la trata de personas y la mineria ilegal en la selva

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la trata de personas y la mineria ilegal en la selva
LA TRATA DE PERSONAS Y LA MINERIA ILEGAL EN LA SELVA AMAZÓNICA DE PERÚ. EXPERIENCIA PERSONAL
Tuve la oportunidad de viajar a una parte de la selva meridional amazónica de Perú, del 6 al 18 de noviembre.
Formaba parte de una delegación de cuatro religiosas mujeres, de cuatro diferentes congregaciones y de cuatro
diferentes países; todas viviendo en Perú. Somos miembros de la Red Kawsay (RK). “Red” es la palabra en español para
designar “network” (red de trabajo), “Kawsay” es una palabra quechua que, más o menos, significa “vida” en su
significado más completo. Es una red dependiente de Talitha Kum, que fue fundada por la Unión Internacional de
Superioras Generales en el año 2004.
Talitha Kum y la Red Kawsay tienen como objetivo trabajar por una sociedad libre de tráfico de personas. La RK es
auspiciada por la Conferencia Nacional de Religiosas en Perú (CONFER o CRP).
Nuestra misión era la tercera desarrollada en el 2014. Para dos de nosotras, era la primera misión.
Los nombres de personas y lugares están cambiados con el fin de evitar poner en peligro la seguridad de los
involucrados en esta experiencia.
Durante las casi dos semanas que permanecimos allí, estuvimos en dos lugares diferentes, a los cuales llamaré Ciudad A
(CA) y Ciudad B (CB). Me enfocaré más en CB, porque la experiencia allí fue más de “primera mano” que en CA.
PRESENCIA PASTORAL CON UN PRISIONERO
Estuvimos en CB del 12 al 17 de noviembre. En tan corto período de tiempo, ocurrieron un interesante número de
“sucesos”. Una tarde, cuando abandonábamos la iglesia local después de la Eucaristía, dos de nosotras nos vimos
involucradas inesperadamente en una situación en la que una joven madre fue acusada, esa misma mañana, de quemar
a su hija de 11 años de edad.
Una religiosa peruana de la Congregación del Buen Pastor, Chabu, quien es coordinadora de RKM; habló con la mujer
mientras otra hablaba con el oficial de policía que la estaba escoltando desde su pequeño pueblo, hacia otro pueblo a
bastante distancia. Ellos estaban viajando hacía allá porque no hay fiscal (una especie de abogado distrital) en su pueblo.
Tenían que permanecer en el pueblo en que nosotras estábamos porque es muy peligroso cruzar el río de noche hacia el
otro pueblo. Eventualmente, Chabu le pidió que hablara con la mujer a fin de poder hacer algún trabajo de energía con
ella para ayudarla a salir del estado de shock en que se encontraba. Ella clamaba porque todo había sido un accidente. El
policía reclamaba que fue a propósito.
Curiosamente decidió llevarla a la iglesia a fin que pudiera orar y pedir perdón por sus pecados. (Inocente hasta probar
su culpabilidad???) Mientras yo estaba con la mujer, Chabu conversó por un momento con el policía y luego salió a
hablar con las dos hijas de la mujer, de 6 y 2 años de edad. Para entonces ya eran alrededor de las 8 de la tarde y ni
siquiera habían cenado, por lo que Chabu fue a una pequeña tienda y compró para ellas unas galletas y un jugo. Con
algunas técnicas de terapia se pudo ayudar a la mujer a estar más centrada y coherente para la entrevista que tendría al
día siguiente con el fiscal. Por algunas conexiones que tenemos, pudimos conversar con una hermana Dominica en CA
que trabaja en la oficina de Derechos Humanos para pedirle que hiciera seguimiento al caso, especialmente si la mujer
terminaba en prisión, la cual esta en CA.
¿Por qué utilizo la palabra “coincidencias”? Porque no todos los días la policía decide llevar a un prisionero a Mass
mientras esta en ruta a otro lugar. Nosotras estuvimos en el lugar correcto en el momento correcto.
ESCAPE DEL CAUTIVERIO
Dos noches después de esta experiencia, una vez más casi inesperadamente, nos encontramos en compañía de dos
jóvenes mujeres de 18 años, que acababan de escapar ese día de su cautiverio. Una vez más, la “coincidencia” estaba
trabajando. Más temprano, ese mismo día, habíamos pasado la mañana en un área bien conocida por desarrollarse
labores de minería ilegal e informal y tráfico de personas, en forma de trabajo y prostitución forzada. Estas jóvenes
habían escapado de esa zona.
Lo que había facilitado su fuga fue que en los últimos meses se había incrementado la presencia policial en el área, en un
intento de la policía por clausurar las minas de oro ilegales e informales; un proceso llamado “interdicción”. Ese día en
particular, la policía estuvo haciendo un operativo para cerrar algunas minas. Vimos alrededor de 13 grandes buses
estacionados a un lado del camino, que habían transportado a los oficiales, cientos de policías antidisturbios que
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permanecían en la zona. Ellos habían confiscado un gran número de motocicletas ilegalmente adquiridas (principal
medio de transporte en la zona, semejante a un “taxi”). Debido a la presencia policial, los traficantes habían trasladado a
sus “chicas” a varios hoteles locales, y desde allí, las trasladaban nuevamente a zonas más remotas. Observen que
cuando menciono el término “chicas”, me refiero como nos dijeron las dos fugitivas a las que llamaré Anna y Beatriz, a
chicas hasta de 8 años que ellas habían visto y habían sido capturadas por este círculo de tráfico. Cuando esto sucedió
no había suficiente espacio en los vehículos que los traficantes estaban utilizando para trasladar a las chicas, por lo que
algunas permanecieron en los hoteles. Anna y Beatriz estaban entre estas últimas, sin absolutamente nada de dinero.
Cuando el dueño del hotel preguntó cuándo le iban a pagar, ellas respondieron que no tenían dinero, pero que su jefe le
pagaría. Después, aprovecharon un momento de molestia del propietario para abandonar las instalaciones del hotel.
Como no tenían dinero, ni idea de donde estaban, Anna, quien es casada y tiene un bebé se ofreció a prostituirse para
obtener algún dinero para escapar y así proteger a Beatriz de tener que exponerse a esta forma de explotación. En este
punto, ellas habían estado cautivas por 4 semanas, en situación de trabajos forzados que muy probablemente se habría
convertido en prostitución forzada.
De alguna manera encontraron un motociclista que estuvo dispuesto a llevarlas al camino principal (donde nosotras
estuvimos temprano ese día). Y, sí, ambas viajaron en una moto con el conductor.
Cuando llegaron al camino principal, tuvieron la buena suerte de encontrar un taxista dispuesto a llevarlas al pueblo
donde estábamos. Lo que hizo para asegurarse el pago fue retener el equipaje de una de ellas hasta que le pagaran 20
soles (Moneda peruana, cuyo tipo de cambio esta actualmente alrededor de 2.90 soles por dólar). Fue esa tarde, que
nos encontramos unos con los otros.
Escuchamos su historia, les dimos algo de comer, les buscamos un lugar seguro para dormir y luego tuvimos una reunión
entre nosotras cuatro y otras tres personas de confianza. Les explicamos a nuestras tres amigas la importancia de sacar a
estas mujeres del área lo más pronto posible porque era muy probable que la “mafia” de traficantes las buscara. Lo que
estaba a nuestro favor y en el suyo, era la gran presencia policial en la zona. Escuchamos que habían llegado cerca de
2.500 oficiales de varias partes del país a la zona, aunque sospecho que el número real era mucho menor que eso. Su
presencia estaba manteniendo a los traficantes ocupados moviendo a sus “prisioneras” a fin de escapar de la detención.
Así pues, tomando ventaja de eso, ideamos un plan.
A la mañana siguiente, dos de nuestras tres amigas, junto con una hermana de la Santa Cruz de Brasil, Conce, y la
española Carmelita, Mari, se unieron a nuestro plan original para visitar otro pueblo que celebraba su aniversario. Una
de nuestras tres amigas, Chabu, y yo nos quedamos para continuar el proceso de rescate de Anna y Beatriz.
La primera orden del día era pagar los 20 soles para recuperar el equipaje de Anna. Luego, nuestra amiga consiguió
chaquetas para todas nosotras en un lugar de ropa donada. Todas las necesitábamos porque viajaríamos 6 horas de la
caliente y húmeda selva hacia las frías y nevadas montañas andinas. Anna y Beatriz también las necesitaban a fin de
cambiar su apariencia. Nos dirigíamos a una ciudad que nos proporcionaba opciones de transporte seguro para ambas
hacia su ciudad de origen. Salí y compré dos gorras para Anna y Beatriz a fin que pudieran cubrir un poco sus rostros.
Contratamos un servicio de autos que viajaba entre estas dos ciudades, y partimos lo más rápido posible.
Hablamos con las dos jóvenes antes de partir, a fin de explicarles la importancia de la discreción y precaución durante el
viaje, ya que no podríamos hablar de su situación una vez estuviéramos en el auto. La razón para esto es que si sus
captores intentaran encontrarlas y fueran capaces de seguir sus pasos hacia la Ciudad B, también serían capaces de
averiguar que agencia habíamos utilizado, quien fue el chofer, etc. etc.
Les dimos nuestra información de contacto, así como la de la ONG con la que trabajamos cuyo propósito es trabajar en
la prevención del tráfico de personas y proveer asistencia legal y psicológica a las víctimas rescatadas o que han logrado
fugar. Llegamos a la sierra sin mayores incidencias y conseguimos boletos en una compañía de transporte terrestre
segura, que no hiciera paradas en la ruta para recoger pasajeros y estuvimos con ellas hasta que el bus partió. Una de
ellas tenía un teléfono celular que increíblemente sus captores no habían confiscado. Por lo tanto pudimos llamarlas tres
horas después, justo un momento antes de abordar el bus para emprender nuestro viaje de 8 horas durante toda la
noche para retornar a CB. Ellas estaban bien y felices de estar en camino. Partieron de la ciudad en los Andes a las 6 de
la tarde y llegarían a su ciudad de destino a las 2 de la tarde del día siguiente. Se comunicaron con nosotras una vez
llegaron a sus respectivos hogares, Beatriz me llamó al celular para agradecerme nuevamente y decirme que su padre
quería hablarme. El, tomó el teléfono, y con una voz llena de emoción nos agradeció por lo que habíamos hecho por el
retorno de su hija.
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VISITA A UN ÁREA DE MINERIA ILEGAL DE ORO
Chabu y Susan arribamos de regreso a Ciudad B alrededor de las 5.00 am del domingo, habiendo partido de allí
aproximadamente a las 10.00 del sábado anterior. A las 6.30 am, Conce, Susany yo nos habíamos citado con el diácono
local para una celebración de la Palabra y Eucaristía en un pueblo a cierta distancia del que estábamos. Tomamos un
bote para cruzar el río y viajamos una hora más o menos en una camioneta para llegar a nuestro destino. Estábamos
advertidas del peligro potencial de viajar a este lugar. Teníamos que hacer gala de mucha discreción, no mencionar que
estábamos a favor de la protección del ambiente y contra el tráfico de personas. ¿Por qué?, sencillamente porque nos
dirigíamos a un lugar bien conocido donde operaban minas de oro ilegales e informales, donde las personas son
extremadamente desconfiadas de los extraños. Unos años antes, una comunidad de religiosas brasileras fue expulsada
del pueblo bajo amenazas de muerte porque les hablaron a las gentes sobre la correcta nutrición de sus niños
indicándoles que no era seguro utilizar el agua porque estaba contaminada. Mientras caminábamos por el pueblo con
una reconocida y respetada mujer mayor, se nos advirtió no sacar nuestras cámaras fotográficas. Estar con ella nos
brindaba una relativa seguridad para caminar por los alrededores. Mas tarde, cuando dejábamos la iglesia terminado el
servicio, una de las mujeres presentes comentaba en tono de voz desdeñoso a otra mujer a quien habíamos conocido
esa mañana, que sospechaba que éramos ambientalistas de una de esas ONG’s.
MINERIA ILEGAL Y DESTRUCCIÓN DE LA TIERRA
Existen conexiones entre la minería ilegal, destrucción de la tierra y tráfico de
personas. La industria primaria en esta zona del país es la minera ilegal de oro. A
fin de extraer el oro tienen que vaciar la tierra de vegetación. Como verán en la
foto que sigue, lo que antes era parte de la gran selva amazónica ahora aparece
como un desierto desolado y sin agua. Existe un lugar que ilustra aún más esta
devastación pero no podíamos utilizar nuestras cámaras allá.
Parte del proceso de extracción de oro incluye el empleo de sustancias
peligrosas como el mercurio. Estas
sustancias ingresan a los ríos
contaminando el agua, los pescados y
las aves. En la foto de abajo pueden ver que el agua es de un extraño color
marrón tabaco, color que no viene precisamente de la presencia de suciedad
sino de los productos químicos empleados en el proceso de extracción del oro.
Estos ríos y arroyos son afluentes del río Amazonas.
En este pueblo en particular, un estimado indica que la población es menor a
25.000 personas, la mayoría de las cuales viene de otras partes del país para
trabajar en las minas o trabajos relacionados. Aún con tan poca población, en un
día utilizan más combustible que el utilizado por la ciudad de Lima la cual tiene cerca de 10 millones de habitantes. Este
combustible es utilizado en su mayoría para la minería y maquinaria de deforestación. Sin embargo, el mercurio no es el
único elemento contaminante. Otros negocios se han establecido en el área para apoyar directa o indirectamente a
quienes trabajan en minería ilegal. Puede ser desde una tienda de ropa, una pequeña bodega o un restaurante. Si la
minería fuera erradicada, estos negocios también cerrarían. Actualmente existen unos pocos intentos de ayudar a la
gente a encontrar alternativas por ejemplo la agricultura, pero los esfuerzos no son suficientes para lograr un gran
impacto. Es interesante notar que un “defensor del pueblo” (Ombudsman) en la Ciudad A dijo que el oro por si mismo
no tiene valor. Nosotros no podemos comerlo, no podemos utilizarlo para proporcionar refugio, ni utilizarlo como
vestimenta. Sin embargo, debido a que alguien en algún lugar lo convirtió en la medida de bienestar de las naciones, ha
asumido un valor que parece ser más importante que las personas y la salud y vida del medioambiente.
TRÁFICO HUMANO: TRABAJOS FORZADOS Y PROSTITUCIÓN FORZADA
Muchos de los propietarios de minas ilegales son también traficantes de personas o trabajan en estrecha colaboración
con los traficantes para encontrar mano de obra barata y mujeres y niñas para “servir las necesidades” de los hombres
que forman parte de la fuerza de trabajos forzados. Existen numerosos “prosti-bars” donde los hombres pueden beber,
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usualmente en exceso, y escoger una niña o mujer. Algunas de estas mujeres y adolescentes que trabajan en estos bares
lo hacen libremente, como una forma de ganar un sustento. Sin embargo, la gran mayoría son engañadas con la oferta
de un “bien pagado” trabajo, transportadas a esta área desde otro lugar del país y luego obligadas contra su voluntad
una vez que se dan cuenta que han sido engañadas.
El tráfico de personas en esta parte de Perú es una realidad muy compleja porque en cierto sentido casi todos son
cómplices directa o indirectamente. Muchos de los propietarios de las minas se encuentran directamente involucrados
como traficantes o colaboradores de ellos. Muchos de los trabajadores mineros o son forzados a trabajar (víctimas) o
utilizan los servicios de mujeres y niñas obligadas a prostituirse (explotadas). Muchos, si no es que todos los propietarios
de negocios locales (tiendas, restaurantes, etc.) proporcionan a los mineros los servicios que les son necesarios para
permanecer en el negocio, un tipo indirecto de complicidad.
Por supuesto, existe el problema de la demanda. Si no existiese la demanda de oro, no habría demanda por
deforestación, ni por sustancias tóxicas ni por trabajos forzados. Los cursos de agua estarían limpios. La selva continuaría
proporcionando oxígeno. Las víctimas de trabajos forzados serían libres.
Si no existiese demanda por sexo fuera de una relación establecida, no existiría ni la prostitución libre ni la prostitución
forzada para mujeres y niñas.
La triste realidad es que aún cuando la policía ocasionalmente incursiona en estas áreas de minera ilegal, en términos
generales, los mineros y traficantes simplemente ingresan a zonas más profundas de la selva, causando mayor daño
ambiental y continuando con el tráfico de personas.
REFLEXIONES SOBRE ESTA EXPERIENCIA
Como resultado de esta intensa experiencia, al menos dos ideas nos han surgido.
Una es el reconocimiento que debido a que la gente y las organizaciones que están dispuestas a trabajar contra la trata
de personas en la zona no cuentan con recursos financieros. Nos gustaría crear una fundación de rescate de emergencia
bajo el auspicio de la Conferencia de Religiosos.
Su propósito sería proporcionar soporte financiero para trasladar a las víctimas rescatadas de tráfico humano de vuelta a
sus lugares de origen. Con tal fundación, la gente que pueda ayudar a las víctimas a escapar tendría un medio para
hacerlo. Propondremos la creación de este Fondo en la reunión anual de Superioras en la CONFER, la próxima semana
(Noviembre 28, 2014). No tenemos duda que la idea será aprobada.
La segunda idea que surgió fue sugerir que nosotras, las que estamos dentro de la vida religiosa, hiciéramos una seria
reflexión teológica basada en el Jesús que conocemos por los Evangelios. Se enfocaría en la pregunta:
Cuando existen dos situaciones que parecen excluirse mutuamente, ¿cómo acompañar a las personas sin juzgarlas,
denunciando tantas injusticias horribles y violaciones, tanto a personas como al medioambiente, cómo discernir, qué
debemos hacer?
En este caso, hablar claro contra la minería ilegal agrede a la gran mayoría de gente cuya forma de vida está directa o
indirectamente relacionada a ella, negándoseles así la posibilidad de acompañárseles.
Denunciar el tráfico de personas agrede a la misma gente porque el tráfico está relacionado a la minería y ésta a su
forma de vida. Por lo tanto, la posibilidad de que tengan voz desaparece.
Por otra parte, aquellos que protestan ponen sus vidas en real peligro, como lo hizo Jesús cuya forma de vida lo condujo
a la cruz. Acompañar a la gente sin protestar, tratando de ganarse su confianza y de caminar con ellos podría significar
(como es el caso) permanecer impotente ante estas terribles realidades.
¿Existe un punto intermedio? Si fuese así, éste no es evidente para aquellas de nosotras que hemos pasado una
temporada entre ellos (ya sea que viviendo o ejerciendo el ministerio allí o, habiendo pasado solamente un par de
semanas). Esto no quiere decir que no se esté haciendo nada. Más bien se trata que el problema es tan grande y tan
complejo, que lo que algunas personas puedan hacer parece tener muy poco impacto en él.
Termino con esta reflexión, una frase atribuida a Catalina de Siena: “Predica la verdad como si tuvieras un millón de
voces. Es el silencio lo que mata al mundo”.
Hna. María del Carmen Hernández Hernandéz
Carmelita de la Caridad Vedruna
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