Edición Completa - Revista de Ciencias Sociales

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Edición Completa - Revista de Ciencias Sociales
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
Revista de Ciencias Sociales
Nº 29 Segundo Semestre 2012
ISSN 0717-2257 ISSN 0718-3631
La revista de Ciencias Sociales está indexada a:
Hispanic American Peridiocals Index (Hapi)
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
(REDALYC) y Latindex-Catálogo (Sistema de Información en Línea para Revistas
Cientificas de América Latina, El Caribe, España y Portugal).
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Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
Hasta la edición Nº 15 del año 2005, la Revista de Ciencias Sociales se editaba
una vez al año. A partir del año 2006, se edita semestralmente.
REPRESENTANTE LEGAL
Gustavo Soto Bringas
Rector Universidad Arturo Prat
DIRECTOR
Bernardo Guerrero Jiménez
SUBDIRECTOR
Víctor Guerrero Cossio
EDITORA
Miriam Salinas Pozo
DIAGRAMACIÓN y ESTILO
Ediciones Campvs
EDICIÓN WEB
Ricardo Díaz Quezada
(Imagen Digital)
COMITE EDITOR PERMANENTE
Dr. Juan van Kessel Browers
Universidad Libre de Amsterdam
Dr. Juan Podestá Arzubiaga
Universidad Arturo Prat. Chile
Dr. Bernardo Guerrero Jiménez
Universidad Arturo Prat. Chile
Dr. Pedro Bravo Elizondo
Universidad de Wichita. Estados Unidos
Dr. Juan Matas
Universidad Marc Bloch de Estrasburgo
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Dr. José Antonio González Pizarro
Universidad Católica del Norte. Chile
Dr. Carlos Donoso Rojas
Universidad Andrés Bello. Chile
Dra. Silvia Citro
Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires. Argentina
Dr. Alex Espinoza Verdejo
Universidad de Tarapacá. Chile
Dra. Sonia Reyes Salgado
Universidad de Valparaíso. Chile
Dr. Patricio Silva
Universidad de Leiden. Holanda
Dra. Adriana Maya
Universidad de Los Andes, Bogotá. Colombia
Dr. Herwig Cleuren
Universidad de Leiden. Holanda
Dr. Patricio Rivas H.
Convenio Andrés Bello, Bogotá. Colombia
Dr. Ricardo Salas Astrain
Universidad Católica de Temuco. Chile.
Dra. Jeanne Simon
Universidad de Concepción. Chile.
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Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
La Revista de Ciencias Sociales de la Universidad Arturo Prat, se publica en forma
ininterrumpida desde el año 1992. Nuestro eje central es la reflexión acerca de la
realidad del norte grande de Chile, en todas sus dimensiones, entendiendo con
ello que la realidad no se puede reducir, a uno u otros aspectos que la integra.
Nos interesa generar y socializar el conjunto de conocimientos producto de la
investigación social, que nuestros investigadores, sociólogos, historiadores,
antropólogos, entre otros, producen.
Para una adecuada toma de decisiones, se precisa contar con conocimientos que
den cuenta de la compleja realidad del norte grande. Nuestra prioridad es dar a
conocer, por la vía de artículos, los avances que se obtienen, en las diversas
investigaciones que se llevan a cabo.
La Revista de Ciencias Sociales de la Universidad Arturo Prat, se publica dos
veces al año, posee un Comité Editorial compuesto por destacados investigadores
nacionales y extranjeros. Da cabida, además, a artículos que, sin referirse
necesariamente a nuestro entorno regional, permiten adentrarse en el
conocimiento de otras realidades.
Bernardo Guerrero Jiménez
Director
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ARTÍCULOS
PRESENTACIÓN
Olga Achón Rodríguez
Consideraciones metodológicas para el estudio de las migraciones en contextos
de pobreza
7-32
ARTICULOS
Pablo Baeza
De los enfoques “unidimensionales” a los enfoques “multidimensionales” en el
estudio de las migraciones internacionales
33-63
Délia Dutra
Estigma y discriminación en la experiencia de migración. Mujeres peruanas
trabajadoras domésticas en Brasilia
64-88
Mieke Schrooten
(Trans)Forming boundaries in a contact zone: the experience of brazilian migrants
in Brussels
89-104
Damir Galaz-Mandakovic Fernández
El escenario de la migración en Tocopilla en el devenir del Siglo XX. Tres
colectivos alóctonos y la fuga autóctona
105-131
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Gregory Dallemagne – Lucía Echevarría Vecino – Alicia Fernández Ferrer
Migraciones transnacionales y políticas de representación en España: los
discursos sobre colectivos latinoamericanos en dos medios de comunicación
dirigidos a minorías migrantes
132-159
Socorro Pérez Rincón – Antoni Vives – Asún García – Carme Expósito
Reproducción de la otredad inmigrante en Barcelona y recepción popular del
espacio urbano como “guetto”
160-182
Joaquín Eguren
El uso de los espacios públicos por los inmigrantes latinoamericanos de origen
andino en la ciudad de Madrid
183-204
Sandra Gruner-Domic
Identidad, migración y mediaciones: aspectos transnacionales en las experiencias
de mujeres latinoamericanas en Alemania
205-224
Sergio Witto Mättig y Andrea Kottow
La ciudad de la furia. Anotaciones en torno a “el roto” de Joaquín Edwards Bello
225-249
RESEÑA DE LIBROS
Jaqueline De Romilly. “La Grecia antigua contra la violencia”.
Víctor Hugo Mendez Aguirre
250-254
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CONSIDERACIONES METODOLÓGICAS PARA EL ESTUDIO DE LAS
MIGRACIONES EN CONTEXTOS DE POBREZA
Olga Achón Rodríguez 1
Efecto de sucesivos movimientos de personas los paisajes de las distintas urbes
europeas se han ido modificando configurándose como depósitos de lo extraño,
de lo ajeno 2(Delgado, 1997). Una vez producidas las identidades nacionales,
resultado de la construcción político-cultural de los estados nacionales al amparo
de la filosofía propia del nacionalismo del siglo XIX, todo atisbo de diferencia ha
tratado de neutralizarse 3 (Gellner, 1998, 1988) (Anderson, 1993) (Hobsbawn,
1989, 2000). Diversos métodos ideados para la homogeneización de los
escenarios urbanos, destino de corrientes de movimientos migratorios, han ido
patentándose como soluciones a la corrupción de la esencia cultural que debe
aunar a un pueblo. De tal forma instituciones como la escuela o el ejército
nacionales han servido, desde su emergencia en el siglo XIX, a la producción de
una identidad, en algún grado ficticia, a la que los sujetos diferenciados
étnoculturalmente debían asimilarse 4 (vale decir que esto ha sido efectivo tanto
para las poblaciones migrantes como a las comunidades etnodiferenciadas
establecidas en el territorio nacional de la mayor parte de Estados europeos antes
incluso de su formación política, tal es el caso de los gitanos).
1
GRECS–Grupo de Investigación sobre Exclusión y Control Social - Universidad de Barcelona.
Para mayor abundamiento al respecto de la generación de discursos sobre el extranjero en la ciudad como
chivo expiatorio de los males que padecen las sociedades de destino de los migrantes, véase Delgado, M.
“Qui pot ser immigrant a la ciutat?” en Delgado, M. (ed.) (1997) Ciutat i immigració. Barcelona: Centre de
Cultura Contemporània.
3
Una aproximación al tema de la construcción cultural de los estados nacionales precisa la atención a
trabajos como el de Ernst Gellner, Pensamiento y Cambio, en el que estudia el origen del nacionalismo
vinculado a los procesos de modernización; el de Benedict Anderson, Comunidades Imaginadas, por el que
analiza la aparición de los nacionalismos europeos en la escena policía del siglo XVIII en conexión con la
creación de los estados nacionales en las colonias americanas; y Eric Hobsbawn, Naciones y Nacionalismos
desde 1780, principalmente, en el que procura un detallado análisis de la evolución de la nación moderna.
4
El paradigma del asimilacionismo continua vigente en la mayor parte de países europeos en lo que a gestión
de la diversidad refiere. Bajo su égida proliferan políticas y normas, y se implementan proyectos dirigidos al
sometimiento cultural de los grupos étnicos subordinados a las élites nacionales. Tras ellos emerge la
consideración social que se hace de los grupos considerados culturalmente distintos, léase inferiores, y la
unilateralidad del proceso de cambio que debiera seguirse tras la implementación de políticas asimilacionistas.
Según Malgesini y Giménez, las prácticas asimilacionistas son antiguas en Europa y tienen reflejo en las
políticas de homogeneización lingüística y cultural, cuando no religiosa, en el período de formación de los
estados nacionales. (Malgesini y Giménez, 2000: 51) Sobre asimilacionismo véase asimismo Banton, M.
(1992) “Assimilation” en Dictionary of race an ethnic relations. Routledge: E.E. Cashmore, Londres y Nueva
York, pp. 2-27 y Gordon, M. (1964) Assimilation in American Life. Oxford University Press.
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Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
Las sociedades resultantes de tales procesos históricos de construcción, sin
embargo, no son las que ni los románticos ni los ideólogos del esencialismo
cultural hubieran aspirado edificar a través de sus proyectos esencialistas. Antes
al contrario el Londres del que hubiese gustado disfrutar Rudyard Kipling 5 jamás
vino a representarse pues ésta ya era a finales del siglo XIX una ciudad
cosmopolita segregada en base a prejuicios racistas, cuyo mayor fruto fue la
emergencia de distritos etnificados. La segregación espacial (Monreal, 1996)
(Martínez Veiga, 1999), producto principalmente de la exclusión residencial que
los extraños a la comunidad padecen (Achón Rodríguez, 2011) (Martínez Veiga,
2001), es una de las manifestaciones del desasosiego que produce la presencia
de extranjeros. La historia de las ciudades europeas puede contarse, entonces, de
este modo, a través de su crecimiento y su transformación en un archipiélago de
pequeños enclaves étnicos 6. Principal operador simbólico de esta realidad es la
prevención de la comunidad frente a una posible contaminación 7.
El extranjero, asimismo, ha venido y viene a representar en este contexto de
construcción de identidad el temor a la pobreza, que en períodos históricos
anteriores encarnaba el vagabundo, el mendigo o el loco 8, personajes
5
Mary Nash en su trabajo “Identidades, representación cultural y discurso de género” hace referencia al sentir
del poeta y a su discurso esencialista en el siguiente extracto: “La representación cultural de la diferencia en
términos de categorías sociales queda claro en el discurso colonial e imperial que caracterizaba al otro –los
pueblos colonizados- en grupos étnicos de una naturaleza supuestamente inferior. Frente a ellos el hombre
blanco categorizado como de raza superior debía, en palabras del poeta Kipling, asumir la carga del hombre
blanco (“the White man’s burden”) de “civilizar” a los pueblos colonizados” (Chalmeta, Checa Cremades,
González Portilla et al, 1995: 193)
6
Graciela Malgesini y Carlos Giménez detallan en su obra “Guía de Conceptos sobre Migraciones, Racismo e
Interculturalidad” el problema de la definición del concepto de enclave étnico, cuya aplicación tiene sentido
cuando se hace referencia a “(…) agrupaciones o concentraciones de personas pertenecientes a un
determinado grupo étnico (religioso o lingüístico) fuera de su territorio de origen y dentro por lo tanto de un
territorio ajeno. En lo que se refiere a las migraciones internacionales, el término enclave étnico se aplica
concretamente a las concentraciones o agrupaciones de inmigrante, o más en general, de personas de origen
extranjero, en las sociedades receptoras de la inmigración. Así se habla de “enclaves pakistaníes” en
Inglaterra (Webner, 1992), de “enclaves hispanos” en California (Palerm, 1989), de “enclaves de inmigrantes
extranjeros en la agricultura española (Giménez, 1992), etc.” (Malgesini y Giménez, 2000: 141)
7
Acerca de la segregación espacial vivida por los trabajadores llegados de partes más pobres a Barcelona
durante las décadas de los ’50, ’60 y ’70, véase Tatjer i Mir, M.; Muñóz Romero F.; Díaz Molinaro, M.; Camino
Vallhonrat, X.; Casasayas Garbí, O. y Larrea Kil, C. (2011) Barraquisme, la ciutat (im)possible. Els barris de
Can Valero, El Carmel i la Perona a la Barcelona del segle XX. Barcelona: Generalitat de Catalunya,
Departament de Cultura.
8
Para un tratamiento en profundidad del temor que ha suscitado el pobre y principalmente el loco, y sobre la
forma en que en la historia se ha tratado de expulsar del espacio público a estos personajes amenazantes del
orden establecido véase Michel Foucault, “Historia de la locura en la época clásica”.
En este marco, cuesta no evocar la figura análoga del hobo, ya familiar gracias a la literatura y el cine. A
finales del XIX y en las primeras décadas del siglo XX, Estados Unidos conoció a los hobos, trabajadores
eventuales, anglosajones y blancos en su mayoría, que iban de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo a la
búsqueda de un empleo temporal, viajando ilegalmente en los trenes, viviendo en las calles y frecuentando
comedores públicos para pobres. Eran trabajadores inmigrantes al pie de la letra pues se desplazaban de un
lado a otro en busca de una colocación eventual. Por su grado de conciencia política y sindical, y la presencia
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amenazantes del orden público 9. Para ellos diversos códigos, fueros o
reglamentos se han dictado con el propósito explicito de, en ocasiones, hacerlos
desaparecer, o sacar el mejor partido posible de ellos 10, como así sucede con el
extranjero hoy y la promulgación de leyes por las que a menudo se lo criminaliza,
al tiempo que promueven su explotación. Antecedentes históricos sobre el
tratamiento dispensado a la pobreza, tales como las leyes de pobres inglesas,
castellanas y chilenas 11, muestran como las razones argüidas por los legisladores
frecuente de personas con un nivel intelectual aceptable entre ellos –algunos llegaron a ser célebres, como
Walt Whitman o Woody Guthrie–, su capacidad de autoorganización y la cultura específica que llegaron a
generar, han sido objeto hasta hoy mismo de una admiración reflejada en buen número de canciones, novelas
y películas. La Escuela de Chicago le dedicó uno de sus textos clásicos, el libro The Hobo, de Neil Anderson –
que también había sido él mismo un hobo–, editado en 1923 (Anderson, 1998), y un no menos célebre artículo
del padre de aquella corriente de antropólogos y sociólogos urbanos, Robert Ezra Park, que en el mismo año
publicada su artículo “El espíritu del hobo: reflexiones sobre la relación entre mentalidad y movilidad” (Park,
1998).
9
Sergio Fernandez Riquelme en su trabajo “Los orígenes de la beneficencia. Humanismo cristiano, derecho
de pobres y Estado Liberal” alude al problema de la criminalización de la pobreza del siguiente modo: “Dentro
de esta concepción liberal, los “pobres, vagos y mendigos” eran un peligro para el orden social, para el
desarrollo económico y para el proceso productivo; y ante esta situación, el poder público debía dedicarse a
aumentar la población útil para la manufactura y la industria, siendo el Hospicio y el Hospital las instituciones
adecuadas para integrar al méndigo válido mediante su formación y su trabajo forzado, o las Casas de
expósitos para evitar que los menores abandonados se convirtieran en vagos y mendigos cuando fueran
adultos (González Seara, 2000: 119). La pobreza no era útil ni decente para la nueva sociedad liberal e
industrial; no pagaban impuestos, no participaban de la política, no participaban en el sistema productivo.
Eran, por tanto, un riesgo para la convivencia social, y un inconveniente para el desarrollo económico del
país.” (Fernández Riquelme, 2007: 26)
10
Para Chile véase, Locos (disposiciones a que están sometidos los que ingresen a un asilo de locos)
Proyecto de Lei en Boza y Anguita, 1895: 311)
11
La emergencia de leyes contra la vagancia en Inglaterra, durante la primera mitad del siglo XIV, provee un
valioso antecedente. Surgidas en un contexto de escasez de fuerza de trabajo, experimentada por la
aristocracia rural a consecuencia, principalmente, de la liberación de siervos a cambio de un canon, así como
a causa de la disminución de la población por efecto de la peste negra en 1348, su principal objetivo estribaba
en la eliminación de la presión salarial que tal escasez producía y la creación de una reserva de mano de obra
barata. Como apunta Chambliss en su análisis sociológico sobre la legislación de la vagancia, éstas “fueron
diseñadas con un propósito expreso: forzar trabajadores (sean libres o siervos) a aceptar empleos a un precio
bajo en orden a garantizar al terrateniente un adecuado suministro de mano de obra a un precio que él
pudiera pagar” (Chambliss, 1964:69). Principal objetivo de estas leyes es el logro de la fijación de la mano de
obra por el que conseguir el suministro de trabajadores funcional al mantenimiento del nivel de los salarios.
Tal objetivo se alcanzó, principalmente, mediante la obligación de trabajar a precios estipulados con
anterioridad al arribo de la peste negra, la prohibición de aceptar salarios superiores a aquellos, de rechazar
trabajos y de moverse por entre los distintos condados en busca de una mejor oferta por la cual recibir
mejores pagos (Foote, 1956:615).
Medidas análogas fueron tomadas igualmente en el reino de Castilla durante la misma época, resultado de
causas similares, entre ellas la aparición de la peste negra. A consecuencia de la misma se produjo un
descenso de la población de hasta un 25% en dicho reino, por lo que los campos quedaron yermos. De la
misma manera que ocurrió en Inglaterra ante tal escenario de escasez de trabajadores, la nobleza
terrateniente impulsó la creación de leyes en contra de la vagancia, como estrategia al establecimiento de un
reclutamiento forzoso de mano de obra libre, no sometida a vasallaje, evitando pagar salarios en alza a
consecuencia de la presión salarial ejercida por la disminución de su número. Al efecto, en 1369 se formuló el
estatuto de los vagabundos, el que se mantuvo vigente hasta la época de Carlos V, en 1552, en la que por
Real Pragmática se instituyó la obligación de servir en las galeras en sustitución del cultivo de tierras. De este
modo, se movilizaba la mano de obra, una vez fijada en el campo, hacia otros servicios considerados
imprescindibles para una potencia marítima en expansión. (Achón Rodríguez, 2011:84)
9
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del pasado no han perdido vigencia. Importante ha sido la escasez de fuerza de
trabajo a bajo precio, sentida por terratenientes e industriales del siglo XIX, y
empresarios en el siglo XX y XXI, para la promoción de textos normativos cuya
finalidad era, en un principio, la prevención de la vagancia y la aplicación de los
cuerpos al trabajo de los pobres, y más tarde para hacer uso de la fuerza
productiva del extranjero. De tal modo hoy en Europa, y frente a la desaparición
del trabajador autóctono de sectores de actividad caracterizados por presentar un
bajo nivel de salarios y duras condiciones de trabajo (Achón, 2011:76) 12, contamos
con legislación adecuada a la producción de estatutos jurídicos por los que los
empresarios logran sustraerse del mercado de trabajo 13. El acceso, entonces, a la
mano de obra barata disminuida en derechos se promueve hoy, como en tiempos
Para el caso chileno podemos traer a colación la ley de 1843 sobre Mendigos compilada en la obra de Boza y
Anguita. En la misma se hace distinción entre vagancia e indigencia al definir a los vagos como “miembros
estériles i nocivos de la sociedad (…) móvil principal de todos los vicios i delitos” (Boza y Anguita, 1895: 310).
Por el contrario, el indigente sería el verdadero pobre, individuo al que la sociedad le autoriza a mendigar una
vez probado el impedimento que les dificulta para “ganar la subsistencia con su trabajo personal” (Boza y
Anguita, 1895: 310). Nuevamente, como en los casos anteriores, en Chile proliferaron leyes contra la vagancia
por las que se trató de obligar a los pobres capaces para el trabajo a ocuparse en faenas principalmente
agrícolas. En los inicios de una fructífera industria minera con el descubrimiento de la mina de plata
Chañarcillo en 1832, la hacienda chilena trata de competir por el trabajo de los pobres promoviendo su fijación
en el centro y el sur del país. La sujeción de la mano de obra disponible se realizó, entre otros modos, a través
de la obligación de trabajar a todos los ciudadanos salvo a aquellos considerados pobres verdaderos,
incapacitados para el trabajo. Es así como a los mendigos se les criminaliza pues su errancia se considera
nociva para el desarrollo de la agricultura, en manos de las élites dominantes con el suficiente poder político
como para negar su existencia y criminalizar su actividad. De no tener licencia para mendigar, otorgada luego
de realizados los “informes que se estimen necesarios i hacer, si fuere preciso, que uno o mas profesores en
medicina les den su dictámen (…)” (Boza y Anguita, 1895: 310), al vago se le puede aprehender y confinar en
un hospicio si fuese encontrado pidiendo limosna (Boza y Anguita, 1895: 306). El estigma del impedido se
hacía recaer sobre el indigente autorizado a mendigar toda vez se le obligaba a llevar “(…) en alguna parte
visible de sus vestidos esta licencia pegada al reveso de un escudo de metal o de lata, en cuyo anverso irá
grabado o pintado el nombre del departamento.” (Boza y Anguita, 1895:310) La operación simbólica del
estigmatizado servía a la par tanto para señalar al inválido del capaz para el trabajo, como para intimidar a los
pobres en general y forzarlos al tajo.
12
Tal es el caso de la agricultura debido entre otras causas a la cultura empresarial caracterizada por la
explotación del subordinado. Según Pedreño, es la agricultura un sector tradicionalmente desregularizado en
el que tienden a reproducirse pautas de eventualidad, máxima flexibilidad y ausencia de contrato (Pedreño,
1999). Igualmente Achón destaca que es la agricultura un sector productivo caracterizado por presentar un
bajo nivel de salarios y condiciones duras de trabajo (Achón, 2011b).
13
Emmanuel Rodríguez reflexiona sobre cómo la producción de estatus jurídicos a través de la ley de
extranjería tiene por objetivo el recorte de libertades de los extranjeros: “La falta de papeles se ha convertido
en un régimen de control, fijación y coacción del trabajo mucho más eficaz de lo que a primera vista se
pudiera suponer. (…) el sometimiento del trabajador migrante se realiza sobre una fijación coactiva. De hecho,
la mayor parte del trabajo se realiza sobre la base de una relación salarial oportunista y despótica, fundada en
la condición alegal del migrante” (Rodríguez, 2003:76-77). La segmentación del mercado de trabajo se
produce en parte por la discriminación normativa –entiéndase el establecimiento de distinciones en el
ordenamiento jurídico de un Estado tendentes a crear grupos provistos de estatutos jurídicos diferenciados
(Achón, 2011a: 29)- a la que está sujeto el extranjero. Producido el personaje adecuado a su explotación,
toda vez recaiga sobre él el estigma del “sin papeles”, es que los empresarios pueden lograr sustraerse del
mercado formal de trabajo y gozar de su fuerza de trabajo. En efecto, como ya señalamos en otro lugar, la
producción de sujetos limitados en derechos auxilia a sectores económicos en el intento por sustraerse al
mercado de trabajo (Achón, 2011b: 221).
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pretéritos, atendida la juridificación reciente del fenómeno migratorio por la que
lograr la máxima exacción de plusvalía del trabajo de los extranjeros y la
maximización de los beneficios de las empresas que hacen uso del mismo.
Denominador común de toda producción legislativa en este sentido es la absorción
del trabajo de los pobres, los que debido a la escasez de oportunidades en sus
lugares de origen y a su instinto de conservación se han movilizado allí donde
hubiere trabajo. Es el caso de los éxodos rurales acaecidos en Inglaterra durante
la Revolución Industrial 14, proceso histórico que también experimentaron otros
estados europeos más tarde 15.
Para el caso español Gómez Rivero y Palomeque López señalan como inicio del
proceso industrializador del país “(…)la década de 1830, coincidiendo con la obra
desamortizadora del suelo [origen de un considerable incremento de la producción
agraria y de fuertes tensiones demográficas], la mecanización de la industria
algodonera, el encendido de los primeros altos hornos y el comienzo de las
construcciones mecánicas, aun cuando la industrialización efectiva del país
llegase a ser un fenómeno notablemente posterior”(Gómez Rivero y Palomeque
López, 2003: 187). En este contexto se desarrollan las primeras migraciones
masivas del campo a las ciudades donde se crean las temidas bolsas de pobreza
pobladas de trabajadores, cuya miseria más tarde será denominada como
Cuestión Social. 16 Protagonistas de esta movilización, principalmente para el sur
14
El problema de las migraciones inglesas campo-ciudad se desarrolla en el contexto de los cercamientos o
enclousures. Con ellos nos referimos al proceso de cierre de los campos comunales por parte de los
terratenientes llevado a cabo principalmente entre 1760 y 1840. Concebido por Thompson como un robo de
clase, consistió en una redefinición de la estructura agraria, con el fin de capitalizar el uso de la tierra,
intensificándola. Resultado de aquello, es el empobrecimiento de los cottagers que en lo sucesivo se
transformarían en mano de obra barata. De acuerdo al pensamiento de Thompson, los cercamientos
socavaron las relaciones tradicionales características de la sociedad campesina inglesa (Thompson, E.P.,
1989:229). De forma similar, para el escritor y economista Arthur Young los cercamientos acabaron con la
propiedad de los pobres, lo que les impulsó a emigrar a ciudades industriales (Hammond, J.L. y Hammond,
B., 1987:59). El uso al que fueron destinadas principalmente estas tierras cercadas fue el pastoreo, pues
como indica Ashton, “el propósito principal fue abastecer de lana a la creciente industria textil; por
consiguiente, aun en la segunda mitad del siglo XVIII las cercas se encontraban con mayor frecuencia en las
regiones pastoriles” (Ashton, 1950:32). La incipiente industria textil se desarrolló principalmente en el campo,
en el que los desposeídos de la tierra tendrían un papel relevante, en este sentido “la industria era rural más
bien que urbana” (Ashton, 1950:57). Con la evolución técnica de los procesos industriales y el nacimiento de
la fábrica como nueva organización del trabajo, se propicia un gran movimiento en masa de trabajadores que
debían vencer determinadas leyes que obligaban, entre otras cosas, al mantenimiento del domicilio. Esas son
las tristemente célebres Leyes de Asentamiento dictadas, desde 1662, como estrategia para el control del
establecimiento de la mano de obra (Hammond, J.L. y Hammond, B., 1987:89). Esto manifestaba la pugna por
la misma entre parroquias, y en ellas, entre la aristocracia instalada en los campos y la burguesía industrial.
15
Acerca del proceso de industrialización en Europa véase Kemp, T. (1979) La revolución industrial en la
Europa del siglo XIX, Barcelona: Fontanella y Mantoux, P.(1962) La revolución industrial en el siglo
XVIII. Madrid: Aguilar
16
Entregamos a continuación una descripción detallada de la situación de la clase obrera en España para
1883: «[..] Nuestras clases obreras, tanto fabriles como agrícolas, carecen en efecto, en casi todas las
11
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de España, fueron los campesinos cuyas propiedades no solían superar la
hectárea y que trabajaban en tierras de grandes propietarios 17. La pervivencia de
estructuras propias del feudalismo español en el siglo XIX 18 e inicios del siglo XX
comarcas del país, de lo más necesario y hasta de medios materiales de subsistencia. Si existen éstos, son
tan exiguos a veces que modifican desventajosamente el estado de aniquilación en que dichas clases de
hallan, organismo el suyo que se desarrolla penosamente en medio de la estrechez y la miseria, corre gran
riesgo, sin duda, y pierde fuerzas en vez de ganarlas, si la casualidad le depara mayor o más suculenta
alimentación. ¿Quién no ha notado la serie de enfermedades que se producen en los trabajadores del campo
de nuestras comarcas agrícolas del mediodía, cuando, después de la miseria en que han vivido durante, v.
gr., el invierno y la primavera, vienen de repente, faltos de fuerzas, a sufrir los rigores del calor en medio de
las duras faenas del campo en el verano y bajo la influencia de un régimen alimenticio relativamente opíparo?
Si de la alimentación venimos a la morada que dichas clases habitan, el espectáculo es más conmovedor:
hacinadas en estrechas y lóbregas viviendas faltas de ventilación en las grandes poblaciones y en inmundas e
insalubres barracas en las poblaciones rurales o en el campo, mil dolencias las diezman continuamente. Con
la habitación corre parejas el vestido harapiento y sucio. Su ilustración y esparcimiento son tan deficientes
como lo acreditan los desconsoladores datos que suministra la estadística criminal y la de instrucción pública.
La ignorancia casi absoluta es su patrimonio [..]. Y no hay que añadir que las desgraciadas generaciones que
en tales condiciones se forman han de tener por herencia, o un sistema nervioso dispuesto a todo exceso, o
un semiidiotismo que les incapacite para todas las relaciones individuales y sociales» (REFORMAS
SOCIALES, Información escrita practicada en virtud de la Real Orden de 5 de diciembre de 1883. Publicación
oficial, Manuel Minuesa de los Ríos, Madrid, 1890, tomo II, 273 y ss, citado en Gómez Rivero y Palomeque
López, 2003: 187)
Para el caso inglés puede revisarse Engels, F. (1976) La situación de la clase obrera en Inglaterra. Madrid:
Akal Editor.
17
Sobre la estructura latifundista en el sur de España Gómez Rivero y Palomeque López señalan: “El
fenómeno del latifundismo y de sus secuelas anejas, el caciquismo en particular, caracterizaba la propiedad
agraria en la España meridional del momento. El suelo se encontraba concentrado en las manos de un
restringido número de grandes propietarios (…)” (Gómez Rivero y Palomeque López, 2003: 188) Asimismo,
los mismos autores dirigen al lector interesado en el estudio del latifundio y su problemática social a la P.
CARRIÓN. P. (1975) Los latifundios en España. Su importancia, origen, consecuencias y solución. Barcelona:
Ariel. También AA.VV. (1978) El latifundio. Propiedad y explotación, ss. XVIII-XX. Madrid: Ministerio de
Agricultura.
Para el caso chileno rescatamos el siguiente fragmento que resume el proceso de migración campo ciudad
durante el siglo XIX y el XX hallado en la página Memoria Chilena de la Biblioteca Nacional Digital de Chile:
“Durante el último tercio del siglo XIX y la primera mitad del XX, Chile experimentó un fenómeno
migratorio hacia los centros urbanos. Sus causas estuvieron relacionadas con factores macroeconómicos. En
primer lugar, los cambios que a partir de 1850 comenzó a experimentar el sistema primario exportador,
basado en la producción de trigo y plata. En segundo lugar, se inició un sostenido crecimiento minero en
función de nuevas actividades, fundamentalmente el salitre y el cobre, en detrimento de los productos
señalados. Para la explotación del salitre, la población empezó a concentrarse en pequeños núcleos urbanos
del norte grande: las oficinas salitreras. Además, aumentaron los habitantes en los puertos de salida del
mineral. En el caso de la agricultura, los grandes propietarios del valle central iniciaron un proceso de
expansión y modernización, para cultivar sus tierras a costa de los pequeños y medianos productores, que
fueron
expulsados
o
empeoraron
sus
ya
precarias condiciones
de
vida.”
http://www.memoriachilena.cl/temas/index.asp?id_ut=migracioncampociudad(1885-1952)
Para mayor información al respecto véase: Aranda Baeza, X. (1981) Empleo, migración rural y estructura
productiva agrícola. Santiago de Chile: FLACSO, Coeymans, J.E. (1982) Determinantes de la migración rural
urbana en Chile según origen y destino. Santiago de Chile: Universidad Católica de Chile, Instituto de
Economía y Espinoza, V. (1989) “Para una historia de los pobres de la ciudad”, Miradas (3): 37, mayo. Para
un retrato detallado de las familias que habitan los suburbios pobres de Santiago a inicios del siglo XX véase:
Eyzaguirre Rouse, G. y Errázuriz, J. (1903) Monografía de una familia obrera de Santiago. Santiago de Chile:
Imprenta Barcelona.
18
Según Gómez Rivero y Palomeque López: “En el último cuarto del siglo XIX, los grandes propietarios
agrarios constituían el grupo social dominante, concentrando en grandes propiedades más de la mitad de las
tierras, lo que no dejaba de alimentar, paralelamente, la formación de los movimientos campesinos actuantes
a lo largo del diecinueve en la mitad sur del país.” (Gómez Rivero y Palomeque López, 2003: 189) Para mayor
12
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
provocó el retorno de revueltas campesinas 19, antecedente rural de las luchas
obreras por la modernización del país. No fue sino en el norte donde éstas últimas
se extienden, foco de desarrollo de las industrias en España, principalmente en
Cataluña, Asturias y País Vasco. El obrero soñado, al decir de Sierra Álvarez
(1990), ideal a modelar mediante procesos de embridamiento de las fuerzas
productivas (Mezzadra, 2005), comienza a formar sociedades de resistencia cuyo
objetivo no era sino “(…) la lucha de clases contra el sistema capitalista” (Alarcón
Caracuel, citado por Gómez Rivero y Palomeque López, 2003:191).
La conclusión del proceso modernizador coincide, por un lado, con el fin de la
dictadura franquista y la legalización de las principales organizaciones
sindicales 20, y de otro con el freno de las migraciones masivas internas,
consecuencia del crecimiento económico experimentado una vez finalizada la
etapa más autárquica de la dictadura. Podemos estimar que esta transformación
concluye a principios de la década del 70 del siglo XX, principalmente debido a la
mejora de las condiciones de trabajo y vida experimentada por los españoles en
los últimos dos años de la década del setenta y durante toda la década del
ochenta. En adelante, y superadas aquellas imágenes familiares de mendigos,
afiladores, vendedores de botijos y cartoneros, el extranjero irregular las ha hecho
renacer, integrándolas en las ciudades. Ha obligado, de este modo, a realizar un
ejercicio de rememoración a toda una sociedad consagrada a la realización de un
sueño de prosperidad. Al igual que los pobres de décadas pasadas, producto de
estas migraciones de campesinos de zonas rurales a zonas industrializadas, el
extranjero elabora en el presente, en mayor medida que nunca debido a la crisis
económica, itinerarios que le conducen a la obtención de trabajos informales,
generalmente localizados en la agricultura, sector en el que encuentran un refugio
productivo 21. Pasa, así, a formar parte de todo un repertorio histórico de “figuras
lógicas de un modo de producción referido a los ciclos estacionales” (Gaudemar,
1981:28). La mejora de las condiciones sociales
y el establecimiento del
Estado Social de Derecho, en efecto, hicieron decrecer la masa de proletarios
información sobre el respecto remitimos al lector a la obra “Luchas obreras y campesinas en la Andalucía del
siglo XX. Jaén (1917-1920), Sevilla (1930-1932)” de Manuel Tuñón de Lara.
19
Particularmente famosas son las movilizaciones de los jornaleros andaluces y extremeños durante el otoño
de 1918 y el verano de 1919. Estos fueron períodos de numerosas huelgas, entre las que se encuentran las
historiadas huelgas generales de la provincia de Córdoba y los movimientos para la ocupación de tierras.
20
El 28 de abril de 1977 se inicia el periodo democrático de las organizaciones sindicales en España. Con
ello, se abre una nueva etapa en la realidad sindical española con el reconocimiento de UGT (Unión General
de Trabajadores), CC.OO. (Comisiones Obreras), USO (Unión Sindical Obrera), ELA-STV (Eusko Langileen
Alkartasuna-Solidaridad de los Trabajadores Vascos) y CNT (Confederación Nacional del Trabajo).
21
Márquez Domínguez (2009), efectúa un análisis similar al respecto del reemplazo del forastero, pobres
errantes en busca de trabajos temporales y débilmente remunerados, por el extranjero que viene a ocupar su
lugar. Específicamente véase pp. 192-195.
13
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
autóctonos dispuestos a realizar trabajos penosos y mal pagados por lo que,
podemos decir, que dejaron de formar lo que en terminología marxista se entiende
por ejército de reserva de mano de obra 22. El extranjero viene a llenar ese lugar y
su presencia hace renacer imágenes de pobreza antaño protagonizadas por los
propios autóctonos 23.
Procesos similares a los descritos aquí para el caso europeo, y más
concretamente para el caso español, se han experimentado en toda América
Latina, una vez logradas las transformaciones político sociales que acarrearon la
creación de los nuevos Estados nacionales –producto de la extensión de
movimientos independentistas que llevaron a gran parte de los países
latinoamericanos a la guerra por la Independencia de la Corona Española.Finalizados éstos y asentadas las estructuras políticas republicanas en toda la
región, proceso que duró todo el siglo XIX, y en algunos casos hasta parte del XX,
las sociedades herederas del orden social anterior emprendieron camino hacia su
modernización. Tanto si calificamos a este proceso como una transformación
inconclusa o inacabada 24 o si lo denominamos pseudomodernidad 25 o modernidad
oligárquica o excluyente, al decir de Jorge Larraín (Marín Bravo y Morales Martín,
22
Karl Marx introduce en El Capital el concepto de ejercito industrial de reserva del siguiente modo: “(…) si la
existencia de una superpoblación obrera es producto necesario de la acumulación o desarrollo de la riqueza
sobre base capitalista, esta superpoblación se convierte a su vez en palanca de la acumulación capitalista,
más aún, en una de las condiciones de vida del modo capitalista de producción. Constituye un ejército
industrial de reserva, un contingente disponible, que pertenece al capital de un modo tan absoluto como si se
criase y se mantuviese a sus expensas.” (Marx,1974:535)
23
Sobre el proceso de inserción laboral de los extranjeros puede leerse lo apuntado por Claudia Carrasquilla,
Elena Gadea y Sarah Meier para el contexto de post-guerra Europeo, y que ellas hacen extensible a la
población migrante que en la actualidad llegan al mercado de trabajo español: “Se puede argumentar, no sin
razón, que los primeros migrantes tienden a insertarse laboralmente en los puestos y sectores de menor
cualificación, salarios más bajos y escaso prestigio social. Así sucedió con los sucesivos movimientos
migratorios en la Europa de la post-guerra. Este hándicap inicial se paliaba con el tiempo, no sólo por el
esfuerzo del recién llegado, sino por la centralidad del trabajo asalariado, la acción del Estado de Bienestar y
el largo período de expansión económica, que facilitaron la integración mediante la movilidad social
ascendente y el desarrollo de tendencias inclusivas para ellos, y sobre todo para sus hijos e hijas” (Torres,
2007: 100)
24
Para los autores cabe considerar a “la modernidad en América Latina como un proyecto inacabado,
inconcluso, en el que su programa cultural y político, principalmente, está por materializarse de forma plena”,
como poco exitosa la modernización latinoamericana “pese a los esfuerzos desarrollistas, dada la flagrante
desigualdad de la región, convirtiéndose en la actualidad en una de las zonas más desiguales del
mundo en distribución de riqueza” (Marín Bravo y Morales Martín, 2010: 9-10)
25
José Joaquin Brunner denomina de este modo al proceso de modernización vivido en América Latina, y lo
describe del siguiente modo: “Es una especie de modernidad heterogénea que mezcla desarrollos técnicomateriales y políticos junto con un avance retardado en el plano práctico-moral de la sociedad referente a la
producción de valores, símbolos y principios universales de orientación de la acción que una determinada
cultura elabora.” (Marín Bravo y Morales Martín, 2010:6) Para mayor abundamiento véase Brunner, J.J. (1987)
“Entonces, ¿existe o no la modernidad en América Latina?”Material de discusión, FLACSO-Chile, No. 101,
Santiago de Chile, pp. 9-22.
14
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
2010:11), lo cierto es que perviven en toda la región problemas sociales 26 que
impiden el desarrollo exitoso del proyecto modernizador. En efecto, “[e]n América
Latina “la modernidad, salvo en la visión de algunas élites, no estuvo ligada a los
principios de la ilustración europea, ni se comportó como una experiencia social
unitaria” (Brunner 1987: 16), más bien ingresó cuando la sociedad latinoamericana
se constituía como sociedad bajo el alero de una oligarquía dominante” (Marín
Bravo y Morales Martín, 2010:7). El contexto de recepción de los ideales ilustrados
parece ser parte del problema al estar basado el orden social de gran parte de los
países latinoamericanos en estructuras de dominación de castas. La estratificación
social resultado del mestizaje proporcionó, entre otros factores, una base sólida
para el establecimiento de una organización económica fundada en el
sometimiento de españoles y mestizos sobre la población indígena. La resistencia
de las oligarquías latinoamericanas al cambio de este modo de organización social
limitó la influencia de los valores que algunos intelectuales trataron de difundir en
la región 27. En consecuencia la modernización de las distintas naciones ha sido
problemática por cuanto “[l]os valores de racionalidad, cultura científica,
democrática y política, igualdad o derecho a la libre expresión –por poner algún
ejemplo- no se han cumplido. Aunque haya pervivido en la región el discurso de la
modernidad desde la Independencia política la realidad es que este programa
cultural y político no ha alcanzado a realizarse plenamente.” (Marín Bravo y
Morales Martín, 2010:10).
Problemas relativos a la pobreza, la mala distribución de la riqueza, al bajo nivel
de oportunidades y a la débil movilidad social ascendente –producto
principalmente de la baja calidad de la educación pública y del difícil acceso a la
educación universitaria-; así como a la poca participación real de los ciudadanos
en el devenir de las repúblicas, entre otros, hacen de los países latinoamericanos
contextos particulares donde sobrevienen nuevos movimientos migratorios. En
especial, éstos se observan de países con menor índice de desarrollo a otros más
desarrollados. Dentro de este panorama Chile aparece como destino de muchos
migrantes en busca de trabajo y mejores oportunidades provenientes
principalmente de Perú, Bolivia, Argentina, Colombia y Ecuador 28. Para ellos la
26
Para Marín Bravo y Morales Martín algunos de estos problemas serían“(…) la erradicación del hambre, la
pobreza extrema, la ampliación de la educación básica universal, la reducción de la mortalidad infantil, el
mejoramiento de las condiciones de salud sexual y reproductiva, entre otras” (Marín Bravo y Morales Martín,
2010:9)
27
Entre los más importantes citamos a José Joaquín Mora y Andrés Bello.
28
Durante el año 2009, el Ministerio del Interior a través del Departamento de Extranjería y Migración y las
Gobernaciones Provinciales a lo largo del país, otorgó 57.076 visas de residencia temporal. De un total de
57.059 visas otorgadas de residencia temporal, 27.580 fueron concedidas a ciudadanos peruanos,
representando un 48,34% del total, 5.315 a ciudadanos colombianos, representando un 9,31%, 3.851 a
15
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
sociedad chilena ha preparado un escenario concreto de inserción social que
mucho tiene que ver con la situación socio económica en la que viven gran parte
de los chilenos. Siguiendo el trabajo de Dante Contreras dedicado al estudio de la
distribución del ingreso en Chile: “La economía chilena ha sido caracterizada en
los últimos años como una de rápido crecimiento y desigual distribución del
ingreso. En este contexto, varias investigaciones muestran que la distribución de
los ingresos en Chile es una de las más desiguales en el mundo, pero que dicha
desigualdad se ha mantenido relativamente estable desde una perspectiva de
largo plazo. En efecto, en nuestro país el 20% más rico de la población recibe 17
veces más ingresos que el 20% más pobre. Por contraste, en los Estados Unidos
esta misma relación alcanza a 8.9 veces; y en Perú y Corea del Sur estas
relaciones alcanzan a 10.5 y 5.7 veces, respectivamente (PNUD, 1995).
Resultados similares se presentan en un estudio reciente del Banco
Interamericano de Desarrollo (BID, 1998)” (Contreras, 2007:315) 29 .
ciudadanos argentinos, representando un 6,75% y 3.635 a ciudadanos bolivianos, representando un 6,37%
del total. Rescatamos estas cifras para dar cuenta de las nacionalidades mayoritarias de donde provienen los
migrantes en busca de trabajo, los que tramitan inicialmente una visa de residencial temporal, en gran parte
de casos, sujetas a un contrato de trabajo. Se define Visa de Residencia Sujeta a Contrato de la siguiente
manera: “Una Visa de Residencia Sujeta a Contrato es el permiso que se otorga a los ciudadanos extranjeros
que viajan al país con el objeto de dar cumplimiento a un contrato de trabajo. La ley establece que se podrá
otorgar esta visación a aquellas personas que se encuentren en el territorio nacional y que tengan el propósito
de radicarse en el país con el mismo fin.” Se estima que en Chile residen alrededor de 160.000 peruanos,
unos 48.000 argentinos, 20.000 bolivianos y 20.000 ecuatorianos.
Fuente: Gobierno de Chile INFORME ANUAL DEPARTAMENTO DE EXTRANJERIA Y MIGRACIÓN
MINISTERIO DEL INTERIOR Registro de Permisos de residencia otorgados en Chile Sistema B3000.
Departamento de Extranjería y Migración del Ministerio del Interior.
http://www.extranjeria.gov.cl/filesapp/Informe%20Estimacion%20Poblacion%20Extranjeros%202008.pdf
29
Creemos conveniente rescatar del trabajo de Contreras las siguientes conclusiones, las que proporcionan
una idea acabada al respecto de la desigualdad en Chile: “En el concierto de países latinoamericanos, Chile
se encuentra entre aquellos que exhiben mayor desigualdad, donde sólo es superado por Brasil, Colombia y
Paraguay. Esta evidencia sitúa a Chile como una de las economías con mayor desigualdad en el mundo.
Segundo, la distribución del ingreso en Chile está lejos de ser “estable” desde una perspectiva de largo plazo.
Por el contrario, exhibe una gran dinámica con períodos de significativos cambios en distintas direcciones. En
tercer lugar, los altos niveles de desigualdad son explicados por el comportamiento en la parte superior de la
distribución. Es decir, la desigualdad no es homogénea a lo largo de los distintos segmentos de ingreso.
Cuarto, resulta clara la importante heterogeneidad regional de la distribución del ingreso. Es decir, medir la
distribución a nivel nacional o nivel regional genera no sólo conclusiones distintas respecto a su
comportamiento, sino también sugiere diseños de políticas económicas alternativas. Finalmente, el considerar
en la medición de la desigualdad el ingreso total, per cápita o ajustado por economías y equivalencias de
escala, provoca cambios en la magnitud (niveles) de la desigualdad pero no en los cambios (a través del
tiempo) de ésta. Otras conclusiones de este artículo se encuentran en el ámbito de las políticas. Entre ellas, la
educación aparece como una de las variables de mayor incidencia en explicar la desigualdad y sus cambios.
A su vez, dichos cambios han sido provocados por movimientos de la demanda por trabajo. En particular, los
períodos de aumento de desigualdad coinciden con los aumentos de demanda por trabajo calificado, lo que
eleva su retorno. Esta conclusión es de gran importancia para las políticas públicas. La educación determina
la distribución del ingreso a través del cambio en su retorno, el cual a su vez es explicado por cambios en la
demanda por trabajo calificado en relación al trabajo no calificado. Esto indica que para reducir la desigualdad
se requiere invertir en educación en los grupos de menores ingresos, lo que aumentaría la oferta de trabajo
calificado, y de paso no sólo generaría aumentos de ingresos para los beneficiarios de esta mayor educación,
16
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
En tal situación el marco de inserción laboral y residencial de los extranjeros se
configura como un terreno espinoso, colmado de dificultades. Problemas relativos
a la segmentación del mercado de trabajo y a la segregación espacial de la
pobreza son los que de forma más decisiva repercuten sobre la inserción de los
migrantes. En efecto en Chile se observan dos mercados de trabajo 30, uno formal
y otro informal, en los que se observan diferencias en lo que respecta a nivel de
salarios y seguridad en el empleo; entre los que la movilidad de los trabajadores
es restringida 31 (Doringer y Piore, 1971), y por los que viene a retroalimentarse la
estructura de la riqueza y la desigualdad preexistente 32. En ellos los ciudadanos
sino también reduciría el retorno de este grupo y los niveles de desigualdad. Sin embargo, es importante
señalar que dicho efecto sólo puede ser observado en el largo plazo. Con, todo la educación explica alrededor
de 40% de la desigualdad de los ingresos del trabajo y cerca de 80% de sus cambios. Entre las políticas de
corto plazo que recurrentemente se mencionan como capaces de modificar la desigualdad se encuentran las
tributarias y de gasto social. Respecto a la primera, la evidencia indica claramente que cambios significativos
en el sistema tributario tendrían un impacto menor sobre la distribución. Por otra parte, el gasto social juega
un papel preponderante como herramienta de corto plazo para mejorar la distribución del ingreso. Su
efectividad depende de los montos destinados a gasto y la efectividad de la focalización. En efecto, en 1990,
el Coeficiente de Gini que considera ingresos netos alcanza a un 0.55, el que se reduce significativamente a
0.52 al considerar políticas sociales. Si consideramos la razón de quintiles, observamos que en 1996, a nivel
nacional, la razón entre los ingresos promedios del quintil más rico respecto al más pobre (Q5/Q1) se reduce
de 17 veces a 11 veces. Estas conclusiones se mantienen para distintos indicadores y zonas geográficas.
También se observa un impacto creciente de las mejoras en la distribución del ingreso producto del gasto
social. Este mayor impacto estaría explicado por mayores montos asignados y mejor focalización.” (Contreras,
2007: 332)
De Mattos precisa sobre la desigualdad y la distribución del ingreso en Chile lo que sigue: “pese al elevado
crecimiento económico de los últimos años y a la intensificación de las políticas sociales impulsadas desde
1990 por los gobiernos democráticos, no se ha logrado modificar hasta ahora el patrón de desigualdad
preexistente, pues la regresiva distribución del ingreso heredada no ha mostrado signos importantes de
reversión incluso en los años de mayor crecimiento, como lo muestran los resultados de la Encuesta de
Caracterización Socio-Económica (CASEN)” y que “persiste una situación de elevada desigualdad entre los
sectores de mayores y menores ingresos, en la que influye decisivamente la situación heredada del pasado,
que no ha logrado ser corregida significativamente pese al elevado crecimiento observado y a las políticas
aplicadas” (De Mattos, 2002).
Para mayor información al respecto del análisis de la distribución del ingreso en Chile véase Cowan, K. y de
Gregorio, J. (1996) "Distribución y pobreza en Chile: ¿Estamos mal? ¿Ha habido progresos? ¿Hemos
retrocedido?" en Estudios Públicos, n°64; Meller, P. (2000). "Pobreza y distribución del ingreso en Chile
(década del 90)"en Documentos de Trabajo, n°69, Centro de Economía Aplicada, Universidad de Chile.
http://econpapers.hhs.se/paper/edjceauch/69.htm; Krause, A. y Puentes, G (2001) "Pobreza, crecimiento y
distribución del ingreso en Chile en los noventa" en Documento n° 24. Santiago, Ministerio de Planificación y
Cooperación (MIDEPLAN) www.mideplan.cl; y Bravo, D. y Contreras, D (1999) La distribución del ingreso en
Chile 1990-1996: análisis del impacto del mercado de trabajo y las políticas sociales. Santiago: Universidad de
Chile, Departamento de Economía.
30
De Mattos, al respecto de la segmentación del mercado de trabajo chileno precisa sobre el mismo que
existe una “persistencia de la elevada informalidad de la fuerza de trabajo y el aumento de la precarización de
los nuevos contratos de trabajo” (De Mattos, 2002).
31
Se observa en el contexto chileno, y esto pareciera ser extensible para América Latina en general, una
segmentación del mercado de trabajo en razón de la etnia, además de una segmentación en razón de la
clase. Una y otra tienen raíces diversas pero se retroalimentan toda vez gran proporción de personas con
ingresos bajos posee rasgos que lo identifican con grupos étnicos de baja consideración social.
32
Siguiendo el trabajo de De Mattos, “la mayor parte de las investigaciones sobre las metrópolis
latinoamericanas muestran que la tendencia dominante ha sido hacia el aumento de las desigualdades intrametropolitanas y la polarización social; esto es lo que han concluido, entre otros, diversos estudios para
17
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
chilenos se insertan dependiendo de su pertenencia a determinados grupos
étnicos 33 y de su nivel de educación y/o de cualificación laboral. Esta
segmentación, racial del mercado de trabajo (Solé, 1995, 2001; Soja, 2000) se
expresa en la configuración del espacio de la ciudad en forma de segregación
espacial. Para el caso de Santiago de Chile 34 y siguiendo el trabajo de De Mattos,
podemos decir que la desigual repartición del ingreso, unido a la discriminación
racial y de clase, ha promovido una configuración de la ciudad basada en la
separación de los grupos con ingresos altos de otros con menores ingresos –es lo
que podríamos denominar como proceso de apropiación de los mejores espacios
de la ciudad por parte de las élites-, profundizando problemas ya existentes de
justicia social 35. Según sus propias palabras:
“La regresiva distribución del ingreso se refleja en una
distribución territorial de la población de Santiago, que ha ido
consolidando un mapa en el que la segregación residencial
muestra una nítida tendencia al distanciamiento físico entre
barrios ricos y pobres (Rodríguez & Winchester, 2001), así
como la formación de algunos guetos urbanos, tanto para ricos
como para pobres. Este fenómeno de segregación residencial,
que tiene orígenes lejanos, se acentuó en mayor grado con las
erradicaciones llevadas a cabo por el régimen militar, en las
que se desplazó a importantes contingentes de población de
bajos ingresos asentados en barrios de ingresos altos y
Buenos Aires (Ciccolella, 1999; Prévôt-Schapira, 2000), Caracas (Cariola & Lacabana, 2001) y Sao Paulo
(Taschner & Bogus, 2001). Sin embargo, también hay algunos casos en que esta tendencia a una mayor
polarización social no ha podido ser confirmada, como ha ocurrido en las investigaciones para el caso de Río
de Janeiro para la década de los ‘80 (Ribeiro & Preteceille, 1999; Ribeiro, 2000), y Santiago de Chile para el
período que se inicia a mediados de los ’80 y se prolonga hasta fines de los ’90 (De Mattos, 1999)” (De
Mattos, 2002).
33
Mapuches y aimaras principalmente.
34
Para mayor abundamiento véanse los trabajos de Sabatini, F., Cáceres, G., Cerda, J. (2001) “Segregación
residencial en las principales ciudades chilenas: Tendencias de las tres últimas décadas y posibles cursos de
acción” en Eure, vol. 27, n° 82, pp. 21-42; Sabatini, F y Arenas, F. (2000) “Entre el Estado y el
mercado: resonancias geográficas y sustentabilidad social en Santiago de Chile” en Eure, vol. 26, n° 79 y
Sabatini, F. (2000) “Reforma de los mercados de suelo en Santiago, Chile: efectos sobre los precios de la
tierra y la segregación residencial” en Eure, vol. 26, n°77.
35
Estas dinámicas sociales, entre otras, son las que “conduce(n) a la vez a una segregación y a una
segmentación espaciales, a una marcada diferenciación entre el nivel superior de la sociedad informacional y
el resto de los residentes locales, así como a una segmentación sin fin y a la frecuente oposición entre
muchos componentes de la fuerza de trabajo reestructurada y desestructurada" (Castells, 2001: 394)
Para Claudia Carrasquilla, Elena Gadea y Sarah Meier, la alta densidad de población con rasgos particulares,
en lo referente a nivel de ingresos, a sus características raciales u otros, no siempre implica que el grupo se
encuentre segregado. Esto es lo que apuntan atendiendo a su trabajo sobre los inmigrantes y su inserción en
tres municipios murcianos (Murcia, España): “Normalmente una concentración se transforma en segregación
residencial cuando se convierte en un espacio estigmatizado por el grupo que lo “ocupa” y por las condiciones
sociales de exclusión y marginación que lo caracterizan” (Torres, 2007:117)
18
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
medios, hacia lugares homogéneamente pobres de la periferia
del AMS. La política de vivienda social también ha contribuido a
la persistencia de este cuadro de segregación social, dado que
el imperativo de bajar costos por parte de las empresas
privadas que tienen a su cargo la construcción de las mismas,
hace que por lo general los sectores de menores ingresos
solamente puedan acceder a viviendas de baja calidad
ubicadas en terrenos de menor valor en barrios pobres,
situados en áreas periféricas del AMS (Ducci, 1997.” (De
Mattos, 2002)
En tal situación los extranjeros vienen a participar del contexto general de
segmentación del mercado de trabajo y de segregación espacial del que son
víctimas las poblaciones más empobrecidas. Entran así a competir por el trabajo
en los sectores denominados primarios, debido a su condición de pobreza y su
posición en el mercado laboral como mano de obra no cualificada, y, asimismo, a
disputarle al nacional la vivienda más deteriorada. De algún modo vienen a
engrosar el número de pobres ya existentes en el país sin posibilidades de acceso
a un puesto de trabajo estable y bien remunerado, y a padecer la exclusión
residencial que los autóctonos de bajos ingresos ya soportan. A diferencia de lo
que ocurre en Europa –donde estas realidades se vinculan con la extranjería y
donde las imágenes de pobreza han venido a ser revividas por los extranjeros 36,
toda vez han sido éstas superadas debido a la consecución de parte de los
objetivos marcados por los proyectos modernizadores- en Chile, y en América
Latina en general, el contexto de pobreza en el que se instala el inmigrante torna
el marco de su inserción social distinto al vivido por los extranjeros en Europa.
36
Esto ha sido así durante toda la década de los ‘80, los ‘90 y gran parte de la década del 2000. En atención a
la crisis experimentada por gran parte de los países europeos a contar del 2007, principalmente en los países
de la cuenca mediterránea (España, Italia y Grecia), y al consecuente agravamiento de las desigualdades
sociales, producto del empeoramiento de la distribución equitativa del ingreso, el número de pobres ha
aumentado viniendo a engrosar los nacionales las bolsas de parados y de receptores de subsidios y a
competir con los extranjeros por los puestos de trabajo desechados por ellos. Específicamente para el caso
español puede revisarse el informe publicado en fecha 13 de diciembre de 2012 por la organización Intermon
Oxfam “Crisis, desigualdad y pobreza Aprendizajes desde el mundo en desarrollo ante los recortes sociales
en España” del que destacamos lo que sigue: “(…) la pobreza y la exclusión social podrían incrementarse de
manera drástica: dentro de una década en España -en 2022- el número de personas pobres alcanzaría los 18
millones (un 38% de la población) y el 20% de las personas más ricas en España podrían llegar a ingresar de
media 15 veces más que el 20% de las personas más pobres. (…) En la actualidad, en España, la deuda
pública es de un 90% del PIB, y uno de cada tres euros de gasto previstos en el Presupuesto del Estado para
2013 irá destinado a pagar los intereses de la deuda. Uno de cada cuatro españoles se encuentra en riesgo
de pobreza o exclusión social,1,7 millones de hogares tienen a todos sus miembros en paro y se producen
más de 500 desahucios diarios.”
http://www.intermonoxfam.org/sites/default/files/documentos/files/Informe_IO_Crisis_desigualdad_y_pobreza_
0.pdf
19
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
Los procesos de dualización social y segregación espacial en este caso no
parecen ser producto de la aparición de extranjeros. A nuestro parecer el
mercado del trabajo y de la vivienda no viene a ser segmentado por el arribo de
inmigrantes, sino que ya se encontraba segmentado, toda vez encontramos en los
trabajos de peor consideración social y peor remunerados tanto a extranjeros
como nacionales 37. En algún sentido podría decirse que en Europa, a diferencia
de lo parece ocurrir en América Latina, se ha producido un proceso de sustitución
de la mano de obra nacional por la extranjera, y que si bien eran los propios
autóctonos los que, en situación de pobreza, venían a componer el ejercito de
mano de obra del que se surtían patrones varios 38, empresarios agrícolas e
industriales, desde inicios de la década del ’80 hasta la actualidad han sido los
extranjeros los que han seguido sosteniéndolo.
Esta transformación social ha interesado a las disciplinas sociales prosperando
múltiples estudios tanto en Europa como en Estados Unidos sobre
transnacionalismo, racismo, sobre inserción social, convivencia, y participación,
así como sobre vivienda y mercado de trabajo, entre otros. Como resultado se han
ido generando varios paradigmas sobre el fenómeno migratorio que dependen de
los enfoques de análisis a los que anexionan los investigadores. Hemos visto así
como han proliferado conceptos diversos que se aplican sistemáticamente para el
estudio de los procesos migratorios corriendo el peligro de no adecuarse a los
contextos en los que éstos se producen. En tal situación venimos a plantear de
forma modesta en esta introducción cuestiones de índole metodológica en lo
referente al uso de determinadas categorías de análisis y a la aplicación de
modelos teóricos sobre inmigración de otros contextos migratorios, que no
parecen encajar en el estudio de las realidades latinoamericanas y que precisarían
ser reformulados luego de un intenso debate científico. Como ejemplo vamos a
detenernos sucintamente en los conceptos de minoría intermedia 39, el de
37
Esta observación es especialmente válida para el caso del mercado chileno de empleadas domésticas,
construcción y agricultura. De atenernos al caso español, si bien es cierto que en estos sectores siempre se
emplearon las clases bajas, con el arribo de la democracia, la apertura económica, el aumento de los
estándares de vida y la llegada de población migrante entre las décadas de 1970 y del 2000, se produjo un
proceso de sustitución de la mano de obra autóctona por la extranjera.
38
Léase propietarios de pequeños y medianos negocios o dueños de casas en las que se contrataban
asistentas del hogar.
39
Siguiendo a Arjona y Checa en su estudio sobre el desarrollo teórico y conceptual de las relaciones
empresariales étnicas desglosamos las siguientes definiciones: “En los primeros estudios de Bonacich que
abordan el estudio de las relaciones étnicas se parte desde la segmentación del mercado (split labor market),
cuya fragmentación la determina el antagonismo étnico. Frente a esta situación, los inmigrados diseñan un
proyecto migratorio coyuntural, tratando de ahorrar lo máximo posible y regresar pronto, convirtiéndose el
autoempleo en la mejor salida. A estos individuos Bonacich los denominó minorías intermediarias” (Arjona y
Checa, 2006:126).
20
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empresario de enclave 40, el de economía étnica 41 y el de enclave económico
étnico 42 de uso corriente en las investigaciones sobre migraciones en Chile hoy;
así como en los enfoques teóricos de donde surgen.
El origen de tales categorías se encuentra en la proliferación de actividades
empresariales emprendidas por extranjeros en Estados Unidos durante la década
de los ’70 del siglo pasado, en particular de negocios establecidos por coreanos
en Los Ángeles y por cubanos en Miami. Como bien indican Arjona y Checa,
debido a la importancia de las consecuencias que la presencia de las mismas
produce, tanto desde el punto de vista laboral y financiero, como social, es que el
tema ha interesado desde entonces a las ciencias sociales (Arjona y Checa,
2006:118). Con esta red conceptual se trata de dar explicación al fenómeno del
establecimiento de actividades empresariales de extranjeros del que poco se sabe
ni “sobre las condiciones necesarias para que emerja un enclave, los costes y
40
“Paralelamente a esta figura, existen empresarios de enclave. Estos quedan definidos principalmente por la
coetnicidad, tanto en el uso de las estructuras sociales, como en la ubicación. Esto es, son negocios que
operan en barrios de inmigrantes donde la mayoría son coétnicos —condición que no se da con las minorías
intermediarias— y existe un sistema de relaciones sociales que les hace autosuficientes; aquí cobra fuerza la
hipótesis de la solidaridad étnica. Light (1972) demuestra que cuando esta solidaridad funciona las empresas
étnicas no tienen necesidad de abastecer a otro mercado abierto” (Arjona y Checa, 2006:126).
41
“Light (1972), Bonacich y Modell (1980) fueron los primeros en desarrollar el concepto de economía étnica.
Para su construcción, diferenciaron primeramente el empleo que se genera dentro de la economía general del
empleo que las minorías empresarias crean para sí mismas. (…) estos autores parten de la premisa de un
mercado de trabajo dividido, determinado por el antagonismo étnico, cuyo resultado final es la aparición de las
minorías étnicas, a la postre, primer eslabón de la economía étnica. En consecuencia, estos autores afirman
que la economía étnica incluye cualquier persona inmigrante que sea empleador, autoempleador o que esté
empleado en empresas co-étnicas. En este sentido “el contorno de una economía étnica está definido por
raza, etnicidad u origen nacional, caracterizándose por alcanzar ventajas en las relaciones entre propietarios
de negocios y entre propietarios y trabajadores del mismo origen nacional” (Logan, Alba y McNulty, 1994: 698)
(…) Con esta nueva percepción se pone de relieve que la economía étnica funciona, en primer lugar, como
mercado de trabajo interno, a fin de proteger a los inmigrados de la competencia del mercado de trabajo
general; de ahí que en momentos de recesión de la economía general donde no se demanda mano de obra,
se siguen manteniendo los flujos migratorios de colectivos que emplean en la economía étnica” (Arjona y
Checa, 2006:127).
42
De todos estos conceptos es la noción de enclave económico étnico la que se ha desarrollado para ilustrar
las realidades más concretas dentro de lo que se comprende, de forma más general, como economía étnica.
La misma, en palabras de Arjona y Checa,“(…) proviene de la literatura del mercado de trabajo segmentado
(Averitt, 1968; Doeringer y Piore, 1971; Piore, 1974), donde al concepto de economía étnica se añaden varios
elementos (Zhou, 2004): en primer lugar, la permanencia empresarial; en segundo lugar, las actividades
económicas no son exclusivamente comerciales, sino que también abarca a actividades productivas
destinadas a un mercado general; en tercer lugar, variedad comercial que supera la sucesión de los nichos
laborales dejados por los autóctonos; por último, la variable territorial, esto es, las empresas deben estar
concentradas en un área física determinada, donde también se ubican las redes (Light y Bonacich, 1988;
Waldinger, 1993; Logan, Alba y McNulty, 1994; Logan, Alba y Stults, 2003). Los primeros autores que hicieron
referencia a los enclaves étnicos fueron Portes y Wilson (1980) y Wilson y Martin (1982) con un trabajo
acerca de los cubanos en Miami. En ambos estudios se parte de la distinción entre la economía central,
caracterizada por grandes y saludables empresas, de la economía periférica, caracterizada por empresas
atrasadas con escaso desarrollo. Desde esta economía periférica surgen las economías de enclave: tras la
llegada de una primera oleada de inmigrantes con un significativo capital económico, humano y social, se
concentra en una zona determinada e instalan numerosos negocios y empresas” (Arjona y Checa, 2006:128).
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beneficios de trabajar en este tipo de empresas étnicas, el tamaño de las
empresas, los servicios y productos ofertados, los clientes, la dimensión comercial
o si el mercado de trabajo étnico presenta características y propiedades del
mercado primario, secundario o propias” (Arjona y Checa, 2006:130). El énfasis
que los autores han otorgado a diversos aspectos del problema ha generado unas
perspectivas de análisis específicas, a las que posteriormente han adherido otros
especialistas. A su vez, esta adhesión ha ido provocando el establecimiento de
corrientes teóricas con las que se ha tratado de dar respuesta a los interrogantes
anteriormente planteados. Entre aquellas las denominadas culturalista 43,
ecológica 44, economicista 45y el mixed embeddedness 46 constituyen las corrientes
más fructíferas. Según lo postulado por éstas, y realizando un pequeño ejercicio
43
“La corriente culturalista, pionera en este campo, sostiene que determinados colectivos de inmigrados
presentan una afinidad opcional con las cualidades requeridas para el éxito en los negocios, o lo que es igual,
los inmigrantes optan por el autoempleo bien por tradición comercial, bien por cuestiones religiosas, que
posibilita al individuo un conocimiento amplio en el ejercicio de su profesión. Así, por ejemplo, este es el
argumento que ofrece Glazer (1955) para explicar la práctica empresarial de los judíos en Estados Unidos,
también válido para los inmigrantes chinos, japoneses, indios o coreanos (Light, 1972; Bonacich, 1975; Kim,
1981). Por tanto, según esta teoría, las diferencias existentes en el modo de incorporación laboral entre los
distintos colectivos se explican a partir de su bagaje económico distintivo y el éxito o fracaso de la empresa se
enmarca dentro unas características culturales singulares (Suttles, 1972; Light, 1972, 1980; Bonacich, 1973;
Raijman y Tienda; 2003; Smart, 2003). Paralelamente, y unida a esta corriente culturalista, destaca la teoría
de la desventaja. Cuando E. Bonacich (1973) ahonda en el origen de las iniciativas empresariales sostiene
que éstas se crean como respuesta cultural y económica a un mercado de trabajo fragmentado y hostil
(reactive ethnicity), generando minorías intermediarias (middleman minorities). Esto es, la exclusión del
mercado de trabajo general obliga a los inmigrantes a buscar su sustento en el comercio a través del
autoempleo. Esto provoca entre el colectivo, por un lado, la búsqueda de redes intra-grupo la solidaridad
étnica (Light y Bonacich, 1988) y, por otro, autoexplotación de sus familiares y coétnicos asalariados, que le
garanticen la estabilidad y movilidad para reducir los riesgos y el coste de la actividad. Así, Bonacich (1973)
identificó los negocios familiares como un mecanismo de adaptación de los trabajadores temporales
(sojourners)” (Arjona y Checa, 2006:119).
44
Pertenecientes a la perspectiva ecológica son los autores Wirth (1928), Burgess (1928) y Park (1936).
Según estos autores “(…) la apertura de negocios étnicos sólo se realiza cuando hay servicios y ofertas de
trabajo que la economía global no satisface. Esta situación deriva del abandono progresivo de la población
autóctona que tenía pequeños negocios, para su incorporación a un mercado más global y rentable. De ahí
que los inmigrados ocupen nichos laborales en espacios que han sido abandonados (vacancy chain)” (Arjona
y Checa, 2006:121).
45
Los autores que han desarrollado los postulados economicistas mantienen que “(…) existe una
interconexión entre los recursos internos de los que disfruta la comunidad y la estructura externa de
oportunidades. O, lo que es igual, la segmentación laboral y el bloqueo de oportunidades que afecta a los
inmigrantes tiene como respuesta el autoempleo, aunque dependen de la adecuación entre lo que los grupos
pueden ofrecer y lo que sus consumidores demandan (Waldinger, 1984), idea que proviene básicamente de
los postulados ecológicos” (Arjona y Checa, 2006:122).
46
“(…) para los teóricos del mixed embeddedness las economías étnicas dependen de la adecuación entre lo
que los grupos pueden ofrecer y lo que les está permitido que ofrezcan, más que la relación entre la demanda
del consumidor y lo que los grupos ofrecen, como ocurre en el modelo norteamericano. Por tanto, la
proclividad de los gobiernos hacia un grupo étnico determinado es tan importante como las demandas de los
potenciales clientes. De ahí que cualquier análisis en el ámbito europeo sobre economía étnica debe ser
abordado teniendo en cuenta no sólo las redes sociales utilizadas (embeddedness), sino también la estructura
socioeconómica y política institucional de la sociedad de llegada, puesto que es en este ámbito donde se va a
definir parte de la estructura de oportunidades de los inmigrantes, más allá de su capital humano” (Arjona y
Checa, 2006:124).
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de abstracción, podemos decir que el establecimiento exitoso de actividades
empresariales étnicas precisa de unas condiciones de oportunidad específicas en
lo que atañe al mercado de trabajo. En particular, parece ser que es requisito para
la emergencia de economías étnicas una situación de segmentación racial o étnica
del mercado de trabajo producto de las trabas administrativas y los prejuicios que
pesan sobre los extranjeros recién inmigrados o las minorías ya establecidas, y de
su exclusión del mercado primario de trabajo. Dada esta premisa podemos entrar
a preguntarnos si es válido designar a determinados fenómenos como economía
étnica o enclave económico étnico, por ejemplo, siempre que previamente se
estudien las características de los mercados de trabajo.
Dirigiendo nuevamente nuestra atención sobre el caso chileno, y para comprobar
si es pertinente o no el uso de este tipo de categorías y modelos teóricos,
debemos primeramente observar el mercado de trabajo, al parecer segmentado
tanto étnicamente como en razón de la clase con anterioridad al arribo de
extranjeros. En efecto, parece que la inmigración no ha sido el factor clave para la
segmentación del mercado de trabajo, sino la pobreza de los propios autóctonos y
su componente étnico. Sin ser este el lugar para analizar este caso en particular, y
para dar cuenta de la necesidad de abordar investigaciones metodológicas acerca
del estudio de la inmigración en contextos de pobreza, nos atrevemos a lanzar
algunas pistas. Al parecer podría ser apropiado utilizar algunas de las categorías
extraídas de las definiciones de Arjona y Checa, como la de economía étnica,
cuando pensamos en negocios establecidos por extranjeros, tales como
cocinerías 47 informales callejeras, restaurantes étnicos o establecimientos de
llamadas internacionales –pues dentro de este concepto, recordemos, viene a ser
incluida cualquier persona inmigrante que sea empleador, autoempleador o que
esté empleado en empresas co-étnicas-, o el de minoría intermedia, que
correspondería a cualquier empresario que establece este tipo de negocios; sin
embargo primero debemos atender a las causas que provocan la emergencia de
estos fenómenos, esto es, la segmentación del mercado de trabajo chileno en
razón de la pobreza de parte de los autóctonos. Si los conceptos diseñados para
el estudio de este tipo de actividades surgen cuando los mercados de trabajo se
encuentran segmentados, y si ya estamos frente a un mercado caracterizado por
la segmentación, vale la pena preguntarse en que se diferencian específicamente
47
Por cocinería entendemos pequeños puestos móviles en los que se cocinan alimentos. El término se usa en
Chile pero también en Perú. En Santiago es posible ver este tipo de puestos tanto de propiedad de extranjeros
como de autóctonos en los que se comercializan informalmente jugos de frutas, patatas fritas, perritos
calientes o pizzas, entre otros alimentos. Cuando el puesto es de propiedad de chilenos es usual que se
vendan productos tradicionales como el mote con huesillo, los churros rellenos de manjar o las sopaipillas,
pequeños panecillos fritos de masa de calabaza.
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las actividades de estos extranjeros de las establecidas por los autóctonos. Las
cocinerías no son un fenómeno nuevo, han poblado el paisaje de las ciudades
chilenas desde hace décadas por lo que, de no ser porque los empresarios que
las establecieron inicialmente son autóctonos podrían designarse como
economías étnicas incurriendo en un error, pues de lo que se trata no es sino de
un fenómeno de segmentación consecuencia, entre otros factores, de la
discriminación étnica y de la mala distribución del ingreso. Si, como se observa,
tanto extranjeros como chilenos llevan a cabo actividades económicas similares,
ligadas a su posición en el mercado de trabajo segmentado, debido a las
dificultades que enfrentan ambos grupos para obtener un trabajo formal y bien
remunerado, debe relativizarse el rol que la condición de inmigrante o extranjero
juega en el proceso de posicionamiento de los extranjeros en el mercado de
trabajo chileno.
Con todo este desarrollo queremos en el fondo destacar la importancia de la
inclusión de la variable modernidad, además de la variable extranjería, en el
estudio de la inserción de los extranjeros en la sociedad chilena, y que ésta
debiera atravesar las investigaciones sobre inmigración en Chile, en particular, y
en América Latina en general. De no ser así se corre el riesgo de presentar
trabajos sin referentes históricos, en los que el uso de conceptos trasplantados de
otros contextos pueden llevar al investigador a vaciarlos de significado y a producir
discursos asépticos al quedar descontextualizados los fenómenos que con ellos se
analizan. Estas reflexiones nos llevan de un modo inexorable a cuestionar a la
sociedad de acogida, al modo en que está organizada política y económicamente
de manera principal, mucho más que a interrogar al extranjero y su modo de vida
particular. Las condiciones materiales de vida y las necesidades económicas que
sufren los migrantes deberían generar polémica en torno al tipo de sociedad que
deseamos construir para gozo tanto de extranjeros como de autóctonos. Esto es,
un debate sobre los asuntos sociales que interesan a los ciudadanos de gran parte
de las naciones latinoamericanas, esto es, sobre la extensión de los derechos
sociales, la garantía de acceso a servicios sociales de calidad (léase educativos y
sanitarios principalmente), la repartición de la riqueza y la movilidad social
ascendente, entre otros.
Los textos que completan la sección de artículos originales, que con estas
consideraciones metodológicas presentamos, sirven a modo de ejemplo de cómo
debemos generar este debate. De tal modo Pablo Baeza Virgilio con su minucioso
trabajo sobre modelos teóricos nos advierte de las debilidades que tanto el modelo
analítico neoclásico y el modelo asimilacionista presentan a la hora de comprender
24
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
las realidades migratorias contemporáneas. Conceptualizados los escenarios en
los que irrumpe la migración como espacios complejos seccionados por multitud
de variables, trata el arribo a las ciencias sociales del enfoque transnacional como
respuesta a estas debilidades. Parafraseando al autor, la reflexión sobre los
modelos analíticos es imprescindible para poder practicar una alerta teórica y
metodológica constante [y] no tomar como dadas las categorías con las que
pensamos lo social sino justamente construirlas como resultado del análisis.
Las perspectivas históricas de investigación de las realidades migratorias del
presente resultan ser, por otro lado, imprescindibles para comprender tales
fenómenos sociales. Es de tal manera que Damir Galaz-Mandakovic Fernández
aborda lucidamente el estudio de los procesos migratorios acaecidos a inicios del
siglo XX en Tocopilla, población situada en la costa norte de Chile, para mayor
comprensión de aquellos otros producidos a finales del mismo siglo. Caracteriza
cuidadosamente las migraciones de chinos, italianos y yugoslavos en Tocopilla, en
el contexto de su consolidación como puerto salitrero o puerto centrípeto,
siguiendo la nomenclatura del autor, para dar cuenta de la atracción que ejercía la
economía del municipio sobre diversas poblaciones europeas empobrecidas, y
luego pasar a determinar las causas que movieron a muchos tocopillanos a migrar
a Europa durante los años 80 del siglo XX, principalmente a Suecia. En concreto,
la suma del cambio tecnológico que sobrevino en la industria del salitre y la
transformación del modelo económico, pasando de un modelo de economía
dirigida a otro neoliberal durante la dictadura del General Pinochet, favoreció la
consolidación de la estructura de subdesarrollo en Chile generando un proceso de
movilización de personas importante. Detalla por tanto el autor un movimiento
pendular de población del que destaca las conexiones existentes entre ambos, las
que categoriza como referentes o causas para su emergencia.
Los postulados del interaccionismo simbólico se encuentran al servicio del trabajo
de la Dra. Délia Dutra sobre la producción de identidad de las empleadas
domésticas peruanas en la ciudad de Brasilia. Como paradigma interpretativo,
resulta a la autora útil cuando entra a analizar la situación social desde la
perspectiva de las migrantes. A través de su trabajo advertimos las dificultades
propias de residir en espacios de los que no pueden apropiarse, esto es, los
domicilios donde trabajan y viven bajo constante autoridad de los empleadores, a
las que se unen aquellos inconvenientes resultado de su condición de
sostenedoras de las familias que quedaron en los lugares de origen, y sujeto de
discriminaciones jurídicas y sociales.
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La transformación de los espacios sociales de interacción por la llegada de los
extranjeros en lugares multiculturales o culturalmente diversos, particularmente la
ciudad de Bruselas, ha llevado a Mieke Schrooten al estudio de las zonas de
contacto entre población migrante, específicamente brasileños, y la autóctona.
Enfocando dicho estudio a través de la perspectiva de fronteras y zonas de
contacto analiza como estos actores renegocian constantemente los límites de sus
interacciones en el espacio público. Las fronteras lingüísticas, jurídicas, culturales
y de clase limitan tales interacciones produciendo a su vez zonas de contacto
específicas. Su interesante trabajo guarda relación asimismo con los procesos de
construcción de identidades colectivas de los extranjeros que interaccionan en
estas zonas concretas.
Sobre este punto determinado, la construcción de identidades colectivas versa el
trabajo de la Dra. Sandra Gruner-Domic. A través de los enfoques de análisis
propios del transnacionalismo, la autora explora de forma muy interesante el
terreno de las experiencias de mujeres latinoamericanas en Alemania. Estudia así
la construcción de identidades y la emergencia de conflictos sobre la
representación social de las, así denominadas por la autora, transmigrantes. A
través de su lectura se evidencia como las retóricas sobre las inmigrantes
latinoamericanas producidas por la sociedad de acogida producen conflictos sobre
la identidad de las mismas y como éstas generan estrategias para su
reelaboración. Las categorías tradicionales con las que se construían las
identidades, tales como la raza, la religión, la clase o la nacionalidad, pasan a un
segundo plano cuando estas mujeres construyen sus identidades sobre nuevos
criterios basados fundamentalmente en sus particulares estilos de vida.
Los tres últimos trabajos que aquí introducimos tratan la inmigración de
extranjeros en España desde diferentes ámbitos. En uno de ellos, los autores
Gregory Dallemagne, Lucía Echevarría Vecino y Alicia Ferrández Ferrer, dan luz
sobre las políticas de representación de la migración de origen latinoamericano en
dos medios de comunicación para minorías producidos en España. En estos
espacios públicos la representación del extranjero difiere de la producida por los
medios generales. En particular ésta se caracteriza por mostrar al extranjero como
un sujeto empoderado con capacidad para la reivindicación y generadores de
riqueza cultural para el país, características que suelen ser invisibilizadas en los
medios de comunicación más generales. Sin embargo la inclusión discursiva no
parece ser tan rupturista, al juzgar de los autores, pues a su vez se representa al
extranjero latinoamericano a través de construcciones hegemónicas de la
identidad cultural y del género, que conducen a una representación comercial y
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Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
superficial de lo “étnico” y a la consolidación del patriarcalismo y el dominio
masculino en la esfera pública.
Por otro lado, Socorro Pérez-Rincón, Antoni Vives, Asun García y Carme Expósito,
miembros del grupo de investigación Multiculturalismo y Género de la Universidad
de Barcelona, nos acercan igualmente al problema de la recepción colectiva de los
esquemas de representación hegemónicos de los medios de comunicación sobre
los extranjeros. La técnica de los focus groups ha sido la herramienta utilizada por
los investigadores con el objetivo de analizar los procesos colectivos de creación
de significado producidos en la apropiación de mensajes emitidos por diferentes
medios de comunicación previamente seleccionados, básicamente recortes de
prensa y programas de televisión. A través de la misma dan luz sobre el modo en
que se reproducen los discursos sobre la otredad, así como sobre la
representación de las concentraciones de inmigrantes, resultado de la segregación
social que padecen, como guetos.
Para finalizar esta introducción presentamos el trabajo del Dr. Joaquín Eguren
sobre usos del espacio público de extranjeros andinos (ecuatorianos,
especialmente de la sierra, peruanos, colombianos y bolivianos) en la ciudad de
Madrid, en particular de parques y jardines. Trata el autor de identificar los
procesos de apropiación del espacio por parte de los extranjeros los que
responden a diversas necesidades ligadas principalmente a la extensión de redes
de ayuda y conocimiento, a la recreación y el ocio, así como al emprendimiento de
actividades económicas ligadas con la gastronomía tradicional. Las
concentraciones de connacionales en estos lugares sirve, de este modo, al estudio
de la reproducción de usos de los espacios públicos que los extranjeros llevaban a
cabo en sus países de origen.
Invitamos pues a sumergirse en la lectura de este interesante monográfico el que
esperamos contribuya a profundizar el debate en torno al modo en que se
estudian los procesos migratorios, en cómo estos se realizan y las consecuencias
que genera tanto en los actores que las protagonizan como en las sociedades en
las que se establecen.
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Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
DE LOS ENFOQUES “UNIDIMENSIONALES” A LOS ENFOQUES
“MULTIDIMENSIONALES” EN EL ESTUDIO DE LAS MIGRACIONES
INTERNACIOANALES
Pablo Baeza Virgilio 1
En este artículo muestro las debilidades del modelo analítico neoclásico y el
modelo asimilacionista a la hora de comprender las realidades migratorias
contemporáneas y explico el surgimiento del enfoque transnacional como
respuesta a estas debilidades, lo que implicó la ruptura con los modelos binarios y
la entrada de la complejidad en el análisis de los fenómenos asociados a las
migraciones internacionales. Más allá de la novedad del enfoque, identifico un uso
crítico y acrítico del mismo y reflexiono sobre la necesidad de adoptar el primero
para no caer en los errores epistemológicos propios de los modelos tradicionales.
Palabras claves: migración, modelo neoclásico, asimilacionismo, Estado-nación,
identidad, enfoque transnacional.
In this paper I show the weakness of both neoclassical and assimilationism model
to understand the contemporary migration realities and explain the rise of
transnational approach like an answer to this weakness, which involve the rupture
with the binary models and the entrance of complexity on migration fenomena
analysis. Beyond the novelty, I identify a critical and uncritical use of the approach
and think about the necessity of adopting the first of one to not to fall in the
epistemology mistakes of traditional models.
Keywords: migration, neoclassical model, assimilationism, nation-state, identity,
transnational approach.
1
Sociólogo, Doctorando en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Cambio
Social I. Email: [email protected]
34
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
INTRODUCCIÓN 2
Las realidades migratorias contemporáneas se han ido transformando en un factor
de cambio social, político y económico no sólo al nivel macro, de las economías
estatales o regionales, Estados y sociedades, sino también de las localidades,
comunidades y barrios desde donde y hacia donde los flujos se originan/destinan.
Si bien el fenómeno no es nuevo en Chile, se aprecia una tendencia al alza de los
flujos de inmigrantes, dentro de un contexto de creciente migración intra-regional
latinoamericana explicada en parte por la crisis económica en aquellos destinos
que resultaban más frecuentes para los migrantes (EE.UU. y Europa). El presente
trabajo tiene como objetivo delinear el enfoque transnacional (su génesis y
desarrollo) para utilizarlo de manera crítica en el análisis y comprensión de los
procesos y fenómenos que surgen de estas nuevas realidades migratorias.
ENFOQUES TRADICIONALES SOBRE LAS CAUSAS DE LAS MIGRACIONES
Y PROCESOS DE ASENTAMIENTO DE LOS GRUPOS: LOS MODELOS
NEOCLÁSICO Y ASIMILACIONISTA
Las primeras aproximaciones sistemáticas a los fenómenos migratorios se las
debemos a las perspectivas que provienen del paradigma neoclásico –con sus
supuestos de elección racional, maximización de la utilidad, rendimientos netos
esperados, movilidad de los factores, diferencias salariales, etc. (Arango, 2003)–.
Uno de los precursores de este enfoque aplicado a las migraciones fue el geógrafo
y cartógrafo inglés E. G. Ravenstein, que en su trabajo “The Laws of Migration”
(1885 y 1889) destacó una serie de características de los flujos migratorios en el
Reino Unido, como la motivación fundamentalmente económica como causa de
los movimientos o el carácter gradual de los mismos (step by step). Pero la mayor
y más duradera contribución de Ravenstein al estudio de las migraciones fue su
uso del marco analítico repulsión-atracción (push-pull), prestando una atención
predominante a la primera de estas fuerzas (Arango, 1985).
2
Este trabajo se enmarca dentro de la investigación de tesis doctoral en curso “Dinámicas migratorias
transnacionales: argentinos y peruanos en Santiago de Chile”, para cuya realización recibo el apoyo de la
Dirección de Investigación y Creación de la Universidad de Artes y Ciencias Sociales ARCIS, Santiago de
Chile.
35
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
El modelo analítico atracción-repulsión considera los movimientos migratorios
como resultado de la relación de factores que operan en el lugar de origen, que
son los factores de repulsión (push factors), y otros que operan en el lugar de
destino, los factores de atracción (pull factors). Los factores de repulsión
(crecimiento demográfico, bajos estándares de vida, falta de oportunidades
económicas, represión política) son los responsables de que los individuos no
puedan satisfacer sus necesidades en su entorno inmediato; los factores de
atracción (demanda de trabajo, oportunidades económicas, marcos institucionales
democráticos) ofrecen la posibilidad al inmigrante de satisfacer sus necesidades
en el lugar de destino previsto (Castles y Miller, 2009). El modelo concibe la
decisión de migrar como un acto individual y voluntario, basado en el cálculo
racional de los costos y beneficios esperados por el desplazamiento y en la
comparación de las posibilidades que ofrece el lugar de destino versus los
sacrificios y pérdidas que implican el desplazamiento y el abandono del lugar de
origen. Estos supuestos son condensados en lo que Borjas llamó un “mercado de
inmigrantes”:
“En el mercado de inmigrantes la variedad de información
es intercambiada y la variedad de opciones son
comparadas. En un sentido, los países de acogida
compiten haciendo ‘ofertas migratorias’ que los individuos
comparan y escogen. La información recolectada en este
mercado lleva a muchos individuos a concluir que es
‘beneficioso’ permanecer en el lugar de origen (p.e.,
encuentran que es caro migrar hacia otro país). A la
inversa, otros individuos concluyen que estarán mejor en
otro país” (Borjas, 1989: 461).
La explicación de corte neoclásico de las migraciones perdió parte de su crédito al
verse incapaz de comprender los cambios acontecidos en el último cuarto del siglo
XX en relación con los fenómenos migratorios internacionales (Arango, 2003;
Pries, 2002; Portes y Rumbaut, 2010). A nivel microsocial, lo que el modelo
neoclásico no pudo absorber fue la creciente evidencia empírica que señalaba que
los migrantes no eran los sujetos que vivían en condiciones más precarias desde
el punto de vista económico, sino más bien individuos de estatus social medio que
residían en áreas con bajo crecimiento social y económico (Arango, 2003; Alonso,
2011). También quedaba inexplicado por el modelo por qué ciertos grupos de
migrantes se desplazaban a unos países y no a otros atendiendo elementos
enteramente racionales en sus decisiones (Portes y Böröcz, 1989). A nivel
36
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
macrosocial, el paradigma neoclásico fue incapaz de explicar por qué países con
características estructurales similares tenían tasas de emigración y de inmigración
disímiles, y tampoco cuáles eran las fuerzas que estaban detrás de la
consolidación de flujos migratorios de unas regiones a otras, aún cuando las
primeras causas de éstos se hubieron atenuado. Además, fue incapaz de
comprender los flujos migratorios como fuerzas que inciden y estructuran
activamente tanto las regiones de origen como las de destino, desde el punto de
vista de las reproducciones económica, demográfica y social (Canales, 2011).
Todas estas dinámicas migratorias no explicadas satisfactoriamente por el modelo
sugirieron las deficiencias del mismo. Grosso modo estas se derivan de la no
inclusión de factores políticos, sociales y culturales en sus análisis de los
movimientos migratorios. Al optar por un enfoque unidimensional,
fundamentalmente económico de tipo neoclásico, deja de lado elementos que
influyen fuertemente en las realidades migratorias: políticas públicas
restrictivas/permisivas, sentimientos identitarios, conflictos étnicos en las
sociedades de destino, lazos culturales e históricos entre países y/o regiones,
movimientos
políticos
y
culturales
de
los
grupos
migrantes,
equilibrios/desequilibrios de poder, etc. Además, al considerar la migración como
un proceso meramente individual y racional, no da cabida a otro tipo de factores
colectivos y simbólicos que entran en juego en los fenómenos migratorios:
estrategias familiares, redes sociales, redes de parentesco, reafirmación de
etnicidades, etc.
Una serie de tendencias en los movimientos migratorios contemporáneos
incentivaron la elaboración de nuevos modelos de explicación y el refinamiento de
los ya utilizados. Hacia el último cuarto del siglo XX surgen nuevas zonas y países
emisores de flujos migratorios: si antes eran los países europeos los principales
emisores, ahora el origen se ha desplazado hacia África, Asia y América Latina.
Además, al mismo tiempo que aumentan y se diversifican los países emisores de
migrantes, también crece el número de países y regiones receptoras de los
mismos. En consonancia con estas tendencias ha habido un cambio en las
políticas migratorias en general: de la libre circulación de las personas y el
incentivo al asentamiento de finales del siglo XIX y principios del XX se ha dado
paso a políticas de tipo restrictivo de los flujos migratorios, en cuanto a entrada y
permanencia en los países receptores. Como características de estas dinámicas
migratorios destacamos su feminización (Sassen, 2001 y 2003), ilegalización
(Alonso, 2011) y creación de espacios sociales transnacionales (Pries 1999, 2002
y 2005; Faist 1998 y 2000).
37
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
Entre estas nuevas aproximaciones analíticas, que buscaban solventar las
carencias de las explicaciones de corte neoclásico, podemos destacar la “teoría de
los mercados de trabajo segmentados” (Piore, 1979), que propone como causa de
los flujos migratorios una demanda estructural de mano de obra por parte de las
economías más desarrolladas, en particular del sector económico intensivo en
trabajo, de baja productividad, bajos salarios y poco prestigio social; la “teoría del
sistema mundial” de Wallerstein, que inscribe las migraciones dentro de las
desigualdades estructurales de un mundo dividido en tres esferas (centro/semiperiferia/periferia) y; el análisis de “redes migratorias” (Gurak y Caces, 1992;
Portes y Sensenbrenner, 1993; Portes, 1995; Vertovec, 2003), que, partiendo de
las aportaciones de Coleman (1988) y Bourdieu (1985) sobre capital social y de
Granovetter sobre redes sociales (1973), las concibe como una forma de capital
(social) que permite a los migrantes acceder a otras formas de capital (económico
y simbólico) que facilita no sólo la decisión de migrar sino también el proceso de
incorporación a la región de destino.
EL MODELO ASIMILACIONISTA
El asimilacionismo ha sido la postura que ha dominado la interpretación de los
procesos por los cuales los grupos migrantes se han incorporado a las sociedades
de destino, al tiempo que ha sustentado las políticas con la que los Estadosnación receptores han enfrentado estos flujos (Kazal, 1995; Barkan, 1995). La
perspectiva asimilacionista, sistematizada fundamentalmente desde el contexto
migratorio norteamericano, supone que los inmigrantes renuncian o deberían
renunciar por completo a su cultura de origen en favor de la adopción de las
conductas y valores del grupo dominante. Asume que la sociedad de acogida, y su
cultura, es superior a las sociedades de las que provienen los inmigrantes, de ahí
el supuesto deseo de éstos de adoptarla sin ningún tipo de reparos. Esta
concepción de los procesos de asentamiento de los grupos migrantes inspiró las
políticas de “americanización” de los flujos migratorios europeos a Estados Unidos
sobre el final del siglo XIX y principios del XX, las políticas de “germanización” de
los inmigrantes que llegaron a Alemania después de la Segunda Guerra Mundial,
o las políticas de rechazo y acoso que algunos Estados de EE.UU. actualmente
aplican a los inmigrantes que provienen de contextos socio-económicos
empobrecidos.
El desarrollo académico de este modelo en ciencias sociales se lo debemos a las
aportaciones de la Escuela de Chicago (Robert E. Park, William I. Thomas, Ernest
38
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
Burgess y Florian Znaniecki) respecto a la manera como los inmigrantes se
ajustaban a la vida norteamericana. La investigación de los años 1918-1920 sobre
inmigrantes polacos en EE.UU., “El campesino polaco en Europa y en América”
(Thomas y Znaniecki), retrató el tránsito de los campesinos desde una comunidad
relativamente autosuficiente, regulada por las reglas sociales de los grupos
primarios (como la familia), hacia un orden de gran individualización y autocontrol,
basado en la cooperación racional. Esta transición se explica sobre un eje de
“desorganización” y “reorganización”, concebido el primer concepto como “una
reducción de la influencia de las reglas sociales de conducta existentes entre los
miembros individuales del grupo” (Thomas y Znaniecki, 2006: 305) y el segundo
como los esfuerzos de cooperación y solidaridad de un grupo por reacomodarse a
las nuevas circunstancias sociales. En particular los autores explican cómo los
inmigrantes polacos enfrentan la desorganización con una actividad social basada
en la reorganización grupal. El desarrollo de este grupo étnico es visto como un
tipo de asimilación, ya que el grupo, en un principio polaco-americano, se va
transformando lentamente en americano, con sus miembros adquiriendo
progresivamente actitudes y conductas propias de la cultura dominante.
Sobre esta base se enmarca la contribución de Milton Gordon (1964),
probablemente la más sistemática y completa formulación de los postulados
asimiliacionistas. Gordon construye su esquema de asimilación como un proceso
de siete pasos o subprocesos, que deben ser tomados como tipos de asimilación:
asimilación cultural, asimilación estructural, asimilación marital, asimilación
identitaria, asimilación actitudinal, asimilación conductual y asimilación cívica. El
grupo de referencia para los inmigrantes y sus descendientes es el compuesto por
aquellos individuos blancos, de clase media, protestantes y de origen anglosajón.
Este grupo de referencia es lo que Gordon llama core group, core society o core
culture. El proceso asimilatorio clave para Gordon es lo que denomina asimilación
estructural, que no es otro que la entrada del grupo étnico en las relaciones
primarias del núcleo de la sociedad (aquellas donde el contacto es íntimo,
personal, informal y generalmente cara a cara). La asimilación estructural es la
piedra angular del proceso asimilatorio, y el precio de esa asimilación es la
desaparición del grupo étnico como entidad separada y la evaporación de sus
valores distintivos. El razonamiento es que la entrada al círculo de las relaciones
primarias modifica los rasgos culturales intrínsecos (intrinsic cultural traits) del
grupo, como son las creencias y prácticas religiosas, valores éticos, gustos
musicales, costumbres folclóricas, literatura, lengua y sentido de un pasado
común. En definitiva, la herencia cultural de un grupo.
39
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
El modelo asimilacionista fue ampliamente criticado en lo que se ha dado en
llamar el “giro diferencialista” (Brubaker, 2001), tendencia que floreció en el
discurso y en las políticas en las décadas de los 80 y 90 en Estados Unidos, que
comprendía de manera pluralista la persistencia de las diversidad. Tres fueron los
aspectos más criticados del modelo: en primer lugar, su comprensión estática de
la cultura, ya que consideraba como homogéneos a los grupos, tanto autóctonos
como inmigrantes, además de plantear la homogeneización como meta final del
proceso de encuentro entre culturas (Malgesini y Giménez, 2000); en segundo
lugar, el carácter unidireccional del proceso. Se plantea que la sociedad
“receptora” no se modifica con la llegada de los grupos migrantes y son estos los
que tienen que adaptarse y “hacerse semejantes” al grupo dominante; y en tercer
lugar, el supuesto de que la sociedad y cultura receptora es superior a la sociedad
y cultura de origen de los inmigrantes. Al considerar superior la cultura del grupo
dominante en la sociedad receptora por sobre la de los grupos foráneos “hizo de la
desigualdad su axioma” (Bauman, 2005: 149).
Después de dos décadas de permanecer en la oscuridad (Kazal, 1995), el
concepto de asimilación ha presenciado una revitalización. Reformulando sus
postulados más polémicos, muchos teóricos de las migraciones han defendido su
utilidad para comprender el fenómeno de incorporación de los inmigrantes a la
corriente cultural dominante (Morawska, 1994; Alba, 1995; Barkan, 1995; Alba y
Nee, 1997 y 2003; Rumbaut, 1997; Krivisto, 2001). Se señala desde estas
posiciones que el concepto de asimilación no debe ser considerado dentro de un
marco de análisis determinista y mecánico, o como sinónimo de un proceso de
aculturación forzada o de racismo encubierto. La transformación del concepto,
desde el “giro diferencialista” hasta el “retorno de la asimilación” (Brubaker, 2001)
se ha expresado en diversos trabajos que plantean un enriquecimiento del
concepto de asimilación a través de la “reconciliación” con otros conceptos
supuestamente antagónicos (Gans, 1997) y aplicaciones más matizadas del
enfoque orientadas a comprender lo que se han denominado fenómenos de
asimilación segmentada (Zhou, 1997; Portes y Zhou, 1993; Portes y Rumbaut,
2001).
RESQUEBRAJAMIENTO DE LOS CONCEPTOS TRADICIONALES:
MIGRACIONES INTERNACIONALES COMO CAMPO DE PRUEBAS
LAS
Los fenómenos económicos, sociales y culturales que se vienen desarrollando con
mayor intensidad desde el último cuarto del siglo XX, propiciaron en las ciencias
40
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
sociales la urgencia de modificar o cambiar los marcos de análisis utilizados hasta
el momento. Estos cambios de paradigma (trasladando el acento desde lo
dicotómico/homogéneo a lo múltiple/heterogéneo) en diferentes disciplinas
sociales propulsaron una serie de virajes teóricos y prácticos en el campo del
estudio de las migraciones que permitieron la construcción de un enfoque
transnacional para a acercarse a los fenómenos. Si éstos eran comprendidos
únicamente y, al tiempo, sólo parcialmente por los conceptos y usos tradicionales
(Estado-nación, identidad, comunidad, economía nacional, política nacional, etc.),
son ahora observados buscando dimensiones y relaciones subordinadas en los
análisis canónicos que acabamos de mostrar (explicación neoclásica y modelo
asimilacionista). Como señala Beck, lo que en los enfoques tradicionales queda “...
excluido –lo ambivalente, lo móvil, lo pasajero, el estar al mismo tiempo aquí y
allí– reaparece en primer lugar en el marco de la investigación de la migración a la
hora de valorar los espacios sociales transnacionales” (1998: 49).
En particular se mostrará la manera en que la migración contemporánea y sus
efectos en las regiones de origen y destino, se convirtió en uno de los fenómenos
sobre los que se construyeron miradas y modelos de análisis que cuestionaron la
capacidad hermenéutica de las herramientas conceptuales tradicionales en las
ciencias sociales. Lo que se hizo evidente es que “las personas, los significados y
las formas significativas que se desplazan, encajan muy mal con lo que han sido
las unidades convencionales del pensamiento social y cultural” (Hannerz, 1998:
37). Algunos de estos conceptos, al menos los dos que veremos a continuación
(Estado-nación e identidad), conforman el marco bajo el que se formaron y
consolidaron las sociedades occidentales modernas. En la actualidad, si bien
cuestionados desde diferentes ámbitos de las ciencias sociales, siguen siendo
conceptos que dan cuenta de las realidades contemporáneas y al tiempo
estructuran la mirada sobre ellas.
ESTADO-NACIÓN
En el actual contexto de globalización económica y cultural, hemos apreciado
cómo los Estados nacionales, lejos de perder su influencia en los procesos
económicos, políticos y sociales dentro y fuera de sus fronteras, reacomodaron su
papel a las nuevas características de la economía mundial, actuando como
agentes aceleradores de los procesos económicos, intentando atraer los flujos de
inversiones mediante la construcción/mantención de escenarios promisorios para
el capital: fundamentalmente flexibles, desregulados y sin conflictividad social.
41
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
Estas dinámicas recientes han supuesto “... una desnacionalización parcial del
territorio nacional y un trasvase, también parcial, de algunos componentes de la
soberanía del Estado a otras instituciones, a entidades supranacionales y al
mercado global de capitales” (Sassen, 2001: 16).
En este sentido Beck advierte que el nuevo escenario de globalización altera la
posición de los Estados nacionales en el marco de las relaciones internacionales,
el sistema económico mundial, los espacios de decisión y ejecución de políticas,
etc. Sea en el ámbito económico, social o político, los Estados nacionales deben
ahora ejercer una suerte de negociación, poniendo en juego todos sus recursos
disponibles, con diversos actores (locales, nacionales, internacionales y
transnacionales) para acceder, mantener y consolidar posiciones de poder que
antes tenían aseguradas. Por ello la globalización supone:
“que se rompe la unidad del Estado nacional y la sociedad
nacional, y se establecen unas relaciones nuevas de
poder
y
competitividad,
unos
conflictos
y
entrecruzamientos entre, por una parte, unidades y
actores del mismo Estado nacional y, por la otra, actores,
identidades, espacios, situaciones y procesos sociales
transnacionales” (Beck, 1998: 43).
Dentro de este panorama, lo que se ha cuestionado como supuesto incontestable
dentro de las ciencias sociales es la “teoría del contenedor de la sociedad” (Beck,
1998, 2000 y 2004; Pries, 1999 y 2002; Glick Schiller et al. 1992 y 1995; Glick
Schiller, 2009). Según este modelo de pensamiento las sociedades están
contenidas en el Estado, que es quien controla y domina el territorio donde cada
sociedad se desenvuelve. Por definición estas sociedades son “sociedades
estatales”, delimitadas por el territorio que domina el Estado y por las otras
sociedades adscritas a otros territorios. Y son “apolíticas”, ya que lo político se
desplaza hacia el Estado y sus instituciones. Este ordenamiento tiene su corolario
en la supuesta homogeneidad de la sociedad contenida en el Estado, sobre la
base de una historia social y cultural compartida por sus miembros, un sentimiento
de identidad que los agrupa y que se expresa en una idiosincrasia nacional, un
arte nacional, una literatura nacional, una educación nacional, e incluso una
religión nacional. La “teoría del contenedor de la sociedad” supone que la
42
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
identidad nacional se desarrolla dentro de los límites del Estado, que son límites
primero territoriales y después límites culturales, históricos y sociales. Una nación
sólo puede llegar a ser lo que es si está sujeta (contenida) en un Estado.
El concepto de Estado-nación descansa en lo que Ludger Pries define como una
“... conexión de doble exclusividad de espacio social y espacio físico-geográfico”
(Pries, 2002: 583), que consiste en la creencia de que un espacio social se
encuentra anclado única y exclusivamente en un espacio geográfico y que un
espacio geográfico contiene única y exclusivamente un espacio social dentro de
sus límites. Esta doble exclusividad ha ido perfilando “... la idea de una relación
orgánica entre una población, un territorio, una forma, a la vez que una unidad de
organización política, y un paquete organizado de significados y formas
significativas...” (Hannerz, 1998: 39).
A la vez como producto y productor de los supuestos que sostienen el concepto de
Estado-nación se encuentra lo que Wimmer y Glick Schiller han llamado
“nacionalismo metodológico”, que se manifiesta en la práctica de tomar “los
discursos nacionales, agendas, lealtades e historias, como dadas, sin
problematizarlas o sin hacerlas un objeto de análisis por derecho propio” (Wimmer
y Glick Schiller, 2002: 304). Hay un proceso de naturalización del Estado-nación,
como contenedor de una cultura, una política, una economía y un grupo social
homogéneo. El Estado-nación aparece como el lugar donde todos los procesos
sociales adquieren sentido o más bien, todos los procesos que ocurren dentro del
Estado-nación son susceptibles de ser comprendidos. Asumiendo entonces que
estos procesos son diferentes de aquellos que ocurren fuera de sus fronteras, “las
ciencias sociales no dejan lugar para procesos globales y transnacionales que
conectan territorios nacionales” (Wimmer y Glick Schiller, 2003: 579) y por tanto
reducen su foco de atención a las realidades que se insertan dentro de los
“contenedores” de los Estados-nación y dejan de lado aquellas que subvierten o
introducen ambivalencia en el esquema analítico Estado/nación/territorio.
Una lectura escolástica (Bourdieu, 1999) del “nacionalismo metodológico” nos
puede llevar a pensar que es una visión superada por el cosmopolitismo.
Podríamos estar convencidos de que esta estrechez de miras, una estrechez
justamente nacional, va en franca retirada de la vida política, cultural y social de
nuestras sociedades. Pero este error escolástico, igualar el modo en cómo
aprehendemos los fenómenos al modo en que los fenómenos se manifiestan, es
fácilmente contrarrestable si asumimos que por el propio hecho de que los
estados-nacionales no han desaparecido el punto de vista nacionalista posee toda
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Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
una plataforma potente de desarrollo y maniobra. El modo en que los inmigrantes
son asociados, por una lógica de cálculo de costos y beneficios, a crisis social, a
problemas sociales (Domenech, 2011; Stefoni, 2011; Novick, 2011), nos habla de
que el Estado y sus políticas migratorias siguen utilizando el marco nacionalista
para concebir la entrada y asentamiento de los inmigrantes. Los inmigrantes son
deseados o indeseados según procedencia, capacidades, características étnicas,
idiosincráticas, etc., y este juicio puede cambiar: los que fueron deseados en un
momento dado y con el tiempo fueron ganando fuerza como grupo, se
transformaron en indeseados e intercambiables, y con ello perdieron su
deseabilidad (fue el caso de los inmigrantes marroquíes en el campo andaluz, que
fueron reemplazados, cuando se volvieron “difíciles”, por inmigrantes, en su
mayoría mujeres, provenientes de Europa del Este; o el caso de los bolivianos en
el Gran Buenos Aires relatado por Benencia, 2011). Esta provisionalidad
(Domenech, 2011) a la que está sujeto el inmigrante, que depende de su
condición de regular o irregular, o a su condición de deseable o indeseable, etc.,
nos habla de las asimetrías extremas entre Estado e inmigrante, y en definitiva de
la vigencia que mantiene el punto de vista nacionalista, que “presenta a los
inmigrantes como la principal fuerza diferenciadora que amenaza el tejido social
de la nación” (Glick Schiller, 2008: 27).
Por tanto, si bien es cierto que se ha avanzado notablemente en el campo del
estudio de las migraciones en la comprensión de los fenómenos más allá del
marco interpretativo del Estado-nación, también es cierto que todavía existen
grandes esferas de los público (para el caso de Chile desde la Constitución de la
República hasta la manera en que los municipios se “enfrentan” a las poblaciones
migrantes) que se sustentan en el punto de vista del nacionalismo metodológico, y
que estas esferas se alimentan de saberes teóricos que desarrollan, matizan y
sofistican este enfoque. La única manera de disminuir su influjo es practicar una
alerta teórica y metodológica constante, no tomar como dadas las categorías con
las que pensamos lo social sino justamente construirlas como resultado del
análisis. Me refiero por ejemplo al modo en que subsumimos bajo una categoría
nacional (peruano o colombiano) a grupos con diferentes características étnicas,
regionales o de clase cuando intentamos comprenderlos (Caggiano y Torres,
2011).
IDENTIDAD
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Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
Al igual que para el concepto de Estado-nación, el concepto de identidad ha
sufrido una metamorfosis: se ha multilocalizado. Este movimiento de liberación de
sus ataduras con un único y exclusivo espacio geográfico es un fenómeno que no
sólo se aplica a las corporaciones transnacionales y los mercados financieros, sino
también a los grupos étnicos, los movimientos de personas, las formaciones
políticas, los movimientos sociales, etc.
La multilocalización afecta a las lealtades de los grupos sociales, sus
manipulaciones transnacionales de recursos, riquezas e inversiones, al igual que a
la posición de los Estados en el panorama mundo. En palabras de Appadurai, “la
pérdida de las fronteras entre las personas, la riqueza y los territorios, altera
profundamente la base de la reproducción cultural” (1991:465). Las ciencias
sociales se enfrentan al reto de comprender la identidad en un mundo donde la
reproducción social, cultural y territorial de los grupos está cambiando. Como
resultado de la migración, los grupos se anclan en nuevos territorios, reconstruyen
sus historias y reconfiguran sus proyectos “étnicos”. De ahí que Appadurai
advierta que lo etno en la etnografía se ha vuelto resbaladizo (slippery), una
cualidad ilocalizable en el sentido tradicional.
Lo que agotó su capacidad hermenéutica es el análisis social tradicional de la
identidad individual y colectiva basado en una teoría clasificatoria de tipos
sociales, que presupone la existencia de identidades unitarias. De este modo, los
individuos son concebidos como miembros de un grupo social cerrado/limitado, en
cuyo interior son categorizados. Esta lógica binaria del “esto o esto otro” (Kearney,
1995) considera a los miembros como dentro o fuera del grupo, no hay matices,
contradicciones ni ambivalencias: no existe el “esto y aquello” o el “ni esto ni esto
otro”. El supuesto es que los individuos y los grupos desarrollan su identidad
teniendo como base un territorio delimitado y controlado por un Estado, dentro de
una historia, tradición y costumbres determinados, y sujetos a un destino común,
como pueblo, nación o comunidad. Esta identidad se construye por oposición a
otra, que tiene su misma naturaleza: está delimitada y sujeta a un territorio
específico y es exclusiva de un pueblo. Se cree que la “existencia social auténtica
está, o debiera estar, circunscripta a lugares cerrados”, y por ello que la residencia
es “la base local de la vida colectiva” (Clifford, 1999: 13).
Pero el concepto de identidad debe hoy en día adaptarse a este mundo de
lealtades cambiantes, de reordenamientos espaciales constantes, de flujos
globales de mensajes, personas, bienes y prácticas, de conexiones complejas
entre localidades, naciones y regiones, de relaciones transnacionales de tipo
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Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
económico, político, cultural y social, y de fuerzas sociales nuevas. La identidad ya
no es identificable de manera simplista y lineal con un territorio, una nación o un
Estado, ni con una condición social determinada (explotado/explotador,
dominador/dominado, etc.) sino que se desliza sobre un terreno arenoso, donde
es preciso comprender lo móvil y lo inmóvil, el viaje y la residencia, lo local y lo
global.
EL DESAFÍO DE COMPRENDER LAS MIGRACIONES CONTEMPORÁNEAS
En relación con el concepto de Estado-nación como contenedor de la sociedad,
las poblaciones migrantes aparecen como fenómenos desviados del
funcionamiento normal del Estado y la sociedad. En este sentido Wimmer y Glick
Schiller (2002) señalan cuatro elementos que están detrás de la creciente
importancia de las migraciones como campo de investigación especializado y
desafiante para las ciencias sociales. En primer lugar, porque “destruyen el
isomorfismo entre pueblo, soberanía y ciudadanía” (2002: 309), ya que los
inmigrantes son percibidos como extranjeros para la comunidad que comparte
lealtad al Estado y a la que el Estado le garantiza ciertos derechos compartidos.
Los inmigrantes también erosionan la relación isomórfica entre pueblo y nación,
apareciendo como individuos que nos recuerdan que existe un proceso social,
político y cultural que nos convierte en parte de una nación, y que no es un
proceso natural, sino que tiene una historia concreta, muchas veces rodeada de
violencia y abusos de poder. La inmigración, con todas sus realidades
heterogéneas, restituye el carácter histórico-social del proceso por el que un
pueblo se convierte en nación.
Un tercer elemento clave es que los inmigrantes destruyen el isomorfismo entre
pueblo y solidaridad de grupo. En la medida en que vienen “de afuera”, los
inmigrantes no son concebidos como parte del sistema de protección social de la
sociedad de destino, pero por otro lado aportan con trabajo y generación de
riqueza para que este sistema funcione. Por último, las migraciones
internacionales aparecen como una anomalía dentro de la normalidad de que la
gente resida en el lugar donde pertenece, que no es otro que su Estado-nación, ya
que desde el punto de vista del nacionalismo metodológico, cualquier “movimiento
a través de las fronteras nacionales se convierte en una excepción a la regla de
sedentarismo dentro de las fronteras del Estado-nación” (2002: 310).
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Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
Respecto del concepto de identidad, los flujos migratorios actuales nos muestran
que las identidades son construcciones sociales dinámicas, que pueden estar
sujetas a un territorio determinado o a más de un territorio, como también pueden
anclarse más que en un espacio geográfico concreto en una red de relaciones
sociales, culturales y económicas que traspasan diversos territorios. Nos
encontramos entonces con identidades múltiples, configuradas a partir de
elementos que pertenecen, desde el punto de vista nacional/cerrado, a diferentes
nacionalidades. Si las formas sociales y económicas de actuar, trabajar y vivir no
están ya confinadas dentro del contenedor del Estado, la identidad también se
libera de este contenedor y se sitúa más en el terreno de las relaciones (que
imbrican lo local, lo nacional, lo regional y lo transnacional) que en el de los
territorios. La identidad deja de ser pensada como una esencia que se transmite,
se hereda y se adquiere de forma automática, sino como una construcción social
que se configura dentro de un entorno de creciente interconexión (Marcus, 1995).
Las realidades migratorias contemporáneas también han sacudido el concepto de
comunidad, que identifica de manera automática un pueblo con un territorio o lugar
cerrado, limitado espacialmente, y que constituye lo que Glick Schiller et al. (1992)
denominan un “concepto limitado” (bounded concept). La manera de comprender
la migración desde este marco analítico se enfrentó a los desafíos que la muestran
como un “proceso circular” (Rouse, 1991), en la que los individuos permanecen
orientados hacia sus lugares de origen. Hay una evidencia creciente de que
muchas personas en muchos lugares se enfrentan al hecho de mantener de
manera sistemática dos modos diferentes de vida, aquí y allí, y por tanto
desarrollan la capacidad de estar orientadas social y culturalmente a más de un
lugar, lo que se ha dado en llamar cultural bifocality (Rouse, 1991), dual frame of
reference (Guarnizo, 1997), type of consciousness (Vertovec, 1999), dual lives
(Portes et al., 1999) o dual orientation (Vertovec, 2004).
EL ENFOQUE TRANSNACIONAL DE LAS MIGRACIONES Y LA ENTRADA DE
LA COMPLEJIDAD EN LOS ANÁLISIS MIGRATORIOS
El transnacionalismo en relación a los fenómenos migratorios se define en una
primera instancia de manera muy amplia como “el proceso por el cual los
inmigrantes construyen campos sociales que vinculan sus países de origen con
los de destino” (Glick Schiller et al., 1992). El término transnacionalismo se refiere
entonces, en palabras de Guarnizo, “... a la red de relaciones culturales, sociales,
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Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
económicas y políticas, prácticas e identidades, construidas por los migrantes a
través de las fronteras nacionales” (1997: 287).
Una de las características clave para poder hablar de un nuevo proceso migratorio
es la manera en que muchos migrantes actualmente construyen y reconstruyen
relaciones simultáneas en más de una sociedad a la vez. Estos migrantes son
denominados “transmigrantes” (Glick Schiller et al., 1995, Pries, 1999 y 2002) y se
caracterizan porque “sus vidas dependen de múltiples y constantes
interconexiones a través de las fronteras internacionales y sus identidades
públicas son configuradas en relación a más de un Estado-nación” (Glick Schiller
et al., 1995). Estos autores sugieren que la concepción del inmigrante como un
desarraigado (uprooted) no es un enfoque útil para comprender las nuevas
realidades migratorias, ni siquiera para las migraciones de finales del siglo XIX y
principios del XX. Esta concepción tradicional supone que los individuos que
migran pierden sus raíces por el hecho de que se alejan de su territorio y que para
echar nuevas raíces deben asimilarse a los modos de la sociedad que los recibe.
Este “modelo bipolar” (Guarnizo, 1997) de migrantes permanentes v/s temporales,
es poco útil para entender estas nuevas realidades.
Las primeras formulaciones del enfoque transnacional se centraron en lo que se
denominó una “nueva existencia migrante”, que consistía en la construcción de
espacios sociales que atravesaban las fronteras nacionales, uniendo sociedades
emisoras y receptoras a través de diversos tipos de intercambios y relaciones
(Glick Schiller et al., 1992). Diversos autores los describieron como “campo social
transnacional” (Glick-Glick Schiller et al., 1992; Itzigsohn et al., 1999; Mahler,
1998), “espacios sociales transnacionales”, (Faist, 1998 y 2000), “circuito migrante
internacional” (Rouse, 1991), “sociedad transnacional” (Guarnizo, 1997),
“comunidad transnacional” (Smith, R. C., 1998), “espacio social transnacional y
plurilocal” (Pries, 1999), etc. Más allá de las diferencias que cada definición
resaltaba, el elemento común que definía el nuevo concepto era: la construcción y
mantención de una red de interacciones (sociales, políticas, económicas,
culturales) que unen dos o más espacios geográficos distantes (regiones emisoras
y receptoras) a través de las prácticas de migrantes y no migrantes. Esta red de
conexiones constituiría el anclaje donde migrantes y no migrantes orientan sus
vidas diarias, ajustan sus comportamientos, desarrollan sus actividades, proyectan
sus posibilidades, etc.
Este concepto de campo social transnacional permite analizar los procesos por los
cuales los inmigrantes continúan siendo parte de la vida social de sus sociedades
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de origen al tiempo que participan en la vida socioeconómica y política de las
sociedades de destino (Glick Schiller y Fouron, 1999). Una característica clave de
estos espacios sociales que se extienden entre dos o más territorios es que los
procesos de participación en ambas regiones o localidades (emisoras y
receptoras) no se dan de manera independiente ni sucesiva, sino de manera
dependiente y simultánea. El campo social transnacional trasciende “... las
fronteras políticas y geográficas de una nación y se ha transformado en un campo
relevante de referencia y acción...” (Itzigsohn et al., 1999: 317). La simultaneidad,
expresada en el actuar y pensar en el “aquí y allí” al mismo tiempo, es uno de los
aspectos que definen el transnacionalismo migrante (Levitt y Glick Schiller, 2004).
Mientras se describían ejemplos de transnacionalismo en inmigrantes caribeños y
filipinos (Glick Schiller et al., 1995), dominicanos (Guarnizo, 1997; Itzigsohn et al.,
1999), haitianos (Glick Schiller y Fouron, 1998 y 1999) colombianos (Guarnizo y
Díaz, 1999; Guarnizo et al., 1999) y salvadoreños (Landolt et al., 1999), había
intentos de refinar la perspectiva transnacional. Un primer esfuerzo destacado
partió con la distinción entre “transnacionalismo desde abajo” (from below), como
las actividades realizadas por inmigrantes y emprendedores (grassroots
entrepreneurs), y el “transnacionalismo desde arriba” (from above), referido a las
iniciativas transfronterizas llevadas a cabo por gobiernos y corporaciones, con el
objetivo de definir el objeto de estudio y no confundir procesos y actividades de
diferentes sujetos transnacionales (Smith y Guarnizo, 1998). Allí plantean además
una crítica a las primeras formulaciones teóricas acerca del transnacionalismo
señalando que las prácticas transnacionales no tienen lugar en un imaginario
“tercer espacio”, que se localizaría de manera abstracta entre los territorios
nacionales, cuestionando la aplicabilidad de conceptos como “desterritorialización”
e “ilimitado” (unboundedness) para lo transnacional y sus actores. Según los
autores, el fenómeno así descrito se concibe como sin fronteras, sin límites ni
condicionamientos de ningún tipo. En este sentido plantean que los contextos
específicos en donde las actividades y prácticas transnacionales tienen lugar no
son sólo locales, sino también “translocales” (local-local).
A la luz de este enfoque interpretativo varios autores han señalado que el
surgimiento de prácticas y actividades transnacionales no es incompatible con el
proceso de incorporación de los inmigrantes en las sociedades de destino, sino
que en algunos casos puede ser simultáneo (Levitt et al., 2003; Morawska, 2003;
Itzigsohn y Saucedo 2002; Portes et al., 2007), dando lugar a procesos de
integración complejos, multidimensionales y multidireccionales. El balance entre el
compromiso transnacional y la asimilación a la sociedad de destino depende del
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tipo de actividades, el contexto institucional en el que se desarrollan estas
actividades, el tipo de recursos a los que tienen acceso los inmigrantes y el
momento en su ciclo de vida. Mientras unos inmigrantes participan activamente en
la vida social, económica y política de sus comunidades de origen al tiempo que
alcanzan una movilidad social ascendente en la de destino, algunos se
comprometen en actividades transnacionales y avanzan socialmente en sólo uno
de los frentes (local o transnacional), y otros se comprometen en actividades
transnacionales pero estancan su movilidad tanto en las sociedades de origen
como de destino (Levitt et al., 2003).
La mirada entonces cambia. Ya no se trata de una oposición entre
transnacionalismo y asimilación, sino de “... pensar la experiencia migrante como
una especie de indicador, que si bien está anclado, pivota entre la nueva tierra y
una incorporación transnacional. El movimiento y la estabilidad no son lineales ni
secuenciales sino capaces de rotar hacia adelante y hacia atrás y de cambiar de
dirección con el tiempo. El punto medio de este indicador no es la plena
incorporación, sino la simultaneidad de la conexión” (Levitt y Glick Schiller, 2004:
1011). Se trata de explicar el modo en que los grupos migratorios se sitúan de
manera variable, dependiendo del contexto, más cerca de un polo (asimilación
total) o del otro (transnacionalismo) de un continuum, y de comprender que su
posición no es estática ni definitiva en un punto, sino que se configura como una
combinación de ambas posibilidades.
CONCLUSIONES: USOS DEL ENFOQUE TRANSNACIONAL
Una vez delimitado el enfoque transnacional en relación a lo que propone y a lo
que se opone y complementa (modelos neoclásico y asimilacionista), es necesario
describir lo que denomino usos acrítico y crítico del mismo. A lo largo de su
desarrollo desde hace 20 años, se ha utilizado el enfoque transnacional desde
diversos puntos de vista y con diferentes acentos: bien resaltando lo necesario de
esta nueva aproximación, ya que nos muestra vías de incorporación a las
sociedades de destino diferentes a las ya tradicionales (Portes, 1995, 1997, 1999,
2001 y 2003; Portes et al. 2002); bien enmarcando las prácticas transnacionales
dentro de trayectorias y dinámicas ya analizadas de movimientos migratorios
anteriores, y con ello cuestionando la novedad y utilidad del enfoque (Alba, 1995;
Alba y Nee, 1997; Waldinger y Fitzgerald, 2004; Waldinger, 2008); o bien
intentando contextualizar, según su alcance e importancia relativa, los aportes
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Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
hermenéuticos del enfoque dentro de las realidades concretas en las que se aplica
(Guarnizo y Smith, 1998; Levitt y Glick Schiller, 2004; Pries, 2005; Bauböck, 2003).
Dados estos diferentes usos del modelo de análisis transnacional, nos
encontramos con un panorama muy diverso en cuanto a resultados y aportes
significativos. Con el propósito de delinear y distinguir entre los usos acrítico y
crítico del enfoque transnacional aplicado a las migraciones internacionales,
propongo revisar cómo se abordan desde cada uno de ellos dos dimensiones de
análisis fundamentales para este campo de estudio.
La primera de ellas es la dimensión de la localización geográfica o territorialidad,
entendida como la cualidad de los fenómenos sociales de permanecer anclados
en espacios geográficos concretos, específicos y múltiples. Si bien los fenómenos
actuales de globalización económica, política y cultural están dibujando nuevas
formas de socialización, acción colectiva y represión, que muchas veces parecen
estar inscritas en un espacio no determinado, los sujetos “... no viven desterritorializados y en el aire sino, más bien, se está ampliando el margen espacial
de sus acciones y de su mundo social, por un lado, y se están multiplicando los
lugares geográficos en y entre los cuales se está desarrollando la vida y el espacio
social de una porción creciente de seres humanos” (Pries, 2002: 13). El uso
acrítico del enfoque transnacional ve todas las manifestaciones migrantes como
flotando en espacios desterritorializados, sin limitaciones estructurales, ni políticas
ni culturales, es decir, como fenómenos sin límites (boundless). Con ello pierde la
escala de los fenómenos, tanto cuantitativa como cualitativa, ya que los sitúa
aislados de la red de relaciones sociales, económicas y políticas localizadas en la
que se inscriben y que le dan sentido. Y pierde también de vista sus efectos: al
tratarlos de manera aislada, sin relación con su entorno, los fenómenos son
observados omitiendo tanto las fuerzas que lo restringen y moldean como los
efectos y desplazamientos que operan en la red en la que se insertan. Además,
corre el riesgo de generalizar o aplicar modelos de análisis generados a partir de
fenómenos específicos a los fenómenos migratorios en general (Glick Schiller,
2008). Paradójicamente fueron los primeros desarrollos de Glick Schiller del
enfoque transnacional los que acentuaron esta “desterritorialización” de estos
“nuevos migrantes”, los llamados “transmigrantes” (Glick Schiller et al., 1992,
1995), y que respondieron probablemente a la necesidad de enfatizar esta nueva
perspectiva sobre las migraciones frente a las tradicionales.
Por el contrario, un uso crítico del modelo transnacional inserta los fenómenos que
observa en un entramado económico, político, social y cultural, que se encuentra
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asociado a territorios concretos y específicos, con sus propias restricciones
(espaciales, fronterizas, comunicacionales, asimetrías) y posibilidades (recursos,
identidades, historias). Esto no quiere decir que, como asume el modelo del
Estado-nación como contenedor de la sociedad, los fenómenos migratorios
internacionales se inscriban en un único y exclusivo territorio y espacio social o en
transición desde uno a otro, sino que por el hecho de conectar diferentes espacios
sociales y geográficos específicos son calificados como transnacionales. Lo
transnacional en este caso no significa sin raíz, sino enraizado en múltiples redes
y territorios (Guarnizo, 2003; Guarnizo et al., 2003; Itzigsohn y Saucedo, 2002).
Este uso del enfoque permite entender los fenómenos transnacionales
relacionándolos tanto con procesos amplios y abarcadores (dinámicas económicas
internacionales y regionales, marcos políticos y sociales, características societales
específicas, etc.) como con procesos específicos y localizados (equilibrios étnicos
locales, idiosincrasia de poblaciones autóctonas, marcos normativos específicos,
etc.).
La otra dimensión de análisis clave es la estructura, entendida como el marco en
el que se desarrollan los fenómenos migratorios contemporáneos. Estructura
económica, política y social que delimita un marco de acción específico para los
fenómenos migratorios, dentro del cual es posible movilizar ciertos recursos
(capital, redes, identidades) y donde también quedan restringidas posibilidades de
acción y estrategias. En este sentido es clave para entender la estructura política,
económica y social actual el papel del Estado-nación. Como vimos más arriba,
ciertamente que su soberanía y capacidad para dirigir e influenciar los procesos
político-económicos dentro y fuera de sus fronteras ha disminuido, pero en ningún
modo se ha extinguido. El uso acrítico del enfoque transnacional ha remarcado la
relativa poca importancia de los Estados nacionales para las comprensión de los
fenómenos migratorios actuales, argumentando que el poder que antes
detentaban ha sido transferido a las empresas multinacionales, a los organismos
políticos supranacionales, a los movimientos sociales globales, etc., y
considerando por ello a los transmigrantes como dueños de sí. Este uso busca la
explicación de las características de las prácticas transnacionales en factores
intrínsecos de los grupos (endógenos), sin atender a los factores que los
constriñen y condicionan (exógenos). Es el caso por ejemplo de los primeros
análisis que concebían el transnacionalismo migrante como una respuesta a la
globalización neo-liberal (Portes, 1997).
Un uso crítico del modelo transnacional considera a los Estados-nación como uno
de los más importantes actores institucionales del escenario en el que se
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configuran los actuales flujos migratorios: como productor activo de identidad y
alteridades (Segato, 1998); como promotor y diseñador de flujos migratorios
convenientes a sus intereses (Levitt y de la Dehesa, 2003); como entidades de
poder asimétrico, unas como receptoras y otras como generadoras de modernidad
(Segato, 1998); como fuerzas activas que moldean los flujos migratorios en
general y las prácticas transnacionales en particular (Glick Schiller y Fouron, 1998,
Fouron y Glick Schiller, 2001; Portes, 1999; Glick Schiller, 2009). Además, es
sensible a los contextos (políticos, económicos y sociales) donde se manifiestan
los movimientos, tanto de emigración como de inmigración, incluyéndolos como
factores de peso en relación a las derivas y características de los mismos.
Específicamente relacionada con las experiencias latinoamericanas, la mirada
transnacional de los movimientos migratorios es una herramienta de gran utilidad
para la comprensión de la heterogeneidad de fenómenos que se desarrollan en
nuestro continente. Existe abundante evidencia de que, por un lado, asistimos a
un período singular en relación a los flujos, intensidades y procesos sociales y
culturales resultantes del los movimientos de personas (Benencia, 2008; Stefoni,
2008; Canales, 2011; Feldman-Bianco, 2011), intensificándose las migraciones
intra-regionales y con ello las dinámicas de interacción entre poblaciones y
culturas diversas, los conflictos, los procesos de intensificación de la
discriminación y de los movimientos que buscan contrarrestarla, etc. Y por otro
lado, las realidades políticas, sociales y jurídicas de los países son
extremadamente heterogéneas: mientras en países como Chile o Paraguay
predominan los tratamientos policiales y de seguridad respecto de los inmigrantes
(Stefoni, 2011; Novick, 2011), en Argentina o Brasil la perspectiva ha tendido hacia
lo que se da en llamar un “enfoque de derechos”, aunque no exento de
ambivalencias (Feldman-Bianco, 2011; Domenech, 2008, 2011; Novick, 2008).
El panorama contemporáneo de la migración en América Latina viene a
complejizar unas realidades ya de por sí heterogéneas y atravesadas por
procesos de luchas étnicas por derechos sociales y políticos, etnificación de las
luchas, redefinición de las fronteras simbólicas entre los grupos, y también por
esfuerzos estatales por nacionalizar los conflictos, amalgamar la diversidad en
marcos culturales cerrados y diferenciables, y gestionar, desde un punto de vista
de seguridad, las manifestaciones sociales, políticas y económicas que emanan
de los movimientos de personas. Aproximándose a estos fenómenos complejos
desde un enfoque también complejo tenemos la capacidad, no sólo de
comprenderlos e insertarlos en redes de sentido que nos permitan enfocar e
implementar políticas sociales y comunales pertinentes, sino también de hacerlos
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comprensibles a sus protagonistas, a los ciudadanos que migran y a aquellos que
los reciben, con el objetivo que piensen su historia, presente y futuro a medio y
largo plazo, y no se enfrasquen en conflictos de odio y discriminación,
actualizando las fronteras entre un “ellos” y un “nosotros”.
Desde una perspectiva epistemológica, un uso crítico del modelo de análisis
transnacional debiera dejar en “suspenso”, en el sentido husserliano del término,
aquellas categorías con las que nos aproximamos a los fenómenos para
comprenderlos y construirlas como resultado de los análisis, esto es, no tomarlas
como dadas: las categorías nacionales, que amalgaman en un tipo ideal una serie
de características culturales, sociales, fenotípicas, y actúan como etiqueta de una
serie de grupos, eliminando las diferencias y especificidades entre cada uno de
ellos; las categorías étnicas y/o raciales, que a su vez también son el resultado de
construcciones simbólicas específicas atravesadas por relaciones de poder y
dominación (Quijano, 2000ª y 2000b); y las categorías con las que nombramos a
los sujetos migrantes, que responden a construcciones sociales y políticas, y que
definen el modo que tienen las sociedades de aproximarse a ellos (políticas y
prácticas) y el campo de acción, negociación y resistencia de los segundos en
relación a las primeras (Feldman-Bianco et al., 2011).
El enfoque transnacional, tanto en sus versiones más entusiastas como en
aquellas más cautelosas, ha supuesto la entrada en los estudios migratorios de
dimensiones de análisis que se encontraban relegadas o definitivamente
impensadas en los desarrollos tradicionales del campo. En este sentido ha
introducido complejidad a los modelos analíticos y ha significado un reto para los
investigadores, ya que obligó a pensar las dinámicas migratorias como
atravesadas por una miríada de factores, tanto endógenos como exógenos,
locales y globales, latentes y manifiestos, que se interrelacionan unos con otros
dentro de redes de poder, económicas, sociales y culturales. Un uso crítico del
enfoque es sensible tanto al espacio social y geográfico que atraviesan y del que
son atravesados los flujos migratorios, entendido como el locus específico en el
que tales fenómenos adquieren sentido, como a las fuerzas estructurales (de
carácter económico, político y cultural) que enmarcan dichos flujos, los restringen,
dan forma y son también moldeadas por ellos. Y también presta atención a la
construcción social y política de las categorías y unidades de análisis que utiliza,
tomándolas como referencia preliminar (inicial), para luego construirlas
sustantivamente como resultado del propio trabajo de investigación, con el objetivo
de no “encajar” por defecto los fenómenos en los marcos interpretativos
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tradicionales sino construir esos marcos a partir de las particularidades de los
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Recibido: 31 de Mayo de 2012
Aceptado: 20 de Agosto de 2012
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Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
ESTIGMA Y DISCRIMINACIÓN EN LA EXPERIENCIA. MUJERES PERUANAS
TRABAJADORAS DOMÉSTICAS EN BRASILIA1
Delia Dutra 2
Este artículo analiza cómo un grupo de mujeres peruanas, trabajadoras
domésticas, con más de tres años de residencia en la ciudad de Brasilia, capital
de Brasil, vive la experiencia de ser “otras” y “diferentes” en una ciudad con
características históricas y urbanas muy específicas cuando se compara con otras
de Brasil y de la región. El análisis se realiza desde una perspectiva
interaccionista, teniendo como base las narrativas de las propias migrantes,
buscando comprender los procesos de alterización y de autoidentificación que
ellas explicitan al momento de explicar su experiencia cotidiana de migrantes.
Palabras-clave: Peruanas, Brasilia, Trabajo Doméstico, Interacciones cotidianas.
O presente artigo analisa como um grupo de mulheres peruanas, trabalhadoras
domésticas, com mais de três anos de residência na cidade de Brasília, capital do
Brasil, vivenciam a experiência de serem “outras” e “diferentes” numa cidade com
características históricas e urbanas muito específicas quando comparada a outras
do Brasil ou da região. A análise se realiza desde uma perspectiva interacionista,
tendo como base as narrativas das próprias migrantes, buscando compreender os
processos de alterização e de autoidentificação que elas explicitam no momento
de explicar sua experiência cotidiana de migrantes.
Palavras-chave: Peruanas, Brasília, Trabalho Doméstico, Interações Cotidianas.
This paper analyzes how a group of Peruvian women, domestic workers, with more
than three years of residence in the city of Brasilia, capital of Brazil, live the
experience of being "other" and "different" in a city with historical and urban
characteristics very specifics, in comparison with other Brazilian cities. The
1
Artículo escrito en el marco de nuestra tesis doctoral intitulada: Mulheres migrantes peruanas em Brasília. O
trabalho doméstico e a produção do espaço na cidade. Departamento de Sociología de la Universidad de
Brasilia, 2012. El desarrollo del proyecto de tesis contó con el financiamiento del programa Nacional de Becas
de Doctorado del CNPq (Conselho Nacional de Desenvolvimento Científico e Tecnológico), Brasil.
2
Doctora en Sociología, Universidad de Brasilia. Investigadora del Centro Scalabriniano de Estudios
Migratorios – CSEM, Brasilia. Correo electrónico: [email protected]
68
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
analysis is performed from an interactionist perspective, based on the narratives of
migrants themselves, seeking to understand the processes of othering and the
expression of self-identification by the woman whenever they explain their
everyday experience of migrants.
Keywords: Peruvian woman, Brasilia, Domestic Work, Everyday interactions.
INTRODUCCIÓN
Este artículo analiza cómo un grupo de mujeres peruanas, trabajadoras
domésticas, con más de tres años de residencia en la ciudad de Brasilia, capital
de Brasil, vive la experiencia de ser “otras” y “diferentes” en una ciudad con
características históricas y urbanas muy específicas cuando se compara con otras
de Brasil y de la región. El análisis se realiza desde una perspectiva
interaccionista, teniendo como base las narrativas de las propias migrantes,
buscando comprender los procesos de alterización y de autoidentificación que
ellas explicitan al momento de explicar su experiencia cotidiana de migrantes.
Se trata de diez mujeres que ya vivieron (pasado) o están en este momento
(presente) viviendo la experiencia de residir en el mismo local en que trabajan,
fenómeno que se denomina “servicio doméstico interno”, lejos de sus familias, de
sus afectos y de sus referencias culturales de origen. Por lo tanto es en este
contexto muy específico en que acontecen las interacciones cotidianas que les
brindan elementos para explicar lo que significa este tiempo presente, apoyándose
y alimentándose de recuerdos y proyectos.
En sus narrativas observamos cómo se tejen las especificidades de las relaciones
sociales con esos otros, sean tanto del núcleo familiar y comunitario de origen,
como de su contexto presente en la ciudad y en el lugar donde viven-trabajan;
cómo son significados sus valores, creencias, sus miedos y sueños, y que acaban
otorgándoles un lugar como mujeres, madres, esposas, hijas que sustentan y
cuidan de los demás. Y esto se hace a la distancia, lejos de sus cosas, de sus
historias, de sus vínculos. Sin embargo, ellas se descubren más cerca de sí
mismas, de otras facetas de sí mismas que sólo en Brasilia, en el ámbito del
proceso de migración, ellas consiguen desarrollar.
En tales descubrimientos, ellas construyen historias de mujeres migrantes propias
y específicas de cada una, donde podemos identificar elementos que son
69
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
comunes no sólo a las diez que contribuyeron con nuestra investigación, como
também a otras cuyas historias pueden llegar a se “espejarse” en este estudio 3.
Estructuramos nuestro texto, en primer lugar, por medio de una contextualización
de la situación migratoria en la región con especial atención a la relación Perú y
Brasil, y más específicamente al flujo de mujeres peruanas que llegan a la ciudad
de Brasilia para trabajar en el sector de servicios domésticos. Ese contexto
permite abordar y comprender mejor lo que presentamos en segundo lugar donde
desarrollamos la metodología de trabajo e iniciamos la fundamentación teórica
focalizándonos en caracterizar la situación y las perspectivas de las migrantes
sobre esta situación vivida, es decir, el estigma, la discriminación y la experiencia
de la alteridad durante este proceso migratorio. En el apartado destinado a la
conclusión destacamos los principales hallazgos, ellos posibilitan continuar
avanzando en las investigaciones que venimos realizando actualmente.
CONTEXTO DE MIGRACIÓN REGIONAL
La movilidad humana tanto en el ámbito nacional, regional como internacional ha
estimulado la enorme diversidad etnocultural existente ya no sólo en los países
considerados “desarrollados” como también en los denominados “emergentes”.
Los flujos de migración entre países dentro del continente latinoamericano vienen
tornándose cada vez más significativos en el escenario internacional migratorio.
Probablemente el endurecimento de las políticas de inmigración en los países del
hemisferio norte, así como las recientes crisis en el sistema económico
internacional, hayan estimulado aún más estos movimientos. Esto plantea
desafíos cada vez mayores para países como Brasil, hoy considerado un destino
que ofrece oportunidades de sobrevivencia para muchos ciudadanos de la región
a pesar de los casi cuatro millones de brasileños que emigraron también en busca
de oportunidades fuera del país 4.
3
Existen situaciones correlativas e investigadas en trabajos tales como: de las migrantes brasileras
trabajadoras domésticas en Estados Unidos (Fleischer, 2000), de las del nordeste brasilero en el Distrito
Federal, Brasil (Girard, 2002, 1993), las filipinas en Canadá, o las filipinas en Europa (Anderson, 2001), las de
Europa del Este en Italia (Stefanelli, 2011), las asiáticas y africanas en el Líbano (Jureidini, 2009) o las
migrantes andinas en España, entre muchas e innúmeras situaciones todas contemporáneas teniendo en
común la condición de ser mujeres pobres que migran para emplearse en el sector doméstico (o home care)
como respuesta a una situación de fuertes carencias que sufren en sus comunidades de origen.
4
Ver http://www.justica.sp.gov.br/novo_site/Noticia.asp?Noticia=4937 , Consultado: 10 de febrero de 2012.
70
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
Al analizar el mapa inmigratorio brasilero, se constata que el incremento más
reciente de los ciudadanos provenientes de países de América del Sur, ha
permitido a Brasil retomar su “tradición inmigratoria que estaba más o menos
estancada desde la posguerra” (Souchaud, 2010:270). Tomando como base el
análisis hecho por Souchaud (op.cit.), podemos avanzar en la comprensión de
quién es ese migrante que se traslada dentro de la región y se establece en Brasil.
Este autor identifica dos principales grupos de migrantes que llegan al país por
motivos y períodos diferentes:
“Los migrantes argentinos, chilenos y uruguayos llegaron en
grandes cantidades a partir de la década de 1970 y en muchos
casos huyendo de los regimenes militares. (...) La situación (...)
de los inmigrantes paraguayos, bolivianos y peruanos es
diferente. En lo que concierne a los peruanos y bolivianos, el
crecimiento de la población inmigrada aparece censo tras
censo y se acentúa notoriamente en el último período
intercensitario (entre 1991 y 2000)” (Souchaud, 2010:270).
Además de este incremento cuantitavo sistemático en Brasil de los inmigrantes
provenientes de países de la región, tal es caso de Perú, país de origen de las
migrantes que constituyen el universo de análisis de nuestra investigación,
sabemos que tal situación es vivida por miles de mujeres migrantes en el mundo
que se caracterizan por ser pobres, dispuestas a dejar su familia en el país de
origen para emplearse en el sector de servicios domésticos y así enviarle el dinero
producto de su trabajo. Esa migración (trabajadoras domésticas), presenta
simultáneamente, por un lado, especificidades con relación a las otras
modalidades migratorias actuales y, por otro, una estandarización de quién y cómo
migra la migrante.
Mujeres migrantes que además de sufrir la separación de sus referencias
culturales y afectivas, deben esforzarse por lograr integrarse a una sociedad que
posee códigos de convivencia diferentes a lo que estaban acostumbradas. Sin
embargo, cabe destacar que la discriminación y su consecuente dificultad para la
integración al mercado de trabajo, por ejemplo, no es una experiencia para ellas
exclusiva del proceso migratorio, ya que también lo han sufrido en su país de
origen.
71
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
Esto porque en Perú, al igual que en otras sociedades también formadas por un
acentuado mosaico étnico, donde el hombre “blanco” 5 y sus descendientes
dominaron y continuan oprimiendo al indígena, al más pobre, al campesino, a la
mujer, en la historia de este país “el fenómeno del racismo se constituye como uno
de los más graves conflictos sociales que impide el establecimiento definitivo del
proyecto de nación” (Béjar, 2004: 15). Desde la independencia del país, en 1821,
hasta nuestros días, son discriminados todos y cualquier grupo social que no sea
considerado blanco (Ibidem).
En 1980, Perú inicia un largo proceso de veinte años de violencia de origen
política, que tendrá como saldo más de 69 mil peruanos y peruanas muertos, o
desaparecidos, en manos de organizaciones subersivas y también, de agentes del
propio Estado peruano. El informe de la “Comisión de la verdad y reconciliación” 6,
del año 2003, expressa que las dos últimas décadas del siglo XX, son una marca
de horror y deshonra para el Estado y la sociedad peruanos.
Sobre este asunto comenta una de nuestras entrevistadas 7, y lo adelantamos aquí
considerando la pertinencia de sus palabras:
“En verdad nosotros sabemos muy bien que quien violaba y
asesinaba, allá en Ayacucho [región del interior del país], eran
los militares que se hacían pasar como “terroristas”. El Sendero
Luminoso, no hacía eso con los campesinos, al contrario, ellos
explicaban que luchaban para defender nuestros derechos....
Pero... llegó un momento que nuestros propios padres nos
dijeron: ‘váyanse de aquí, ustedes que son adolescentes, muy
jóvenes, si ellos las encuentran las van a violar’. Así fue que
nos fuimos de nuestro pueblo, a pie.... salimos en grupo,
éramos varias, y después de algunos días andando, con
miedo, conseguimos llegar a Lima... fue difícil... así fue que
comenzamos nuestra vida en la ciudad con 15 años” (Teresa).
5
Como en muchos países de América Latina, en Perú el “blanco” no es discriminado de la misma forma que
sí sucede con otros grupos étnicos. Igual situación se vive en Brasil, por ejemplo, en donde ser “blanco” no
pasa necesariamente por el color de la piel, sino sobre todo, por ser “tratado como” (Ianni apud Schwartzman,
2007); ou sea, ser blanco pasa por una cuestión de clase y origen social.
6
Disponible en: http://www.cverdad.org.pe/ifinal/index.php, consultado en: noviembre, 2010.
7
Los nombres que registramos de las entrevistadas son ficticios de forma a preservar sus identidades. El
perfil de ellas y la metodología utilizada, se presenta en el próximo ítem.
72
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
BRASILIA, CIUDAD DE MIGRANTES
Fundada en 1960, Brasilia fue especialmente diseñada y construida en el centro
del país. Vigilada y controlada, es una ciudad que recibió siempre importantes
flujos de migración interna, así como migración internacional tradicionalmente
vinculada al cuerpo diplomático de los más diversos países.
Por todo esto, es considerada un “microcosmo de la cultura brasilera”, por su
capacidad de atracción de contingentes migratorios de diferentes regiones (Nunes,
2004: 14). Esta ciudad planificada se consolidó bajo un “modelo de poblamiento
polinucleado y excluyente” (Paviani, 1997: 42), y es resultado de un largo proceso
geopolítico, ya que la idea de construirla data de 200 años atrás (Idem, p.45).
En la ciudad la fuerza es de los “lentos” (Santos, 1994), pues aquellos que andan
rápido –los que se trasladan por las vías rápidas de la ciudad–, pierden la
capacidad de observar las sutilezas de su tiempo cotidiano. La mirada de estas
mujeres migrantes, confinadas al espacio de trabajo, es minuciosa, típica de
aquellos que vienen de afuera y ven diferente a lo que ve el ciudadano local. Ellas
ven con otros colores, otras formas; una mirada que busca comprender y
apropiarse de los pocos momentos y espacios urbanos a que tienen acceso.
De esa forma, para estas migrantes, Brasilia se contrapone a su idea de ciudad,
los gustos y disgustos encuentran su contraparte con aquello dejado en su país de
origen, con el presente vivido y el futuro soñado. Tal como expresa Calvino en las
Ciudades Invisibles, debemos recordar que “cada ciudad se contrapone al desierto
que se opone (...)” (Calvino, 2003:24). Y ese “desierto” va siendo construido y
transformado en la memoria individual de cada migrante, que no debe ser
entendida como algo aislado, sino en relación a sus cuadros sociales reales
(Halbwachs, 1990, 1994), que sirven de puntos de referencia en la reconstrucción
de la memoria.
La nueva ciudad de residencia, Brasilia, los recorridos en ella trazados, las
personas que en ella encuentran, los objetos con los que interactúan, son
justamente los que desencadenan los recuerdos de la otra ciudad, otros paisajes,
otros afectos y otras experiencias. Es con base en eso que ellas van narrando sus
vivencias actuales, sus historias pasadas y sus sueños. Se observa en algunas de
las migrantes cambios en sus concepciones de lo urbano, de lo bonito y lo
manifiestan como una dificultad que deberán pasar cuando sea la hora de
regresar.
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Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
“Pienso que voy a sufrir un poco cuando regrese. El día que
vuelva ya no podré disfrutar más de eso, del verde de Brasilia
en esta época de lluvia. Regresar allá [Lima] es volver a una
ciudad sucia, llena de polvo. (…) Además es difícil
acostumbrarse luego de andar por una ciudad en que nadie te
dice nada. Si no haces nada malo, en la calle uno anda
tranquila, miras y consigues ver hasta muy lejos. Mira para allá,
¿ves como se puede ver el lago bonito desde aquí? Me
gusta… el día que regrese sentiré falta de esto” (Amelia).
Nos interesa enfatizar nuevamente que estas mujeres migrantes salen de la
ciudad Lima y llegan directamente a Brasilia con el único objetivo de emplearse en
el sector de servicios domésticos, pues les han dicho que allí hay trabajo, a pesar
de que muchas han confesado que soñaban con migrar para España, Italia o
Estados Unidos, pues “se ahorra dinero más rápido”. Por esto es que podemos
pensar Brasilia como una puerta más viable (más cerca y de más fácil acceso) y
un poco más segura que se abre para ellas.
Hasta hace poco tiempo atrás, Brasilia no era considerada una ciudad integrada al
circuito de ciudades típicas brasileñas receptoras de contingentes migratorios de
latinoamericanos con este perfil específico. La idea que predomina en el migrante
que llega a Brasilia es la de lugar vinculado al mundo administrativo (sede del
aparato estatal federal), de la diplomacia o de organizaciones internacionales.
Esto nos lleva a pensar que, si bien esta ciudad no se constituye como polo de
atracción evidente de migrantes regionales pobres en busca de trabajo, sí puede
ser pensada como un polo de atracción silencioso de lo que se acostumbra a
llamar mano de obra migrante no calificada.
METODOLOGÍA DE TRABAJO Y CARACTERIZACIÓN DE LA SITUACIÓN
LABORAL
“Vine para Brasilia porque en mi país ni siquiera consigo un
trabajo como este que tengo aquí. Allá si tienes 40, 45 años
buscar trabajo en casas de familia es imposible, no te
contratan, pues para ‘ellos’ yo ya estoy vieja. Y si por acaso
conseguiera, nunca ganaría el salario que sí recibo aquí.....
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Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
Porque yo no tengo estudios, la única cosa que consigo hacer
es limpiar la casa de los otros” (Elena. Énfasis añadido).
Así como Elena, las demás nueve migrantes que conforman el grupo elegido para
investigar son mujeres peruanas cuyo origen social pobre les marca tanto por la
falta de acceso a la educación en ámbito formal, por estar desempleadas en su
país de origen o poseer una situación de empleo precaria, como por pertenecer a
un grupo étnico históricamente discriminado en el ámbito urbano de Perú: las
denominadas “cholas” o serranas. Se trata de campesinas o hijas de campesinos,
de origen indígena que llegan a la capital (Lima) en busca de trabajo, y cuya
lengua materna es generalmente el quechua.
Las diez migrantes dejaron familia en Perú para migrar a Brasilia, algunas piensan
retornar, otras construyen una “nueva” vida en esta ciudad. Para poder
caracterizar de forma breve y clara a cada una de ellas, presentamos en anexo un
cuadro donde describimos las siguientes variables: edad, momento de llegada a
Brasilia, las veces que retornó (o no) a Perú, los principales motivos de la
migración, la situación de documentación en Brasil, la familia que dejaron en Perú
y la profesión antes de migrar. Consideramos tales variables significativas pues
nos permiten comprender de qué migrantes estamos hablando.
Para seleccionar estas diez mujeres, realizamos una primera fase exploratoria de
investigación de campo (de septiembre a diciembre de 2008) donde tuvimos
oportunidad de conocer 19 mujeres con perfil muy semejantes, todas trabajadoras
domésticas en Brasilia. El criterio para posteriormente seleccionar el grupo de diez
fue el tiempo mínimo de tres años de residencia en la ciudad y la disponibilidad
para realizar entrevistas en profundidad. Con cada una de ellas fueron realizados
un promedio de cinco encuentros durante el período comprendido entre marzo y
octubre de 2009, y posteriormente, entre abril y diciembre de 2010.
Las entrevistas en profunidad fueron realizadas con base en algunos ejes
fundamentales que nos sirvieron como guía: el origen (recuerdos de infancia y
juventud, familia dejada en Perú), la familia hoy (relaciones dentro del núcleo,
situación financiera, resignificación de los afectos), Brasil (destino elegido o no,
prenociones sobre el país) y Brasilia (la ciudad, interacciones con los ciudadanos
locales).
En este artículo nos concentramos más en el análisis de las respuestas dadas
sobre este útlimo eje temático, si bien entendemos, desde el punto de vista
analítico, que los anteriores puedan aparecer como contextualización de la
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situación. Dentro de éste, realizamos el análisis en función de dos principales
categorías: (i) el estigma y la discriminación que sienten y sufren, como
consecuencia no sólo de la situación vivida en el presente, como también en el
pasado; y (ii) la construcción del otro/a con sus diversas interpretaciones
afectadas por creencias y valores.
El análisis se hace desde una perspectiva interaccionista facultando comprender
los procesos de integración social de estas migrantes. La migración se presenta
como un medio para cambiar de vida a través de la oportunidad (o encrucijada)
que la división sexual e internacional del trabajo les ofrece para emplearse en el
sector de servicios domésticos. Las entrevistas en profundidad posibilitan
reflexionar sobre cómo explican su integración a la ciudad, el día a día en el
trabajo, el sentido de estar especialmente afectadas por sus historias pasadas y
por los proyectos a futuro.
Cabe destacar que todas las migrantes con las que tuvimos oportunidad de
conversar durante la fase exploratoria de nuestra investigación, trabajan un
promedio de 16 horas diarias, 6 días por semana. Algunas de ellas, aunque
quisieran contribuir con nosotros, no tenían la posibilidad de encontrar momentos
que permitieran la realización de las entrevistas en profundidad que proponíamos.
Otras también, manifestaban temor de hablar, sentimiento típico de la migrante en
situación de intensa vulnerabilidad.
Esto sucedió sobre todo con aquellas que estaban en situación irregular de
documentación. La realidad de estas mujeres migrantes en lo que concierne a la
documentación es diversa. Algunas trabajan con lo que en Brasil se denomía “visa
de cortesía”. Es un documento que puede ser otorgado únicamente por
diplomáticos 8, y que les permite permanecer temporalmente en el país bajo la
responsabilidad de aquella persona que las contrata y que firma asumiendo su
protección y seguridad. Es concedido por un período corto y puede ser renovado
siempre que el empleador desee hacerlo. En caso que desista del contrato, la visa
pierde valor y el empleador es responsable por garantizar el retorno de la
trabajadora al país de origen.
Mientras dura su contrato de trabajo y, en consecuencia, mantiene la validez de la
visa cortesía, la trabajadora está habilitada a trabajar únicamente para esa familia,
quedando imposibilitada desde el punto de vista legal de cambiar de trabajo. Esta
8
Recordamos que Brasilia es la ciudad capital del Brasil, ciudad administrativa sede principal del aparato
estatal, del cuerpo diplomático y de organismos internacionales.
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situación provoca una relación de ambivalencia ya que, por un lado este
documento las protege permitiéndoles trabajar, obtener ingresos para enviar para
sus familias y de forma legal, pero por otro lado se genera una situación de
explotación respaldada en lo que Weber denomina de “poder de disposición”
(1944: 63). O sea, la posibilidad de disponer, sea de hecho o garantizada por
cualquier medio (coerción, por ejemplo), de la fuerza de trabajo. El trabajo
doméstico se transforma en ese trabajo y para ese empleador doméstico. Estamos
frente a una relación asimétrica donde se pone de manifiesto el interés de una
clase, y que puede asumir diversas formas, ya que se constituye por la interacción
y discusión de las experiencias cotidianas y las interpretaciones que de ellas se
hacen (Bottomore, 2001).
A pesar de esto, algunas asumen el riesgo y dejan empleos en las que son
sometidas a condiciones de extrema precariedad. Eso significa quedar en
situación irregular de documentación en Brasil. Muchas de aquellas que se
encontraban en tal situación, consiguieron obtener la residencia en este país
gracias a una Amnistía 9 concedida por el estado brasileño en el 2009. En sus
lecturas de la situación, encontramos elementos comunes en el grupo y otros
específicos a cada migrante, cuando, por ejemplo, se manifiestan sobre los “otros”
y las “otras” con quienes ellas interactúan durante su experiencia de migración, o
cuando explican sentirse estigmatizadas y discriminadas, no sólo por ser
inmigrantes, sino también discriminadas por su identidad profesional.
La alta concentración de mujeres migrantes en el sector de servicios domésticos y
de cuidados no sólo se puede explicar por las decisiones que cada una de ella
toma de migrar con base muchas veces en la expectativa de ganar salarios
mejores que los que pueden tener en su país de origen o, simplemente, tener un
trabajo, sino que también resultan de procesos de discriminación que encuentran
sus raíces en la clase social, sexo, grupo étnico, estatus profesional y migratorio,
que a su vez se apoyan en una naturalización de las diferencias (Comas
d’Argemir, 2009:184). Para muchas, la tarea de cuidar de los demás y de la casa
se inicia desde que son pequeñas, algo común en contextos como el del grupo
que aquí estudiamos.
9
Es importante destacar que la Amnistía anterior fue en el año 1999. Al ser beneficiado por la amnistía, la
persona obtiene la residencia provisoria en el país. La concesión de residencia permanente es dada después
de un período de dos años de trabajo legal comprobado, entre otros requisitos. Cabe destacar que a inicios
del 2012, Perú ratificó el tratado del Mercosur lo cual ahora permite a los ciudadanos peruanos residir
legalmente en el país. Esto sin dudas contribuye a disminuir la situación de precariedad laboral para las
migrantes, si bien que no da garantías del goce pleno de los derechos laborales.
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“Cuando mi padrastro salía para trabajar yo cuidaba a mis
hermanos, pero era una niña y no sabía la responsabilidad que
tenía..... Cuidé mis hermanos hasta los 14 años”. (Lucía)
El origen social de ellas aparece como un marcador (estigma) que las distingue y
las condiciona a desarrollar determinadas tareas, como la de cuidar de los demás.
Algo que para el resto de la sociedad, e inclusive para ellas mismas, puede llegar
a ser una tarea natural justamente por tratarse de mujeres y por pertenecer a un
determinado estrato social. Es en este sentido que las mujeres migrantes aquí
estudiadas, frente a una situación de ausencia total de propiedad de bienes, lo
único que tienen para ofrecer es su trabajo sumado a la condición de ser mujer,
migrante, pobre, con poco (o ninguna) educación formal y sin familia en Brasil que
pueda demandarle tiempo generando tensiones con la demanda de trabajo. Se
puede establecer un diálogo entre estas condiciones de vida en que se encuentran
estas migrantes y aquello que Weber (1969) denominó de “situación de clase”.
Pese a que pueda parecer una contradicción, tales condiciones poco ventajosas, o
situación de clase, que las caracterizan, se vuelven una ventaja competitiva en el
mercado de trabajo –siguiendo la perspectiva de un cierto perfil de empleador– si
se las compara con las trabajadoras domésticas nacionales.
“Preferimos las peruanas, pues son menos sindicalizadas [que
las brasileras], más responsables y dedicadas. Están
determinadas a mejorar de vida. Ellas no quieren para sus
hijos la vida que sus padres les dieron. Eso resulta en una
actitud de mayor compromiso con el trabajo” (Empleador de
origen europeo. Énfasis añadido) 10.
Las migrantes que estudiamos viven o ya vivieron en el lugar donde trabaja y
tienen muy pocas (o ningunas) actividades fuera de este espacio, hecho que
resulta en un aumento de la utilidad total sobre el servicio recibido por el
empleador en función de las horas extras diariamente trabajadas por las mujeres y
sin remuneración adicional. Este régimen de trabajo lleva a que tales instancias
sean muy restrictas a ese entorno específico: lo doméstico e interno. Es
importante concebir dicha particularidad. Las tareas son trabajos domésticos en el
mismo lugar en que viven y la tenue línea entre trabajo-y-vivienda se desvanece
cada vez más. Por lo tanto, cabe discernir que es desde allí que las migrantes
10
La casi totalidad de nuestras entrevistadas no hablan en sus trabajos sobre la contribución con nuestra
investigación. Sin embargo, hubo un caso de una de ellas que tenía un buen diálogo con los empleadores y
decidió contarles. De inmediato, su jefe manifestó su deseo de conocernos. Por este motivo, tuvimos acceso a
una conversación, experiencia muy interesante e inesperada para el proceso de la investigación.
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configuran su nuevo destino y vivencia; desde esa perspectiva espacial postulan y
soportan sus procesos simbólicos para modelar sus interacciones. Aunque haya
una disminución gradual de la utilidad marginal (i.e. la utilidad generada por la
calidad de su trabajo en cada hora a más trabajada), desde una perspectiva
únicamente economicista, resultará en un mayor beneficio final para el empleador.
“Mi cuarto, no es mi cuarto...en él sólo duermo... sólo puedo
entrar a las 9 y media o 10 de la noche, para acostarme; me
despierto a las 6 de la mañana... y trabajo todo el día.
Desayuno en 10 minutos, y en el almuerzo lo mismo... Mi jefa
está todo el tiempo presionándome, pidiendo cosas, agregando
más y más” (Carmen).
“Siento asfixia de estar trancada. Preciso salir los fines de
semana... por ejemplo ahora, me llamaron, pidieron para
volver hoy sábado y dormir en la casa... pero yo tenía planes
de salir con mi hermana, oír música, descansar. Y como
trabajamos en la casa... ellos disponen de nuestro tiempo libre.
Te dicen: ‘pero sólo si puedes...’ pero como podría decirle que
no puedo... Ellos me tratan bien, no tengo quejas sobre esto,
pero el horario ellos no respetan. No hay forma de huir de esto.
Cuando se vive en el mismo lugar de trabajo es así, ellos
pagan y nosotros estamos para servirlos” (Maria).
De esta forma, se va conformando un orden social donde la distribución de la
“honra social” o prestigio social (Weber, 1969:58) deja prácticamente vacía la
profesión de trabajadora doméstica. Sin embargo, de acuerdo con Weber, “la
honra de estatus no precisa necesariamente estar ligada a una ‘situación de clase”
(1969:65). Destacamos, en ese sentido, las siguientes apreciaciones y precisiones
por parte de una entrevistada,
“Por ejemplo... ahora que estamos aquí [restaurante al borde
del lago 11] de todas las personas que están en las otras mesas
ninguna percibe que yo trabajo en casa de familia. En este
momento yo soy una más de este grupo” (Carmen. Énfasis
añadido).
11
Un lugar destacado y específico para un determinado sector de la población de esa ciudad al que la
entrevistada no tendría acceso a no ser por esta situación creada en el proceso de la entrevista.
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“Ya rechacé un empleo porque la señora quería obligarme a
usar uniforme. Mira, las jefas peruanas adoran eso, insisten en
que uno use uniforme. ¿Sabes por qué? Porque ellas tienen
miedo que las visitas de la casa no perciban quién es la señora
y quién es la empleada” (Carmen).
En el cotidiano del trabajo, no sólo se da una lucha por la sobrevivencia y por la
realización de proyectos y sueños, sino también en algunas de ellas se da una
angustia por la falta de “estima social” (Weber, 1969: 65). En el día a día sienten,
sufren y eso parece alimentar mucho más la motivación en recuperar cierto
prestigio social en el país de origen para ellas y para sus familias. Parece ser
como que en Brasilia ya no hubiera chances mientras continúen trabajando en el
servicio doméstico. Y, cambiar de empleo parece algo imposible.
Trabajar, luchar hoy para otorgar –y en algunos casos devolver– esa honra y
estima social a los hijos e hijas, así como también a veces al marido/compañero, a
través del envío de dinero para que estudien, consuman y así después en el futuro
(aquello con lo que ellas sueñan) volver y “usufructuar” de esa honra que no
tenían o no tienen. Trabajar en Brasilia se torna un medio de obtener o recuperar
un estatus, independientemente que eso pueda suceder o no.
“Cuando regrese, voy a pedir a mis últimas dos jefas que
hagan una carta de recomendación, pero como cocinera y no
como empleada doméstica. No es por mentir, pero sé que allá
[Perú] eso me da otro lugar a decir que en Brasilia fui empleada
doméstica. Mejor decir que trabajé como cocinera de
diplomáticos” (María. Énfasis añadido).
Dentro de lo que podemos identificar como una misma clase social estaría la
profesión de trabajadoras domésticas, cocineras en casas de familia, jardineros,
etc. Sin embargo, existen particularidades, de la misma forma que sucede con
otros grupos sociales, que se refieren al desarrollo del estatus que, en la línea de
pensamiento de Weber (1969: 67), entendemos que se trata de una cuestión de
estratificación basada en la usurpación.
O sea, en el cotidiano del trabajo, estas migrantes relatan momentos de orgullo
cuando son elogiadas, por ejemplo, por los invitados de sus jefes por motivos de la
buena calidad de la cena que preparan. Habría ciertas tareas asociadas a
recompensas especiales por la posibilidad de interactuar con invitados detentores
de un alto grado de honra y estima social (ministros, diplomáticos). Según alguna
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de ellas, eso las torna especiales y diferentes de las trabajadoras domésticas
brasileras. Pues, cocinar para eventos importantes les devuelve cierto estatus
“usurpado” durante la mayor parte de su tiempo de trabajo y, a veces, también en
el tiempo de ocio.
Esto significa que no siempre ellas se sienten “desacreditadas” o estigmatizadas;
por momentos algunas sienten que consiguen pasar a la categoría de las
personas “desacreditables”, sirviéndonos de conceptos goffmanianos. En el
momento de la interacción, sea en el ámbito laboral o no, las migrantes, como
cualquier persona, buscan manipular la información sobre aquello que las “marca”
socialmente. Evidentemente que las posibilidades reales de manipular tal
información muchas veces son pocas, pues están las características de aquello
que no puede ser escondido: los trazos físicos, la forma de hablar o vestir, y que
ellas sienten como un estigma.
EL ESTIGMA Y LA DISCRIMINACIÓN: EL SUFRIMIENTO DE “LAS CHOLAS”
En el marco de esta investigación, entendemos que estas mujeres migrantes al
llegar a Brasilia, una experiencia completamente nueva, ocupan un espacio en
donde no sólo dejan sus marcas como también son marcadas. Pasan a ser un
habitante más de una ciudad que cambia y a su vez las transforma, que las
“absorve” en diversos grados, intengrándolas, rechazándolas, pero que
difícilmente las ignora. Cuando el inmigrante y el nativo se encuentran en la
presencia inmediata uno del otro, “ocurre una de las escenas fundamentales de la
sociología porque, en muchos casos, esos momentos serán aquellos en que
ambos lados enfrentarán directamente las causas y efectos del estigma”
(Goffman, 1988:23).
“Cuando estaba esperando Amelia llegar, me quedé sentada
en un paradero de ómnibus, sabiendo que en ese ya no paran
más. Parece que era uno antiguamente, pero ahora ya no más.
Entonces... yo veía las personas pasar caminando y me
miraban. Todo el mundo pasaba y miraba, pero nadie me decía
nada... Comencé a reir y pensaba, esos brasileros deben estar
pensando ‘pobre, esa indígena, ella no sabe que aquí no pasan
más ómnibus’ [ríe mucho] ¡Pero claro que yo sé!” (Teresa.
Énfasis añadido).
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Resulta interesante evaluar qué elementos nos permiten definir quién puede ser
de hecho considerado habitant de la ciudad y quién está habilitado a ser llamado
de barbare. O sea, quién es que posee la marca del igual y “normal”, y quién carga
la marca del diferente y extraño (Vidal, 1996:47). Esto porque interesa comprender
cómo ese contacto entre “huésped” (barbare) y “anfitrión” (habitant) se vive, se
explica y se siente, se niega y se afirma, se representa y se traduce en el nuevo
contexto de interacción.
Para estas migrantes muchas veces el ‘anfitrión’, el considerado ‘normal’ e
‘integrado’ por ellas mismas, puede ser también un jefe que es extranjero. Sin
embargo, es alguien que, diferentemente de ellas, recibe otro estatus profesional,
posee otras ‘marcas’ visibles que si bien no le inhiben su diferencia frente al
ciudadano local, éstas generalmente no lo colocan en situación de inferioridad
social, sino por el contrario. Se trata de diferencias que marcan su condición de
ser diplomático, alto funcionario de organismos internacionales o familiares de
éstos. O sea, tenemos el caso de un diferente por su condición de extranjero y
empleador, que recibe a otra diferente y, en ese contexto de interacción laboral,
quien recibe pasa a ser un anfitrión para la mujer migrante que establece una
relación contractual de servicio para con él. Es la marca de aquel que le concede,
por medio de la “visa cortesía”, la posibilidad de estar en Brasilia. Por lo tanto, es
un extranjero diferente porque: da, otorga, permite, posibilita y, de cierta forma,
compromete.
Tenemos, por lo tanto, de un lado una mujer migrante que sufre por el choque
cultural, por el nuevo estilo de vida, por tener que aceptar su identidad profesional
durante las 24 horas, ya que vive y trabaja en un ambiente donde es considerada
trabajadora doméstica, pero nunca será reconocida en su papel de madre,
esposa, amiga, vecina. Y por otro lado, un empleador muchas veces extranjero
pero sentido como alguien del lugar por estas migrantes. Pues es quien dicta las
normas de trabajo y de convivencia cotidiana, su familia es la que demanda los
servicios e interactúa con ellas siempre en la condición de empleada de la familia
los siete días de la semana y a toda hora.
En esta línea, entendemos que en la interacción de una conversación –entre lo
que Goffman denomina como “contactos mixtos”, en el intercambio de miradas, en
los silencios, se reafirman prenociones tanto de un lado como del otro–. Quien
carga el peso de un estigma (marcas en su propio cuerpo, formas de hablar y
expresarse), o sea, aquel que se siente en condición inferior o de diferencia con
relación al “otro”, experimenta un estar “en exhibición” en una escena que le causa
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fuerte sensación de no saber aquello que los otros están realmente pensando de
él. O, incluso, puede responder anticipadamente a través de una capa defensiva
que le otorga un cierto bienestar o sensación de “dominio” de la situación
(Goffman, 1988:22-26).
La presencia del otro que juzgamos como diferente, nos coloca de inmediato
frente a un espejo que constantemente está proyectando nuestra capacidad de
aceptar nuevas formas de alteridad. Esto tanto desde el punto de vista del que
recibe como del que llega. Significa decir que, la capacidad de aceptar otras
formas de vida es colocada a prueba no sólo para el habitante local, sino también
para el propio sujeto migrante que llega y pasa a ser o sentirse diferente a los
demás, sean estos los habitantes del lugar que le acoge o aquellos dejados para
atrás.
“Allá en Perú, en Lima, las personas discriminan. Nos miran
mal a los que venimos del interior, que somos campesinos. Por
ejemplo, cuando voy a visitar mi familia, quedo muy nerviosa
en el aeropuerto al llegar a Lima. No me sucede eso en Brasil,
aquí no, pero allá, parece que el policía peruano a quien debo
entregar los documentos me mirase como diciendo ‘vamos a
ver... aquí viene esta cholita’. Ellos discriminan mucho”.
(Teresa. En negritas: énfasis de la entrevistada. En cursivas:
énfasis añadidos).
Puede entenderse que tanto en el caso del barbare como del habitant, al
depararse con lo que Goffman denomina de “contactos mixtos”, van a interactuar
en función de la significación atribuída a la situación. Los significados que toda
acción, todo acto de interacción, poseen para un individuo son resultado de
procesos de interacción previos (lo ya vivido) y de la interpretación propia (self
interaction, manipulación de significados), también formada en el contexto de
interacción (Blumer, 1998). Entendemos que Goffman piensa un ser humano
activo (agente), que lleva adelante estrategias para (sobre)vivir con sus recursos,
debilidades y posibilidades contextuales: “frente a los otros somos vulnerables a
que sus palabras y gestos traspasen nuestras barreras psíquicas (...) pero,
también tenemos recursos para hacer vulnerables a los otros” (Goffman, 1983:4).
Significa, por lo tanto, que esa presencia corporal en la nueva ciudad entre los
“contactos mixtos” no sólo ofrece riesgos, sino también posibilidades de acción.
“Nuestra lengua es el quechua, entre nosotros aquí [Brasília]
hablamos siempre quechua. Cuando llegamos por primera vez
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a Lima, hace años, sentía mucha vergueza de hablar porque
las personas me miraban de una forma... yo sabía que era
porque estaba hablando mal. Después sí, con el tiempo me
acostumbré a hablar el castellano. (...)Yo intento mantener mi
lengua, siempre hablé quechua con mis hijas. Ellas entienden
todo, pero no les gusta hablar, me responden siempre en
castellano. Creo que sienten verguenza, porque los “cholos”
somos muy discriminados en Lima. Aquí [Brasilia] no tanto, no
siento tanta verguenza cuando preciso hablar portugués, quedo
nerviosa sí, pero, no me siento tan mal así como me sucedió al
inicio allá” (Teresa).
El problema de la discriminación y el racismo en Perú, entre los propios peruanos,
se constituye en uno de los más graves conflictos sociales. Para Cardoso de
Oliveira (2000), el problema social de la discriminación dentro de las fronteras del
propio país, es un elemento que debe ser llevado en cuenta en la dinámica del
proceso identitario. Esta discriminación dentro de Perú con “las cholas”, hace que
muchas de las migrantes entrevistadas manifestasen sentirse más aceptadas en
Brasilia que en Lima. Entendemos que la discriminación que pueden sufrir en
Brasilia pasa más por una cuestión de relación de trabajo, donde ellas sienten
mucho más el estigma por ser trabajadoras domésticas, que por la condición de
ser inmigrantes.
“La señora casi no habla conmigo, la verdad que es una vida
de mucha soledad. Siento que ella me discrimina bastante, así
como los hijos, sólo me hablan cuando están saliendo de la
casa que dicen ‘chau Teresa’, es todo lo que me hablan”
(Teresa).
La posibilidad de sentirse discriminadas por los habitantes locales, por el hecho de
ellas ser extranjeras, de hablar diferente y tener trazos indígenas, por ejemplo,
aparentemente no lo han sufrido mucho. A simple vista eso puede ser constatado
como un punto pacífico, pero toma otra figura bastante opuesta cuando
analizamos la situación y entendemos que lo anterior puede ser explicado, en
cierta medida, por la poca participación de ellas en actividades fuera del trabajo
debido al poco tiempo libre disponible y, sobre todo, entendemos que esta
percepción resulta del contrapunto que hacen con las situaciones de
discriminación anteriormente sufridas en su país de origen cuando llegaron del
interior a vivir a Lima. La marca del sufrimiento por ser discriminadas dentro del
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propio país, por el hecho de ser consideradas “cholas”, afecta la interpretación que
hacen del presente vivido y las situaciones de discriminación.
“Aquí en América Latina, las personas que tienen la posibilidad
de casarse con alguien de una clase superior, con un trabajo
mejor y, por lo tanto, mejoran de posición, esas se sienten
como si fuesen reinas y los otros [las empleadas] los vasallos.
Son muy clasistas... clasifican a las personas” (Carmen).
Observemos que Carmen comienza hablando de “las personas” y poco a poco
pasa a hablar de un contrapunto femenino que hace alusión directa a la figura de
“la señora” con quien ellas interactúan más en el contexto laboral. Podemos
afirmar que en su presente en Brasilia se sienten menos “cholas” y bastante más
anónimas o menos estigmatizadas desde ese punto de vista. Sin embargo, la
situación de confinamiento en que viven, el sentimiento de estar aisladas, así
como el vacío de honra y falta de estima social que sufren por su profesión, afecta
mucho la forma en que ellas ‘leen’ su entorno y caracterizan a los otros y las otras
con quienes interactúan.
LA CONSTRUCCIÓN DE LOS/AS OTROS/AS
La alteridad es una categoría fundamental del pensamiento humano, pues, de
acuerdo con Beauvoir (1976:18), ninguna colectividad irá jamás definirse como tal
sin de inmediato apuntar para el Otro. Este otro, así como su propio self, tendrán
siempre alguna(s) cualidad(es) que los particulariza, algún adjetivo para
nombrarla(s) y que, muchas veces, acaba tornándose un estigma. O sea, una
marca característica que los incluye (“nosotros”) o los excluye de un determinado
grupo (“ellos/as”) o categoría.
“El término ‘categoría’ es perfectamente abstracto y puede ser
aplicado a cualquier agregado, en este caso a personas con un
estigma particular. Gran parte de aquellos que se incluyen en
determinada categoría de estigma pueden referirse a la
totalidad de los miembros por el término ‘grupo’ o un
equivalente, como ‘nosotros’ o ‘nuestra gente’. De igual forma,
los que están fuera de la categoría pueden designar los que
están dentro de ella en términos grupales” (Goffman, 1988:32).
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El otro con relación al nosotros, o al yo, puede por momentos ser aquel que hace
parte de nuestro grupo de referencia. No siempre el otro es el que es
completamente diferente y extraño. Significa que, en nuestra investigación, no
siempre el otro será el ciudadano local (habitante de Brasilia), o los empleadores
con quien se establecen relaciones más verticales que de pares.
“Nosotras, como extranjeras que somos, tenemos que aguantar
bastante cosa, callar la boca en muchas ocasiones, cosa que
no ocurriría se ellos hubieran contratado una empleada
brasilera. Las brasileras... ellas sí, van a quejarse caso no
respeten sus horarios, no van a quedarse calladas. Además,
también yo siento miedo de cambiar de empleo. Mismo que ya
me sucedió en el trabajo anterior de no tener un buen salario,
cuando uno se acostumbra a la relación con la familia, a los
hábitos de ellos, se siente miedo de cambiar. Porque uno vive
en la casa, entonces nunca se sabe cómo será esa relación
con ellos, cómo uno va a ser tratada” (Diana).
Ese otro para estas mujeres, también pueden ser otras migrantes en situaciones
semejantes, provenientes de Perú o de otros países 12, o “las brasileras” a quienes
poco conocen. La propia familia dejada en el país de origen puede convertirse por
momentos en el “otro” con quien las migrantes se contraponen por las diferencias
en los valores, creencias que surgen como consecuencia de los cambios que van
experimentando durante el proceso migratorio y con quienes mantienen contacto a
través de diversos medios de comunicación.
Observamos inclusive durante las entrevistas que aparece un sujeto masculino
como un “otro” al cual se contraponen; o sea, un otro más abstracto al que las
migrantes hacen referencia en muchas oportunidades como “los hombres” y, de
cierta manera, lo reconfiguran en la relación que establecen a partir de los relatos:
la nueva vivencia les permite el proceder a dar nuevos significados a las
interacciones masculino-femenino, mantenidas antes del proceso migratorio. Qué
sucederá caso alguna de ellas regrese, es algo que no puede ser determinado
desde estas instancias de vida que ellas tienen en Brasilia.
“Yo como mujer espero que el hombre que está a mi lado
pueda decir tambiém ‘mira yo estoy aquí, para apoyarte,
12
Durante nuestra investigación de campo exploratoria (2008), conocimos trabajadoras domésticas migrantes
provenientes de otros países como: Bolivia, Honduras, Colombia, Paraguay, Ecuador. Sin embargo, en
Brasilia, el colectivo de las peruanas empleadas en el sector doméstico es el mayor.
86
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
defenderte...’ simplemente me he sentido muy sola... pues no
he visto ese hombre a mi lado, que me defienda... simplemente
he quedado sola, para defenderme... y me pregunto... ¡puxa
vida! 13.. ¿soy hombre o soy mujer? [ríe]” (Eloisa).
“Los hombres son muy dominantes, creo que aún más aquí, en
esta región... Aquí en América del Sur... pero también en
América Central...” (Diana).
En esta línea de pensamiento, observamos que, “una categoría puede funcionar
en el sentido de favorecer entre sus miembros las relaciones de formación de
grupo, pero, sin que en su conjunto total se constituya un grupo (...)” (Goffman,
1988:33). Además, siguiendo el pensamiento de Goffman, y tomando en cuenta la
ambivalencia del vínculo que las migrantes pueden establecer con el grupo de
otras migrantes, con grupos dejados en las comunidades de origen o con la propia
familia, es comprensible que puedan ocurrir oscilaciones en el apoyo, en la
identificación y participación en el mismo.
“Hace pocos días me llamó Amelia y me dijo ‘¿te vas en
septiembre?’ Yo fui bien sincera, le dije que estaba cansada de
todo esto... Ella me sugirió, ‘no, vamos a buscar juntas otro
empleo’. Pero... como ya te dije, yo ya no quiero más esta vida
para mí. Después de algunos días, Amelia vuelve a llamarme, y
toca en el mismo asunto. Para resumir, yo terminé la
conversación diciendo ‘nadie puede ser feliz lejos de su familia,
lejos de sus hijos’, y le conté todos mis proyectos que pienso
llevar adelante retornando a Perú. Sinceramente, creo que eso
la deja furiosa, siempre está diciéndome la misma cosa
‘espera, espera dos años más, regresando, podemos trabajar
juntas, ¿no vas a olvidarte de mí? ¿No?’” (Carmen).
En otra instancia de nuestra conversación, Carmen nos expresaba:
“Me cansé, sí me cansé de en mi tiempo de descanso estar
siempre con ellas [otras migrantes]. Sólo se habla de trabajo,
de la familia, de la nostalgia, y eso cansa... me he quedado
más por mi lado, me gusta leer y a veces me quedo acostada
13
Expresión apropiada por la migrante del portugués. Sinónimo de ¡Mi Dios!.
87
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
leyendo, descanso un poco y no estoy siempre en la misma”
(Carmen).
Este tipo de situaciones provoca los denominados “ciclos de incorporación”
(Goffman, 1988:47) en los que tanto se aceptan oportunidades de participación en
el grupo, como también pueden recharzarse y luego volver a aceptarlas. Inclusive,
agrega el autor, “habrá oscilaciones correpondientes en las creencias sobre la
naturaleza del propio grupo y sobre la naturaleza de los normales” 14 (ibidem).
Podemos agregar, que hay oscilaciones sobre cómo ellas se ven a sí mismas –
mujeres, migrantes, madres, esposas, amigas, empleadas– capaces de salir
adelante, pero también, por momentos cansadas por no ver alternativas a su
situación presente. Estas formas diversas que una misma migrante tiene de autointeracción producen cambios en sus formas de ser y estar con los otros y otras.
CONCLUSIÓN
Como cualquier ciudad, Brasilia ofrece oportunidades, en mayor o menor grado,
de ser recorrida, de ser vivida. Sin embargo, para el caso de muchas de estas
migrantes, al vivir y trabajar en un mismo local, “pierden” la instancia que el resto
de los trabajadores poseen de volver para casa diariamente, de trasladarse de
barrio, y ocupar espacios donde puedan asumir otros papeles sociales diferentes
de aquel de ser trabajadora doméstica. Las formas de interacción son reducidas y
establecidas casi exclusivamente en el contexto de una relación laboral,
podríamos decir, las 24 horas. Eso no es insignificante cuando buscamos
comprender de qué maneras y sobre cuáles particularidades se establecen las
significaciones de ‘mis’ situaciones de vida y las del ‘otro’.
El lugar que ellas hoy ocupan, así como el que podrán ocupar en el futuro, se
construye en relación a personas, espacios, funciones en la familia y en la
sociedad en general. Ese lugar se explica y se relata mucho en relación al dominio
masculino y al del trabajo, sea de forma implícita o explícita. Nótese que el
espacio del trabajo y la relación con lo masculino son, generalmente, vividos como
los dominios de la autoridad, y se constituyen como sus pontos fuertes de
referencia, inclusive viviendo lejos de “figuras” familiares que tanto marcaron sus
vidas. Aquí entramos en otro aspecto importante, no sólo de las reconfiguraciones
de lo masculino o femenino en sí, sino de las relaciones. De los lazos que se
14
El autor se sirve de dos términos: los “normales” y los “estigmatizados”.
88
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
restablecen desde y en la experiencia de la migración y que tensionan las formas
de relaciones anteriores que aún mantienen los que quedaron en el lugar de
origen. Eso otorga la posibilidad de comprender que también ‘lo que quedó allá en
la tierra’ se hace presente y constante en el ‘aquí migrante’ y debe ser
cotidianamente negociado.
También el lugar de ser mujeres proveedoras del sustento material para sus
familias, se conforma en función de los proyectos para cuando dejen de ser
trabajadoras domésticas, cuando cambien de vida, siempre con muchas dudas
sobre qué será de ellas. Hoy son ellas que cuidan y sirven a los otros, mañana
¿será que habrá alguien para cuidar de ellas?
Podemos decir que viven el presente marcado por una actitud sacrificial muy
fuerte alimentada por los sueños de que un día a través de sus hijos que quedaron
en Perú y estudian, o del dinero que economizan para en un futuro invertir, puedan
deshacerse de esta identidad profesional (trabajadoras domésticas) que les
provoca un sentimiento de vacío de honra y falta de estima social. Sentimiento que
no sólo es producto de la interacción con esos otros y otras que encuentran
durante de su proceso migratorio. Se trata de un sentimiento que también refleja
mucho de cada una de ellas, por la experiencia de discriminación sufrida a lo largo
de sus historias de vida.
Es por todo esto que, durante esta experiencia migratoria, las migrantes van
tomando mayor conciencia de las diferencias entre ellas y los “otros”; diferencias
que identifican en el ámbito de las interacciones cotidianas como estigmas que las
marcan a ellas y a los demás. Hablamos de una toma mayor de conciencia de
tales diferencias, porque el propio proceso de migración, el hecho de tomar
distancia con su cultura de origen, sus grupos de referencias y sus afectos, así
como el contacto con una nueva cultura y nuevos valores, van produciendo
cambios en lo que ellas consideran como “otros y otras”.
O sea, los empleadores (autoridad), el padre o marido dejado en el país de origen
(autoridad que en algunos caso va cambiando el ‘peso’ que tienen en sus vidas),
las otras migrantes (relación de pares), los ciudadanos locales de Brasilia, la
familia en general (a quien ellas debían explicaciones, pero ahora ya no tanto), los
hijos (con quien establecen ya no sólo relación de cuidado y protección como
también sentimientos contradictorios por ser las únicas proveedoras del sustento
material), y, finalmente “los hombres” como categoria abstracta mencionada de
forma recurrente durante las entrevistas a quienes ellas parecen contraponerse
buscando encontrar y delimitar su lugar como mujeres.
89
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
Son mujeres que sueñan, toman decisiones –siempre que les sea posible–. Son
migrantes y sobrevivientes que viven para servir y luchan para un día vivir sus
propias historias, ya no más la de los otros. Estos otros y otras que siempre serán
parte de sus vidas y de sus historias.
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ANEXO
Perfiles de las migrantes
Edad Llegada
Brasilia
Amelia
49
2004
Veces
retornó
Perú
nunca
Casada
Motivos
migración
Documentación
Brasil
Familia Perú
Profesión antes de
la migración
pagar deudas
Irregular hasta
Amnistía 2009
marido y
ama de casa
dos hijos
Limpiadora
marido, dos
ama de casa
hijas, un hijo
Limpiadora
una nieta
Desempleada
madre,
hermanos
Estudiante
pagar facultad
de los hijos
Teresa
48
2006
Casada
Elena
42
1998
dos: visitar
familia
consultar
médico
una: visitar
família
Casada c/
peruano
dar sustento
familia
pagar facultad
hijas
juntar dinero
retornar estudiar
Facultad
Vendedora
Irregular hasta
Amnistía 2009
Irregular hasta
nacer
primer hijo
(4 hijos en
en Brasilia
Carmen
Brasilia)
40
2005
Casada
María
39
2005
Soltera
Marta
Cantante
48
1990
una: fines
2010
no
retournó
una: 2011
y
no
retournó
dos: visita
pagar deudas
pagar deudas
Visa Cortesía
Visa Cortesía
ahorrar abrir
pequeño
emprendimiento
Trabajo:
acompañó
marido, tres
micro-empresaria
hijos
textil
Enamorado
vendedora calle
madre, sobrino
empleada de
su hermana Carmen
Irregular hasta
casamiento
Madrina
Trabajadora
92
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
casada c/
familia peruana
brasilero
que migró Brasilia
Mariana
Casada c/
Trabajo:
acompañó
familia peruana
brasilero
que migró Brasilia
Lucía
41
32
1991
2005
nunca
tres: visita
Soltera
Eloisa
46
2002
dos: visita
Divorciada
luego de
migrar
Diana
Soltera
Trabajo:
contratada
familia peruana
que ya vivía
Brasília
Trabajo:
acompañó
familia americana
Irregular hasta
casamiento
Irregular hasta
Amnistía 2009
(no tiene hijos)
Doméstica
Hermanos
Trabajadora
primos
Doméstica
(2 hijos en
Brasilia)
Hermanos
Trabajadora
Doméstica
Visa Cortesía
tres hijos
micro-empresaria
pequeño negocio con
ex-marido
1o en Argentina
29
2006
nunca,
cuando
retorne
será para
quedarse
en Perú
2o Suriname, 3o
Brasilia
trabajo, mejor
Salario
Visa Cortesía
Enamorado
Trabajadora
Doméstica
Recibido: 01 de Junio de 2012
Aceptado: 09 de Septiembre de 2012
93
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
(TRANS)FORMING BOUNDARIES IN A CONTACT ZONE: THE EXPERIENCE
OF BRAZILIAN MIGRANTS IN BRUSSELS
Mieke Schrooten 1
La migración internacional conduce a un aumento de la diversidad cultural y de la
complejidad social a niveles locales. En la medida en que las personas cruzan las
fronteras, se encuentran y conviven en diversos contextos étnicos o "zonas de
contacto". Este artículo se centra en una "zona de contacto", es decir, la ciudad de
Bruselas, capital de Bélgica y de Europa. Demostramos en el texto cómo esta
“zona de contacto” ha sido influenciada por la llegada de inmigrantes brasileños.
Por otra parte, se demuestra cómo estos inmigrantes brasileños construyen,
visualizan y transforman los límites entre ellos mismos y los demás residentes del
espacio local que habitan.
Palabras-clave: Bruselas, fronteras, migración brasileña, zonas de contacto,
estudios de migración
International migration leads to an increased cultural diversity and societal
complexity at the local level. As people cross borders, they meet and live together
in ethnic diverse contexts or ‘contact zones’. This article focuses on such a ‘contact
zone’, namely the city of Brussels, capital of Belgium and of Europe, and
demonstrates how it has been influenced by the arrival of Brazilian migrants.
Moreover, it is demonstrated how these Brazilian migrants construct, view and
transform boundaries between themselves and other residents of the local space
they inhabit.
Keywords: Brussels; Boundaries; Brazilian migration; Contact zones; Migration
studies
1
Mieke Schrooten is doctoral candidate in the Interculturalism, Migration and Minorities Research Centre
(IMMRC) at the KU Leuven (University of Leuven), under the supervision of Prof.dr. Christiane Stallaert, and
lecturer in the Department of Social Work at Hogeschool-Universiteit Brussel. E-mail:
[email protected]
94
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
Although migration has been an inherent part of human existence ever since our
ancestors left Africa to populate the rest of the world (Wolf, 1997), mutual contacts
have strongly intensified throughout the last decades. Rapid technological
development, worldwide trade and a revolution in communication are increasingly
interconnecting individuals and places, giving a new impetus to human mobility
(Audebert and Doraï, 2010; Bauman, 2000; Schrooten, 2011b; Urry, 2007). These
developments have profound implications for contemporary and future migration
research. In this article, I argue that the introduction of a ‘border perspective’ in
migration studies offers an excellent tool to research the everyday experiences of
today’s migrants in the local spaces they inhabit. As Wilson and Donnan (2012:1)
argue,
“[T]he proliferation of borders, and the many forces that have
created and fostered their development, together have drawn
scholars from all the humanities and social sciences to a
mutual interest in what happens at, across and because of
the borders to nations and states, and in extension to other
geopolitical borders and boundaries, such as those of cities,
regions and supranational polities”.
As demonstrated in the research of these scholars, borders function as a grand
motif in everyday life. On the one hand, many recent events that revolve around
changing borders, such as the creation of Mercosul, the expansion of the
European Union, the rise of new global forces and new engagements between
emerging countries have all made borders and borderlands new sites of processes
of localization and globalization in the face of so many forces of change. On the
other hand, the current ‘age of migration’ (Castles and Miller, 2009) also leads to
an increased cultural diversity and societal complexity at the local level. As people
cross international, state and other borders of polity, power, territory and
sovereignty, populations mix and metaphorical borderlands of personal and group
identities are negotiated (Alvarez, 1995; Anzaldúa, 1987; Barth, 1969; Donnan and
Wilson, 1999; Horstmann and Wadley, 2006; Kearney, 1995; Lamont and Molnár,
2002). I argue that in the current globalised world these ethnic diverse contexts or
‘contact zones’ (Pratt, 1991) with a hybrid population are the norm, not only in the
regions bisected by the boundary line between states, which traditionally have
been at the focus of Border Studies (Wilson and Donnan, 2012), but also in the
95
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
cosmopolitan cities, which are privileged places of migrant settlements and, as
such, cultural crossroads par excellence.
In an earlier article (Schrooten, 2011a), I presented the results of a research
conducted in such a contact zone, namely the city of Palmas, the capital of the
Brazilian state Tocantins. Because the city was only founded in 1990, internal
migration has heavily influenced the composition of the city’s population. Palmas is
a city with a population that consists entirely of (mainly internal) migrants, and, as
such, displays the characteristics of a contact zone. My research focused on the
(re)creation of ethnic boundaries in this city, raising questions related to the
possibility that the planned creation of a city such as Palmas would not reproduce
the race relations that characterize the rest of the country, as the city was built
during a period in which the Brazilian state recognized the existence of racism and
started to implement anti-racism measures such as race based affirmative action
(Bernardino, 2002; Brandão, 2005; Burdick, 1998; Caldwell, 2007; Htun, 2004;
Schrooten, 2008). The research has demonstrated that the ethnic divisions existing
in the rest of Brazil are also reproduced in Palmas. Although the government has
consciously tried to promote social integration, the internal migration towards
Palmas has not changed the existing patterns of ethnic divisions that are
observable in the rest of the country. Rather than being purposefully erased,
boundaries between ethnicities appear to be as strong as in the rest of the country.
In this article, I focus on another contact zone, namely the city of Brussels, the
capital of Belgium and of Europe. I researched how Brazilian migrants residing in
this city construct, negotiate and view boundaries between themselves and other
residents of the local space they inhabit. I will demonstrate how the arrival of
Brazilian migrants in Brussels has influenced these local spaces and how these
migrants interact with other migrant communities and with the Belgian population.
The research presented here is part of a PhD study on Brazilian migration to
Belgium (2008-2013). Data collection and analysis of this research are typified by a
qualitative approach, inherent to the anthropological method of ethnographic
fieldwork. The study makes use of a multi-sited research design, with datagathering taking place both online and offline (Schrooten, 2012). Data were
collected through participant observation, analysis of web-based discussions and
personal and e-mail interviews with Brazilians residing in Belgium (forty-one in
total). The age of the interviewees ranged from 23 to 56 years. Twenty-nine of
them were women and eleven men. Similar to findings of recent research amongst
Brazilians that more than 57% of Brazilians in Belgium are coming from the
Brazilian states of Goiás and Minas Gerais (Góis et al., 2009:38-41), most of the
96
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
interviewees indicated these states as their region of origin. More than half of them
had a high school degree, while some also had obtained a university diploma, and
others had none or only primary education. Although most Brazilians in Belgium
are undocumented (see later in this article), twenty-seven out of forty-one
interviewees had a legal status in this country. The length of stay in Belgium varied
between 6 months and 35 years. All were first-generation migrants.
The choice for Brussels as a research location was based on its role as capital of
Europe, which gives the city a significant position within the trans-Atlantic relations.
Secondly, Brussels displays the characteristics of a contact zone at the national
level due to its socio-political position within the Belgian state, reinforced by the
international position of the city and the presence of an ethnic heterogeneous
population. Since the 1960s, migrant populations have increased to the point of
outnumbering local populations in several municipalities (Corijn et al., 2009; Geets
and Timmerman, 2010; Jacobs, 2006). Furthermore, because of the indigenous
bilingual complexity that is specific to the region, Brussels is an area where
symbolical boundaries are continuously renegotiated. Belgium is divided into a
predominantly Dutch-speaking region in the northern part of the country (Flanders),
a French-speaking region in the southern part (Wallonia), a German-speaking
region in the south eastern part (within Wallonia), and the bilingual region of
Brussels, although French is clearly the dominant language in the capital city.
Fourthly, the choice for Brussels allows dissociating the trans-Atlantic migration of
Brazilians from a former colonial tie. Finally, as the next section will show, the
Brazilian community in Belgium is largely concentrated in Brussels (Dienst
Vreemdelingenzaken, 2009; Góis et al., 2009).
BRAZILIAN MIGRATION FLOWS TO BELGIUM
Historically, Brazil was a receiving country, being the migration destination of
numerous migrants from all over the world. 20th and 21st century migration from
Asia and Europe, typified by a complex pattern of intercontinental migration flows,
has added up to the ethnic diversity that was caused by the Portuguese settlement
and the African slave trade (De Prins, Stols, and Verberckmoes, 2001; Durand,
2009; Lesser, 2005). The historical experience regarding migration thus makes
Brazil a classic receiving country. However, starting in the fifties, a radical change
took place. The flow of immigrants almost dried up and gradually the migration
patterns reversed. The migratory flow of Brazilians, which started as a sporadic
movement in the 1970s, intensified in the 1980s, a period in which Brazil was faced
97
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
with economic stagnation, inflation and crisis, leading the country to experience for
the first time a negative net migration flow (Pellegrino, 2004). By the end of the
twentieth century, Brazil had turned into a country of emigration. The role of Brazil
as an emigration country is thus relatively recent, beginning in the 1980s and
increasing in the last decades. The number of international Brazilian migrants
today is estimated by the Brazilian Ministry of Foreign Affairs (Ministério das
Relações Exteriores, 2011) at approximately 3.1 million at a population total of
190.732.694 (Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística, 2011). The continuing
growth of Brazilian emigration is remarkable, given the current socio-economic
status of the country, which is rapidly evolving to become a major hegemonic key
development player. Since the early 2000s, the Brazilian economy has started to
grow more rapidly, and today, Brazil is considered one of the fastest-growing major
economies in the world. In December 2011, Brazil even supplanted the United
Kingdom as the world’s sixth largest economy, according to the Centre for
Economics and Business Research (CEBR). The socio-economic status of the
country as a whole contrasts, however, sharply with the persisting intra-national
inequalities, which make Brazil one of the most uneven countries in the world
(United Nations Development Programme, 2009), a reality that is likely to influence
the Brazilian migration pattern.
Although Brazilian migration was for a long time restricted to internal,
intercontinental and certain extra continental destinations, starting in the 1980s,
migration flows have also changed direction to Europe. Of all Brazilians abroad,
some 912 000 are currently estimated to live in Europe (Ministério das Relações
Exteriores, 2011). According to the International Organization for Migration (IOM),
the growth of Latin American migrants in Europe can be related to, among others,
historic ties between Europe and Latin America, to changed European and
American migration policies and to pre-existent communities of Latin American
migrants in European cities.
While the United Kingdom, Spain and Portugal are the European countries with the
highest number of Brazilian migrants, Brazilians represent a large amount of the
recent migration flows towards Belgium as well. Brazilian immigration into Belgium
started in the 1960s with the arrival of a small number of political refugees who fled
the military regime, as well as some artists, football players, and students. Due to
political changes in Brazil, many of these migrants returned to Brazil from the
1980s on, where they contributed to the image of Belgium as an interesting
migration destination. The economic crisis in Brazil around the 1990s encouraged
a second Brazilian migration wave to Belgium. This wave intensified in the past
98
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
decade, possibly as the result of the changed immigration policies of the United
States after 9/11 and, subsequently, of the United Kingdom after the terrorist
attacks in London in 2005 (Góis et al., 2009; Rosenfeld, Marcelle, and Rea,
2010:121-122).
Although Brazilian migration towards Belgium constitutes a relatively recent
phenomenon, it has been referred to as an important trend by Brazilian policy
makers (Pedroso, 2011), the Ministry of the Brussels-capital region (Ministerie van
het Brussels Hoofdstedelijk Gewest, 2008) and the IOM (Góis et al., 2009).
Statistics of the Belgian government reveal that between 1995 and 2010 the
number of Brazilians residing in Belgium has significantly augmented, from 1312
officially residing Brazilians in Belgium in 1995 to 5324 in January 2010 (Université
Catholique de Louvain and Centrum voor Gelijkheid van Kansen en voor
Racismebestrijding, 2011). To the relative growth of documented Brazilians in
Belgium should be added the plausible growth of undocumented Brazilian
migrants. Recent data of the IOM illustrate that the official numbers largely
underestimate the real size of the Brazilian community, which is estimated between
10000 and 60000 migrants, a number that is expected to further increase in the
future (Góis et al., 2009; Ministério das Relações Exteriores, 2011). The presence
of a significant number of Brazilian migrants in Belgium is facilitated by bilateral
agreements between Belgium and Brazil, allowing Brazilian nationals to enter
Belgium without previously having to request a visa. Many among them remain
within the Schengen associated countries after the allowed tourist stay of 90 days
(Dienst Vreemdelingenzaken, 2009; Oosterbaan, 2010).
In recent years, we can also observe the opposite movement: a lot of Brazilians
are returning to Brazil. Although it is impossible to present exact numbers on return
migration, as a lot of Brazilians residing in Belgium are undocumented, Fedasil –
the government body which oversees the voluntary return of– and the IOM –which
organizes the return trip to one’s country of origin– have registered an increased
demand by Brazilians residing in Belgium for the Assisted Voluntary Return
programs they offer. With 770 voluntary returns in 2011 (Federaal Agentschap
Opvang Asielzoekers, 2012a) and 232 voluntary returns in January to April 2012
(Federaal Agentschap Opvang Asielzoekers, 2012b), Brazilians form the main
nationality of returnees in Belgium. Ongoing research on the economic crisis and
return migration is showing how the image of Brazil as a country that is growing
while the rest of the world is in crisis is of great importance in this decision to go
back to Brazil. The lack of job opportunities in the countries of residence, combined
99
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
with an improvement of the life conditions in Brazil is motivating many Brazilians to
return (Fernandes, Faria, and da Silva, 2012).
Yet, the re-emigration of Brazilian nationals from Belgium goes accompanied by
the arrival of new Brazilian migrants. Although for many of these newly arriving
migrants, Belgium was their final migration destination, this is certainly not the case
for all Brazilians residing in and arriving in the country. For some, Belgium was
originally just a country of transit on their way to the United Kingdom. The
increased border controls at the airports after the terrorist attacks of 2005 have
forced many Brazilians to choose an alternative destination. Yet others have
migrated to Belgium because they were living in a European country that was
strongly affected by the current economic crisis. The post of Aparecida, a Brazilian
woman living in Spain, on the forum of an online community created by Brazilian
migrants in Belgium is illustrative for the migration motivation of these latter:
“People, I would like to hear your opinion, you who are living over
there... This is what is going on; the only country I migrated to until
now is Spain. I have been here for 8 years already, but I lost my
job now, just like 5 million Spanish. Things are really bad over here
now and I feel very discouraged. The thing is that I have the
Spanish nationality and that I don’t know if it will really help me to
find a job over there, because I speak neither English nor French,
and even less Flemish. Only Portuguese and Spanish. Do you
think it is an illusion to leave Spain and try to find something over
there without even knowing the language? Please, I need you to
be realistic in your answer. Lots of thanks to everyone who will
respond”.
Many Brazilians residing in Southern European countries such as Portugal, Spain
or Italy, reorient their migratory projects within the European continent, rather than
returning to Brazil without having obtained their goals (Fernandes, Faria, and da
Silva, 2012). Those Brazilians that decide to come to Belgium often explicitly
mention the presence of family members, friends or acquaintances as an important
incentive to choose Belgium as a migration destination. These networks facilitate
the migration process as migrants get support in finding a residence and work via
relatives, friends and acquaintances (Padilla, 2006; Pellegrino, 2004).
Within Belgium, Brazilian migrants are living strongly concentrated in the region of
Brussels, with some smaller groups living in the Flemish and the Walloon region of
the country. Many research participants averred that the Brazilian immigrants living
100
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
outside Brussels are mostly students or migrants with a Belgian partner.
Undocumented Brazilians and Brazilians without a Belgian partner would prefer to
live in Brussels because of the already established Brazilian community in this city,
and the larger employment opportunities. Moreover, the ethnic diversity of Brussels
is also referred to as something positive by many Brazilians, for example by
Silvana, a Brazilian artist who has been living in Brussels for 17 years:
“I feel great here in Brussels, because of this [the many
different nationalities living in Brussels]. It feels like, like a
very, very small Brazil. There are people from anywhere. I
feel great here, and I think this is the reason. Because when I
went, when we went ... We sometimes go to some small
places in Flanders and I sometimes get scared of the people
over there. […] When you arrive in a region that is really
Flemish, in a place where people refuse to talk French, you
have to be really careful. […] In these more distant cities they
have this concern with ‘the invasion’. The invasion of
immigration”. (Silvana, personal interview, 15 April 2010)
Especially the area around the South station of Brussels –the place where a lot of
Brazilians first step foot on Belgian soil, when they arrive with the high-speed train
from Paris– is of importance to these migrants. Not only do many Brazilians live in
the nearby municipalities of Sint-Gillis, Anderlecht, Vorst and Elsene, it is also the
area where a lot of Brazilian meeting places, such as churches, shops and bars
can be found. The next section of this article looks deeper into the visibility of
Brazilians in this contact zone and into their interactions with other inhabitants and
visitors of this area. The focus will be on the processes of crossing, creation and
transformation of boundaries that take place in this local space. I will demonstrate
that the interactions between Brazilians and other migrants are ambivalent and that
there are no, or at least very limited interactions between Brazilians and Belgians.
(TRANS)FORMING BOUNDARIES IN THE CONTACT ZONE
The neighborhoods of Elsene, Sint-Gillis, Anderlecht and Vorst, where most
Brazilians live today, used to be known as the ‘Portuguese neighborhoods’ of
Brussels (Regionaal Integratiecentrum Foyer Brussel vzw, 2011:18-31). The
presence of the Spanish and Portuguese community, combined with the proximity
of the train station and the housing price, has been an important incentive for
101
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
Brazilians to choose the abovementioned neighborhoods as their place of
residence. Hence, many Brazilians approached the more experienced Portuguese
community for information and for work in the construction business or the cleaning
industry (Rosenfeld, Marcelle, and Rea, 2010).
Today, the Brazilian influence in this contact zone within Brussels is very visible.
During special occasions, such as carnival or the World Championship, it is
impossible not to notice all the Brazilian flags hanging out of the windows in the
neighborhood. There are also a lot of Brazilian churches in the area, ranging from
Catholic to Evangelical or Pentecostal (Mareels, 2010). Moreover, several bars and
restaurants have a Brazilian name or display references to Brazilian identity in their
decoration, such as the Brazilian flag, or pictures of Brazilian football players or
artists. Additionally, the Brazilian associations that are active in the neighborhood
contribute to the visibility of the Brazilian presence in the city. The goals of the
existing associations are very diverse, ranging from providing socio-juridical help to
Brazilian migrants to organizing cultural events (Zavataro and Schrooten, 2012).
The Brazilian influence in the area around the South station is also noticeable in
the ethnic bars and shops, which are mainly owned by Portuguese and Spanish
entrepreneurs. The arrival of Brazilians has encouraged shop keepers to adapt
their strategy to better fit the expectations of their new customers. Many
entrepreneurs are able to address their Brazilian clients in Portuguese. Some shop
owners are even competing over the Brazilian clients, trying to find products other
shops don’t offer. Many have started importing Brazilian products from wholesalers
in Portugal, the Netherlands and Germany and are advertising in the magazines
that are spread around Brazilians living in Belgium, such as ‘ABClassificados’,
‘Brasil Etc.’ and ‘Brazuca’. Silvana has witnessed the changes within the
neighborhood during the past 17 years:
“The Portuguese are fond of everything that is Brazilian.
Because the Brazilian community is enormous. And they
consume a lot more than any other community. So they sell
Brazilian products. There are many shops, shops where you
can buy clothes. And I remember when this business started
where you could send money to Brazil. The first to organize
this was a Spanish company. [...] Now you find Brazilian
products everywhere. The night shops, the cybercafés,
everybody is selling products from Brazil”. (Silvana, personal
interview, 15 April 2010).
102
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
Some bars and restaurants also adapted their music, food and drinks, to the
Brazilian public, especially to migrants coming from the states of Goiás and Minas
Gerais (Moraes 2010). These bars also play an important role in providing social
capital to recently arrived Brazilians –as business owners often give support to
people struggling to find work or housing– and in crossing boundaries between
Brazilians and other migrants living in the neighborhood, as some bars are
frequented not only by Brazilians, but also by Portuguese, Spanish or Moroccan
customers. During the World Cup in 2010, several of these customers of other
nationalities joined the Brazilians to watch the matches of the Brazilian national
football team, dressed up in the colors of the Brazilian flag.
However, this does not mean that there are no ethnic boundaries between
Brazilians and other migrant groups in Brussels. In fact, the relationship between
the different migrant communities is rather ambivalent. Similar to the findings of
Feldman-Bianco (2001) and Machado (2009) in their work on Brazilians in
Portugal, I also discovered antagonisms and colonial feelings behind the apparent
friendly relationships between Brazilians and Portuguese in Brussels. As Wislane,
a 45-year-old Brazilian woman who is married to a Portuguese man, describes:
“Portuguese and Brazilians have a bigger history together. My whole life …, if you
had told me that I would meet a Portuguese here, I would have said: ‘God, help
me’”. (Wislane, personal interview, 27 March 2011).
Many Portuguese maintain a certain distance from Brazilians and many Brazilians
are quite suspicious of the Portuguese. In their research on Brazilian construction
workers in Brussels, Rosenfeld et al. (2010) found that a lot of Brazilian men
working in construction had Portuguese bosses. The Brazilians often complained
about exploitation and some of them perceived their situation as a reproduction of
colonial boundaries. Also within the private atmosphere, the same feelings of
exploitations are present, as illustrated by Dije, who migrated to Belgium in the
beginning of 2010:
“There are a lot of people here, not only Brazilians but a lot of
others as well, who marry ... or rather, who buy marriages.
There is also a market out there. They generally marry
Portuguese. But this is also complicated because you get
married, you pay. In general, it costs some 5000 euro, they
charge it for the wedding. So you pay. And then this person,
you don’t know this person, you don’t know if it is a good
person. There are some cases I’ve heard of, of people who
103
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
ask for money all the time. And if you don’t give to them, they
report you to the police or the town hall. So you lose your
papers. Or if this person has debts, you also have to pay his
debts. There are a lot of issues, it’s very complicated”. (Dije,
personal interview, 22 April 2010).
Despite the fact that one cannot walk around in Brussels without bumping into
Brazilians, until recently the presence of Brazilians remained largely hidden to the
Belgian population. When I talked to other Belgians about my research on
Brazilians, many were surprised about the high number of Brazilians living in the
country and had never really noticed their presence in Brussels. However, during
the last years, Brazil is getting more and more attention in the Belgian media. In
2010, a television program, called ‘Brazilië voor beginners’ (Brazil for beginners), in
which ten famous Belgians travelled to Brazil to report on the Brazilian situation
with respect to their area of expertise, was broadcast on the Flemish television.
Moreover, in 2011, Europalia, an international arts festival held every two years to
celebrate one invited country’s cultural heritage, turned its spotlights on Brazil.
From October to February, the festival offered a program consisting of Brazilian
music, fine arts, photography, cinema, theatre, dance and literature. The upcoming
events of the World Youth Days (2013), the World Cup of Football (2014) and the
Olympic Games (2016) that will all take place in Brazil, as well as the economic
growth of Brazil are also regularly discussed in the Belgian media. Still, most
Belgians continue to associate Brazil with carnival, football, exotic food, partying
people, sensual women, samba, beaches and violence.
It is interesting to notice that those shop keepers and restaurant owners that want
to attract Belgian customers often reify and reduce the ‘Brazilian identity’ in order to
fit this exotic image Europeans have of Brazil (Machado, 2009) and giving their
products an aura of a ‘Brazilian experience’. When looking deeper into this
‘Brazilian experience’, we see however that they promote a superficial
consumption of Brazilian products rather than a real introduction to Brazilian
culture. We can ask ourselves to what extent these shop keepers and their
customers are really interested in boundary crossing or are only enjoying Brazil’s
“five minutes of fame” on the international panorama.
CONCLUSION
104
Revista Ciencias Sociales 29 /Segundo Semestre 2012
In this article, I have argued that the introduction of a ‘border perspective’ provides
a different way to think about the influence of migrants on a local space and the
(trans)formation of symbolic boundaries that takes place. The international
character of Brussels as the capital of Europe and its ethnic diversity due to the
high proportion of foreign residents make Brussels exemplary for the fact that
cosmopolitan cities are important cultural crossroads. In local spaces such as the
area around the South station in Brussels, symbolic boundaries that crisscross the
daily lives of its residents are constantly renegotiated and (trans)formed.
Conceiving of the symbolic boundaries that divide people into different categories
at different times as something that is constructed, negotiated and viewed from
‘below’, in and through everyday practice, provides a way to present a more
nuanced view on migrants’ experience of belonging or non-belonging (see also the
analysis of Barth, 1969). As we have seen, the contact zone where many Brazilian
migrants residing in Brussels live, is a site of real and intense ‘transformations’ and
cross-cultural interaction. Yet, at the same time, existing boundaries are not
completely erased, and new boundaries are also formed. Most Brazilians I talked
to said for example that they had very few relationships with Belgians. With the
exception of Brazilian students, who meet Belgians during their university classes,
the network of most Brazilian migrants consisted almost exclusively of other
Brazilians.
Also within the Brazilian immigrant scene, several fault lines are observable.
Therefore, it would be too strong to state that these migrants have formed a
Brazilian ‘community’ in Belgium. On the contrary, existing fault lines in Brazil, such
as class and educational differences, are reproduced in Belgium. The confrontation
with ‘boundaries’ is thus not an experience that is only limited to the relationship of
migrants with other migrant communities or the autochthonous population of their
new country of residence. Also within the own immigrant scene, social
constructions about insiders and outsiders are present.
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Recibido: 15 de Junio de 2012
Aceptado: 02 de Septiembre de 2012
110
EL ESCENARIO DE LA MIGRACIÓN EN TOCOPILLA EN EL DEVENIR DEL
SIGLO XX. TRES COLECTIVOS ALÓCTONOS Y LA FUGA AUTÓCTONA
Damir Galaz-Mandakovic Fernández 1
Se aborda una descripción inductiva y sintética de un escenario de apogeo
económico –ocurrido en la primera mitad del siglo XX– debido a la explotación de
cobre y salitre que motivó la llegada de colectivos migrantes internacionales que
dejaron su impronta en determinadas labores del comercio e industria local, tal
como es el caso chinos, yugoslavos e italianos. Del mismo modo, el articulo en su
fase final, instala, de modo exploratorio, el caso de la emigración en Tocopilla en
una peculiar articulación con Norrköping, resultado del escenario político y
económico modificado en el transcurso de la segunda mitad del siglo XX, tanto a
nivel macro como micro, subyaciendo a ello la transformación de Tocopilla en un
polo de desintegración social, expresado en la migración.
Palabras claves: Migración, Chinos, Italianos, Yugoslavos, Tocopilla, Norrköping.
The article presents an inductive and synthetic description of an economic height
scenario –the first half of the twentieth century– occasioned by the exploitation of
copper and saltpeter, which caused the foreign migrants’ collectives’ arrival in
Tocopilla. These migrants printed their influence in local commerce and industry:
this is the case for the Chinese, Yugoslavian and Italian migrants. The final phase
of this article presents –in a prospective way– the case of emigration from
Tocopilla, in a particular connection with Norrköping as a result of the politic and
economic scenario modified in the course of the second half of the twentieth
century. This second moment, described both on the macro as well as the micro
levels, lights on how the transformation of Tocopilla in a pole of social
disintegration is expressed in new migration logics.
Keywords: Migration, Chineses, Italian, Yugoslavs, Tocopilla, Norrköping.
1
Profesor de Historia y Geografía (UTA) Magíster © en Ciencias Sociales (UA). Email:
[email protected], Web: http://damirgalaz.bubok.es. Blog: www.tocopillaysuhistoria.blogspot.com. El
presente artículo es parte de los estudios del Programa de Doctorado (UCN/UTA) contando con el
financiamiento del programa de becas doctorales de Conicyt, Chile.
111
INTRODUCCIÓN
La migración como fenómeno histórico y antropológico ha sido exiguamente
estudiado en la zona minera costera nortina de Chile, en especial en Tocopilla,
requiriendo de una mirada analítica que contextualice los diversos flujos de un
puerto que de ser centrípeto, se ha transformado en centrífugo. Ambos procesos
expresados, respectivamente, en la primera y la segunda mitades que dividen al
siglo XX. Esto último, atribuido al resultado de una economía de mercado que ha
acrecentado el subdesarrollo de la localidad de Tocopilla, en consonancia con la
llamada Concentración Territorial 2 que a la postre ha configurado un desequilibrio
regional económico 3.
En ese escenario, nos remitiremos a un análisis y caracterización de la
inmigración china italiana y yugoslava en Tocopilla, en el contexto de la
consolidación de Tocopilla como puerto salitrero en el proceso que prosigue a la
Guerra del Pacifico 4. Apuntamos a la comprensión del fenómeno migratorio desde
la historia local, con determinados estudios de casos, de modo que, desde un
enfoque inductivo, podamos adentrarnos en la visión de los procesos de
integración y aportes de estos grupos migrantes en el desarrollo de la historia de
Tocopilla.
2
Se conoce como Concentración Territorial a la tendencia, persistente y generalizada, de la aglomeración de
actividades productivas y de la población ligada a ella en un número muy reducido de localidades de cada
sistema regional, “lo cual ha dado origen a la conformación de estructuras desequilibradas en lo que respecta
a la distribución espacial de las fuerzas productivas y al desarrollo diferenciado en distintas partes del espacio
nacional ” (De Mattos, 1984:63) siendo esto consecuencia de la legislación económica y del régimen de
gobierno que adopte cada país.
3
Tocopilla, según el censo del año 2002, posee una población de 23.986 habitantes. Su economía ha estado
determinada por su aislamiento geográfico, que limita su expansión urbana, como así también su aislamiento
económico al estar ubicada al centro de tres grandes polos de desarrollo; Iquique, con su apogeo comercial;
Calama, con su impulso minero y Antofagasta, que suma los dos anteriores, el comercial y el minero, a través
del carácter portuario.
4
La Guerra del Pacífico, también denominada Guerra del Salitre, fue un conflicto armado acontecido entre
los años 1879 y 1883. En este conflicto se enfrentaron la República de Chile, las Repúblicas de Perú y Bolivia.
Éstas dos ultimas aliadas contra Chile. El resultado de la guerra significó que, Chile victorioso, ocupara gran
parte de la zona sur de Perú y el occidente boliviano, siendo la mediterraneidad de Bolivia el efecto más grave
por la ocupación de todo el litoral boliviano por parte de Chile. Tocopilla junto a Cobija, eran los principales
puertos bolivianos hasta el 22 de marzo de 1879, cuando Tocopilla fue ocupado por Chile. Ver: Ahumada
Moreno, Pascual (1892). Guerra del Pacífico: recopilación completa de todos los documentos oficiales,
correspondencias y demás publicaciones referentes a la guerra, que ha dado a luz la prensa de Chile, Perú y
Bolivia, conteniendo documentos inéditos de importancia. Valparaíso: Imprenta del Progreso. Vol. 8. Ver:
Basadre Grohmann, Jorge (2005). Historia de la República del Perú. 8º Edic. Diario La República. Lima, Perú.
112
TOCOPILLA CENTRÍPETA
El puerto tocopillano, en la apertura del siglo XX, obtenía su apogeo gracias a los
flujos económicos generados por la explotación del cobre y salitre y el porteo
realizado en Tocopilla (Collao, 2001). De ahí que en Tocopilla se establecieran las
grandes compañías ligadas a la explotación y exportación del nitrato, entre ellas
Folsch & Martin, Anglo Chilean y Nitrate Agencies, todos ellos capitales de origen
inglés. Ésta era una ciudad de un viviente impulso económico, en la conexión
consolidada con el capitalismo mundial a través de la mercantilización de las
riquezas naturales. Se avizoraba, en gran sentido, un rasgo cosmopolita, tanto por
la diversidad de sus habitantes y el múltiple arribo de decenas de veleros ansiosos
por el salitre, a su vez de los vapores navieros con pasajeros también ansiosos
por trabajo.
Las grandes colonias residentes que existían en Tocopilla no sólo dominaban las
actividades mercantiles, sino que también dominaban los aspectos de la mentada
vida social. Ellos crearon múltiples “Mutuales de Socorros Mutuos”, “Entidades
benéficas”, “Compañías de Bomberos” y el connotado “Club de la Unión”. Traían
consigo grandes tiendas importadoras de productos lujosos que proporcionaban a
la comunidad finas lozas, perfumes, porcelanas, cristalerías, sedas, géneros y
lujoso pañuelos, sombreros y también cigarros, del mismo modo existía el
contrabando de una diversidad de alcoholes exóticos (Collao, 2001)
La vida nocturna era cada vez más agitada y bullida; se escuchaban múltiples
idiomas: las costumbres se tornaron diversas, diversificaron los usos del espacio
público, las vestimentas, las costumbres, las comidas, las fiestas y el deporte. Los
marinos mercantes eran chinos, afrodescendientes de Harlem, hindúes, ingleses,
suecos, noruegos, griegos, filipinos, entre otros tantos. Algunos se quedaron a
residir, de manera que esos grupos dejaron de ser flotantes y se convirtieron en
tocopillanos por adopción. Así como también llegaban marinos de distintos países,
que no pocas veces traían problemas para el orden público, por las continuas
peleas y disturbios generados por los excesos de estos marinos mercantes 5.
La población crecía de a poco y la ciudad también se expandía hacia los sectores
norte y noreste. Surgían poblaciones, restaurantes, múltiples hoteles, pensiones y
casas de remolienda. En ese escenario, se instalaba en el sector Algodonales
una gran compañía a cargo de proporcionar energía eléctrica a Chuquicamata 6, la
5
Entrevista a J.A., tocopillana, de 78 años,. Jubilada, laboró durante toda su vida en empresa vinculada a la
exportacion de salitre. Entrevista realizada en Tocopilla, en marzo de 2012.
6
Chuquicamata es la denominación de una mina de cobre a cielo abierto y de un antiguo campamento
minero, situado a 15 km al norte de la ciudad e Calama, y a 245 km de Antofagasta en la Región de
Antofagasta, Chile. Considerada la mina cuprífera más grande del mundo en su tipo y es una de las mayores
en producción de cobre de Chile. Inició la producción de cobre en 1915 y hasta el año 2007 poseyó un
113
firma estadounidense
Guggenheim Bros.
Chile
Exploration
Co.
(1914-15)
perteneciente
a
Por el mar no sólo llegaban marinos, sino que también productos desconocidos,
muchos de ellos suntuarios que propiciaban el contrabando. De la misma forma
llegaba una peste aciaga: la Fiebre Amarilla, que mermó considerablemente a la
población a través de la muerte y del alto número de desplazados y emigrantes en
el año 1912 (Galaz-Mandakovic, 2009:32-47).
En aquel entonces, en principios de siglo, existían alrededor de 5.000 habitantes 7
8
, pero se presentaban dos segmentos fuertemente distanciados en la población;
uno marcado por la elite, constituida inicialmente por ingleses vinculados a las
actividades salitreras, o bien comerciantes; y otro grupo al opuesto, el sector
obrero, tales como pirquineros, lancheros, estibadores, cargadores y empleados
particulares.
Ambos grupos estaban separados por un gran abismo social y cultural. La elite de
Tocopilla, mayoritariamente inglesa, además de pequeños mercaderes de minas,
admiraba “lo europeo”. Usualmente, gesticulaban, vestían y hablaban a la usanza
inglesa. (Collao, 2001) Ellos configurarían encapsulados grupos de tertulias y
juntas sociales, en donde la prosapia y alcurnia del origen determinaba todo en
conjunto con la riqueza y posesiones mineras acuñadas en el transcurso de los
años. Sin embargo, en el otro sector, el obrero se embadurnaba con el
analfabetismo y el alcoholismo. Muchos de estos llegaban desde el sur
“enganchados” para trabajar en las minas de cobre u oficinas salitreras, sus
viviendas al pie de los cerros tocopillanos 9 eran verdaderas pocilgas y cuchitriles
insalubres, sin agua potable y con pozos negros sin cegar. (Galaz-Mandakovic,
2011) Lugares con altas tasas de infección y de alta muerte infantil. No olvidemos
que, en este periodo, Chile presenta la tasa de mortalidad infantil más alta en el
mundo (Illanes, 2007:15).
En este escenario, el país se aprontaba a celebrar su primer centenario y para ello
se organizaron diversas actividades deportivas, sociales y culturales, de las cuales
campamento o poblado minero. En la actualidad pertenece al Estado chileno y es administrada por
CODELCO.
7
Cifra hallada en los Arch. Gobernación de Tocopilla, expresada en múltiples apreciaciones del gobernador
Víctor Gutiérrez, quien ejerció el cargo desde 1901 hasta 1917. A modo de ejemplo en un oficio, Nº 23 de
marzo de 1908, dirigido al Intendente de Antofagasta, menciona en reiteradas ocasiones la cifra aproximada
de 5.000. Personas. Cuestionaba los censos debido que “no median la vasta población flotante.” Y no
consideraba a los ilegales o “no registrados”.
8
Según Collao (2001:104) en “Historia de Tocopilla” afirma que en el primer censo realizado en Tocopilla en
el año 1885, la ciudad contaba con 1.816 habitantes. Una cifra que era doblada por la suma de las
poblaciones de Cobija, Gatico y “algunas minas”, llegando al guarismo de 2.382 personas.
9
Entre estos sectores podemos citar Pampa Este, Ciudad Perdida, El Salto, Huelles Tres Puntas, Villa
Esmeralda, los llamados barrios obreros, caracterizados por la insalubridad y pestilencia.
114
la ciudad de Tocopilla también participó a modo de consolidar el proceso de
chilenización 10 en los llamados nuevos territorios. Entonces, este pequeño puerto
otrora boliviano, se transformaba en un polo bullente, con una fuerza de atracción
para diversos grupos humanos interesados en prosperar monetariamente, como
así también en grupo interesados en huir de sus hostiles contextos de origen
marcados por la guerra.
CHINOS: LA FUERZA DEL TRABAJO
En la costa actual correspondiente al norte de Chile, la inmigración inicial de
chinos está promovida por los Coolies 11, quienes llegaron como esclavos en
grandes oleadas a través de barcos mercaderes, en el transito de la segunda
mitad del siglo XIX. La extracción del guano los conglomeraría en las costas del
norte chileno y sur peruano. En el sector de Tocopilla, especialmente en la caleta
Paquica 12, ha sido posible encontrar verdaderos cementerios de chinos, cerros
con ataúdes misérrimos y roñosos que reflejan sus vidas y sus muertes. (Collao,
2001:292)
El gobierno peruano en 1849 autorizó la inmigración de chinos Coolies
embarcados en Cantón y también en Macao, a través de la llamada “política de
consignaciones”, muchos de ellos muriendo en altamar por las insalubres
condiciones de su viaje (Águila, 2001:135). Una vez llegados a Perú, este
horrendo tráfico humano terminaba su viaje en las guaneras más frondosas, tales
como Paquica, Patillos, Guanillos del Norte, Pabellón de Pica y Caleta Lobos,
todas ubicadas en el camino costeño que une Iquique con Tocopilla (Collao,
2001:292). Lo que era un buen negocio para algunos, para miles de chinos las
guaneras fueron su devastación; allí, colgados con cables y cordeles sobre
10
Campaña de fomento de una identidad nacional impulsada por el Estado chileno, tras la Guerra del Pacífico
vista la anexión de las provincias de Tarapacá y Arica a Chile, que significó a la postre un proceso de
transculturación de las zonas ocupadas. El foco estuvo centrado en Arica, Iquique, Tocopilla, Antofagasta,
Mejillones, Calama y todos los poblados precordilleranos. Los ejes con los cuales el Estado chileno buscaba
consolidar una identidad nacional homogeneizadora y así inculcar el sentimiento nacional y borrar
deliberadamente todo rasgo cultural peruano y boliviano, fue la educación pública, el servicio militar
obligatorio y el cambio de nombre de las calles. A lo anterior debemos adicionar el establecimiento de
puestos fronterizos para controlar el tráfico y comercio hacia Bolivia y Perú, promoviendo a su vez la llegada
de misioneros que “civilizaran” a la población aymara. Las políticas de chilenización en la población se
conservaron durante gran parte del siglo XX y se enfatizaron durante la dictadura de Augusto Pinochet (19731990). Ver Sergio González Miranda (2002) en “Chilenizando a Tunupa. La escuela pública en el Tarapacá
Andino 1880-1990” Santiago, Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Centro Barros
Arana, 2002.
11
Coolies, es una denominación peyorativa de inmigrante chino en el siglo XIX, considerados obreros de
clase baja. Es también un término expansivo de "asiático" o "mano de obra”. En la esfera pública, el coolie era
de hecho presentado como un estereotipo sensacionalista de la mano de obra asiática. Las campañas
moralistas y anticoolies, junto con los escritos abolicionistas en contra de la mano de obra coolie, contribuían a
las connotaciones negativas asociadas con el término (Yung, 2008:2)
12
Situada a 25 kilómetros al norte de Tocopilla.
115
andamios desmejorados, puentes colgantes, trabajaban todo el día, de sol a sol.
Cada chino cargaba un capacho en su espalda. Luego, los cerros con sus cuevas
e improvisadas pocilgas, los esperaban como dormitorios, sufriendo el hambre, el
frio y el cansancio por el exceso de trabajo. Posteriormente, los chinos fueron
utilizados como avanzadas del ejército chileno en la Guerra del Pacifico 13 y en
Tocopilla muchos fueron utilizados en la construcción del ferrocarril salitrero,
inaugurado en 1890, obra titánica en donde los chinos realizaron los trabajos más
riesgosos y pesados; colocación de dinamitas, cargas, elaboración de zanjas,
entre otras labores mortales (Collao, 2001)
En el pleno siglo XX, sobre todo en la década del treinta, la presencia china en las
localidades del norte era significativa, lo que se hacía notar especialmente en
Iquique. Esta migración fue más expresiva a partir de 1931, lo que podría haberse
motivado por la invasión de Japón a China, a partir de la cual se configuró un gran
éxodo chino. La presencia china se acompañó del surgimiento de una mirada
autóctona de desprecio y rechazo, debido a que para algunos tocopillanos estos
inmigrantes podían, potencialmente, “degenerar” la llamada “raza chilena” 14. Los
que realmente riñeron con estos inmigrantes fueron los comerciantes establecidos,
ya que los chinos comenzaron a instalar negocios ligados con la venta de carne o
con la venta de comida, amenazando con ello las ventas del comercio local.
Cabe decir que los chinos, alrededor de la misma década merodeaban el sector
del Matadero Municipal 15 recogiendo las sobras del faenamiento de los animales
para la obtención de la carne, es decir, las guatas, las chunchules, las cabezas,
las lenguas, las patas, los corazones o los hígados, y una serie de los llamados
mondongos 16 Todo lo que sobraba o bien, lo que no era “digno” de comer en la
época. Esas “sobras” o excedentes, una vez recogidos, eran ofrecidos en pobres
carretones 17 por el sector mísero y calamitoso llamado “Manchuria” 18. Tales
13
Culminada la conquista de Tarapacá, la guerra se trasladó hacia el interior de Perú. En ese contexto
Patricio Lynch “conquistó” a los chinos y los hizo participar en las batallas. Cuando los coolies fueron liberados
de la tuición de sus amos, los hacendados peruanos, se produjo su adhesión a la causa chilena, a través del
batallón de chinos “Vulcano” Ver a Diego Lin Chou, (2004) en “Chile y China, inmigración y relaciones
bilaterales 1845-1970” 1º Edic. Centro de investigación Diego Barros Arana. Santiago de Chile.
14
Raza Chilena es un concepto nacionalista que tuvo su apogeo en la segunda década del siglo XX, sus
ideas centrales estaban basadas en los escritos de Nicolás Palacios, quien en 1904 publicó el libro “Raza
chilena”, que en la practica era una apología del pueblo chileno y desaprobaba la adopción de modelos
culturales foráneos. Es una obra basada en el evolucionismo de Darwin y Spencer, sosteniendo que el pueblo
chileno pertenecía a una raza superior, formada por la mezcla de conquistadores de raza goda y araucanos
“recios” y valientes. Esta ideología calzó con el proceso de “chilenización” aplicado en el norte del país, por
ello fue concepto recurrentemente citado por autoridades y periódicos. Ver Nicolás Palacios (1918) en “Raza
Chilena” 2º edición. Editorial Santiago Vol. 1 y 2.
15
El extinto Matadero Municipal estuvo emplazado en el mismo lugar en donde hoy se encuentra el Liceo
Politécnico Diego Portales Palazuelos, en la Avenida Teniente Merino con calle Cuarta Poniente.
16
Entrevista a J.A., tocopillana, de 78 años,. Jubilada, laboró durante toda su vida en empresa vinculada a la
exportacion de salitre. Entrevista realizada en Tocopilla, en marzo de 2012.
17
Uno de los distribuidores artesanales de carnes más recordados en el sector céntrico y Manchuria fue el
popular chino Li Ke, a quien le españolizaron su nombre por Enrique.
116
impulsos en la inmigración, hicieron que el Alcalde de Tocopilla, Sr. Luis Cárcamo,
en junio de 1931, exigiera a la Intendencia de Antofagasta el establecimiento de
un severo control sobre los asiáticos, como así también tratar de evitar,
derechamente, la afluencia de los cantoneses que, según Cárcamo, a diario
llegaban masivamente a la ciudad:
“Estos ciudadanos chinos son un peligro ante la raza,
pueden degenerarla a través de la insalubridad en la
venta de carne, además de su afición por el juego (…) es
de esperar medidas correctivas antes estos foráneos que
perjudican a nuestra población” (Archivo de la
Gobernación de Tocopilla. Oficio Nº23 dirigido al
intendente de Antofagasta. 19 de marzo de 1931).
Esta mentalidad, hija de su época, no se alejaba mucho a lo que el Estado
pregonaba en cuanto al concepto de migración, el menos así lo explicitaba en el
Diario Oficial del 24 de noviembre de 1880, en el que “se considera inmigrante
libre (…) a los estranjeros de orijen europeo o de los Estados Unidos (…) que
siendo menos de cincuenta años i acreditando su moralidad i aptitudes…”(En:
Campos y Elías, 2006:95). A este grupo migratorio los requerimientos eran
mayores al momento de ingresar al país (como, por ejemplo, el poseer cierta
cantidad de dinero). Además, en el comienzo del siglo XX, se les exigía un
examen médico, el cual daba píe a un “pasaporte sanitario”, prontamente,
alrededor de los años veinte, se les solicitaba un documento a cargo de
autoridades chinas quienes debían certificar conducta, examen médico y
vacunación. Esto se debía a que aparentemente los chinos eran considerados
como potenciales portadores de plagas y enfermedades. En 1930 a todos los
chinos, para que lograsen ingresar al país, se les requería la suma de 300 dólares
como garantía. Esta suma debía ir a nombre de la delegación china en Santiago,
pudiendo el migrante retirar este dinero una vez instalado en el país (siempre y
cuando pudieran probar que poseían trabajo. Una vez retirado, este dinero era
utilizado, generalmente, como un capital inicial de los negocios regentados por la
colonia China. Esta última práctica enfadaba no sólo a los comerciantes
tocopillanos, sino que también a los de Iquique y Arica (Campos y Elías, 2006).
Pese a las hostilidades, la gran comunidad china residente en Tocopilla se fue
organizando y en 1928 funda el gran Centro Chung Hwa, cuyo primer presidente
18
La “Manchuria” sector que se presentaba como un gueto con chabolas de calaminas oxidadas, pedazos de
cartón, sacos de papas, y viviendas deprimentes. Un panorama habitacional absolutamente pobre y que
también se configuró cómo el sector más afectado por el gran aluvión de 1940. Una versión sobre el origen
del nombre se debe a que los primeros ocupantes de estos dispares terrenos fueron ciudadanos chinos,
quienes reprodujeron la pobreza vivida en sus tierras natales. Manchuria constituye una región ubicada al
noreste de China.
117
fue el señor Juan Chang. Prontamente, en el año 1933, construirían una gran
casona, ubicada en la calle 21 de Mayo. El ejemplo de emprendimiento
demostrado por los chinos es sorprendente, quizás aplicando la filosofía de
Confucio en cuanto a generar ahorros. Su acumulación financiera, en base a la
fuerza de su trabajo, dio pie a la filantropía manifestada ya en la década de 1940.
Así lo dejó en constancia el Gobernador Pedro Muñoz Rojas en diciembre de
1943, cuando agradecía el cheque entregado para el Comité Pro Pascua de los
Niños Pobres. Entre otras palabras afirmaba que:
“Permítame señor Presidente del Centro Chung Hwa,
testimoniarles una vez más el reconocimiento de gratitud
hacia su institución, ya que siempre ha estado atento a las
peticiones de esta Gobernación, contribuyendo gustoso y
ampliamente a cuánta obra de bien se ha iniciado en la
ciudad, siendo un ejemplo para las demás instituciones
[…]” (Arch. Gob. Toc. Oficio N°741, dirigido a Roberto Ly
Cere, Presidente del Centro Chung Hwa. 1 de diciembre
de 1943).
En este sentido, de simples distribuidores de carne, muchos orientales se
transformaron en personajes pudientes en el contexto local. Un caso de
acumulación lo representó el inmigrante chino Santiago Chiong, quien construyó
en 1932 un gran local para instalar su almacén especializado en la venta de carne
configurándose como uno de los principales proveedores de la pampa salitrera en
la década del treinta. Desde aquellas fechas, el local adquirió la preferencia de los
tocopillanos 19. Otro caso lo representó el Sr. Chau quien levantó un edificio e
instaló un restaurant, un prostíbulo, dos peluquerías y cabaret con una gran pista
de baile denomina “El Asia”, lugar icono de la bohemia nocturna en la década del
cuarenta 20.
La colonia china, podemos afirmar, fue la que sufrió las mayores restricciones en
el proceso de inmigración, fruto del prejuicio y la hostilidad expresada desde los
vecinos hasta los políticos, existiendo proyectos de ley que directamente atacaban
y buscaban cerrarles las puertas. Uno de los más recordados es el proyecto del
diputado Malaquías Concha en 1906, que en su articulo Nº1 expresaba
abiertamente que, “queda prohibida la inmigración en el país de individuos de
19
En décadas posteriores, especialmente en la del 70, este negocio tendría una gran notoriedad ya que,
desde este local surgían grandes filas para abastecerse de productos de primera necesidad. Eran los tiempos
de la Unidad Popular (UP) caracterizada por el desabastecimiento y el mercado negro.
20
Su publicidad aparecida durante enero de 1941 en el Diario La Prensa de Tocopilla, consignaba lo siguiente
“all days dancing room, excellent orchestra, day and night restaurant, beer, wines and liquors, beautiful all girl
for dancing”. Este local se incendió en agosto de 1949.
118
raza amarilla o mongólica o etiópica” (Cámara de Diputados, Ord. Sesión Nº 47,
10 de agosto de 1906. ).
Aún en estos pesares, el impulso de la inmigración china logró consolidarse en el
devenir de la historia local. Pero no sólo contra los comerciantes tenían que lidiar
los chinos, sino también con los grupos de teatro, quienes los trataban
despectivamente y se burlaban a destajo de los orientales, ya sea por rasgos
faciales, por asuntos del habla y sobre el supuesto problema higiénico de sus
negocios y viviendas. En junio de 1932 el presidente del Centro Chung Hwa, Juan
Chang se quejaba ante el Gobernador y por el diario “La Prensa de Tocopilla” en
contra del grupo de teatro “Los Criollos”, conjunto formado por empleados y
obreros cesantes, ante lo cual exponía en una carta:
“(...)El grupo los criollos (...) llevó a escena un monólogo
recitado por el señor Macaya, y que se titulaba Chung
Hwa i aparte de este, repitió varios otros por el estilo,
totalmente fuera de programa, imitando en forma
maliciosa nuestro idioma (...) siempre se ha desempeñado
igual acto en el teatro, no siendo la primera vez, i se
ofenda así paisanos chinos i junto con ello a la colonia
que presido. Este denuncia busca detener lo que ridiculiza
ofende y menoscaba nuestra dignidad de ciudadanos
chinos respetuosos de este país…” (Cámara de
Diputados, Ord. Sesión Nº 47, 10 de agosto de 1906).
De este modo, el pasar de los chinos seguía siendo hostil, pero esto no era
exactamente lo determinante a la hora de conglomerarse y recíprocamente
auxiliarse, ya que para muchos de los autóctonos, pese a las circunstancias, los
chinos “fueron caracterizados de ser personas unidas y solidarias entre si” 21. Los
descendientes de la primera generación de chinos, crearon el Centro de Hijos de
Chinos, llamado Cheng Ning Hui. En la caracterización de sus labores, como
hemos evidenciado, predominaron la venta de carnes y los restaurantes. Las
familias que marcaron presencia fueron los Lay, Loo, Cam, Max, Chong, Chang,
Chia, Lau, Anch, Hafon, Ypung, Yap. Chong ku, Gam, Han-Shing, Kam.
21
Entrevista a Amelia Barrera. Ovallina, nacida en 1911, fallecida en 2010. Dueña de casa y residente en
Tocopilla desde 1929 hasta 2010. Entrevista realizada en Tocopilla en febrero 2007.
119
ITALIANOS
Dentro de los grupos de inmigrados europeos, la colonia italiana fue más dispersa
en el norte y en sus salitreras, desarrollándose fuertemente entre 1880 y 1930,
época en que miles de italianos inmigraron a América (Díaz, 2002). Una de las
características apunta a un proceso denominado como inmigración libre, en base
a la cadenas migratorias, sustancialmente definidas por las familias. Abocaron sus
actividades prioritariamente al comercio e industria. Según el censo de la colonia
Italiana en Chile, realizado entre 1926 y 1927 22, en el Departamento de Tocopilla,
los italianos que destacaban en la venta de abarrotes eran las familias Farmolaro,
Gaetano, Fraumeni, Bongiorno y CIA, y Schiappacasse. En tostadurías y café,
destaca Onetto, en las panaderías Pedro Mondaca, en las paqueterías y
zapaterías, Fraumeni Bongiorno y CIA.
Las primeras familias inmigrantes avecindados en el puerto fueron Cessari,
Mantinetti, Bongiovanni, Postori, Pellegrini, Picardo, Bebliomini. Un caso
representativo de ello es la familia Aste. En 1927, desde Italia llegaba al norte de
Chile un juvenil Lorenzo Aste Viacaba junto a su esposa María Depinto, ambos
nacidos en Rapallo. Su primera parada fue Iquique y luego de celebrar fatídicos
negocios, y también por enfrentar serios conflictos entre paisanos, llega a
Tocopilla en 1932 23. Es en el puerto salitrero de Tocopilla donde levantan una
tienda de telas llamada “La Sin Rival” que para los tocopillanos siempre fue
reconocida por el apellido de su dueño, popularmente mencionada como “La Casa
Aste”. Esta fue una exitosa tienda especializada en la venta de géneros, y luego
en discos y paquetería, ubicada actualmente en la calle 21 de Mayo (número
1773). En la década del cincuenta, el establecimiento implementaría la venta de
tocadiscos, amplificadores e instrumentos musicales. El hijo de Lorenzo y María,
Dino Filipo, instalaría un taller en donde confeccionó una serie de parlantes marca
D’aste. De la misma manera, en este rincón nacieron enormes amplificadores,
cuyos gabinetes se confeccionaban con tapas de tarros de aceite de 200 litros.
Fabricarían, además, toda clase de aparatos electrónicos, como radios a tubo,
citófonos, radio electrólas, pedestales, parlantes, entre otros objetos 24. Cabe
señalar que Lorenzo Aste Viacaba, fue nombrado por el gobierno italiano como
Corresponsal Consular, cargo que ejerció hasta 1959, al momento de su muerte.
Asimismo su esposa María obtuvo la Estrella de la Solidaridad otorgada por el
gobierno de Italia en la década del sesenta, debido a su actividad consular,
22
Censo Industrial y Comercial de la Colonia Italiana en Chile, 1926-1927. Pág. 9. Disponible en
http://memoriachilena.cl
23
Entrevista a Dino Aste Depinto. Tocopillano, nacido en 1930, empresario jubilado y dirigente social, hijo de
italianos. Entrevista realizada en Tocopilla en diciembre del 2011.
24
Actualmente constituye unas de las disquerías más antiguas de Chile, en donde se ha complementado sus
productos con una gran variedad de repuestos electrónicos, libros y videos. En junio del año 2012, este
negocio cumplió 80 años.
120
heredada tras la muerte de su esposo, y llevada a cabo por más de 20 años. Ella
fue caracterizada por la ayuda a sus coterráneos que venían a buscar suerte a
Chile. Participó incansablemente en la Acción Católica local, y justamente por esa
labor recibió la Bendición Papal por parte de Juan Pablo II en 1984. (Aste, 2011)
Un poco antes de la llegada de la familia Aste, ya había configurado un gran
capital Benedetto Schiappacasse a través de la “Fábrica de Fideos Tocopilla”,
distribuyendo sus productos por la gran cantidad de oficinas en la pampa salitrera.
Este negocio se vio fuertemente favorecido por las grandes compras que le realizó
el Estado para poder implementar la Olla del Pobre; institución asistencialista que
se encargó de alimentar a miles de tocopillanos golpeados por la mayor depresión
económica conocida en el mundo, la originada en EE.UU., en 1929. Por ejemplo,
en un documento de “Giro y Comprobante de Egreso” emitido a la Gobernación,
Benedetto Schiappacasse, cobraba once mil ciento cuarenta y cuatro pesos por
“varias mercaderías entregadas para la atención de los cesantes, según facturas
adjuntas” 25. Todas estas actividades comerciales dieron pie a una senda
acumulativa de capitales y propiedades de bienes inmuebles en la localidad. La
participación de Schiappacasse, acogedor de otros paisanos a quienes les ofrecía
trabajo, también abarcó la dirigencia, ya que Schiappacasse fue Presidente de la
Cámara de Comercio en la década del 40, además fue uno de los precursores en
el desarrollo de la idea de crear un “Espigón de Atraque” en el puerto de Tocopilla
para facilitar el cabotaje y la importación de bienes de consumo. Inició también la
idea de implementar un camino costero entre Iquique y Tocopilla, razón que le
llevó a realizar un viaje en caballo por la escabrosa geografía de la Cordillera de la
Costa en 1930, acompañado del Alcalde Juan Fuenzalida (Collao, 2001). El
patrimonio arquitectónico de Tocopilla, suma un gran inmueble perteneciente a la
“Fábrica de Fideos Tocopilla” levantado en 1932 por el constructor descendiente
de italiano Ricardo Gho, quien, en su estadía en Tocopilla (1905-40), levantó
innumerables edificios. 26
25
Archivo de la Gobernación, Giro y Comprobante de Egreso N° 35 con cargo a la Ley de Régimen Interior del
Ministerio de Bienestar Social, 2 de abril de 1932.
26
Ricargo Gho se radicó con toda su familia en Tocopilla en el año 1910. En la ciudad, desarrolló diversas
actividades, siendo la más relevante el rubro de la edificación, dejando así una gran impronta en el espacio
local: fue el constructor de muchísimas obras inmobiliarias que, a lo largo de la historia, han constituido el
patrimonio arquitectónico comunal. Según el recuerdo familiar, especialmente de su nieto Wolfgang Gho,
participó en la cimentación de la Municipalidad (1931), también en variadas intervenciones en la Plaza
Condell, edificaciones en el cementerio local (1930-31), montó poblaciones para obreros, casas y edificios de
la localidad tales como la Panadería El Sol (1927), la Farmacia Inglesa (1930) y la Fábrica de Fideos de
Schiapaccasse (1932). La casa de la tienda La Industrial (1932) y un conjunto de Casas en la avenida Arturo
Prat 1450. El sello de su obra quedaba reflejado con el grabado de su nombre. Nos cuenta su nieto que, la
crisis de 1930, en donde más del 90% de la población tocopillana se empobreció, sumado a los malos
manejos financieros, hizo que su actividad comercial se viera fuertemente afectada, lo cual, también generaría
un desafortunado quiebre familiar. Ante ello, dejó Tocopilla y decidió radicarse en Santiago. Su fábrica de
colchones y maletas más una licorería tampoco resistirían el impacto de la Gran Depresión Económica. Gho
Arcaya, que había llegado en 1905, dejaba para siempre, en 1940, la ciudad de Tocopilla, dejando impresa en
121
Otro paisano comercialmente destacado fue Pedro Mondaca, quien estableció uno
de los amasaderos más relevantes en los inicios del siglo XX, a través de la
“Panadería El Cañón” 27. A ejemplo de lo que ocurrió con Schiappacasse, Pedro
Mondaca igualmente fue beneficiado por las grandes compras realizadas por el
Estado para implementar la Olla del Pobre en 1932 (Galaz-Mandakovic, 2008),
siguiendo así el camino iniciado por el fabricante de fideos mencionado. Por
ejemplo, el 14 de abril de 1932, Mondaca emite una factura por la suma de
$15.824.80 pesos por el concepto de “suministración de pan para los obreros
cesantes desde el 22 de febrero hasta el 31 de marzo, inclusiva pedidos (…) se
otorga con cargo a la Ley de Régimen Interior” 28.
Otro inmigrante italiano destacado sería el responsable por la instalación de un
gran local comercial, llamado “Casa Larco”. En primer lugar, fue un gran negocio
fruto de la sociedad conformada por los italianos Miguel Larco y Benedetto
Merello. En 1924, ya pertenecía a la sucesión de Larco y proveía a la ciudad una
gran diversidad de conservas y distintos tipos de quesos importados. Poseía
además una fábrica de fideos en calle San Martin, siendo las pastas corrientes y
los fideos especiales preparados con huevos su exclusividad. El gran inmueble
usado por “Casa Larco” es una obra que fue ejecutada a pedido de la Sociedad
Comercial Italiana (creada en 1893) encabezada por los señores Martina,
Famolaro, Fraumeni y otros. Esta tienda se originó con la fusión de otro negocio
“La Joven Italia” 29, entre ambos, configuraron una gran empresa (Martínez, 2009).
Por su parte “La Esquina Verde”, perteneciente a esta misma sociedad, fue la
primera versión de una multitienda instalada en Tocopilla, especializa en la venta
de paquetería, abarrotes y telas, allí en calle 21 de Mayo esquina Colón. Otra
multitienda instalada en Tocopilla, y por ello, una de las más recordadas fue
“Almacenes Del Lago”. Este gran local comercial pertenció a italianos provenientes
la zona de Trento, ellos eran Gerardo del Lago y Blanca Romo, su esposa. En este
gran almacén se vendían todo tipo de productos, desde cemento, telas, un sinfín
de abarrotes, maderas, alcoholes, vinos, algunos electrodomésticos y vehículos.
Tuvo varias denominaciones, la primera fue “Casa Del Lago”, prontamente fue
“Girardi Hermanos”, para luego variar a “Girardi & CIA”, para culminar
ella su sello: los patrimónios arquitectónicos que han configurado la identidad de casco viejo local. (Entrevista
a Wolfang Gho. Nacido en Santiago, descendiente de italianos. Trabajador en el área minera. Entrevista
realizada en Tocopilla en agosto del 2009).
27
Local de material ligero que, en enero de 1930, fue destruido por gran un incendio, el cual se propagó en
gran parte del sector periférico norte de la manzana constituida por calle Baquedano, Prat y 21 de Mayo,
consumiendo parte importante de ese sector céntrico colmado del pino oregón. Este inmueble sería
reemplazado por una obra en concreto tal como la conocemos hoy y data precisamente desde 1930: el año de
su reconstrucción (Galaz-Mandakovic, 2012).
28
Arch. Gob. Tocopilla, giro y comprobante de egreso a la Tesorería de Tocopilla, N° 34. 14 de abril de 1932.
29
“La Joven Italia” fue la sede durante muchos años de la comercial DIN, aquella vieja casona fue demolida
en enero del año 2011 para dar paso a un nuevo local de la tienda comercial.
122
definitivamente como “Almacenes Del Lago”. Un rubro igualmente explorado por
algunos italianos en el ocaso de la primera mitad del siglo XX fue la locomoción
colectiva, a través de taxis.
YUGOSLAVOS
Los eslavos, predominantemente croatas 30, llegaron al norte a comienzos del auge
salitrero finisecular, siendo Iquique, Tocopilla y, principalmente, Antofagasta, los
centros de mayor aglomeración. Desde estos centros urbanos muchos de ellos se
distribuyeron por la pampa salitrera, conformando grupos de comerciantes,
empleados y profesionales (Zlatar, 2001). Su arribo estuvo determinado por su
pasaporte austriaco, por efecto de pertenencia territorial al imperio AustroHúngaro. Muchos de ellos llegaron huyendo de los conflictos bélicos y étnicos que
asolaban en Los Balcanes, para ello tuvieron que o bien atravesar el Estrecho de
Magallanes, o llegar desde Argentina atravesando la Cordillera de Los Andes.
Generalmente, estuvieron inicialmente en Iquique y desde allí se reubicaron en
Tocopilla y Antofagasta viajando por la costa (Garafulic, 2012). Los que llegaban al
norte de Chile eran principalmente gente del mundo rural; agricultores, pescadores
y pastores provenientes de Brac y de otras islas de Dalmacia. Muchos arribaron
muy jóvenes con pocos años de escolaridad, pero destacaron por su particular
disciplina de trabajo, siendo reconocidos socialmente como perseverantes,
ordenados y dedicados al trabajo (Garafulic, 2012). Su emprendimiento fue en
base a la configuración de pequeños negocios que, de a poco, crecían en capital y
ganancias. En varios de estos casos, se vio la solidaridad entre paisanos, puesto
que muchos de estos inicialmente pequeños negocios sirvieron de apoyo a los
recién llegados. En general, los primeros sueldos obtenidos eran enviados en gran
parte a sus localidades de origen, para así poder cancelar lo gastado en el largo
viaje. El excedente de ello, se aplicaba al trabajo: trataban de capitalizarlo en
nuevos negocios y con eso se vio como resultado el surgimiento de quintas,
grandes tiendas, almacenes y mercerías administrados por miembros del colectivo
croata. Se configuraba así una red social que ejerció un modo de demostración en
cuanto al incentivo de nuevos inmigrantes, el capital para inmigrar a Chile no sólo
dependía del dinero, sino que también de un capital humano basado en la
30
Los croatas son un pueblo de la comunidad eslava cuyo territorio, ubicado en la costa del mar adriático de
Europa, fue durante siglos frontera entre el Imperio Austro-Húngaro de los Habsburgos y el de los Turcos
(Berenguer, 1990) El desplome de estos dos imperios, tras la Primera Guerra Mundial, significó el surgimiento
del Reino de Yugoslavia que agrupó a los croatas, eslovenos y serbios bajo el liderazgo de estos últimos en
Belgrado. La alianza de este reino con las naciones fascistas en la Segunda Guerra Mundial lo llevó a su
disolución en 1945 y a la formación de la República Socialista Federativa de Yugoslavia, siendo Croacia una
de las seis repúblicas. En la década de 1990, luego de la caída de socialismo soviético, Croacia logró, tras
una guerra con Serbia, ser reconocida como una república independiente por la comunidad internacional
(Denitch, 1995).
123
información sobre la localidad a inmigrar. Un ejemplo de la acción e impacto de
estas redes migrantes en el caso croata se configura en el caso de Stoyan Vucina
Crnosija, nacido el 7 de enero de 1904 en la isla de Ugljan, quien llegó al norte
chileno en 1927. Una vez en Chile, se dirigió a la pampa salitrera para
desenvolverse en distintas labores, en su paso recorrió las oficinas salitreras
“Prosperidad”, “Rica Aventura” y “Santa Isabel”, en todas sus labores fue auxiliado
por paisanos. No obstante, nos cuenta su primogénita que: “su origen isleño hizo
que extrañara el mar, y por tal razón no se pudo acostumbrar al hostil y huraño
clima desértico, por lo cual decidió bajar a la costa” 31. En ese escenario se dirigió
a Tocopilla. “…los pueblos del mar, son los que más progresan” ese era su
enunciado más elocuente recordado por su descendiente. Residiendo en
Tocopilla, tuvo que enfrentar condiciones de vida muy adversas. Sus primeros
días fueron en la playa “El Panteón” en donde armó una improvisada y rustica
vivienda. Todo sumado a la dificultad del idioma, en donde la ambigüedad de
sonidos y significados, le jugaba malas pasadas. Luego, tomaría contacto con el
dueño del gran negocio de su época “El Barril Colorado” regentado por un
compatriota, de apellido Cickovic, con el cual iniciarían una relación contractual.
Su primer negocio lo constituyó una botillería, instaurada en pleno centro
comercial de la ciudad. Su descendiente, nos señaló en entrevista que aquel
negocio habría comenzando sólo con dos chuicas de vino. Desde ahí, Stoyan
Vucina iniciaría a construir sus proyectos, entre ellos la conocida quinta de
verduras ubicada en la calle 21 de Mayo en donde, posteriormente, instaló el
“Hotel Vucina”. Su quinta, en un mediano plazo, sería unas de las principales
proveedoras de la provincia, generalmente de las salitreras. Más tarde fundaría
también una carnicería. De esta forma, su imagen dentro de la comunidad se iba
consolidando, como así también se iba robusteciendo su admiración y
agradecimiento por Tocopilla, puerto por el cual expresó diversas ideas de
progreso 32.
El caso de Vucina también nos sirve para dar cuenta de las vinculaciones entre la
tierra de origen y la tierra receptora. En la época de la Segunda Guerra Mundial, la
tierra de origen sufriría muchos embates y tragedias, en su afán altruista, lo
yugoslavos recibirían por parte de los que habían emigrado la suficiente ayuda,
consistente en ropa y alimentos, los cuales eran adquiridos en Tocopilla. “En el
caso de mi padre, recuerdo que no fueron pocas las veces en que prácticamente
vaciaba algunas tiendas del puerto en donde se vendía ropa”, nos relata Dusanka
31
Entrevista a Desanka Vucina. Tocopillana, descendiente de croatas, empresaria hotelera jubilada.
Entrevista realizada en Tocopilla en marzo del 2009.
32
En su convencimiento que la ventaja comparativa de Tocopilla estaba en su relación con el mar, fue el
principal promotor del “Espigón de Atraque” en la bahía tocopillana, el cual en la década del sesenta vio
germinar sus primeras señales de concreción, siendo la visita del Presidente de la Republica Eduardo Frei
Montalva el momento preciso para inaugurar su primera etapa (Vucina, 2009).
124
Vucina. Toda esta acción solidaria de muchos croatas, mereció que fueran
reconocidos por el mismísimo líder yugoslavo Josip Broz Tito, quien condecoraría
con una medalla Estrella al Merito en una polémica visita que realizó Tito a Chile
(Lučić, 2008:23). En el caso de Vucina 33, la imposibilidad del viaje a Santiago,
entre otras cosas por la carencia de un frac o smoking, hizo que aquella medalla
fuese entregada por el embajador de visita en Tocopilla, en octubre de 1963. De la
misma manera el gobierno de su país natal lo nombraría “Cónsul Corresponsal de
Tocopilla”(Vucina, 2009) 34.
No obstante, los eslavos en Tocopilla fueron muchos, entre ellos las familias
Peckovic, Cickovic, Panovic, Mandakovic, Marinovic, Budinich, Garafulic, Medar,
Jordan, Rusin, Vlahovic, Buratovic, Vrabevic, Glasinov, Glasinovic, Bakulic,
Ivanovic, Ljubetic, Busanich, Koscica, Franulic, Basic, Soré, casi todos
comerciantes. Entre todos ellos fundarían el “Club Yugoslavo”, configurándose
como el primer objetivo construir un gran local para sus actividades. Su meta vio la
luz cuando cimentaron un inmueble de dos niveles y grandes dimensiones para la
Tocopilla de los años 30. Este edificio, de estilo Art Decó Americano, conforma
una de las esquinas más características del puerto. Por otro lado, cabe resaltar
que las actividades de esta colonia poseían un fuerte rasgo cultural y artístico,
debido a que, constantemente actuaba en este local un grupo musical llamado
“Kolo”, el cual interpretaba una serie de bailes, danzas, cantos y canciones o
rondas de niños. Este grupo fue creado en 1939 en Antofagasta. Su debut en
Tocopilla fue el 1 de diciembre de 1940. Posteriormente, también se presentarían
otros coros, compuestos casi por los mismos integrantes del grupo anterior, pero
este se denominaba “Yugoslavenski Zbor”(Garafulic, 2012).
En gran parte los integrantes de esta colonia se dedicaron a la instauración de
mercerías. Por citar un caso, tenemos la aún vigente y correspondiente a la
sociedad Hermanos Mandakovic; entre ellos Milovan y Marino, oriundos de la Isla
de Vis 35. Este impulso comercial y especializado de estos eslavos, igualmente fue
reflejado en los Budinich con la Mercería Prat y la mercería de la familia Rederic.
33
En su rol de inmigrante, no se vio impedido por contribuir con el puerto que lo cobijó, en ese sentido, su
participación se haría más profunda en la Cruz Roja tocopillana y en la Sociedad de Socorros Mutuos. Su
visión “progresista” también se centraría en la conectividad de Tocopilla, por este motivo conformaría el
“Comando Costero de Tocopilla”, grupo anhelante de la unión entre Tocopilla e Iquique a través de la costa.
Por ello, este grupo de pioneros estuvo encargado de la construcción del tramo que va desde Tocopilla hasta
la desembocadura del río El Loa. Los hombres trabajaban a pulso y la idea era colosal, todos debían
colaborar. Por su parte, Stoyan Vucina ayudaba en la distribución de las colaciones y almuerzos para estos
gastadores de montañas costeras. Esta idea, este proyecto, considerada utópica para su época, vio sus
primeros frutos en 1971, precisamente el día 14 de julio, cuando se realizó el histórico cruce en el sector de la
desembocadura del Rio El Loa.
34
A los pocos meses de este acontecimiento, Stoyan Vucina fallecería a la edad de 69 años. Corría diciembre
de 1971.
35
Vis o Lissa es una péquela isla situada en la zona croata del Mar Adriático. Se encuentra a 47 kilómetros de
la ciudad de Split, la mayor urbe de la región de Dalmacia y la segunda en tamaño de Croacia.
125
En el caso de la familia Mandakovic, el inmueble que erigieron, destinado a la
mercería, es monumental 36 dentro de su contexto arquitectónico local, surgido en
1929 37. Sin duda que la cimentación de grandes edificaciones refleja el
emprendimiento de los inmigrantes, que en muchas ocasiones llegaron sólo con
sus pasaportes, y que, con el correr de los años, fueron amasando capitales que
luego se transformaron en grandes fortunas, expresadas, usualmente, en la gran
cantidad de bienes raíces. En ese contexto la familia Mandakovic mantuvo un gran
poder económico que abarcó varios rubros; poder económico resultado de
esfuerzo, trabajo y también de especulación, con el evidente riesgo monetario
para sus arcas, pero que generalmente fueron exitosos. Uno de sus integrantes,
Juan Mandakovic, proporcionó el alumbrado eléctrico a la ciudad, desde 1912
hasta 1942. Él, junto a su socio Vlastelíca, instalaron una generadora de energía
eléctrica exitosa y económicamente muy rentable. Otro caso de emprendimiento,
podemos citar a Elías Cickovic Chorovich. En primera instancia, instaló una
panadería 38. Entre aquellos sacos con harina dormían los croatas y serbios recién
llegados
que poseían como capital, sólo sus pasaportes y documentos.
Posteriormente, se aliaría con un primo, y conformarían la Sociedad Cickovic y
Cickovic; estos comerciantes construyeron otro fastuoso inmueble para instalar allí
el gran almacén “El Barril Colorado” en 1932, negocio en donde se expendía una
gran variedad de abarrotes y licores. Estos socios comerciales fueron grandes
vendedores de víveres para el Estado, así ha quedado comprobado con la gran
cantidad de facturas emitidas a la Gobernación en la crisis del 30. Estos socios del
mismo modo crearon la compañía de seguros “La Yugoslava”, la cual estaba
especializada contra incendios, riesgos marítimos y cesantía. Según uno de los
bisnietos (Choc, 2011), estos comerciantes siempre se les avisaban que a puerto
llegaban inmigrantes croatas. Cickovic siempre los mandaba a buscar, los acogía
dándoles trabajo y enseñándoles el idioma.
El caso connotado es del filántropo Marko Medar, que nació en Metrovic el 2 de
enero de 1915, llegando a Chile el 17 de marzo 1939. En su tierra natal fue
técnico agrícola trabajando en los campos yugoslavos, principalmente en tiempos
de vendimia. Llegó a Tocopilla, luego de su paso por Antofagasta, y fue en esta
primera ciudad en donde comenzó a trabajar con su hermano Pedro. Luego se
independizó y se desenvolvió como empresario panificador, a través de la
36
En los altos de este inmueble funcionó durante varias décadas otro club connotado en la comunidad,
hablamos del Club Español, en donde se realizaban reuniones de socios, del mismo modo grandes y
elegantes fiestas.
37
El origen de la merceria de la Sociedad Hermanos Mandakovic, data de 1912. Siempre ha tenido a la venta
un amplio stock de herramientas, pinturas, cristalerías y enlozados. Antecedentes que han contribuido a que,
actualmente, constituya uno de los negocios más antiguos de la localidad.
38
Llegó desde Serbia al Perú, ciudad de Lima, para después recalar en Tocopilla. Contrajo matrimonio con
Guillermina Márquez La Plata. De ellos nacieron: Zlartka, Ksenija, Mirko, Mirka, Nevenko y Milena. (Entrevista
realizada a Jorge Choc. Viñamarino nacido en 1970. Descenciente de serbio. Entrevista realizada en formato
electrónico en octubre del 2011).
126
recordada “Panadería Latorre” de calle Sucre. Sintió mucho afecto por estas
tierras chilenas, apoyando una serie de instancias progresistas, entre otras; el
“Espigón de Atraque”, la apertura del “Camino Costero”. Su vocación de servicio,
lo llevó a participar en connotadas instituciones, tales como el “Club de Leones”,
“Tocopilla Sporting”, “Asociación de Industriales Panificadores”, “Club de la Unión”,
“Cruz Roja”, “Club Chilenito”, “Club Yugoslavo” y la “I Compañía de Bomberos”. Se
casó con la Señora Fanny Garafulic Simunovic, también con ascendencia
yugoslava y ex Directora de la Escuela Superior de Niñas N°2, con quien
compartió 37 años de matrimonio. Junto ella fue posible cumplir su deseo de
visitar su patria lejana, aquella que lo vio nacer, viajando en tres oportunidades a
Yugoslavia. En su patria de origen conoció la guerra y el dolor provocado por la
crueldad humana. Por esa razones, Marko Medar –aquel que admiraba al mariscal
Tito– se convirtió en un filántropo. Muchas familias recibían de su propia mano el
pan de cada día entregado silenciosamente. Era muy admirado por su solidaridad,
simpatía, por sus consejos y por su historia de emprendimiento 39. Su vida también
fue marcada por el futbol, llegando a ser entrenador de la Selección de Tocopilla,
asimismo dirigente y arbitro. Su principal logro como entrenador fue llegar con su
equipo en el año 1957 a las finales del Campeonato Nacional de Futbol, realizado
en María Elena, en el cual obtuvo el segundo lugar ante el equipo de Peñaflor.
Bajo su alero, fueron muchos los deportistas que lograron desarrollar su carrera 40
(Garafulic, 2012)
Pedro Nicola Sore Berticevic fue originario de Supetar, que es el centro de tráfico y
de administración de la isla de Brac. Su arribo fue en el año 1930, siendo
Mejillones el puerto que lo recibe. Pedro venía en soledad y su objetivo estaba
claro: buscar a su abuelo con el cual había perdido contacto. Los datos sobre su
abuelo eran escasos, sólo sabía que trabajaba en las salitreras. Para emprender
tan ardua misión los ahorros fueron primordiales y con ellos tuvo la capacidad y el
capital para emprender el largo viaje. La búsqueda de su abuelo era un tema
importante en la familia, además, su abuelo era el encargado de enviar remesas
hacia Croacia.
Al llegar el norte de Chile, aún no se vivían los estragos de la crisis económica de
1929, Tocopilla vivía los impulsos generados por el salitre y el apogeo económico
estaba en su marcha. Tocopilla se convirtió en la oportunidad de emprender y
surgir, conllevando un prospero porvenir. Por ello, su primer negocio, gran
39
La Prensa de Tocopilla, 2 de octubre de 1982, pág. 6. Reportaje sobre la vida de Medar y su connotación
pública.
40
Su vida llena de tantas anécdotas, se tronchó inesperadamente en un accidente carretero el 18 de
septiembre de 1986 cerca de Chañaral. Su esposa, salvó milagrosamente después de 3 meses hospitalizada.
A pocos días de su muerte, el alcalde Carlos Cantero lo distinguió en forma póstuma con la Orden Al Merito
Ciudadano. Merecido reconocimiento para este gran personaje enraizado en estas tierras de salitre, cerros y
mar. (Garafulic, 2012)
127
almacén, se llamó “El Porvenir” ubicado en la esquina de calle 21 de Mayo con
Serrano. Local comercial comprado a Nikolas Bakulic. Poco a poco el negocio fue
surgiendo obteniendo buenos frutos económicos a través de la distribución de
confites, cigarrillos, etc.
Una vez enraizado Tocopilla, Pedro Sore Berticevic nunca olvidó su isla natal, por
ello mantuvo cada una de sus tradiciones, en especial la de sus comidas: las
preparaciones con chucruth, su afición por el aceite de oliva en la mesa, sekeli
gulas, punjene páprike, páprikas, orehnjaca, makovnjaca, entre otras.
No obstante, frente a las hostilidades vividas en Europa por efecto de las guerras,
Pedro Nicola no articuló un discurso en cuanto al retorno, contribuyó además las
raíces engendradas en Tocopilla, lugar en donde se casó y tuvo hijos 41.
LOCALIDAD DESBORDADA
En estos territorios englobados actualmente en el Norte Grande chileno –
incorporados a la nación a finales del siglo XIX después de los conflictos bélicos
con los vecinos Bolivia y Perú– los habitantes nativos se transformaron en
“extranjeros” para el Estado chileno. Se convirtieron en “los otros” para Chile.
Ante ello, en el proceso de “chilenización”, que en la práctica significó una
transformación cultural profunda expresada en el cambio de nombre de las calles,
la escuela pública, la iglesia y el ejército, la población nativa tuvo que huir. El año
1907 fue el que marcó el mayor numero de inmigrantes 42, alcanzando 4,2% de la
población total, lo que expresado en números alcanzó 134.524 habitantes, para el
Departamento de Tocopilla se consignan a 266 peruanos y 511 bolivianos. En
contraparte, en el mismo censo el guarismo referido a inmigrantes europeos es
755, cifras significativas en una población total que accedía a los 15.861
habitantes. No debemos olvidar que, a principios de siglo y hasta alrededor de la
década del veinte, el hostigamiento hacia los peruanos y bolivianos por parte de
las Ligas Patrióticas fue excelso. Estos grupos eran caracterizados por su
xenofobia, racismo y nacionalismo que, reunidos a modo de paramilitarismo
pandillezco amparados en el matonaje, se dedicaron básicamente a acosar y
maltratar a peruanos y bolivianos residentes en el norte de Chile (González, et al:
1993). Por su parte, el censo 43 de 1920, la población inmigrante nacional
desciende a 120.436 representando alrededor del 3%.
41
Entrevista a Yanko Sore, tocopillano nacido en 1964, empresario, nieto de Pedro Soré Bertivecic. agosto
2012.
42
Censo de la República de Chile, realizado el 28 de noviembre de 1907, Imprenta Universo, 1908.
43
Censo de población de la República de Chile, realizado el 15 de diciembre de 1920, Imprenta Universo,
1925.
128
Simultáneamente, todo este escenario de carácter multinacional acontecido en
Tocopilla, en donde cada una de las colonias de migrantes europeos se
encapsularon en sus actividades, fue la expresión de una ciudad fragmentada. Los
tocopillanos convivieron con una brecha cultural y económica que los distanciaba.
Un ejemplo de ello es el desarrollo del beisbol, deporte importado por los
estadounidenses, quienes jugaban solamente con japoneses residentes en
Iquique (Piñones, 2003). La marginación 44 de estos campeonatos era evidente: a
los niños locales sólo les quedaba contemplar estos eventos desde los cerros
circundantes (Barrera, 2007).
Es innegable que los grupos migrantes son más variados de lo que hemos
expuesto aquí, en la medida en que centramos nuestra argumentación en
solamente tres de los colectivos migratorios en Tocopilla. Entre estos diversos
colectivos, estaban alemanes; vinculados a las salitreras y sus tranques, como por
ejemplo la figura de H. B. Sloman el líder hidroeléctrico en la cuenca del Rio Loa.
Estaban también los ukranianos con sus paqueterías, como la familia Jodorowsky.
Japoneses y sus peluquerías, como los Sato, Kubota, Nayashi. Sin olvidar a los
franceses que vincularon Tocopilla mercantilista con el capitalismo europeo en el
siglo XIX, como los hermanos Latrille. Los norteamericanos y sus poderosas
termoeléctricas, los griegos con sus panaderías y lecherías. Asimismo, los
españoles con el impulso minero en las cupríferas del poblado de Gatico. En este
escenario, los tocopillanos fueron testigos de una inmigración que generó una
acumulación financiera inédita en la ciudad. La tecnología casera, el acceso a los
automóviles, la arquitectura monumental, los mejores juguetes, la adquisición de
productos alimenticios exclusivos, la conservación de frutas y hortalizas en
grandes refrigeradores durante todo el año, las actividades de ocio, las fiestas, las
vestimentas importadas. En fin, muchos elementos que marcaron una gran
diferencia entre el tocopillano, marcado por su morenidad, y el europeo de gustos
ostentosos, a su vez diferenciador fenotípico con el autóctono 45. Acaso, ¿los
tocopillanos se sintieron discriminados o desplazados en su propio espacio? Estos
inmigrantes se transformarían en el transcurso de su estancia en empleadores de
muchos tocopillanos, desbordándose en la misma localidad. Transformándose en
la elite local, vinculada a la política y empresariado.
44
Entrevista a Sergio Fernández. Tocopillano, nacido en 1930. Jubilado, toda su vida estuvo vinculado a
empresa exportadora de salitre. Entrevista realizada en Tocopilla en diciembre del 2010.
45
Cuando hablamos de la diferenciación fenotípica entre migrante y autóctono, hablamos de la consecuencia
de un imaginario basado en la supuesta superioridad del europeo. Básicamente determinada por el color
blanco. Contribuía en ello el proceso de chilenización, que intentó despreciar la figura del nativo, del nuevo
nortino, además de las teorías evolucionistas y positivistas. Ese mismo imaginario, era eurocéntrico, y
contemplaba a Europa como cuna de la civilización y desarrollo. Aquello dio paso a una estratificación social
muy marcada en la ciudad: hacia el sur vivían los norteamericanos, al norte de la ciudad, estaba “el pueblo” o
“el rotaje”(Galaz-Mandakovic, 2011).
129
FUGA AUTÓCTONA
Al momento del traspaso a la segunda mitad del siglo XX, los desequilibrios
económicos conllevaron a una desestabilización de la economía local, en primer
lugar por la mecanización de las faenas de embarque del salitre, en donde la
tecnología reemplazó al hombre de modo feroz, dejando una estela de cesantía en
1961(Galaz-Mandakovic, 2009, 2012). Debemos sumar el cambio del modelo
económico que consolidó una estructura de subdesarrollo, de asimetría de
crecimiento, estancando la economía de Taltal y Tocopilla (Cademartori, 2010) una
vez instaurada la dictadura (1973). A este ultimo punto, agreguemos la gestión del
Estado y las políticas de mercado liberales que han favorecido a los grandes
intereses económicos en desmedro de los pequeños productores, los favoritismos
a la gran empresa, por lo general foránea, facilitando el llamado vicio de la
concentración territorial, consistente en la acumulación de inversiones en una sola
localización, generándose grandes polos de desarrollo desequilibrantes
(Cademartori, 2010). Todos estos fenómenos económicos han derivado que gran
parte de la juventud de Tocopilla emigre en busca de trabajo y estudios superiores,
generando un estancamiento, y de pronto, decrecimiento poblacional 46. Se
observa un fenómeno de fuga.
Al mismo tiempo las crisis económica en la década del ochenta incentivaron a que
muchos tocopillanos vieran en Europa el escenario para mejorar su estándar de
vida. Ya existía el caso de algunas tocopillanas casadas con algunos marinos
mercantes en Norrköping, Suecia. Marinos que visitaron Tocopilla en pleno auge
de la exportación del salitre. Debemos agregar que, en el marco de la dictadura
militar, forzó muchos tocopillanos al exilio 47.
La configuración de una red social en Suecia, facilitó las redes migratorias. Aquella
la podemos definir como el conjunto de relaciones interpersonales que vincularon
a los migrantes con parientes, amigos o compatriotas (Arango, 2003). Una red
migrante, que puede ser definida como la estructura de relaciones sociales que
instituirán la circulación de trabajo, capital, bienes, servicios, información e
ideologías entre las comunidades emisoras y receptoras de migrantes (Zavala y
Rojas, 2005). Estas redes fueron significativas porque transmitieron información,
proporcionaron ayuda económica o alojamiento y prestaron apoyo a los migrantes
de distintas formas. De variadas formas facilitaron la migración al reducir sus
46
En la década de la crisis, 1930, se contabilizaban 18.296 habitantes (Censo 1930, Arch. Gob.Tocopilla) El
Estado consignaba una cifra de 22.185 en 1960 (Censo 1960 Arch. Gob.Tocopilla), una población casi similar
a la de hoy, que según el censo 2002, apunta a 23.986 hab. (Archivo Gobernación de Tocopilla, acceso mayo
2012)
47
No olvidemos que la fuerte trayectoria sindicalista y política de izquierda derivó a que en tiempos de la UP
el Partido Comunista y Socialista contara con la mayoría de diputados, senadores, 4 regidores, gobernador y
alcalde del mismo conglomerado. El número de ejecutados en la localidad superó los 30.
130
costos y la incertidumbre que frecuentemente la acompañaba (Correa; JocelynHolt, et al, 2001). Esta red establecida en Suecia, indujo a la emigración a través
del efecto demostración. En pocas palabras, vendría siendo un capital social, que
en la lógica de Bourdieu sería el agregado de los recursos reales o potenciales
que están unidos a la posesión de una red duradera de relaciones más o menos
institucionalizadas de reconocimiento y vinculación mutua. Ésta definición supone
elementos como el pertenecer a un grupo, y que el mismo posea propiedades
comunes. Además de una vinculación permanente y estable (Bourdieu, 1991). Por
ello, en la medida en que se trataba de relaciones sociales que permitían el
acceso a otros bienes de importancia económica, tales como el empleo o mejores
sueldos. Las redes establecidas entre Tocopilla y Norrköping constituyen un nivel
relacional intermedio entre el plano micro de la adopción de decisiones
individuales y el plano macro de los determinantes estructurales. Norrköping es
una ciudad sueca en donde residen numerosos chilenos, gran parte de ellos son
tocopillanos. Se ha estimado que serían un poco más de 3.000 tocopillanos.
Significativa cifra en proporción con la población actual de Tocopilla: 23.986
habitantes (Censo 2002). Por tales motivos, ellos se han configurado como la
colonia latina más numerosa en aquella ciudad nórdica (Camacho-Padilla, 2008)
“así llegó a Suecia un nuevo prototipo de chilenos”, marcados profundamente por
el exilio y la crisis económica de los ochenta. “El caso más singular ocurrió con la
ciudad de Tocopilla, ya que varios miles de sus habitantes se desplazaron a la
ciudad de Nörrkoping, al sur de Estocolmo” (Camacho-Padilla, 2008:8)
Estos paisanos han intentado reproducir la cotidianidad tocopillana en el país de
destino. Hablan incluso de “Tocoköping” (Alegría, 2012), parafraseando los
nombres de las ciudades de origen y recepción. Han creado redes sociales
significativas entre ellos, todo en base a la nostalgia vivida por su tierra natal. En
ese sentido, las relaciones situacionales establecieron conductas manifestadas en
sus sentimientos, pensamientos y acciones, que se verifican entre los actores de
la red. Es lo que Pierre Bourdieu denominó como habitus, constituyentes de
“principios generadores y organizadores de prácticas” (Bourdieu, 1991: 928). Han
instalado radioemisoras que permiten la conectividad con Tocopilla, recrean las
fiestas locales, tales como el aniversario del puerto salitrero, el 29 de septiembre.
A su vez, la comunicación fluida, ha permitido la cooperación y filantropía con los
tocopillanos que requieren implementos e insumos de salud. Igualmente, es
permanente la ayuda económica hacia instituciones altruistas 48. Del mismo modo,
cada uno de ellos ha regresado a Tocopilla en alguna fecha relevante, ya sea para
desfilar en el aniversario de la ciudad, o visitar familiares, o bien, viajar en enero y
48
Un buen ejemplo de cooperación de estos tocopillanos residentes en Suecia, es la institución ADAEC
(agrupación de ayuda al enfermo de cáncer) institución que, en gran parte, financia sus actividades en base a
las permanentes remesas enviadas desde Suecia. En el año 2012, la institución ha atendido a más de 400
fallecidos por cáncer, en un ciudad saturada ambientalmente (Galaz-Mandakovic, 2011).
131
febrero para superar el riguroso invierno sueco (Alegría, 2012). En esta conexión,
en el ir y venir, que experimentó Tocopilla con Norrköping, se ha configurado una
descendencia de suecos con padres tocopillanos, siendo la tocopillaneidad un
rasgo fuerte, consolidado y melancólico, practicado a través de la cotidianidad y,
quizá, la configuración de un discurso expresivo del mito del retorno. En ese
sentido, la eventualidad del retorno, con independencia de su ejecución, viene a
generar una particular memoria y expectativas respecto de los contexto de origen,
que como sabemos no siempre guardan relación con las transformaciones que
éstos sufren (Garcés, 2003). Se demuestra del mismo modo, practica que
expresan transnacionalidad, como una forma de extender la patria original,
dislocando así los paradigmas positivistas estructuralistas y funcionalistas que
sólo se orientaban hacia la asimilación y aculturación de los migrantes
(Moctezuma, 2008). En el decir de un quinteto de historiadores nacionales
(Correa; Jocelyn-Holt, et al, 2001:318), apuntan a que,
"...si se trata de conocer el alcance que podría cobrar el
exilio en cadena, ningún ejemplo es más ilustrativo que el
de Tocopilla. (…) con la llegada de nuevos tocopillanos se
continuó y acrecentó la magnitud migratoria, al punto que
después de 3 a 4 años, gran parte del pueblo residía en
Norrköping, desde panaderos y empleados municipales
hasta prostitutas. Lo notable es que ahí se reprodujo, con
alteraciones muy menores. El orden cotidiano de la vida
tocopillana previa al golpe, toda vez que propendieron a
reconstituir jerárquicamente políticas y las divisiones de
los trabajos originales. El caso del basurero municipal de
Tocopilla que pasó a desempeñarse en una empresa de
compresión de basura, tipifica una tendencia general a
ocuparse en actividades análogas a las realizadas antes
de emigrar. Como era de suponer, la presencia de esta
comunidad de Chilenos, paisanos en sentido estricto, ha
dejado su impronta en la vida de Norrköping, pueblo que
hoy ostenta calles alusivos a Chile"(Correa; Jocelyn-Holt,
et al, 2001:319).
El tema de los tocopillanos en Norrköping está trazado a modo exploratorio para el
incentivo de un estudio más acabado y detallado sobre la presencia de
tocopillanos en Suecia, no obstante, la identificación no debiese ser tan
generalizada como lo fue el censo realizado en el año 2005 por el Instituto
Nacional de Estadística (INE) junto con la Dirección de Chilenos en el Exterior
(DICOEX), que sólo identificó “chilenos” sin considerar sus ciudades de origen
132
natal o de procedencia. Omitiendo, quizá involuntariamente, la indagación sobre
estos fenómenos específicos 49.
Finalmente, podemos afirmar que existe una conexión de sentido entre la
inmigración internacional que alcanzó Tocopilla en la primera mitad del siglo XX y
la existencia en la actualidad de flujos migrantes que parten de Tocopilla hacia
otros puntos del globo, en la restante mitad del mismo siglo. Ésta migración ayudó
a constituir un imaginario migrante entre los que viven en Tocopilla, lo que les
dispuso de un capital social específico en relación a la migración ,y que luego
ayuda a dar forma y contenido a las migraciones que los tocopillanos realizan en
la segunda mitad del siglo XX. En ese sentido, hemos dado cuenta de
experiencias sociales de un pasado no tan distante, de un pasado vivido, en un
referente empírico experimentado por la comunidad, que luego son recuperadas
en un mundo global. Se podrá rebatir a través de la afirmación que, las fuerzas de
la globalización pueden haber facilitado esta “internacionalización” de Tocopilla
hacia el norte de Europa. No obstante, también es innegable que las personas no
hubiera migrado si no fuera por la diversidad vivida en la cotidianidad local, a la
postre derivador de una historia local significativa, de ser una ciudad de
inmigrantes y de desplazados.
Desde este enfoque, nos aproximamos a una perspectiva histórica con la
explicación de los procesos del presente; de un imaginario que explica lo local por
lo global y lo global por lo local.
Agradecimientos: a la Dra. Menara Lube Guizardi, por sus pacientes lecturas,
indicaciones y valiosas sugerencias.
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ENTREVISTAS CITADAS
J.A.
2012 (Anónimo) Tocopillana, de 78 años,. Jubilada, laboró durante toda su vida
en empresa vinculada a la exportación de salitre. Entrevista realizada en
Tocopilla, en marzo de 2012.
Alegría, Ismael.
2012 Tocopillano nacido en 1953. Residente en Norrköping desde la década del
70. Topógrafo. Entrevista realiza en Tocopilla en julio de 2012.
Aste, Dino.
2011 Tocopillano, nacido en 1930, empresario jubilado y dirigente social, hijo de
italianos. Entrevista realizada en Tocopilla en diciembre del 2011.
Barrera, Amelia.
2007 Ovallina, nacida en 1911, fallecida en 2010. Dueña de casa y residente en
Tocopilla desde 1929 hasta 2010. Entrevista realizada en Tocopilla en
febrero 2012.
Choc, Jorge
2011 Viñamarino, nacido en 1970. Descendiente de serbios. Entrevista realizada
vía on line en octubre del 2011.
Fernández, Sergio
2010 Tocopillano, nacido en 1930. Jubilado, toda su vida estuvo vinculado a
empresa exportadora de salitre. Entrevista realizada en Tocopilla en
diciembre del 2010.
136
Garafulic, Fanny
2012 Nacida en Antofagasta en 1930, residente en Tocopilla desde 1951.
Descendiente de croatas, profesora con cargos directivos jubilada.
Entrevista realizada en Tocopilla en abril de 2012.
Gho, Wolfang
2009 Nacido en Santiago, descendiente de italianos. Trabajador en el área
minera. Entrevista realizada en Tocopilla en agosto del 2009.
Martínez, Gonzalo
2009 Tocopillano nacido en 1940, fallecido en septiembre 2011. Investigador
autodidacta de la historia local, recopilador fotográfico y documental.
Entrevista realizada en Tocopilla en diciembre 2009.
Sore, Yanko
2012 Tocopillano nacido en 1964, empresario hotelero y gastronómico, nieto de
Pedro Soré Bertivecic. Entrevista realiza en agosto 2012.
Vucina, Desanka
2009 Tocopillana, descendiente de croatas, empresaria jubilada. Entrevista
realizada en Tocopilla en marzo del 2009.
ARCHIVOS CONSULTADOS
-
Archivo Gobernación de Tocopilla.
Archivo Cámara de Diputados. Disponible en http//historiapolitica.cl. Acceso
Mayo 2012
Instituto Nacional de Estadísticas, Datos Censo (2002) Gobernación Provincial
De Tocopilla.
Archivo La Estrella de Tocopilla, Diario “La Prensa De Tocopilla”, Ediciones de
Octubre 1982.
Recibido: 01 de junio de 2012
Aceptado: 06 de septiembre de 2012
137
MIGRACIONES TRANSNACIONALES Y POLÍTICAS DE REPRESENTACIÓN
EN ESPAÑA: LOS DISCURSOS SOBRE COLECTIVOS LATINOAMERICANOS
EN DOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN DIRIGIDOS A MINORÍAS MIGRANTES
Gregory Dallemagne 1, Lucía Echevarría Vecino 2 y Alicia Ferrández Ferrer 3
Este artículo se centra en el análisis de las políticas de representación de la
migración de origen latinoamericano en dos medios de comunicación “para
minorías” producidos en España. Los medios de comunicación de minorías
migrantes intervienen en un espacio público que no es sólo nacional, sino
transnacional, de modo que el análisis del contenido de estos medios nos permite
poner de manifiesto las dinámicas de poder existentes en el campo migratorio
transnacional. Nuestro análisis pone así de relieve cómo las luchas de poder
imperantes en este campo hacen que se privilegien y se exacerben determinados
significados al tiempo que se invisibilizan otros.
Palabras-Clave: Migración, Políticas de representación, Medios de Comunicación,
Colectivos Latinoamericanos, España
This article focuses on the analysis of the politics of representation of Latin
American migration in two media "for minorities" produced in Spain. The media
migrant minorities interfere in a public space that is not only national, but
transnational, so the content analysis of the media allows us to highlight existing
power dynamics in transnational migrant camp. Our analysis highlights how
prevailing power struggles in this field results in the privilege of certain meanings
while invisible others.
Keywords: Migration, Policies of Representation, Media, Latin American Collective,
Spain
1
Gregory Dallemagne es doctorando en Antropología, personal docente e investigador en formación del Dpto.
de Antropología Social de la Universidad Autónoma de Madrid, se formó en Estudios Internacionales en la
Université de Montréal. Sus intereses de investigación son: migración, juventud, identidades y parentesco.
Miembro del LAAP (UCLouvain). Email: [email protected]
2
Lucía Echevarría Vecino es doctoranda en Antropología, personal docente e investigador en formación del
Dpto. de Antropología Social de la Universidad Autónoma de Madrid; licenciada en Filosofía (Universidad de
Deusto) y en Antropología (Universidad Autónoma de Madrid). Sus temas de investigación se centran en el
género, la migración y las relaciones intergeneracionales. Email: [email protected]
3
Alicia Ferrández Ferrer es doctoranda en Antropología, personal docente e investigador en formación del
Dpto. de Antropología Social de la Universidad Autónoma de Madrid; licenciada en Antropología Social y
Cultural (Universidad Miguel Hernández) y en Humanidades (Universidad de Alicante). Sus investigaciones se
centran en medios de comunicación, migración y sujeto político. Email: [email protected]
138
INTRODUCCIÓN 4
Nuestro análisis parte de la consideración de los medios de comunicación como
constitutivos del espacio público en un sentido habermasiano, es decir, de
articulación y negociación de los asuntos políticos y sociales. Concebimos la
esfera pública como espacio de lucha por la imposición de significados
hegemónicos, o como lo define Bourdieu, “por la imposición del principio
dominante de visión y división” (2005: 36).
En esta lucha, el discurso desempeña un papel relevante en la reproducción de la
desigualdad social, al tiempo que tiene un enorme potencial para el cambio social,
a través de la construcción de imaginarios (Van Dijk, 2003, 2007) que ofrecen una
determinada representación de la realidad. La representación se refiere al
lenguaje usado para asignar significados a grupos y sus prácticas sociales,
acontecimientos, condiciones sociales, objetos. Las políticas de representación
aluden a la competición entre grupos por la imposición de significados, es decir,
por definir cuál ha de ser tomada como la representación correcta, apropiada,
preferente (Wenden, 2005).
Los estudios realizados desde finales de los años 90 respecto a las políticas de
representación de la inmigración en los medios generalistas españoles han venido
a mostrar la existencia de una polaridad representativa del migrante, que oscila
entre la representación negativa (imagen conflictiva, como terrorista, como
delincuente, amenaza del orden público, usurpador de puestos de trabajo) y la
representación caritativa y paternalista (el migrante como víctima de abusos, de la
trata, de las mafias) (Álvarez, 2002; Lario, 2006; Martínez, 2010; Retis, 2006;
Santamaría, 2002). Los/as migrantes se sienten en general insatisfechos/as con
este tipo de discursos mediáticos, y los consideran responsables, en parte, del
trato que reciben por parte de la sociedad receptora (Díaz, 2006). Pero la
emergencia de medios de comunicación específicos dirigidos al público migrante
(desde ahora “medios para/de minorías migrantes”) ha abierto la puerta a la
construcción de mensajes alternativos en los que los/as migrantes adquieren
protagonismo, en contraposición a la “exclusión discursiva” de que son objeto en
los medios generalistas (Herzog, 2011). De hecho, una de las motivaciones
expresadas por muchos directores de medios de minorías para poner en marcha
nuevos proyectos mediáticos es precisamente contrarrestar este tipo de imágenes
sesgadas, estereotipadas y a menudo criminalizadoras que difunden los medios
de comunicación generalistas (Ferrández Ferrer, 2009).
4
El trabajo aquí presentado se enmarca en el proyecto I+D+I “Políticas de representación en campos
migratorios transnacionales. Producción, difusión y consumo de contenidos mediáticos en el contexto
migratorio” (CSO2008-03022), financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación de España y dirigido por la
Dra. Liliana Suárez Navaz (Universidad Autónoma de Madrid).
139
Ahora bien, estos medios no son ajenos a las dinámicas, luchas y negociaciones
que se producen tanto en el campo mediático como en el campo social. Es
importante señalar que la agencia de ciertos sectores en la lucha por el poder no
implica su emancipación de la estructura del campo en que se encuentran. De
modo que las prácticas y discursos alternativos no siempre buscan deconstruir lo
hegemónico, sino más bien luchar por el poder dentro del “espacio de
posibilidades” (Bourdieu, 1997: 53).
Partiendo de esta premisa, nuestro objetivo es analizar aquí las políticas de
representación predominantes en dos medios para minorías migrantes surgidos en
España en la última década, Latino y Sí se puede, con un doble interés. Por un
lado, proponemos mostrar en qué medida los discursos de estos medios
constituyen alternativas al discurso dominante sobre colectivos migrantes
latinoamericanos en España. Por otro lado, analizaremos hasta qué punto estas
políticas de representación difieren o están en consonancia con otras estructuras
hegemónicas globales (políticas, económicas, de género). Este análisis es
pertinente puesto que no podemos asumir que una “inclusión discursiva”, o una
visibilización de los colectivos migrantes en la esfera pública nacional, signifique
una representación contra-hegemónica en otros niveles.
LOS MEDIOS ANALIZADOS
Desde mediados de los 2000 se ha asistido en España a la emergencia de una
gran variedad de medios de comunicación producidos por, y dirigidos a, colectivos
migrantes. Su emergencia guarda relación con los flujos migratorios, así como con
un cambio en la concepción del migrante, que pasa de ser considerado
únicamente como mano de obra, a convertirse en un consumidor potencial de
primer orden. También el desarrollo de las tecnologías de la información y la
comunicación, y la liberalización general del mercado, han influido en la actual
diversificación y complejización del campo mediático al que tienen acceso las
comunidades migrantes en todo el mundo.
Nuestro análisis se circunscribe a los periódicos semanales Latino y Sí se puede,
las dos publicaciones líderes en el sector de medios para minorías migrantes en
España (ACPI, 2008), con 430.900 y 231.600 lectores semanales,
respectivamente. Estas publicaciones tienen características en común: son
semanales y de distribución gratuita; se financian principalmente gracias a la
publicidad; y tienen tres ediciones diferenciadas geográficamente (Madrid,
Cataluña y Levante). Un dato a destacar es que ambos periódicos han nacido por
iniciativa de grupos empresariales españoles, si bien la mayoría de los periodistas
140
que trabajan en ellos proceden de los mismos países que sus lectores. Con esta
estrategia se trata de llegar mejor al público, al compartir unos referentes
lingüísticos y culturales, así como una determinada forma de hacer periodismo. El
público objetivo al que se orientan estas publicaciones no es exactamente el
mismo, aunque se superpone en gran medida: Latino se dirige a un público
exclusivamente latinoamericano, mientras que Sí se puede amplía al conjunto de
los colectivos migrantes, incluyendo noticias en otros idiomas (árabe y rumano,
principalmente). En nuestro análisis nos centraremos en el elemento común, que
es la representación de los colectivos migrantes latinoamericanos.
Nuestro análisis se basa en una revisión de contenidos publicados durante un
periodo de doce meses, entre el 16 de junio de 2008 y el 15 de junio de 2009. En
total se seleccionaron, registraron y analizaron más de 2.000 noticias. La selección
de los textos e imágenes se hizo en base a tres ejes temáticos principales. El
primero hace referencia al ámbito político, recogiendo no sólo las informaciones
sobre política convencional (a nivel local, regional, nacional o transnacional) sino
también todas aquellas informaciones sobre reivindicaciones o actuaciones
políticas de los migrantes; este eje se centra en la cuestión de la inclusión
discursiva de los/as migrantes en la esfera mediática nacional, y en su
presentación como sujetos políticos. Los dos siguientes profundizan en el modo en
que son representados los colectivos migrantes. En primer lugar, se lleva a cabo
un análisis de las representaciones culturales e imágenes identitarias
incorporadas, y en segundo lugar, se analizan las representaciones de género.
Nos adentramos a continuación en el análisis de contenido de cada uno de los
ejes 5, para ofrecer al final del artículo una reflexión general sobre las cuestiones
planteadas en la introducción.
LA REPRESENTACIÓN DEL MIGRANTE COMO SUJETO POLÍTICO
Un análisis de las informaciones publicadas por Latino y Sí se puede en sus
secciones dedicadas a la información nacional (referida a España) e internacional
(referida a los países de origen) muestra que el periodo 2008-2009 fue
particularmente interesante en el terreno de la comunicación política. En este
ámbito, las diferencias respecto a la prensa generalista son principalmente dos. En
primer lugar, en los medios para minorías la información de tipo político se
caracteriza por responder a un marco de referencia más complejo, que incluye el
5
Un análisis pormenorizado de cada uno de los ejes temáticos aquí presentado se puede leer en Dallemagne
(en prensa), Echevarría y Bruquetas (en prensa), y Ferrández (en prensa). Cabe destacar el carácter pionero
de este trabajo, pues a excepción de los trabajos de Mendieta (2009, 2010), el análisis de discursos de los
medios para minorías migrantes es una línea de trabajo todavía no desarrollada en España.
141
contexto nacional de origen, el contexto nacional español, el contexto infranacional (regional, local, barrial), y también el ámbito supranacional (Unión
Europea, Mercosur).
En segundo lugar, si en la prensa generalista el migrante aparece como un sujeto
pasivo sobre el que se debate, se legisla, se regula, en los medios para migrantes
éste es representado como un sujeto político activo que tiene voz y voto. Es un
sujeto que participa políticamente 6 en la sociedad, tanto en la de destino como en
la de origen, a través de las denominadas “prácticas políticas transnacionales” (ver
Østergaard-Nielsen, 2003). Y esta participación política se produce tanto en el
nivel de la participación convencional como en el nivel de la participación no
convencional. Claro está que los modos de participación política de los migrantes
dependen mucho de la estructura de oportunidades políticas presente en cada
sociedad, que sería el resultado de mecanismos de inclusión y exclusión
desarrollados por los estados (de origen y de residencia) y sus sistemas políticos.
Como destaca Martiniello,
“Garantizando o denegando el derecho al voto a los
extranjeros, facilitando o impidiendo el acceso a la
ciudadanía y la nacionalidad, garantizando o restringiendo
la libertad de asociación, asegurando o bloqueando la
representación de los intereses de los migrantes, y
estableciendo o no escenarios e instituciones para la
política consultiva, los estados abren o cierran las vías
para la participación política de los migrantes, y les
proporcionan más o menos oportunidades para la
participación en la gestión de los asuntos colectivos”
(Martiniello, 2005: 6).
Bajo el epígrafe de “participación política convencional” se incluyen aquellas
prácticas políticas que se corresponden con las instituciones de la democracia
representativa: votar, participar en campañas electorales, actividades cooperativas
de ámbito local, asociacionismo, afiliación partidista, contactos con políticos, etc.
(Anduiza y Bosch, 2004). Durante el periodo analizado, los periódicos informaron
de procesos electorales en diferentes países de origen, que empujaron a muchos
de los candidatos a viajar hasta España para visitar y hacer campaña entre sus
compatriotas migrantes; también se celebraron elecciones al Parlamento Europeo,
6
Desde las ciencias políticas, la participación política es definida como “cualquier acción de los ciudadanos
dirigida a influir en el proceso político y en sus resultados. Estas acciones pueden orientarse a la elección de
los cargos públicos; a la formulación, elaboración y aplicación de políticas públicas que éstos llevan a cabo; o
a la acción de otros actores políticos relevantes. La participación política requiere por tanto de un
comportamiento observable llevado a cabo en un ámbito público o colectivo por parte de un ciudadano para
ser considerada como tal” (Anduiza y Bosch, 2004: 26-27).
142
que motivaron una llamada a la participación de aquellos migrantes ya
nacionalizados o procedentes de países de Europa del Este; y también fue en este
momento cuando el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero
promovió el derecho al voto de las personas migrantes en las elecciones
municipales y autonómicas que habían de celebrarse en mayo de 2011. El análisis
de la cobertura mediática de tales procesos pone de relieve el carácter
transnacional de las migraciones contemporáneas, así como el creciente interés
tanto de los países de origen como de los de destino por impulsar y mantener los
vínculos con esta población móvil, cuya importancia económica y política es cada
vez más reconocida y potenciada (ver Imagen 1).
Imagen 1. "Los bolivianos podrán votar aunque vivan en el extranjero", Latino, nº 200, p. 6
La participación de los/as migrantes en procesos electorales en el exterior suele
ser reducida, pero esto no debe interpretarse como apatía o pasividad política.
Los/as migrantes han demostrado ser muy activos en el ámbito de la “participación
política no convencional”. Este tipo de participación política no utiliza los canales
de participación institucionalizados, y se caracteriza por ser irregular, específica y
poco frecuente (Anduiza y Bosch, 2004: 28-29). La participación política no
convencional incluye boicots, objeción de conciencia e insumisión, ocupación de
edificios, bloqueos al tráfico, recogida de firmas, sentadas y manifestaciones, etc.
143
Si atendemos a las noticias relativas a este tipo de participación política
publicadas por Latino y Sí se puede, encontramos que los medios se hicieron eco
de multitud de situaciones que motivaron a los/as migrantes a salir a las calles y
expresar así su descontento ante las políticas adoptadas o sus demandas de
extensión de derechos. A nivel supranacional, destaca el seguimiento informativo
de la Directiva Europea de Retorno de Inmigrantes (aprobada el 18 de junio de
2008) conocida como “La directiva de la vergüenza”, que ocasionó la reforma de
las leyes de extranjería de todos los países europeos para adaptarse a la nueva
norma. La repercusión política y social, y la contestación popular a esta reforma
ocupó un lugar destacado en los medios para migrantes, que difundieron y
apoyaron las distintas manifestaciones de protesta ante el endurecimiento de una
ley que ya se percibía como muy restrictiva de los derechos y libertades de las
personas migrantes (ver Imagen 2).
Imagen 2. "Setecientos kilómetros a pie contra la Ley de Extranjería", Latino, nº 236, p. 1
A nivel nacional, si bien algunas de las protestas se produjeron como respuesta a
medidas adoptadas en los países de origen −es el caso de la reforma de la
Constitución ecuatoriana−, en general las protestas se vincularon a las
condiciones vividas en España. La mayoría de las protestas se debieron a
cuestiones que afectan a la población en general, como son el paro, la educación,
la salud sexual y reproductiva, o el pago de las hipotecas. En estos casos, se
visibiliza a través de demandas concretas una lucha más profunda y de mayor
recorrido, que es la lucha por la extensión de derechos, especialmente de
derechos sociales. Pero encontramos también demandas relacionadas
directamente con la condición de migrante en España, que no sólo han contado
con el apoyo de organizaciones civiles españolas, sino también de los propios
144
medios para migrantes. El seguimiento mediático de las demandas, la difusión de
las convocatorias, y el seguimiento de sus resultados, es una muestra de
posicionamiento de los medios, como también lo es el tipo de titulares y viñetas
satíricas que acompañan a estas noticias.
Así, durante este periodo Latino y Sí se puede le prestaron mucha atención a la
reforma de la Ley de Extranjería, las condiciones de vida en los Centros de
Internamiento de Extranjeros (CIEs), o el descubrimiento de la existencia de cupos
de detención de inmigrantes, todos ellos motivos que empujaron a los colectivos
migrantes a organizarse y protestar abiertamente contra el gobierno. Las acciones
reportadas por los medios incluyeron manifestaciones, marchas, recogidas de
firmas, vigilias de apoyo e incluso huelgas de hambre. La cobertura mediática de
este tipo de acciones colectivas de protesta constituye, según Isidoro Cheresky
(2000, en Mata, 2006), una garantía de su condición ciudadana.
Con excepción de la representación mediática de la participación en procesos
electorales de los países de origen, se observa un discurso tendente a la
disolución de los nacionalismos, para construir una “comunidad imaginada”
(Anderson, 1993), una nueva identidad basada en su carácter migrante, partiendo
de que a pesar de las diferencias, los/as migrantes comparten una serie de
características y problemas comunes que sólo pueden ser contrarrestados
mediante la unión de fuerzas. Observamos una tendencia a silenciar o criminalizar
las reivindicaciones de grupos étnicos particulares en los países de origen,
especialmente en relación a las poblaciones indígenas. Este silenciamiento se
traslada también al ámbito español.
Imagen 3. Viñeta en conmemoración del 60 Aniversario de la Declaración Universal de
Derechos Humanos. Sí se puede, nº 215, p. 2
145
El discurso mediático muestra reivindicaciones que demandan derechos y
reconocimiento en tanto que seres humanos: la cobertura de estas informaciones
tiende a utilizar el discurso de los derechos humanos, y palabras recurrentes son
“dignidad” o “respeto”. Se tiende así a desvincular la ciudadanía sustantiva
(conjunto de derechos civiles, políticos y especialmente sociales), de la ciudadanía
formal (pertenencia a un estado-nación) (Marshall (1998 [1950]). Lo cual no impide
que, en las imágenes que acompañan a este tipo de reportajes, se puedan
observar las pancartas que demandan “derechos para todos” o “ningún ser
humano es ilegal”, junto a los símbolos patrios de los protagonistas de las
demandas. Ahora bien, las vindicaciones políticas de las “comunidades
imaginadas” se sustentan en la construcción de imaginarios (sobre la nación, la
comunidad, la etnicidad, la cultura, el género) cuya naturaleza política tiende a ser
invisibilizada por medio de la presentación de dichos imaginarios como elementos
“naturales”, “esenciales”, no construidos. Nuestro análisis requiere una
profundización en estos constructos, como proponemos a continuación.
LA REPRESENTACIÓN DE LAS IDENTIDADES CULTURALES “LATINAS”
En efecto, la “comunidad imaginada” se crea a través de la construcción de
identidades culturales que reagrupan a diferentes colectivos migrantes y
sobrepasan los marcos nacionales. Los procesos de construcción de las
identidades, en que persiste la negociación (Dallemagne y Montes Villar, 2007), se
transnacionalizan en contextos migratorios. Existen vínculos en la vida diaria de
los/las transmigrantes entre las sociedades de origen y de recepción, en los cuales
se generan identidades múltiples que, si pueden parecer contradictorias, son
representativas del esfuerzo que hacen para “manipular” dichas identidades y
acomodarse, pero también para resistir a su subordinación dentro del sistema
capitalista global (Basch, Glick Schiller y Szanton Blanc, 1992). En efecto, para
hacer frente a procesos discriminatorios, los colectivos migrantes estigmatizados
pueden llegar a elaborar identidades culturales a través de discursos y prácticas
que enfatizan su “otredad”. Como explica Espiritu (2001: 415) esta construcción de
identidades culturales les permite resistir a las demandas alienantes y
asimilacionistas y reafirmar su propio “ser” frente a subordinaciones coloniales de
clase, raza y género. En las comunidades latinoamericanas vamos a encontrarnos
con la construcción de una pan-etnicidad, es decir, una consolidación de
solidaridades que atraviesan los subgrupos de colectividades étnicas
−consideradas como homogéneas por los grupos exteriores−, que viven
condiciones estructurales comunes (discriminación racial y estigmatización).
Dichas condiciones tienden a generar más solidaridades que las propias
similitudes culturales (Lopez y Espiritu, 1990).
146
Los medios de comunicación analizados participan de la construcción de un
colectivo migrante latinoamericano a partir de bases que van más allá de las
identidades etnonacionales 7. Para su análisis crítico, recurrimos a la
deconstrucción que Stuart Hall y Néstor García Canclini realizan del concepto de
lo “popular” 8. Para García Canclini (1987), se suele entender lo “popular” de
distintas formas: como cultura tradicional, por un lado, y como cultura de masas
por otro, estando ambas concepciones relacionadas. En los medios analizados
encontramos efectivamente estos elementos: la “cultura tradicional” aparece
representada en las noticias sobre colectivos indígenas y sobre religión, donde se
destacan las prácticas particulares de cada región. Por otro lado, las noticias sobre
actividades religiosas enfatizan al mismo tiempo el carácter pan-nacional y de
masas de la religión cristiana. Finalmente, las noticias sobre música comercial
representan un consumo vinculado a la cultura popular de masas. Nos centramos
en ello a continuación.
CULTURA POPULAR TRADICIONAL: ESENCIALIZACIÓN DE LA CULTURA
INDÍGENA
La modalidad de representación de los colectivos indígenas latinoamericanos
revela elementos de particular interés. Nuestro análisis de prensa muestra dos
tendencias. En primer lugar, cuando dichos colectivos indígenas se sitúan en
América Latina, se muestran actividades políticas como manifestaciones o
reivindicaciones de derechos que, como señalábamos, tienden a ser o bien
silenciadas o bien criminalizadas por los medios. Aparece también un descontento
con los gobiernos de izquierda (estas noticias suelen aparecer en portada y
desarrollarse después a página completa, ver Imagen 4).
7
No hemos de confundir sin embargo el discurso de los medios con la autoafirmación por parte de los grupos
representados, ni presuponer que el impacto de ese discurso en los individuos será decisivo para la
afirmación de sus identidades.
8
Hall explica que en Inglaterra lo popular vivió un proceso de reforma a partir del siglo XVIII que transformó lo
tradicional en “algo nuevo”, para ver aparecer una nueva cultura popular basada en la cultura de masas. Así,
por ejemplo, explica cómo la creación de un nuevo tipo de prensa popular y comercial dirigida a un público
más general que incluía a las clases populares, “hizo necesaria la reorganización completa de la base y la
estructura capitalistas de la industria cultural; el aprovechamiento de nuevas formas de tecnología y
procedimientos de trabajo; la instauración de nuevos tipos de distribución que funcionasen a través de los
nuevos mercados culturales de masas” (1981: 479-480).
147
Imagen 4. "Nos sentimos frustradísimos", Latino, nº 212, p. 1
Al mismo tiempo, se hace hincapié en la comercialización de la “cultura indígena”
a través de reportajes sobre “mercados indígenas”. En segundo lugar, cuando las
noticias se refieren a colectivos indígenas en España, además de destacar la
comercialización de los productos tradicionales, se representa la cultura indígena
de manera superficial y se invisibilizan las reivindicaciones de los colectivos
migrantes. Así, por ejemplo, aparecen en fiestas, donde se enfatizan los aspectos
visibles (danza, trajes, gastronomía, etc.) y donde apenas se mencionan las
reivindicaciones que están en la base de gran parte de estas celebraciones. Nos
consta, sin embargo (pues lo muestran nuestros datos etnográficos) que dichas
reivindicaciones se producen y son presentadas a menudo ante delegados/as
políticos presentes en este tipo de eventos. Esta comercialización y
representación superficial de las culturas indígenas puede ser ubicada en el marco
global de comercialización de la cultura popular-tradicional que se integró en la
construcción transnacional del mercado en el capitalismo tardío, a través de una
re-significación de lo artesanal (Clifford, 1995). Dicha construcción supuso, en
efecto, transformaciones tanto a nivel político como a nivel económico y cultural.
Una evolución de lo artesanal y tradicional fue necesaria para la transformación de
la cultura popular en cultura de masas (Hall, 1981). La representación pannacional de las identidades culturales latinoamericanas utiliza muchos de estos
elementos. Volveremos sobre este punto en las conclusiones.
DE “LO TRADICIONAL” A LAS MASAS: REPRESENTACIÓN DE LA
DIMENSIÓN RELIGIOSA
En ambos periódicos aparece un número significativo de noticias de contenido
religioso. Centrándonos en aquellas referidas al colectivo latinoamericano,
notamos una representación pan-nacional de la identidad religiosa,
148
particularmente visible en las noticias referidas a la celebración de la Semana
Santa (Imagen 5).
Imagen 5. "Latinoamérica mostró su devoción, Latino, nº 209, p. 6
Esta representación mediática denota una cierta homogeneización de la práctica
de la fe, aunque se hace referencia a los colectivos nacionales y a sus “creencias
particulares” (sin mayor elaboración). En estas noticias, se aprecia la presentación
de algunas vírgenes con una mención a su origen regional, y a veces étnico, y se
hace uso de la categoría “nuestros países” para hablar de la devoción en
Latinoamérica. La carga emotiva de las palabras (devoción, fe, entrega a Dios,
expiación de los pecados con las flagelaciones, latigazos, “esa enorme devoción
que se respira por nuestros países por Semana Santa”, ver Imagen 5) se ve
corroborada por las imágenes que acompañan a los reportajes, que vienen a dar
“realidad natural” a los hechos.
Este afán homogeneizador se aprecia también, por un lado, en la invisibilidad de
otras opciones religiosas, como es el caso de la religión evangélica, totalmente
ausente de estos medios y sin embargo con una fuerte presencia en América
Latina y en los colectivos migrantes latinoamericanos en Europa. Y por otro lado,
en la representación superficial de grupos sincréticos (como los Saraguros del sur
del Ecuador), obviando además el carácter contestatario de las religiones
sincréticas (que han sabido adaptarse a las religiones hegemónicas de la
colonización, transgrediendo la ortodoxia a través del mantenimiento de sus
prácticas), y reduciendo a dichos grupos sincréticos a “particularidades” regionales
o nacionales de una misma y única fe: el catolicismo latino.
149
La representación de la dimensión religiosa establece puentes entre la cultura
popular tradicional y la cultura popular de masas, puesto que incluye elementos de
ambas. Por un lado, la cultura popular de masas apela a la memoria de la
colonización, que representa el imaginario de una historia común. Así, por
ejemplo, los medios representan a la religión cristiana como procedente de
España, llegada a América Latina, y de vuelta otra vez a España: “La religión
católica viajó a América en barco y regresó a España en avión con los
inmigrantes” (Imagen 6). Por otro lado, se construye el imaginario de una cultura
popular tradicional a través de la base amerindia común: los medios presentan las
particularidades religiosas de los distintos grupos étnicos dando a entender que
cada país conserva un referente tradicional de su identidad étnica precolombina.
Las particularidades regionales se presentan incluyéndolas en realidades
nacionales, usando el estado-nación como base para construir esa amalgama de
diferentes estados naciones que comparten “una misma” fe cristiana “latina”.
Imagen 6. "Se reza con acento latino", Latino, nº 208, p. 1
CULTURA POPULAR DE MASAS: LA “MÚSICA COMERCIAL” COMO MÚSICA
“LATINA”
En el espacio de consumo articulado por la industria cultural, la cultura popular de
masas predomina gracias a la construcción del colectivo migrante como mano de
obra transnacional, pero también como consumidor de diversión. El análisis de
noticias referidas a la música pone de relieve la representación de un consumo
musical vinculado a la cultura popular de masas. En Latino y Sí se puede, la
información referida a bandas y músicos latinoamericanos, artistas adorados y
150
queridos “por todos los latinoamericanos” en España (noticia: “Marco Antonio Solís
está arrasando con ‘No molestar’”, Latino nº 188, p. 25), apenas hace referencia a
estilos “de base” como la cumbia, los sanjuanitos, la “música nacional”
ecuatoriana, la salsa, el vallenato o los “ritmos tropicales” (según se denominan en
Suramérica) surgidos en las regiones del Caribe. Estos estilos “de base” cuentan
con una gran aceptación entre los/as migrantes, según muestran los datos
etnográficos, y sin embargo, los medios publican principalmente imágenes de
grupos o artistas de “música comercial”, emanados de la industria cultural, que
delinean un determinado imaginario del éxito. En estos reportajes, los artistas
exitosos se muestran en escenarios que denotan un estilo de vida muy
acomodado; un imaginario que está en gran medida vinculado al ideal burgués del
“sueño americano”, de movilidad social y éxito profesional (Imagen 7) 9.
Imagen 7. "Jorge Villamizar", Latino, nº 203, p. 14
Vemos entonces que a través de la construcción de lo popular por medio de la
articulación entre tradición y cultura de masas, los dos medios proponen cierta
interpretación de la identidad cultural “latina”. Dicha identidad se basa en la
existencia de sujetos que tienen una doble condición: la de migrante, y la de sujeto
poscolonial (proveniente de la colonización del continente latinoamericano por
España). Así, “lo latino” integra un imaginario pan-nacional dotado de una base
identitaria indígena (tradicional) común, una historia colonial compartida que da
9
En Latino, nº 203, podemos ver una noticia sobre Jorge Villamizar, antiguo músico del grupo Bacilos, banda
de Pop que fue promovida por la Warner Music Latina y que ganó un Grammy en 2002 como “Best Latin Pop
Album”.
151
lugar a prácticas religiosas comunes, y una cultura musical (de masas) pannacional. Al mismo tiempo, como ya adelantábamos, la construcción de los/as
migrantes como sujetos políticos, y la construcción de una identidad cultural
“latina”, se sustenta sobre determinadas representaciones del género. Le
dedicamos a continuación un tercer y último eje de análisis.
POLÍTICAS DE REPRESENTACIÓN DE GÉNERO
Nos adscribimos a la línea señalada por autoras como Anthias y Yuval-Davis
(1992), al considerar que la construcción de la nación, de la ciudadanía, del “sujeto
político” o de la cultura (“latina”, en este caso), están íntimamente imbricadas con
los constructos del género. Vamos a ver en qué sentido lo están en el contexto
que analizamos. Partimos, con Maquieira (2001), de la conceptualización del
género como construcción social y cultural que significa la diferencia sexual y la
convierte en desigualdad. Las representaciones constituyen elementos centrales
en dicho constructo. Como señalan Del Valle et al.,
“[Las
representaciones]
constituyen
elaboraciones
simbólicas no sólo visuales sino también discursivas
acerca de las relaciones entre hombres y mujeres y su
lugar en la sociedad […]. Constituyen el conjunto de
ideas, creencias y significados a través de los cuales cada
sociedad en un tiempo histórico concreto define los
atributos sociales y psicológicos, así como los
estereotipos de los grupos sociales en cuestión. Las
representaciones de género poseen, por consiguiente,
una dimensión simbólica que afecta y es afectada por la
división del trabajo, afecta y es afectada por las
estructuras de poder y asimismo contribuye a la
construcción de las identidades subjetivas” (Del Valle et
al., 2002: 28).
A menudo se ha representado el género de modo dicotómico, vinculando a las
mujeres con la naturaleza, lo doméstico, el sentimiento y la reproducción, y a los
varones con la cultura, lo público, la razón y la producción (Maquieira, 2001). Si
bien no son universales ni transhistóricas, estas representaciones constituyen
versiones estereotipadas muy frecuentemente asumidas en distintos contextos
sociales y culturales, a las cuales, como veremos, estos medios no se sustraen.
152
Vamos a detenernos en las representaciones de género sobre el colectivo
latinoamericano en relación a los dos ejes anteriormente analizados: la dimensión
del “sujeto político”, y la dimensión de la identidad cultural “latina”.
LA CONSTRUCCIÓN GENERIZADA DEL “SUJETO POLÍTICO”
En las contenidos, ya mencionados, sobre procesos electorales, conflictos
políticos, vindicaciones sociales y ciudadanas (en los contextos de origen o
destino), vulneración de derechos de la personas migrantes, o conflictos políticos
en origen, observamos una dicotomía clara en la representación de varones y
mujeres: ellos aparecen ubicados en el ámbito público del poder y la toma de
decisiones, mientras que las mujeres son representadas en el dominio de la
domesticidad, la familia y la maternidad. Así, significativamente, aun cuando éstas
aparecen en cargos de responsabilidad, se las muestra en aquellos ámbitos de la
política más ligados, tradicionalmente, a los valores “femeninos”: lo social, lo
humanitario o la gestión de lo familiar.
Es digna de mención la representación constante de las mujeres migrantes en
calidad de madres, y es especialmente significativa la cuestión de la maternidad a
distancia. Como sobradamente ha mostrado la literatura académica sobre las
migraciones latinoamericanas, las mujeres viven largos periodos de separación de
sus hijos/as, que permanecen en origen. El envío de dinero y las cuestiones
económicas y laborales constituyen por lo tanto preocupaciones centrales en las
vidas de estas mujeres. Sin embargo, en los medios analizados, éstas aparecen
en un segundo plano, mientras el drama de la separación familiar aparece
hiperrepresentado 10 (ver Imagen 8).
10
En este sentido, Pedone (2008) se refiere la construcción de visiones homogéneas y estigmatizadoras de
las mujeres ecuatorianas que migran y “abandonan” sus roles maternales de cuidado. Analiza la dificultad que
estas representaciones generan para comprender los cambios y reorganizaciones familiares que en realidad
se producen en los procesos migratorios, y alude a los sentimientos culpabilizadores que estos discursos
generan.
153
Imagen 8. "Abrazos de felicidad y dolor", Latino, nº 193, p. 3
Son fundamentalmente los varones quienes son representados como
trabajadores. Las mujeres aparecen en cambio con mucha mayor frecuencia en
actividades formativas. Se reproduce así en cierta medida el discurso dominante
del varón como proveedor en la familia, que poco se corresponde con la realidad
de las migraciones latinoamericanas.
Incluso cuando enarbolan reivindicaciones, las mujeres son mostradas en calidad
de madres luchadoras y abnegadas. En estos contextos, tienden a ser los varones
quienes figuran como representantes de los colectivos migrantes. Su papel en “lo
público” es, en este sentido, central: la condición ciudadana o la potencial
ciudadanía aparece asociada fundamentalmente con ellos.
Un matiz diferenciador se muestra sin embargo entre ambos medios. Si bien Sí se
puede parece ofrecer, en principio, una visión menos estereotipada y más plural
de las mujeres, representadas en una diversidad de roles (profesionales, políticas,
en puestos de responsabilidad), un análisis más minucioso en términos de clase y
origen nacional pone de manifiesto que estas mujeres son, en realidad, políticas o
profesionales españolas, o bien presidentas o embajadoras de otros países. Las
migrantes tienden a aparecer, en este medio, como beneficiarias de las políticas
del estado o la comunidad autónoma receptora. Así, éstas son representadas, de
nuevo, como pasivas o receptoras y no como productoras. Se ofrece además, por
medio de este artificio, una visión asimilacionista de la integración, en la que se
acentúan los logros de las políticas del contexto de recepción, que se atribuye los
“méritos de la integración”. Como parte de esta modalidad de representación, las
mujeres del contexto receptor se presentan como exitosas y empoderadas (las
que “otorgan” beneficios) frente a la dependencia de las migrantes.
154
IDENTIDADES CULTURALES “LATINAS” GENERIZADAS
A menudo se ha señalado cómo la representación de las mujeres tiene un papel
central en el mantenimiento de las identidades étnicas o nacionales (Anthias y
Yuval-Davis, 1992; Anzaldúa, 2004; Echevarría, 2011a, 2011b; Maquieira, 1999).
En nuestro análisis de estos medios observamos que, en este terreno, las mujeres
adquieren un lugar preeminente. Es así, por ejemplo, en las mencionadas
temáticas de índole religiosa. Es central su presencia y protagonismo en las
frecuentes noticias referidas a las procesiones de las vírgenes de los lugares de
origen. Más allá de los significados que puedan atribuirse a las vírgenes en
términos de “símbolos o metáforas culturalmente disponibles” (Maquieira, 2001),
que vehiculan mandatos de género (en este caso, virginidad, castidad y pureza
por un lado, maternidad por otro), las mujeres aparecen como sustentadoras de la
espiritualidad, la devoción y la emotividad de la comunidad de origen, como
corresponde también a las representaciones dominantes del género (Imagen 9).
Merece una mención el hito que constituye el Día de la Madre. Se recogen en este
día un sinfín de noticias e “historias de vida”, que refuerzan el imaginario de las
“mujeres latinas” en su faceta de madres luchadoras y sacrificadas, que renuncian
a la presencia de sus hijos/as con enorme sufrimiento. Al imaginario de la mujer
“tradicional”, maternal o virginal y sustentadora de la emotividad religiosa, se
añade otro tipo de representación contrapuesta, pero igualmente propia de un
orden patriarcal: la de la mujer-reclamo corporal. Así, son frecuentes las
referencias y las imágenes de cuerpos erotizados e híper-sexualizados, en
festividades de diversa índole, y en especial, en las fiestas de elección de
“Misses”. Se representa aquí el “orgullo nacional” o “latino” a través de las
mujeres, esta vez en un rol ornamental y centrado en los supuestos deseos
masculinos (Imagen 10).
155
Imagen 9. "Devoción a la 'madre espiritual' de Dominicana, Latino,
nº 197, p. 6
Imagen 10. “Miss Eurolatina 2008
es puro voltaje”, Latino, nº 187, p. 1
De este modo, la construcción esencializada y reduccionista de la cultura y la
tradición de los lugares de origen, mencionada en el apartado anterior, se apoya
en representaciones de género de diversa índole, en función del contexto. La
versión más estereotipada de los roles de género predomina en el semanario
Latino. Éste enfatiza una versión acorde a una supuesta “cultura tradicional”,
étnica, nacional o pan-nacional “latina”, según los casos, cristalizada y encarnada
en las mujeres, supuestamente existente en los contextos de origen, y que
permanecería intacta en los contextos receptores pese a la migración (ver Imagen
11). Sí se puede no ofrece tampoco modelos alternativos. Si bien el énfasis no se
sitúa en la salvaguardia de las supuestas tradiciones de origen o en las virtudes
maternales de las migrantes, éstas aparecen también como representantes de una
cultura presentada, como ya señalábamos, en sus rasgos más superficiales.
156
Imagen 10. "¡Todos a Integra, la gran feria!",
Latino, nº 190, p. 1
REPRESENTACIONES
DE
GÉNERO,
ESTRUCTURALES Y RESISTENCIAS.
TRANSFORMACIONES
La presentación de las relaciones de género en general, y de las mujeres en
particular, responde, por tanto, a estereotipos, roles y atribuciones dicotómicas y
reduccionistas. Una primera interpretación puede hacerse en clave de resistencia
al cambio a través del orden discursivo. La insistencia del periódico Latino en la
representación de las mujeres desde los discursos de la maternidad, el sacrificio,
la salvaguardia de tradiciones y emociones colectivas, o bien de la encarnación
objetualizada de las naciones de origen, puede explicarse como una respuesta a
las potenciales transformaciones que las migraciones generan en los órdenes de
género. Si bien éstas pueden tener un potencial desestructurante de los órdenes
patriarcales, como diversas autoras han señalado (Pedone, 2008; Echevarría,
2010, 2011a, 2011b; Gregorio, 1998; Mahler y Pessar, 2006; Ramírez, 1998;
Suárez Navaz, 2004), se generan también resistencias, que muchas veces se
sitúan en el plano simbólico/discursivo (Bullen, 2000; Echevarría, 2011b). Por otra
parte, la idealización de las propias mujeres desde las versiones supuestamente
“tradicionales” del género puede también analizarse como una respuesta a la
subordinación y racismo que los/as migrantes padecen en los contextos
receptores, en varios planos (materiales y discursivos). En la competición por la
representación, los medios se apoyan en constructos y estereotipos de género, y
generan reactivaciones de las representaciones más patriarcales, como se ha
157
observado también en otros contextos (Echevarría 2010, 2011a, 2011b; SuárezOrozco, 2006).
En el periódico Sí se puede parece producirse un juego similar, pero en sentido
inverso. En este caso, la ausencia de modelos contra-hegemónicos en el caso de
las mujeres migrantes parece responder también a un intento de autorepresentación en positivo, pero esta vez por parte de la sociedad receptora.
Dicha estrategia de nuevo se sirve de los imaginarios de género, por medio de la
presentación de las mujeres autóctonas como profesionales emancipadas o
exitosas, situadas en una posición de superioridad, que se contraponen a la de las
migrantes, representadas de acuerdo a modalidades estereotipadas,
“tradicionales”, simplistas o exóticas y como receptoras de privilegios que el
contexto receptor supuestamente les otorgaría.
CONCLUSIONES: CONTINUIDADES Y CAMBIOS. LO ALTERNATIVO Y LO
CONTRAHEGEMÓNICO
Lo expuesto hasta ahora nos permite perfilar algunas conclusiones en relación a lo
que al inicio planteábamos: el carácter alternativo al discurso dominante sobre los
colectivos latinoamericanos que estos medios representan, por una parte, y el
potencial contra-hegemónico en relación a otros niveles de las estructuras
globales por otra.
No cabe duda de que la inclusión discursiva en la esfera mediática, así como la
representación de colectivos migrantes desde perspectivas diferentes a las de los
medios generalistas supone un cambio significativo. Como defiende Mata, al
margen de la interpretación que los medios hagan de sus demandas y reclamos,
“la presencia en la escena mediática otorga visibilidad y condición ciudadana,
significa su irrupción en el espacio público” (2006: 9). Ferry et al. (1998) han
designado a los medios de comunicación como “el nuevo espacio público”, y
señalan que, para que la repercusión social de actos y reivindicaciones
ciudadanas se produzca, es necesario que éstas aparezcan en los medios: sería
éste un modo de incluirlos en la consideración del público. En este sentido,
reconocemos el potencial de estos medios en tanto que espacios de expresión,
intercambio y debate de colectivos generalmente invisibilizados (ver por ejemplo
Ginsburg, 1991). La inclusión en la esfera pública nacional de colectivos antes “sin
voz” supone un cambio en el discurso sobre la migración y sus protagonistas −de
ser considerados como mano de obra potencialmente conflictiva a convertirse en
un aporte fundamental a la economía y la sociedad española−, y una alternativa
clara al silenciamiento de las demandas de derechos ciudadanos de los/as
158
migrantes en los medios generalistas. La inclusión de protestas y actos
reivindicativos, las demandas por la extensión de derechos, la visibilización de
reivindicaciones de carácter global y transnacional, supone una modalidad
transformadora de irrupción en el espacio público y abre nuevos espacios políticos
de lucha ciudadana, nacional y transnacional, y de negociación política, que
trascienden las posibilidades ofrecidas por otros medios.
Ahora bien, al mismo tiempo, un análisis crítico nos conduce a cuestionar el
carácter rupturista de estos medios, en otros sentidos. En efecto, la inclusión
discursiva se produce utilizando también discursos que difícilmente pueden ser
considerados como contra-hegemónicos: esta lucha por la representación se sirve
de construcciones hegemónicas de la identidad cultural y del género. La
contribución de estos medios a la elaboración de una cultura musical de masas a
través de la industria cultural, que funciona dialécticamente con la representación
comercial y superficial de lo “étnico”, la representación homogeneizadora de
prácticas religiosas para dibujar ciertos imaginarios sobre lo “latino” y para
construir un espacio de consumo “latino” transnacional, son elementos relevantes,
en este sentido; no podemos olvidar que la cultura, y en especial la cultura de
masas, tiene un importante papel en la legitimación y perpetuación del sistema
político y económico neoliberal, y en la transnacionalización de los mecanismos de
control ideológico, económico y político.
Al mismo tiempo, la construcción del sujeto político y las representaciones
identitarias se sustentan en discursos hegemónicos del género que, lejos de ser
cuestionados en estos medios, son exacerbados. Éstos contribuyen así, por una
parte, a sustentar los discursos esencializantes y reduccionistas acerca de la
nación, la etnicidad y lo “latino”; por otra, a construir discursos legitimadores de las
desigualdades étnicas y de clase. De este modo, se invisibilizan discursivamente
las transformaciones que, de facto, se producen en las estructuras de género, en
parte (aunque no exclusivamente) como resultado de la migración. Se privilegia la
construcción de una cultura patriarcal y una ciudadanía masculina, basada en la
dicotomización de los ámbitos público/político y privado, así como en la
adscripción de los géneros a distintas esferas.
De este modo, el considerar seriamente la identidad cultural y el género como
constituyentes de lo político, en la línea apuntada, entre otras autoras, por Fraser
(1990), trascendiendo así una visión reduccionista de lo político, añade algunos
elementos a aquellos análisis de índole “liberal”, que se centran en observar la
contribución de estos medios a la construcción de la condición ciudadana de las
personas migrantes. En la medida en que nos preguntemos qué modelo de
“condición ciudadana” es la que estos medios construyen, la respuesta parece
apuntar a la (re)creación de un ciudadano “latino” varón y consumidor global.
159
Finalmente, es importante insistir en la idea de que estos discursos mediáticos no
coinciden necesariamente con las estrategias políticas puestas en práctica
cotidianamente por los colectivos migrantes latinoamericanos, ni con las
modalidades de relaciones de género que se dan de hecho en éstos. Aunque el
análisis de la relación entre estos discursos y las condiciones estructurales en que
estos medios se desarrollan trasciende las posibilidades de este artículo, sí es
importante señalar que sus modalidades de producción, financiación, distribución y
consumo son similares a las tendencias del campo mediático más amplio, en el
cual el polo económico condiciona las prácticas discursivas y limita la agencia de
los actores. Aludíamos al comienzo a la lucha por el poder dentro de un
determinado “espacio de posibilidades” (Bourdieu, 1997: 53). El trabajo empírico
habría de determinar, en el futuro, cómo los constreñimientos estructurales limitan
ese espacio de posibilidades, y por tanto la agencia de los actores en el campo
mediático, y cómo ello repercute sobre la (re)producción de discursos dominantes
sobre la identidad, la etnicidad, la clase y el género.
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Fecha de Recepción: 15 de junio de 2012
Fecha de Aceptación: 06 de septiembre de 2012
165
REPRODUCCIÓN DE LA OTREDAD INMIGRANTE EN BARCELONA Y
RECEPCIÓN POPULAR DEL ESPACIO URBANO REPRESENTADO COMO
“GUETO”
Socorro Pérez-Rincón 1, Antoni Vives 2, Asun García 3, Carme Expósito 4
En Barcelona se ha construido el conocimiento sobre los actuales movimientos
intercontinentales de población a partir de un discurso nacionalista de
diferenciación entre el “nosotros autóctono” y los “inmigrantes otros”. Las
migraciones han sido significadas como invasiones de extranjeros que se
concretan en el espacio urbano en la configuración de “guetos” de degradación
social. El presente artículo muestra los resultados de un estudio de recepción
mediática de dos tópicos recurrentes en el discurso hegemónico: el terrorismo
islámico y las bandas latinas. El objetivo es evaluar la modificación y alteración de
las representaciones de la alteridad en el acto de recepción.
Palabras Clave: Inmigración; Nacionalismo; Medios de comunicación; Diversidad
cultural; Voces subalternas
In Barcelona, knowledge about the current intercontinental circulation of population
has been constructed on the basis of a nationalistic discourse in which differences
between the “native us” and the “immigrant other” has been established at the
same time. Migrations has been signified this way as invasions from abroad which
perform themselves in urban space as “ghettos” linked to social degradation. This
article shows the outcome from a research about media reception relative to two
recurrent topics of the hegemonic discourse about immigration: Muslim terrorism
and latino gangs. The aim of it is to evaluate the alterations and modifications
suffered by otherness representations of immigration through the reception
process.
1
Socorro Pérez-Rincon es técnica de movimientos asociativos vecinales. Licenciada en Urbanismo por la
Universidad Nacional Autónoma de México. Doctoranda en Geografía Humana en la Universidad de
Barcelona. Integrante del Grupo de investigación Multiculturalismo y Género desde 2002. E-mail:
[email protected] .
2
Antoni Vives es doctor en historia y profesor de historia contemporánea en la Universitat de Barcelona. Email: [email protected]
3
Asun García es doctora en Antropología, especialista en representaciones culturales de la inmigración,
políticas de inmigración y orientalística. E-mail: [email protected] .
4
Carme Expósito es Educadora social, especialista en intervención socioeducativa en personas inmigradas y
en políticas sociales. Máster en Inmigración y Educación Intercultural. Máster en Estudios de Mujeres, Género
y Ciudadanía. E-mail: [email protected] . Los autores son miembros del Grupo de Investigación
Multiculturalismo y Género, de la Universidad de Barcelona.
166
INTRODUCCIÓN 5
Desde finales de los años ochenta del siglo XX, debido a su especial posición
geoestratégica, el Estado Español ha desempeñado un papel protagonista ante
los movimientos internacionales de población. En consonancia con las medidas
estipuladas en las políticas europeas de control de las migraciones 6, se ha
construido en la Península Ibérica una conciencia de frontera (López Sala, 2005:
22) en el marco de la que el Mediterráneo se ha representado como el mar de los
emigrantes (González del Miño, 2008: 106). En una época en la que su territorio
ha pasado de ser una región de emigración a recibir población de otras
nacionalidades (Colectivo IOE, 1994; Cachón, 1994), el Estado Español se ha
convertido en guardián de la frontera europea, ya sea en el estrecho de Gibraltar o
en las plazas africanas de Ceuta y Melilla. En este contexto, el incremento de
acciones de vigilancia y reforzamiento de las vallas fronterizas desembocó en los
trágicos sucesos de 2005 donde murieron catorce personas 7. Desde este
momento, el fenómeno de la “inmigración” aparece representado como una
invasión extranjera asociada a la ilegalidad, al drama y las mafias (Nash, 2005).
A pesar de que la mayoría de las personas de nacionalidad extranjera han entrado
en España en avión o autobús, una la legislación de extranjería especialmente
dura con los países africanos imposibilita la obtención de un visado para las
personas de estas procedencias, al tiempo que las sobrevisibiliza amplificando las
percepciones de invasión (Del Grande, 2008). Ello ha contribuido a legitimar las
políticas de contención fronteriza ampliamente apoyadas por la población de
nacionalidad española (López Sala, 2007). Por otra parte, la estigmatización de la
población inmigrada se ha visto favorecida por las mismas políticas públicas de
extranjería. Éstas no han favorecido su llegada legal y han convertido a España en
uno de los estados europeos con más personas pendientes de regularizar su
situación (Benhabib, 2005).
A partir de estos parámetros básicamente políticos, la llamada “inmigración
irregular” ha sido primera noticia en los medios de comunicación, siempre
representada en términos de conflicto con la sociedad de destino (Nash, 2005). Se
transmite la imagen de una invasión ilegal que constituye una amenaza para el
orden, la cohesión social y la homogeneidad cultural. Aunque según las
estadísticas oficiales España es el país europeo con el porcentaje más alto de
5
El presente artículo se basa en los resultados del proyecto I+D Cuestionando la conflictividad cultural: un
análisis crítico de las representaciones de la alteridad cultural en los medios de comunicación desde la
perspectiva de género, dirigido por Mary Nash y financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación del
Estado Español (SEJ200763679)
6
Tratado de Schengen de supresión de los controles de personas en las fronteras interiores en Europa
(1995).
7
Informe Frontera Sur. 1995-2006. Federación de Asociaciones de SOS Racismo del Estado Español
167
personas recibidas –12% en 2007 8—, casi la mitad de esta cifra está compuesta
por personas de diferentes nacionalidades europeas que no se ven afectadas por
las políticas de extranjería. De hecho, en los medios de comunicación no se les
considera “inmigrantes” sino simplemente “extranjeros” (Nash y Vives, 2008). Ello
evidencia que las cifras de población inmigrada son más el producto de las
políticas de extranjería de los estados receptores que un reflejo de la realidad del
fenómeno demográfico en sí (Naïr, 2006).
Así pues, en el momento de construir el conocimiento sobre el fenómeno
específico de movimientos de población que se ha convenido en llamar
“inmigración”, las instituciones públicas han establecido las fronteras de
clasificación entre la población “autóctona” y los colectivos “inmigrantes”. A partir
del criterio jurídico de nacionalidad, se ha alterizado y minorizado a los llamados
“inmigrantes” al mismo tiempo que ha emplazado en un nivel superior de
legitimidad a las personas identificadas con los prototipos nacionales. En términos
de Benedict Anderson, se podría decir que se ha imaginado una comunidad
homogénea de nacionales de la que son excluidas las personas procedentes de
fuera de las fronteras estatales (1993). En este sentido, no son las personas las
que por sus atributos propios se ubican como extrañas, sino una determinada
relación la que las coloca en tal posición (Sabido, 2009). Siguiendo la línea
planteada por Manuel Delgado, se llega la conclusión que se parte de una
posición social desigual y jerárquica desde la que se valora y se coloca a los
“otros” al tiempo que reposiciona el “nosotros” (2009).
De esta manera, la relación entre las políticas de limitación de la entrada de
contingentes de población extranjera y su discriminación jurídica en España se
hace evidente, al igual que su legitimación en las representaciones de significación
de la experiencia social (Hall, 1997a) y en los discursos de construcción del
conocimiento (Foucault, 1988). De todas maneras, no parece tan clara la
reproducción de dichos discursos y representaciones en la recepción mediática de
las propuestas de diferenciación realizada por parte de la población “nacional”. De
igual forma, son igualmente difíciles de rastrear las actitudes de resistencia a la
alteridad asignada por parte de la población llamada “inmigrante”, al igual que sus
propuestas de identidades subjetivas alternativas a los binomios de representación
dominantes que les condenan a la subalternidad.
Con el objetivo de exponer evidencias sobre estas cuestiones, el presente artículo
ofrece una aproximación a la recepción mediática de los discursos dominantes por
parte de colectivos sociales situados a ambos lados de la división entre
“inmigrantes” y “autóctonos”. De hecho, la recepción colectiva de los esquemas de
8
INE. Encuesta Nacional de inmigrantes 2007.
168
representación hegemónicos en los medios de comunicación ha sido señalada
como uno de los procesos clave en la reproducción y socialización de las prácticas
racistas de jerarquización y discriminación (Van Dijk, 1997). Al mismo tiempo,
también se ha destacado la naturaleza creativa e innovadora del consumo cultural
a través de la apropiación subjetiva de los sistemas de representación propuestos
(Certeau, 2006; Chartier, 2002). Así pues, el análisis de la recepción mediática
ofrece la oportunidad de evaluar hasta qué punto la experiencia de periferidad y
subalternidad de las poblaciones clasificadas como “inmigrantes” se ha traducido
en la proposición de representaciones alternativas a los binomios dominantes a
partir de los que se ha construido el discurso.
El presente artículo se basa en un estudio de recepción realizado a partir de la
técnica de los llamados focus groups o grupos de discusión (Morgan y Kruegger,
1999). Así, se han podido analizar los procesos colectivos de creación de
significado producidos en la apropiación de mensajes emitidos por diferentes
medios de comunicación previamente seleccionados, básicamente recortes de
prensa y programas de televisión 9. El objetivo de la investigación no ha sido tanto
la recopilación de una muestra representativa de las percepciones populares
sobre el fenómeno de la inmigración, como la creación en el mismo proceso de
investigación de nuevas formas de significación de la experiencia con relación al
fenómeno. De esta manera, las unidades mediáticas expuestas en los focus
groups no se han seleccionado tanto con respecto a su representatividad del
discurso como a su potencial deconstructor, ya fuera por tratarse de
reproducciones exageradas de los estereotipos de la alteridad más recurrentes,
como por constituir intentos conscientes de relativización de las bases cognitivas
del discurso. Por otra parte la selección de las personas que conformaron los
diferentes grupos de discusión se hizo con relación a criterios de edad y de
procedencia, conformando grupos homogéneos y grupos mixtos en los que se
daban ciertas mayorías y minorías de “inmigrantes” y “autóctonos” que pensamos
estratégicas para la consecución de nuestros objetivos.
9
La discusión en los focus groups se generó en torno a los comentarios de la siguientes noticias y reportajes
publicados en prensa: concentración de la población inmigrante en guetos (El País, 18/12/2005; El Periódico
de Catalunya, 26/07/2006; El País, 22/01/2006) escolarización de alumnado extranjero (El País, 18/11/2006;
El País, 02/03/2003); inmigración y dinamización económica de ciertos barrios (El País, 26/10/2003; El País,
27/02/2005). También reportajes y programas emitidos en televisión: sobre terrorismo en el barrio del Raval:
Telenotícies TV3 - 11/02/2008 (http://www.tv3.cat/ptv3/tv3Video.jsp?idint=260269) Telenotícies TV3 11/02/2008 (http://www.tv3.cat/ptv3/tv3Video.jsp?idint=260269); Tot un món: parlem de guetos - 03/12/2005
(http://www.tv3.cat/3alacarta/video.htm?ID=195769287);
La
Vanguardia
digital
(http://www.lavanguardia.es/premium/publica/publica?COMPID=53437101458&I
D_PAGINA=1810084&ID_FORMATO=9&turbourl=false); delincuencia en el barrio de la Mina: Telenoticies
TV3, 02/07/2006 (http://www.tv3.cat/3alacarta/video.htm?ID=207362914); bandas latinas: teletonícies TV3:
“Units
per
el
flow:
disc
de
la
reconcialiació”
03/12/2005
(http://www.tv3.cat/3alacarta/video.htm?ID=195769287); concentración de alumnado inmigrante en
determinados
centros
escolares:
Telenotícies
11/02/2008
(http://www.tv3.cat/ptv3/tv3Video.jsp?idint=236080180)
169
El análisis de la recepción del discurso hegemónico sobre la inmigración que
ofrece el presente texto se centra en la representación en clave de marginalidad
social del barrio habitado por personas inmigradas, ya que supone la
materialización del imaginario de invasión por los “inmigrantes” en el propio
territorio del Estado-Nación. Efectivamente, la división territorial entre el estado y
su exterior es marcada a una escala más reducida en el interior de las grandes
ciudades, al significar los espacios de residencia de población de nacionalidad
extranjera como “guetos” donde se reproduce una cultura ajena a la nación al
mismo tiempo que hábitos delictivos. En este sentido, la peligrosidad asociada al
fenómeno de la “inmigración” se consolida cuando aumenta el número de
población recién llegada y su presencia pública se percibe como excesiva. Es
entonces cuando se plantea en el discurso institucional y mediático el conflicto
cultural entre colectivos de diferentes procedencias (Santamaría, 2002).
Para el caso de la ciudad de Barcelona y su área metropolitana, durante la última
década han cogido especial relevancia mediática los peligros y amenazas
asociadas con dos tópicos principales: el terrorismo y el tráfico de drogas
(Aramburu, 2000) 10. Se trata de dos temas ocupan un lugar predominante en las
agendas de seguridad europeas con respecto al control fronterizo del movimiento
de personas, al mismo tiempo que se concretan y visibilizan en la vida cotidiana
en la presencia pública de grupos de “inmigrantes” en el espacio urbano (Gil,
2002). De hecho, barrios como el Raval en el centro de Barcelona, donde se
concentra la población de nacionalidad paquistaní y marroquí de la ciudad, han
sido constantemente relacionados con el terrorismo islámico. El proceso de
estigmatización del barrio culminó en 2008 con motivo de las operaciones
policiales que allí se llevaron a cabo en búsqueda de militantes de Al Qaeda. Los
vecinos y vecinas de religión musulmana reaccionaron públicamente negando el
estereotipo que recaía sobre sus personas a través de manifestaciones en las que
reclamaban la presunción de inocencia de los detenidos y la libertad de religión 11.
Por otra parte, los barrios de la ciudad con más porcentaje de vecinos
latinoamericanos han sido igualmente negativamente estereotipadas, esta vez a
10
La continua asociación entre el barrio y las comunidades de inmigrantes con relación al terrorismo y la
delincuencia se puede rastrear en la recopilación de prensa “Diari de la Diversitat” realizada por los servicios
de documentalística del Observatori per la Diversitat de la Diputació de Barcelona. Aprovechamos para
agradecer a Concepción Vargas su inestimable ayuda. Las noticias seleccionadas para nuestro trabajo de
investigación comprenden los años 1999, 2003, 2005, 2006, 2007 y 2008. La prensa escogida ha sido El País,
La Vanguardia, El Periódico y en algún caso prensa que se distribuye de manera gratuita ADN, Metro y Qué.
10
Focus group realizado en la Escola d'adults "Martinet de Nit" el 8 de diciembre 2008. 4 hombres y 4 mujeres
“autóctonas” de entre 55 y 78 años. Este grupo estaba compuesto solo por “autóctonos” con el objetivo previo
de constatar la reproducción del discurso mediático.
11
Reportaje “Decenas de pakistaníes piden la presunción de inocencia para los detenidos en el Raval” en La
vanguardia 19/01/2008; reportaje “El Raval després de les detencions” emitido en TV3 programa El Club en
21/01/2008; documental “Anatomía del Raval” emitido en TV3 programa 30 Minuts en 10/02/2008; reportaje
“Connexió Pakistan-Barcelona” emitido en Telenotícies TV3 en 11/02/2008
170
través del tópico de las bandas juveniles latinas asociadas muchas veces a la
violencia y al tráfico de drogas. Fue sobretodo a partir del año 2003 que grupos
como los Latin Kings o los Ñetas empezaron a adquirir protagonismo mediático
debido a la muerte de un joven de 17 años de origen colombiano por presunta
venganza 12. Con posterioridad, aparecieron nuevos episodios de violencia
relacionada con estas bandas a partir de las que se estigmatizó tanto sus
procedencias como las áreas urbanas donde actuaban 13.
EL “GUETO” COMO ESPACIO URBANO INVADIDO
Los esquemas de diferenciación y jerarquización entre “inmigrantes” y
“autóctonos” sostenidos en los discursos institucionales y mediáticos han
desembocado en una dualización del espacio urbano cada vez más
estrechamente asociada al origen étnico de sus habitantes (Davis, 2006). Desde
las estructuras estatales siempre ha sido tentadora la interpretación de la
concentración de población extranjera en barrios concretos como una forma de
violencia de “los otros” y síntoma de una crisis del orden público. En este sentido,
la legitimidad de este discurso busca opacar la violencia estructural de las
transformaciones económicas y socio-políticas de las ciudades globales.
No se puede negar que el asentamiento territorial de los colectivos “inmigrantes”
en Barcelona se produce a partir de pautas de inserción-segregación que
evidencian modelos de concentración muy elevados en los barrios más céntricos
y en ciertas áreas periféricas (Costas, 2007). Los barrios degradados son una
alternativa inmobiliaria para las personas recién llegadas con pocos recursos, ya
que los pisos son más baratos. Entonces, la concentración de los grupos más
pobres en estas zonas es resultado de la localización de submercados asequibles
de vivienda, asociados muchas veces al deterioro inmobiliario (Pérez-Rincón,
2009). Al concentrarse minorías de procedencia común en determinados barrios,
también gracias a la efectividad de las redes de parentesco o de amistades en
origen, estos espacios quedan estigmatizados y sus inmuebles pierden aun más
valor, por lo que se abre una dinámica de retroalimentación que conduce a la
concentración de los “inmigrantes”.
De todas maneras, la lógica de segregación no es siempre permanente. En
muchos casos solamente se impone temporalmente en los primeros años de
asentamiento. Según datos del propio Ayuntamiento de Barcelona, parece ser que
con el tiempo la concentración de población extranjera tiende a disminuir,
12
Por ejemplo en La Vanguardia, 02/11/2003
Se puede realizar un seguimiento exhaustivo de dichos episodios a partir de la ya citada base de datos
“Diari de la diversitat” realizada por los servicios de documentalística de la Diputació de Barcelona.
13
171
esparciéndose en viviendas situadas por todo el territorio de la ciudad 14. Aun así,
los medios de comunicación transmiten unidades de información en las que ponen
énfasis en las concentraciones generadas en esta primera fase transitoria.
Apoyados en estadísticas ciertas, fragmentan y descontextualizan las experiencias
migratorias de la ciudad, reproduciendo de esta manera un conjunto de
imaginarios negativos (Wacquant, 2002). Entonces, la falta de experiencia del
fenómeno migratorio, junto con el bombardeo mediático de estereotipos
estigmatizantes, tiende a traducirse en la reproducción de prejuicios raciales y
culturales aplicados a la geografía de la ciudad (Pajares, 1999; Giró, 2001).
En esta línea, las investigaciones de Mikel Aramburu y Natja Monnet sobre el
barrio de Ciutat Vella en el centro de Barcelona han evidenciado que sus espacios
urbanos son etiquetados como peligrosos e insalubres, no tanto por quienes viven
en ellos como por quienes habitan sus proximidades y consecuentemente los
eliminan de sus recorridos cotidianos (Aramburu, 2002). De esta manera, el
espacio público es percibido como lugar de confrontación social y cultural en
lugares específicos, lo que contribuye a la construcción de fronteras entre
diferentes grupos de procedencia y diferentes áreas del barrio a partir de las que
se dualiza la experiencia urbana (Monnet, 2002). En este sentido ofrecemos en el
presente artículo un análisis más específico y controlado de los componentes
discursivos y los estereotipos asociados al estigma de concentración urbana de la
población etiquetada como “inmigrante”, al igual que a los fenómenos de
reproducción y apropiación creativa que se producen en su consumo mediático.
La representación del barrio habitado por inmigrantes como “gueto” se comprueba
en las diferentes noticias de la prensa leída en Barcelona sobre el crecimiento de
los porcentajes de población extranjera, por ejemplo cuando se consideró el barrio
del Fondo como un “laboratorio humano” por el hecho de contar con un 35% de
población extranjera procedente de treinta países diferentes 15. Ante mensajes
mediáticos como éste, la población de nacionalidad española consultada en los
focus groups normalmente reaccionaba estableciendo una división clara entre el
“nosotros” nacional legítimo y los colectivos “inmigrantes” alterizados en términos
de éstos, ésos, los moros, sinvergüenzas, pobres, ladrones, conflictivos… 16 Así
pues, se aplica una terminología despectiva al “otro inmigrante” a partir de la que
se le inferioriza y se le adjudica la agencia negativa de la conflictividad social.
La sola proyección de unos pocos titulares de prensa sirvió de estímulo a las
audiencias “autóctonas” para desarrollar todo un guión preestablecido y bien
14
Llibre Blanc de l'Habitatge a Barcelona. Instituo Municipal de Urbanismo de Barcelona, Barcelona, 2007.
El país, 22/01/2006
16
Focus group realizado en la Escola d'adults "Martinet de Nit" el 8 de diciembre 2008. 4 hombres y 4 mujeres
“autóctonas” de entre 55 y 78 años. Este grupo estaba compuesto solo por “autóctonos” con el objetivo previo
de constatar la reproducción del discurso mediático.
15
172
estructurado en el que los actuales movimientos intercontinentales de población
eran significados como invasiones del territorio propio y una amenaza para un
orden social positivo asimilado a la propia identidad nacional 17. A partir de este
esquema de división social, las cifras publicadas en la prensa sobre el aumento de
población extranjera eran significadas como una amenaza al control del territorio
por parte de la población “nacional” como único colectivo legítimo de ocupación: 18
“Al final van a ser ellos más que nosotros. / Vamos a tener
que emigrar nosotros. / No soy racista pero si tengo que
dar dinero para que se vayan ahora mismo…”
No hay duda de que la relación de los diferentes colectivos establecidos en el
discurso con la legitimidad de su presencia en el territorio es claramente
manifestada en estas afirmaciones. A partir de la división tajante entre el
“nosotros” y el “ellos los inmigrantes” se establece una conflicto maniqueo de
tintes darwinianos por el control del espacio en el que sólo un bando puede ganar,
por lo que se concibe la convivencia pacífica como algo imposible.
En este sentido, en otro focus group compuesto por jóvenes estudiantes
mayoritariamente “autóctonos”, la concentración de la residencia de los recién
llegados en determinadas áreas urbanas acabó siendo igualmente significada
como una usurpación ilegítima del espacio propio: 19 “Yo conozco un barrio que es
muy barato y todo extranjero se va allí, al final este barrio se convirtió sólo en un
lugar de extranjeros”.
En ningún momento se planteó la posibilidad de que las poblaciones nuevas y
previas pudieran compartir un mismo espacio. Dicha incompatibilidad favorece la
etnicización de la geografía de la ciudad, junto con la identificación de diferentes
barrios con colectivos de procedencias diferenciadas. Las causas de la
segregación espacial parecen ser naturalizadas desde esta perspectiva.
La visión negativa del “gueto” se ve claramente influenciado por estereotipos
prefijados y alimenta su ciclo de reproducción en lo cotidiano. Ello inhibe en
muchas ocasiones la oportunidad de conocer al “otro etiquetado”, simplemente
mirándolo de lejos como un grupo con actitudes ajenas: forma de vestir, ruido etc.
Así pues, el miedo de la vida urbana que asusta a los habitantes
17
El País, 10/12/2006; El País, 18/05/2008; El País, 22/06/2008.
Focus group 8 de diciembre 2008 (op cit.)
19
Focus group celebrado en la Facultad de Geografía de la Universitat de Barcelona, con estudiantes del IES
Olorda de Sant Feliu de Llobregat. 8 estudiantes de entre 17 y 18 años: 7 alumnos autóctonos y una alumna
ecuatoriana. En este caso se seleccionó una escuela donde predominaran los alumnos autóctonos. En el
focus group se presentó el contraste entre las imágenes más negativas que representan al estereotipo del
gueto como lugar de violencia y terrorismo, con noticias sobre la manifestación en el Raval de inmigrados
reivindicando sus derechos y desmintiendo la etiqueta de terrorismo.
18
173
institucionalizados, junto con su relación con la población marginal asociada al
crimen, constituyen verdaderos fantasmas sociales (Silva y Domínguez, 1997). La
experiencia del miedo que se alimenta del imaginario mediático, levanta barreras
de interacción entre “autóctonos” e “inmigrantes”. En este sentido, en el focus
group antes mencionado se llegó a afirmar la existencia de sitios donde [los
inmigrantes] se cogen un bar o una zona de parque determinada y ya no puedes
pasar 20. Entonces, la agencia negativa de la separación social en el espacio se
adjudica en su totalidad a los colectivos “inmigrantes” mientras que la decisión de
la población “autóctona” de abandonar las zonas ocupadas por los “otros” es
presentada como algo natural e inevitable.
De este modo, la representación en clave de degradación social del espacio
urbano con presencia de población de nacionalidad extranjera se performa en la
práctica cotidiana y en cierta medida se hace efectiva en la interacción social
(Butler, 1999). Así pues, la temprana representación del área inicialmente poblada
por colectivos de residencia reciente como “gueto” alimenta una vasta mitología
negativa en la que se identifica al “inmigrante” como productor de espacios de
conflicto. En consecuencia, los procesos de estigmatización vienen acompañados
de prácticas de exclusión como la segregación clasista y racista en el espacio
público (Juliano, 2000).
TERRORISMO ISLÁMICO EN EL BARRIO DEL RAVAL
El terrorismo conforma uno de los tópicos principales a través de los que el
discurso mediático ha vinculado el fenómeno de la “inmigración” con la reclusión
comunitaria en el espacio urbano, siempre siguiendo los antiguos esquemas
orientalistas de representación de la alteridad cultural religiosa en clave de
crueldad y violencia irracional asociada principalmente al Islam (Said, 1991).
Dicho estereotipo se confirmó e incluso se amplificó en los focus groups formados
por audiencias “autóctonas” ante la exposición mediática de diversas noticias y
reportajes sobre las manifestaciones de vecinos musulmanes del Raval ante las
acusaciones de terrorismo y detenciones de 2008. 21 En la recepción de estos
mensajes la población de nacionalidad española tendió a significar interpretar las
20
Ibid. Este tipo de afirmaciones surgen cuando se muestra un primer bloque de documentales en clave
neutra y positiva para generar ruptura con el discurso mediático común e introducir el tema de la
concentración de inmigrados en diferentes espacios urbanos. El documental visionado Parlem de Guetos es
una definición alternativa de gueto a la comúnmente manejada en los medios de comunicación. Como
material para hablar de las bandas se propone una noticia positiva sobre el Disc de la reconciliació entre las
bandas Latín Kings y Ñetas. El estereotipo de las bandas es tan fuerte que, aun cuando las imágenes
proponen una mirada alternativa los comentarios negativos predominan entre los estudiantes.
21
Ibid.
174
movilizaciones públicas como la confirmación misma de la alteridad, como la
prueba de que se trata de un colectivo con actitudes terroristas 22:
“Yo no lo encuentro del todo bien […] Si ellos mismos
callaran y no dijeran nada, no se harían daño a ellos
mismos con este tipo de manifestaciones. Porque la gente
piensa: Ah! estos son terroristas por eso se manifiestan”.
Parece ser que los jóvenes “autóctonos” se veían perturbados e incluso
violentados ante la visibilidad pública de sus vecinos “inmigrantes” como sujetos
políticos que plantean sus propias reivindicaciones colectivas como algo legítimo.
En este sentido, la población de nacionalidad española tendió a negar la
legitimidad de la agencia pública y la subjetividad política de los colectivos
alterizados. De hecho, este tipo de estrategias sociales subjetivas de carácter
reivindicativo en las que los colectivos “inmigrantes” se empoderan fueron
percibidas en las discusiones generadas en los focus groups formados por
estudiantes mayoritariamente “autóctonos” como actitudes de superioridad
ilegítimas en los procedimientos del conjunto social: 23
“No veo bien que los inmigrantes vengan y que estén
vacilando, que vengan por motivos económicos está bien
pero que vengan a comerse el mundo en el sentido de
que se sientan superiores a los demás, esto no lo veo
bien”.
De esta manera, solamente se reconoció a los colectivos identificados con la
“inmigración” en tanto que sujetos económicos productores. El tema del terrorismo
se acabó convirtiendo en un pretexto para negar la legitimidad de su agencia en la
toma de decisiones políticas.
Si por una parte el conflicto político religioso planteado en los medios de
comunicación fue confirmado e incluso amplificado por las audiencias
“autóctonas”; por la otra, en los focus groups formados por sujetos receptores
etiquetados como “inmigrantes” musulmanes y señalados como posibles
terroristas, se acabaron invirtiendo las agencias del conflicto planteado,
adjudicándolas a la intolerancia predominante en la sociedad de destino. Este fue
22
Focus group celebrado el 19 enero 2009 en la Facultad de Psicología de la Universitat Ramon Llull. 9
estudiantes. 17-18 años. Predominan los alumnos autóctonos. El video de la Vanguardia sobre una
manifestación en el Raval de inmigrados reivindicando sus derechos y desmintiendo la etiqueta de terrorismo
se expresaba con el titular: “Decenas de Pakistanés piden la presunción de inocencia para los detenidos del
Raval”.
23
Focus group celebrado en la Facultad de Geografía de la Universitat de Barcelona (Op. Cit.) Afirmación
producida ante el visionado de un reportaje sobre el llamado Disc de la reconciliació entre las bandas Latín
Kings y Ñetas.
175
el caso de un grupo de mujeres marroquíes cuando asociaron rápidamente el
tema del terrorismo con el del velo islámico, al mismo tiempo que negaban el
estereotipo de la alteridad con el que se las identificaba, e intentaban evidenciarlo
como una construcción social y un prejuicio irracional 24:
“Hay mucha gente que no le gusta la gente de Marruecos.
No sé porqué. La gente ve las noticias y piensa que todos
los musulmanes somos terroristas / La gente no quiere
alquilar pisos a los inmigrantes. […] / El problema para las
mujeres es el pañuelo. Cuando buscas trabajo siempre te
preguntan si llevas pañuelo”.
Así pues, en los focus groups celebrados las mujeres procedentes del Magreb
interiorizaron su propia experiencia de discriminación laboral y habitacional como
actos de xenofobia cultural. Más específicamente, identificaron las disciplinas
sociales padecidas como ataques a su propia religión. En este aspecto, hay que
tener en cuenta que la significación occidental y alterizante del velo islámico como
signo de intolerancia y autoritarismo patriarcal ha cogido históricamente una
posición central en la disputa cultural (Martín Muñoz, 2005). La experiencia de las
disciplinas de integración que se imponen a las mujeres marroquíes con motivo de
esta prenda fue interpretada por ellas mismas como una forma de discriminación
cultural y un atentado a su libertad individual: 25
“Mi jefa cuando viene a buscarme a casa, me obliga a
entrar en el coche sin pañuelo. Yo ya entro al trabajo sin
pañuelo, pero ¿por qué en el coche? Es cosa mía”.
De todas maneras, a pesar del desmarque subjetivo realizado por las mujeres
musulmanas, las acusaciones que ellas hacen a los medios de comunicación no
dejan de evidenciar el poder de influencia de estos últimos, ya que en la recepción
misma se reproduce el conflicto que se plantea en la emisión. La falta de
predisposición a la integración con la que se acusa a los “inmigrantes”, junto con la
discriminación racista que se atribuye a los “autóctonos”, configuran los dos polos
de un conflicto basado en el intercambio de representaciones opuestas de la
alteridad.
24
Focus group realizado en la Escola d'adults "Martinet de Nit" el 2 de marzo 2009. 11 mujeres “inmigrantes”
de entre 25 y 52 años: 10 de nacionalidad marroquí y una de nacionalidad búlgara. Esta afirmación surgió
ante la proyección de diapositivas relacionadas con el impacto más inmediato de la llegada masiva de
personas inmigrantes como es la posible formación de guetos, tanto en los barrios como en las escuelas.
25
Ibid. En este caso, las mujeres marroquíes fueron más allá de los discursos mostrados por los titulares,
explicando como perciben que son vistas por la sociedad.
176
BANDAS LATINAS EN LAS PERIFERIAS URBANAS
Junto con el terrorismo islámico, el principal tópico a partir del que se asocia la
peligrosidad y la violencia con la presencia pública de población extranjera en los
espacios urbanos ha sido la aparición de bandas latinas relacionadas
frecuentemente con la delincuencia y el tráfico de drogas. En este caso, el
colectivo de procedencia señalado ha sido predominantemente el latinoamericano,
asentado preferentemente en las ciudades periféricas del área metropolitana de
Barcelona.
En las discusiones generadas en la recepción mediática de los focus groups, la
asociación entre la violencia urbana y la procedencia de ciertos colectivos de
“inmigrantes” se confirmó en los grupos integrados por adultos “autóctonos”,
incluso cuando el discurso de los medios trataba de positivar la representación de
las bandas latinas a través de su reciclaje en asociaciones culturales: 26
“Hacer asociaciones culturales es como si estás haciendo
las cosas mal y además por eso te premian, […] El grupo
tiene mucha fuerza, este tipo de proyectos es la manera
de limpiar y un poco o la cara a este tipo de problemas.
Se está perdiendo la esencia de lo que son estas bandas
en su país de origen, en parte es bueno pero la esencia
las bandas es mala”.
Se observa como en este caso se vincula constantemente el origen
latinoamericano de los integrantes de las bandas juveniles con el fenómeno de la
reclusión comunitaria guetizante, y en último término con la violencia y la
peligrosidad social. En este sentido, las alusiones al aspecto exterior de sus
miembros a través de la moda juvenil cogen gran relevancia en la recepción
discursiva. 27 De esta manera, a partir de juicios puramente estéticos, asociados a
temores imaginarios más que a desacuerdos efectivos en la conducta social, se
produce la exclusión del “otro” inmigrante de la corrección política y la legitimidad
social (Silva y Domínguez, 1997).
26
Focus group 19 enero 2009 (Op. Cit.) Ante el visionado del reportaje “Units per el Flow, el disc de la
reconciliació”, TV3, 17/10/2008 sobre la unión de las bandas Ñetas y Latin Kings. El reportaje enseña un
concierto con estos chavales enviando un mensaje de unión e integración. El álbum de “unidos por el flow” fue
un proyecto con el objetivo de eliminar diferencias entre grupos rivales. El material se seleccionó porque
presenta en clave positiva un proyecto de intervención social con bandas juveniles.
27
Ibid. La discusión del reportaje se centró en los códigos estéticos de los jóvenes que directamente se
asociaron a las bandas, tratando de negar en un primer momento el aspecto positivo del proyecto.
177
De todas maneras, la población de nacionalidad española también confirma el
discurso positivizante sobre las bandas juveniles latinas como potenciales agentes
de construcción de capital social y cohesión: 28
Sobre el gueto, no sé qué decir […] por películas y por
eso entiendo lo que es. Por ejemplo en el Raval, imagino
que los inmigrantes se concentran para estar más
seguros, seguir sus mismas tradiciones y que el impacto
no sea tan bestia. Esto probablemente es positivo”.
Los jóvenes receptores del discurso mediático construyen su imaginario sobre el
“gueto” ajeno a partir del visionado de películas, presumiblemente americanas en
su mayoría. Así pues, la representación del espacio urbano ocupado por minorías
raciales y culturales proveniente de los EUA se consolida como hegemónica tanto
en su cara negativa de marginalidad y conflictividad social, como en su reverso
positivo de pequeña comunidad de contacto vecinal humanizante.
De hecho, el significado predominante del término “gueto” es aun hoy en día el
mismo que se dio en EUA después de la Segunda Guerra Mundial para denominar
a los barrios pobres donde predominaba la población de ascendencia africana. En
Europa, la idea de llegada y asentamiento de ciertas minorías de procedencia
común en determinados barrios se tradujo en la adopción del término tal y como
fue utilizado por la Escuela de Chicago (Aramburu, 2000). A partir de esta
proposición inicial, “gueto” ha sido utilizado como término despectivo para
diferenciar entre la población blanca-autóctona dominante y las minorías negrasinmigrantes alterizadas. Las precarias condiciones de vida que se atribuyen a este
espacio son asociadas con ciertas insuficiencias morales ligadas a la delincuencia.
Se trata de un mecanismo de estigmatización de estos espacios urbanos a la
manera de regiones morales peligrosas (Nash, 2007), vinculadas al imaginario
colectivo de prostitución, bandas juveniles, inseguridad, violencia urbana,
desempleo, tráfico y consumo de drogas, etc. Dichos espacios de moralidad
dudosa son al mismo tiempo opuesto a los vecindarios identificados con el sujeto
dominante, blanco-autóctono y de clase media, considerado siempre más pacífico
y ordenado.
La apropiación de la concepción clasista del “gueto” que se creó en el ámbito de la
sociología norteamericana, substitutoria de la utilización original del término
relacionada con la discriminación de la población judía en la Alemania Nazi, 29
28
Focus group 19 enero 2009 (Op. Cit.) sobre reportaje “Units per el Flow...” (Op. Cit.), la discusión llegó a un
momento donde los participantes reconocieron como jóvenes la necesidad de estar en grupo de inmigrados
por el impacto cultural de una sociedad que los excluye constantemente.
29
Los ghettos. Enciclopedia del Holocausto http://www.ushmm.org/wlc/es/article.php?ModuleId=10005752
178
conduce a que ciertas áreas urbanas donde se concentra población de alto poder
adquisitivo no sean concebidas como tales por parte de los colectivos de jóvenes
de nacionalidad española, a pesar que constituyan concentración de población de
características económicas y culturales semejantes. Este fenómeno se produce
cuando esta cuestión es planteada por los medios de comunicación para el caso
del barrio acomodado de Pedralbes: 30
“Es gente que tiene alto poder adquisitivo, eso no hace
daño. Tampoco se escucha que hay peleas. Pero en
cambio del barrio del Raval todo el mundo tiene una idea
mala”.
Por otra parte, a diferencia de las audiencias “autóctonas”, las “inmigrantes”
tienden a sentirse reconfortadas en la recepción mediática de la idea del “gueto”
elitista de gente rica 31:
“Sobre el imaginario siempre que dicen gueto, lo primero
que asocias es un grupo marginado de la sociedad y me
llama la atención que en este video pongan de ejemplo
Pedralbes. Se puede considerar esto un gueto porque
aunque es un grupo honrado, ¡intenta entrar en Pedralbes
y te darás cuenta si es fácil hacerlo!”.
Al sentirse señaladas como sujetos potenciales de conformación de un “gueto de
inmigrantes”, este grupo de mujeres uruguayas conocidas por organizar
encuentros periódicos de personas de su misma procedencia, comprueban como
esta inversión de los términos que se propone en los medios de comunicación
puede serles ventajosa, ya que naturaliza la reclusión comunitaria como una
tendencia universal en todos los colectivos, más allá de la división entre
“autóctonos” e “inmigrantes”.
De todas maneras, las mujeres de nacionalidad uruguaya acaban aprovechando
las definiciones clasistas y racistas del término para desmarcarse del estigma que
lo acompaña. Aprovechan el establecimiento de las diferentes alteridades
inmigrantes en función de la procedencia de cada colectivo, en la medida que las
30
Focus group celebrado en la Facultad de Geografía de la Universitat de Barcelona (Op. Cit.). Sobre el
reportaje “Parlem de guetos” emitido en TV3 Tot un Món en 03/12/2005. Este material se seleccionó porque
desmantela la idea común de gueto a partir de la entrevista a diferentes actores del barrio del Raval y en
Pedralbes, además de un diálogo con el politólogo Joan Subirats. En el reportaje se define Pedralbes como un
gueto y esta idea genera una polémica entre los participantes de focus group.
31
Focus group celebrado el 19 enero 2009 (Op. Cit.) A partir del Reportaje “Parlem de guetos”.
179
diferentes atribuciones de diferenciación racial y social las emplaza en un lugar
próximo al prototipo nacional de normalidad: 32
“Yo creo que no a todos nos meten en la misma bolsa.
Los marroquíes son una cosa, en cambio lo que somos
argentinos y uruguayos somos otra cosa, somos más
parecidos. Sudamérica pero la parte del norte no son tan
aceptados como nosotros. Cuando hay una persona con
problemas son ecuatorianos o colombianos”.
En esta jerarquía de alteridad inmigrante, no solamente las marroquíes son
reducidas a un estereotipo rígido y reiterante, sino también la población
latinoamericana más asociada a las bandas, la violencia y el tráfico de drogas. Así
pues, la población argentina o uruguaya se desmarca estratégicamente de la
alteridad del “inmigrante” relacionado con el “gueto”, desplegando un discurso de
adscripción racial-cultural que persiste (Stolke, 1994). Cuando la desvinculación
no es posible debido al propio fenotipo racial visible o a la estigmatización más
acusada de ciertas procedencias, los colectivos que se saben señalados
reaccionan negando la identidad asignada, al mismo tiempo que denuncian las
generalizaciones realizadas. Este es el caso de una joven ecuatoriana con
relación al tópico de las bandas juveniles: 33
“En Sant Feliu se ve de una supuesta banda y me ha
tocado ver como la policía los viene a buscar y cosas de
esas y no dan buena imagen. Por ejemplo, yo soy
Ecuatoriana y hay muchos chicos de esos que son
ecuatorianos, la gente escucha eso y se piensa que
cuando escucha que son Ecuatoriana que soy igual a
ellos”.
Desde su propia experiencia, la interlocutora pone en duda la naturalidad de la
representación de la alteridad “inmigrante” en clave de “gueto” conflictivo. Cuando
hace referencia a las “supuestas bandas” pone en duda de su existencia más allá
de su nombramiento en los medios de comunicación. Al mismo tiempo, carga la
agencia negativa del conflicto a las políticas de control policial que se derivan de
este tipo de representación estereotipada, ya que la confirman en última instancia.
32
Focus group celebrado el 16 de marzo 2009 en domicilio particular de Castelldefels. 8 mujeres adultas: 7
uruguayas y una argentina. Al mostrar el material audiovisual sobre los guetos y las bandas latinas las
participantes tienen clara la etiqueta y estratégicamente huyen de ella.
33
Focus group celebrado en la Facultad de Geografía de la Universitat de Barcelona (Op. Cit.). comentarios
con relación al programa “Unidos per el Flow...” (Op. Cit.). En la composición de este Focus group solo había
una solo estudiante de origen ecuatoriano que en la presentación inmediatamente se sintió aludida y
contradijo los estereotipos.
180
Jóvenes de ascendencia africana residentes en Mataró se saben igualmente
etiquetados en términos negativos por pertenecer a una minoría racial, pero optan
no tanto por desmarcarse del estereotipo de la banda juvenil, como por positivar y
naturalizar la reclusión comunitaria. De todas formas, a diferencia de la
alterización victimizante producida en la recepción de los jóvenes “autóctonos”, en
este caso no se destaca tanto la agencia social negativa de la población nativa
despersonalizada y abstraída a través del término “sociedad”, como la agencia
positiva de los jóvenes “inmigrantes” a través de formas propias de organización
colectiva: 34
“Algo de bueno también harán esos colectivos […] dudo
que se junten un grupo de cincuenta personas solamente
para delinquir y para irse de fiesta, debe haber algo más
que no nos cuentan”.
Los jóvenes identificados como “inmigrantes” adoptan una actitud más crítica ante
los medios de comunicación. A partir de su propia experiencia como sujetos
alterizados y estereotipados, estos grupos tienden a cuestionar la veracidad del
discurso que se teje a través de los mensajes constantemente emitidos. De hecho,
respecto a las bandas juveniles latinas, se ha demostrado empíricamente que los
jóvenes que se organizan a partir de este modelo, lo hacen principalmente como
forma de autoidentificación y protección simbólica, como modelo de organización
en el espacio público y justificación de determinadas actividades no legitimadas
(Feixa, 2006). En la medida que los episodios graves de violencia son muy
esporádicos, es la circulación de información organizada en un discurso de
exclusión lo que genera el miedo en el que se mezcla la representación con la
experiencia personal y colectiva.
En esta línea, los jóvenes de ascendencia africana significan la reclusión
comunitaria de colectivos en riesgo de exclusión social como algo natural y como
una forma positiva de acumulación de capital social y empoderamiento que facilita
la vida cotidiana de sus integrantes: 35
“Lo que se conoce por gueto es como una hermandad con
sus jerarquías, con el que manda. […] los guetos se
pueden definir de muchas maneras […] no es malo
porque las personas que se sienten desplazadas y que
34
Focus group celebrado en la asociación Jama Kafo localizada en Mataró, 9 de febrero 2009. 4 jóvenes de
origen africano. 19-20 años. El momento que provoca estos argumentos es la mostrar el material sobre los
Latin Kings y su reconversión como asociación cultural con su disco “Unidos por el Flow...”
35
Focus group celebrado en la asociación Jama Kafo localizada en Mataró, 9 de febrero 2009. 4 jóvenes de
origen africano. 19-20 años. El momento que provoca estos argumentos es la mostrar el material sobre los
Latin Kings y su reconversión como asociación cultural con su disco “Unidos por el Flow...”
181
pueden encontrar gente que te reciba con los brazos
abiertos, porque de los guetos lo que engancha es eso,
hay un apoyo constante”.
Así pues, los jóvenes “inmigrantes” positivan y naturalizan sus actitudes de
reagrupamiento entre individuos de una misma procedencia o que comparten una
misma vecindad, al mismo tiempo que niegan el estereotipo que los conecta con
un imaginario de violencia, drogadicción y delincuencia. Todo ello conlleva a este
colectivo a deconstruir el discurso institucional y mediático que le define como
“inmigrante”: 36
“Yo creo que lo que diferencia un gueto de una
organización es el tema de la discriminación, es la forma
de discriminar a un colectivo ¿qué entiendes por gueto?
[…] Te juntas con el primero que conoces, estableces
vínculos por lo que tienes en común y ya eres un gueto”.
Desde la propia experiencia de alteridad y falta de control de la propia identidad en
el conjunto social, las personas racialmente diferenciadas hacen evidente el
convencionalismo de la representación del espacio urbano donde residen a través
del recurso de la constante interrogación sobre el lenguaje de construcción del
conocimiento. Así pues, la utilización de término “gueto” para designar el
agrupamiento colectivo y el establecimiento de lazos sociales entre personas de
una misma procedencia es presentada como una forma de estigmatizar y castigar
el empoderamiento social de los sujetos excluidos.
CONCLUSIONES
La recepción comunicativa de los discursos sobre la “inmigración” y su
asentamiento en el espacio urbano conforma un momento clave en la
reproducción de los estereotipos de la alteridad “inmigrante” que legitiman las
políticas públicas de discriminación al mismo tiempo que generan prácticas
cotidianas de segregación espacial en la ciudad. Más allá de la simple
reproducción del discurso mediático, las principales líneas de producción cognitiva
se expanden y se desarrollan en su recepción colectiva. Efectivamente, al
difundirse y reelaborarse en un contexto comunicativo oral, relajado y con menos
censura, la recepción mediática rompe los límites de la corrección política
impuesta en los mercados lingüísticos de alto valor y prestigio (Bourdieu, 1991).
36
Focus group celebrado en la asociación Jama Kafo localizada en Mataró, 9 de febrero 2009. 4 jóvenes de
origen africano. 19-20 años. El momento que provoca estos argumentos es la mostrar el material sobre los
Latin Kings y su reconversión como asociación cultural con su disco “Unidos por el Flow...”
182
De esta manera, los estereotipos sobre la “inmigración” se transmiten de forma
mucho más explícita en todas sus expresiones.
Las formas de recepción mediática demuestran cómo, ante un estímulo mínimo,
se activan cápsulas de significación que funcionan a modo de guiones
preestablecidos (Van Dijk, 1997). A través de una concatenación de asociaciones
semióticas, la recepción sigue reproduciendo los estereotipos más tradicionales de
la alteridad “inmigrante”. Incluso ante el visionado o la lectura de ciertas unidades
de comunicación que proponen romper con el estereotipo y ofrecer una visión
alternativa de la “inmigración” y el “gueto”, la recepción colectiva se empeña en la
reproducción de los viejos esquemas de representación, ignorando otras
posibilidades. Con relación a ello, cabría poner en cuestión el poder de los medios
de comunicación en la significación colectiva de la experiencia social y la
reproducción de prejuicios racistas, planteando al mismo tiempo la posibilidad que
sean las políticas institucionales de discriminación de la población inmigrada las
que favorezcan y legitimen la reproducción de los viejos discursos racistas.
Aun así, en la recepción mediática de los discursos hegemónicos sobre el tema de
la “inmigración” también se constatan desplazamientos en sus significados y
esquemas de representación que permiten cuestionar los pilares básicos de
construcción del conocimiento. Este fenómeno se da especialmente en la
recepción realizada por parte de los sujetos alterizados como “inmigrantes”. Entre
estos colectivos, la recepción de la representación del espacio urbano como
“gueto” evidencia una actitud ambivalente a medio camino entre la negación y la
positivación del estereotipo que recae sobre sí mismos. Dichas estrategias no
suponen la superación de los binomios de representación dominantes (Hall,
1997b), aunque establecen notables diferencias con respecto a la ejecución de las
mismas por parte de sujetos de nacionalidad española, fenotipo racial blanco y
clase media, siempre más próximos a la norma considerada legítima en el
conjunto social.
Cuando son los colectivos etiquetados como “el otro inmigrante” los que se
apropian del discurso, la positivación del “gueto” se hace desde una actitud de
resistencia a la perspectiva paternalista y victimizante predominante en los
discursos de los medios. De esta manera, reivindican la normalización de la propia
agencia social y política, al igual que denuncian la artificiosidad de los esquemas
de representación y división social. Del mismo modo, cuando los propios sujetos
alterizados son los que niegan el estereotipo, la negativa ya no supone un
desplazamiento del estigma a otros colectivos en una posición inferior en la escala
de jerarquización de la diferencia. Contrariamente, la negación desemboca en el
cuestionamiento de las premisas cognitivas de discriminación social en los que se
basa el discurso dominante. De esta manera, aunque no se ofrezca una identidad
183
subjetiva “inmigrante” verdaderamente alternativa a los binomios de
representación dominantes, se desmonta el sistema de representaciones en el
que se basan las jerarquías totalizadoras del ordenamiento social.
Todo ello conduce en última instancia a la evidencia que el estigma del “gueto”
recae sobre las personas llamadas “inmigrantes” como un castigo simbólico
cuando establecen entre ellas lazos de solidaridad y vínculos sociales como
estrategia subalterna de empoderamiento y autoprotección ante el peligro de
exclusión social.
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188
EL USO DE LOS ESPACIOS PÚBLICOS POR LOS INMIGRANTES
LATINOAMERICANOS DE ORIGEN ANDINO EN LA CIUDAD DE MADRID 1
Joaquín Eguren 2
Este artículo es el resultado de una investigación empírica de carácter etnográfico
realizada en el año 2006 en los parques de la ciudad de Madrid financiada por el
ayuntamiento de esta ciudad. El objetivo del estudio fue realizar una
reconstrucción etnográfica del uso que hacen los inmigrantes andinos de los
espacios públicos madrileños, en particular de los parques y jardines. La
utilización de la etnografía nos ha permitido introducirnos en la mirada que tienen
los inmigrantes andinos de los parques madrileños y en la reconstrucción de su
discurso y de sus prácticas, que desde la perspectiva transnacional es
denominada territorialización.
Palabras claves: Migración, transnacionalismo, economía étnica, andinos, espacio
público.
This paper is the result of an empirical ethnographic research made in the parks of
the city of Madrid in 2006. The focus of the study was to make an ethnographic
reconstruction about how Andean immigrants use the public spaces, especially in
parks and gardens of Madrid. This fieldwork has permitted to identify the discourse
and the practices of Andean immigrants about the public spaces and to reconstruct
their practices on terrain. These practices of appropriation of the urban spaces are
called, in the transnational perspective, as territorialization.
Keywords: Migration, transnationalism, ethnic economy, Andean, public spaces.
1
El presente artículo es resultado del análisis de dos trabajos de investigación encargados y financiados por
la Dirección General de Inmigración, Cooperación y Voluntariado del Ayuntamiento de Madrid en el año 2005.
Los títulos de ambos estudios eran: “Estudio exploratorio del uso que hacen los inmigrantes de los parques de
Madrid” y “ Valoración de la conveniencia de la implantación de un recurso de atención social en los parques
de Madrid”. Ambos estudios sirvieron de base para la implantación posterior del Servicio de Dinamización en
los parques de Madrid.
2
Joaquín Eguren es doctor en Antropología Social por la Universidad Autónoma de Madrid (España), e
investigador del Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones, de la Universidad Pontificia de Comillas.
Es miembro del equipo de investigación del proyecto I+D “Conflictividad y Migración en contextos locales. Una
aproximación teórica-práctica a la convivencia y la mediación” realizada por el Instituto Universitario de
Investigación sobre Migraciones, Etnicidad y Desarrollo Social (IMEDES) de la Universidad Autónoma de
Madrid (UAM) y financiado por el Programa Nacional de Proyectos de Investigación Fundamental, del VI Plan
Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnológica 2008-2011 (Gobierno de España).
E-mail: [email protected]
189
INTRODUCCIÓN
Este artículo es el resultado de una investigación empírica de carácter etnográfica
realizada en el año 2006 en los parques de la ciudad de Madrid, financiada por el
Ayuntamiento de esta ciudad. El objetivo del estudio fue realizar una
reconstrucción etnográfica del uso que hacen los inmigrantes andinos de los
espacios públicos madrileños, en particular de los parques y jardines. Esto ha
supuesto una labor de indagación a través del análisis del discurso de los
inmigrantes, de los técnicos sociales y de vecinos y de un rastreo a través de la
observación participante. La utilización de ambas técnicas nos ha permitido
introducirnos en la mirada que tienen los inmigrantes andinos de los parques
madrileños y del uso efectivo que hacen de los mismos.
Para realizar esta tarea hemos seguido el consejo de Weber (1968: 5) acerca del
estudio de la acción social por la cual se analizan regularidades de fenómenos que
tienen un sentido mentado y subjetivo que puedan ser interpretados, es decir,
inteligibles y que posibiliten encontrar una explicación a una acción humana que
se traduce socialmente. En nuestro caso, en concreto, hemos pretendido
identificar la acción social (el uso de los parques que hacen los inmigrantes) e
interpretar ese uso mediante la intención de comprender cuál es la concepción
que tienen del uso del espacio público, tanto en su país de origen como en
España. Para identificar el uso que hacen de los parques y jardines hemos
intentado describir cuáles son las actividades que hacen en los parques
madrileños y establecer una clasificación de las actividades que constituyen
procesos de territorialización. Posteriormente nos ha restado interpretar que detrás
de esos determinados usos de los parques existen concepciones que explican
cómo entienden inmigrantes y autóctonos la utilización del espacio público.
HACIA UNA CONCEPCIÓN DEL ESPACIO PÚBLICO
Stein, (2003: 67) comenta que Weber (1921) concebía el espacio público como el
lugar de encuentro de los individuos de clases sociales, de razas y de etnias
diversas. En este sentido la concepción de Weber, noventa y tantos años antes,
nos alerta del mestizaje que se da en las ciudades en diferentes ámbitos,
geográficos, sociales, culturales, económicos, necesarios de abordar desde las
distintas disciplinas científicas. El lugar propio del mestizaje nos sirve como
introducción al tema del espacio público y su uso, en nuestro caso, por parte de
los inmigrantes en Madrid. Porque efectivamente lo que presentamos en este texto
es un estudio sobre cómo los inmigrantes hacen uso del espacio público,
especialmente de los parques madrileños. Sin embargo, la misma autora (Stein
190
2003: 67) considera que, en efecto, los espacios públicos, en tanto que abiertos a
todos, son espacios potencialmente mestizos. Pero que la realidad es más
compleja dado que no es inusual que ciertos espacios públicos sean apropiados
por grupos de población particulares, de manera tal que limiten o prohíban el
acceso a otros a dichos espacios. Stein señala que hay que afrontar los espacios
públicos no solamente en términos de proyección funcional (usos previstos) sino
también en términos de apropiación real, término que en la perspectiva
transnacional llamamos aquí territorialización.
El concepto de espacio público emerge en filosofía política en la década de los 60
y en la sociología y en urbanismo a finales de los años 70, reagrupando diversas
categorías de objetos (espacios verdes, calles, plazas, parques, mobiliario
urbano). Además, es analizado frecuentemente en oposición a lo privado (Stein,
2003: 49, Aramburu, 2008: 144). En este sentido suponemos que es un espacio
de circulación libre normativizada por el derecho público a diferencia de la esfera
privada, donde el territorio no es permitido a todos y su acceso es restringido.
Mientras exista la noción de que el espacio público pertenece a la colectividad, la
idea de apropiación es esencial. Por otra parte, el espacio social está determinado
por las interacciones sociales que se fundamentan sobre la aceptación de reglas y
de normas comunes apoyándose sobre un territorio delimitado (Stein, 2003: 49,
Aramburu 2008b: 6).
A su vez la idea de “espacio público” es un concepto al mismo tiempo urbanístico
y político. Por un lado, el espacio público urbano está compuesto por las calles,
plazas y parques de una ciudad, todo aquello que no es propiedad privada. Por
otro lado, el espacio público, en el sentido de la filosofía política, lo que también se
denomina esfera pública, es un ámbito de deliberación democrática abierta a todo
el mundo (Aramburu, 2008: 144). Si bien Gigosos y Saravia (2007-2008: 117)
sostienen que no conviene apresurarse en desvincular lo público de lo privado,
dado cierto repliegue de lo privado. Simultáneamente, estos espacios se
caracterizan por su polifuncionalidad (Garcés, 2006: 18-30) convirtiéndose en
nodo de la red social inmigrante.
De la reciente bibliografía española sobre el tema aquí tratado encontramos que
está focalizada fundamentalmente en dos grandes ciudades, Madrid y Barcelona,
además de algún trabajo sobre Valencia y País Vasco. Un primer grupo de los
trabajos destacan por la aportación de carácter etnográfico en dichas ciudades
describiendo el uso que hacen los inmigrantes en los espacios urbanos y a veces
aportando alguna reflexión teórica para comprender dicha descripción (Chulilla y
Azagra, 2005; Torres, 2005; Aramburu, 2008b; Monnet, 2000; Müllauer-Seichter,
2007). El segundo grupo sobresale por la reflexión analítica más general sobre el
uso de los espacios urbanos (Aramburu, 2008; Barbero, 2008; Díaz y Ortiz, s/f;
191
Garcés, 2006; Monnet, 2000; Gigosos y Saravia, 2007-2008). Por último, un tercer
grupo incide en el género en el contexto de esos espacios urbanos (Juliano, 1994;
Pedone et al., 2010).
El uso del espacio público, en concreto de los parques, por parte de los
inmigrantes latinoamericanos ha supuesto una reinterpretación de los mismos en
general (Gigosos y Saravia 2007-2008: 121) o una re-significación de los espacios
(Chulilla y Azagra, 2005: 63). En este sentido siguen a Martínez Veiga (1999)
que habla de “aglomeración compensatoria” en el caso de ciertos inmigrantes.
Estos procesos de re-significación se reproducen también en los autóctonos como
señalamos más adelante.
El trabajo que presentamos se inscribe en la primera categoría ya que intenta
describir el uso de los parques por parte de las comunidades andinas en Madrid.
Al mismo tiempo nuestra perspectiva inquiere en la noción de la construcción
social (Berger y Luckmann, 1984) del espacio por parte de los inmigrantes
incidiendo en la reformulación simbólica que hacen de los mismos (Garcés, 2006:
7; Müllauer-Seichter, 2009: 2). En el caso concreto de Madrid se encuentra el
trabajo de Chulilla y Azagra, (2005: 20) que se centra en la descripción
etnográfica de los usos de los espacios públicos de los inmigrantes resaltando la
temática su transformación cultural, también los artículos de Müllauer-Seichter
(2009: 3) sobre el uso de dicho espacio especialmente en el barrio de Lavapiés y
sobre la participación ciudadana de autóctonos e inmigrantes en el espacio público
(Müllauer-Seichter, 2007: 171).
METODOLOGÍA DE LA INVESTIGACIÓN
Se ha llevado a cabo una metodología de tipo cualitativa centrada en la
observación participante fundamentalmente en dos parques, Casa de Campo y
Parque del Oeste 3. Ambos parques se han constituido, desde hace unos cuantos
años, en lugares de reunión de los inmigrantes aquí estudiados. Especialmente el
primero es un parque muy espacioso lo que da lugar a pasar muchas horas
durante el fin de semana. Mientras el Parque del Oeste es un lugar mucho más
céntrico y menos espacioso. Se realizaron veinticinco entrevistas en profundidad
y semi-abiertas, llevada a cabo por dos investigadores. De éstas entrevistas, tres
fueron realizadas a policías municipales de las zonas implicadas; tres a
mediadores sociales pertenecientes al actualmente desaparecido Servicio de
Mediación Social Intercultural; dos al Servicio de Mediación Vecinal; una al
3
Casa de Campo es el mayor parque público del municipio de Madrid y está situado al suroeste de la
ciudad. El Parque del Oeste se encuentra en el centro de Madrid y muy cerca de Casa de Campo.
192
responsable de la Inmigración del Ayuntamiento; una a un barrendero; a un
dirigente de una escuela de fútbol; a un dirigente de una asociación boliviana; a
tres vecinos autóctonos; a una peluquera boliviana en Casa de Campo; a dos
vendedoras de comida ecuatoriana; a una ecuatoriana vigilante de la posible
llegada de la policía; a tres ecuatorianas (una de ellas peluquera) y a dos
bolivianas y dos colombianos. Para ello, dos investigadores hemos visitado varios
parques y hemos podido hacernos una composición de lugar de los distintos
lugares de ocio 4. El trabajo de campo se realizó entre los meses de noviembre de
2005 y marzo de 2006, cuando arreciaba el invierno en Madrid. Este dato ha de
ser tomado en cuenta para valorar la afluencia a los parques, ya que a partir del
mes de marzo hasta octubre son los meses donde la gente disfruta más de dichos
espacios públicos. También se hizo observación participante en tres parques más
(Parque de Aluche, lugar de reunión de polacos y rumanos; Pradolongo 5 , lugar de
afluencia fundamentalmente de colombianos y bolivianos y un parque más
pequeño, Olof de Palme 6.
El trabajo etnográfico ha consistido en pasar largos ratos en los parques
entablando relación con los participantes de las concentraciones. Allí se ha
observado la dinámica de las reuniones, se ha entrevistado a algunos informantes
cualificados, se ha charlado informalmente con la gente ganándose la confianza
de los más asiduos al lugar. A medida que se fue obteniendo más información
sobre los colectivos reunidos y su dinámica se fue enriqueciendo la reflexión sobre
las pautas generales que se iban detectando. La información que se iba
recogiendo por escrito se contrastó con la de las entrevistas y se ha usado
también algunas fuentes secundarias tales como estadísticas, mapas, planos,
información de los servicios oficiales de los parques, etc.
CONCEPCIÓN DEL USO DEL ESPACIO PÚBLICO EN MADRID
La concepción del uso del espacio público por parte de los autóctonos ha ido
cambiando en Madrid en razón de que las necesidades también se han ido
modificando y por las nuevas ofertas de lugares de recreo tales como parques
temáticos, aquópolis, etc. Y probablemente porque se ha pasado a un uso más
privado. Así como en otros aspectos de la vida cotidiana y social de los madrileños
han sufrido un proceso de privatización y fundamentalmente mercantilización
4
Agradezco especialmente a Sileny Cabala por su gran dedicación en el desarrollo del trabajo etnográfico en
dichos parques.
5
El parque de Pradolongo es el cuarto de Madrid por su extensión después de la Casa de Campo, El Retiro
y el Parque del Oeste.
6
El parque Olof Palme, es un área verde de 46.600 metros cuadrados situado al sur de Madrid, en el distrito
de Usera al igual que el de Pradolongo.
193
también lo han sido las actividades del ocio y del tiempo.
Por ejemplo, hacer deportes en los parques hace 40 años no era un hábito social
como es el caso de salir a correr, hacer tai-chi y yoga. En cambio ahora es más
habitual. Es decir que también en relación al deporte se han modificado los hábitos
de los madrileños introduciéndose nuevas prácticas deportivas. Antes se reunían
familias autóctonas enteras en los parques, abuelos, tíos, padres e hijos sin
embargo, hoy en día ni siquiera en verano es común tal práctica. Varias razones
confluyen en estos cambios: por un lado el modelo familiar actualmente es
claramente nuclear, es decir, los padres y los hijos. También la mayoría de las
familias disponen de vehículo particular lo que les permite desplazarse a la sierra
madrileña y a otros sitios de recreo.
También se ha dado un doble proceso de privatización y de mercantilización que
supone cambio de hábitos (Aramburu, 2008: 145). Privatización en el sentido de
que las familias también pueden reunirse en espacios privados no sólo en las
casas sino en los grandes centros comerciales donde también hay ofertas de ocio
para que la gente pueda pasar gran parte del día. Así se pueden hacer las
compras mientras los niños pequeños juegan en zonas infantiles bajo vigilancia de
personal contratado por los centros comerciales. Y significa también un proceso
de mercantilización del ocio y del tiempo libre comparado con varias décadas
anteriores. El individuo o la familia deben pagar por esos servicios de recreo.
Adquieren estos centros privados mayor relevancia en determinadas estaciones
tales como el invierno que por la crudeza del clima continental madrileño hay que
recurrir a sitios cerrados para disfrutar del tiempo libre. Los parques en esta época
sirven para disfrutar de paseos y algunos deportes, actividades que no lleven
demasiado tiempo y que puedan hacerse a pesar de las inclemencias del tiempo.
CONCEPCIÓN DEL USO DE LOS ESPACIOS PÚBLICOS DE LOS
INMIGRANTES ANDINOS EN MADRID
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) 7 a primeros del año 2006, los
inmigrantes de Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú sumaban 203.670 personas.
Éstos representaban el 46%, casi la mitad, de la población inmigrante sobre una
población madrileña de 6.400.000 habitantes en la Comunidad de Madrid. El grupo
mayoritario eran los ecuatorianos con 113.390 nacionales, seguidos por los
colombianos con 36.216, los peruanos con 29.373 y los bolivianos que eran
24.691. Todos los grupos tenían una mayoría femenina que de media, entre todos,
daba el 54%. Esto explica que la afluencia de las mujeres andinas sea mayoritaria
7
Fuente: INE: http://www.ine.es/inebmenu/mnu_cifraspob.htm visto por última vez el 10/09/2012.
194
en los parques. De hecho, las mujeres colombianas representaban el 57% de su
colectivo y las bolivianas el 56%, bajando dicho proporción en los ecuatorianos
(53%) y peruanos (52%).
A pesar de que estas comunidades presenten una mayoría femenina debemos
partir de la idea de que la concepción del uso de los espacios públicos no es
homogénea entre los distintos países de donde ha venido la inmigración (Torres,
2005: 245). Y es muy probable que, aunque hagamos una clasificación muy
elemental y general, por ejemplo, entre países de Europa del Este y países
andinos y países del Magreb, nos encontremos que dentro de cada gran grupo
existen diferencias notorias. Sin embargo, nos animamos a establecer algunos
rasgos generales del que llamamos dentro de los sudamericanos el tipo “andino”.
En primer lugar, denominamos “andinos” a los grupos procedentes de Bolivia,
Colombia, Ecuador y Perú en función del lugar de procedencia geográfica y
porque genéricamente desde sus países de origen tienen este auto-concepto. De
la misma forma que llamamos latinoamericanos a los inmigrantes que proceden de
este subcontinente. Por otra parte, los países andinos (incluyendo a Chile y
Venezuela) forman un ámbito geográfico diferenciado en América del Sur, por su
peculiar condición de estar enclavados en la cordillera de los Andes. Los cuatro
primeros políticamente han constituido la Comunidad Andina de Naciones (CAN).
Ellos mismos sostienen que tienen un pasado histórico común y una gran
diversidad cultural, étnica y lingüística. Con cautela, dada dicha pluralidad y
diversidad interna, usamos dicho término aquí. Pero sostenemos que, por encima
de esa diversidad, les unen muchas cosas que a su vez le diferencian del resto de
los latinoamericanos respecto al uso de los espacios públicos en Madrid. Por
ejemplo, las dominicanas a primeros de la década de los noventa fueron las
primeras en reunirse en plazuelas de Madrid. Pero con el paso del tiempo esa
práctica desapareció. Tampoco hay consignadas concentraciones de grupos de
otros países latinoamericanos como, por ejemplo, argentinos y uruguayos,
paraguayos o brasileños.
En segundo lugar, en el uso de los parques de Madrid presentan algunas
características similares. Una de ellas es que llama la atención a los inmigrantes
andinos la existencia de una regulación legal del espacio público en Madrid. Es
decir, de una normativización del uso de los espacios públicos que consideran
exagerada respecto a cómo se hacía en sus países de origen. Aceptan que
existan normas que establezca una serie mínima de orientaciones en la
convivencia en los parques pero no logran comprender la cantidad de limitaciones
a su uso (Aramburu, 2008b: 37, Stein, 2003: 49).
Unido a ésta se haya la percepción de la vigilancia y control por parte de distintos
195
cuerpos policiales, servicios de limpieza, etc. que era desconocida y mucho menos
presente en sus países de origen. Esta vigilancia hace que sea más difícil sortear
los escollos que ésta presenta. No olvidemos también la sensación de inseguridad
que sufrían y aún lo sienten muchos de los inmigrantes por la falta de
documentación legal (Aramburu, 2008b: 37, Stein, 2003: 67, Torres, 2005: 35).
A continuación detallamos aquellos aspectos sobresalientes que caracterizan la
concepción del uso del espacio público por parte de los inmigrantes andinos.
EL DEPORTE COMO ACTIVIDAD AGLUTINANTE DE LOS INMIGRANTES
ANDINOS EN MADRID
Parece ser una constante en los distintos grupos de origen andino, aquí citados,
que se reúnen en los parques dado que el deporte es una actividad que les
aglutina. La práctica deportiva en lugares públicos en sus países durante el fin de
semana ha sido trasladada a Madrid. Basta si no ver parques, plazas, jardines,
centros deportivos, en fin, un sinnúmero de sitos donde se puede observar a los
inmigrantes haciendo deporte. Muchas veces junto a los autóctonos, si mayor
discriminación.
Lo que parece ser en un principio una actividad espontánea en realidad esconde
una práctica organizativa de gran envergadura. Allí donde hemos podido acceder
o contactar directamente se ha constatado que muy pronto se organiza la
actividad deportiva. Muchas veces es a través de un líder quien organiza equipos,
alquila redes,… Pero rápidamente se organizan ligas deportivas que muchas
veces culminan en la creación de una asociación que avala dicha actividad.
(Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid, 2012: 17) Al menos
en el lenguaje de los inmigrantes le llaman asociaciones pero queda la duda de si
es efectivamente una asociación de inmigrantes con el pertinente reconocimiento
legal.
En el caso de los ecuatorianos, colombianos, peruanos y bolivianos y
seguramente en otros colectivos inmigrantes el deporte es una actividad que
permite reunir a la familia durante los fines de semana alrededor del cual se
realizan otras actividades paralelas. En el colectivo ecuatoriano algunas veces
culminan los campeonatos deportivos con la elección de una joven como “miss” o
“reina” de la región ecuatoriana mayoritaria reunida en ese momento.
Los deportes más apreciados son el voleibol, el fútbol, el baloncesto y el fútbol
sala. El primero es muy practicado por los ecuatorianos en su país de origen que
lo llaman “Ecuavoley”, teniendo su origen en la sierra ecuatoriana. Esta variante
196
del voleibol se caracteriza porque participan dos jugadores menos (tres en total) y
necesitan una red especial diferente a la tradicional (Federación Regional de
Asociaciones Vecinales de Madrid, 2012: 16). Normalmente forman equipos de
hombres pero también se ha constatado la existencia de equipos femeninos que
juegan entre sí. Raro es el caso de equipos mixtos. En Ecuador aprecian mucho a
aquellos jugadores que son especialistas en pegarle bien al balón.
Al igual que en aquél país, los ecuatorianos apuestan con dinero por los equipos
en liza. Con lo cual se crea un negocio alrededor de este deporte. En Ecuador hay
apostadores que pueden ganar hasta el equivalente de un salario allí (de 100
dólares) en una o dos sesiones de apuestas. Las cantidades de dinero que se
ponen en juego son aún mayores que en Ecuador dado el mayor poder
adquisitivo. Los apostadores profesionales que ya lo eran en su país siguen
apostando fuerte y ganando buenas sumas de euros. Algunas de las causas de
los enfrentamientos y peleas que suceden de vez en cuando en los parques
provienen por desavenencias entre los apostadores. A ello hay que sumarle los
efectos del alcohol. Hasta ahora hemos detectado el sistema de apuestas en torno
al ecuavoley solamente en los ecuatorianos. Los bolivianos son también muy
aficionados al voleibol en su país lo que se traslada a Madrid. Mientras que los
colombianos practican mucho al fútbol, deporte muy apreciado allí y aquí. En
todos estos deportes en los parques madrileños se forman equipos de adultos y
de niños.
LOS PARQUES DE MADRID: LUGAR DE ENCUENTRO Y DE DISFRUTE DEL
OCIO
Como hemos señalado anteriormente los parques suelen ser un lugar de
encuentro prefijado de antemano, desde el país de origen. Muchos inmigrantes
viajan desde su país con la idea de que en el “parque tal” va a reunirse con sus
parientes y paisanos y que ahí podrá encontrar respuestas a sus preguntas y
satisfacción a sus necesidades de su estancia en Madrid. Como decía un
entrevistado boliviano:
“Y también hay otra cuestión que quería decirte y es que
en esta época, hace 4 años atrás, fue cuando nos dimos
cuenta de lo que está llegando porque se volvía “punto
de encuentro”. Llegaban al aeropuerto y decían: “Doce
de Octubre, Doce de Octubre...”. Era punto de encuentro
y de contacto nada más llegar al aeropuerto. Era como
un busca persona, incluso sin saber la dirección. Se
197
encontraban tíos y parientes que no sabían cierto dónde
se encontraban. En esa época no había restaurantes
bolivianos.” (Omar, boliviano, 35 años).
En Madrid hay varias formas de enterarse de los lugares de reunión. Como decía
una mujer ecuatoriana: “se escucha mucho, se escucha mucho en el metro ya
cuando uno se viaja en el autobús ya la gente te lo va diciendo… que se
encuentran aquí en Lago, antes en el Retiro, Casa de Campo también me han
dicho pero no me he ido y ya eso…” (Luisa, ecuatoriana, 40 años). Sin embargo,
en la medida que ha ido creciendo la variedad de sitios de reunión, con la
apertura de restaurantes, casas de comida, bares, etc. por los inmigrantes más
emprendedores, ha aumentado especialmente en invierno la competencia a la
reunión en los parques.
“Desde el momento en que se crean restaurantes
también disminuye la gente aquí porque ya hay donde ir,
antes no había donde ir a reunirse, si querías comer algo
boliviano tenías que ir al Doce de Octubre. Si te apetecía
algo especial ibas allí. Alguna gente tenía en su domicilio
pero eso no era restaurante, tenías que conocerlo y tal,
desde el momento que tienes los restaurantes te vas allí,
ya no vas al Doce de Octubre”. (Carlos, boliviano, 38
años).
Para los recién llegados y los que llevan poco tiempo en España, la asistencia a
estas grandes reuniones en los parques, supone un motivo de regocijo y
arropamiento fraternal que ayuda a sobrellevar la soledad y la adaptación al lugar.
“Yo, la primera vez, al principio me gustó porque yo no conocía a nadie en
España. Íbamos y imagínate encontrar una bebida de tu país, eso era... o comerte
una empanadilla de allá... era muy rico, ver a gente y tal...” (Johanna, colombiana,
42 años).
Tal como hemos comprobado en la observación etnográfica de los parques
mencionados hay un porcentaje importante de personas que estaban solas en su
primera época de inmigración. El recurso especialmente es salir para encontrarse
con grupos de su propio país para mitigar la soledad los días que no trabajan,
especialmente los fines de semana. Soledad que se evidencia cuando se
encuentra con otros compatriotas que tienen a su familia en Madrid. Uno de los
entrevistados ante la pregunta de si no había entablado amistades aquí
contestaba:
198
“Si, pero cada quien tiene sus compromisos, sus parejas
¿no? Pasan nomás con familia. Yo acá estoy solo… no
puedo tampoco interrumpir. Yo sé que tampoco me van a
decir que no. Pero siempre ante eso uno no se siente
bien ¿no? Pero siempre salgo así a caminar solo, a
distraerme un poco. Pero me siento agobiado, me siento
mal, tengo nostalgia…” (Alberto, ecuatoriano, 45 años).
APROPIACIÓN REAL DE TERRITORIO O TERRITORIALIZACIÓN
Los términos territorialización y desterritorialización están siendo usados como
términos afines en el ámbito del transnacionalismo y que explicaría distintas
características en la configuración de las comunidades étnicas transnacionales.
Como refiere el antropólogo Michael Kearney (Kearney, 1995: 549) el término
desterritorialización (deterritorialization) tiene varios usos para referirse a tales
procesos transnacionales. El transnacionalismo visto por este autor coincide con la
globalización si bien tiene una extensión limitada. Mientras los procesos globales
están ampliamente descentralizados de los territorios nacionales específicos y se
dan en un espacio global, los procesos transnacionales están anclados en que
trascienden uno o más estados nacionales. Así transnacional es el término
utilizado cuando se refiere por ejemplo, a la migración de nacionales a través de
las fronteras de una o más naciones.
Levitt, De Wind y Vertovec (2003: 565) señalan el reconocimiento de que algunos
migrantes mantienen fuertes lazos duraderos con sus tierras de origen al mismo
tiempo que son incorporados en sus países de acogida. Y esto sitúa la cuestión de
las asunciones convencionales acerca de la dirección y los impactos de la
migración internacional. Y se habla de prácticas transnacionales. Además,
reconocen que lo que significa “transnacionalismo” y qué debería y qué no debería
ser incluido bajo esta rúbrica, no es siempre claro. En la misma línea que Levitt et
al. (2003: 565) Bauböck explica que:
“El término “transnacionalismo” se aplica a las actividades
humanas y a las instituciones sociales que se extienden a
través de las fronteras nacionales. La definición de
transnacionalismo se refiere, además, a los estados como
entidades políticamente delimitadas, con fronteras, las cuales
son atravesadas por movimientos o gente, dinero o información
y son cruzadas por redes sociales, organizaciones y campos”
(Bauböck 2003: 701).
199
En realidad se han propuesto varias nociones que intentan definir el panorama del
transnacionalismo vinculado a la migración. Así como ha citado Suárez (2006: 8)
se han usado las siguientes nociones: circuitos migratorios transnacionales
(Rouse, 1992) sociedades binacionales o referencias biculturales (Vertovec,
2003), formaciones sociales transnacionales (Guarnizo, 1998), comunidades
transnacionales o desterritorializadas
(Levitt, 2000), espacios migratorios
transnacionales (Faist, 2000, Eguren, 2011) o campos migratorios transnacionales
(Blasch, et al., 1994, Levitt y Glick Schiller, 2004).
En lo que respecta a nuestro tema, el uso más apropiado hace relación a que los
migrantes se trasladan y crean espacios transnacionales; que pueden tener el
potencial de liberar a los connacionales quienes son capaces de escapar en parte
de la hegemonía totalizante que un Estado fuerte puede tener dentro de sus
fronteras nacionales.
Basch et ál. (Basch, 1994, Baubock, 2010) argumentan que en estas situaciones
un Estado-Nación puede extender su hegemonía sobre sus ciudadanos quienes
como emigrantes y refugiados, residen fuera de sus fronteras nacionales. El
Estado puede argüir que esos ciudadanos emigrados constituyen parte de la
población de su país, como decía el presidente Arístide de Haití definiendo a los
haitianos de los Estados Unidos de América como un “décima provincia”,
agregándola a los otras nueve del estado haitiano.
Entendemos ambos términos como relacionados pero especificando cada uno un
aspecto del proceso de transnacionalización de los inmigrantes. Por
desterritorialización entendemos el proceso por el cual los emigrantes pierden
poder de influencia y dominio sobre territorios nacionales por efecto de la
emigración, mientras que territorialización e incluso reterritorialización es el
proceso por el cual los inmigrantes ganan espacios como grupo étnico o minoría
étnica adueñándose al menos temporalmente de determinados territorios. En este
sentido el fenómeno conocido de la exclusión social en los espacios sociales ya
fue tratado por Simmel (1986). Al mismo tiempo territorialización se puede
interpretar como la apropiación por grupos o comunidades étnicas de espacios
físicos en las ciudades donde éstos se hacen dueño de determinados barrios
(Garcés, 2006: 11, 30). En este sentido puede ser entendido como una
compensación por la pérdida de territorios definidos en su país de origen (Chullila,
2005: 64, Juliano, 1994: 93).
Entonces, consideramos que los inmigrantes en Casa de Campo como en otros
parques, plazas, jardines, etc., lugares públicos de Madrid, se apropian, al menos
temporalmente, de determinados espacios que usan como propios. Como ha de
observarse no se apropian, por ejemplo, de todo el espacio físico de Casa de
200
Campo sino de determinadas zonas y en días concretos. En la medida que la
población autóctona entiende que es una apropiación limitada, temporal y alejada
de su centro vital, entiéndase viviendas y entorno más cercano, es tolerante con
esta práctica. Pero cuando los sitios son más cercanos, se consideran como
neurálgicos en la vida barrial y se sienten desplazados de su uso, entonces el
sentimiento de pérdida de territorio se acrecienta. Es lógico entonces que se
incrementen las tensiones (Stein, 2003: 68).
Los alóctonos no solamente definen fronteras internas en los parques respecto a
la población autóctona sino respecto a las otras minorías que hacen uso de dichos
espacios. La territorialización no significa apropiación de dichos espacios físicos
sino establecimiento de actividades y prácticas propias que tienen un sentido
especial de pertenencia étnica. Se considera que lo que se ofrece es para uso y
consumo interno del mismo grupo. Una vez que dicho fenómeno de
territorialización gana espacios y pervive en el tiempo, a pesar de su inestabilidad,
intentan legitimarla mediante negociaciones con los vecinos, agentes policiales o
con el mismo ayuntamiento. Para ello es necesario que ese grupo tenga una
organización con un portavoz que asuma el rol de la defensa, a veces supuesta,
de los intereses de todo el grupo. A menudo se confunden los roles y el portavoz
del grupo es al mismo tiempo el que ejerce una autoridad sobre los que llevan
algún negocio, autoriza la instalación de puestos de venta y cobra también por ello
como si fuera un impuesto. Como decía un inmigrante ecuatoriano en Casa de
Campo:
“… este campo deportivo, como digo yo, es un campo
cerrado, donde hay una persona con quien se habla y la
gente que está en condiciones dice: ‘Sabes, yo quiero
ponerme un negocio de comida’. (El otro le responde):
‘Pues, vaya a hablar con la persona encargada y le dice
tanto le cuesta, ponga su negocio.’ Ya ella sabrá si va a
rentarle o va a la pérdida, ya eso depende de la persona.
Pero, permisos, permisos, nada de permisos. Ahí la
gente viene, habla con la persona encargada y se
posesiona si la gente sabe hacerlo…” (Eleuterio,
ecuatoriano, 36 años).
Posteriormente y para perplejidad de vecinos y poderes locales buscan negociar
de igual a igual con argumentos reivindicativos de quienes tienen derechos
adquiridos. Este ha sido el caso del grupo embrión de la CONADEE (actual
asociación ecuatoriana) en el Parque del Oeste, de ACOMA en Pradolongo y de
los europeos del Este en Aluche.
201
FORMAS DE ECONOMÍA ÉTNICA INFORMAL Y ESPORÁDICA EN LOS
PARQUES MADRILEÑOS
Uno de los aspectos que sobresalen en la actividad de los inmigrantes,
especialmente andinos, en los parques madrileños es el negocio de la venta de
comida, bebidas, otros artículos y alquiler de redes de deporte. No es un
fenómeno desconocido ni antiguo en España (Buckley Iglesias, 1998: 183). Lo que
resulta llamativo es que se lleve a cabo teniendo en cuenta la restrictiva normativa
vigente, que prohíbe la venta de comida sin la autorización correspondiente en los
parques, sin haber pasado el respectivo control de las autoridades sanitarias.
Probablemente haya sido la comunidad peruana la que en la década de los
noventa introdujo una modalidad novedosa en los parques madrileños: la venta
ambulante de comida típica de su país y de bebida en las concentraciones que
llevaban a cabo en La Chopera en el parque de El Retiro. Ellos abrieron un camino
para los grupos de inmigrantes, especialmente ecuatorianos y bolivianos.
La forma de economía étnica andina ha ido evolucionando pasando de la informal
y esporádica de la venta ambulante en los parques a la formal con la apertura de
pequeños restaurantes de comida ecuatoriana y boliviana. Éstos están destinados
al uso de los miembros de dichas comunidades inmigrantes abriendo un espacio
que hasta primeros años del siglo XXI no existía. Es verdad que, con el paso del
tiempo, también la clientela se amplía incluyendo a la autóctona. Algunas de las
vendedoras ambulantes que ya llevan mucho tiempo vendiendo en los parques
han logrado instalar sus pequeños restaurantes. Se complementa la actividad de
éstos y la venta ambulante de comida con la existencia de estos productos en el
mercado. A las vendedoras ecuatorianas y bolivianas de comida el abastecimiento
seguro de los mismos les facilita para la preparación de los platos típicos de sus
países, comparado con épocas anteriores que dependían mucho de los que
venían y les traían esos productos. Además de facilitarles dicha tarea los precios
se han vuelto más asequibles, por lo que les proporciona mayor margen de
ganancia.
Los bolivianos en aquella época constituía una inmigración nueva con pocos años
en su haber, aún insuficiente como para haber montado una economía propia, sin
embargo, ya se había constatado que alguna antigua vendedora ambulante de
comida había puesto ya su propio restaurante.
Una característica común de estas formas de economía étnica informal y
ambulante es que se concibe como un negocio familiar (Eguren, 2012, Gómez,
2006, Light y Gold, 2000). Las mujeres tienen el apoyo de sus padres, maridos,
hermanos y/o hijos en la compra de los comestibles y en la aportación económica
202
para su adquisición, elaboración de las comidas y posterior traslado y vigilancia en
la venta en el parque. Además, en algunos sitios se puede encontrar que varias
hermanas regentan varios puestos de venta. Es el caso del clan de los
“Collamuayo” procedentes de la ciudad ecuatoriana de Calderón en un parque
céntrico de Madrid, en el que tres hermanas controlaban 3 puestos de venta de
comida de los 8 presentes. Tenían a su madre, mujer de unos 70 años vigilando la
zona para dar el aviso por si venía la policía. Además, en muchos casos la familia
debe entenderse en sentido extenso por lo que pueden participar también primos,
tíos, sobrinos…
LA VENTA AMBULANTE DE COMIDA EN LOS PARQUES
Se constata que la venta de comida y bebida en los parques responde a un mismo
patrón de división del trabajo que denominamos división de género del trabajo.
Porque las que cocinan y venden los platos típicos son mujeres, la mayoría de
las cuales ya lo hacía en su país. En esta tarea suelen ser ayudadas por sus
maridos, parejas, hermanos y/o hijos. La labor del varón es ayudar a la mujer en la
compra y en el traslado de la comida. Son ellos los que conducen los coches o
furgonetas y luego ayudan a las mujeres a trasladar las ollas y las grandes bolsas
conteniendo los productos. Luego ya en el lugar de venta están en segundo lugar,
a veces dando una mano en la venta, otras trayendo más ollas u otros continentes
con comida que han estado resguardados en los coches o escondidos en arbustos
en el parque para que no se los incaute la policía.
En el año 2005 detectamos que había vendedoras que llevaban más de ocho
vendiendo comida en los parques madrileños. Esto significa que han asentado ya
su negocio ambulante y que han capeado muchos temporales por la presión
policial. Por otra parte significa también que han fidelizado su clientela, quizás en
parte a que muchos de ellas ya eran conocidos en su tierra. Por lo cual ya venían
con una clientela creada en su propia tierra. Esta es una de las características del
transnacionalismo étnico. De manera que al principio de la “apertura” de su
negocio ya tenía sus clientes. La táctica publicitaria del boca a boca o de boca a
oreja resulta ser la más exitosa en este caso. Es una táctica que ya comienza a
hacerse desde su barrio, pueblo o ciudad en su país de origen: “Vete a un parque
que se llama Casa de Campo, en Madrid, donde está fulanita con su puesto de
venta de nuestras comidas”.
Uno de los puntos a favor de esta venta ambulante de comida es el precio. Si un
plato de encebollado o de fritada te sale 3,5 euros en Casa de Campo y “con
veinte euros puede comer una familia de cuatro personas, por que voy a ir a una
203
casa de comidas ecuatoriana que me sale el doble.” “La diferencia está en que en
la casa de comidas estás sentado en una mesa y además incluido en los 7 euros
está la cola (sucedáneo de la Coca Cola”.
OTRO TIPO DE VENTAS Y SERVICIOS AMBULANTES
Además de la venta de comida y bebidas existen otro tipo de ofertas en los
parques que acompañan a la primera. Se ha extendido el tipo de top manta en el
cual se venden cd-roms de música popular del país de origen, venta de ropa como
gorros, pantalones, jerséis, gorras, guantes,… Y también de productos de
artesanía tales como pulseras y collares. Además se vende tabaco, golosinas,
chicles y otros productos afines. En Casa de Campo se habían contabilizado en el
invierno de 2006 hasta 32 puestos de venta de cd-roms de música y vídeos,
cuatro puestos de vendedores de gorros, guantes, pantalones en invierno.
Podemos establecer la suposición que en primavera el número de puestos se verá
incrementado.
Ya están preparados para recoger rápidamente en cuanto haya la más mínima
señal de que se acerca la policía. En esto no difiere de la organización que existe
en otros sitios donde venden inmigrantes senegaleses, sudamericanos, etc. en
distintos puntos de la capital. A veces es un paño extendido en el suelo donde
extienden los artículos de venta con un cordón que, a la primera señal de
aparición de vigilantes o policías, tiran de éste cerrando instantáneamente el paño
y se lo llevan colgando en forma de hatillo.
Suelen estar organizados de manera tal que siempre tienen a alguien que vigila y
les da el aviso de la cercanía de las fuerzas de seguridad. Suele ser un familiar o
amigo varón con el que tienen la suficiente confianza como para asignarles esa
tarea de vigilancia. Los familiares varones además de ayudar en las tareas de
apoyo en el traslado y venta de productos cumplen una función importante de
proteger a sus mujeres de cualquier problema, discusión o pelea que haya entre
los paisanos. Sin embargo, ellos suelen estar en segundo plano. De la misma
manera cuando hacen aparición los policías prefieren estar un tanto al margen
porque confían que las mujeres tienen sus artes para intentar persuadir a éstos.
Aunque muchas veces ellas salen huyendo dejando sus productos que son
requisados por la policía.
Un capítulo aparte lo constituye la venta de medicinas traídas ex profeso desde el
país de origen. Entre los ecuatorianos se ha descubierto que también traen desde
su país de origen medicamentos tales como Afinalín (es como una aspirina),
Contrex que lo toman con coca cola hirviendo y con limón por la noche para los
204
catarros. Como decía una ecuatoriana: “Al otro día por la mañana una está como
nueva”. También traen Vaporal (especie de Vaporub), pomadas, mentol y
linimento especial para los jugadores de fútbol y de voleibol. Muchos sufren
dolores musculares y contracturas por los golpes o malos movimientos durante los
partidos. Como nos decía una mujer: “Nosotros confiamos sólo en lo de allá”.
Finalmente, nos queda por referirnos al caso del servicio de peluquería al aire libre
en los parques, un fenómeno nuevo y desconocido en Madrid e incluso en
Ecuador, de donde se ha importado. Parece que este negocio funcionaba
solamente en Casa de Campo, según hemos corroborado en nuestro trabajo de
campo. Allí se establecían los fines de semana hasta 12 peluqueras en la hora de
máxima afluencia por la tarde. Ellas atienden a sus clientes normalmente varones,
es muy raro que haya mujeres, con amabilidad y paciencia, permaneciendo
muchas horas de pie. Solían estar desde las 11 horas hasta que anochece y a
veces más tarde. Por lo que las que más tiempo atienden suelen estar una media
de 8 horas de pie cortando el pelo. Cuando anochece se ayudan con la luz de las
farolas. Ellas protestan porque a veces no tienen tiempo de ir al aseo, cosa
inexistente en el lugar.
CONCLUSIONES
En este trabajo hemos intentado, tras una exploración etnográfica en algunos
parques madrileños, identificar las formas de apropiación del espacio urbano por
parte de los inmigrantes latinoamericanos de origen andino. Dado que estas
formas de apropiación están inscritas dentro de los procesos transnacionales,
hemos utilizado el término territorialización. Según el cual los migrantes en sus
desplazamientos pierden el dominio sobre determinados territorios, incluso
simbólicamente, lo que se entiende bajo la denominación de desterritorialización y
a la vez ganan otros espacios adaptándose a las nuevas pautas culturales y
sociales (territorialización).
En primer lugar concluimos que existe un modelo de utilización de los parques que
denominamos “andino” ya que son los ecuatorianos (especialmente de la sierra),
peruanos, colombianos y bolivianos quienes recurren a estos espacios urbanos. Y
es una práctica que no utilizan otras comunidades latinoamericanas en Madrid.
Se ha constatado que los parques suelen ser un reclamo para los inmigrantes en
la primera estancia de asentamiento en la ciudad. A ello coadyuva las situaciones
de soledad en que viven muchos inmigrantes andinos, la mayoría en su primera
etapa antes de la reagrupación familiar. Es una práctica transnacional dado que
muchas veces el sitio de reunión está ya estipulado para el migrante desde su
205
país de origen, donde le dicen donde puede encontrarse con sus compatriotas.
Hemos comprobado que si bien es cierto que en un principio los inmigrantes
intentan replicar las pautas culturales acerca del uso del espacio público, casi
inadvertidamente con el transcurso del tiempo, van modificando sus pautas
culturales. Si en un comienzo se reúnen en parques porque en sus países lo
hacían y lo hacían en plan familiar, las motivaciones y necesidades de fondo se
modifican insertándose en un proceso de privatización de los espacios, al uso de
los autóctonos. Depende en gran medida de la ampliación de las ofertas de ocio y
tiempo libre que ofrece la sociedad de acogida y las que crean las propias
comunidades inmigrantes. También depende de la estabilidad en el asentamiento
de la comunidad inmigrante, del proceso de regularización jurídica y de la
estabilidad laboral. Es decir, que la interacción de los inmigrantes andinos con la
sociedad madrileña influye en la modificación de la pauta cultural relativa al tiempo
libre y al ocio de la misma manera que un mayor nivel socio-económico también
influye simultáneamente en modificar dichas pautas culturales.
Lo que parece ser una cuestión esporádica y espontánea de las concentraciones
cada vez da muestras de tener por debajo una organización vinculante de los
espacios, actividades e incluso interacciones centradas en el deporte, actividades
y servicios de venta ambulante, y disfrute de la gastronomía de su país a precios
módicos.
Acerca de los objetivos de los encuentros en los parques por parte de los
inmigrantes encontramos que se distinguen según si la actividad es lúdica,
deportiva o lucrativa. En algunos casos se mezclan dos o tres de éstos. Cuando
el objetivo del grupo es meramente lúdico lo que se pretende es encontrarse con
otros paisanos, sentirse arropados e ir resolviendo necesidades y preocupaciones
que tienen para afrontar la inserción en Madrid. El segundo grupo se reúne por
llevar a cabo actividades deportivas a las que ya estaban acostumbrados a
realizar en su país natal. Se ha comprobado que el deporte aglutina a la mayoría
de las comunidades andinas residentes en Madrid. Un tercer grupo organiza
actividades en función de un objetivo lucrativo. El interés es aprovechar esas
concentraciones para hacerse de un dinero extra durante los fines de semana.
Normalmente es gente que trabaja entre semana en otras actividades y el fin de
semana se dedica a la venta ambulante. Finalmente cabe destacar que muchas
actividades económicas actualmente insertas en la economía formal nacieron, en
el caso de los inmigrantes, como actividades puramente informales.
206
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Recibido: 10 de junio de 2012
Aceptado: 31 de agosto de 2012
210
IDENTIDAD, MIGRACIÓN Y MEDIACIONES: ASPECTOS TRANSNACIONALES
EN LAS EXPERIENCIAS DE MUJERES LATINOAMERICANAS EN ALEMANIA
Sandra Gruner-Domic 1
La experiencia de mujeres inmigrantes en Alemania sirve como ejemplo, en este
artículo, para reflexionar sobre los conflictos de alteridad e identidad que surgen
en las retóricas discursivas de los países de acogida de inmigrantes. Las
experiencias de vida de estas mujeres, como se identifican y prefieren verse
representadas, demuestran cómo procesos de inclusión y exclusión ignoran
algunas perspectivas y no están reflejadas en discursos sobre migración e
inmigrantes que las caracterizan como diferentes u “otras”, negando la fluidez de
identidades tanto personales como colectivas.
Palabras-clave:
identidad,
inclusión/exclusión.
migración,
latinoamericanas,
alteridad,
This article uses the experiences of female Latin American immigrants in Germany
as an example to think about the conflict of Otherness and identity that arise in
discourses and rhetorical debates in the hosting countries of migration. The life
experiences of these women, the way how they identify themselves or how they
prefer to be seen, demonstrate how process of inclusion and exclusion ignore
some of these women perspectives und are not reflected in migrations discourses
that tend to characterize them as different or “Other”, denying the fluidity of
personal and collective identities.
Keywords: Identity, Migration, transnational, inclusion-exclusion, women, Latin
America, Germany,
1
Sandra Gruner-Domic, es doctora en Antropología Social por la Universidad Humboldt Berlín. Docente en
Sociología y Estudios de Genero en la Universidad de California del Sur: Los Ángeles, California - EEUU. Email: [email protected]
211
INTRODUCCIÓN
Esta propuesta intenta un análisis general sobre la experiencia migratoria y su
relación con los cambios de identidad. Observando la experiencia de mujeres
latinoamericanas que emigran a Europa –centrándome más concretamente en el
caso Alemán– quiero señalar los aspectos de identificación que acompañan
situaciones de género, pan-etnicidad y cosmopolitismo. Dada la situación de que
muchas de las migrantes mantienen relaciones transnacionales 2, que promueven
un cambio constante de culturas, idiomas y a la vez la mantención de redes que
perpetúan estas conexiones, es necesario apuntar de qué manera es manejada la
flexibilidad adquirida por estas mujeres para entender cuán fluido es el proceso de
identificación y qué mecanismos contribuyen a reconocer identidades colectivas.
Empiezo haciendo una breve referencia al fenómeno migratorio y su relación con
el cuestionamiento de la identidad, para mencionar luego cómo otros factores
influyen y moldean procesos de identificación individuales y colectivos. Después
expondré en detalle cómo los individuos perciben y actúan en relación a ciertas
narrativas que los excluyen por diferentes motivos, para finalmente, mostrar las
estrategias narrativas que las mujeres latinoamericanas emplean al describir su
situación o identidad también de género más adecuadamente, tomando en cuenta
que algunas mantienen relaciones transnacionales. Estas valoraciones se basan
en observaciones y entrevistas efectuadas durante mi investigación para optar el
título de grado entre los años 1998-2002 (Gruner-Domic, 2005). Las extensas
entrevistas biográficas realizadas a 15 mujeres fueron hechas de forma más
intensiva con sólo 9 de ellas en la ciudad de Berlín. La investigación de campo se
extiende a varias de las comunidades de latinoamericanos (los latinos forman 1%
de la comunidad inmigrante total en Alemania) así como el seguimiento de las
entrevistadas. No todas las inmigrantes entrevistadas mantienen vínculos
transnacionales por lo cual solo una pequeña parte de esta muestra ha sido
utilizada para este artículo.
Mi interés al realizar esta investigación fue observar cómo las mujeres maniobran
identidades étnicas, nacionales, de género en nuevos contextos. Con este
propósito escogí mujeres latinoamericanas indistintamente de su origen social,
edad, profesión, etc. En especial por dos motivos: al ser un grupo pequeño en
Alemania no es percibido como amenaza en retóricas nacionales, por otro lado al
2
Las relaciones transnacionales son múltiples y constantes interconexiones que ciertos inmigrantes
mantienen cotidianamente construyendo y forjando campos sociales multi-situados, extendidos a través de
fronteras internacionales no solo entre el país de origen y el de destino (Glick Schiller et. al. 1995). Para mayor
detalle en la definición de transnacionalismo ver también Steven Vertovec (2002), L. Guarnizo y M.P Smith
(1998).
212
ser considerado como un grupo pan-étnico 3, por otros así como por algunos de
sus miembros, la oportunidad de diversificación en la muestra es mayor así como
las oportunidades de identificación. El grupo de las entrevistadas abarcó mujeres
entre 25 y 45 años de edad, que compartían la experiencia de haber migrado y
cruzado fronteras culturales así como el haber recibido adscripciones de otredad.
CUESTIONAMIENTO DE IDENTIDADES NACIONALES POR LA MIGRACIÓN
El movimiento sucesivo de individuos de un lugar a otro genera cambios en la
interacción entre los nuevos y antiguos residentes de un espacio local ciudad o
lugar especifico. Uno de estos cambios es el cuestionamiento de narrativas
nacionales y la reformulación de identidad debido a las negociaciones de
derechos, deberes así como también alegatos de pertenencia, inclusión ó
exclusión a cierto espacio. Estas negociaciones de derechos o pertenencia a un
lugar que siempre se han dado, consideran la historia como fuente de legitimación
y hoy son percibidas como respuestas políticas de identidad (identiy politics)
étnicas y son puestas en contraste con el pasado. Por un lado, estas interacciones
reflejan los diversos mecanismos y el modo en que funcionan al crear identidades
de grupo. Por otro lado, podemos ver que no aparecen de la nada, sino que son la
continuación de antiguas relaciones mayormente manifestadas en diferencias
(étnicas, jerárquicas, raciales) que reproducen ciertas construcciones y al mismo
tiempo están listas para implementar cambios (Kymlicka 1995, Korom 1994,
Anderson 2006).
Los procesos migratorios han sido estudiados por diferentes disciplinas y cada una
de ellas ha enfocado la migración desde un ángulo diferente. Sin embargo, este
interés ampliamente compartido se da no sólo por el intenso movimiento de
población que caracteriza el siglo XX (Brettell y Hollifield 2000), sino también por el
énfasis creado en mantener una identidad nacional que necesita delinear quién
pertenece a él o no. Cabe subrayar que el surgimiento y consolidación de
naciones-estados coincide con las explicaciones del racismo científico y
eugenésico.
La consolidación histórico-política conocida como el Estado-nación, ha sustentado
diversas formas de exclusión en su intento de enfatizar retóricas de identidad
nacional. Irónicamente esta forma de organización, basada en reglamentos, en
cánones, disposiciones y constituciones
fue diseñado bajo circunstancias
3
La formación de grupos pan-étnicos surge en medios sociales multiétnicos generados a través de la
dinámica entre mayorías y minorías. Generalmente estas denominaciones surgen como una adscripción de
los ajenos a este grupo que, por falta de conocimiento de la diversidad y las diferencias, lo identifican como
homogéneo (Espíritu 1996).
213
diferentes y con la intención de agrupar conjuntos étnicos variados bajo la nueva
idea nacional, o continuar divisiones geográficas de la colonia con nuevas ideas
de gobernación de movimientos independientes (Anderson 2006, Hobsbawm
1999).
Andreas Wimmer y Nina Glick Schiller (2002) afirman que en las ciencias sociales
ha existido por mucho tiempo un punto ciego al explicar e interpretar nacionalismo
y etnicidad, ya que han dado por sobreentendido este marco nacional de la
modernidad. Sólo ahora que las naciones-estados han perdido algo de su poder a
favor de corporaciones transnacionales y organizaciones supra-nacionales, es
más fácil observar cómo el nacionalismo fue naturalizado de tal manera que el
imaginario en ciencias sociales asumió un enfoque analítico sólo desde los
contornos del estado-nación 4. Los intentos de entender el fenómeno migratorio
fueron ligados por mucho tiempo a una epistemología euro-centrista y racista que
privilegia la superioridad de los países de acogida y a la vez privilegia la idea de
una unidad entre cultura y territorio, como si estos habrían existido siempre y de
forma autónoma (Gupta y Ferguson 2008) influenciando una perspectiva
asimilacionista . De esta manera las experiencias migratorias provocan nuevas
interrogantes
acerca
de
la
constitución
natural
de
la
trilogía
nación/Estado/sociedad como ente natural del mundo moderno (Kearney 1991,
Wimmer y Glick Schiller 2002, Levitt P, DeWind J, Vertovec S. 2003, Levitt y
Jaworsky 2007, Sunier 2006, Brubaker 2010). Nuevos trabajos vieron la luz en los
años noventa que cambian esa perspectiva, en especial al considerar prácticas
globales desde las bases y las experiencias de transmigrantes, de migraciones
circulares y diaspóricas. A pesar de este cambio en el enfoque académico, en el
ámbito político y cotidiano no ha sido mayormente considerado.
Los movimientos migratorios han originado debates importantes sobre el carácter
del Estado-nación. Un ejemplo es el secularismo y la educación de comunidades
Islámicas en Europa.
Otro es cómo el Estado empieza a promover la
reincorporación de sus inmigrantes transnacionales promoviendo leyes, creando
proyectos estatales que influencien la mantención de lazos con el país de origen
(Guarnizo y Smith 1998, Sunier 2006). Por ejemplo, el envío de remesas por los
migrantes es estimulado por los Estados a través de medidas políticas. Aquí
vemos que la retórica nacionalista también está siendo usada y adaptada a los
nuevos cambios en las relaciones transnacionales, promoviendo no sólo una
4
Este presupuesto de nación y sociedad, como equivalentes, es muy común a pesar de que se sabe de
naciones que rebasan fronteras; se extienden a través de varios Estados, formando diásporas, circuitos
transnacionales o viceversa, y que por lo tanto existen Estados multinacionales o plurinacionales. Existe una
amplia literatura que cambia esta perspectiva entre ellos Jan y Leo Lucassen, Dirk Hoerder, Klaus Bade,
Roger Brubaker.
214
imagen nacional internamente, es decir, hacia sus miembros habitantes en el país,
sino también internacionalmente (Glick Schiller y Fouron1999).
Es importante entender esta situación histórica para comprender mejor el apego a
identidades nacionales, étnicas, raciales o culturales y descubrir cómo son
construidas pasando a convertirse en un factor psicológico y emocional importante
dentro de la identidad individual y colectiva. Las ideas nacionalistas, que
pretenden una homogeneidad cultural étnica o racial, han implantado el concepto
de nación como un contenedor que demarca y considera las relaciones sociales
sólo existentes dentro de estos límites (Wimmer y Glick Schiller 2002, Hobsbawm
1999).
Entender que el concepto de Estado-Nación ha influenciado y continúa
influenciando retóricas de pertenencia, es importante para discernir con mayor
claridad afirmaciones que tratan de generar nuevas rivalidades basadas en
diferencias raciales-culturales asumiendo la existencia de civilizaciones diferentes
como arguye Huntington (1993) aduciendo que estas civilizaciones existen como
entidades más antiguas que los Estados-naciones. Estas posiciones continúan
siendo debatidas a nivel político y cotidiano afectando la perspectiva de migrantes
y no-migrantes.
IDENTIDADES DE LATINOAMERICANAS
Una pregunta común respecto a los migrantes es cómo se da y cuán rápido es el
proceso de integración social y cultural. Esta perspectiva también influenciada por
el enfoque nacional presupuso asimilación en relación a migraciones (Harzig y
Hoerder, 2009), una suposición de inclusión monolítica que implica disolución y
atañe a la relación minorías a mayorías (Elias y Scotson, 1990). Esta relación que
señala jerarquía está siendo interpelada con los nuevos discursos de igualdad y
justicia que tienden a cuestionarla. Hoy los migrantes apelan a formas sociales de
convivencia y ser escuchados o protegidos independientemente de la nacionalidad
a la que pertenecen, basándose en derechos humanos y reglamentos más
universales acudiendo para esto a grupos religiosos o étnicos incluyentes (Cheah
2006, Fox y Rivera-Salgado 2004, Delugan 2010, Johnson y Webner 2010). Esta
dinámica cambia también la perspectiva de las identidades de estas personas.
Vale aquí preguntarse ¿cuál es la dinámica que favorece una identificación sobre
la otra?
En primera instancia, hay muchas formas de identidad colectiva, que son
importantes y necesarias para formar la identidad personal (Erikson 1966, Sen
2006). A su vez, estas identidades se encuentran en constante cambio y
215
negociación creando interpolaciones o entrecruzamientos dependiendo de las
circunstancias, lugares y políticas. Estas dinámicas de identificación han sido
interpretadas por algunos autores como híbridas, diaspóricas (Clifford 1994,
Bubaker ) como un tercer espacio (Homi Bhabha 1996) atraídas por multitud de
influencias, relaciones de poder o prestigio 5 (Sen 2006, Bhabha 19996, Caglar
1997).
Muchas mujeres de Latinoamérica emigran a otras regiones atraídas por ciudades
cosmopolitas o por diversos factores materiales y culturales que promueven la
adquisición de capital cultural (educación, instrucción y experiencia en otros
idiomas y culturas) o motivadas por las oportunidades de consumo, variedad de
estilos de vida, accesibilidad a redes y lugares de comunicación y de viaje. Pero
además de estos motivos muchas de ellas afectadas por inequidades globales en
ingresos o la desaparición de oportunidades de empleo, buscan alternativas
globales de empleo para su realización personal y familiar. Los motivos personales
y estructurales son algunos de los muchos que llevan a estas mujeres a la
búsqueda de nuevos horizontes. Si bien atraídas por razones no sólo económicas
y de progreso o de independencia, estas personas hasta cierto punto son
conscientes de las transformaciones que van a experimentar y aun así, no pueden
calcular las consecuencias que ocasionarán los cambios y negociaciones de
identidad. Este proceso está influenciado por diversas dinámicas. Por una parte
por las expectativas de ambos lados: los que viven en la localidad de destino y los
recién llegados; la condición de estadía de éstos y sus derechos o restricciones
están enmarcados en leyes estatales, que dependen de las retoricas de exclusión
o inclusión hacia los nuevos conciudadanos 6. Debemos tomar en cuenta que
muchos de los países y ciudades –como aquí en Alemania y Berlín- que acogen a
inmigrantes construyen en sus discursos una imagen de intrusos y extraños (Glick
Shiller y Furon 1999). En este caso, se generaliza a las latinoamericanas como
tercermundistas, pobres y oprimidas, como “Otras”. Al ser percibidas como
“eternas diferentes” u “Otras” el modo de adaptación de estas mujeres es
exhibiendo una actitud más recatada, sobre todo en ciertos momentos. También lo
hacen reforzando y acentuando características que consideran propias y
aceptando diferencias adscritas en vez de ser desafiadas o contestadas.
Para entender mejor esta dinámica es necesario diferenciar entre los términos de
sociedad, cultura y lugar que tienden a ser usados de manera combinada, de tal
modo que crean la idea de una cierta unidad caracterizando así a todos los “otros”
5
Se encuentran, en las ciencias sociales, diferentes debates que tratan de capturar identificaciones a través
de mapas mentales en contraposición con Estados y geografías ver Clifford 1994, Robert Bubaker 2010,
Knott and McLoughlin ), “scape” (paisaje, Arjun Appadurai), tercer espacio (Homi Bhabha) “criollización”
(Hannerz 1992, Korom 1994 ó por ejemplo identificación e identidad como procesos contradictorios (Buttler,
Laclau, Zizek).
6
Brubaker diferencia entre las retoricas nacionalistas y las de ciudadanía en los marcos de inclusión.,
216
inmigrantes como subculturas o comunidades al margen de la sociedad, pero
también marcan al “otro” como racial y culturalmente extraño. El discurso de
otredad, utilizado en contraste con la imagen nacional homogénea, es empleado
en términos culturales y no raciales debido a desprestigio del último por las
políticas racistas del holocausto.
Vale la pena recalcar que cultura es ante todo un concepto que implica un
constante intercambio, flexibilidad, y desarrollo. Se debe entender la cultura como
toda aquella actividad que realizan los seres humanos para darle sentido e
interpretar la forma en que viven sus vidas; es, en suma, simplemente, una forma
simbólica de representación (Geertz 1973, Tomilson 1999). Todas las prácticas,
los rituales, símbolos o formas corpóreas de expresión, como son la cultura
popular, el cine, el arte, la literatura, etc. son formas de expresión y comunicación
que se crean en el intercambio entre los participantes. Pnina Webner (2005) define
que cultura es comunicación y comunicación es cultura y que como medio de
interacción social, otorga acción en el campo de las relaciones de poder. Esta
definición ayuda a entender en qué forma las mujeres inmigrantes
latinoamericanas actúan y eligen ciertas estrategias para incluir sus experiencias
dentro de narrativas que las excluyen.
Un otro aspecto a mencionar, es el énfasis con el que se trata a los sentimientos y
al afecto o adhesión de los sujetos a las identidades colectivas, considerándolas
innatas (Webner 2005). Esta argumentación ha llevado a corroborar que la
diversidad cultural puede significar una amenaza a la cohesión social (Binnie et al.
2006) ignorando que asumir esta importancia es la que hace que se convierta
relevante y no al revés. La lógica en este argumento contra la diversidad cultural
ignora los entrecruzamientos de las identidades ya que prioriza una identidad
colectiva sobre otras (Sen 2006) en vez de entender el proceso de identidades
colectivas como políticas identificativas (Mignolo 2009).
Cómo funcionan ciertas formas de identidad colectiva, depende de manera muy
determinante del contexto local en que se encuentran. En la retorica nacional
Alemana, migración tiende a ser discutida como problema social por factores de
identificación culturales o étnicos (racial). En el caso de las mujeres
latinoamericanas en Alemania, pude observar, que éstas se encuentran en medio
de discursos que enfatizaban la identidad nacional inmediatamente después de la
reunificación Alemana. El tenor de estos discursos ponían en evidencia la
controversia acerca de las diferencias entre los alemanes orientales y
occidentales, creada en los 40 años de separación y la inclusión de inmigrantes de
origen alemán (Aussiedler) que retornaban después de muchas generaciones, al
mismo tiempo que apuntaba la presencia de inmigrantes y sus hijos que nacieron
o crecieron en el país y con los que mal o bien compartieron una misma historia.
217
El debate que despertaba sentimientos nacionalistas y xenofóbicos, intentaba
restringir derechos a los residentes resaltando la posición de otredad (Fremdheit)
de estos. Los intentos de disminuir esta actitud general originaron campañas de
convivencia multicultural. Estos debates ponían en cuestión si Alemania es una
república constitucional o una nación-Estado con una cultura nacional única
(Göktürk, Gramling y Kaes 2007). Vale mencionar que por cuanto “raza”
considerada tabú en la retórica pública alemana, no es mencionada pero queda
implícita en la idea de cultura como algo innato e intrínseco. Esta cuestión no
surgió recientemente, pero sí se enfatizó más con la unificación de las dos
Alemanias. La necesidad de reformular la auto-concepción de identidad nacional
Alemana, en un marco global, llevó a discusiones políticas y al análisis de
cuestiones, como el hecho de la distribución de riquezas, las políticas neoliberales
y las relaciones transnacionales que derivan de los procesos migratorios (Ibis
2007, p.14). Uno de los debates más frecuentes en los años noventa fue, si
Alemania se consideraba un país de inmigrantes o no, lo cual creó un ambiente
que oscilaba entre sentimientos de tolerancia y a la vez de xenofobia (Göktürk,
Gramling y Kaes 2007). Con la intención de atenuar estas tensiones emerge como
nueva política el modelo multicultural, aclamando la diversidad y el
enriquecimiento cultural. Al mismo tiempo este modelo respondió a la idea de
integración social y cultural unilateral que sólo consideraba la cultura dominante
como paradigma ideal. Los opositores a la política multicultural argumentan que
ésta llevaría a amenazar la cultura y unidad alemanas. Muy rápidamente se
establecieron dos fronteras que demarcaban a los multiculturalistas y a los
seguidores de la así llamada “cultura guía” (Leitkultur). Esta última fue
denominada de esta manera tratando de insinuar que estas normas culturales y
valores son elegidos no por ser alemanes, sino por consenso común bajo
principios de modernidad y meritocracia. Aunque en realidad Leitkultur enfocaba
como idea principal una cultura alemana nacional moderna que no incluía otras
influencias más que las occidental-moderno-centristas.
El resultado de este debate llevó a cuestionar concepciones más sensibles como:
qué significa o es la cultura alemana o cómo se define la identidad alemana, que
es lo que se exige para integrar a los nuevos miembros de la sociedad (Göktürk,
Gramling y Kaes 2007). A pesar de este paso positivo - que aclaró la necesidad de
implementar diversidad y pluralismo étnico-nacional- este debate puso como
contrarios opuestos el concepto de la cultura alemana versus el multiculturalismo
reforzando una idea de culturas como naturales o inherentes en sí mismas. Las
consecuencias o el efecto directo de estos discursos se ve en las vidas y formas
de representación de las latinoamericanas inmigrantes.
Es así que los
latinoamericanos en Berlín utilizan el término de latino/a como identificación hacia
los otros, pero notando también que están muy conscientes de la relación de
218
poder en la que ese grupo se encuentra en relación a los otros grupos, minorías
(Moya y Markus 2010). Dentro de este marco “latino” algunas diferencias se
convierten irrelevantes. Es esta experiencia, de la importancia de contextos, la que
es utilizada por algunas de las entrevistadas cambiando marcos de referencia al
tematizar sus identificaciones con un estilo de vida, grupo religioso, ya sea con
una profesión, o con un preferencia sexual, etc. Cabe señalar que no existe
ningún universo máximo en estas categorías (Alcoff 2010, Azaldúa 2010). Son
precisamente esas intersecciones de género, sexo, etnicidad, raza, estrato social,
edad, invalidez, cultura etc. las que hacen impredecibles cuáles identidades (y en
qué momento) serán favorecidas unas sobre las otras.
En este estudio pude advertir cómo algunas de las mujeres entrevistadas
buscaron la manera de integrarse satisfactoriamente en términos económicos,
cultivando ante todo una nueva forma de identificación que les permite maniobrar
mejor la manera cómo se auto identifican y las retóricas discursivas que existen en
los diferentes contextos en que interactúan. En el siguiente segmento quiero
mostrar cómo estas mujeres mantienen diferentes identidades y redes sociales
para expandir su círculo de identificación y establecerse económica y socialmente.
Ellas prefieren describirse a sí mismas en términos o conceptos más flexibles que
les permitan especificar identidades múltiples, hibridas o cosmopolitas, como italoargentino-alemán, latina o mujer del mundo, y apuntan tanto a universalidades
como a diferencias.
EL CASO “BERLINÉS”
Algunas de las mujeres inmigrantes entrevistadas en Berlín establecieron
relaciones
transnacionales, que son múltiples relaciones mantenidas
cotidianamente en dos o más lugares simultáneamente y extendidos a través de
las fronteras, forjando nuevas redes sociales. Estas inmigrantes, que están
arraigadas en el nuevo país en el que viven y al mismo tiempo mantienen lazos y
conexiones intensas con el lugar de origen u otros lugares, son llamadas
transmigrantes (Glick Schiller, Bash y Szanton Blanc 1995). Algunas de ellas
mantienen estas conexiones por motivos de afecto, trabajo, pero también están
vinculadas a la vez con obligaciones del cuidado o tutela de familiares, hijos o
demás parientes en un lugar diferente al lugar donde residen. Los casos que
describiré aquí están además conectados con actividades y aspiraciones a
realizaciones económicas y profesionales.
219
Verena 7, una de las mujeres entrevistadas, emigró de Argentina a Alemania muy
joven después de acabar sus estudios en administración de empresas, con la
intención de aprender un nuevo idioma. Teniendo conocimientos del inglés y
habiendo trabajado para una empresa que importaba materiales de Alemania
durante sus estudios, pensó en ampliar su experiencia, a conocer la región y el
idioma; fascinada por el arte y la cultura decidió empezar un nuevo estudio en
historia del Arte. Atraída por la vida cosmopolita de la ciudad de Berlín, Verena,
menciona haber estado fascinada con la diversidad cultural, los museos y la
accesibilidad al arte. Verena trabajó como niñera en un programa de intercambio
(Au-paire) para costear el aprendizaje del idioma e ingresar a la universidad y
justamente durante sus estudios conoció a su esposo de origen alemán, que
ayudó a garantizar su estadía. Casi acabando sus estudios, Verena ya una mujer
de 30 años y con experiencia en el ámbito del arte utilizó muy audazmente el
momento especial en el que la implementación de las políticas multiculturales se
expandían, tratando de enfatizar el intercambio cultural. Ella trabajó como
comisaria de exhibiciones en el comité que seleccionaba las obras de arte para el
centro multicultural más importante, “La Casa de las Culturas del Mundo”, un
proyecto cultural financiado por el Estado. Sus conocimientos anteriores en la
esfera de importación de productos y el hecho de ser considerada “latina”
originaria, ayudaron a que se convirtiera en una experta del arte argentino en
diferentes instituciones. Verena mantiene una vida transnacional que es
imprescindible para su trabajo, al mismo tiempo en que utiliza su origen para
figurar como experta, para abrir nuevos espacios y relaciones. Sus constantes
viajes al país de origen no eran solo para mantener vínculos familiares sino
también para establecer contactos con nuevos artistas, estar informada de los
últimos estilos artísticos y traducir entre los exponentes de las corrientes artísticas
de moda e intereses.
“…Es decir por mi trabajo, mi vida privada va en el mismo
ritmo, muy intensiva, muy activa siempre con mucha
gente, con gente diferente, con muchas citas (…) y lo que
hago aquí se repite igual en Argentina. Yo me muevo en
los mismos círculos, con el mismo contexto, es lo
mismo… Yo estuve en Estambul en noviembre durante la
bienal de arte y allí era lo mismo también. O si estuviera
en Italia, sería lo mismo en Italia…”.
Verena, que exitosamente encuentra reconocimiento en el ámbito del arte,
contrasta con los otros momentos cotidianos en que es reconocida como
subalterna y excluida por su apariencia.
7
Los nombres fueron cambiados por la autora para garantizar el anonimato.
220
“No importa donde esté, yo me siento bien, porque a mi
alrededor todo está en el mismo contexto y eso no me
incomoda, no me siento extraña. Me siento extraña
cuando estoy en otro contexto no! fuera, (…) A veces me
siento rara, aquí también, cuando salgo; aquí frente a la
puerta de mi casa cuando estoy entre cierta gente que no
me conoce (…) gente de otro estilo de vida…”
Verena adopta una estrategia para evitar que las experiencias exclusionistas
determinen su identidad individual unilateralmente. En cambio como directora de
exhibiciones su origen y género es festejado como enriquecimiento. Ella enfatiza
su identificación con un estilo de vida “translocal”, privilegiado para validar su
origen de clase media pero también para distanciarse de la comunidad étnica de
Berlín a la cual sería adscrita. Esta identificación es utilizada para mencionar su
inclusión con aquellos con los que no puede compartir una similitud étnica. Así
como aquellos alemanes que la ignoran, rechazan, son presentados como
diferentes. Verena define posiciones jerárquicas elevando su mundo del arte
como elitista y reduciendo a los demás (tanto compatriotas como gente de la calle)
como simples y ordinarios.
Otra mujer, de nombre Eva, dominicana, que emigró por razones muy distintas, es
decir, escapando de la pobreza existente en su país, que afecta en mayor grado a
madres solteras jóvenes– llegó a Berlín gracias a la ayuda de una amiga que le
prometió trabajar en un bar y hacer dinero rápidamente. Eva, había dejado a su
primer hijo al cuidado de su madre, intentando mejor suerte en uno de los países
de los turistas que llegaban a Sosua, donde ella vivía en la República Dominicana.
El turismo convirtió a esta ciudad es la mayor fuente de ingreso, cambiando la
suerte de sus habitantes y transformándola en un lugar transnacional dentro de la
red global del turismo sexual (Brennan 2004). Si bien Eva retornó después de dos
meses, al no poder soportar las condiciones de este trabajo y contando tan con
sólo 16 años, esa no fue su única experiencia. Eva emigró a España también en el
intento de recaudar fondos y establecerse financieramente. Relató textualmente:
“… Y él me ofreció llevarme a España y me fui con él, estuve un año con él, pero
después lo dejé, por que conocí otro, allí donde yo trabajaba, en un bar. Él se
enamoró de mi pero yo no le creía (…) me dijo que si me iba a vivir con él, él me
daba tres millones (…) y quería irse conmigo a mi país (…) y así regresé” (…) Ya
yo tenía la ilusión de viajar y de ver gente y así… ilusión de gente joven, no! De
caminar con esos zapatos, ropa y que la gente se te quede mirando… me compré
una casa, una moto y vivía viajando cada tres meses sentada en un avión (…) de
aquí Alemania, a Nueva York, de Nueva York a Sosua o de Sosua a Nueva York”.
221
Después de haber emigrado a España y luego nuevamente a Berlín, Eva, empieza
a mantener una vida transnacional entre su lugar de origen, Berlín y Nueva York,
ciudad hacia donde emigró el resto de su familia. Viviendo constantemente entre
estas tres ciudades y viajando permanentemente, ella cuenta que ya a sus 18
años realizó el “sueño de muchos jóvenes”, de poseer todo, linda ropa, un coche,
una casa, la libertad de viajar, etc. Este estilo de vida que trata de emular el
consumo de los ricos y famosos, es descrito por Diana Negra (2009) como el
imperativo de la “nueva economía” promulgada y difundida por los medios de
comunicación de masas que estimulan la fijación de hábitos de la clase pudiente.
Y como Grosfoguel (2007) remarca precisamente, el éxito del sistema es hacer
que los que están socialmente abajo piensen epistemológicamente como los que
están arriba. Eva, se identifica con este estilo de vida como una estrategia para
validar y legitimar la mejora de su posición social. Estatus social y piel blanca son
para ella símbolos interconectados de pertenencia a clases acomodadas a las que
nunca pudo pertenecer o identificarse antes. “el trato es mejor yo pienso porque ya
no soy tan prieta como antes, soy más blanca, si… antes yo era negrita…no sé
qué paso aquí me puse blanca”. Aunque ella no ha dejado de identificarse con su
origen racial ni nacional, vivir en un lugar donde su identidad nacional no es
devaluada o prejuiciada, como por ejemplo lo es la imagen de los dominicanos en
Nueva York, le hace más fácil identificarse como dominicana.
Eva, utiliza el estilo que llamaré “Jet set” de vida para poder identificarse con la
gente con la que comparte ciertas formas de consumo, pero que por diferencias
de clase o de raza no la aceptarían. Eva utiliza esta forma de identificación
cuestionando su posición social y que implica también características raciales ya
que no puede adscribirse al contexto nacional y étnico alemán.
CONCLUSIONES
En estos dos ejemplos vemos como inmigrantes muestran ser agentes propios
utilizando formas de identificación más flexibles como son los estilos de vida para
poder expresar formas de inclusión que no serían aceptadas bajo retóricas de
identificación actualmente dominantes. El intento de evadir identificaciones
dominantes, a las que no se sienten apropiadamente adscritas, no quiere decir
que otras identificaciones no puedan ser usadas simultáneamente, sólo depende
de cómo se puedan negociar estas cualidades de pertenencia en un contexto
específico. Por ejemplo Verena y Eva se identificaban y me identificaban en la
entrevista como latinoamericana, un concepto panétnico que es utilizado en este
contexto como una identidad híbrida para referir ciertas similitudes. Dentro de la
dinámica de apropiación de este término se puede observar una primera tendencia
222
relacionada a “identidades políticas” que, aunque no se pueda comparar con
corrientes en EEUU muestra, como diría Roth, (2009) la repercusión
transnacional de este fenómeno.
El problema que vemos aquí es que, reconstruyendo identidades en torno a
categorías pre-existentes (como clase, etnicidad, raza, género etc.) no hacen que
se cambie la forma en que éstas han sido construidas (Bat Tzedek 2000), lo cual
no lleva a un cambio fundamental. A pesar de esto estas mujeres muestran ser
agentes propios en sus relaciones sociales en términos nacionales, étnicos,
culturales no siendo solamente presas de estructuras ó discursos dominantes.
Ellas muestran su intención de abordar formas identificativas más inclusivas en
una escala global, que validen su pertenencia en el mundo, contrario a las
experiencias diarias locales excluyentes. Como esta aceptación no coincide con
muchas narrativas dominantes nacionales, étnicas, de clase etc. ellas maniobran
sus identidades en el marco de estilos de vida o grupos elegidos en vez de
asumidos.
Pehng Cheah afirma que el nacionalismo está cada vez más rechazado como el
modo particular de conciencia colectiva o una identidad étnica privada y, en su
lugar, ha emergido el cosmopolitismo como una política alternativa (Cheah 2008).
Esta idea basada en el cosmopolitismo de Kant, quien creía en la capacidad moral
del individuo de superar las limitaciones inmediatas de la existencia y expandir el
círculo de identificación y pertenencia en términos universales, imaginando al
mundo como una comunidad política única (Cheah 2008, Delanty 2006), es muy
atractiva en circunstancias actuales de globalización y transnacionalismo.
Si bien existen diferentes opiniones y definiciones acerca del cosmopolitismo, se
puede decir que existen dos tendencias principales al definir este concepto: una se
refiere a las múltiples formas de organización social global más allá de los
sistemas nacionales (derechos humanos, organizaciones transnacionales,
ciudadanía) apelando a la intensificación de relaciones globales. La otra forma de
definir cosmopolitismo evoca la solidaridad cultural y política a nivel individual,
alegando afiliaciones multifacéticas que toma, a la acción política, por encima de
las naciones-Estados (como diásporas, campos sociales transnacionales). Estas
dos definiciones apuntan a la idea de que estos procesos están creando una
conciencia política de masas, que activa una solidaridad extensa de conciencia
cosmopolita (Cheah 2008). Con esto no quiero decir que las identificaciones en
estilos de vida sean una nueva forma de identificación global, pero que la realidad
transnacional de muchos inmigrantes lleva a intentar contestar formas
hegemónicas de inclusión poniendo en la práctica las habilidades cosmopolitas de
apertura expandiendo su círculo de identificación, aunque estos no sean
universales. La visión positiva de la idea cosmopolita se basa especialmente en el
223
consenso de aceptar derechos y prácticas individuales que llevan a acciones y
conciencias colectivas que expanden la visión de vivir en un mundo con “Otros”
diferentes y en la intención de crear una comunidad más allá de las comunidades.
A pesar de que el cosmopolitismo propone una alternativa al etnocentrismo
nacionalista y al particularismo del multiculturalismo, no deja de recibir críticas de
diferentes ángulos. Uno de ellos es el haber sido, durante mucho tiempo, un
privilegio de las élites, con acceso a movilidad social y pertenencia a círculos
intelectuales o académicos. La otra crítica es que, por ser una posición recuperada
de la tradición europea, que va en contra de identidades innatas y podría terminar
por favorecer a esta misma tradición europea y no a otras alternativas de
convivencia,
transformándose nuevamente en un proyecto etnocentrista,
especialmente porque articular y definir positivamente al cosmopolitismo, es tan
difícil como a su vez es ser anticosmopolita. Una práctica cosmopolita debe
considerarse abierta a toda forma de discurso (Fardon 2008, Breckenridge, Pollok,
Bhabha y Chakrabarty 2002).
Una de las críticas alternativas dentro de este debate postmodernista –que enfoca
a la pluralidad de identidades, ideas políticas, culturales y morales tratando de
encontrar una fórmula universal de convivencia– es la crítica postcolonialista o de
“de-colonización”, como la llaman Ramón Grosfoguel y Walter Mignolo (2009).
Grosfoguel (2008), argumenta que es necesario implementar una perspectiva
epistemológica del subalterno, desde su diferencia colonial, para evitar
fundamentalismos eurocéntricos tanto de tercermundistas como de europeos. Esta
perspectiva contempla las identidades desde todos sus ángulos e intersecciones
posibles, rechazando así una sola forma de enfoque que es mayormente discutida
como “racionalidad-modernidad”. Anibal Quijano (1992), que utiliza este término,
propone desprenderse de esa “racionalidad-modernidad” colonial que es una
estructura hegemónica de pensamientos y creencias que nos ayuda a interpretar
relaciones sociales e identidades sólo desde un ángulo. Walter Mignolo propone
llamar este método “desobediencia epistemológica” que ayudará a todos los
afectados en el planeta a de-colonizar antiguas interpretaciones y nuevas
tendencias neocoloniales. Cambiar esta epistemología significa, simplemente,
observar procesos y experiencias a través de un prisma diferente y no dar por
hecho ciertas lógicas de identidad colectiva, con mayor autoridad. Pero tampoco
significa echar por la borda los conocimientos que vienen de pensadores
occidentales, pues eso nos llevaría a nuevos fundamentalismos esencialistas.
Siguiendo a Grosfoguel y Richard Fardon, esta posición no implica que, por estar
socialmente localizado en el lado oprimido, significa que ella represente una
posición subalterna automáticamente:
224
“Como latino en los Estados Unidos, para mí es muy
obvio que las elites blancas latinoamericanas viven en
América Latina y piensan como colonizadores y que
muchísimas poblaciones no-blancas que viven dentro del
imperio
son
sujetos
colonizados
y
piensan
epistémicamente desde la descolonialidad del poder. De
la misma forma que puedes encontrar personas de estos
grupos pensando epistémicamente como los grupos
opuestos”(Grosfoguel citado por Lamur 2007 p.325).
El imaginario occidental que describen estos autores y que privilegia la
modernidad eurocéntrica, ha sido utilizado por las élites no occidentales también
para mantener relaciones de poder (Grosfoguel 2008). Es así que Grosfoguel
propone diferenciar el sistema mundial no como oriente-occidente, o capitalistasocialista, sino como “sistema mundo-privilegio” que propone un nuevo imaginario
de liberación a pesar de las diferentes culturas, y muy diferente al de las políticas
identitarias que están atrapadas en la lógica eurocéntrica. Las “identidades en la
política” –distinción hecha por Mignolo– nos ayudan a radicalizar, es decir a
reinterpretarlas desde epístemes pluri-versales y no uni-versales.
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Fecha de Recepción: 02 de junio de 2012
Fecha de Aceptación: 18 de agosto de 2012
230
LA CIUDAD DE LA FURIA. ANOTACIONES EN TORNO A “EL ROTO” DE
JOAQUÍN EDWARDS BELLO 1
Sergio Witto Mättig 2 y Andrea Kottow 3
Era mi calle, mi barrio. Existían antes que yo
(Jabès, 1990: 237).
Situado en el cruce entre literatura y filosofía, nuestro artículo resulta de un análisis
exploratorio de El roto (1920) de Joaquín Edwards Bello. A partir de una teoría general
de la escritura, la novela ingresa en la estrategia de la deconstrucción y se remite a
una serie de contradicciones que reseñan una exégesis interesada en explicitar el
flujo de la asunción periférica de la modernidad en Chile. La novela es atravesada por
diversos tópicos: el perímetro urbano que ciñe a Santiago a comienzos del siglo XX, el
cuerpo como epicentro del cansancio y la actividad onírica, la patología de la clase
proletaria, su luminosidad fragmentaria y la formación subjetiva del roto, todos los
cuales componen una trama cuyo dinamismo y líneas de fuga rebosan los límites
discursivos que el propio texto impone a su economía interna.
Palabras claves: modernización, ciudad, cuerpo, sueño, enfermedad, luz.
Situated in the intersection between literature and philosophy, our paper results from
the exploratory analysis of Joaquin Edwards Bello’s novel El roto (1920). From the
perspective of a general theory of writing, the novel enters a deconstructive strategy,
presenting a number of contradictions that synthesize an exegesis interested in
showing the marginal assumption of modernity in Chile. The novel displays diverse
topics: the body as the center of exhaustion and fantasizing, the urban extension of
Santiago in the first decades of the twentieth century, the pathology of the proletarian
class with its luminescence and subjective formation of the roto. All these elements
compose a plot steeped in dynamism and fugitive lines that overflow the discursive
limits that the text itself imposes on its internal economy starkness.
Keywords: Body, City, Dream, Luminescence, Modernization.
1
Este artículo fue escrito en el marco de los proyectos de investigación Jorge Millas Nº DI-12-11/JM
“Procesos modernizadores y la constitución de un cuerpo moderno: significaciones en torno a ‘salud’ y
‘enfermedad’ en la literatura chilena (1860-1920) dirigido por Andrea Kottow y Nº DI-21-11/JM “Identidad
nacional e índices subalternos. Procesos de subjetivación en la época del Bicentenario” dirigido por Niklas
Bornhauser (investigador responsable), Sergio Witto y Emanuel Rechter (co-investigadores).
2
Filósofo. Universidad Andrés Bello. Correo electrónico: [email protected]
3
Profesora de Literatura. Universidad Andrés Bello. Correo electrónico: [email protected]
231
NOTAS INTRODUCTORIAS
“De modo explícito, pero subrepticiamente…” (Nancy, 2003b: 9), el presente
artículo transita por las relaciones habidas entre literatura y deconstrucción. Se
trata de un pasaje acotado por el trazo desigual de ambas producciones. Dicho
derrotero aventaja, además, el deslinde de estas páginas; apremia, por tanto,
cierta sobriedad que favorezca “una especie de puesta en escena, esta es acaso
un buen método para resolver el problema” (Deleuze, 2005: 188). El sesgo viene
precedido por una hipótesis restringida: la novela El roto de Edwards Bello —
1920— reproduce el proyecto modernizador suscrito por la clase dirigente chilena
de principios del siglo XX a pesar de sus pretensiones críticas. A la postre, la fe en
el progreso indefinido inspira el ámbito reservado a la novela neutralizando el
factor residual del avance. En Chile, desde hace cien años, los dispositivos de
planificación articulados en torno al Estado multiplican, paulatinamente, un anhelo
regional en pos del incremento económico y las mejoras sociales. Si bien “entre
las regiones subdesarrolladas del mundo, América Latina es la que más ha
reflexionado sobre su propia situación” (Iñiguez, 1982: 11) y que resulte
indesmentible que distintos sectores de la cultura latinoamericana solidarizan en la
referencia a un trasfondo común: “las preocupaciones sociales de las que
surgieron” (Franco, 1993: 15), la vieja consigna de Bloch según la cual “para que
valga algo como respuesta, hace falta que previamente exista la pregunta” (1983:
71) permanece inconclusa. El roto (Edwards Bello, 2006) no es “sino la fundación
práctica de un teatro del futuro” (Foucault, 1995: 66) en el entendido que su trama
escritural recorre un campo imperceptible que se reserva a una estrategia de
lectura que subvierte el canon de las disciplinas, teniendo en cuenta que la
deconstrucción “hace gran consumo de los conceptos (…) pero solo hasta el punto
en que cierta escritura pensante excede (…) el dominio conceptual” (Derrida y
Roudinesco, 2005: 13).
“El hombre […] está solo frente al texto” (Jabès 2001: 90) y en los bordes de esa
soledad se gesta la sujeción a la escritura. No se sabe nunca lo que contendrá un
libro. Aun cuando las palabras carezcan de la candidez necesaria para delinear el
horizonte de su porvenir, el libro, siempre, se debe a su ocultamiento —es en
virtud de la intuición del lector que se puede llegar a “juzgar que el escritor se ha
acercado efectivamente o, por el contrario, se ha alejado del libro que anhelaba
escribir” (Jabès, 2001: 98). Mientras uno de los rasgos que hacen posible toda
escritura sea su espaciamiento, dicha extensión convoca un origen que no es más
que la confusa voluntad de abrirse paso a intervalos: leer es el pasaje al acto por
el cual “siempre hay una palabra viviendo secretamente bajo la palabra” (Jabès,
2001: 107). Sean las discontinuidades casi imperceptibles del libro, estas ya no
responden a principios conscientes. Hay que admitir, finalmente, que las
232
vicisitudes de toda escritura se juegan en su relación consigo misma. “De ahí la
necesidad de reconvertir el lenguaje reflexivo. Hay que dirigirlo no ya hacia una
confirmación exterior —hacia una especie de certidumbre central de la que no
pudiera ser desalojado más— sino más bien hacia un extremo en que necesite
refutarse constantemente […]” (Foucault, 1997: 24). Cuando se escribe ya no es
posible conjugar un elenco de signos empeñados en posponer el juicio o
considerar los datos como un recurso fácilmente disponible —los desplazamientos
figurativos de la imaginación se ordenan para evitar las interrupciones del sentido.
Garantizada grupalmente, dicha experiencia responde a cierta abstracción fonética
que rivaliza con la materialidad de la escritura —mediada por argumentos
económicos (Thompson: moneda) o políticos (Vernant: ciudad), la razón venidera
opera a distancia respecto de su “política de archivo” (Derrida, 1997: 12).
En los confines del proyecto modernizador decimonónico el debate sobre el rol del
Estado parece confundirse con el anacronismo —correlativamente el concepto de
identidad nacional hace parte del debate. “De ahí resulta a la vez una fusión, una
concentración cuyo sino parecería ser la uniformidad y el anonimato” (Nancy,
2006: 61). Un elenco indeterminado de asuntos emerge toda vez que el espíritu
republicano conjuga sentimientos, creencias y hábitos supuestamente chilenos. La
celebración mediática acoge la novedad de los cambios y somete al escrutinio
público la organicidad de un interés transversal: los subconjuntos etáreos, étnicos,
de género, del espectáculo, tanto como los hábitos alimenticios e higiénicos se
evocan bajo el expediente de un campo unificado. A posteriori se afirmará que la
nación no está constituida exclusivamente por el territorio, ni por el lazo social o el
nudo comunitario de los habitantes (Subercaseaux, 2007), sino también por su
incesante actividad productiva. Tras la primera guerra europea y bajo el signo del
relevo se inicia un ciclo de estancamiento y limitación en la tendencia
expansionista del mercado financiero, asimismo, se rompe el patrón oro y la
continuidad de las prácticas económicas anteriores: durante el primer tercio del
siglo XX casi desaparecen las características que tutelaron los flujos de
financiamiento internacional durante la época más auspiciosa del liberalismo. Una
vez terminado el conflicto bélico se resiente la movilidad alcanzada por la mano de
obra; “a partir de 1920 comienzan a imponerse restricciones que conducen a la
fijación de cuotas de inmigrantes en diversos países, incluso en aquéllos que
aceptaron un fuerte influjo migratorio europeo” (Sunkel y Paz, 1973: 344). Al
contraerse la economía de los países industrializados, al contener sus
exportaciones e inversiones en el extranjero, se desata una crisis de envergadura
en los países dependientes —situación que contrasta con el florecimiento de la
economía norteamericana en los últimos años de la década de 1920. Dicho
período da inicio a un proceso creciente de desequilibrios originados en la
acumulación de existencias en los países exportadores de productos básicos
233
(Rowe, 1965). Esta es la coyuntura político-económica global en la cual se publica
la novela de Edwards Bello.
Tras las “Notas introductorias” se sigue una hipótesis sobre la proximidad
―heterogénea e inestable― habida entre literatura y filosofía. Se trata de un
pliegue transversal que recorre la superficie de lo que ha sido el vínculo secular
entre saberes afines. Más que una suerte de sincretismo depurado, se trata de un
cálculo que resulta de la apertura de dos prácticas que han devenido producciones
autónomas pero que no renuncian al diálogo intentando alcanzar una “zona de
vecindad […] a condición de crear los medios para ello” (Deleuze, 1996: 12-13).
Tanto es así que las referencias que conforman nuestro elenco bibliográfico han
de ser examinadas bajo el mismo tenor: no comparecen como adorno, ni dan por
concluido un intercambio permanente, antes bien, posibilitan la elección de una
herencia. Atenta a una serie de rasgos propios del texto, la escritura rebasa lo que
cualquier producción discursiva busca cautelar. Aun en obras cuyo sentido se
enmarca en una coyuntura específica y sobre la que se instala una funcionalidad
canónica, el acto escritural fuerza el texto a un tránsito inédito, a una invención
extraña y desconsiderada. Dicho curso guía nuestro paso a través de la novela de
Edwards Bello, en la medida que el texto es resituado bajo coordenadas
diferenciales que lo asocian al movimiento político verificado en Chile, al ascenso
de los ideales modernos pero cuyo reverso no hace más que incrementar el
caudal de las contradicciones. Visto lo anterior, el presente artículo confina una
problemática que registra un cúmulo de discusiones significativas para las
primeras décadas del siglo XX. Desde el punto de vista de su deconstrucción, El
roto hace parte de una narrativa abrupta tensionada por diversas facciones:
ciudad, cuerpo, dolencia, rotería, destello; todo ello da lugar a un excurso sobre la
claridad que alude a ciertos núcleos conjeturales en nuestro análisis de la obra.
Casi al concluir, se propone un acceso a El roto que convoca el género del
Bildungsroman, la escena urbana de su trama y el tópico de la enfermedad.
EL MOVIMIENTO DE LA DESMESURA
Del encuentro entre literatura y filosofía resulta algo muy distinto de lo que pudo
anunciarse, alguna vez y con cierto entusiasmo, como un nuevo límite
disciplinario. Y no solo porque parece evidente que dicha concurrencia responde a
una ley cuyo origen deviene inasible, sino por lo difuso de una iniciativa que no
claudica ante el imperativo de su economía interna. La pretensión más ostentosa
querría hacer de esta hospitalidad la experiencia decisiva de un cúmulo de
intereses compartidos que subsume lo singular hasta convertirlo en trascendente.
Pero también es posible que literatura y filosofía establezcan una complicidad
234
diversa a la que pueden solventar los individuos. No es inusual, incluso, que una
existencia singular pueda diferir de su propio registro identitario, que las especies
presenten entre sí, por ejemplo, un alto grado de semejanza sin por ello sacrificar
sus características individuales, tal como lo consignan los investigadores de
campo que en más de una ocasión “se han cruzado con la mirada de un animal
posada sobre ellos” (Derrida 2008: 29). No es sorprendente que un hombre
trueque sus convicciones para conquistar aquello que vive antes que él —aquí
funda toda su plausibilidad el acto psicoanalítico— o que sea necesario un golpe
de suerte para enfrentar el espectro nocturno donde pudo albergarse la claridad
de una mirada. En cualquier caso, sin embargo, solo acaece el dato que arroja la
experiencia de un tacto adolescente entre literatura y filosofía a condición de
reconocer la paradoja de una larga historia compartida. “Es la escritura la que va a
permitir imponer al lenguaje mismo una especie de quiebre, de descomposición”
(Safouan, 2008: 317). Desde un comienzo esta ruptura arroja una reciprocidad de
movimientos aunque soporte la contractura del cálculo metodológico (Said 2004).
La producción literaria sabe, no obstante, que ha nacido emparentada con
necesidades arcaicas e intereses sectoriales, todos los cuales encarnan la rectitud
de una herencia hegemónica. Que la coyuntura socio-política en torno al primer
tercio del siglo XX elija la novela para confrontarse con el reverso de su soberanía,
hace parte de nuevas formas de censura y autoinmunidad que reivindican un
estado de excepción orientado solo al ámbito modificable de su factura privada —
allí donde los géneros pudieron consolidar su encabalgamiento con una
conciencia específica y un ideario iluminista a fuerza de emplazar el carácter
ficticio del ejercicio, discutir su estatuto científico o entenderla “como auténtico
arte” (White, 1992: 13).
Qué sea el límite del texto i) si una teoría sobre el sujeto cuyas determinaciones
han de ser purificadas del imperativo de la lengua o de la época; ii) si la expedición
en pos de un acontecimiento asignificante cuyos filamentos enunciativos han
podido someterse a las leyes de la comunicabilidad; iii) si diálogo disciplinario tras
haberse dado él mismo unos cauces a fin de ordenar técnicamente sus dichos; iv)
si ejercicio crítico sumergido en un laberinto epistemológico con pretensiones de
ciencia. Toda alternativa parece insuficiente porque con frecuencia omite el
desencuentro del texto consigo mismo. Aun antes que el orden universitario curse
las invitaciones para que las facultades concurran a exponer sus puntos de vista
en beneficio de una transversalidad cada vez más disuasiva, previo incluso a la
conciencia desventurada cuando el nombre propio insiste en volver sobre la
superficie transparente de la rutina académica, solo excepcionalmente el vínculo
entre los textos constituye una garantía que gusta referirse a las múltiples
exigencias del ritmo institucional: acumula, casi todas las veces, una pura
235
variabilidad a no ser por el auxilio que deriva siempre de un régimen pospuesto.
Un cierto vencimiento del caos que proporcionan los conceptos, sean disciplinarios
o no, sigue celebrando hasta hoy una afinidad desafiante por inconclusa o rival. El
rasgo inadministrable del texto, aquel que lo hiere con la potencia de la ruptura y la
afirmación, invoca un modo que disuelve toda inmunidad en favor de una
demanda que se organiza en la contingencia, esto es, omitiendo todo aquello que
no se identifica con el lleno vulgar de la opinión. Llegado el momento —cuando la
gramática comienza a fluir arrastrada por actos cuyo efecto colateral será el
fracaso de la atribución identitaria del yo— emerge un inventario teórico en tanto
que la certidumbre individual no se corresponde con la escucha de la subjetividad
contemporánea.
Pronto a cumplir medio siglo, el artículo de Susan Sontag, “Nathalie Sarraute y la
novela” (1984), mantiene su vigencia. Y no tanto en beneficio de un estado de
cosas que tributa a la anticipación el mayor de los méritos porque puede
sospecharse que un móvil de este tipo coincide con la evolución del arte refutado
por Sontag. Es atendible que la novela moderna se haya dejado persuadir por la
pedagogía y que el pliegue de ese avance se oriente hacia el progreso del género
mismo. La sensibilidad, en consecuencia, quedará subordinada a los imperativos
de la técnica a objeto de asegurar su sobrevida. Bajo la consigna de lo enseñable,
la representación se remite a exhibir el artificio de un montaje compuesto por
recursos narrativos provisionales, aleatorios, incluso vanguardistas, pero a
condición de mantener incólume las antiguas divisas del exhorto y la
amonestación. La potencia del intervalo, tanto en la música de Boulez como en el
psicoanálisis acuñado por Lacan, asociado en ambos casos con el silencio y la
variabilidad del tiempo, enseña la insubordinación del ritmo y de la vida
inconsciente, según corresponda. Es necesario reconocer, empero, que salvo las
típicas excepciones, los criterios de inteligibilidad de la novela conservan su vigor
en comparación con “la pintura expresionista abstracta y la musique concrète”
(Sontag, 1984: 118). Sontag parece afirmar que si el propósito consiste en
demandar un suelo común para la novela, a fin de dejarse instruir, con algún
apremio quizá, por su actualidad, no está demás cierta cautela. Bajo el diagnóstico
de un “arte arquetípico del siglo XIX” (Sontag, 1984:118) se equilibran una serie de
discursos de calibre muy desigual. No se trata, por tanto, de explicar el trabajo del
escritor de modo que los conceptos en juego respondan a una herencia única.
Que por razones nada simples, el destino de la novela moderna se halle ligado,
irrevocablemente, a lo real resulta significante a la hora de evocar su historia. No
es casual que se la convoque para insinuar la crisis, la patología o la esterilidad de
los signos del presente. Todo parece haber comenzado por el envío desde el cual
se impone cierta insistencia para que la novela recobre su nombre propio y su
sentido. Pero lo que deviene problemático, finalmente, no es la novela como
236
institución, sino el desafecto que la precede, en otras palabras, que no brinde
especial interés por aquello que se sustrae a los criterios historicistas según los
cuales la institución constituye el fin de la voluntad —al hilo de tales argumentos,
la voluntad determina el acceso al sujeto moderno pero dicha contractura no
constituye un modo particular de la institución sino su rasgo distintivo.
LA MODERNIDAD PUESTA EN OBRA
¿Es posible pensar el estatuto de la ciudad con estilos de producción asignados
tradicionalmente a la escritura? ¿O es que sobre el trazo material de los
enunciados encuentra lugar, acaso de manera definitiva, la serie de gestos
imaginarios que reparte el sentido de su herencia? En la década de 1910,
Santiago de Chile se prepara para celebrar el primer centenario de la República;
un sinnúmero de publicaciones coinciden en la serie de problemas que rivalizan
con su puesta en escena —discursos políticos, tratados médicos, artículos de
prensa y textos literarios abundan en el examen crítico del orden emergente. Lo
que constituye dicha actualidad aviva la creencia cada vez más generalizada que
su advenimiento ha de hallarse avalado por el curso arrollador del progreso, único
capaz de balancear la arremetida perniciosa de enfermedad e ignorancia. La así
llamada cuestión social, tematizada en periódicos de a fines del siglo XIX por
Augusto Orrego Luco, incluye los tópicos de la pobreza en los arrabales, las
condiciones de vida miserables, la prostitución, la brecha que separa a la elite
dirigente de la clases bajas, las epidemias —viruela, cólera, tifus, tuberculosis y
sífilis. Dicho panorama propicia la criba de los procesos modernizadores. La
nación es vista como un organismo enfermo impedido, como está, de acceder a
un bienestar necesario. Pero más allá de la evidencia, lo mórbido parece
conectarse con el espacio patógeno que conjuga la propia ciudad. El borde interno
de la ciudadanía no coincide con el plano de sus definiciones y muy
incidentalmente con el vínculo lábil de su progreso.
La voluntad modernizadora ha de mostrarse obediente a los criterios de
intervención asimilados a la razón de estado. Iniciado el siglo XX, un elenco
indeterminado de reformas aparece subsumido por trazos de salubridad en
desmedro de estrategias menos apremiantes. Los datos estadísticos empiezan a
orientar el trabajo de la burocracia estatal sin atender, programáticamente, al
examen crítico de sus presupuestos. Urge el acopio de aportes inéditos referidos
al estudio de los problemas sociales que establecen prioridades, urgencias y
asignación de recursos. En este contexto, mantiene toda su vigencia pensar el rol
de la medicina y sus soportes auxiliares en la productividad humana. Y en virtud
de tales propósitos, los proyectos de intervención favorecen un cruce disciplinario
237
sin reserva y no escatiman esfuerzos para traducir pautas prescriptivas en meras
referencias difícilmente disociadas de su porte histórico-político. La que puede
considerarse una de las realizaciones más estimadas de las políticas públicas de
la época no puede escindirse de la complexión singular que conquista,
modernamente, trazos de identidad nacional. No obstante, prevalece cierta
teleología sobre lo político que alcanza para establecer alguna semejanza con
aquel régimen identitario que desconoce el contexto, las cadencias y la
transformación del entorno. Resulta inevitable considerar que la medicina encarna
una alternativa radical a los problemas que anuncia el nuevo siglo. No es otra sino
esta solicitud creciente la que se percibe en la arquitectura de la ciudad. Se trata,
finalmente, de un estado de cosas que subvierte las fronteras entre la teoría y la
práctica, entre lo plural y lo singular. Queda por saber si este porvenir transversal
no es la herencia que habrá recibido la ciudad de manos de la literatura.
Las políticas modernizadoras acuñan una nomenclatura compleja para convenir
en un asunto fundamental: el devenir de una soberanía que se declina,
gradualmente, hacia el Estado-nación. Lo que no termina de arribar configura un
lugar eximido de fundamento pero que no obstante señala el sentido de lo
esperable: un rol preventivo y rehabilitador de carácter público. No es posible
desagregar los conceptos de cultura, de salud, de buenas costumbres, de
ciudadano, de emprendimiento y de responsabilidad, todos los cuales hacen parte
del espíritu de las reformas. Pero la distancia con los hechos abre otra vía, allí
donde la literatura moderna alberga una experiencia menos análoga con la
emancipación. Este articulado está dispuesto a ilustrar la idea que el límite de lo
político se monta sobre una diversidad de inscripciones —unas afines como las
del humanismo y el progreso, otras más peculiares como las del delirio y la
anormalidad (Bornhauser y Andahur, 2009). Se trata del despliegue de una franja
discursiva que obedece a la paradoja en tanto que para las tesis humanistas es
dudoso que el comportamiento ciudadano rebase lo político, aunque en épocas
donde el sistema republicano de gobierno entra en crisis, el restablecimiento del
estado de derecho empieza por reivindicar el soporte comunitario de toda acción
humana, del mismo modo que lo normal en la herencia del siglo XIX —como
discurso que le otorga unidad orgánica a la salud— encuentra acogida no solo
entre médicos y pedagogos sino en un grado nada despreciable entre arquitectos
e industriales. La fisonomía residual de la modernización, sin embargo, funda una
práctica editorial donde la literatura encuentra cabida bajo una multiplicidad de
fórmulas, algunas de las cuales favorecen un movimiento de resistencia
autoinmunitario respecto de su legitimidad sin otro argumento que una patología
sentida como trascendental.
238
En 1920 se publica El roto, la novela más emblemática de Joaquín Edwards Bello.
Constituye la escritura cifrada de prácticas discursivas cuyo exoterismo se
encabestra a dispositivos ideológicos de fines del siglo XIX y comienzos del XX. El
roto —estereotipo identitario que sintetiza la imagen de la elite chilena sobre el
mundo popular— sufre continuos travestismos en el curso de su historia. Durante
el siglo XIX soporta el peso de todo aquello que la incipiente república establece
como alteridad indeseable: sujeto marginal de consuno con el exceso que lo
excluye del proyecto modernizador que ensaya el Estado. Con anterioridad, la
Guerra del Pacífico convierte al roto en ícono de las tesis nacionalistas devenidas
etnocéntricas, hipostasiando su plasticidad en beneficio de la beligerancia (Cid,
2009). Seguidamente, es emplazado en el centro del oficialismo; hacia 1920 —
cuando Edwards Bello lo enviste como héroe de su novela— encarna un doble
vínculo: capitaliza el segmento residual de los discursos modernizadores y, a un
tiempo, participa del linaje heroico que adorna el sustrato ideológico de la
confrontación bélica en torno a 1879. En la novela, el protagonista es figura tanto
singular como colectiva. El niño Esmeraldo consuma un destino personal a la vez
que refleja sus contradicciones de clase. Pero no es posible descifrar lo que ha
llegado a ser esa autenticidad sino a través de un capítulo fragmentario cuyo
exergo genealógico puebla diversas hipótesis. Dicha historia, aun cuando
debamos diferir su rasgo original, obedece a un esbozo de apertura que se
manifiesta a saltos. Una vez más, se trata del hábito que distribuye sin
miramientos una verdad invariable, a no ser por el parpadeo de aquello que se
resiste a ingresar como mera opinión; a un tiempo, es el traspaso de las fronteras
disciplinarias y la acogida del afuera y su porvenir. Es esta intermitencia la que
coopera en favor de un protagonismo cuya primicia consagra la necesidad de
respetar, cabalmente, un protocolo inconcluso.
El roto ordena uno de los borradores de las tesis higienistas del siglo anterior, en
este contexto, dichas tesis constituyen el epicentro de la hausmannización de la
ciudad propugnada por Vicuña Mackenna. El problema de la vivienda y las
condiciones sanitarias de Santiago saturan la atención de la clase gobernante.
Mientras la vanguardia ilustrada se siente arribada a la modernidad y protagonista
de su devenir local, la pobreza amenaza con desmoronar la imagen de país
progresista y cosmopolita de fin de siglo. El debate se desplaza, no obstante la
paradoja, hacia el porvenir de la raza chilena contrahecha por los índices de
mortalidad, todo lo cual encuentra suelo en la hipótesis del contagio. El Consejo
de Higiene, creado en el año 1889 bajo el Gobierno de Balmaceda, obedece a la
necesidad de contar con un dispositivo de Estado encargado de implementar una
política de salud pública cuyo cometido explícito consista en erradicar las
epidemias del territorio nacional —viruela, cólera, fiebre tifoidea, tuberculosis, así
como las afecciones venéreas, principalmente la sífilis. Consecuentemente, en las
239
últimas décadas del siglo XIX la intendencia capitalina decide aislar las zonas
“peligrosas” y mórbidas de aquellas “cultas y sanas” —Vicuña Mackenna instruye
el establecimiento de un “cordón sanitario destinado a delimitar la culta capital de
Chile”, que denomina “Santiago Propio”, de las “influencias pestilenciales de los
arrabales”” (Espinoza, 2000: 120).
La trama de El roto transcurre en el barrio posterior a la Estación Central, en “la
desolación de esa ciudad doliente” (Edwards Bello, 2006: 17), cuya arquitectónica
constituye la escena de una subjetividad que se aliena cada vez más
decididamente en lo colectivo. Inmune a los planes modernizadores de la fachada
capitalina permanecen las calles barrosas y sucias que integran el “barrio sórdido,
sin apoyo municipal” (Edwards Bello, 2006: 2) que muestra la fractura del frontis
capitalino —mientras que su cara moderna tiene “[un] poco de la vida de Europa”
(Edwards Bello, 2006: 3); los conventillos, los prostíbulos, la estrechez y la
suciedad hacen adivinar “los parásitos y bichos nocturnos espiando el sueño
pesado de la carne proletaria” (Edwards Bello 2006: 5) 4. No es posible ponderar
las vicisitudes históricas de lo moderno sin vincularlas con el acomodo
contemporáneo de la ciudad, en la justa medida que los límites de su
representación parecen ceder al régimen productivo de la plusvalía. Si esto es así,
se hace cada vez menos pertinente esgrimir una topología relativa al estado de la
ciudad o un dispositivo de recambio —el barrio o la comuna— cuando los índices
diferenciales señalan el descrédito de cualquier estructura de contención. Ya no
basta, en obediencia a una premisa lógica otrora compartida, la comprensión
cotidiana de lo vivible —imaginarlo como un sistema compuesto por
individualidades que recorren una y otra vez diversos lugares. La novedad
consiste en el desplazamiento radical de los puntos cardinales en favor de un paso
fáctico carente de toda finalidad que no sea el exceso recaído sobre la posesión
colectiva de lo acumulable. Es precisamente esta perspectiva de análisis sobre
una ciudad tardíamente globalizada pero confundida con la desmesura del goce,
lo que debe abrirse paso al momento de examinar el estatuto efectivo de los
procesos modernizadores. ¿En qué consiste aquí tal iniciativa sino en la
experiencia del carácter desértico, radicalmente a-humano de su residencia?
Edwards Bello repasa estas coordenadas cuando convoca el continuum que
sutura la infección y el cuerpo —compone un plano de inmanencia que anula la
distancia entre “parásitos y bichos” (5) por un lado, y “carne proletaria” (5) por el
otro. La triangulación del espacio mórbido propuesto por Foucault (1975) regula el
dispositivo de la salud a partir del siglo XIX en tanto que i) produce el aislamiento
de la enfermedad a partir de su inclusión en una tabla de clasificación patológica;
4
Para una discusión de la representación de la ciudad en El roto y en otras obras de Joaquín Edwards Bello,
véase Hozven 2006.
240
ii) la espacializa con relación al paciente y iii) la ordena al interior de la sociedad.
Es este espacio múltiple el que conforma un sistema biopolítico a partir del cual se
decide la supervivencia del grupo a condición de excluir sus segmentos
indeseables. Sin embargo, el personaje de la novela —cuyos rasgos identitarios
se construyen por tramos— no logra explicarse por la espacialización foucaultiana
de la enfermedad en tanto que no existiría, en rigor, un cuerpo unario, sino el
emplazamiento deforme de la “carne proletaria” (Edwards Bello, 2006: 5) acosada,
esta vez, por la actividad microscópica nocturna; Edwards Bello recurre a la
imagen de la “noche” para evocar el triunfo inhallable del iluminismo periférico —la
existencia marginal del roto accede a la soberanía en tanto ha lugar la
proletarización de su carne.
UN RÉGIMEN DE LUZ
Antes o después, puesto que no se trata de exhibir, por ahora, su trazo
antropológico, el cuerpo habrá establecido un vínculo con la luz. El recién llegado
es sujeto —tras el evento de quien lo expone— por una red inextricable de
instituciones y dispositivos de poder. A un tiempo, el alumbramiento participa de
esa tradición antigua cuando los asuntos humanos exacerban el pleito entre luz y
oscuridad. No es posible olvidar, empero, que “no hay otra evidencia —clara y
distinta como la quiere Descartes— que la del cuerpo” (Nancy, 2003a: 39). El mito
expresa en esa pugna su propia historia, sobreviven, eso sí, los matices astrales.
i) El solar, como símbolo del padre que se convierte, finalmente, en signo de
fuerza. No por azar las divinidades paganas hacen de esta luz su sello distintivo y
se unen, más tarde, al ejercicio político del soberano. Dios y rey participan de un
mismo resplandor. ii) El lunar, confinado a la mujer, fría y fúnebre, no luce igual
brillo —se manifiesta abriéndose paso a través de la noche. La nocturnidad
demanda el sacrificio de lo que espera recibir, de vuelta, su plenitud definitiva. Por
las mañanas, los niños suelen tranquilizarse ante la imagen de la luna rebajada
por el sol porque allí ha podido vencer el contorno inalterable de un mundo
amenazado por la deformidad, por el recuerdo de una muerte anticipada ya en el
claustro materno. El sol y la luna, en el reverso, en la refriega cíclica de su
enfrentamiento mitológico se donan mutuamente una experiencia ambigua:
mientras el astro encandila y atenta contra la frescura de la lucidez razonante, la
luz satelital defrauda y engaña a quienes se afanan en conocer la talla del mundo.
Pero la luz ha tenido que ver con el viviente: luminosa o lúgubre —contrahecha
por el aguijón de la enfermedad, del cansancio o la muerte. No obstante, esta
desmesura no hace justicia a la claridad de la carne. La claridad pertenece a una
fase intermedia que habita entre el rasgo distintivo y el color local. Allí comparecen
dos partículas elementales que no consiguen reconciliarse. Prueba de ello es que
241
la soberanía del cuerpo se muestra al alba, cuando sus contornos no se comiden
al fulgor ni a su borradura. La claridad existiría antes que los cuerpos, en virtud de
este antecedente suele convertirse en sujeto.
El alba se abre al espacio de la entereza dado que se extiende, sin prudencia, de
un borde a otro: no ha de ser investida con las cláusulas del contraste. Todo
depende de la disposición de los lugares para abrirse y mostrarse. No se trata de
un espacio calculable sino de una partitura hecha de luz. Esta igualdad es la
condición de los cuerpos: muestra desnuda, evidencia banal, sufriente, gozosa. El
alba es extraña al sacrificio y, con la misma beligerancia, se sustrae al fantasma
con el propósito de ofrecerse a la naturaleza de la carne. El fragmento de El roto
encuentra su símil en la fotografía, porque se trata, en último análisis, del espacio
que recorre una claridad. “La carne proletaria” (Edwards Bello, 2006: 5) evoca un
montaje ficcional que rinde tributo a la transparencia a punto de ser vencida por
las creaturas invisibles y noctámbulas que trajinan el cuerpo mientras sueña. Si se
observa detenidamente, una vez más la mañana parece ser el modelo ejemplar
que ha devenido noche. Pero el espacio literario, donde se posan los cuerpos de
quienes entablan una relación intermitente con la luz, se construye sobre la
plataforma de su destello: las prótesis del progreso dan lugar a la crudeza de la
piel, y se fuga, como si la forjaran a voluntad, una delicadeza inadministrable. La
noche evidencia la pesadez del cuerpo porque lo transforma en mercancía
intentando sustraerse, vanamente, al cansancio y la enfermedad. Convertida en
valor de cambio, el imperativo fundamental consiste en el ocultamiento del brillo
aunque sea propio de la “carne proletaria” mostrar una desnudez sustraída del
adorno o equívoco confundirla con el apaciguamiento del tono muscular. Se pierde
aquel humanismo que hizo del viviente una producción maquínica inalterable. La
ausencia de luz se resuelve, finalmente, en el control de su espaciamiento. Sin
ostentación, enfermedad y cansancio muestran la desnudez más allá de la
prohibición, más allá del misterio aunque rozan el secreto. Mientras haya un
cuerpo, habrá un alba sin astro —esta es la condición para que exista lo singular
(Nancy, 2006).
La noche se mantiene inaccesible, penetrar sus límites significa relacionarse con
el afuera y permanecer intocado subjetivamente en virtud de la reserva que cabe
frente a la oscuridad, a un tiempo que imposibilitado de liberarse de su presencia.
La noche evoca el memorial de la partida, de una muerte que se prolonga sin
ninguna consideración por las cosas de este mundo. Quienes han sido
protagonistas de un proceso como éste ya no se agrupan al amparo de la urgencia
ni del sigilo. Mientras el texto suscribe con distinto énfasis la amenaza que se
cierne sobre el cuerpo hasta hacer de éste una cultura, la cercanía, el contagio,
constituyen la expresión insomne de la vida. Como es usual, el acto de retirarse no
242
acopia para sí ninguna palabra, ni siquiera la promesa que involucra el adiós. Solo
cabe la separación, el destino de una iniciativa inaudita acosada originalmente por
el fracaso. “La noche no se abre” (Blanchot, 1969: 154), la exigencia de oscuridad
hace justicia a una historia en espera del gesto que la culmine; con igual lógica,
esgrime, asimismo, el recurso a la soberanía —frente a la improvisación del
saludo y los devaneos de la despedida. La nocturnidad constituye una partida que
es llamada a comparecer frente a sus propias estrategias, el peso de la prueba
parece recaer en los convocados, aquellos que espían “el sueño pesado de la
carne proletaria” (Edwards Bello 2006: 5). Y si todo esto acredita un signo puede
considerarse dicha formalización, por simple acuerdo, de manera autónoma. Hay
todo un régimen de enunciados flotantes, nómades, de nombres suspendidos, de
signos que acechan, que esperan ser empujados para volver a establecer el
sentido de la afirmación. “¿Cómo justificar la vida, que es sufrimiento y grito?” —se
pregunta Deleuze a propósito de Wolfson (Deleuze, 1996: 28). En un régimen de
este tipo, nunca se llega al final de algo, está previsto precisamente para eso:
régimen trágico del apremio infinito, respecto del cual se es, a un tiempo, deudor y
acreedor. Sin embargo, lo importante no es tanto la circularidad melancólica de los
signos cuanto sus multiplicidades.
Aun así, se abre paso la diversidad de formas tramadas en una mezcla rara
emparentada con “parásitos y bichos nocturnos” (Edwards Bello 2006: 5). En este
contexto, se puede dudar si el cuerpo es un trámite del día o si, en sentido estricto
es i) el horizonte que se declina tras la puesta del sol o ii) el encuentro con un
grado de soberanía suficiente que ofrece la carne para ser contemplada en la
intimidad de su derrota. El acoso se convierte entonces en el signo plural a punto
de interrumpir la cadena significante —cuanto más apegado a la noche, el cuerpo
visitado experimenta la imposibilidad de la muerte porque siempre se muere en un
“futuro que nunca es actual” (Blanchot 1969: 155); cuanto más se apaga el sonido
de las palabras, el mundo puede existir sin sujeto —semejante al árbol invadido
por las hormigas de los trascendentalistas norteamericanos de principios del siglo
XIX. Todo se resume en que no hay nada que mostrar salvo una separación
porque “en el límite de la noche ya nadie pregunta a la sombra de dónde viene ni
quién es” (Jabès, 2002: 151). Toda muerte tiene como precedente un
transformismo mediante el cual los cuerpos dejan de participar en un ritmo cíclico,
su exterioridad ya no se corresponde con el sentido orgánico que pudo encontrar
allí la literatura o la filosofía. “Hay que salvar, hay que asegurar la salvación”
(Derrida, 2000: 9), esta sería la consigna de quienes no padecen otra muerte que
la permitida por la actividad productiva, de quienes mueren sin ningún auxilio del
porvenir. La “carne proletaria” muere en el presente enfrentada a la desnudez de
su propia soledad. ¿Cómo no hablar del fracaso cuando se ha tenido que recorrer
hasta sus extremos más sinuosos el trazo de esta historia singular? Para ello, el
243
Occidente ha inventado una lengua —ha de insistirse en ello— que se encabestra
en atención a las finalidades. El cabestro sirve para neutralizar la autonomía del
animal cuando se lo quiere con la quietud obligatoria del trabajo, en referencia a la
prioridad de la última hora. Menos frecuente es el gesto que se detiene en el
instante, que se autoriza sobriamente en la adquisición tardía de una forma
sinuosa, aquel que hilvana todo el pasado pero que se fragiliza ante la amenaza
de lo que viene, que no contempla la requisitoria, esa violencia que se congratula
en el sacrificio de su duración, esas “abreviaciones que engendran oscuridad”
(Nietzsche, 1988: 207).
Tras la inquietud que provoca la suspensión de una regularidad mantenida
incólume, no hay constancia de un aserto mayor que cuando se ha vuelto
inapelable el imperio de la rutina, poco importa que allí “la certidumbre adquiera el
carácter ofensivo del delirio” (Klossowski, 2005: 198). No obstante, una sorpresa
donde lo actual ya no se conforma por la efectividad del tiempo sino por el
desprendimiento de su presente, sería un acontecer que se identifica con los
hechos solo en virtud del hábito que lo soporta. Este desprendimiento no escalona
una nueva vigilancia como remiendo de la linealidad interrumpida, ni es el espíritu
de alguna pseudociencia que demanda a modo de alternancia crítica el ingreso de
lo inédito. Es necesario convenir que “en los fenómenos de repetición, de
recuperación, de reactivación o de regreso, lo que cuenta nunca es lo idéntico sino
lo diferente” (Nancy 2008: 8). Si la noche impregna los bordes del sueño es como
si la extrañeza de donde provienen sus signos ya no pudieran iluminarse con el
lleno de la referencia. El sueño, por tanto, aparece discernido de modo general y
colectivo. Es legítimo hablar aquí de cierta ambigüedad referencial porque los
contenidos oníricos no alcanzan a distinguirse sino dispensados por “la carne
proletaria” y ésta no permite definir sus fronteras sino como una estructura social
que sacrifica sus segmentos constituyentes. Ambigüedad quiere decir, en este
contexto, el factor sumatorio tanto de la literatura como de la filosofía que falla
necesariamente al momento de transparentar el exceso de sus hallazgos —
tratándose del sueño sucede como si su pesadez hubiera desplazado el interés
subjetivo en beneficio de un experimento que reclama para sí un lugar en la
escena. La proletarización del cuerpo tematiza su desvanecimiento con acuerdo a
la precariedad material del soñante, por su parte, la hermenéutica del sueño
recubre sus operaciones de dominio y atestigua la más común de las paradojas: la
espectralidad del yo; la vida inconsciente, por extensión, hunde sus raíces en el
positivismo sofisticado de la presencia cuyo prestigio se tramita en favor de los
fenómenos previstos por la anomalía social.
“A medianoche, cuando ya no queda nada por preguntar” (Deleuze y Guattari,
1993: 7), la filosofía —como el sueño— evoca un tiempo muy diverso al
244
constreñimiento luminoso de las primeras horas cuando el imperativo de la
producción hace que todo aparezca ingrávido y hasta transparente, demasiado
artificial y abstracto. Auxiliada por sus propios medios sobre lo que una vez
compareció como orden inapelable, la literatura masculla la pregunta por aquello
que resulta de la consigna modernizadora orientada por el tiento de políticas de
Estado que trae anexa una apostilla inhóspita donde “la carne proletaria” goza de
un instante de gracia entre la vida y la muerte. La literatura interroga la fraternidad
como cuestión habida “más acá de cualquier connotación sentimental” (Cit. en
Derrida 2005, 2: 80), que hace del otro un rival pero sin dejarse persuadir por el
exterminio —se trata de un desafío sin importar el buen decir o las convicciones
de cada cual. En la novela de Edwards Bello llega el momento en que al
protagonista le resulta imposible acceder a una “cierta intimidad competente”
(Deleuze y Guattari, 1993: 2) que no sea su propio abatimiento. Helo ahí,
postrado, intentando fijar un acontecimiento a instancias de la noche en una
ciudad expuesta a los vaivenes del progreso; el presente del sueño retiene la
mudez como alteridad intransferible sin rozar la trascendencia ni lo más próximo.
Y no es que El roto de Edwards Bello se obligue a fundar dicha experiencia, la trae
sin inventarla porque el asunto que plantea incluye lo que pasa en términos de
estructuras y relaciones o llega precedido por una revelación sin consumar, por
una promesa sin tiempo. Sin embargo, la apertura de este sujeto exiliado de alma
sigue figurando bajo la enmienda que se muestra en su recubrimiento: como
exotismo de una erudición novelesca y cuyo anuncio ya no contiene la posibilidad
de creer en algo. La cuestión verdaderamente crucial consiste en dirigirse a lo que
pasa y que “anula toda creencia, todo cálculo, toda economía y toda salvación”
(Nancy, 2008: 170).
El advenimiento del sueño autoriza otro modo de pensar el estatuto del testigo
respecto de la “pobreza de mundo (Weltarmut)” (Citado en Agamben, 2007a, 2:
94) propia del animal. La tesis que Heidegger esgrime en el semestre de invierno
de 1929-1930 está referida, en su último tramo, a la soledad del viviente. Es un
asunto expugnable toda vez que se trata de la fragilidad de una apertura, la puesta
en escena de un imposible que no sería negativo sino, en todo caso, otro trámite
del tener-lugar. Es sabido que las investigaciones de Jakob von Uexküll
constituyen un hito gravitante en el trabajo de Heidegger al volver sobre la ciencia
biológica. Si para von Uexküll, el ambiente (Umwelt) es el portador de significado
(Bedeutungsträger, Merkmalträger), a Heidegger
le corresponde la
responsabilidad de hacer solidarios el acontecimiento que recae sobre el animal y
el viviente humano. Lo que cuenta para el acontecimiento cuenta también para la
responsabilidad que se muestra en los intersticios de lo posible y cuyo paso ya no
es asignable a una dependencia específica sino más bien pasiva de lo que reparte
el otro en él. Según Heidegger, el animal en su ensimismamiento se halla
245
sustraído de la revelación del Dasein, no obstante, bajo el mismo expediente
conquista una apertura especial hacia algo que nunca será nada: imposibilidad de
soportar la relación con la existencia sin ser absorbida por ella. El animal discurre
por fuera de lo posible aunque no pueda nombrar sino su desmesura, se sitúa en
la inconmensurabilidad de su propio límite y de su propia presencia. Así, “los
parásitos y los bichos” hacen parte de lo inaccesible solo en tanto se encuentran
privados de llegar a un destino singular sino es el tormento que asola la “carne
proletaria”, de un modo análogo a cómo el protagonista de la novela consuma su
desvío en la clausura del sueño.
CIUDAD Y PATOLOGÍA: LA FORMACIÓN DEL ROTO
La medicina del siglo XIX se consagra a la investigación bacteriológica a fin de
aislar los microorganismos responsables de transmitir enfermedades infecciosas.
“Cell theory relies on the ability to perceive borders, for to see a structure under a
microscope means to visualize a membrane that distinguishes it from its
surroundings” (Otis, 1999: 4). Con base en un juego de contrastes, dicho protocolo
exige individualizar sus hallazgos a objeto de establecer las fronteras del
funcionamiento pernicioso. Se trata de una nomenclatura disciplinaria que
encuentra cabida no solo en el discurso médico, sino también en el imaginario
socio-político de la época. La capacidad de distinguir un elemento entre otros, de
velar por la integridad de los bordes que conforman un organismo propiamente tal,
tiene como finalidad impedir la irrupción de elementos patógenos. La elite ilustrada
chilena declina esta estrategia en un programa de construcción nacional con un
doble propósito: fijar el marco de lo deseable y purgar las anomalías. Como
contrapunto, la novela de Edwards Bello muestra los efectos de la comunicabilidad
del tejido membranoso, esto es, la pérdida de sus contornos originales, su
propósito de fusión, su obediencia a una ortopedia colectiva en virtud de la
deformidad. “Acurrucados en el suelo, parecen acechar; uno es tuerto; otro tiene
en lugar de la nariz un agujero siniestro, revelador del mal que pudre sus carnes”
(Edwards Bello, 2006: 21). Este elenco deroga las cláusulas identitarias, pero no
se trata de la multiplicación de un singular —de un vínculo, de un proyecto— sino
de la catástrofe que produce una desbandada serial: “[…] el de más allá, de
quince años, está consumido por la peste blanca; otro, el gordo, se presta al vicio
inenarrable y no se ruboriza cuando le llaman con los nombres más degradantes”
(Edwards Bello, 2006:21). En cualquier caso, el correlato transgresivo de la
marginalidad subsume bajo un solo sedimento la exterioridad de sus partes
constituyentes; comparece el manifiesto de un orden conservador que se
establece autónomamente, “[…] aquél, blanco, alto, de rostro lívido, es un asesino
que la policía persigue” (Edwards Bello, 2006:21).
246
Tradicionalmente la feria de curiosidades se caracteriza por mostrar lo que
desborda la imaginación mientras exhiba lo monstruoso, aquello que escapa al
canon de la taxonomía —el límite de la humanidad sorprendida en el preciso
instante en que rebosa hacia lo bestial. La escena refunda el sentido común para
señalar una rareza que excede con mucho la fantasía más bizarra. Allí, la tarea del
presentador de la mujer enana o del hombre elefante consiste en hallar palabras
para lo que se define, precisamente, por la imposibilidad de ser nombrado. Y si la
exposición de lo insólito ha de responder a una marca trascendental, la rutina tiene
como resultado el retorno de su contrario: la comparecencia de lo reprimido en
una serie inédita que colectiviza la bancarrota del valor singular. Lo fuera de serie
es recobrado en un nuevo elenco de anormalidad unida al poder en desmedro de
cualquier estado de excepción: la ley incorpora sus cláusulas marginales
(Agamben, 2007b). Se trata del movimiento museal prototípico del siglo XIX que
exhibe: i) el catálogo de lo inclasificable; ii) la axiomática de la anormalidad y iii) la
cientifización de lo natural. El tuerto de la cita de Edwards Bello es alineado con el
hombre sin nariz, el tuberculoso, el gordo y el asesino. Cada uno de estos rasgos,
todos los cuales debían obedecer al imperio del singular, terminan por anudarse a
la pluralidad de lo morboso. La vitrina de la exhibición narrativa crea el espacio de
la semejanza patológica. Este es el tránsito donde el roto se construye como tal,
pero en rigor Esmeraldo corre la misma suerte de un movimiento asignificante que
lo conmina a hacerse roto sin reservas —y una vez más, su correlato es “la
desolación de esa ciudad doliente” (Edwards Bello, 2006: 17), en cuyo laberinto
sucio y enfermizo habrá de perderse y soportar continuas sacudidas hasta
acceder a su fórmula colectiva. Mientras que en el Bildungsroman tradicional la
peripecia del protagonista responde a una interioridad vinculada con el socius, la
(con)formación del roto parece obedecer a un destino inverso y alienante porque
el pliegue del afuera constituye su zócalo subjetivo: si el individuo burgués
aprende a restringir sus libertades interiores en aras del bien común, el roto aspira
la libertad urbana: “[…] la calle llena de novedades, de imprevistos; su calle sin
vergüenza, sucia y cínica […]. Sentía latir ese corazón de su barrio como si lo
llevara en sí mismo” (Edwards Bello, 2006:35).
Lo que para el discurso civilizatorio y modernizante de una joven nación
empeñada en revisar sus primeros cien años de existencia ha llegado a ser, en el
mejor de los casos, lo enmendable y objeto del desecho, en las antípodas, se
muda aquí en ámbito configurador de una identidad alternativa tensionada por el
vaivén entre lo singular y lo colectivo. El Bildungsroman de Esmeraldo es la
fórmula narrativa del roto, de modo análogo a la historia de la socialización
encarnada por Wilhelm Meister —prototipo burgués en la época de Goethe.
Adviene un conjunto de peripecias para que dicho estatuto alcance su completitud
247
—Leitmotiv de la novela en tanto espacio literario. Tal logro coincide con el final de
la obra.
Esmeraldo crece en un ambiente prostibular regentado por su madre Clorinda en
ausencia del padre recluido en la cárcel. Importa en el devenir del roto la pérdida
de la figura paterna tanto en términos imaginarios como efectivos. Es en virtud de
esta falta que Esmeraldo construye su rol de masculinidad cuyo símbolo es un
cuchillo que había pertenecido al progenitor y que Clorinda guarda en los cajones
de la cómoda: “El cuchillo paterno lo fascinaba. Su padre sería un héroe. Se lo
figuraba hermoso y fuerte, con aspecto de guerrillero […]” (Edwards Bello,
2006:18). Pero la representación del “objeto sagrado” (Deleuze, 2006: 23) es
forzada por el imperio lábil de la estructura psíquica. Esmeraldo sublima el
reencuentro con su padre —a quien apenas recuerda y cree injustamente
encarcelado. El enfrentamiento con la realidad lo despoja del ideal paterno: se
encuentra con un hombre alcoholizado y corrompido por la vida carcelaria. Su
“conmoción enfermiza” (Edwards Bello, 2006:19) se aviene con la muerte violenta
del ascendiente ocurrida dos días más tarde a causa de un altercado en el recinto
penitenciario: tras el evento catastrófico, Esmeraldo pierde definitivamente a su
padre real. El lacho Fernando, amante de Clorinda pudiendo, habida cuenta la
ligadura con la madre, asumir la función paterna es, por su parte, un roto sin
vínculos parentales y sin descendencia: aventurero, nómade, hombre de varias
mujeres; Fernando hace del “[…] mundo […] el campo de pelea para el más gallo”
(Edwards Bello, 2006: 29). Al seguir sus pasos, Esmeraldo se convierte en roto a
través del desasimiento de los lazos filiales y haciendo de la ciudad su hogar
formativo: la ley del padre es sustituida por la ley de la calle; en ella prevalece la
relación entre pares que desean o gozan —según sea pertinente una exégesis
con base en el psicoanálisis (Lacan, 1975) — la misma suerte de Esmeraldo. Aquí
radica la ambigüedad de la novela de Edwards Bello. A mayor abundamiento, El
Pata de Jaiva, oriundo de Valparaíso y compañero de andanzas de Esmeraldo, es
“[…] descendiente de quién sabe qué changos empujados poco a poco por la raza
blanca a los cerros del Barón” (Edwards Bello, 2006: 46). Su destino reitera la
precariedad de referencias familiares, de nombre propio y de lazo social a cuyo
recaudo emerge el sujeto: “El cerro, su cerro y su madre. ¡He ahí el universo!”
(Edwards Bello, 2006:46).
El proceso de subjetivación del roto se acuña en la no-pertenencia a una trama
social que le otorgue la posibilidad de reconocerse y conquistar un lugar en el
mundo. Esmeraldo vaga por las calles de la ciudad. Un asesinato y la búsqueda
del culpable crean las coordenadas narrativas del desenlace novelesco. Un amor
que transgrede la estructura de clases se convierte en hecho fatídico para el futre
José Martí, enamorado de Carmen, hermana de El Pucho —integrante de la
248
banda callejera en la que milita Esmeraldo y El Pata de Jaiva. Sintiéndose
traicionado en su conciencia de clase por el ligue amoroso de su hermana, El
Pucho apuñala a Martí causándole la muerte. En el lugar del crimen, la policía
tramita la confesión voluntaria de Esmeraldo, quien asume la culpa vicaria del
asesinato. El caso se convierte en noticia de interés general —debatido por la
prensa y la opinión pública— en tanto que cifra el discurso político en torno a los
desequilibrios sociales, la pobreza y su vínculo con la criminalidad, acto seguido,
se esgrime la necesidad de reformas con bases profilácticas. Expertos en
criminología seguidores de Kraft Ebbing, frenólogos inspirados en las tesis de
Darwin y émulos de Nietzsche ponen a prueba sus postulados en el “asunto
Esmeraldo” (Edwards Bello, 2006:152). El caso no termina por resolverse.
Extinguida la cobertura mediática, tras siete meses de reclusión Esmeraldo es
puesto en libertad. El periodista Lux, persuadido de su inocencia, asume un rol
redentor del niño pobre: lo cobija en su casa con ánimo de civilizarlo. El programa
iluminista de normalización —rubricado por el nombre propio del reportero— se
empeña en subordinar a Esmeraldo a la ley paterna aun cuando “[…] el muchacho
permanecía reservado, esquivo, salvaje. No pensaba sino en ver su barrio, su
madre…” (Edwards Bello, 2006:153). Esmeraldo huye amparado por la noche,
vuelve a sus correrías y al lugar que le prodiga un modelo identitario hecho a la
medida. Pero el barrio de la infancia ha sido demolido y está siendo sustituido por
un saneamiento higiénico: “Los fuertes, los vivos, que se alimentan de los
muertos, caerían sobre esos escombros, poniendo una nota sana y vigorosa en
ese desastre urbano, pálido y mudo” (Edwards Bello, 2006:156). El texto describe
los efectos espurios de la intervención:
“El roto se iba con la sífilis y la viruela, borracho, cojo, tuerto,
trágico, arrastrando el espectro de la ramera pobre, dejando en
esos escombros lo mejor de sus energías, lo más fuerte de su
alma y cuerpo. Se iba para otro lado, mudo y fatalista, sin
preguntar a quién dejaba todo eso, abriendo cancha al burgués, al
gringo y al futre que venían en nombre de la civilización y de
Darwin” (Edwards Bello, 2006:156).
El transformismo de la ciudad corre a parejas con el expolio de la ecología del roto
y el diferimiento definitivo de sus coordenadas identificatorias. A Esmeraldo no le
queda sino el recurso al resentimiento. La novela se cierra con la huída de
Esmeraldo siendo acosado por las fuerzas del orden en compañía del profesional
ilustrado. La fuga es exitosa en virtud del apuñalamiento de su seguidor más
próximo que resulta ser Lux, el pretendido padre salvador —epitafio del iluminismo
civilizatorio. Esmeraldo se aferra al único resto que le queda: su libertad de roto.
La escena final coteja este deseo con el símbolo más emblemático del progreso:
249
el ferrocarril: “El chiquillo cruzó la vía saltando casi la trompa de acero de la
locomotora que se venía encima. Pasó rozándole, echándole en la cara su calina,
su soplo potente de vida y muerte” (Edwards Bello, 2006:162). La imagen enrostra
el hecho que el roto se construye enfrentado a lo moderno, en pugna con su ideal
finalista. La novela de Edwards Bello muestra el acoso que se cierne sobre todo
aquello que se exime de formar parte del espíritu de la época. Las primeras
páginas retratan la marginalidad del barrio Estación Central que será desechado
por las obras de remodelación urbana favorecidas por el festejo del Centenario,
pero luego, una vez consumado el crimen del futre, la prensa retoma su interés
con el propósito de recuperar el entorno barrial. El fracaso del plan arquitectónico
es el fracaso de la iniciativa civilizatoria y redunda en los obstáculos que impiden
el bienestar, el progreso y la vida saludable. Sobrevive, aunque no sea más que
una pura impertinencia, el excedente de la lógica modernista: un lapsus
intramitable que resiste la restauración tanto como su desaparecimiento.
La novela de Edwards Bello se proyecta originalmente en dos tramos. El primero,
de 1918, es publicado en París bajo el título La cuna de Esmeraldo. Dos años más
tarde, la borradura del nombre propio en la versión definitiva, su relevo por el
genérico —El roto— ilustra la serie de operaciones ya descritas: volver
transparente la línea fronteriza que escinde lo singular de lo colectivo (Spivak,
2001). Esmeraldo es héroe cuya subjetivación se disemina constantemente. Así,
las intenciones críticas que el autor exporta a la novela se desvanecen en los
procedimientos narrativos puestos en circulación. Sus contradicciones resultan
evidentes: el relato esgrime fórmulas descriptivas (paradigmáticas o ejemplares)
que traducen fenómenos individuales en una estructura de clases decimonónica,
mientras consagra la división internacional del trabajo y el fortalecimiento del
aparato burocrático que hace parte del siglo venidero. Edwards Bello no logra
liberarse del discurso hegemónico que cuestiona; su novela irradia luz y
conocimiento sobre un mundo degradado —la oscuridad en tanto que iluminada
puede ser eliminada. “Los cuadros crudos de El roto, vienen a ser como esas
fotografías de fieras que los turistas toman de noche en plena selva” (Edwards
Bello, 2006: 1), escribe el autor en el prólogo a su novela.; y llega a decirse que su
“autor sorprendió las actividades íntimas del pueblo chileno en su fatal obscuridad,
con luz de magnesio” (Edwards Bello, 2006: 1). La literatura se asemejaría, por
tanto, a una cámara fotográfica que saquea lo que retrata: los animales pierden
algo de su naturaleza salvaje cuando aparecen en la secuencia del álbum que
recoge los recuerdos vacacionales; la luz magnésica apresa la “fatal obscuridad”
(Edwards Bello, 2006: 1) de las clases bajas. Enmarcar la fotografía o circunscribir
lo patológico y la ciudad al texto, constituyen los actos que patrocinan la lectura de
Edwards Bello: el roto como sujeto en devenir, habitante de una capital acosada
por el padecimiento. El marco prodiga límites de cohesión e inteligibilidad de
250
aquello que queda capturado en su interior; la novela funciona con igual propósito
tratándose de la genealogía del roto: lo convierte en heredero de los residuos de la
modernidad periférica habida en Chile. El marco instala, sin embargo, una reserva
entre aquello que queda consignado como su límite interno y lo que permanece,
difuso, en el afuera: “It makes sense […] to consider the degree of security of any
frame, even if some frames are clearly firmer than others” 5 (Rousseau 2003: 3). En
sus puntos vulnerables, donde los cuerpos infectados se vuelven deformes, donde
la enfermedad amenaza con hacer inhallable cualquier diferencia entre lo sano y lo
patógeno, donde el roto defrauda, una y otra vez, los intentos de domesticación, el
espacio literario no solo comporta un aparato de captura (Deleuze y Guattari,
1994), sino también, simultáneamente, un sentido que solo es perceptible en tanto
fuga. En definitiva, “la cuestión del eurocentrismo tendría pues que decidirse […]
con respecto a la escritura” (Moreiras, 1999: 15).
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Recibido: Marzo 2011
Aceptado: Noviembre 2011
255
JACQUELINE DE ROMILLY. “La Grecia antigua contra la violencia”, Traducción
Jordi Terré, Editorial Gredos; Madrid, España, 2010. 153 pp.
Si existe un problema que ha agobiado ininterrumpidamente a la humanidad
desde sus mismos orígenes, éste es el de la violencia. Y cada cultura la ha
afrontado a su propia manera, ya sea incorporándola a sus valores y/o buscando
vías para controlarla. En el ámbito de la literatura, la epopeya la ha hecho su tema
central, ya sea cantando la cólera de Aquiles, en la Ilíada, o revelando los secretos
de una deidad guerrera, como el Krishna que instruye a Arjuna en el Bhagavad
Gita.
En las antiguas religiones indoeuropeas los dioses frecuentemente son violentos.
En el caso de la Grecia arcaica y clásica, cultura politeísta carente de libro
revelado, los principales mitos se encuentran en las obras de Homero y Hesíodo.
En la Ilíada, la Odisea, la Teogonía, los Trabajos y los días y los Himnos
homéricos abundan las teomaquías y las querellas. “La mitología griega es
terrorífica. Lo es, sobre todo, en sus comienzos, lo que no es un dato desdeñable.
Estos comienzos están expuestos en la Teogonía de Hesíodo, la primera obra
literaria de Grecia tras el ciclo homérico. Esta obra, como su nombre lo indica,
narra los comienzos y el nacimiento mismo de los dioses que precedieron el
reinado de Zeus y de los Olímpicos. Se puede decir que las generaciones divinas
rivalizan, de alguna manera, en el horror” (pp. 61-62). Esta violencia inherente a
los Olímpicos amenaza a los mortales que se encuentran inermes ante su poder,
frecuentemente arbitrario. “La mitología griega está formada por un entramado de
violencia sin número. La acción divina se presenta como una serie de
intervenciones brutales y más o menos arbitrarias, y las obras literarias no dejan
de reflejar el temblor de los hombres ante el pensamiento de esas violencias
siempre posibles” (p. 61).
Como es bien sabido, el Olimpo es gobernado por Zeus; pero para que esta
deidad celeste conquistara y consolidara su poder requirió defenestrar a los
anteriores regentes cósmicos e imponerse sobre todos sus otros adversarios
mediante la fuerza, la astucia y una serie de alianzas. “[…] Prometeo era un Titán
y las violencias que Zeus le inflige son el resultado de esta gran lucha que ocupa
la segunda parte de la Teogonía de Hesíodo. El reinado de los dioses griegos, ya
sean descendientes de Zeus o pertenezcan a esas generaciones precedentes,
está por tanto fundado, en el origen, sobre violencias que desembocan en una
lucha sin piedad. Sin embargo, Zeus, al haberse impuesto por la fuerza y ejercer
su autoridad sobre los demás, podrá así convertirse en el árbitro y, por ello mismo,
ejercer en adelante una forma de justicia. Es así como nos encontramos a este
256
Zeus en el segundo poema de Hesíodo [Los trabajos y los días], más o menos en
Homero y en la tragedia” (p. 62).
Jacqueline de Romilly percibe una evolución en la religiosidad helena, que transita
de un Zeus tiránico que conquista su lugar mediante la violencia a un dios de
justicia cuyo poder resulta garante del orden cósmico y que castiga la desmesura
y la injusticia entre los humanos. “Todo se sitúa, efectivamente, en una evolución.
Vimos cómo la justicia de Zeus sucedía al caos; vimos cómo aparecía la
benignidad, el perdón y la indulgencia, incluso en las tragedias […] De una forma
más general, podemos y debemos preguntarnos si, a partir del momento en que
estas ideas de benignidad se difundieron así, se puede percibir una evolución que
haga pasar de estos dioses con frecuencia crueles que se encuentran en las
leyendas, a una visión depurada y embellecida de dioses que serían ya no
crueles, sino benignos, buenos para los hombres, indulgentes y prestos al perdón”
(p. 79).
La capacidad de ejercer violencia por parte de un árbitro justo con el propósito de
conservar el orden marca la diferencia de la violencia legítima con respecto a otras
violencias no legítimas. El Zeus de justicia de Hesíodo detenta el monopolio
legítimo de la violencia. Jacqueline de Romilly percibe que esta evolución puede
considerarse consolidada a partir del siglo V a. C., en particular en las obras de
Píndaro, Eurípides y Platón, “[…] la exigencia platónica, que pretende que nada
malo viene de los dioses, excluye la violencia al igual que excluye las pasiones y
los celos que pueden ser el origen de la violencia divina” (p. 142).
Esta evolución religiosa refleja lo ocurrido en las sociedades helenas que
transitaron de la oralidad a la escritura, precisamente la época del surgimiento y
consolidación de la democracia en Atenas. Solón, padre de la democracia según
Aristóteles, se preocupó particularmente por detectar mecanismos para controlar
la violencia fratricida imperante en su pólis. “En la lírica ateniense, Solón ofrece un
apasionado alegato a favor de imponer el respeto a la ley que es la expresión
misma de la justicia y de impedir que los dos partidos opuestos de la ciudad se
destruyan entre sí y la arruinen, y, por consiguiente, para hacer triunfar el orden de
la justicia sobre el desorden de la violencia. La ley está destinada a impedir las
violencias individuales, y los juicios del tribunal, a ofrecerles un sustituto” (p. 18).
Con esta intención en mente, restringir la violencia fratricida, Solón promulgó una
ley de acuerdo con la cual los ciudadanos estaban obligados a intervenir
activamente en caso de discordia interna (stásis). “Ignoramos las circunstancias y
muchos han dudado de la autenticidad misma del texto de la ley. Ésta parece
estar relacionada con una de las dificultades que experimentó la democracia
griega y que era la indiferencia o apatheia. Si la ley se remonta a Solón, podemos
pensar que haya querido impedir cualquier posibilidad de guerra civil, que, surgida
257
de un pequeño grupo, habría sido enseguida asfixiada por las masas. En todo
caso, el texto de los poemas no deja ninguna duda sobre sus sentimientos” (p.
142).
A pesar de las buenas intenciones de Solón, la democracia ateniense sufrió
altibajos y la violencia no fue erradicada, por el contrario, se mostró como una
enfermedad social recidivante que tiñó de sangre más de una vez el Pireo y sus
alrededores, “[…] en Atenas, y sobre todo en el siglo V a. C., el escándalo de las
luchas fratricidas se experimentó muy vivamente […] Solón se opuso así, con una
apasionada firmeza, a las luchas que desgarraban la ciudad y soliviantaban a los
pobres contra los ricos, y a los ricos contra los pobres” (p. 87).
A pesar de los innumerables problemas experimentados por los demócratas de
Atenas, estos consideraron valioso su proyecto y lucharon por él. “Es inútil
recordar una vez más que el poder de Atenas, la democracia de Atenas y los
valores de Atenas llenaban a los ciudadanos de un amor vibrante […] El propio
Pericles lo dice. Siempre según Tucídides; declara que, aun cuando Atenas tenga
que perder un día su poder, se conservará eternamente su recuerdo y hablará a
todo el mundo de la belleza de sus logros. Sin embargo, incluso en la obra de
Tucídides, vemos cómo este imperio reposaba en la fuerza y en la violencia, cómo
la rudeza de Atenas con sus aliados, sobre todo con aquellos que se rebelaban,
no dejó de acrecentarse, y cómo los atenienses mismos reconocían que se trataba
de una tiranía. Algunos protestaban contra esta política de la democracia […]” (pp.
117-118).
Aquellos atenienses que no eran favorables a la democracia actuaron de
diferentes maneras. Por una parte, Critias, líder de los treinta tiranos, trató de
implantar con la ayuda de Esparta y mediante la violencia un régimen
antidemocrático. Por otra parte, algunos autores realizaron críticas constructivas a
la democracia buscando conjugar sus virtudes con las de otras formas de
gobierno, “¡qué placer tan intenso nos produce el carácter mordaz, perspicaz y
radical de determinados ataques contra la democracia que a veces lindan con el
elogio y que adquieren en la obra de Platón una irónica aspereza!” (p. 125). Y así
se generó la utopía y la teoría de las formas mixtas de gobierno en los diálogos de
Platón. “Pero tomemos el caso de un enemigo de la democracia, de un enemigo
del imperio; tomemos el caso de un hombre que repudia y al que asquea la
política contemporánea, que ha visto sus crímenes y se ha entregado a la filosofía;
tomemos el caso de Platón. Tras la muerte de Sócrates, en la democracia
restaurada, Platón ya no tenía razones para la esperanza. ¿Se perdió entonces en
críticas amargas y desalentadas? ¡De ninguna manera! Se volvió hacia las
lecciones de su maestro y hacia la filosofía. Y entonces se trata de otro ideal, más
luminoso todavía, y más duradero […] En política, erigió una imagen modelo –y
258
radiante– de la ciudad ideal, con la esperanza de que un día alguien comprendiera
y estableciera en la realidad un régimen lo más parecido posible al que describía”
(pp. 118-119).
Entonces, ¿qué hacer ante la violencia que atenta contra la sociedad? La
respuesta helena fue la educación. “Los griegos de entonces poseían una
sensibilidad aguda por el aspecto educativo que podía adoptar la vida en común
en una ciudad con sus valores. Esta formación se lleva a cabo fundamentalmente
a través de los textos. Los griegos lo sabían y lo decían. También se lleva a cabo
mediante las ceremonias, las fiestas y todo lo que podía ser equivalente a nuestra
prensa […]” (pp. 108-109). La educación así entendida va mucho más allá que un
proceso de capacitación. “Tucídides, a propósito de Esparta, emplea la palabra
educación (paideuomenoi) para hablar de esta formación progresiva” (p. 143). En
esta formación “[…] el conjunto de obras de una literatura constituye como una
educación para el pueblo que se alimenta de ella, que aprende a conocerlas y a
reconocerse en ellas […]” (p. 121).
Jacqueline de Romilly hace hincapié en que, en general, los griegos fueron
exitosos en restringir la violencia antisocial mediante la educación. “Si hemos
comprobado que ciertas formas de violencia no existían en Atenas o eran muy
raras, esto no podría deberse a un azar. Y la lección puede valer para otras
civilizaciones diferentes a la suya. En el orgullo de ser ateniense, se pasaba con
mucha facilidad de las leyes a la ciudad y de la ciudad a Atenas con su poder, su
belleza y sus valores […] Los griegos de antaño […] desarrollaron una idea de la
ley estimulante y familiar, que nosotros perdimos. Sólo en raras ocasiones, cuando
nos vemos sometidos a una ocupación extranjera o a una dictadura, descubrimos
el valor salvífico de lo que llamamos «el Estado de derecho»; pero la existencia
preciosa de la ley apenas ya nos dice nada” (p. 109).
Jacqueline de Romilly postula que lo que les resultó a los helenos buen remedio
para atemperar la violencia antisocial, la educación, bien podría ayudarnos en la
actualidad para coadyuvar a la solución de nuestros propios problemas, esto es, la
violencia cuando ésta es ilegítima, “[…] en las aulas, para los jóvenes, cuando se
trata de inculcarles –hasta donde sea posible– todo lo que pueda hacer retroceder
la sombría violencia que padecemos, sería preciso más bien formar su juventud
con los autores antiguos o clásicos […] cabe la esperanza de que la lectura de
otros textos ayude a fortalecer en ellos [los jóvenes contemporáneos] el asco por
la violencia, y a permitir que se desarrollen en su sensibilidad fuerzas de
resistencia. Hay que comunicarles, a cualquier precio, un poco de esta sabia y de
este impulso que hemos perdido” (p. 121).
259
El largo recorrido realizado por Jacqueline de Romilly alrededor del tema de la
violencia en la literatura y la sociedad helenas, sin ser necesariamente exhaustivo,
sí es uno de los más completos y autorizados que existen en la bibliografía
especializada reciente. La violencia existe, resulta de utilidad cuando es
controlada socialmente con el propósito de garantizar el orden, ¿acaso Eunomía
[personificación del buen gobierno] no es hija del Zeus de justicia?; pero ya no es
legítima cuando persigue fines antisociales, como en el caso de la criminalidad o
el de la violencia vesánica y arbitraria. Los griegos cantaron epopeyas a la
violencia –justificada– de los héroes que lucharon para bien de sus respectivas
comunidades; pero se afanaron en controlar la violencia antisocial –mala–
mediante diferentes medios, entre los que destaca la educación en el más amplio
sentido de la palabra. ¿Se equivoca Jacqueline de Romilly cuando nos sugiere
construir la tranquilidad, concordia y harmonía de nuestras propias sociedades
contemporáneas mediante el recurso de una pedagogía integral, como la helena,
en la que el respeto a la ley se volvía una segunda naturaleza? Tal reto sigue
pendiente, quizá fuera pertinente escuchar a una de las máximas helenistas del
siglo veinte para resolver problemas que continúan siendo perentorios en el
veintiuno.
Víctor Hugo Méndez Aguirre
Filófosofo
Universidad Nacional Autónoma de México
260
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261
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seguido inmediatamente del año de la publicación y de la página. Ej.: (Rojas,
1974:63).
5.- La bibliografía utilizada deberá ir al final del artículo, en orden alfabético y el
apellido con mayúsculas. Ej.:
SARLO, Beatriz
1998 “La máquina cultural. Maestras, traductores y vanguardistas”. Ariel; Buenos
Aires, Argentina.
6.- Si la referencia bibliográfica cita un artículo, el título del artículo irá entre
comillas y el título de la revista en cursiva. Ej.:
CARRASCO, Ana María
1994 “Mujeres Aymaras y Trabajo Remunerado”. En: Revista Temas Regionales.
Corporación Norte Grande. Año 1, pp. 30-41; Arica, Chile.
7.- Cada artículo deberán llevar un resumen que indique el tema del trabajo. El
resumen deberá ser escrito en inglés y en español. Debe indicar además los
conceptos claves que contienen. Por ejemplo: IDENTIDAD/RELIGION/
MODERNIDAD.
8.- Los artículos que utilicen palabras que no sean españolas deberán ir en letra
cursiva. Por ejemplo: El ayllu andino se moviliza...
9.- Cuando la cita textual sobrepase las tres líneas deberá encuadrarse en los
márgenes izquierdo y derecho a por lo menos una pulgada en ambos extremos.
La cita deberá ir entrecomillas. En el caso que haya comillas en el texto citado,
éstas deberán ir en comillas simples. Así por ejemplo:
“En el extremo del que hoy es un inmenso arenal, y frente á Cavancha,
se construirá por la Municipalidad, un hermoso parque, marcado ya en
el nuevo plano que servirá para el deshago de la población. Todas
estas ‘mejoras’ darán gran impulso á la nueva población de la
península de Cavancha” (Riso Patrón 1890: 44).
10.- El título como los subtítulos deberán ir en letra común (sin subrayarlos ni
ennegrecerlos), tal como se indica a continuación: La Identidad Cultural entre los
Aymaras el Norte Grande de Chile.
262
11.- Cuando se quiera destacar alguna palabra o frase en especial, se deberá usar
letra cursiva. Por ejemplo: El tema del arraigo en la ciudad de Iquique...
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