diferentes medidas afectivas utilizadas, se
esperó encontrar relaciones positivas
y significativas entre AP y EAR, SR
y BAS (RR, FunS y D), así como una
relación negativa y significativa con
STAI-R, SAD y agresividad (AF, AV,
I y H). Por otra parte, se hipotetizó que
AN correlacionaría positiva y significativamente con STAI-R, SAD, agresividad (AF, AV, I y H) y, negativamente, con EAR. La Tabla 7 muestra los
resultados de las correlaciones entre
las diferentes escalas. En general, las
predicciones se cumplieron en los sentidos esperados, no obstante existieron
ciertas diferencias en cuanto al periodo
evaluado y sexo. AN tendió a cumplir
en mayor medida las hipótesis planteadas, en tanto que en AP se observaron
mayores diferencias por sexo y tiempo.
AP resultó correlacionar positiva y significativamente con EAR y, con RR,
sólo en mujeres. Correlaciones negativas y significativas se observaron entre
AP y H para tiempo general, STAI-R
(excepto en tiempo presente para mujeres) y con SC. Por su parte, AN correlacionó positiva y significativamente con
STAI-R, SAD (exceptuando en tiempo
presente para mujeres), H, I, AF (salvo
para mujeres en tiempo general), SC
(excepto en mujeres para tiempo presente), SR (a excepción de las mujeres
para tiempo general), y, negativamente
con EAR.
-----------------------------------------Insertar Tabla 7 aquí
-----------------------------------------
Discusión
El análisis de los resultados anteriormente expuestos permite concluir
que las escalas PANAS muestran propiedades psicométricas concordantes
con la literatura previa. En este sentido, los hallazgos discutidos son consistentes en términos de confiabilidad y
validez del instrumento con el reporte
original de validación (Watson et al.,
1988), lo cual indica que el instrumento se adecua para su utilización en el
contexto presente de estudio.
En relación a los tiempos evaluados, se observó que el PANAS general
mostró valores superiores en el test-retest que el PANAS presente. Esta tendencia ha sido previamente explicada
en términos de que los sujetos implícitamente tienden a “acumular” la cantidad de afecto que reportan cuando se
les pregunta por ventanas temporales
mayores (p. ej., tiempo general), con
lo cual aumenta la probabilidad de que
las personas experimenten un monto
determinado de afecto (Watson et al.,
1988). Esto verifica que el PANAS
general puede ser utilizado como una
medida afectiva de rasgo. Por otra parte, AP y AN muestran correlaciones bajas y sin significancia estadística tanto
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
166
para tiempo general como presente, lo
cual reafirma la idea de que las escalas
son ortogonales en la evaluación de la
afectividad.
Las diferencias observadas entre
hombres y mujeres en la escala AP para
tiempo general, indican que los hombres
sienten una mayor cantidad de afecto
positivo reflejando entusiasmo, actividad y alerta, lo cual aparece como un
rasgo general y estable. Este resultado
es concordante con la evidencia previa
que ha mostrado mayores niveles de AP
en hombres que en mujeres (Crawford
& Henry, 2004; Fullana, Caseras, & Torrubia, 2003; Gómez, 2007; Simon &
Nath, 2004). Por otra parte, la similitud
en AN entre ambos sexos concuerda con
los estudios que no han detectado diferencias entre hombres y mujeres en dicha escala (Alcalá et al., 2006; Robles y
Páez, 2003; Sandin et al., 1999; Watson
et al., 1988); no obstante, estos estudios
tampoco han observado diferencias por
sexo en AP, exceptuando el reporte de
Fullana et al. (2003) cuyos hallazgos
fueron similares a los del presente estudio. Considerados conjuntamente, estos
resultados indicarían que las diferencias
por sexo no constituyen un resultado robusto y esperable de encontrar a través
de los diferentes estudios y que podría
depender de características específicas
del grupo evaluado. Es por ello que se
sugiere una mayor profundización en
las diferencias por sexo en AP y AN en
futuras investigaciones.
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El análisis factorial mostró una
agrupación de ítems en dos factores, de
manera coherente con la estructura teórica del PANAS. Sin embargo, hubo dos
ítems que presentaron problemas de carga en su respectivo factor en el grupo de
mujeres. Esto indicaría que “alerta” no
aparece consistentemente como un rasgo
estable de AP en el grupo de mujeres, en
tanto que “temeroso” no resulta ser ni un
rasgo estable, ni un descriptor actual de
AN para este grupo. Es probable por tanto que la identificación que las mujeres
realizan con estos adjetivos, en particular
en el caso de “temeroso”, no obedezca
necesariamente a la estructura hipotética
de la afectividad propuesta por Watson
et al. (1988), o bien este resultado pueda estar sesgado por las características
muestrales y no ser representativo de la
población femenina en general. En cualquier caso, un futuro estudio podría determinar la consistencia de este resultado
y establecer su dependencia de factores
teóricos o metodológicos.
La validez externa del PANAS muestra una relación teórica concordante entre
los constructos AP y AN y otras medidas
afectivas, destacando particularmente
las convergencias entre AP y autoestima (EAR), lo cual implicaría que en la
medida que las personas experimentan
mayores grados de entusiasmo, alerta
y participación placentera, su autoimagen y autovaloración se ven, asimismo,
potenciadas. Por otra parte, destacan las
convergencias entre AN y ansiedad – ras-
167
go (STAI-R), responsividad de sistema
de inhibición conductual (SC) y ansiedad
social, indicando que los sujetos que tienden a manifestar estados de ánimos del
espectro aversivo (rabia, disgusto, culpa
y miedo, entre otros) son más propensos
a percibir los estímulos ambientales de
manera amenazante, con evitación de
situaciones sociales, siendo sensibles a
señales altamente novedosas, de castigo
o frustrantes.
Una posible limitación de este estudio podría radicar en los periodos de
tiempo evaluados, por incluirse el momento general y presente solamente. Sin
embargo, esto es justificable por dos razones básicas: a) esto abrió la posibilidad
de evaluar cada periodo en muestras independientes dado el menor n requerido
para ello (a diferencia de investigaciones
anteriores que evalúan dos o más tiempos del PANAS en el mismo grupo de
sujetos), lo cual permite potenciar la adecuación metodológica de la aplicación
del instrumento, al evitar posibles efectos
de arrastre entre el primer y los sucesivos
momentos de evaluación; y b) porque los
periodos escogidos son aplicables a un
mayor número de estudios en el dominio de la afectividad básica, a diferencia
de investigaciones clínicas que pudiesen
requerir otras ventanas de tiempo (p. ej.,
Última semana o Últimos meses).
Finalmente, cabe señalar una posible ventaja al incluir en la muestra
a sujetos pertenecientes a diferentes
carreras universitarias, lo cual permite
hasta cierto punto potenciar la generabilidad de los resultados de validación
aquí observados. No obstante lo anterior, la inclusión de grupos más representativos de la población general es
un propósito deseable e, idealmente,
el establecer valores normativos de la
población chilena, por lo cual se espera
que el presente estudio sea un primer
paso que aliente futuras investigaciones en este campo.
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170
ANEXO 1
Escala PANAS adaptada a Chile
Esta escala consiste en un número de palabras que describen diferentes sentimientos y emociones. Lea cada ítem y luego marque la respuesta adecuada en el
espacio próximo a cada palabra, en base a lo que usted siente en estos momentos
(es decir, en el momento presente)*. Utilice la siguiente escala para registrar sus
respuestas.
* En la versión general se debe sustituir “en estos momentos” y “en el momento presente” por “generalmente” y “en
promedio”
1 - muy levemente o nada
2 - un poco
3 - moderadamente
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4 - Bastante
5 - extremadamente
interesado
irritable
molesto
alerta
entusiasmado
avergonzado
enojado
inspirado
fuerte
nervioso
culpable
decidido
asustado
atento
hostil
intranquilo
optimista
activo
orgulloso
temeroso
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172
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173
ARTÍCULO
PP: X-X
Questionário de Valores Pessoais Readaptado:
processo de desenvolvimento e contributos iniciais
para a validação
Personal Values Questionnaire Readapted: development
process and initial contributions to the validation
Ana Prioste1, Isabel Narciso2 y Miguel Gonçalves3
RESUMo
Este trabalho apresenta o processo de desenvolvimento e os estudos iniciais
de validação do Questionário de Valores Pessoais Readaptado (QVPR), um instrumento de avaliação da importância dos valores, enquanto princípios guia da
vida, desenvolvido através do Questionário de Valores Pessoais (Schwartz, 1992;
tradução e adaptação: Menezes & Campos, 1991). Participaram no estudo 630 indivíduos (15-73 anos), respondendo ao QVPR e a um questionário de dados sociodemográficos. Da análise factorial exploratória, realizada com 67 itens, resultou
uma estrutura de oito factores – Relacional, Tradicionalismo, Aventura, Poder Social, Equilíbrio Pessoal, Realização Pessoal, Preocupação Social, Espiritualidade
–, com níveis bastante adequados de consistência interna, e 63 itens. A análise das
diferenças entre sexos, nas dimensões dos valores, evidencia que, para as mulheres, os valores inerentes às dimensões Relacional, Espiritualidade e Equilíbrio
1 Estudante do Programa de Doutoramento Inter-Universitário em Psicologia Clínica, Psicologia da Família e Intervenções Familiares na Faculdade de Psicologia, Universidade de Lisboa, e na Faculdade de Psicologia e de Ciências
da Educação, Universidade de Coimbra, Portugal. E-mail: [email protected]
2 PhD, Professora Auxiliar, Faculdade de Psicologia, Universidade de Lisboa.
3 PhD, Professor Catedrático, Escola de Psicologia, Universidade do Minho.
Este trabalho foi apoiado pela Bolsa de Doutoramento (SFRH / BD / 62182 / 2009) da primeira autora, financiada pela
Fundação para a Ciência e a Tecnologia, Portugal.
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174
Pessoal são mais centrais enquanto princípios guia da sua vida, o que corrobora,
parcialmente, resultados de outros estudos. No estudo transversal, as diferenças
intergrupos observadas, nas dimensões Tradicionalismo, Aventura, Espiritualidade e Realização Pessoal, sugerem a concordância da importância da maioria das
dimensões, ao longo do ciclo de vida, e a divergência nas significações, de acordo com as diferentes tarefas desenvolvimentais inerentes a cada grupo etário. O
QVPR pode constituir-se como um instrumento de avaliação das motivações para
o comportamento individual e para o sentido da vida, permitindo caracterizar e
diferenciar pessoas e grupos.
Palavras-chave: Valores; Estudo inicial de validação; Questionário de Valores
Pessoais Readaptado.
Abstract
This paper presents the development process and validation initial studies of
the Personal Values Questionnaire Readaptated (QVPR), an instrument for assessing the importance of values as guiding principles in life, developed through
Personal Values Questionnaire (Schwartz, 1992; translational and adaptation: Menezes & Campos, 1991). The study involved 630 subjects (15-73 years), answered
the QVPR and a questionnaire about socio-demographic information. Exploratory
factor analysis, conducted with 67 items, resulted in a structure of eight factors –
Relational, Traditionalism, Adventure, Social Power, Personal Balance, Personal
Achievement, Social Concern, Spirituality –with very adequate levels of internal
consistency, and 63 items. The analysis of sex differences in the values dimensions
demonstrates that, for women, the values inherent in the dimensions Relation,
Spirituality and and Personal Balance are more central while guiding principles
of their lives, which supports, in part, results from other studies. In cross-sectional
study, the differences observed between groups suggests agreement of most dimensions, throughout the life cycle, and the deviation significance of the dimensions, according to the different developmental tasks inherent in each age group.
The QVPR can establish itself as an instrument of evaluation of the motivations
for individual behavior and the meaning of life, allowing to characterize and differentiate people and groups.
Key-Words: Values; Validation initial study; Personal Values Questionnaire Readapted.
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175
Introdução
Os valores, enquanto um conjunto
de princípios através dos quais se fundamenta as decisões e o sentido da vida,
constituíram objecto de reflexão, conceptualização e estudo, por autores de várias
áreas (e.g., Alberoni, 2000; Lipovetski,
2002; Rokeach, 1976, 1979; Schwartz &
Bilsky, 1990). De acordo com Schwartz
e Bilsky (1990), os valores podem ser
conceptualizados como “(a) conceitos ou
crenças (b) acerca de comportamentos
ou estados desejados (c) que transcendem situações especificas, (d) guiam,
seleccionam ou avaliam o comportamento e os acontecimentos e (e) estão ordenados de acordo com a sua importância
relativa” (p. 878). O estudo dos valores
apresenta alguns desafios, nomeadamente, (a) a impossibilidade de serem observados, a confusão frequente com outros
fenómenos sociais e psicológicos e o
facto de o seu conteúdo variar historica
e culturalmente, (b) a falta de clareza das
teorias actuais na explicação de como
os valores modelam o comportamento
e (c) as dificuldades na mensuração dos
valores (Hitlin & Piliavin, 2004). Têm
sido desenvolvidos vários estudos que
desafiam satisfatoriamente estes obstáculos (Hitlin & Piliavin, 2004) e foram
desenvolvidos alguns instrumentos universais para medir a importância dos valores enquanto princípios orientadores da
vida (e.g., Rokeach Value Survey, RVS,
Rokeach, 1973; Questionário de Valores
Pessoais, QVP, Schwartz, 1992; tradução
e adaptação: Menezes & Campos, 1991).
Este estudo centra-se no processo de
desenvolvimento de um instrumento de
valores, sensível ao zeitgeist e aos imperativos e identidade da sociedade portuguesa actual, com base na readaptação da
versão portuguesa do QVP.
Os instrumentos universais existentes que mensuram os valores, por serem
nomotéticos, não permitem o foco em
valores culturais específicos, idiossincráticos, que podem ter uma saliência ou
importância distinta em determinadas
culturas. Para além das pessoas viverem num mundo orientado por valores
macrossistémicos, elas próprias criam
valores, no seu microssistema, de acordo com a sua perspectiva pessoal, contribuindo com os seus valores próprios
para o mundo (Brofenbrenner, 1986;
Hermans & Oles, 1993). Neste sentido, os valores, para além de criarem e
preservarem um sentido de identidade
pessoal, dando coerência e continuidade aos padrões comportamentais (Caprana, Schwartz, Capanna, Vecchione,
Barbaranelli, 2006), contribuem para o
desenvolvimento das relações que os indivíduos estabelecem ao longo da vida,
sendo também desenvolvidos através
destas (Bengtson, Biblarz, & Roberts,
2002). Apesar de serem relativamente
estáveis temporal e situacionalmente
(Bilsky & Schwartz, 1994), podem soRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
176
frer alterações, consoante as mudanças
nos sistemas em interacção com o indivíduo e as valorações que evocam. Assim,
a importância que o indivíduo atribui a
cada valor é reflexo e reflector da significação das suas experiências, da sua personalidade, do contexto e da cultura em
que se insere (Hermans & Oles, 1993;
Prince-Gibson & Schwartz, 1998).
De acordo com a literatura consultada, parece-nos possível delinear três
linhas de investigação sobre valores: (1)
referente a modelos e a teorias dos valores humanos básicos universais e ao teste da sua validade; (2) alusiva à correlação entre os valores e outras variáveis
individuais e familiares; e (3) centrada
na transmissão e no conflito intergeracional de valores, frequentemente com
foco na família. Pela sua pertinência
para o presente estudo, a primeira linha
identificada será a mais explorada neste
trabalho. Modelos e teorias dos valores
humanos básicos universais.
A pesquisa científica na área dos
valores foi impulsionada pelos trabalhos de Allport e Vernon (1931), com
o desenvolvimento de um instrumento
para medir as hierarquias individuais
em relação a seis tipos de valores (económicos, políticos, estéticos, sociais,
religiosos e teóricos) inferidos dos tipos de valores finais4, postulados por
4 De acordo com Rokeach (1976) e Menezes e Campos
(1991), valores finais podem ser conceptualizados como
crenças ou concepções relativas a objectivos ou estados
finais desejáveis (e.g., felicidade).
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Spranger (1924, cit. por Hermans &
Oles, 1993). Um estudo mais recente
de Hermans e Oles (1993) investigou
o significado dos valores de Spranger
(1924), em termos das valorações5,
com o intuito de perceber a conjugação prática dos valores ideais nas
vidas individuais. Apesar de os valores
humanos serem, frequentemente, concebidos enquanto estruturas estáveis e
coerentes que guiam a acção e formam
uma base cultural comunitária, os resultados do estudo de Hermans e Oles
(1993) sugerem a) uma perspectiva
mais complexa dos valores humanos,
na qual as pessoas são agentes activas,
capazes de interpretar, partilhar e alterar a sua própria realidade, pelo que,
para além de internalizarem valores,
atribuem-lhes um significado próprio,
sendo que, para cada tipo de valor, surgem diferentes valorações e diferentes
modalidades afectivas. Os valores de
Spranger (1924) diferem quanto à sua
potencialidade para evocar valorações
pessoais: os valores sociais e religiosos
- relativos à filosofia de vida, à identi5 De acordo com Hermans (1987), as valorações são
construções subjectivas sobre o mundo, desenvolvidas através de um processo activo de construção de
significação e ao seu produto – significado -, no qual
se joga uma conjugação dinâmica do Eu (I), centro
de organização e interpretação experiencial e o Mim
(Me), resultado do processo interpretativo. A Teoria da
Valoração (Hermans, 1991) considera que todas valorações têm inerente uma componente afectiva (positiva,
negativa ou ambivalente), determinada pela procura de
auto-realização (motivos S) e/ou contacto interpessoal
(motivos O).
177
dade própria e aos papéis pessoais nas
relações interpessoais - são poderosos
na evocação de significados pessoais; e
a importância dos valores económicos
e políticos cinge-se a um nível social,
não sendo centrais para o quotidiano
pessoal (Hermans & Oles, 1993).
Surgiram outros contributos importantes na área para a medição empírica
de valores, como o instrumento universal RVS (Rokeach, 1973). Rokeach (1976) enquadrou os valores numa
teoria de organização, mudança e conflito nos sistemas de valores-atitudescomportamentos, realçando a importância do conceito no processo. O autor
propõe que, tendo componentes motivacionais, afectivas, cognitivas e comportamentais, os valores são dinâmicos e determinantes das atitudes e dos
comportamentos, logo, permitem-nos
uma visão explicativa mais abrangente,
analítica e económica na descrição das
semelhanças e diferenças entre pessoas,
grupos e culturas (Rokeach, 1976). No
RVS, a tarefa do participante consiste na
ordenação dos valores de duas listas –
instrumentais6 e finais -, conforme a sua
importância enquanto guia na sua vida
(Bilsky, 2009). O estudo de Figueiredo
(1985), um dos pioneiros nesta temática
em Portugal, utilizou a RVS com uma
6 Valores instrumentais podem ser definidos como
crenças ou conceitos sobre formas comportamentais
instrumentais desejáveis para atingir objectivos ou estados finais pretendidos (e.g., ser honesto, ser responsável) (Menezes e Campos, 1991; Rokeach, 1976).
amostra de estudantes universitários
portugueses e respectivos pais. Os resultados mostram a) uma concordância
hierárquica de quatro valores entre pais
e filhos (Dignidade, Flexibilidade, Prazer e Reconhecimento social) e b) que os
filhos atribuem maior importância a valores pessoais e relacionais, por estarem
mais orientados para a auto-afirmação
e autonomia, enquanto tarefas de vida,
estando os pais mais orientados para a
moralidade, pelo que valorizam mais
princípios sociais (Figueiredo, 1985).
Figueiredo (1985) sugere que a tendência de evolução dos valores obedece a
um critério marcadamente individualista, no sentido da auto-realização, em
detrimento de um critério social.
A influência de Schwartz e Bilsky
na área foi marcada pela construção e
validação empírica de um modelo universal dos valores humanos (TVBH),
testado em mais de setenta países (Bilsky, 2009). Para os autores, os valores,
em termos do seu conteúdo e função,
representam respostas cognitivas, individuais e sociais a três exigências e tarefas universais: (1) as necessidades das
pessoas, enquanto organismos biológicos; (2) as exigências da interacção social coordenada e (3) os requisitos para
o bem-estar e a sobrevivência colectiva
(Bilsky, 2009). Dada a possibilidade de
identificação de um número elevado
e diferenciado de valores, houve um
agrupamento destes em dez categorias,
reconhecidas em diferentes culturas e
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178
diferenciadas pelos tipos de interesse e
conteúdo motivacional que têm subjacentes: Poder, Realização, Hedonismo,
Estimulação, Auto-determinação, Universalismo, Benevolência, Tradição,
Conformidade e Segurança (Menezes
& Campos, 1991; Schwartz & Bilsky,
1990). Na TVHB, os dez domínios motivacionais encontram-se representados
numa estrutura circular devido à sua organização num continuum motivacional
dinâmico circular (para uma explicação
mais aprofundada vide Schwartz & Bilsky, 1990) e, entre os domínios, existem
relações de compatibilidade e de incompatibilidade, atendendo à semelhança
ou diferença entre os objectivos motivacionais (Bilsky, 2009). Os valores estão
também organizados em duas dimensões bipolares: (1) Auto-transcendência
(Universalismo, Benevolência) vs. Auto-promoção (Poder, Realização), que
reflectem o conflito entre o bem-estar
e a aceitação dos outros como iguais e
a procura do sucesso individual ou do
domínio sobre os outros; (2) Abertura
à mudança (Auto-determinação, Estimulação) vs. Conservadorismo (Segurança, Conformidade, Tradição),
referentes ao conflito entre o desejo de
autonomia intelectual, a liberdade e a
mudança vs. obediência, a preservação
das práticas tradicionais e a protecção
da estabilidade. O Hedonismo está,
simultaneamente, relacionado com a
Abertura à mudança e a Auto-promoção
(Schwartz & Rubel, 2005).
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
A insuficiência da RSV na sub-representação de valores (Bilsky, 2009),
na não integração de valores de culturas não ocidentais e na impossibilidade
de cotação de cada item numa escala e
de identificação de valores negativos opostos aos princípios orientadores da
sua vida - (Menezes & Campos, 1991),
levou Schwartz (1992) a construir o
Questionário de Valores Pessoais (QVP)
com base no RVS. O QVP contém 56
itens, distribuídos por uma lista de valores finais e uma de valores instrumentais, e tem sido utilizado em várias investigações internacionais desde 1990,
nas quais se têm confirmado os pressupostos teóricos de Schwartz. Uma das
desvantagens do QVP é referente ao
nível de abstracção requerido ao participante para a análise dos itens, pelo
que não deve ser aplicado em amostras
muito heterogéneas (Bilsky, 2009). De
relevar, as semelhanças entre os tipos
básicos ideais de Spranger (1925) e os
tipos de valores de Schwartz (1992): os
valores políticos têm características comuns com o domínio motivacional Poder; os valores sociais correspondem,
em conteúdo, aos domínios motivacionais Benevolência e Universalismo de
Schwartz; os valores económicos evidenciam elementos comuns com Realização e com Poder; os valores teóricos
assemelham-se ao domínio Auto-determinação, os religiosos ao domínio motivacional Tradição e os valores estéticos
ao Universalismo (Bilsky, 2009).
179
O QVP foi integrado no European
Social Survey (Davidov, Schmidt, &
Schwartz, 2008) e os resultados revelam, maioritariamente, uma concordância intercultural da estrutura dos valores.
No primeiro estudo realizado em
Portugal com o QVP, por Menezes e colaboradores (1989), com uma amostra
de 163 estudantes universitários portugueses, a estrutura psicológica dos valores humanos proposta por Schwartz
não é corroborada. Através de uma Análise Factorial, neste estudo, só foram
encontradas seis dimensões - Maturidade, Social, Relacional, Hedonismo,
Sucesso, Conformista e Manutenção da
Tradição. Mais tarde, com uma amostra
mais alargada e com recurso a análises
multidimensionais, os resultados do estudo transversal de Menezes e Campos
(1991) revelaram uma estrutura semelhante à postulada por Schwartz (1990),
tendo emergido os dez domínios motivacionais, apesar de alguns se apresentarem aglutinados. Menezes e Campos
(1991) propõem a existência de um processo de desenvolvimento dos valores
humanos, profundamente influenciado
pelas tarefas do ciclo de vida com as
quais os indivíduos se confrontam nos
diferentes momentos de existência.
Correlação entre os valores e
variáveis individuais
Têm sido desenvolvidos vários estudos que relacionam os valores e a
sua estrutura psicológica com outras
variáveis, nomeadamente, diferenças
entre sexos (Schwartz & Rubel, 2005),
idade (Hitlin & Piliavin, 2004), escolhas políticas (Caprana, et al., 2006),
preocupações (Schwartz, Sagiv, &
Boehnke, 2000), confiança interpessoal, activismo político, atitudes perante a imigração (Schwartz, 2007)
e níveis de confiança em instituições
e religiosidade (Devos, Spini, &
Schwartz, 2002). Alguns estudos têm
evidenciado também a associação entre valores e variáveis da personalidade
(Bilsky & Schwartz, 1994; Caprana et
al, 2006). Bilsky e Schwartz (1994) sugerem a existência de (a) uma relação
co-variante entre valores e traços de
personalidade, quando os seus efeitos
recíprocos aumentam a importância
dos valores e acentuam uma tendência
dos traços da personalidade (e.g., ciclo
de feedback positivo: valores de autorealização promovem padrões comportamentais congruentes – traços de
personalidade assertivos – que, por sua
vez, reforçam os valores de realização
que promovem padrões comportamentais congruentes – assertividade); e de
(b) uma relação compensatória entre
valores e traços, quando o efeito recíproco trabalha em direcções opostas,
i.e., os traços de personalidade funcionam como resposta às necessidades
em défice e os valores associados aos
traços são aqueles que têm subjacentes
objectivos compensatórios do défice.
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
180
Os resultados do estudo de Bilsky e
Schwartz (1994) apontam para a existência de relações co-variantes entre a
orientação social e o domínio motivacional Auto-transcendência e entre a
agressividade e franqueza e o domínio
motivacional Auto-promoção e de relações compensatórias entre as características impulsivas, inibitórias, de
tensão, somatização e de preocupação
com a saúde e domínio motivacional
Conservadorismo.
No que concerne ao estudo das
diferenças de sexos na valorização
dos domínios motivacionais, os estudos que utilizaram exclusivamente
amostras portuguesas mostram que
as mulheres atribuem maior relevo às
dimensões Maturidade, Social e Relacional (Menezes, et al., 1989). Um estudo transcultural de Schwartz e Rubel
(2005), no qual está também incluída
uma amostra portuguesa, mostra que
os homens valorizam mais os domínios
motivacionais Poder, Estimulação,
Hedonismo, Realização e Auto-direccionamento e as mulheres dão mais
importância aos tipos Benevolência,
Universalismo e Segurança, enquanto
princípios orientadores da sua vida. Os
autores interpretaram estas diferenças
com base (a) numa perspectiva evolucionista, que considera a influência de
diferentes contornos de adaptação, i.e.,
homens e mulheres terão sido submetidos a pressões evolutivas distintas, que
levam ao desenvolvimento de mecanisRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
mos cognitivos e afectivos divergentes
e, neste sentido, os valores, enquanto
guias das atitudes e comportamentos,
podem corresponder a estes mecanismos; (b) na Teoria dos Papéis Sociais,
considerando que as experiências
proporcionadas por papéis laborais,
familiares e sociais, influenciam, directamente, o comportamento, a identidade e os valores básicos (Schwartz &
Rubel, 2005).
Transmissão e conflito
intergeracional de valores
Tendo por base a abordagem sistémica, o desenvolvimento humano influencia e é influenciado por uma multiplicidade de agentes socializadores
– família, grupos de pares, media e instituições – dinamicamente conectados,
que se englobam, de um nível micro a
um macro, constituindo um todo (Brofenbrenner, 1986) e que influem na coconstrução e interiorização de valores
e competências sociais, havendo, concomitantemente, transmissão e transformação intergeracional de valores
(Bengtson, et al. 2002). Têm sido estudados vários factores enquanto influentes na transmissão de valores entre pais
e filhos – e.g., género (Bengtson et al.,
2002), práticas parentais, comportamento dos pais enquanto modelo (Hoff,
Laursen, & Tardif, 2002). Outros estudos mostram que a influência materna
no desenvolvimento dos valores é mais
181
forte do que a paterna para ambos os
filhos, independemente do sexo (Balancho, 2004), o que poderá estar relacionado com graus distintos de envolvimento parental com os filhos (Parke,
2002). Vários autores têm identificado,
enquanto variáveis mediadoras da eficácia da transmissão de valores parentais aos filhos, a qualidade da relação
entre pais e filhos (Grusec, Goodnow,
& Kuczynski, 2000), a comunicação,
mais especificamente, a explicação
dos comportamentos dos pais (Spera,
2005) e o estilo autoritativo (Grusec
et al., 2000; Pinquart & Silbereisen,
2004). Os resultados do estudo de Pinquart e Silbereisen (2004) sugerem que
a transmissão de valores entre pais e
filhos é evidente em relação a valores
hedonistas, valores colectivos e papel
sexual.
Método
Participantes
A amostra deste estudo corresponde a um recorte da amostra de um estudo mais alargado sobre Transmissão
Intergeracional Familiar de Valores e
Padrões Relacionais. A amostra é constituída por um total de 630 indivíduos
(N=630). Como critério de exclusão foi
estabelecido um limite mínimo no que
respeita à idade (15 anos), pelo grau de
abstracção requerido na interpretação
de itens. A amostra é constituída por
33.7% indivíduos do sexo masculino e
66.3% do sexo feminino. A idade média dos participantes é de 30.38, com
um desvio-padrão de 4.80, sendo o
mínimo de idade 15 anos e o máximo
73 anos. Cerca de 84.3 % dos participantes da amostra vivem em famílias
nucleares intactas, 9.6% pertencem a
famílias monoparentais e 6% a famílias reconstituídas. Quanto ao nível de
escolaridade, 27.6% dos participantes
têm, pelo menos, dez anos de ensino.
A grande maioria dos participantes
(73.1%) reside na Grande Lisboa e
18.6% na zona Centro.
Instrumentos
Questionário de Valores Pessoais
Readaptado (QVPR, versão original
Schwartz, 1987; Adaptação e tradução
para a população portuguesa: Menezes & Campos, 1989; Readaptação:
Prioste, Narciso, & Gonçalves, 2010).
Os participantes completaram os 67
itens, correspondentes a valores finais,
do QVPR. O QVPR é um questionário de auto-relato, baseado no QVP
(Schwartz, 1990; tradução e adaptação: Menezes & Campos, 1991); a
tarefa do participante consiste em avaliar quão importante é, para si, cada
valor enquanto princípio orientador
da sua vida, utilizando, para o efeito,
uma escala de (0) “Nada importante”
a (6) “De importância fundamental”.
Em cada item, é apresentado um valor
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
182
e uma definição, para diminuir a carga
de subjectividade semântica na interpretação do item.
Questionário sócio-demográfico.
Questões que permitem obter dados
sócio-demográfico (sexo, idade) psicossociais (pessoas com quem habita,
existência e número de filhos e de irmãos e estado civil e escolaridade dos
pais) e pessoais (escolaridade, religiosidade, existência de acompanhamentos psicológico e/ou psiquiátrico anterior ou actual e de doenças físicas).
Procedimento de desenvolvimento
do instrumento
Antes da readaptação do instrumento, foram realizadas oito entrevistas de Focus Group - a quatro grupos de adolescentes dos 15 aos 19 anos
e a quatro grupos de pais com filhos
adolescentes -, a partir das quais foi
feito um estudo qualitativo preliminar
em termos dos valores emergentes, no
sentido de avaliar a adequação e suficiência dos itens existentes no QVP
(Schwartz, 1990; tradução e adaptação:
Menezes & Campos, 1991). Dado que
emergiram valores que não constavam
nas listas de valores finais e instrumentais do QVP, acrescentaram-se os itens:
Família; Trabalho; Evolução; Ócio;
Vida; Beleza Física; Positividade; Verdade; Generosidade; Educação; Esperança. As explicações que procedem os
itens foram baseadas nas existentes do
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
QVP, tendo-se optado pelo uso de uma
linguagem mais impessoal e substantiva, em vez de adjectiva (e.g., Positividade - perspectiva positiva face a si,
aos outros e aos acontecimentos).
A lista de valores instrumentais
do QVP (Schwartz, 1987; Tradução e
adaptação: Menezes & Campos, 1991)
foi reconceptualizada, no QVPR,
numa lista única de valores finais. De
acordo com as limitações conceptuais
apontadas por Menezes e colaboradores (1989) e com as propriedades
dos sistemas circularidade, equifinalidade, totalidade e multifinalidade
(von Bertallanfy, 1934, cit. por Jones,
1999), se diferentes modos de comportamento (e.g., ser ambicioso, ser
influente) poderão originar os mesmos
estados finais desejáveis (e.g., poder
social) – propriedade da equifinalidade -, comportamentos semelhantes
(e.g., ser aberto) poderão determinar
estados finais desejáveis díspares (e.g.,
liberdade, igualdade, reconhecimento
social) - propriedade da multifinalidade. Pelo facto de a distinção entre
valores finais e instrumentais não dever ser artificial e linear, é inviável
uma conceptualização fechada e dicotómica. Por um lado, se há fluidez
e inter-influência mútua na construção
da hierarquia de valores individuais,
uma identificação estática de valores
de meio e de fim é enviesada (propriedade da circularidade). Por outro
lado, a idiossincrasia individual leva à
183
construção de diferentes hierarquias de
valores - sensíveis à fase do ciclo de
vida e a outras variáveis contextuais
-, nas quais, possivelmente, os valores
adquirem significações diversas e amplas, não encaixando em meios e fins
ou em modos comportamentais para
atingir determinados estados desejáveis (propriedade da totalidade).
O QVPR foi administrado a um
grupo-piloto de 25 pessoas, com o
qual se discutiu a adequação vocabular e a compreensão dos itens e, da
qual resultou a alteração da explicação
de alguns itens. O QVPR foi também
analisado por dois especialistas na
área da Psicologia Social e da Psicologia da Família. Deu-se, então, início
à recolha da amostra, através de um
processo de amostragem não probabilístico, designado de amostragem
de conveniência, por bola-de-neve.
Foram feitas aplicações individuais
e colectivas do QVPR, em vários estabelecimentos de ensino secundário
e superior. Os participantes colaboraram voluntariamente, mediante a
explicação dos objectivos do estudo,
tendo sido garantida a confidencialidade e o anonimato dos dados.
Resultados
O tratamento estatístico dos dados
foi executado com recurso ao software Statistical Package for Social
Sciences (SPSS) 17.0 for Windows.
A estrutura relacional dos 67 itens do
QVPR foi avaliada pela Análise Factorial Exploratória (AFE), sobre uma
matriz de correlações, com extracção
dos factores pelo método de Componentes Principais, seguida de uma
rotação ortogonal (Varimax), por esta
permitir uma boa abordagem geral,
maximizando a dispersão dos factores e simplificando a sua interpretação
(Field, 2009). A opção tomada pelo
uso da AFE em vez do Escalonamento Multidimensional, técnica utilizada para análise de dados nos estudos
de Schwartz sobre valores, pode ser
fundamentada por várias razões. De
acordo com Maroco (2007), o Escalonamento Multidimensional é comparável a outras técnicas exploratórias
multivariadas, como a AFE e a Análise
de Clusters. A AFE permite definir um
conjunto de factores/dimensões comuns de valores que representam, estrategicamente, a informação contida
num conjunto maior, e que explicam o
mais possível a variação da avaliação
dos participantes sobre os valores. Por
outro lado, o Escalonamento Multidimensional define, através de um mapa
espacial, um conjunto de dimensões,
a partir da percepção de semelhança e
dissemelhança dos participantes sobre
os valores. Estando este estudo mais
centrado na exploração da estrutura do
QVPR, através da dedução dos factores latentes do conjunto de 67 valores,
optou-se pela técnica da AFE.
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
184
Análise factorial exploratória
Fidelidade
A medida de Kaiser-Meyer-Olkin
(KMO) mostra a adequação da amostra para a análise, KMO =.91, (valor
excelente de acordo com Field, 2009)
e todos os valores KMO para os itens
individuais são superiores a .775, estando acima do valor de aceitação de .5
(Field, 2009). O teste de esfericidade de
Bartlett [χ2 (2211) = 14078.56, p<.001]
indica que as correlações entre os itens
são suficientemente elevadas para a análise em Componentes Principais.
A análise inicial foi feita para obter eigenvalues para cada componente
dos dados; 15 componentes apresentavam eigenvalues acima do critério de
Kaiser de 1 e a sua combinação explica
57.20% da variância. Contudo, a ambiguidade do scree-plot, com dois pontos
de inflexão, indicava que deveríamos
reter entre quatro ou oito factores. Optámos por seguir a última opção, repetindo a análise factorial em componentes principais, com rotação Varimax,
mas com a indicação de extracção de
oito factores. O Quadro 1 apresenta a
saturação de cada factor (valores superiores a .30) com base nos coeficientes
de correlação após rotação.
O conjunto dos oito factores explica 45% da variância. Os itens 15 e
19 foram eliminados por apresentarem
saturação inferior a .30 e o item 7 foi
retirado por saturar igualmente nos
Factores IV e V.
Excepto o Factor VIII - cujo alfa
de Cronbach é de .63 -, o estudo da
consistência interna revelou valores
adequados, de .73 (Factor VII) a .86
(Factor I), como apresenta o Quadro
1. O estudo da consistência interna fez
alterar a constituição do Factor IV, pela
exclusão do item invertido 48, por diminuir o valor do alfa.
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
Versão final do instrumento QVPR
A versão final apresenta um total de
63 itens, distribuídos pelos oito factores. Os factores que emergiram da AFE
não correspondem aos domínios motivacionais considerados por Schwartz e
Bilsky (1990), todavia, são revestidos
de coerência teórica e conceptual. A
conceptualização dos factores baseouse na definição dos dez domínios motivacionais da Teoria dos Valores Humanos Básicos (Schwartz & Bilsky,
1990).
Ao Factor I, que engloba doze itens
- que expressam a valorização, o respeito e a preocupação com o bem-estar
dos outros -, foi atribuída a designação
de Relacional. O Factor II, nomeado
de Tradicionalismo, é composto por
doze itens que remetem para o controlo
de impulsos e a adesão aos costumes
e ideologias, no sentido da conformidade com os padrões sócio-culturais
vigentes. O Factor III, Aventura, inte-
185
Quadro 1. Resumo dos resultados da análise factorial exploratória
(coeficientes de correlação) dos itens do QVPR (N=630), com saturação
superior a .30, matriz de correlações entre factores e valores de alfa de
Cronbach. Nota. A negrito estão os valores de saturação dos itens que, na
versão final, pertencem a cada factor.
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186
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
187
gra seis itens que expressam a procura
de novos desafios, excitação e prazer.
O Factor IV, constituído por oito itens
referentes à necessidade de domínio
sobre os outros ou sobre recursos, foi
conceptualizado por Poder Social. O
Factor V, Equilíbrio Pessoal, integra
nove itens - concernentes à harmonia
pessoal e à necessidade de independência de O Factor VI, Realização Pessoal, representa a obtenção do êxito
pessoal e do reconhecimento social,
através de seis itens (Schwartz, 1992).
O Factor VII, conceptualizado por PreRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
188
ocupação Social, contem cinco itens,
e expressa preocupações ecológicas e
pró-sociais (Schwartz, 1992). Por último, o Factor VIII, Espiritualidade,
reúne quatro itens ligados à transcendência (Schwartz, 1992).
As oito dimensões foram organizadas em dois domínios, tendo em conta
o foco dos valores englobados nas dimensões, num continuum relacional:
foco no Eu sem os Outros, foco no Eu e
os Outros e foco no Eu com os Outros.
Assim, o domínio Hedonista engloba
as dimensões Aventura, Poder Social,
Realização Pessoal e Equilíbrio Pessoal, que remetem para valores maioritarimente singulares, focados no Eu
sem os Outros e no Eu e os Outros. O
domínio Colectivo reúne as dimensões
Relacional, Tradicionalismo, Preocupação Social e Espiritualidade, que
integram valores maioritariamente focados no Eu com os Outros e no Eu e os
Outros. O estudo da consistência interna dos dois domínios revelou valores
bastante adequados, o alfa do domínio
Colectivo é de .882 e o do domínio Hedonista é de .896.
Estatística descritiva do QVPR
e diferenças entre sexos e entre
grupos etários
A significância das diferenças entre
as médias das oito dimensões dos valores entre participantes do sexo feminino vs. do sexo masculino foi avaliada
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
com o teste t-Student para amostras
independentes. As médias e desviospadrão das pontuações dos oito factores para ambos os sexos encontram-se
no Quadro 2, bem como os resultados
do teste t de diferenças de médias entre
participantes do sexo feminino e masculino.
Para as participantes do sexo feminino, os valores inerentes às dimensões
Relacional, do Equilíbrio Pessoal e da
Espiritualidade são mais centrais enquanto princípios orientadores da sua
vida, em relação aos participantes do
sexo masculino.
Para o estudo das diferenças entre
grupos etários, a amostra global foi dividida em quatro grupos, segundo um
critério etário: o Grupo Adolescentes
integra participantes com idades compreendidas entre os 15 e os 19 anos;
o Grupo Jovens Adultos engloba participantes entre os 20 e os 30 anos; o
Grupo Adultos reúne participantes com
idades entre os 31 e os 49 anos; e o Grupo Adultos Séniores agrupa os participantes com idades iguais ou superiores
a 50 anos. As médias e desvios-padrão
das pontuações dos oito factores para
os quatro grupos etários encontram-se
no Quadro 3.
Foi utilizado o teste de KruskalWallis para comparar as médias das oito
dimensões nos quatro etários Grupos
formados, já que os dados violam os
pressupostos para utilizar o teste ANOVA one-way. Como as médias das di-
189
Quadro 2. Estatística descritiva do QVPR, de acordo com o sexo, e
diferenças entre sexos
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
Quadro 3. Estatística descritiva do QVPR nos quatro grupos etários
190
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
191
mensões Tradicionalismo (H(3)=30.05,
p < .05), Aventura (H(3)=68.82, p <
.05), Realização Pessoal (H(3)=28.70,
p < .05) e Espiritualidade (H(3)=9.67,
p < .05) são significativamente influenciadas pelo grupo etário, foi utilizado o Teste de Mann-Whitney para
analisar estas relações. Foi aplicada a
correcção de Bonferroni, tal como sugere Field (2009), pelo que todos os
resultados são reportados a um nível de
significância de .0083. Os resultados
mostram que a dimensão Tradicionalismo é significativamente superior no
Grupo Adolescentes em relação aos
Grupos Jovens Adultos (U=14689.50,
r= -.26) e Adultos (U=10415.00, r=.17); a dimensão Aventura é significativamente superior no Grupo Adolescentes em relação aos Grupos Adultos
(U=9623.00, r=-.23) e Adultos Séniores (U=2293.00, r=-.45); a dimensão
Aventura é significativamente superior
no Grupo Jovens Adultos em relação
aos Grupos Adultos (U=11310.00, r=
-.22) e Adultos Séniores (U=2756.50,
r= -.42); a dimensão Realização Pessoal é significativamente superior no
Grupo Adolescentes em relação aos
Grupos Adultos (U= 10623.00, r=-.19)
e Adultos Seniores (U= 4145.50, r=.26); a dimensão Realização Pessoal é
significativamente superior no Grupo
Jovens Adultos em relação aos Grupos
Adultos (U= 12973.50, r= -.15) e Adultos Seniores (U= 4950.00, r= -.24); a
dimensão Espiritualidade é significa-
tivamente superior no Grupo Adultos
Seniores em relação aos Grupos Adolescentes (U= 4765.50, r= -.18), Jovens
Adultos (U= 56454.50, r= -.16) e Adultos (U= 3502.00, r= -.19).
O teste de Jonckheere revela uma
tendência significativa nos dados:
quanto maior a idade do Grupo etário, menores as médias das dimensões
Tradicionalismo (J=59729.50; z=2.63; r=-.11), Aventura (J=49918.00;
z=-6.94; r=-.21) e Realização Pessoal
(J=57228.00; z=-5.01; r=-.20).
Discussão
O objectivo deste estudo centrouse no desenvolvimento do QVPR e na
apresentação dos estudos de validação.
A análise factorial exploratória, com
utilização do método Componentes
Principais, com 67 itens, resultou numa
versão final constituída por oito factores, organizados em dois domínios. O
QVPR, com 63 itens, revelou ser uma
medida consistente das várias dimensões de valores, que pretende avaliar.
Os níveis de consistência interna apresentados pela maioria dos factores, avaliados pelo alfa de Cronbach, revelaram-se bastante adequados. O valor de
alfa mais baixo apresentado pelo factor
VIII (Espiritualidade), poderá ser explicado número reduzido de itens que o
compõem e pelas diferenças marcadas
entre os conceitos que agrupa – Espiritualidade, Religiosidade, Esperança
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
192
e Perdão. Aos itens Espiritualidade
e Religiosidade estão subjacentes um
conjunto de crenças transcendentes que
apelam para a vivência de um estado
desejável, de uma dimensão interior,
sobrenatural, não materializável, com
raízes profundas na tradição religiosa
portuguesa. Os itens Perdão e Esperança, apesar de estarem, também, circunscritos a uma esfera transcendente
e de tradição religiosa, por serem princípios amplamente veiculados no Cristianismo, parecem salientar mais a manifestação uma estratégia adaptativa de
resiliência, focada no desenvolvimento
de uma força interior, no optimismo e
na positivização da imprevisibilidade
do futuro, constituindo recursos para
lidar construtivamente com situações
adversas.
Foram exploradas as diferenças
entre sexos e entre grupos etários na
valorização das dimensões dos valores.
As diferenças de sexo, observadas nas
dimensões Relacional, Espiritualidade e Equilíbrio Pessoal, mostram que
para as mulheres, os valores inerentes
a estas dimensões são mais centrais enquanto princípios guia da sua vida, o
que corrobora, parcialmente, os resultados de estudos anteriores já referidos
(Schwartz & Rubel, 2005; Menezes, et
al., 1989; Menezes & Campos, 1991).
Por um lado, as mulheres desenvolveram mais mecanismos adaptativos
relacionais, baseados em valores relacionais, espirituais e de equilíbrio
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
pessoal por serem mais estimuladas
para a relação com os outros desde o
nascimento (Matlin, 1993), por terem
um papel privilegiado na maternidade e no envolvimento com os filhos e,
pelo facto, da ligação com o outro ser,
também, um princípio da religião/espiritualidade (Oliveira, 2000). Por outro
lado, a entrada em força das mulheres
no mundo do trabalho e a vivência de
experiências propiciadas pela acumulação dos papéis laborais, familiares e
sociais, reflecte-se nos valores das mulheres (Schwartz & Rubel, 2005), com
a ausência de diferenças de sexo na valorização das dimensões de Realização
Pessoal e Poder. Estas diferenças também poderão ser perspectivadas em termos dos motivos básicos subjacentes à
experiência humana, identificados por
Hermans (1991): as mulheres poderão
orientar a sua vida e construção de narrativas pessoais por motivos O2 (motivos centrados na união e no amor com
outros, por oposição a motivos centrados na auto-valorização), procurando o
contacto com os outros, o que se repercutirá na importância da relação com o
outro.
De realçar que as diferenças reveladas pelos grupos etários são reduzidas,
o que sugere a concordância da importância da maioria das dimensões, ao
longo do ciclo de vida. Todavia, as disparidades podem ser interpretadas por
diferenças nas significações das várias
dimensões e nos motivos dominantes
193
na procura de bem-estar, de acordo com
as diferentes tarefas desenvolvimentais
inerentes a cada grupo etário (Menezes
& Campos, 1991). O facto da dimensão
Tradicionalismo ser mais valorizada no
grupo de Adolescentes, em comparação
com os de Jovens Adultos e Adultos
pode ter subjacente um processo de influência social, familiar e parental para
a conformidade comportamental e a
adopção de modelos, valores e crenças
(Hall, 1981) tradicionais, no sentido da
manutenção da cultura social e familiar. Contudo, se assim for, a existência
de um tempo livre de definição e estruturação, socialmente concedido, para a
experienciação de vários papéis e valores - moratória psicossocial (Alarcão,
2006) – poderá, eventualmente, ser
menos evidente. Por outro lado, poderá haver uma relação de compensação
(Bilsky & Schwartz, 1994) entre a dimensão Tradicionalismo e a resolução
da crise identitária; neste sentido, a
valorização dos princípios tradicionais são uma resposta compensatória
à necessidade de individuação, de um
sentido de identidade e unicidade genuíno e diferenciado dos outros – que
integre as transformações pessoais, as
exigências sociais e as expectativas em
relação ao futuro - e do reconhecimento desse todo interno único pelos outros
(Sprinthall & Collins, 2003). Podemos,
também, perspectivar a importância do
tradicionalismo na vivência ambígua
do equilíbrio da individuação com a
vinculação, que poderá remeter para a
conformidade familiar e social (Menezes & Campos, 1991).
As diferenças verificadas nas dimensões Aventura e Realização Pessoal entre os grupos Adolescente e Jovem Adulto e os restantes corroboram
os resultados de outros estudos (e.g.,
Schwartz & Bardi, 2001), apontando
para a prioridade da gratificação e liberdade pessoal. Estes resultados poderão
evidenciar que, nos grupos Adolescentes e Jovem Adultos, os motivos S (de
auto-realização, com foco no próprio)2
sobrepõem-se aos motivos O (Hermans, 1991), pelo que as dimensões
Aventura e Realização Pessoal evocam
mais valorações positivas e são mais
centrais enquanto princípios estruturadores e interpretativos da experiência
do Eu. As mudanças físicas, sociais e
cognitivas permitem aos adolescentes
o desenvolvimento de um caminho
centrífugo em relação à família (Relvas, 1996), no qual há uma subordinação da procura de autonomia e de um
todo identitário consistente (enquanto
tarefas desenvolvimentais) à realização pessoal. Para os adolescentes, a
orientação da vida por valores como o
prazer, a audácia e a curiosidade tem
subjacente o teste dos seus próprios limites - apoiado no egocentrismo metafísico e na fábula pessoal, i.e., crença
na inimputabilidade das consequências
dos seus comportamentos (Lourenço,
2002; Sprinthall & Collins, 2003). A
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194
cultura hedonista, focada no bem-estar
e na realização pessoal, amplamente
difundida pelos media (Lipovetsky,
2010), também promove e reforça os
valores centrados na gratificação individual no aqui e no agora. Os comportamentos dos adolescentes orientados
para a auto-realização assumem, também, uma importância central nesta
fase, que a diferencia das outras, pelo
peso que as tomadas de decisão escolares, referentes ao ensino secundário e
superior, têm no delinear do seu projecto futuro e pela importância que é
atribuída ao sucesso escolar e à competência, nos sistemas familiar e social. O
estudo de Johnson (2002) mostrou que
os valores dos adolescentes se tornam
mais realistas à medida que os anos
vão passando e que as suas aspirações
se tornam mais limitadas com a entrada
no mundo adulto.
Para o grupo Jovens Adultos, as
diferenças nas dimensões apuradas
expressam a vivência de uma etapa
do desenvolvimento altamente desafiada, pela pluralidade de trajectórias
possíveis – continuação dos estudos,
entrada no mundo de trabalho, saída
de casa, casamento, parentalidade, etc.
(Gonçalves & Barros, 2008; Relvas,
2000). Num período de autonomização,
independência familiar e económica,
preparação e desenvolvimento de uma
carreira profissional e de assumpção de
novos papéis relacionais, sociais e laborais, a realização profissional reperRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
cutir-se-á em valores que promovam a
realização de desejos pessoais. O sucesso deste desafio implicará, também,
uma gestão inteligente entre os papéis
laborais e de recreação, no sentido de
potenciar o bem-estar através de uma
multiplicidade de experiências.
Por último, as diferenças inter-grupos na dimensão Espiritualidade estão
em consonância com outros estudos
que referem que a religião e a espiritualidade tendem a aumentar com a idade
(Oliveira, 2000).
O QVPR pode constituir-se como
um instrumento de avaliação das motivações para o comportamento e para o
sentido da vida, permitindo caracterizar
e diferenciar pessoas e grupos. Em conjunto com outros instrumentos, poderse-ão identificar constelações de valores
associados ao bem-estar individual e familiar. Sendo um contributo inicial para
o processo de validação do QVPR, o
presente estudo apresenta limitações que
restringem a sua validade: a selecção da
amostra não foi aleatória e, pelo facto de
não ser representativa, os resultados têm
um carácter marcadamente exploratório.
Outras limitações prendem-se com o
facto de não terem sido estudadas a validade convergente, divergente, a validade cruzada e a estabilidade temporal do
instrumento (teste-reteste). Seria interessante conduzir um estudo longitudinal,
que discriminasse os efeitos da idade
e da geração (Hitlin & Piliavin, 2004;
Menezes & Campos, 1991) e que ex-
195
plorasse as valorações associadas a cada
dimensão dos valores, reproduzindo o
estudo de Hermans e Oles (1993). Os estudos futuros com o QVPR deverão ser
desenvolvidos de forma a superar estas
limitações e a mostrar correlações entre
os valores e índices de ajustamento individual e familiar.
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198
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199
O teste de Conhecimento das Emoções para crianças
de idade pré-escolar
The Affect Knowledge Test for preschool children
Paula Maló Machado1, Manuela Veríssimo2 y Susanne Denham3
Agradecimentos
Os autores gostariam de agradecer a todas as crianças que participaram neste
estudo. Uma palavra de agradecimento a todos os colegas da linha 1: Psicologia do
Desenvolvimento, UIPCDE-IU pelos seus comentários valiosos. Este trabalho foi
em parte financiado pela FCT (I & D UNIT Nº 332/94, SFRH/BD//30888/2006).
Resumo
O presente estudo teve como principal objectivo aplicar o Affect Knowledge
Test (Denham, 1986) a uma amostra de crianças Portuguesas. Os participantes
foram 160 crianças, com idades compreendidas entre os 3 e os 5 anos, sendo 68
do género feminino e 92 do género masculino. O instrumento identifica quatro
emoções básicas: alegria, tristeza, raiva e medo, e mede as competências de: 1)
nomear, 2) reconhecer, 3) conhecer as causas das emoções, 4) descentração afectiva. Procedeu-se à análise factorial confirmatória da estrutura teórica original dos
factores de Denham (1986), tendo-se obtido índices de bom ajustamento para o
modelo da sua estrutura hierárquica multidimensional, com utilização do método
de estimação (Unweighted Least Squares, ULS), Mínimos Quadrados não Ponderados. Os valores de consistência interna obtidos para os quatro factores permitem
considerar as diversas dimensões do teste fiáveis. Os resultados sugerem que o
1 Doutoranda,UIPCDE-ISPA-IU. Contacto: Paula Maló Machado, UIPCDE, Instituto Superior Psicologia Aplicada,
Rua Jardim do Tabaco, 34, 1149 - 041 Lisboa, Portugal. [email protected]
2 Professora Associada, UIPCDE-ISPA-IU
3 Professor, George Mason University, USA
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200
desenvolvimento do conhecimento das emoções se adquire em grande parte ao
longo do da idade pré-escolar.
Palavras-chave: Competências emocionais, Conhecimento das Emoções; Desenvolvimento sócio-emocional
Abstract
The main goal of the study was to test the Affect Knowledge Test (Denham,
1986) in a group of Portuguese preschool children. 160 children, ages between
3 and 5 years participated. The instrument includes four basic emotions related
tasks and aims to assess: 1) children’s abilities to label emotions through emotional facial expressions, 2) to recognize emotional facial expressions through verbal labels, 3) to infer causes of emotions in emotion-eliciting typical situations;
3) to take others affective perspective in emotion-eliciting atypical situations.
Confirmatory factorial analyses (CFA) were performed based on the theoretical
factors defined by Denham (1986). Using the Unweighted Least Squares (ULS)
method, data fit results were obtained through the multidimensional model structure, showing to be indicative of a good adjustment. Internal consistency values
from the four dimensions were found reliable. Results suggest that the emotion
knowledge development is mainly acquired during preschool years.
Key words: Emotional competence; emotion knowledge; social-emotional development
Introdução
As emoções informam os seres
humanos sobre a relação consigo próprio e com o ambiente social (Aragón,
Franco, & Chávez, 2008). A aprendizagem de competências emocionais, permite ao indivíduo sair de situações evocativas de emoções com o sentimento
de ter atingido os seus objectivos, conduzindo o seu comportamento através
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de uma disposição moral que orienta a
sua experiência de acordo com o que
lhe faz sentido e com a sua própria integridade (Saarni, 1999, 2000).
A competência emocional envolve
um conjunto de capacidades subjacentes às emoções, nomeadamente a
sua expressão, regulação socialmente
adequada e conhecimento das emoções
201
(Denham, 2007; Halberstadt, Denham,
& Dunsmore, 2001). É considerada
como central na capacidade da criança
interagir, estabelecer relações positivas
e auto-regular-se, gerindo o afecto na
iniciação, manutenção e envolvimento
positivo com os pares (Denham, 1998;
Denham, Blair, Schmidt, & DeMulder,
2002b; Denham & Burton, 2003; Denham, 2007), o que implica um delicado
equilíbrio na expressividade, interpretação e regulação emocional (Denham,
2007; Halberstadt et al., 2001). Os seus
efeitos, também, têm impacto na consolidação de sentimentos de auto-eficácia e de auto-estima, bem como, na
demonstração de resiliência face a circunstâncias de stress (Saarni, 1999), e
é crucial ao longo de toda a vida, tanto
na saúde mental, como no sucesso académico e social (Denham, 1998, 2007).
Na idade pré-escolar as crianças
expressam diversas emoções, inferem
estados emocionais em si e nos outros
e falam fluentemente sobre os mesmos.
Já são capazes de regular e modelar a
intensidade emocional adequando-a aos
seus objectivos (Denham et al., 2002b).
As diferentes componentes da competência emocional ajudam no sucesso das
interacções sociais, sustentando capacidades tais como o ouvir, o cooperar, o
pedir ajuda, o entrar num pequeno grupo
ou abordar um par e o negociar conflitos.
Interacções bem sucedidas com pares
prevêem a saúde mental e bem-estar ao
longo do ciclo vital (Denham, 2007).
Conhecimento emocional
A compreensão ou conhecimento
das emoções inclui as capacidades de:
1) identificar e nomear emoções em expressões faciais, 2) descrever circunstâncias e causas da activação emocional em si e nos outros (Colwell & Hart,
2006; Denham, 1986; Denham, Zoller,
& Couchoud, 1994; Denham, 1998,
Denham, Blair, DeMulder, Levitas,
Sawyer, Auerbach-Major, & Queenan,
2003; Denham, 2007), 3) descentração
afectiva (Borke, 1971; Colwell & Hart,
2006; Denham, 1986; Denham et al.,
1994; Denham, 1998, Denham et al.,
2003), e 4) ligar a experiência emocional às expressões e à comunicação
emocional (Gordon, 1989; Saarni,
1999).
Reconhecimento das Expressões
Faciais
Parece ser consensual que o reconhecimento das emoções a partir das
expressões faciais tem o seu início antes dos 2 anos e se encontra totalmente
adquirido no final da idade pré-escolar
(Denham, 1998; Gosselin, 2005; Izard,
1971; Widen & Russell, 2003). A primeira discriminação é entre alegria
e não alegria que inclui as emoções
negativas (Borke, 1971; Denham &
Couchoud, 1990; Gosselin, 2005; Russell & Widen, 2002; Smiley & Huttenlocher, 1989; Widen & Russell,
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202
2003). A partir dos 3 anos, as crianças
começam a discriminar entre alegria e
raiva, sendo que a esta ultima inclui a
raiva e a tristeza. A partir dos 4 anos,
são discriminadas as emoções de alegria, raiva (negativa de elevado nível
de activação) e de tristeza (negativa de
baixo nível de activação), sugerindo-se
que a raiva inclui a raiva e o nojo, e a
tristeza inclui a tristeza e o medo. Por
volta dos 5 anos, são discriminadas a
surpresa, o medo e o nojo (Gosselin,
2005; Russell & Widen, 2002; Widen
& Russell, 2003).
As crianças cometem erros com
padrões específicos o que leva a inferir
sobre esta sequência de discriminação
das emoções (Denham & Couchoud,
1990; Russell & Widen, 2002; Widen
& Russell, 2003), concluindo-se sobre uma maior possibilidade de confusão entre tristeza e medo, e tristeza
e raiva (Borke, 1971, 1973; Denham &
Couchoud, 1990; De Sonnville, Verschoor, Njiokitjien, Veld, Toorenaar, &
Vranken, 2002) em que esta última, na
idade pré-escolar, representa um dos
erros mais típicos que tende a diminuir
com a idade (Bullock & Russell, 1986;
Denham & Couchoud, 1990). Com 4
anos, as crianças demonstraram mais
dificuldades em distinguir entre tristeza
e raiva, raiva e medo e, surpresa, medo
e alegria, mas quando as expressões
faciais são apresentadas em contexto,
acompanhadas de descrições de acontecimentos que levariam o protagonista
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a sentir a emoção, as crianças de 4 anos
escolhem a face correcta em todas as
emoções (alegria, tristeza, raiva, medo,
nojo e surpresa) (Smiley & Huttenlocher, 1989).
Nomeação das Emoções com base
nas Expressões Faciais
Nomear aumenta a atenção da
criança sobre o objecto de nomeação,
ajuda a construir categorias e a organizar a informação pelas categorias
de pertença e não tanto pelas suas relações temáticas (Russell & Widen,
2002). A avaliação das competências
de nomeação de emoções em métodos
de escolha livre demonstra que esta capacidade é questionável em crianças de
2 anos (Widen & Russell, 2003), dado
que a maioria destas crianças erra sistematicamente (Gosselin, 2005), embora
algumas já consigam associar rótulos
verbais a configurações faciais (Denham, 1998).
O desenvolvimento da aquisição
desta capacidade parece seguir a mesma sequência temporal da capacidade
de discriminação e de reconhecimento
das emoções em expressões faciais,
mas a um ritmo mais lento (Gosselin,
2005; Lewis & Michalson, 1983). As
crianças inicialmente usam um único
rótulo verbal – contente ou feliz – para
se referir à valência positiva de prazer
(Gosselin, 2005; Russell & Widen,
2002; Widen & Russell, 2003; Widen
203
& Russell, 2008). No 3º ano diferencia-se um outro nome, o de triste ou
de zangado, de valência negativa, para
a dimensão de desprazer. Segue-se
uma fase de três vocábulos, com duas
emoções negativas, a de tristeza e a de
raiva, embora a tristeza possa incluir
o medo, e a raiva possa incluir o nojo.
Aos 4 anos a maioria das crianças nomeia correctamente as expressões de
medo, e cerca de metade, as expressões
de surpresa. Aos 4 anos e meio conhecem-se os significados dos termos surpreendido, assustado e, enojado, embora ainda se verifique a sobreposição de
situações correctas e situações em erro,
consoante a situação (sobretudo entre
tristeza e raiva) (Gosselin, 2005; Russell & Widen, 2002; Widen & Russell,
2003; Widen & Russell, 2008).
Conhecimento das Causas das
Emoções
Estudos desenvolvidos por Smiley
e Huttenlocher (1989) demonstraram
que a aplicação de palavras referentes a emoções a situações de contexto
emocional sucedia 6, 12 ou 18 meses
após a aquisição da capacidade de nomeação das emoções através das expressões faciais. O conhecimento das
causas das emoções é parte fundamental do conhecimento obtido através dos
scripts relativos ao conceito de emoção
(Bullock & Russell, 1986; Widen &
Russell, 2008), ligando-se aos jogos
de fantasia (McCune, 1995), à empatia
(Strayer, 1986), tomada de perspectiva
e comportamento pró-social (Denham,
1986, 1998), teoria da mente (Cutting
& Dunn, 1999) e raciocínio causal
(Frazier, Gelman, & Wellman, 2009).
Desenvolvem-se, também, ao nível
da cognição dois tipos de tomada de
perspectiva: 1) perceptiva, envolvendo inferências acerca do que os outros
vêm/ouvem; 2) conceptual, incluindo o
pensamento, atitude e os estados internos dos outros (Zahn-Waxler, RadkeYarrow, & Brady-Smith, 1977).O primeiro refere-se à compreensão de que
o outro pode não ver o mesmo que ele,
ou seja, que duas pessoas diferentes
podem ver objectos diferentes, o segundo refere-se à inferência de diferentes percepções do mesmo objecto visto
por si e pelo outro. Este último tipo de
aquisição apenas é observável a partir
da idade de 4 anos (Wellman, Phillips,
& Rodriguez, 2000).
O conhecimento das causas das
emoções evolui em três etapas: (1ª)
compreensão de aspectos públicos observáveis – modo de expressão, causas
das situações, efeito dos estímulos na
recordação; (2ª) compreensão da natureza mental das emoções – papel
dos desejos e crenças e distinção entre
expressão e experiência; (3ª) compreensão de que a mesma situação evoca
emoções diferentes conforme a pessoa, a perspectiva tomada e, o foco de
atenção (Harris, 2008).
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204
Na idade pré-escolar, as crianças
compreendem as emoções como estados subjectivos, transitando de uma
concepção com base em desejos e objectivos para uma concepção com base
nas crenças e expectativas, respondendo frequentemente de modo sensível
e contingente. Durante este período,
o conhecimento emocional transita de
uma compreensão com base em características externas, para uma interpretação progressivamente mais mental e
interna, em que as crianças mais velhas
já manifestam compreender a individualidade e a história passada da situação/emoção, bem como a influência
do pensamento na emoção (Gnepp &
Gould, 1985; Harris, 2008; Lagattuta, Wellman, & Flavell, 1997; Rieffe,
Terwogt, & Cowan, 2005).
Para além disso, verifica-se uma
progressiva importância dada às atribuições causais interpessoais e de realização, bem como a transição de temas
de fantasia para o realismo, sobretudo
para o medo (Strayer, 1986), o que demonstra que as categorias mentais das
emoções se modificam ao longo do
desenvolvimento (Bullock & Rusell,
1986; Russell, 1989): enquanto aos
3 anos, as crianças fornecem razões
idiossincráticas, aos 4 e 5 anos, as razões apresentadas já se assemelham às
interpretações dos adultos (Denham,
1998; Fabes, Eisenberg, McCormick,
& Wilson, 1988).
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Teste de Conhecimento das Emoções
em Crianças de Idade Pré-Escolar
Tomando em conta os aspectos
fisiológicos, Denham (1998) define
emoção como um conjunto de processos reguladores vitais do comportamento intra e interpessoal (Bretherton, Fritz, Zahn-Waxler, & Ridgeway,
1986; Denham, Zoller, & Couchoud,
1994) que se iniciam num estado de
excitação, no momento em que o sistema nervoso autónomo é activado por
uma alteração com origem num evento
externo ou interno (Denham, 1998). A
perspectiva de Denham (1998) incide
na função e papel central das emoções
nas interacções sociais ao longo da
vida: (a) como fonte significativa de
informação tanto para a pessoa que comunica, como para a pessoa que recebe
a informação (Halberstadt et al., 2001);
(b) como processos dinâmicos que estão embebidos nas interacções sociais
mas que, também, podem ser produto
destas (Colwell & Hart, 2006; Halberstadt et al., 2001), com consequências de regulação intra e interpessoais
(Campos, Campos, & Barrett, 1989).
Com base no modelo teórico de
competência afectivo-social (Halberstadt et al.,2001), Denham (1986) concebeu o Teste de Conhecimento das
Emoções centrando-se nos aspectos
das relações interpessoais, incidindo
mais na comunicação não verbal das
emoções (facial, gestual e corporal) e
205
menos nas capacidades verbais (com
excepção das tarefas de nomeação das
emoções). O teste analisa as seguintes
componentes do conhecimento das
emoções: (1) capacidade de nomear
emoções básicas (alegria, tristeza, raiva e medo) com base em expressões
faciais; (2) capacidade de reconhecer as expressões faciais das mesmas
emoções básicas, com base nos seus
rótulos verbais; (3) capacidade de
compreender as causas das emoções
em situações típicas de contexto emocional; (4) capacidade de descentração
afectiva em situações emocionalmente
ambíguas.
O Teste de Conhecimento das
Emoções em Crianças de Idade PréEscolar aplica-se à investigação do
desenvolvimento sócio-emocional em
crianças de idade pré-escolar. O instrumento original tem vindo a ser utilizado como medida do desenvolvimento
do conhecimento das emoções, considerado um componente das competências emocionais que se associa a outras
variáveis do desenvolvimento sócioafectivo (i.e., Denham, 1986; Denham
& Holt, 1993; Denham, 1998; Denham,
Mason, Caverly, Schmidt, Hackne,
Caswell, & DeMulder, 2001; Denham,
& Burton, 2003; Denham et al., 2003;
Dunn & Hughes, 1998; Halberstadt
et al., 2001; Hughes, Dunn, & White,
1998), estudando, também, eventuais
factores predecessores (i.e, Cutting &
Dunn, 1999; Denham et al., 1994; Den-
ham, Caverly, Schmidt, Blair, DeMulder, Caal, Hamada, & Mason, 2002a;
Laible & Thompson, 1998; Raikes &
Thompson, 2006).
O presente estudo tem como objectivo confirmar a estrutura teórica fornecida pela autora (Denham, 1986) junto
de um grupo de crianças portuguesas
de idade pré escolar.
MÉTODO
Participantes
Participaram neste estudo 160
crianças de maioria étnica caucasiana,
com idades compreendidas entre os 41
e os 73 meses, (M = 57.29; DP = 8.99),
sendo 68 do género feminino e 92 do
género masculino, que frequentaram 8
salas de 5 instituições da rede particular de ensino no Concelho de Castelo
Branco, Leiria, e Oeiras. De entre 90
crianças retiradas desta amostra, 38
raparigas e 52 rapazes, 77% despendia
8 ou mais horas no jardim-de-infância
(M = 8.16; DP = 0.23). A idade média
das mães foi de 36 anos (M = 35,62;
DP = 0.66) e a idade média dos pais
foi de 35 anos (M = 35.13; DP = 0.60).
30% das mães e 32% dos pais tinham
elevados níveis de habilitações literárias, indicadas através dos anos de
escolaridade (Mães – M = 11.16; DP
= 0.72), (Pais – M = 9.97; DP = 0.70).
74 mães e 76 pais trabalhavam a tempo inteiro.
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
206
Instrumentos
Teste do Conhecimento das Emoções
Utilizou-se a versão portuguesa
do Affect Knowledge Test (Denham,
1986, Maló-Machado, Veríssimo, &
Denham, 2009), teste de Conhecimento das Emoções para crianças em idade
Pré-escolar. O material do instrumento
incluiu fantoches com faces amovíveis
representando cada uma das emoções
básicas primárias (alegria, tristeza, raiva
e medo). As tarefas incluídas neste teste
distribuem-se nas seguintes dimensões:
1) reconhecimento verbal e identificação
não verbal da expressão emocional; 2)
conhecimento das emoções desencadeadas em situações típicas e ambíguas
(descentração afectiva).
A dimensão do reconhecimento
verbal, composta por 4 tarefas, avalia a
capacidade da criança nomear emoções
com base nas expressões faciais, enquanto, que a identificação não verbal,
igualmente composta por 4 tarefas,
analisa a capacidade da criança identificar uma emoção com base na expressão facial e no seu rótulo verbal.
O conhecimento das situações
emocionais é avaliado com base em
diversas situações de contexto emocional, descritas em 20 vinhetas, cujos protagonistas são personalizados
por fantoches, utilizando-se para tal
a mímica gestual, facial e vocal do
administrador. Os fantoches são dois
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
irmãos, um do género masculino e
outro de género feminino e, a respectiva mãe, sendo o género do fantoche
escolhido em função do género da
criança em presença. A avaliação da
resposta é feita em função da escolha
que a criança faz da face representativa da emoção adequada a cada uma
das situações.
As situações de contexto emocional medem 1) causas das emoções; 2)
descentração afectiva. As causas das
emoções, contempladas nas primeiras
8 vinhetas, foram concebidas de forma a desencadear reacções emocionais
inequívocas, tais como a alegria em
comer um gelado ou o medo de um pesadelo (Denham, 1998). As situações
de descentração afectiva, apresentadas
nas restantes 12 vinhetas, foram concebidas de forma a suscitar duas emoções
alternativas, de acordo com a subjectividade do sujeito, como, por exemplo,
ficar alegre ou com medo de ir nadar
para a piscina (Denham, 1998). As causas das emoções avaliam a capacidade
da criança em compreender as causas
das emoções em situações típicas. A
descentração afectiva avalia a mesma
capacidade em situações ambíguas,
quando os estados internos do fantoche
sejam diferentes dos da própria criança
em situações semelhantes.
Para a descentração afectiva foi
pedido aos pais ou às educadoras que
preenchessem previamente um questionário, no qual indicaram qual seria
207
a experiência emocional típica do seu
educando, em cada uma das situações
descritas nas 12 vinhetas. Nas tarefas
de descentração afectiva, a expressão
emocional do fantoche não corresponde à emoção que os pais indicam
como sendo a que provavelmente seria
vivenciada pelo seu filho (a), naquelas
circunstâncias.
As respostas a todas as tarefas foram cotadas com: “3” pontos para a escolha correcta, “2” pontos sempre que
a valência afectiva positiva/negativa é
correctamente atribuída (e.g. “triste”
em vez de “raiva”), e “1” para uma escolha totalmente incorrecta.
Todas as questões foram inicialmente traduzidas e discutidas em grupo. Realizamos um pré teste junto de
algumas crianças de forma a verificar
se a formulação e o material era o mais
adequado. No final do pré teste, decidimos com o acordo da autora retirar
a 12ª resposta, correspondente a uma
situação cuja reflexão ética nos fez decidir pela sua não aplicação às crianças
da nossa amostra. A situação é descrita
através da frase “O avô Joaquim morreu e não o poderás voltar a ver”. Finalmente, retiramos a 6 pergunta, dado
que pretendemos que o questionário
possa ser respondido quer pela mãe
quer pela educadora, uma vez que no
pré teste verificamos que a taxa de resposta da mãe era baixa. Esta alteração
foi discutida e aprovada pela autora do
instrumento.
Procedimento
Nas tarefas de reconhecimento
verbal das emoções, o administrador
baralhou as quatro faces amovíveis do
fantoche de um dos irmãos (o correspondente ao género da criança em presença), após o que as colocou, em linha, em frente à criança, questionando,
uma a uma: “O que sente esta cara?”.
As crianças indicaram os nomes de
cada uma das emoções. Nas tarefas
de identificação não verbal, as faces
foram de novo baralhadas e a criança
foi questionada para cada uma das faces com nova questão: “Qual a cara
que está a sentir (alegria/tristeza/raiva/
medo)?”. As crianças apontaram para
a face desenhada com a expressão da
emoção que consideraram adequada.
Antes da utilização dos fantoches
para a representação das situações de
causas das emoções e de descentração
afectiva, o administrador forneceu
uma breve explicação, nomeando cada
emoção em simultâneo com a sua representação através da mímica gestual,
facial, vocal e corporal do modo standard de expressão de cada uma dessas
emoções.
Nas tarefas das causas das emoções
e de descentração afectiva, o administrador apresentou as situações usando
o mesmo tipo de mímica, concluindo com a seguinte questão: “Como se
sente o fantoche?”. Foi então pedido
à criança para colocar no fantoche a
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
208
face com a emoção mais adequada.
De seguida, o administrador pediu à
criança para atribuir o rótulo verbal a
essa emoção, embora esta resposta não
tivesse sido cotada. Nas tarefas de descentração afectiva, a expressão emocional do fantoche não corresponde à
emoção que os pais/educadores indicam como sendo a que provavelmente
seria vivenciada pelo seu filho (a), naquelas circunstâncias.
RESULTADOS
Análise exploratória dos dados.
Da análise exploratória dos dados,
foram encontrados dados omissos que
representaram 1,82% das observações.
Foi efectuado o diagnóstico de aleatorização destes dados utilizando o método de comparação entre as observações
válidas e não válidas. Verificaram-se
diferenças significativas numa das
variáveis com apenas uma das observações não válida. Em relação às
restantes demonstrou-se não existir
diferenças significativas, devendo-se
estas ao acaso. Sendo assim, os dados
omissos do estudo foram reconstituídos através do cálculo da média dos
valores observados no item respectivo.
Foi realizada a análise dos dados extremos (outliers), tanto univariados, como
multivariados, não se tendo encontrado
uma melhor qualidade de ajustamento do modelo quando foram retirados
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
esses dados. Deste modo, foi decidido
incluir esses dados extremos (outliers)
no estudo.
Análise de fiabilidade
Para a Análise de Fiabilidade foi
aplicado o coeficiente Alfa de Cronbach e, para a análise da multidimensionalidade do AKT recorreu-se à Análise
Factorial Confirmatória das suas dimensões com utilização do método de
estimação de Mínimos quadrados não
ponderados (Unweighted Least Squares ULS). A análise realizada mostrou
que a dimensão de nomeação obteve
um valor do Alfa de Cronbach ( =
.51), valor não aceitável, que obrigou a
eliminar o item 4 referente à emoção de
medo, obtendo-se então o valor de (
= .62). Enquanto incluído, o seu peso
factorial de .13, também, assinalou a
necessidade de o excluir deste estudo.
Todos os restantes itens desta dimensão obtiveram, neste modelo, pesos
factoriais superiores a .52. Para a dimensão de reconhecimento, obteve-se
o valor do Alfa de Cronbach ( = .72),
considerado um valor moderado, contendo pesos factoriais superiores a .46.
A consistência interna da dimensão de
causas das emoções foi obtida pelo valor moderado de Alfa de Cronbach (
= .79), tendo todos os seus itens, pesos
factoriais superiores a .35. Na dimensão de descentração afectiva, o valor de
Alfa de Cronbach ( = .85) demonstra
209
uma fiabilidade elevada, bem como os
respectivos pesos factoriais superiores a .54. Obteve-se o valor de Alfa de
Cronbach ( = .90) para a globalidade
da medida, valor considerado elevado.
Análise Factorial Confirmatória
Fizeram-se regredir os factores em
25 indicadores de modo a demonstrar
os efeitos directos dos factores nos indicadores ou variáveis observáveis. As
estimativas estatísticas destes efeitos
fornecem os pesos factoriais interpretados como coeficientes de regressão
tanto na sua forma normalizada, como
não normalizada. Aos indicadores associaram-se resíduos que representam
a variação residual específica de cada
indicador. São 28 os indicadores ou
itens da versão original. O item 4 foi
eliminado por motivos ligados à consistência interna já anteriormente referidos. O sexto item do factor descentração foi eliminado dada a baixa taxa
de resposta das mães a um questionário
de preenchimento prévio. E o décimo
segundo item do factor de descentração
foi eliminado como resultado de ponderação ética acerca da adequação da
pergunta a crianças desta faixa etária,
como já referido no procedimento. As
variâncias dos primeiros itens de cada
factor foram igualadas a 1.
Para a estimação de parâmetros
foi utilizado, primeiro, o método de
Máxima Verosimilhança (Maximum
Likelihood, ML). Onde S representa
a matriz de covariância das variáveis
observadas da amostra e ∑(Ɵ) a matriz
de covariância das variáveis estimadas
do modelo em hipótese, o estimador
de Máxima Verosimilhança é o vector
de argumentos que minimiza a função
de discrepância entre as duas matrizes
F[S- ∑(Ɵ)]. Tem como assumpção a
distribuição normal multivariada das
variáveis observadas e é assimptóticamente eficiente. É também sensível
ao tamanho da amostra e ao número de
indicadores por variável latente (deverá ser superior a dois) (Byrne, 2010).
O resultado da análise dos valores de
skweness e de kurtosis forneceu uma
valor de skweness superior a ( |3|),
embora todos os valores de kurtosis
fossem inferiores a ( |8|). Estes são os
valores absolutos de referência apontados por Kline (2005) como valores extremos a partir dos quais se considera a
quebra do pressuposto da normalidade.
Foi confirmado com os resultados do
teste de normalidade de KolmogorovSmirnov onde se concluiu da não normalidade univariada das distribuições
das variáveis observáveis. O valor do
índice de estimação normalizada de
Mardia (Byrne, 2010) de 54.59 que
reflecte a distribuição multivariada de
kurtosis, também nos levou a considerar a violação do pressuposto de normalidade multivariada das variáveis
observadas. Estas conclusões conduziram à inclusão da utilização do método
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
210
de estimação de Mínimos quadrados
não ponderados (Unweighted Least
Squares ULS), apontado por Hoyle
(1995) como menos sensível ao efeito da não normalidade dos dados. Não
sendo assimptóticamente eficiente,
significa que a variância não é mínima
à medida que a dimensão da amostra
aumenta. É um método que estima os
parâmetros que minimizam a diferença
entre a soma dos quadrados da matriz
residual estimada no modelo em hipótese, e a soma dos quadrados da matriz
residual observada na amostra (Kline,
2005). Assim, obtiveram-se resultados
estimados para ambos os métodos.
Apenas o método ML permite o teste estatístico formal de Qui-Quadrado
(χ2) da equivalência entre a matriz
de covariância estimada e a matriz de
covariância observada (Hoyle, 1995).
Para avaliar o ajustamento dos modelos aos dados, foram considerados os
indicadores do teste de χ2 e de razão
χ2/g.l. (qui-quadrado/graus de liberdade) em que a rejeição da hipótese nula
(p < .05) significa que o modelo não se
ajusta aos dados.
Para além da estatística do χ2 que
testa a função de discrepância através
da hipótese nula (H0) (matriz de covariância populacional é igual à matriz de
covariância estimada pelo modelo), foram considerados os seguintes índices
absolutos de análise da qualidade do
modelo per se, sem comparação com
outros modelos: RMR, média quadráRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
tica residual, que avalia o ajustamento
entre a matriz de variâncias e covariâncias do modelo em hipótese (S) e
a matriz de variâncias e covariâncias
da amostra [∑(Ɵ)], fornecendo o valor
médio entre todos os valores normalizados de resíduos; índice de bondade
de ajustamento, GFI, medida da quantidade relativa de variância e covariância de S que é explicada conjuntamente
por ∑(Ɵ), e o índice de bondade de
ajustamento corrigido, AGFI, o qual
difere do GFI pelo facto de se ajustar ao número de graus de liberdade
do modelo em hipótese (Hoyle, 1995;
Byrne, 2010).
Foram, também, considerados índices relativos que avaliam a qualidade
do modelo em hipótese relativamente
aos modelos de independência (sem
quaisquer relações entre as variáveis
observadas) e/ou saturado (todas as
variáveis observadas estão correlacionadas): índice de ajustamento normalizado (NFI) que analisa a qualidade
do modelo em hipótese relativamente
ao modelo de independência e que se
sabe subestimar o seu valor assimptótico em amostras de pequena dimensão;
O índice de ajustamento comparativo
CFI, que já tem em conta a dimensão
da amostra (Byrne, 2010).
Considerou-se o índice de parcimónia relacionado com o GFI, PGFI. E os índices de parcimónia associados ao NFI e ao CFI, PNFI e PCFI,
bem como o índice ratio de parcimó-
211
nia PRATIO. Estes incluem uma penalização devida à complexidade do
modelo e apresentam valores normalmente inferiores a .90. Com excepção
do RMR, todos os índices absolutos e
relativos variam entre 0 a 1. O valor
.90 é largamente aceite como ponto de
corte na conclusão de dados consistentes e, o valor .95 é considerado indicativo de um ajustamento muito bom
(Hoyle, 1995; Byrne, 2010). O índice
de parcimónia média quadrática residual, RMR, deverá apresentar valores
inferiores a .05 para indicar um nível
de equivalência bom, e níveis entre .05
e .08 para indicar um nível de equivalência razoável (Byrne, 2010). O índice RMSEA indica uma estatística de
ajustamento que reflecte a raiz quadrada média do erro de estimativa, cujos
valores aceitáveis poderão ir até .05,
como indicador de bom ajustamento, e
até .08, como indicador de ajustamento
razoável. O valor PCLOSE é o valor
p deste teste que deverá ser superior a
.05 (Byrne, 2010). Finalmente, analisaram-se os valores críticos de Hoelter
(Byrne, 2010) que incidem mais sobre
a adequação do tamanho da amostra, e
que deverão ser superiores a 200.
Tendo em conta a dimensão da
amostra (N = 160), o elevado número de variáveis observáveis e a violação do pressuposto de normalidade
multivariada, o, método de estimação
dos Mínimos quadrados não ponderados (Unweighted Least Squares ULS)
pareceu-nos o mais adequado para os
dados em estudo.
Do seu cálculo foi excluída a análise dos valores das estatísticas do teste
de Qui-Quadrado (χ2) e do RMSEA,
bem como dos valores críticos de Hoelter por deixaram de ter significado
neste método.
Foi então possível comparar os respectivos valores de peso factorial e de
qualidade de ajustamento para cada um
dos métodos de estimação, Máxima
Verosimilhança (Maximum Likelihood
ML); Mínimos quadrados não ponderados (Unweighted Least Squares ULS).
A Tabela I apresenta os valores dos
indicadores de ajustamento para as
Análises Factoriais Confirmatórias da
versão Portuguesa de Affect Knowledge Test, em crianças de idade pré-escolar (Denham, 1986) calculados através
de um modelo hierárquico multidimensional em hipótese.
A Tabela II apresenta os pesos factoriais associados a cada item.
A Figura 1 contém o desenho da
Análise Factorial Confirmatória do
modelo hierárquico multidimensional
em hipótese e respectivos valores de
variâncias e covariâncias.
A Análise Factorial Confirmatória
com utilização do método de estimação
de Máxima Verosimilhança (Maximum
Likelihood, ML) aplicada ao modelo
em hipótese obteve índices indicativos
de um ajustamento medíocre à amostra
em referência (Х2/gl = 2.45; CFI = .74;
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
212
Quadro 1. Índices de ajustamento do modelo hierárquico multidimensional
em hipótese
GFI = .76; AGFI = .71; PGFI = .63;
NFI = .63; RFI = .59; PRATIO = . 90;
PNFI = .57; PCFI = .66; RMSEA = .10;
P[rmsea ≤ .05] < .00).
Com utilização do método de estimação Mínimos quadrados não ponderados (Unweighted Least Squares,
ULS) os índices obtidos (RMR =
.03;GFI = .95; AGFI = .94; PGFI = .79;
NFI = .92; RFI = .91; PRATIO = .90;
PNFI = .83) foram indicadores de um
bom ajustamento, demonstrando que o
modelo hierárquico multidimensional
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
fornece uma representação adequada
dos dados com indicação de um bom
nível de ajustamento.
Como se poderá verificar na Tabela
I, o p-value referente ao teste de ajustamento do modelo rejeita a hipótese de
adequação do modelo quando se utiliza
o método de Máxima Verosimilhança
(Maximum Likelihood, ML). Apresenta índices relativos e absolutos com
valores inferiores aos aceitáveis e índices de parcimónia demasiado elevados.
No entanto, os valores obtidos com o
213
Quadro 2. Pesos factoriais normalizados do modelo hierárquico
multidimensional em hipótese
estimador (Unweighted Least Squares,
ULS), Mínimos Quadrados não Ponderados, para os índices de ajustamento
alternativos ao teste do Qui-Quadrado
(χ2), demonstram uma representação
adequada dos dados, com indicação de
um bom nível de ajustamento.
Como se pode observar na Tabela
III, confirmaram-se correlações positivas e estatisticamente significativas entre todas as dimensões do teste quando
obtidas através do modelo de estrutura
multidimensional, através do método
ULS. Entre a dimensão de nomeação e
de reconhecimento (r = .56, p < .00); de
nomeação e causas (r = .62, p < .00);
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
214
Figura I. Esquema do modelo hierárquico multidimensional em hipótese
de nomeação e descentração (r = .61,
p < .00). Entre a dimensão de reconhecimento e causas (r = .65, p < .00);
de reconhecimento e descentração (r =
.54, p < .00). E, entre a dimensão de
causas e descentração (r = .83, p < .00).
INSERIR TABELA 3 (NO ESTA
EN EL ARCHIVO)
Discussão
O presente estudo teve como prinRIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
cipal objectivo a avaliação da versão
Portuguesa do Affect Knowledge Test,
(Denham, 1986) que designámos de
Teste de Conhecimento das Emoções
em Crianças de Idade Pré-Escolar,
TCECIP (Maló-Machado, Veríssimo,
& Denham, 2006). A Análise Factorial Confirmatória do modelo hierárquico quadripartido multidimensional
demonstrou não ser possível incluir o
item 4, referente à emoção do medo
para o factor de nomeação. Tal deveuse ao facto do valor de consistência interna, que passou de Alfa de Cronbach
215
( = .51) para Alfa de Cronbach ( =
.62) após a eliminação do item 4, como
pelo seu peso factorial de .13, que
não foi possível aceitar. Estes valores
parecem sugerir que a capacidade de
nomear se divide em dois factores, um
para a emoção de medo, e outro para as
restantes emoções de alegria, tristeza e
raiva. A literatura e a evidência empírica têm demonstrado que a compreensão
do medo é adquirida mais tardiamente
do ponto de vista do desenvolvimento
(Denham & Couchoud, 1990; Denham,
1998; Widen & Russell, 2002a; Widen
& Russell, 2003), tendo por base um
raciocínio causal que se inicia pela fantasia, embora transitando progressivamente para o realismo (Strayer, 1986).
Ao contrário, a compreensão dos desejos, preferências e percepções, base de
raciocínio para as inferências das restantes emoções, já está presente a partir
dos 18 meses, em formas precoces da
linguagem e da cognição social (Wellman et al., 2000).
A investigação na área da competência emocional parece indicar que
para a globalidade das competências
do conhecimento das emoções, as tarefas relativas à alegria são as mais
fáceis, seguindo-as as de tristeza,
depois as de raiva e finalmente as de
medo (Denham & Couchoud, 1990;
Denham, 1998; Widen & Russell,
2003). Também Russell (2007) afirma
que se conhecem primeiro as emoções
de acordo com a sua valência e inten-
sidade, referindo primeiro as de maior
intensidade de valência positiva, depois as de valência negativa de maior
intensidade e finalmente, as de tristeza
e nojo, emoções de valência negativa
de baixa intensidade.
Os nossos dados apontam para a
nomeação como a capacidade menos
adquirida, seguindo-se a de reconhecimento, a descentração afectiva e o
conhecimento das causas das emoções.
Os nossos resultados estão de acordo
com estudos anteriores que apontam
para uma maior facilidade no reconhecimento das emoções do que na sua nomeação (Denham & Couchoud, 1990;
Denham, 1998).
Em futuras investigações consideramos que é importante incluir a
avaliação do impacto das capacidades
linguísticas na aquisição da competência emocional, assim como verificar
a existência ou não de diferenças em
função do género.
A competência emocional tem implicações no desenvolvimento social,
académico e afectivo. Desta forma é
de extrema importância a adaptação de
um instrumento que permita avaliar o
conhecimento emocional, melhor conhecer as etapas do desenvolvimento
emocional, e eventualmente contribuir
para a construção de programas de intervenção. Esperamos que este estudo
possa contribuir para alcançar estes objectivos.
RIDEP · Nº 34 · VOL. 1 · 2012
216
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REVISORES RIDEP 2012
Alejandro Castro Solano. CONICET,Universidad de Palermo, Argentina.
Alicia Cayssials. Universidad de Buenos Aires, Argentina.
Analía Brizzio. Universidad de Buenos Aires, Argentina.
Analía Chiecher. Universidad Nacional de Rio Cuarto, Argentina
Ana María Fernández Tapia. Universidad de Santiago de Chile, Chile.
Ana Ferreira. Faculdade de Psicologia, Universidade de Lisboa, Portugal.
Danilo Donolo. CONICET. Universidad Nacional de Rio Cuarto, Argentina.
Eleonora Vivas. Universidad Simón Bolívar, Venezuela.
Eva Díaz Ramiro. Universidad Complutense de Madrid, España.
Isabel Cuéllar Flores. Hospital de Getafe. Madrid, España.
José Manuel Tomas Miguel. Universidad de Valencia, España.
Julio Fernández Garrido. Universidad Complutense de Madrid, España
Juan Francisco Díaz Morales. Universidad Complutense de Madrid, España.
Marta E. Aparicio García. Universidad Complutense de Madrid. España.
María Cristina Rinaudo. Universidad Nacional de Rio Cuarto. Argentina.
Maria Eugénia Duarte Silva. Faculdade de Psicologia, Universidade de
Lisboa, Portugal.
Maria João Afonso. Faculdade de Psicologia, Universidade de Lisboa,
Portugal.
Mario Simões. Faculdade de Psicologia e de Ciências da Educação,
Universidade de Coimbra, Portugal.
Mirta Florez Galaz. Universidad Autónoma de Yucatán. México.
Mirta Ison CONICET. Universidad del Aconcagua, Mendoza, Argentina.
Nora Leibovich. CONICET. Universidad de Buenos Aires. Argentina.
Odília Teixeira. Faculdade de Psicologia, Universidade de Lisboa, Portugal.
Patricia Martínez Uribe. Pontificia Universidad Católica del Perú, Perú.
Remedios González Barrón. Universidad de Valencia, España.
Rosa Novo. Faculdade de Psicologia, Universidade de Lisboa, Portugal.
Rosa Patró Hernández. Universidad de Murcia, España.
Susana Rubio. Universidad Complutense de Madrid, España.
Teresa Fagulha. Faculdade de Psicologia, Universidade de Lisboa, Portugal.
Tomás Izquierdo Rus. Universidad de Murcia. España.
Xavier Méndez. Universidad de Murcia. España.
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EVENTOS CIENTÍFICOS 2012
First World Conference onPersonality.
March 20-23, 2013. Stellenbosch. South Africa.
www.perpsy.org
Biennial Meeting of theSociety for Research in Child Development (SRCD).
April 18-20, 2013. Seattle, Washington. USA.
www.srcd.org
The 13th EuropeanCongress of Psychology.
July 9-12, 2013. Stockholm. Sweden.
www.ecp2013.org
7th World Congress in Behavioural and Cognitive Therapies, WCBCT.
July 22-25, 2013. Lima. Perú.
www.wcbct2013.pe
121st Annual Convention ofthe American Psychological Association
July 31 – August 4 2013. Honolulu, Hawaii, USA.
www.apa.org/convention
VI Congreso Brasileiro de Avaliação Psicológica,
Instituto Brasileiro de Avaliação Psicológica
04 al 07 de junio de 2013, Maceió,Brasil.
www.ibapnet.org.br/index.php?cd=6&descricao=congressos
XXXIV Congreso Interamericano de Psicología, SIP
(Sociedad Interamericana de Psicología)
15 al 19 de julio de 2013 en Brasilia,Brasil.
www.sipsych.org/boletinsip/brasil2013.html
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Congreso Mundial de Salud Mental 2013, AASM
(Asociación Argentina de Salud Mental)
25 A 28 Agosto de 2013 en Buenos Aires,Argentina.
www.wmhc2013.aasm.org.ar/es
54th Annual Meetingof the Psychonomic Society.
November 14-17, 2013. Toronto, Ontario, Canada.
www.psychonomic.org/annual-meeting.html
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Normas para los Autores
La Revista Iberoamericana de Diagnóstico y Evaluación Psicológica (RIDEP)
publica artículos semestralmente (dos veces al año) que presenten diferentes
aproximaciones teóricas y metodológicas en las áreas del diagnóstico y la evaluación psicológicos.
Lineamientos generales
1. Los trabajos deberán ser originales e inéditos y no estar considerados para
su publicación en otra revista.
2. Los trabajos deberán seguir, en todas sus secciones, los lineamientos del
manual de estilo de Publicaciones de la American Psychological Association
en su 5°edición (2001).
3. El título, tanto en inglés como en español o en portugués, deberá ser claro y
preciso y contener las variables de investigación.
4. El autor(es) y afiliación(es) deberán aparecer en la primera hoja:
- Nombre y Apellido
- Titulo de grado y posgrado
- Institución a la que pertenece
- Cargo dentro de la institución
- Dirección postal
- Teléfono
- Correo electrónico
5. Todo trabajo deberá contener dos resúmenes, en inglés y español, o en inglés
y portugués, de entre 100 y 150 palabras, escrito en una hoja independiente,
así como una lista de entre dos y cinco palabras clave, en español o portugués
e inglés. Estos resúmenes serán orientados para su publicación en el Current
Contents, Psychological Abstracts e incluidos en el PsycInfo Database y PsycLit Cd-Rom, entre otras bases .
6. Los artículos tendrán una extensión máxima de 30 carillas a 1 1/2 espacio,
incluyendo tablas, figuras y referencias, en papel tamaño A4 con 3 cm en todos
los márgenes, en letra Arial, tamaño 12.
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7. Los trabajos deberán observar un plan de presentación que comprenderá
los siguientes apartados: introducción, método, resultados, discusión y referencias.
8. En el cuerpo del artículo deberá señalarse el lugar para insertar tablas, gráficos y figuras que deberán presentarse en hojas aparte al final del texto.
9. Cada tabla deberá enviarse en una hoja por separado y deberá estar numerada y llevar un título apropiado. Todas las tablas deberán ser autoexplicativas.
10. Las figuras no deben exceder la medida de 21.5 x 28.0 cm. En el caso de
gráficos, los números, letras y leyendas deberán tener un tamaño adecuado
para que sean legibles después de una posible reducción a un ancho máximo
de 8.5 cm.
11. En las referencias bibliográficas, debe figurar al menos, dos artículos previamente publicado en RIDEP.
Envío de trabajos
Deberán enviarse un archivo adjunto por e-mail a la editora en español
([email protected]) o al editor en portugués ([email protected]), según corresponda, utilizando los procesadores de texto “Word” o “Rich Format Text rft”,
sin introducir ninguna instrucción de formato.
Los autores deberán proveer direcciones, números telefónicos, números de fax
y correos electrónicos, para uso de la oficina editorial.
Se acusará recibo de los trabajos enviados y se notificará posteriormente su
aceptación, propuesta de modificación o rechazo. Deberá tenerse en cuenta que el
proceso de revisión de un trabajo insume un tiempo de tres a seis meses.
Cada artículo se someterá a la consideración de nuestro Comité Editorial, en
forma anónima. Los manuscritos corregidos deberán enviarse a los Editores dentro del plazo máximo de un mes.
Una vez aceptado para su publicación, los Editores de la Revista se reservan el
derecho de publicar el trabajo en el volumen y número que estimen conveniente,
procurando ocasionar la menor demora de publicación posible y conciliarlo con la
adecuada composición y tamaño de cada número.
AIDEP como entidad que gestiona la publicación y los Editores de la Revista
no aceptan responsabilidad alguna sor el contenido de los trabajos publicados,
opiniones o proposiciones expresadas por los autores.
La remisión de originales para la publicación supone la plena aceptación de
esas normas.
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Directora: Dra .E.Norma Contini ([email protected])
Facultad de Psicología. Universidad Nacional de Tucumán. Argentina.
Editores Generales:
En Español:
Dra. María Pilar Sánchez López ([email protected])
Facultad de Psicología. Universidad Complutense de Madrid. España
En portugués :
Prof. Bruno Ademar P. Gonçalves ([email protected])
Facultad de Psicología. Universidad de Lisboa. Portugal.
Editor responsable: Lic. Marcelo Pérez ([email protected])
Facultad de Psicología. Universidad de Buenos Aires. Argentina
Se acusará recibo de los trabajos enviados y se notificará posteriormente su
aceptación, propuesta de modificación o rechazo. No se devolverán los originales.
Deberá tenerse en cuenta que el proceso de revisión de un trabajo insume un tiempo de tres a seis meses.
Cada artículo se someterá a la consideración de revisores de nuestro Comité
Editorial, en forma anónima.
Los manuscritos corregidos deberán enviarse a los Editores dentro de un plazo
máximo de dos meses.
Una vez aceptado para su publicación, los Editores de la Revista se reservan el
derecho de publicar el trabajo en el volumen y número que estimen conveniente,
procurando ocasionar la menor demora de publicación posible y conciliarlo con la
adecuada composición y tamaño de cada número.
AIDEP como entidad que gestiona la publicación y los Editores de la Revista
no aceptan responsabilidad alguna sobre el contenido de los trabajos publicados,
opiniones o proposiciones expresados por los autores
La remisión de originales para publicación supone la plena aceptación de estas
normas.
NOTA
A los autores miembros de AIDEP se les enviará dos ejemplares de la revista
donde se encuentra publicado su artículo. Cuando los autores no sean miembros
de la Asociación, deberán abonar el valor de una membresía anual, para que el
artículo pueda ser publicado; se le entregarán dos ejemplares a los autores que
hayan abonado.
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Nonnas pare e envio de los trabalhos
Instruções para os Autores
A Revista Ibero-Americana de Diagnóstico e Avaliação Psicológica (RIDEP)
publica dois números por ano, um por semestre, com artigos que apresentam diferentes perspectivas teóricas e metodológicas nas áreas do diagnóstico e da avaliação psicológicos.
Linhas gerais
1. Os trabalhos devem ser originais e inéditos e não se encontrarem apresentados para publicação em outra revista.
2. Os trabalhos deverão observar, em todas as suas secções, as orientações do
Manual de Estilo de Publicações da American Psychological Association, 5ª
edição, 2001.
3. O título em inglês e português ou inglês e espanhol, deverá ser claro e preciso e conter as variáveis da investigação.
4. O(s) autor(es) e respectiva(s) instituição(ões) deverão constar da primeira
folha.:
- Nombre y Apellido
- Titulo de grado o posgrado
- Institución a la que pertenece
- Cargo dentro de la institución
- Dirección postal
- Teléfono
- Correo electrónico
5. Todos os trabalhos deverão conter dois resumos, em inglês e espanhol ou
em inglês e português, de 100 a 150 palavras, escritos em folha separada, e
bem assim uma lista de duas a cinco palavras-chave em espanhol ou português
e inglês. Estes resumos serão enviados para publicação no Current Contents,
Psychological Abstracts e incluídos no PsycINFO Database e PsycLIT CdRom, entre outras bases.
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6. Os artigos terão uma extensão máxima de 30 páginas A4, com 3 cm em
todas as margens, 1 ½ espaço, em letra Arial, tamanho 12, incluindo quadros,
figuras e referências,.
7. Os trabalhos deverão observar um plano de apresentação que compreenderá
os seguintes momentos: introdução, método, resultados, discussão, conclusão
e referências.
8. No corpo do artigo, deverão assinalar-se ou locais onde inserir quadros,
gráficos e figuras, que deverão ser apresentadas em folhas separadas no final
do texto.
9. Os quadros serão enviados em folhas separadas, deverão estar numerados e
com uma legenda apropriada. Os quadros devem ser auto-explicativos.
10. As figuras não deverão exceder o tamanho de 21,5x28,0 cm. Nos caso dos
gráficos, os números, letras e legendas deverão ter tamanho adequado, para
que sejam legíveis após uma redução possível para uma largura máxima de
8,5cm.
Envio de trabalhos
Deverão ser enviados em correio electrónico a Prof. Bruno Ademar P. Gonçalves ([email protected]), utilizando or processadores de texto Word ou Rich
Format Text rft sem introdução de qualquer instrução de formato.
Os autores deverão enviar os seus endereços, números telefónicos, de fax e
correios electrónicos, para uso do escritório editorial. Os manuscritos deverão ser
enviados a:
Editores Gerais
Em Espanhol:
María Pilar Sánchez López
[email protected]
Em Português:
Prof. Bruno Ademar P. Gonçalves
[email protected]
Acusar-se-á a recepção dos trabalhos enviados e informar-se-á, posteriormente, da sua aceitação, proposta de alteração ou recusa. Os originais não serão devolvidos. Deverá ter-se em conta que o processo de revisão de um trabalho implica
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um período de três a seis meses. Cada artigo será submetido a revisão por revisores
do nosso Corpo Editorial, de forma anónima.
NOTA
A los autores miembros de AIDEP se les entregará dos ejemplares de la revista
donde se encuentra publicado su artículo. Cuando los autores no sean miembros
de la Asociación, deberán abonar el valor de una membresía anual, para que el
artículo pueda ser publicado; se le enviarán dos ejemplares a los autores que hayan
abonado
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ASOCIACIÓN IBEROAMERICANA DE DIAGNÓSTICO
Y EVALUACIÓN PSICOLÓGICA
Registro Nacional de Asociaciones del Ministerio del Interior de España
160.710 CIF G-37312642
Personería Jurídica en Argentina N° 1745733 aprobada
por resolución N° 873/05 Inspección General de Justicia
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JUNTA DIRECTIVA
Presidente:
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Secretaria:
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Información y contacto
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CABA (C1175ASM)
Argentina
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Portal: www.aidep.org
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Teléfono (Incluya prefijos): ...................................................................................
Fax (Incluya prefijos): ...........................................................................................
E-mail: ....................................................................................................................
Institución: .............................................................................................................
Puesto que ocupa: ..................................................................................................
Áreas temáticas en las que trabaja o investiga:
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(Fecha)
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De mi consideración:
El que suscribe............................................................................................... en mi carácter de titular de
la tarjeta VISA / VISA Electrón Nº _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ autorizo por la presente a que el
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debitado en forma directa y automática en el resumen de cuenta de la tarjeta citada precedentemente
y/o de sus correspondientes reemplazos.
De la misma manera me comprometo a informar cualquier cambio en el número de tarjeta antes mencionado.
La presente autorización tiene validez desde la recepción de la presente por el Establecimiento, hasta
tanto medie comunicación fehaciente de mi parte para revocarla.
Firma:
Aclaración de firma: ...............................................................................................................................
Documento (tipo y número): .................................................................................................................
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